Disclaimer: Tengo una pata enyesada, y una amiga me dio un plushie virtual de Saga.
Ains, qué linda mi amiga, pero qué cruel el mundo que no me deja ser dueña de
ellos.
Advertencia: Este capítulo es... triste. No me gustó cómo quedó, así que les pido disculpas de antemano por algún hecho inexacto y descabellado en la situación actual.
.
Viajando
.
A Rubén.
.
A la mañana siguiente la pasamos enteramente en el aeropuerto, pues el vuelo comercial que llevaría a Chloe y a Shura a París (Shun había utilizado sus conexiones de la Fundación y había concertado una entrevista para ellos con el líder de esa nación) saldría más tarde que el vuelo de Ikki, Marin y Aioria. El vuelo que nos llevaría a Mu y a mí salía a primeras horas de la tarde, así que nos fuimos todos para completar detalles y despedirnos.
Después de aburrirme mirando despegar y aterrizar esos aparatos del demonio, me senté junto a Chloe soltando un suspiro. Casiopea había estado muy callada desde la lección que nos había dado Shun, cosa que me tenía algo intranquila.
- ¿Cómo fue que inventaron esos aparatos de tortura? -comenté, haciendo que Chloe estuviera de acuerdo por su manera de asentir mudamente con la cabeza-. Es un fastidio no poder utilizar nuestros Cosmos...
- Órdenes son órdenes, chez ami -dijo, estirando las piernas-. Por lo menos te irás con alguien de veras interesante, mientras que yo estoy atascada con un Cabrito tarée.
Dejé escapar una risita, sabiendo que Shura no era tan tarado como Chloe lo ponía, sólo que es un necio, idiota, cabeza dura... ¿pero tarado? Nah.
- Digamos que puede ser que te lleves una sorpresa, puede que no, Chloe querida -le respondí, smirking-. Acuérdate de mis palabras cuando te des cuenta.
- ¿Cuando me de cuenta de qué?
- You'll know, in due time! (1)
Los altavoces llamaron en varios idiomas a los pasajeros al vuelo a París. Acompañamos a nuestros compañeros a la salida, donde Chloe y yo nos dimos un abrazo.
- No dejes que te fastidie mucho los nervios -le murmuré-. Siempre puedes desencajarle la mandíbula si se pone muy pesado, okay?
- Y tú termina de encontrar tu jodido árbol, trepadora -me susurró, riéndose entre dientes ante mi cara media sonrojada de vergüenza-. Acuérdate de liberarle un poquito la correa a Casiopea, porque si no la pasarás muy mal.
Shura me miró fijamente, para luego tomar el bolso del suelo y encaminarse a la puerta, sin decir palabra. Tch, asshole.
- Buena suerte para ti también, Capricornio,. ¡que Niké te corone! -exclamé antes de que entrara. Para cuando se volvió, ya yo me había alejado.
Moron.
- X -
Me di cuenta que volar no era tan malo en cuanto nos dieron unas mantas y unas almohadas para dormir si nos apetecía en el vuelo. Como era un viaje transoceánico, probablemente duraría toda la tarde y gran parte de la noche.
Mu estaba leyendo un libro sobre costumbres gringas, mientras que yo hojeaba unos cuantos periódicos estadounidenses. Finalmente me aburrí y suspiré.
- No sabía que los gringos podían ser tan fastidiosos -comenté en griego, ganándome un snort por parte de mi compañero-. Por eso es que prefiero a los alemanes, son más toscos y sinceros...
- ¿De dónde sacas eso? -preguntó Mu sin levantar la vista del libro. Yo resoplé y comencé a darle vueltas a un mechón de mi cabello ausentemente.
- La gran mayoría de los Médicos Sin Fronteras son europeos, más que todo de nacionalidad alemana, suiza y rusa, pero los que estaban en el campamento donde yo vivía eran alemanes. Las enfermeras y dos doctoras, mientras que Sir Drake era inglés y dos doctoras más eran estadounidenses. Por esa mezcla de culturas fue que salí así como soy, jeje...
- Eso es de veras interesante, a diferencia de este libro -dijo, dejándolo de lado y mirándome-. Cuéntame más de la vida de la selva,. ¿quieres?
- Bueno... puedo decir que el calor es abrasivo y húmedo, sin llegar a ser sticky, aunque las lluvias contribuyen a que se mantenga medianamente fresco el ambiente...
- Gracias por el pronóstico del tiempo, pero lo que realmente quería saber es sobre la situación fronteriza que comentaste -dijo él con un tono de fina burla-. ¿Aldebarán alguna vez hizo algo por solventar esa situación?
- Realmente no lo sé, yo estaba muy pequeña para entender esa clase de cosas... a mí lo que me preocupaba era jugar en la selva, ayudar a las enfermeras y hacerle la vida imposible a Aldebarán, tendrías que preguntarle a él mismo.
