Disclaimer: Bueno, siguen sin ser míos.
La Misión
A Estefanía.
A una indicación del Patriarca, me senté en los escalones que conducían al Trono. Se sentó a mi lado, taladrándome con la mirada. Me sonrojé inmediatamente y bajé la cabeza, sin saber que Shion sonreía brevemente al ver mi turbación.
- Veo que Casiopea te ha estado dando problemas,. ¿no es así?
Alcé la mirada sorprendida, dándome cuenta de la sonrisa amable del Patriarca.
- No es difícil saberlo, eres la primera Capricornio que Casiopea elige. Casi siempre ha elegido Acuarios para que la vistan, pero una de las sorpresas de las Pruebas Vestales fuiste tú y tu capacidad de fusionarte con la Naturaleza.
- Gran Maestro -comencé, titubeando un poco-¿cómo es posible que una armadura inspire tantas emociones? Y lo que menos entiendo son las razones por las cuales ella me haya elegido a mí...
- Imagino que sabes la historia detrás de la armadura. Casiopea como reina y consorte de Cefeo era una mujer bastante vanidosa y engreída, creyendo que todo a su alrededor, incluyendo su hija Andrómeda, era el tesoro más preciado del mundo. Y no lo decía por amor, lo decía por presunción y arrogancia. Cuando Poseidón la castigó y Perseo se llevó a Andrómeda, se dio cuenta de sus errores y cambió radicalmente, pero ya los Dioses le habían dado la espalda. Así es la armadura que llevas, Zelha.
- ¿Es que me eligió por capricho?
- No hay que descartar esa posibilidad. Pero hay que estar conscientes de igual manera que Casiopea es una armadura que podría doblegarse a tu voluntad, siempre y cuando tengas la entereza y la fuerza interna para hacerlo. Ahora mismo, las vibraciones de la armadura me indican que está desesperada por hacerte llorar o quebrarte bajo el peso de las emociones, pero tu testarudez de no querer hacer el ridículo delante de los Santos Dorados te ha hecho dar con la respuesta.
Lo miré conmocionada.
- ¿Es que tengo que tratarla mal para que se comporte bien?
Shion sonrió de nuevo estirando los dedos e infundiendo algo de su Cosmo en la superficie de mi armadura. Es extraño, nunca había sentido su Cosmo anteriormente. Era poderosísimo, obvio, pero con una gentileza y un misterio tanto o más grandes que el aura de Mu. El Gran Maestro era impresionante, y su poder lo era aún más.
- La idea no es que la maltrates, sino que le des el espacio necesario para que entienda que eres su aliada, no su vía de escape. Dale la oportunidad de que te conozca a fondo, aunque mi consejo también es que busques a alguien cercano a ti que te sirva de escape cuando Casiopea te abrume con sus poderes.
- ¿Qué quiere decir, Maestro?
- ¿Has oído hablar de las plantas trepadoras? -asentí con un movimiento de cabeza-. Bien, piensa que eres una planta... y que necesitas de un árbol, fuerte y alto, para sobrevivir. Este árbol te proveerá de lo necesario para que tú doblegues y superes esas necesidades. Satisfechas las necesidades, podrás apoyarte de tu árbol para hacer que éste sobreviva igualmente, con tu ayuda y los nutrientes que le proveerás.
Me imagino que Shion podía ver los engranajes de mi cabeza trabajando a más y mejor, pero no logré entender su parábola, por lo menos no en ese momento. Y presumo que se dio cuenta, porque asintió sin dejar de sonreír y se levantó.
- Es tiempo para viajar al mundo, pequeña... no dejes de vivir tu vida. Y busca ese árbol, probablemente lo tengas frente de ti y no te has dado cuenta. Suerte, y que Niké te corone.
- X -
Bajé los escalones de la Calzada Zodiacal aún tratando de comprender las palabras de Shion. Un árbol...
¿No podía ser un manglar?
Solté una risita tonta y alcé la cara, para darme cuenta que estaba dentro de Capricornio.
Shura no estaba por todo eso, así que seguí de largo, luego de ofrecerle una oración a la Estatua de Athena y Excalibur.
Descendí los escalones de cuatro en cuatro, saltando y entreteniéndome con mis movimientos. Pasé por la mayoría de los Templos sin darme cuenta, pero al ver que cierto Laberinto hacía interminables los pasillos de una determinada Casa, me di cuenta que estaba en Géminis.
- ¡Maldita sea, Saga!
- Ya me estaba preguntando cuándo te darías cuenta que habías caído en mi trampa -replicó apareciendo en una esquina-. ¿Con quien te tocó la misión?
- Con Mu... pero eso no es lo extraño, lo raro fueron las palabras de Shion...
- ¿Te dijo algo de la armadura?
- Sí, aunque no entendí una parábola que me dijo con respecto a plantas trepadoras y árboles...
Saga soltó una larga carcajada, haciéndome fruncir el ceño.
- Espero que pronto te des cuenta de lo que quiso decir el Maestro, cabrita -dijo, agarrando mi sari y halándome por él hacia un pasillo-. ¿Qué te parece si te despides antes de irte?
- No seas idiota, Saga. Y compórtate como es debido, que no parecen cosas de un Santo Dorado.
- ¿Y dónde está escrito que no puedo ser así?
- No sé, probablemente en uno de esos fulanos libros de Star Hill, ahora déjame quieta o me veré obligada a regalarte cinco dedos envueltos en un guantelete de plata.
- Vale, vale... eres muy agresiva, Casiopea... ya no se puede jugar contigo -se quejó, haciendo un mohín que si me lo hubieran contado, no lo hubiera creído. Agarré un mechón de su cabello y lo halé, mientras le sonreía.
- Ahora, levanta el Laberinto que tengo que recoger unas cosas en la cabaña antes de salir... azulejo -dije mientras retorcía el mechón en mis manos. Así lo hizo, conduciéndome hasta la entrada de su Templo. Lo miré fijamente y me puse en puntillas para alcanzarlo.
- Que Niké te corone -murmuró con una sonrisilla. Agarré impulso y le planté un beso en la mejilla, para darme la vuelta y salir sin mirarlo.
- Hasta que mis ojos vuelvan a verte, Saga de Géminis -respondí, con una amplia sonrisa.
- X -
Era interesante ver que Casiopea no había manifestado protesta alguna en el momento que me despedí de Saga, pero no pensé en eso hasta que nos vimos conducidos en tropel hasta el aeropuerto de Atenas. Nuestras armaduras, seguras dentro de sus Cajas de Pandora y cubiertas por una lona con el logo de la Fundación Graude, eran en ese momento cargadas por los empleados de la Fundación, quienes las llevaban dentro de un enorme avión, el cual tenía el símbolo de las Empresas Kido, propiedad de la Diosa.
Tenía bastante tiempo sin ver uno de esos aparatos, por lo que no pude por menos que quedarme con la boca abierta. ¡Era enorme!
Y por lo visto, no era la única que estaba sorprendida. Todos los Santos con excepción de los Bronces, mirábamos el avión como si hubiese caído del cielo.
Ahí fue cuando cobró significado el hecho que nos teníamos que subir a esa cosa para volar... sobre tierras, océanos y quién sabe qué coño más.
Ningún enemigo antes me hizo temblar de esa manera. Y por si fuera poco, Chloe comenzó a mal jurar en su idioma, haciendo que Shura se acercase a intentar tranquilizarla, sin éxito.
- ¿Estás bien? -escuché que alguien me dijo. Alcé la cara y me encontré con los ojos oscuros de Mu, quien me ofreció una pequeña sonrisa.
- ¿Cómo puede volar una cosa tan grande y aparentemente tan pesada? -pregunté infantilmente, haciendo que Marin y Aioria se acercasen a nosotros.
- Si te cuento los principios físicos de la gravedad y las secuencias de la aeronáutica y la aerodinámica, nos pasaríamos aquí mucho tiempo, Zelha... ¿por qué no subes y te lo vamos explicando por el camino?
- Nuh-uh, yo a esa cosa no me subo ni amarrada -protesté, antes de ver que Shura alzaba a Chloe en vilo al mejor estilo saco de papas y, en contra de todo pronóstico, la llevaba dentro del armatoste, llamando la atención de todo el que pasaba con los gritos, groserías y juramentos que lanzaba la pelirroja.
Mu me tomó suavemente del brazo y me sonrió de nuevo, mirándome fijamente.
- ¿Quieres el mismo tratamiento?
- Er... la escalera es allá,. ¿no? -repliqué, haciendo reír al pequeño grupo de Santos que se embarcarían con nosotros. Al subir al avión, observé varias hileras de asientos aparentemente cómodos, dos de ellos ya ocupados por una muy alterada Santa Dorada de Cáncer y un relajado Santo Dorado de Capricornio. Tomé asiento en la hilera frente a ellos, observando que el mencionado sillón tenía una especie de cinturón adosado.
- Es el cinturón de seguridad, Zelha-chan. Con esto, podrás viajar tranquila -escuché la siempre amable voz de Marin de Águila. Le miré y asentí, mientras manipulaba la dichosa correa para accionarla. No lo conseguí.