- Lo haré en un rato -asintió Mu. Permaneció en silencio un buen rato, mirándome fijamente. Me incomodé un poco y empujé hacia el fondo de mi cabeza la urgencia que me infundió Casiopea. Una urgencia de enredar los dedos en su cabello, atraer su rostro hacia el mío y--
Una turbulencia hizo que me aferrara a los brazos del asiento e inhalara aire ruidosamente. ¿Qué es esto, un bache en el aire o qué es la vaina?
Mu despegó mis manos del asiento, envolviéndome en un abrazo tranquilizador. Mi respiración había saltado fuera de las escalas, de tan rápido que iba. Aunque dudaba realmente si era por el susto o por la cercanía del hombre que me tenía entre sus brazos.
- Tranquila... -escuché su voz desde su pecho, con un suave rumble-. Todo estará bien, tranquilízate...
Solté un suspiro y me enfoqué en su voz y en su soothing presencia, maldiciendo internamente a Casiopea por su inoportuna patada.
No me di cuenta que Mu sonreía mientras jugueteaba con un mechón de mi cabello, mientras yo caía en un profundo sueño, con su calmada respiración como música de fondo.
- X -
Hice todo lo posible por no abrir la boca de la impresión, pero lo que conseguí fue hacer una mueca torcida, lo que hizo que Mu soltara un ichuckle/i a mi lado.
- Hey, no es amable que te burles de mí, buddy-- -miré su frente, tapada por una cinta del mismo color de mi sari, azul-. ¿Y eso?
- Digamos que es por prevención diplomática, aunque nuestro contacto aquí sabe sobre mi raza. De hecho, el Maestro nos eligió por mi raza y tu dominio del idioma, más que todo, para esta misión.
Bueno, ya me adivinaba lo de mi idioma, pero... ¿qué tenía que ver un Lemuriano en Washington DC?
La interrogante debió brillar como el neón en mi cara, porque Mu rió levemente de nuevo y se inclinó a mi oído.
- Nuestro contacto es estudioso de las civilizaciones antiguas... pronto te darás cuenta de la sapiencia del Maestro Shion cuando veas a este hombre. Mira, ahí vienen a buscarnos.
Un hombrón enorme embutido en un traje negro con camisa blanca y un pedazo de tela anudado al cuello (una corbata, Zee, me suplió el recuerdo de Sir Drake) avanzó hacia nosotros quitándose unos anteojos oscuros en el proceso. Ojos azules tan claros como el cielo, diantre.
- You must be Mister Aries Mu and Miss Cassiopeia Zelha. Please, come with me, we've been expecting you both. (2)
Parpadeé de nuevo y mire a Mu, quién me lanzó una mirada tal que me sacó de mi pequeño estado de shock.
- Yes, thank you for coming to pick us up. (3)
Mis palabras salieron calmadas, muy distinto del inner turmoil que sentía. Mucho más cuando nos vimos dirigidos a un automóvil negro, de vidrios oscuros.
- Cálmate, pequeña, me estás empezando a preocupar -me dijo Mu en griego-. ¿Sentiste algo fuera de lugar con este hombre?
- N-no, no, nada -me rehice inmediatamente, pasando de mirar la espalda del tipo a la cara de mi compañero. Este me dedicó una breve sonrisa y me guió por el brazo hacia el automóvil, en el cual partimos hacia el encuentro de nuestro importante contacto.
No hice mucho caso de los monumentos de mármol y piedra blanca que pasábamos, aunque nuestro "pre-anfitrión" nos informaba secamente sobre los mismos. El único que vi con un medio nivel de interés fue el Monumento a Washington, además de la Estatua de Lincoln. No aguanté mucho y decidí que era momento de hacerle notar a Mu mi nuevo truco.
I nudge him con el codo y alcé una ceja.
"No me gusta esta ciudad" -le dije por ese medio de Cosmo apagado pero enérgicamente in tune con el ambiente. Mu abrió los ojos y me sonrió ampliamente.
"No sabía que podías hacer esto, sólo los que tienen mucha paciencia logran despertar el Sexto Sentido"
"¿Ah?. ¿Esto es el Sexto Sentido?" -respondí, escondiendo a duras penas una sonrisa-. "Ay, y yo juraba que era un radar que había trampeado..."
Y ahí ocurrió algo muy curioso. Mu se estaba riendo a carcajadas en nuestro espacio mental comunicativo, pero no dejó traslucir en su rostro más que su enigmática sonrisa.
"Me sorprendiste con esto, de verdad... no sabía que hubieras entrenado con Shura este tipo de habilidad."