Solté una pequeña maldición en español, pero eso no hizo que el cinturón cediese. Dos cálidas manos cubrieron las mías, moviendo mis dedos a un botón que accionó el broche, zafándolo. Sabía que las manos eran de Mu, por lo que le murmuré unas gracias en inglés y conseguí atarme al asiento de manera efectiva y algo asfixiante.
- Okay, really... why the hell we have to travel like this? (1) -pregunté al aire, sin esperar que alguien me contestase. Aún más que casi nadie me entendería, y también que cada quien estaba peleando con sus respectivos cinturones.
- Athena's orders, Silver Saint.
Miré a Shura, quien era el que me había respondido. Su mirada era algo confusa... y ese momento fue el que eligió Casiopea para manifestarse con sus poderes.
Me vi envuelta en tal remolino de emociones que cerré los ojos y recliné la cabeza, mareada. Esto era peor que una borrachera con vino o cualquier bebida espirituosa, joder...
- Daijobu desu ka? (2) -escuché de nuevo a Marin, pero no pude responderle. El avión comenzó a moverse.
Cuando creí que comenzaría a hiperventilar por la sobrecarga de emociones, sentí una mano que apretaba una de las mías.
- Tranquila... todo estará bien... -murmuró Mu en mi oído. Se había sentado a mi lado, siendo merecedor de una mirada asesina por parte de Shura, pero sólo él se dio cuenta de este hecho. Yo estaba demasiado distraída por Casiopea para darme cuenta de esos detalles.
- We are SO going to die here...
Pero el avión no se cayó, ni se quemó, ni estalló. Lo que explotó fue otro dolor magnífico en mi cabeza, haciendo que les rogara a los Dioses por un calmante o un Satán Imperial. Mu, quien me había observado, me noqueó con un golpe terminante, haciendo que Casiopea, mi jaqueca, mi molestia y mi incomodidad me dejaran en paz por un buen rato.
- X -
Desperté con un quejido. Alguien posó algo frío en mi frente, haciendo que levantara la mano. Era un vaso tintineante, por lo que me forcé a abrir los ojos.
- Siento haberte golpeado, Zelha... pero estabas a punto de colapsar del susto -explicó Mu, quien se vio apoyado por un Aioria que asintió a sus palabras. Mirando un poco más allá de mi asiento, vi que la "carlinga" del avión era bastante acomodada, los asientos se podían girar a voluntad del usuario. Por los momentos, todos nos veíamos las caras, en una suerte de óvalo abierto a los lados-. ¿Te encuentras bien?
- Sí... es que me mareé con el susto, nunca me había subido a una cosa de éstas -mentí a toda prisa, no quería que todos supieran mis problemas con mi querida armadura plateada. De seguro Shura se olió la mentira, pero no dijo nada, prefiriendo sorber un vaso que sostenía.
- Al menos estuviste KO la mayor parte del viaje, mon cher -dijo Chloe, tronándose los dedos-. No te tuviste que aguantar las habladurías de dos Santos Dorados sobre política e historia natural.
Hubiera preferido eso a ese disparo de dolor que me asaltó, pero no dije nada. Le sonreí a mi amiga, quien me guiñó un ojo y siguió tronándose cuantas junturas tenía en el cuerpo.
- Dime una cosa, Zelha-chan -escuché que me dijo Marin-. ¿Sabes algo de los países a los cuales fueron asignados?
- Algo, no mucho -respondí, permitiéndome comenzar a pensar en la misión-. Sé de cierto que los Estados Unidos son una potencia mundial a nivel económico, político y social. Sus sistemas de salud, judicial y educativo son envidiados por muchos países, en especial los del mismo continente americano. En cuanto a Suramérica, son varios países los que deberemos de visitar, entre ellos mi país de origen, Venezuela.
- Al menos podrás visitar la tierra que te vio nacer, es algo positivo,. ¿no es así? -observó ella, con una sonrisa. Ya se había acostumbrado a mostrar su rostro ante los habitantes del Santuario, siendo Aioria el primero, pero fue de hecho la última que dejó la máscara.
- Sería algo bueno si tuviera oportunidad de visitar el campamento en la Selva, pero no creo que tengamos tiempo para ello. De todos modos... creo que esto es más delicado de lo que quiso implicar el Gran Maestro.
- Así es, Zelha -dijo Chloe, suspirando profundamente-. Esto es gordo, si llegásemos a cometer algún error nos veríamos en la necesidad de hacer dos cosas.
- ¿Y cuáles son esas cosas? -preguntó muy serio el Santo de Aries. Ella nos miró gravemente.
- O nos involucramos de lleno y destruimos cuanta cosa nuclear haya frente a nosotros sin ponernos a pensar en las vidas a nuestro alrededor, o ponemos pies en polvorosa y vemos en el palco de honor cómo nuestro planeta es literalmente vaporizado.
- Shit, Cangreja, qué pensamientos tan positivos -dije con sarcasmo-. ¿No podrías pensar que tendremos éxito y que regresaremos al Santuario en una pieza y sin tener que haber actuado de manera violenta fuera de los límites de nuestra base?
- Ya estás hablando como un militar, Cabrita... tenemos que contemplar todas las posibilidades, aún más cuando nos tengamos que encarar con una bola de presidentes ambiciosos que lo que quieren es pisar al país que tienen al lado.
- Eso está más que establecido, necia, la idea es tener algo de... ugh... ¡permiso!
No sé cómo me zafé del cinturón, pero mis instintos me llevaron exitosamente al lugar que yo necesitaba.
Maldita sea, cómo odio vomitar.
¡Odio volar!
Me quedé inclinada sobre la metálica taza. No tenía ya nada en el estómago, por lo que las náuseas deberían de remitir... pero no, hoy mi cuerpo, mi armadura y mi suerte parecían haberse puesto de acuerdo para hacerme la vida de cuadritos.
- ¿Te encuentras bien?
- No, me estoy muriendo del mareo -respondí a la pregunta que me hizo Chloe, quien me ayudó a sentarme y a humedecerme la cara con agua fresca.
- ¿Estás preñada?
- Será de la armadura, pendeja -repliqué, haciéndola soltar una risita.
- Tenía que preguntar, esa serie de mareos e indisposiciones que te aquejan desde hace días me tienen muy preocupada. Porque no pensarás tú que no veo tu cabaña desde Cáncer, pues te cuento que sí se ve. Y te he visto muy inquieta, sobretodo cuando andas con la armadura puesta.
- Ay, Chloe... es una historia enorme de larga,. ¿tienes tiempo?
- Hasta que lleguemos a Tokio, por lo visto... venga, suéltalo.
Le conté desde que Casiopea vino a mí, pasando por la amena conversación/bronca que tuve con Shura, las ideas que me había dado Camus, la conversa con el Patriarca... y mis propias ideas sobre la fulana parábola de la planta trepadora.
Luego de que Chloe hubo parado de reír (porque la muy maldita soltó la carcajada desde el pasaje de mi borrachera tomando vino con el Ice Cube), me dio unas palmaditas en la espalda y suspiró.
- Nunca pensé que fueras tan locamente inocente, Zelha... -dijo, acomodándose como pudo en el compacto cuarto de baño-. Mira, lo de la planta te lo explicaré luego, más me intriga lo de Casiopea... ¿por eso es que estuviste tan angustiada ese día en el Coliseo? -asentí con la cabeza mientras me ataba de nuevo el cabello-. Es sorprendente, pues lo mismo me pasa a mí con Cáncer. Me drena de energía cuando entreno o voy al Yomotsu... creo que es porque estaba acostumbrada a DeathMask...
- Hablando del demonio,. ¿dónde está? -pregunté, satisfecha internamente del rumbo de la conversación. Me estaba muriendo por saber del psicópata ese, pues desde que Chloe había sido elegida por Cáncer no se lo había visto por todo el Santuario.
- Regresó a Sicilia. Tuvimos la más interesante de las conversaciones antes de que se fuera, pero eso es otra historia. ¿Qué piensas hacer con Casiopea?
Pude notar la incomodidad de Chloe en cuanto le nombré a su antiguo Maestro, así que preferí dejar la curiosidad para más tarde, agradeciendo no ser gato. Ponderando su pregunta, noté con alivio que mi estómago estaba regresando a su sitio.
- Supongo que seguir impidiendo que me doblegue con sus arranques... el problema está en que no voy a tener descanso si sigo en esta situación por tener que andar siempre con la guardia alta para que no me abrume...
- ¿Y qué escape tendrías que buscar?
La miré mientras mis engranajes giraban de nuevo.
Un intenso sonrojo fue recibido por una enorme carcajada de la pelirroja.
- X -
Aterrizamos en Tokio justo cuando debería de haber anochecido en el Santuario. Pero acá era de madrugada, dado el cambio de huso horario. Nos dirigieron a unos automóviles y nos condujeron por una avenida concurrida, despite the hour.
Cuando las puertas de la Mansión Kido se abrieron, dejando que nuestros vehículos entraran y se detuvieran frente a la puerta principal, respiré profundamente. Había volado unos cientos de miles de kilómetros, viajado en automóvil, visto una metrópoli vibrante y bullida... y ya no veía la hora de regresar al Santuario.