"Nah, esto lo aprendí con Aldebarán, pero lo pulí con Saga... aunque, no le agarré el truco hasta ayer... ¿o era anteayer? Cuando estábamos oyendo la lección con Shun."
"Y yo que pensé que le estabas prestando atención cuando te vi frunciendo el ceño..."
Me mordí el labio inferior aguantando la risa, para luego darle un golpecito en el hombro con la punta de mis dedos. El conductor nos miró por el espejito del vidrio frontal, volviendo pronto a poner su atención en el camino.
Volviéndome de nuevo a Mu, le guiñé un ojo y volví mi mirada hacia la ventana, que nos mostraba en ese momento una enorme mansión de paredes inmaculadas.
- Bienvenidos a la Casa Blanca -nos dijo el hombre, sin mirar de nuevo por el espejo. Aunque, si lo hubiera hecho, se hubiera podido reír de mi cara de sorpresa.
- X -
Los pasillos de la White House eran llanos y decorados de una manera clasista. Antigüedades de los diferentes mandatarios y sus familias abundaban por los mismos, dándole a la Casa Blanca toda la apariencia de un museo capitalista.
Miré de reojo a Mu, quien caminaba a mi lado. Mantenía su vista al frente, mientras absorbía cuanto detalle podía con miradas de soslayo, así como yo. Se me antojaba que no podíamos estar más fuera de carácter en un sitio como este, pero ya no se podía hacer mucho al respecto... por más que quisiéramos salir corriendo de este símbolo para el pueblo gringo y esconderme en la selva, cualquier selva.
"Vamos... ¿me vas a decir que no te gusta el sitio?" -preguntó Mu con ese medio tan útil para que no nos escucharan. Rodé los ojos y solté un pequeño suspiro.
"Siento que nos miran..."
"Es obvio, todo este lugar está repleto de guardaespaldas y agentes del Servicio Secreto, por eso es que te sientes así..."
"No, no es por eso... es porque de verdad estoy sintiendo una presencia muy poderosa en este sitio... Mu,. ¿quién puede tener Cosmo en un lugar como éste?" -pregunté, volviendo la cabeza y mirándolo de frente. Él entrecerró los ojos y se concentró un poco, para luego mirarme y dedicarme su beatífica sonrisa.
"Es nuestro contacto, que nos está esperando. Ya sabe que estamos aquí, pronto lo verás por ti misma."
Fruncí el ceño, sin decir más nada. El chofer que nos había recogido en el aeropuerto resultó ser un agente del Servicio Secreto, por la manera de saludar con una inclinación de cabeza a cuanta persona se nos cruzaba por el camino. Cabe destacar que esas personas nos cruzaban y después de saludar al tipo nos dedicaban la más curiosa de las miradas.
Bajé la cabeza y entendí. Nuestras ropas no eran de lo más elegantes, diría más bien que un poco viejas y que dejaban notar que no teníamos el nivel que se requería para visitar este tipo de sitios.
Nos detuvimos frente a una pared, la cual se abrió desde dentro. Parpadeé de la sorpresa, para luego seguir al hombre a la siguiente habitación.
Un hombre de mediana edad, con cabello gris, ojos castaños y piel tostada por el sol y la actividad al aire libre, nos esperaba sentado detrás de un escritorio. Pero, se levantó no más entramos a la habitación.
- Es placentero ver que los Emisarios del Santuario han llegado sin problemas -saludó en griego, extendiendo la mano hacia Mu. Éste la estrechó inclinando la cabeza levemente, con respeto-. Confío en que hayan tenido buen viaje.
Me estaba mirando directamente a mí, con la mano extendida. Me adelanté y la estreché, sintiendo sus huesos bajo mi mano enguantada. ¿En verdad los otros humanos eran tan frágiles como este hombre...?
"Vamos, responde el saludo, Zelha" -me picó Mu mentalmente. Asentí con la cabeza, imitando a mi compañero y finalmente respondí, en inglés.
- Sí, señor, tuvimos un viaje sin tropiezos, señor...
- Mi nombre es Anderson, señorita, Alexander Anderson. Soy el Secretario de Estado de este país, y estoy muy honrado de vuestra visita -replicó el hombre, sonriendo complacido al ver que le respondía en su idioma.
Internamente suspiré profundamente. Por lo menos no tendríamos que encarar al Presidente de esta nación tan influyente...
Y como si hubiera escuchado mis pensamientos, Anderson continuó.
- El señor Presidente está en estos momentos en una reunión con empresarios petroleros suramericanos, pero podremos hablar aquí hasta que él se desocupe. ¿Desean algo de tomar, té, café...?
Miré a Mu y él negó con la cabeza, indicándome lo que debía decir a continuación.
- Muchas gracias, señor, pero no se preocupe. Nuestra Señora nos ha enviado en un asunto mucho muy importante, el cual debemos de concluir a la mayor brevedad posible.