La puerta se abrió y Shun de Andrómeda nos recibió con una sonrisa amable, diciéndonos que luego tendríamos el tiempo de ver y aprender más sobre la humanidad, pero que por lo pronto nos llevaría a unas habitaciones con la orden expresa de Athena de que descansáramos.
Ni se me ocurrió protestar. Las barreras mentales que le había puesto a Casiopea eran tantas, que ya me estaba cansando de andar con los sentidos rígidos. Tenía que descansar, pero lo que no sabía era cómo.
Shun nos dio las buenas noches, mientras nos distribuía en una hilera de habitaciones. Resultó que las habitaciones contiguas a la mía eran la de Shura y la de Marin, por lo que podía despedirme de una catarsis si no quería ser más interrogada por mis continuos cambios de estado de ánimo.
Entré en la habitación, dejando la Caja de mi armadura junto a la cama. Miré por la ventana, dándome cuenta que estaba en el último piso. Probablemente podría...
Me di una ducha a toda prisa sin reparar en la temperatura del agua, me vestí y salté por la ventana hacia el techo de la Mansión, sin darme cuenta que ese espacio ya estaba ocupado.
Di rienda suelta a mis emociones, halando mi cabello y apretando los dientes mientras lloraba. No quería armar un escándalo, por lo que tenía que guardar el mayor de los silencios. Lloré y lloré, sin saber que unos ojos me miraban sorprendidos.
Después de prácticamente vaciar todos mis conductos lagrimales, me enjugué la cara y miré al cielo. Las estrellas convenían la una con la otra, compitiendo entre ellas por ver quién brillaba más. Encontré Capricornio, ya acostumbrada de hacerlo; encontré Aries sin mucha dificultad, para luego encontrar Casiopea, quien estaba tres constelaciones más arriba que Aries, pasando Andrómeda y Perseo.
Seis estrellas. Seis cerradas estrellas que regirían mi vida por capricho de una armadura.
- Bueno -murmuré-. Sólo queda ver cómo fraternizamos, Casiopea, porque no puedo dejar que hagas de mí una marioneta emocional según te venga en gana o por condenado aburrimiento. Sólo te suplico que no me hagas pasar una vergüenza delante de... ah, maldición. Pon de tu parte, Casiopea... y te prometo que yo pondré de la mía para liberar estrés once in a while...
Suspiré. No podía encender mi Cosmo por más que quisiese, así que una conversación a larga distancia con el necio de Saga estaba fuera de cuestión. A veces extrañaba su voz profunda y sus interesantes historias, nunca podría decir que Saga era un hombre aburrido teniendo tantas cosas para compartir y contar.
Mis pensamientos volaron por sí solos a cierto Lemuriano que de seguro estaría durmiendo en ese momento y suspiré de nuevo.
Era más que obvio que mi gusto por Mu era del conocimiento del Alto Mando del Santuario, si no, Shion no nos hubiera emparejado para la misión más delicada. Yo no era conocida por mi diplomacia, así que tal vez esa parte le correspondería al Carnero, mientras que yo me limitaría a... traducir, perhaps.
Con un tercer suspiro, miré de nuevo hacia el cielo, dándole las buenas noches a mis tres constelaciones más cercanas.
- X -
La puerta sonó nuevamente. Me arrebujé en las mantas y me tapé la cara con la almohada, protestando entre dientes. Lo siguiente que supe era que estaba en el suelo, sin almohada ni sábanas, con un incipiente chichón en la cabeza y un par de piernas delante de mi campo visual.
Alcé los ojos para encontrarme con los ojos verdes de Shura, quien soltó las sábanas y salió de la habitación sin decir una sola palabra.
- Asshole -musité para levantarme y estirarme. Como no me levantaría a entrenar propiamente, me vestí con lo que tenía años sin usar. Una franelilla sin mangas color negro, con unos pantalones del mismo color. Shura me los había regalado antes de regresar de España al Santuario, por lo que quise comprobar si aún me servían. Me cepillé el cabello perezosamente, olvidando por el momento recogerlo como siempre.
Cuando salí de la habitación, seguí por el pasillo por donde habíamos entrado con Shun, llegando hasta la puerta principal. Allí, sentí presencias en una habitación contigua, por lo que me dirigí hacia allá.
- Ohayo, Zelha-chan! -me saludó Marin, señalándome un asiento entre ella y Chloe. Me encaminé hacia allá, dándole los buenos días a los presentes.
- Mou, Zelha-san, es primera vez que la veo con el cabello suelto -observó Shun con una sonrisa. Le sonreí de vuelta, pasándome la mano por la cabeza, algo avergonzada.
- It suits her greatly, actually (3) -dijo Mu con su extraño acento, haciendo que me sonrojara y escondiera la cara detrás del vaso de jugo de naranja.
- Knock it off! -le dije, haciéndome la tonta. Casi toda la mesa se echó a reír a carcajadas a mis expensas, a lo que hice mayor caso omiso porque en ese momento entró un hombre calvo, de facciones mal encaradas, llevando una bandeja con panquecas.
Creí haberle visto en algún lado, por lo que fruncí el ceño, hurgando en mi memoria. Luego recordé que era el retainer de la parte mortal de la Diosa Athena, la llamada Saori Kido. Claro, el mayordomo...
Pero tan atento como ameno, dejó la bandeja encima de la mesa y salió sin decir una sola palabra. Esto me hizo recordar algo... and I snorted.
Shura me miró de reojo desde su posición, diagonal a mi silla, pero no hice caso. El recuerdo era demasiado divertido para preocuparme por las odiosidades de un Maestro español con un orgullo tan grande como el avión que nos trajo a este país de arroz, samurais y lleno de industrias de series animadas.
- Comparte el chiste, Casiopea -murmuró Chloe, haciéndome sisear, mandándola a callar.
- ¿Recuerdas el niño que vimos en Rodorio, al cual le leíste la mano?
- Claro, cómo no. El niño se creyó todo el cuento de que sería un gran guerrero al servicio de los Dioses...
- ¿Sabes a quién se pareció con esa mueca que hizo al final de tu performance, cuando le dijiste que tendría que trabajar bastante para encontrar la verdad de su Dios en su corazón?
Chloe parpadeó, miró a cada uno de los presentes y soltó una carcajada, casi soltando el tenedor que tenía en la mano.
- ¡Se me había olvidado eso! -exclamó, muerta de la risa-. ¡Jaaaaajajajajajajajaja...!
La acompañé con unos giggles bien acomodados, lo que dio pie a Shura de asegurarse que nos estábamos burlando de él. Amoscado, continuó desayunando sin quitarle los ojos de encima a mi pelirroja amiga, quien se dio cuenta e hizo algo bastante asqueroso: abrió la boca y le mostró el bocado masticado en son de burla.
- Ewww, Chloe, that was so gross!! (4) -le dije, aunque no aprecié la maniobra completa por ella estar en un ángulo contrario al mío, menos mal. Ella soltó otra risa y se encogió de hombros.
- No parecen Santas hechas y derechas -Shura sneered. Lo miré de reojo y escondí la mitad de mi cara tras el vaso de nuevo, disparándole una réplica.
- El hecho de que nos estemos riendo no quiere decir que no podemos tomar las cosas en serio cuando se amerita el caso -bebí un trago de jugo y me relamí como gato antes de mirarle a los ojos, callando el instinto de Casiopea-. Además… una risa de vez en cuando es un buen escape al estrés, no se puede andar enfurruñado o circunspecto siempre.
- ¿Y de qué se están riendo? -preguntó Shun, curioso.
- De un ukulele -respondí, soltando otra carcajada. Al ver que nadie entendía, elaboré un poco más-, un ukulele es como una guitarra pequeñita, que se usa en las islas Filipinas o a lo sumo en Hawaii, es el instrumento que utilizan para acompañar a los tambores en sus bailes y danzas autóctonos. Nos reímos de la imagen mental de un Santo, con su armadura dorada puesta, encorvado sobre su espalda tocando el ukulele.
- Añadido a esto, la falda de paja siempre es un buen accesorio para hacerte sentir como si estuvieras en la playa,. ¿sabes? -ilustró Chloe, con expresión seria.
- Ustedes están locas -sentenció Ikki de Fénix, quien había aparecido mientras nos estábamos explicando-. Un ukulele no es sólo de las Filipinas, todas las islas e islotes de los Mares del Sur también tienen ese instrumento arraigado a sus culturas.
- Sí, sí, como tú digas -repliqué, levantándome con Chloe y Mu-. Gracias por la comida, estuvo musicalmente ilustrativa.
- X -
- Siento decírtelo, Shun, pero tu hermano es un pesado.
- Yup, más pesado que ese camión que va allí.
- Chicas, es que nadie entiende su sentido del humor, ustedes son muy irónicas para nosotros entenderlas -intervino Marin, mirando hacia la gran estructura de piedra a la cual nos acercábamos-. Yo no entendí nada hasta que Aioria me explicó que se estaban burlando de Shura…
- No nos burlábamos de Shura -dije, mirando de reojo a Chloe y sonriendo torcidamente-. Nos burlábamos del calvo, el mayordomo de Athena…
Luego que le explicáramos el chiste completo, Marin escondió la cara detrás de una mano y se rió de buena gana.