- Entiendo, entiendo... pero, si me permite preguntar,. ¿cómo es que usted tiene tan buen dominio de mi idioma, siendo de Grecia?
Mu susurraba en mi cabeza, dándome instrucciones. Cómo podía comprender el lenguaje de Anderson, no lo sabía, pero obedecí y respondí sin dilación.
- Mi nacimiento no fue en Grecia, señor. Soy de Venezuela, y mi compañero es Tibetano. En el Santuario, hay muchas nacionalidades y muchas personalidades dedicadas a la protección de la Diosa y su Visión.
Anderson alzó una ceja, interesado, e iba a continuar, pero la puerta (la visible, no la otra disimulada en la pared) y entró otro hombre, alto, de facciones claramente caucásicas, nariz respingada, ojos fríamente azules y cabello canoso, veteado con negro.
No pude contener un escalofrío al verlo. Éste hombre era la fuente de Cosmo que me había inquietado desde que puse el pie en la Casa Blanca. No por tener un Cosmo poderoso, como el de Mu, o cualquiera de los Santos Dorados, o siquiera de uno de Plata o Bronce, sino por la onda de frialdad e indiferencia que emanaba de él.
- Señor Presidente -dijo Anderson, levantándose y mirándonos rápidamente para que lo imitásemos-. Estos son los Emisarios del Santuario de Grecia, los enviados por la señorita Kido...
- Por supuesto -respondió al tiempo que nos estrechaba las manos. Repantigándose en un sillón frente a Mu, comenzó a hablar-. Tengo entendido que la señorita Kido teme por un conflicto nuclear en el que Estados Unidos pueda estar involucrado¿no es así?
"Bien, esto es lo que le dirás, pequeña" -murmuró Mu al mismo tiempo que desataba su cinta y mostraba sus dos lunares. El Presidente alzó ambas cejas y descruzó los brazos, a todas luces sorprendido. Me aclaré la garganta y elevé una plegaria a Athena, pidiéndole fuerzas y paciencia para esta conversación.
- Señor Presidente -comencé, haciendo que él volviera la cabeza hacia mí-. Mi nombre es Zelha, Santa Plateada de Casiopea; mientras que mi compañero es Mu, Santo Dorado de Aries. Ambos fuimos enviados ante usted con la finalidad de sostener una entrevista concerniente a las tensiones que se han visto en relación a la posibilidad de que Irán y Francia estén fraguando un revuelo bélico nuclear, conjuntamente con otras naciones del Medio Oriente.
- La señora Kido está muy bien informada -respondió el hombre, apoyando los brazos en el sillón y ocultando medio rostro detrás de sus dedos cruzados-. ¿O debería decir... Athena?
Parpadeé, tiesa en el sitio. La voz de Mu, no la mental, sino la real, se dejó oír.
- Señor Presidente, nuestra Señora y Diosa Athena es la primera interesada por establecer la paz en el mundo, por lo que nos ha enviado para conversar con usted sobre lo que se discutió en la última reunión con los mandatarios de Oriente. Después de los conflictos con Irak, Athena pensó que lo más seguro era demostrarle a usted lo importante que era mantener la paz con las naciones arábicas, siendo el caso de que Irak ya fue sometido bajo la invasión estadounidense.
DAMN!
Definitivamente, Mu es una caja de sorpresas. No porque me haya ocultado que dominaba excelentemente bien el idioma, sin acentos extraños, sólo un tinkle que denotaba su originalidad hablándolo; no porque haya volteado todas las cartas sobre la mesa... sino porque, por sus palabras certeras, había arrinconado al Presidente de los Estados Unidos, quien se veía claramente tenso. Un silencio pesado se apoderó de la habitación.
Anderson no nos quitaba la mirada de encima, obviamente sorprendido del so-called insulto de mi compañero Ariano.
- Es increíble que dos desconocidos tengan la desfachatez de venir aquí, a la Casa Blanca, a decirme qué es lo que tengo que hacer y de paso insultarme por una acción que no realicé yo, esto es un atropello, es un--
- Señor Presidente -interrumpió Mu, alzando una mano en son de disculpa-. No fue mi intención el ofenderle ni agredirle, sólo queremos que usted entienda que, más que una intromisión por parte de nosotros y de Athena, lo que solicitamos es que se retracte de ese "castigo" que piensan impartirle a los países del Medio Oriente. La humanidad se vería severamente afectada con este conflicto, el cual degeneraría en guerra rápidamente si Irán e Irak se alían en contra de Estados Unidos, sin contar que Kuwait y Arabia Saudita, los cuales se ven en una penosa crisis económica por haber perdido a uno de sus principales compradores de petróleo, podrían considerar incluirse en esa alianza en contra de ustedes.