- Por eso es que ustedes dos son el terremoto del Santuario, siempre andan metidas en líos… si no me hubieran explicado aún seguiría pensando que era con Shura, eso del ukulele…
- No, mi querida Marin-chan… -repliqué, sonriendo más ampliamente-. Lo del ukulele era una burla directa a Aioria.
Chloe snickered, y yo emprendí la carrera hasta el Coliseo donde se había librado la Guerra Galáctica.
- X -
Nos encontrábamos sentados en unos bancos, escuchando la voz suave pero decidida de Shun de Andrómeda, quien nos explicaba un montón de detalles de la vida moderna que, según él, necesitaríamos saber en su momento. Chloe miraba con ademán aburrido por la baranda hacia el piso de abajo, donde los científicos de la Fundación Graude trabajaban como abejas, haciendo quién sabe qué proyecto.
Me eché hacia atrás, apoyándome de la pared y mirando al techo, recordando las mil y una cosas que había aprendido mientras vivía en la selva, clasificando trozos de información y desechando los que no podría usar. Jodidamente, no eran muchos los tips que me habían dado las enfermeras y doctoras en la selva, tal vez porque nunca creyeron que yo alguna vez saldría a la civilización. Y la verdad, yo tampoco lo creí nunca.
- ... Y por historia, las cuestiones fronterizas entre Francia y España siempre estuvieron en buenos términos, pero no podéis confiaros mucho, pues Francia tiene varias organizaciones alojadas que trafican drogas en combinación con autoridades corruptas, llevando los estupefacientes a España y de allí, lo distribuyen al mundo...
Damn. Espero que Chloe sepa lo que está haciendo, o por lo menos, sepa lo que hará.
- ... Mientras que en la mayor parte de las islas Japonesas y del Pacífico se puede observar una clara baja de mortandad y una leve alza en el sector económico, imaginamos que es debido al incremento de turismo que se ha dado por estas zonas...
Escondí un bostezo detrás de mi mano y cerré los ojos. No iba a quedarme dormida, sólo quería intentar...
"Vuestro Cosmo os servirá de radar..."
Me concentré en un punto determinado en el mapamundi a espaldas de Shun y enfoqué mis energías, imaginándome el entorno que buscaba.
Muy lejos de allí, sentí que Saga daba un respingo y encendía su Cosmo.
"Así que aprendiste a canalizar la energía del Cosmo sin necesidad de encenderlo¿no?" -me preguntó, haciéndome sonreír.
"Sólo quería ver si podía, es todo" -repuse-. "¿Cómo están las cosas por allá?"
"Normal, como siempre han estado" -me respondió-. "¿Encontraste tu árbol?"
"No seas capullo, joder" -lo insulté, fastidiada. Escuché la risa burlona de Saga en mi cabeza y luego un silencio que me hizo volver a mi realidad inmediata.
- ... Aún no sabemos mucho acerca del estilo de vida de los estadounidenses, pero sí es seguro que la ciudad de Washington es una de las más austeras de ese país, por el hecho de que todo el poder ejecutivo y legislativo se encuentra concentrado en la capital...
Abrí los ojos y presté un poco de atención, procesando lo que ya sabía con estas nuevas informaciones. Tal vez podríamos pasar desapercibidos, pero con un Lemuriano de cabellos color lila como pareja en la misión no se podría hacer mucha maniobra de stealth, pero no quedaba de otra.
- ... También hay que tener en cuenta que las guerrillas han sido un dolor de cabeza para los gobiernos desde hace muchísimo tiempo, sin embargo ninguno ha logrado acabar con ellas por el hecho de no querer iniciar una lluvia de asesinatos, pues la opinión pública los hundiría...
Fruncí el ceño. No me importaba mucho viajar a los Estados Unidos, pero sí me preocupaba el tener que intervenir en una guerra de guerrillas. Por experiencia sabía que esto podría resultar ser bastante peligroso... los garimpeiros en la frontera de Venezuela con Brasil más de una vez intentaron acabar con el Campamento, pero gracias a los Dioses teníamos gente apostada en los lindes como centinelas...
Me incorporé un poco y apoyé los codos en mis rodillas. Tal vez... tal vez por esto es que el Patriarca me había seleccionado para esta misión...
Acallé los susurros de Casiopea una vez más, entrelazando y atando cabos de mi infancia.
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Okay, really... why the hell we have to travel like this? (1) OK, en serio... ¿por qué demonios tenemos que viajar de esta manera?
Daijobu desu ka? (2) ¿Te encuentras bien?
It suits her greatly, actually (3) Le queda muy bien, de hecho.
Ewww, Chloe, that was so gross!! (4) Asco, Chloe,. ¡eso fue demasiado asqueroso!