- Pero,. ¿cómo saben ustedes todo eso?. ¿Cómo es posible que sepan información clasificada de nuestro Servicio de Inteligencia?
Las preguntas de Anderson salieron de su boca antes que se diera cuenta, pero Mu mostró su pequeña sonrisa tranquilizadora y respondió igualmente.
- Athena no necesita de un Servicio de Inteligencia para darse cuenta que esa gente está sufriendo, allá en esos países... -se quedó callado un momento, como esperando que los hombres digirieran toda la información que les lanzó en la cara, para luego continuar-. Nuestros intereses no son económicos, ni políticos, ni tampoco queremos inmiscuirnos en asuntos que no son de nuestra incumbencia; pero, cuando se refiere al sufrimiento de la humanidad, Athena y su infinita sabiduría es capaz de ver más allá de mares, ríos, océanos y costumbres, culturas y corrientes de pensamiento.
"Zelha" -escuché la voz de Mu en mi cabeza, haciéndome dar un respingo-, "comunícate con Padma y Chloe y pídeles información acerca de lo que está pasando en donde se encuentren, necesitamos convencer a este par de que no estamos timándolos. Si ves que es necesario encender tu Cosmo, hazlo."
Cerré los ojos y me concentré duramente, enfocándome en Francia primero. La Torre Eiffel, los Campos Elíseos, una gitana pelirroja con mal carácter que pasaba por ser mi amiga... quien se sorprendió mucho por mi llamado mental, pero al ver la urgencia del caso, su tono de energía cambió a una de puro business.
Abrí los ojos en shock. La información de Chloe era concluyente. A un gesto de Mu, tomé la palabra.
- Tenemos información que las pruebas nucleares que está haciendo Francia están detenidas y canceladas de manera definitiva, pero el gobierno está receloso de las represalias que pueda tomar Estados Unidos, por lo que está convocando a todos sus jóvenes y adultos al servicio militar.
Me concentré de nuevo, sin éxito. La tensión del momento me estaba llegando, ahora que había atraído la atención del mandatario y su secretario. Un leve toque en mi cabeza disparó mi Cosmo, envolviéndome a mí, a Mu, a los dos hombres y casi la habitación entera en un fulgor plateado con destellos dorados.
Con suerte, logré controlarlo a tiempo, alcanzando a nuestros compañeros en el Medio Oriente... pero quien respondió mi llamado no fue Padma, sino Shaka himself.
Luego de escuchar atentamente las palabras del Santo Dorado de la Virgen, abrí los ojos, mirando fijamente al líder de la nación donde nos encontrábamos.
- Shaka... Shaka me ha dicho que Irán e Irak unieron fuerzas con Kuwait, y que si no se llega a un acuerdo pronto con el comercio de petróleo, atacarán los puntos más débiles de EUA...
- Señor Presidente, queda de usted el ponerle fin a estos conflictos y malentendidos que separan a los hombres -afincó Mu, muy serio, poniendo una mano sobre la mía, dándome a entender que podía apagar mi Cosmo-. Todos tenemos derecho a la vida, señor... y más que todo, tenemos derecho a la libertad. ¿Eso no es lo que predica su Constitución y su Carta de Derechos?. ¿Dónde está la buena voluntad hacia el prójimo, señor Presidente?
Ya poco a poco fui comprendiendo lo que quería Mu. Quería que este hombre consintiera en retractarse del debate nuclear, por lo que suspiré profundamente y miré a Anderson. Éste se veía sumido en profundos pensamientos, por lo que sentí que tal vez, sólo tal vez, podríamos haber tocado su corazón y su sentido humano. Miré a Mu, quien asintió y nos levantamos.
- Nos retiraremos, señor Presidente... pero tenga en cuenta, por favor, que en esos sitios, viven mujeres, niños y hombres inocentes, que lo que quieren es sólo que los dejen vivir en paz, entre sus diferentes culturas.
- Que Athena ilumine su espíritu, señor Presidente -murmuré, inclinándome respetuosamente y saliendo de la Oficina Oval detrás de Mu.
Ahora, ya idos de la Casa Blanca y apostados en el Puente del Potomac que extrañamente, se llamaba Boulevard Arlington Memorial, apoyé la cabeza de la baranda, escuchando la suave risa burlona de Mu.
- ¿Y de qué coño te ríes? -lo miré conmocionada-. ¡Acabamos de ofender al Presidente de este país, además de amenazarlo con una demostración de algo que calificarían como sobrenatural!
- Tranquila, pequeña -respondió él, cerrando los ojos y disfrutando de la brisa marina-. He hecho lo que el Maestro ha ordenado. Este hombre podrá haberse visto acorralado, pero estoy seguro que averiguará lo que le hemos dicho, sobretodo los informes de nuestros colegas en los otros países.
- Hay algo más que me preocupa... dijiste que podía encender mi Cosmo, pero no encendiste el tuyo. ¿Por qué?. ¿Estás consciente que rompí una de las reglas impuestas por el Maestro Shion cuando nos asignó a esta ridícula misión diplomática?
- Zelha, pedí permiso expreso a Shion para hacer ese pequeño espectáculo para este hombre -dijo él sin abrir los ojos-, y como comprenderás, aceptó a sabiendas de que el señor Anderson estaría muy interesado al ver un fenómeno como ese. De hecho, nuestra misión era tocar el corazón del Secretario, no del Presidente. Como mano derecha del Presidente, aunque lo encuentres descabellado, podría influir favorablemente en el Congreso, que es lo que estamos buscando.
Permanecí callada, ponderando lo que me había dicho. Los barcos pitaban su saludo a tierra, ya fuera alejándose o acercándose a ella. Recordé mi primer y único viaje... el cual no disfruté nada, porque no me di cuenta que estaba en otro sitio hasta que desperté. Fue cuando Shura me llevó desde Venezuela a España, en un flash de Cosmo.
- El Maestro -dijo Mu de repente, sobresaltándome y sacándome abruptamente de mis pensamientos-, me dice que hiciste buen trabajo y que no te preocupes, que las reglas se hicieron para romperlas.
Qué ameno, el Patriarca Shion, pensé alzando una ceja ausentemente. Mu se inclinó hacia mí, dedicándome su sonrisa más enigmática.
- Tenemos algo más que hacer antes de irnos -dijo al tiempo que me tomaba de la mano y echábamos a andar-. Sólo tardaremos un momento, y luego cambiaremos de ambiente... al estilo Lemuria.
Mi sorpresa fue cuando encontramos al señor Anderson en la Tumba del Soldado Desconocido. Nos saludó como si no nos hubiera visto hacía tan sólo pocas horas, mientras que yo forzaba a Casiopea a quedarse tranquila y no magnificar el hambre que tenía.
Alcé los ojos hacia la placa conmemorativa del monumento, leyendo su inscripción.
"Here Rests
In Honored
Glory
An
American Soldier
Known But To God".
- Muchos soldados han fallecido defendiendo este país de invasores, transgresores y otros -dijo el hombre, notando la dirección de mi mirada-. Y aunque la Biblia dice que la violencia genera más violencia... hubo ocasiones que sólo la violencia podría remediar.
- ¿Como la Guerra de Vietnam? -interpuse yo, acordándome del libro de Historia gringo que había hojeado en Japón-. ¿Cuántas guerras más debe haber para que los humanos entiendan que un diálogo lleva a mejores soluciones que un obús, un misil o una bomba atómica?
- Estoy de acuerdo con usted, Miss Casiopea. Por eso es que os doy mi palabra en que influenciaré lo más que pueda sobre el Presidente y el Congreso para que se anulen los bloqueos económicos a los países árabes...
- Estamos muy agradecidos que nuestras palabras os hayan tocado el corazón, señor Anderson -dijo Mu, estrechándole la mano-. Y piense usted, que no sólo con sus palabras salvó la vida de millones, sino que su conciencia podrá estar tranquila, a sabiendas de que hizo lo correcto.
- Gracias... pero, hay algo que... me gustaría saber, jóvenes -respondió él, rápidamente. Esta energía que la señorita utilizó... tan cálida y amable, si cabe...
- Ese es mi Cosmo, señor Anderson -contesté sinceramente, no había razón de ocultarlo cuando él mismo había sacado el tema-. Es la energía que me mantiene viva, la que me da fuerzas y la que me permite defender los ideales y perseguir las metas de mi Señora Athena.
El hombre guardó silencio por un minuto, para luego echar a andar después de hacer una seña de que lo siguiéramos. Miré a Anderson, quien permanecía con la vista al frente. Pronto llegamos a un café escondido a las afueras del Cementerio Nacional de Arlington, donde nos invitó a comer sin hacer caso de las protestas que le hicimos.
Luego de tomar la comida (la cual no saboreé por el hambre que tenía, jo) bajo un ambiente de conversación ligera, se reclinó en el asiento y sorbió un poco de su café.
- A ustedes puedo decírselo, las razones por las cuales el Presidente está tan frío -dijo luego de caminar un rato, sin darse cuenta que yo le picaba el costado a Mu por decirme mentalmente que mi estómago gruñía como león enjaulado-. Hace mucho tiempo, antes de que el Presidente ganara las elecciones, uno de sus hijos se alistó en la aviación y fue destinado a uno de los puntos establecidos para la invasión a Irak. El muchacho hizo lo posible por obedecer las órdenes que le dieron, pero nunca se imaginó que tendría que disparar unos misiles en contra de una población, la cual estaba desarmada, asustada y en lo último de la pobreza.