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Shadir: Efectivamente, Casiopea es mejor manejada por personas que sí saben manipular sus emociones... ¿y qué mejor que los Acuarianos, fríos y analíticos por excelencia?. ¡Gracias por tu comentario, amiga!
Pilla Doll: Bueno, lo que pase en esa misión con Shura y Chloe, sólo lo sabe Argesh Marek... así que vayan a preguntarle a ella, jaja :P
En cuanto a la armadura... no creas que esos que se dan cuenta la ayudarán, pues saben que ella es la que tiene que dominar y domar a Casiopea por su propia cuenta. Así son las cosas en el Santuario, si no puedes defenderte de tu armadura,. ¿cómo defiendes a la Diosa?
Según lo que supe de Killer in Me, aún queda DeathMask por un rato más, así que no te preocupes por eso. De hecho, no van a ir a ver a Bush, aunque lo parezca... escribí esta tanda de capítulos mucho antes de que ese señor comenzara con los ataques a Irak, así que digamos que fue una sorprendente coincidencia, jaja xD
¡Gracias por tu review, amiga!. ¿Una galleta?. :D
Thanatosdc: Bueno, muchas gracias por tu review, jaja... no aparece Milo mucho, porque está siendo más tratado en Killer in Me, así que por allí podrás sentirte satisfech. ¡Saludos!
Angel del Apocalipsis: No, no te equivocas. Casiopea va a meter a Zelha en más de un problema, jaja... ¡me encantó esa fórmula matemática! XD... Pueden que tengan y no tengan que ver, aunque fue bastante apreciada tu predicción. Casiopea confunde impresionantemente a Zelha, de tal manera que no se halla a sí misma y casi todo lo hace por inercia o instinto. Tienes TODA la razón, las resacas de vino son espantosas, por eso es que me identifiqué tanto al relatar esa escena, jaja XD. Muchas gracias por apreciar lo de la problemática internacional, al fin y al cabo, por más que ellos vivan escondidos en un Santuario... tienen que estar pendientes de todas estas cosas,. ¿no es así? Por lo menos, me gusta pensarlo. No creas mucho que Mu va a estar perdido fuera de su ambiente, pues como Lemuriano que es, sabe adaptarse a cualquier entorno. Tienes toda la razón al decir que es todo un reto adaptarlos a un ambiente que no es el de ellos, por lo que te pido (y a todos, de hecho) disculpas por el próximo capítulo. Ya dije que no me había gustado mucho como quedó... en fin. ¡Gracias mil por tus comentarios, amiga!! Y tranquila, que ya terminé la historia y ahora la subiré con pocos días de por medio, así que está pendiente,. ¿eh?. ¡Un abrazo, Nela!
Diana Artemisa: Amiga, siemto mucho saber que te estuvo pasando esas cosas... sé que en México las mujeres a veces no salen bien paradas, lo sé muy bien porque tengo amigos entrañables por allá que me contaron, además de todo lo que he leído. Espero que todo te haya salido bien, y que mi historia por lo menos te haya animado un poco -abrazo-. Me encantó eso de los diferentes Maestros, le dio un enfoque distinto a lo que estaba planteando, eso quiere decir que por lo menos mi mensaje está llegando :P. ¡Gracias por tu presencia y comentarios, amiga! Te deseo mucha suerte y éxito en la escuela y en casa, para que te de la fuerza GIRL POWER que necesitas. :D
Barbara-Maki: Jaja, supongo que eso de "gakketa" quería decir galleta, pero tranquila, yo entendí XD. Jajaja me encantó tu review, tranquila que tampoco es que vamos a hacer crossover con Terminator y eso, nada que ver... sólo es para darle un enfoque más terrenal a los Santos de Athena, eso es lo que se busca. ¡Gracias!
Navarhta: Creo que Zelha te apoya en eso de que Casiopea les cae mal, jaja xD. A mí también me fascina la pareja de Aioria y Marin, por eso es que les di un poquito de luz en mi historia,. ¡qué bueno que te gustó!. :D ¡Gracias por tu review!
Carmen:. ¡Hola!. :D Gracias a ti por tu comentario,. ¡qué sorpresa saber que te leíste toda la historia de una sola jalada!. :O Tranquila que no dejaré el fic botado, mucho más con el hecho de que ya lo terminé de escribir. Espero que te quedes por aquí para continuar la historia, que te aseguro que no lo dejaré en el aire.
¡Gracias a todos por sus comentarios!
Por cierto... por ahí estuvimos haciendo travesuras y Argesh Marek hizo unos preciosos fanarts de Chloe y Zelha. ¡Y también sus versiones iPod! Tienen que verlos en su cuenta DeviantArt¡no se los pierdan! -guiños-