Anderson guardó silencio, mirando por la ventana. Seguí su mirada y observé a un grupo de chicas vestidas de uniforme, quienes caminaban por la acera contraria, charlando y riendo.
- Les comenté lo del hijo del Presidente porque me parece que es necesario para explicar su comportamiento. Sé que no es razón para disculparle, pero... podrán comprenderle en cuanto termine de contarles la historia.
"Thomas era un genio de la literatura, se graduó de secundaria con un honor especial que sólo se le daba a los editores del diario escolar. No pasó mucho tiempo para manifestar su deseo de alistarse en el ejército, a lo que el padre, el ahora Presidente, se rehusó vehementemente.
"Dirán que fue egoísmo de su parte, pero el padre temía por la vida del chico. Cuando se alistó en la aviación respiró un poco más tranquilo, pues pensaba que no estaría en el frente de la guerra que se fraguaba contra Irak. Cuando su hijo le comunicó que había sido destinado a la operación "Tormenta del Desierto", el padre se asustó.
"Los detalles sobran. Thomas regresó sano y salvo a casa, pero su alma ya no era la misma, ya no era el mismo chico dulce y bromista que siempre había sido. La guerra lo había cambiado, lo había traumatizado hasta tal punto que sólo la terapia y los medicamentos podían ayudarle a dormir.
"El chico estaba prometido con una jovencita, la más preciosa con la que sus ojos hubieran podido toparse. Él le prometió a la chica que regresaría y que luego se casarían, siendo felices por siempre. Como podrán ver, no fue así. La guerra había quebrado su voluntad y su alma... plantando un veneno en su cuerpo.
"El chico murió de cáncer a los veinticinco años. La jovencita estaba desconsolada, culpándose por una enfermedad que ella no tuvo la habilidad de ver a tiempo. El padre sintió que la muerte había sido injusta con su hijo, llevándoselo justo cuando comenzaba de nuevo a mostrar su sonrisa de nuevo, leve, pero indicio seguro de la superación del trauma de la guerra.
"Es por eso que el Presidente piensa que el terminar con las armas árabes sería la solución perfecta para que otros padres no sufrieran lo que él sufrió. Tal vez podría ser rencor y egoísmo, tal vez venganza, pero lo que yo intuyo, es dolor, dolor por haber perdido a uno de sus hijos más queridos.
Mu y yo guardamos silencio. Aunque yo nunca había tenido la oportunidad de vivir en carne propia el fallecimiento de alguien cercano a mí (exceptuando a mis padres, pero estaba muy pequeña en ese momento, además de que el accidente me dejó inconsciente y no presencié sus muertes per se), podía notar la enorme tristeza que emanaba del pobre hombre.
- Sentimos mucho escuchar esto, realmente es una triste historia la del Presidente... ¿pero no ha pensado, señor Anderson, que también hay hijos de madres árabes que ellas lloran y por los cuales ellas guardan un luto y un cerrado rencor hacia los Estados Unidos?
- Puedo imaginarlo bien... por lo que ahora les doy mi palabra de ayudarles lo más que pueda. Haré entender al Presidente que hay otras maneras para el desarme...
Anderson se levantó e inclinó la cabeza a manera de despedida, comenzando a dirigirse a la salida.
- Señor Anderson -murmuró Mu, haciendo que el aludido se detuviera sin volverse-. Siento mucho lo de la muerte del prometido de su hija.
Con otro nod, el hombre salió.
Me volví a la ventana, haciendo todo lo posible para que Mu no me viera enjugarme una lágrima.
.
------------------
.
1: You'll know, in due time! Lo
sabrás,. ¡a su debido tiempo!
2: You must be Mister Aries Mu and Miss Cassiopeia Zelha. Please, come with me, we've been expecting you both. Ustedes deben ser el señor Mu de Aries y la señorita Zelha de Casiopea. Por favor, vengan conmigo, los hemos estado esperando.
3: Yes, thank you for coming to pick us up. Sí, gracias por venir a recogernos.
Notas de la Autora: Recuerden que esto es una historia de mi propia
cosecha, por lo que me estoy haciendo de acontecimientos pasados en
nuestro día a día para involucrar un poco más a
los Santos de Athena en hechos que vivimos todos. La guerra contra
Irak en esta historia terminó, mas no profundizaré en
ese asunto. El problema que enfrentan nuestros Santos es el del desarme nuclear,
también tópico de nuestra actualidad. Disculpen si se
les antoja un poco rebuscado, pero quiero plantear la idea que se me
ocurrió leyendo un drabble de Pollux Dioscuros, sobre los
Caballeros de Athena como Embajadores del Santuario, apuntando por
una meta común, muy deseada por la humanidad y tan
inalcanzable como las diferentes personalidades y culturas que
pueblan nuestro mundo. Paz Mundial.
Como nota irónica, me basé en la apariencia física
de George W. Bush
para el Presidente de EUA, pero no quiere decir de cierto que los
Santos tuvieron una entrevista con él. De hecho, sería
más bien un predecesor de Bush en la
presidencia de los Estados Unidos. Para opiniones políticas
acerca de EEUU, visiten Reality Check
en el SSEternal :-P
¡Y quedan seis!
PD: Alexander Anderson es un nombre tomado de otra serie. Sue me, Kirano! xP
-----------------
Pilla Doll: Heheh, tú lo has dicho, Estados Unidos siempre se mete donde no lo llaman xD
Con respecto a tu pregunta, Zelha ha visto aviones antes, sí, aunque para llegar al Santuario fue por tren y luego barco... y de la Selva a Los Pirineos, fue Shura quien la llevó... :-P
Tatsumi, hubiese querido burlarme más de él, pero luego me dio lástima xD
¡Gracias por tu comentario!. ;D
Diana Artemisa: Qué bueno que te gustó el capítulo amiga, sabes que mientras mi relato pueda animarte, pues me sentiré feliz de que lo haga. Tranquila, además de sacar fuerzas de flaqueza sabes que Dios (cualquier Dios) aprieta pero no ahoga... ¡mucha suerte, linda! -apapacho fuerte-
¿Quién estaba viendo a Zelha? Creo que esa es la pregunta del millón, jajaja XD
¡Gracias por tu gran comentario, me hace muchísima ilusión!. :-D
Barbara-Maki: Aún no lo sabrás... por lo menos, no todavía... xD
¡Gracias por el review! -guiños-
Elena: Sabía que te ibas a sentir aludida con lo de los Acuarianos... XD
Tienes mucha razón con Casiopea, pero eso no pasará... tan pronto :P
¡Un abrazo y gracias por tu comentario!
Angel del Apocalipsis: Jeje, parece que fuiste la única que entendió lo del manglar... XD
El buen Shun de Andrómeda es un personaje que me sirvió para darle un enfoque moderno a estos Santos salidos de un Santuario donde no se ve la tecnología, siendo el enlace entre ambos mundos. ¡Qué bueno que te gustó!
Jaja, otra que anda intrigada con la persona que vio a Zelha en la azotea. ¿Quién será, será? No hay pista alguna, la persona se descubrirá a su debido tiempo ;P
Sí, tenía conocimiento de la ETA y el Euzkadi, teniendo a la dueña de Alexiel por allá, pues no es menos el saberlo... aunque estemos separados por un enorme charco, pues seguimos siendo humanos que tienen los mismos problemas¿no es así? -suspiro-
Muchas gracias por tu comentario, amiga Nela, de verdad que lo aprecio a montón. -abrazo-
Navarhta: Veamos... esto para los que quieren ver los arts: En el profile de Argesh Marek, tiene un enlace a su cuenta de DeviantArt. Allí los tienen ;D
Shion tiene un sentido del humor bastante extraño,. ¿no lo creen? Y aún no se conocerá la identidad del mirón... XD
En cuanto a secuelas... no, creo que es suficiente con 35 capítulos... aunque puede ser que haga uno que otro drabble relacionado con la historia, aún no lo tengo claro.
¡Gracias por tus comentarios!. :D
Carmen: Qué bueno que te gustó el capítulo :D
En cuanto a tus preguntas... aún no lo sabrán, aún ella no sabe quién es, probablemente pero le costará trabajo XD
¡Gracias por tu review!
Lyra-Acuario: Wow... me dejaste con la boca abierta con tu review. Me halaga sobremanera la analogía de los grandes escritores, y aunque yo no me creo a la par de ellos, pues se te agradece muchísimo tus palabras. Me hace sonrojar que califiques mi narrativa como del siglo XX, pero ciertamente, algo debe tener de informal como las tendencias de los escritores actuales. Tal vez me vi influenciada por los libros que he leído, es una posibilidad bien plausible.
Como nota curiosa, nombras a Alejo Carpentier como una de las fuentes de la narrativa contemporánea, mientras que uno de los autores venezolanos que yo más admiro (y que en paz descanse) es el genial Arturo Uslar Pietri, un cronista del pasado, presente y futuro de mi país y un intelectual clave para la sociedad venezolana. Uslar Pietri y Carpentier fueron amigos, compañeros en muchas cosas y aunque sus ideologías y simpatías políticas fueran opuestas, no dejaron que esto afectara su amistad. Admirable en verdad, merecedores de una ovación.
Amiga, me halaga muchísimo que hayas escrito un review tan lleno de literatura, apasionante en serio, la verdad que me asombra encontrar a alguien que aprecie la literatura contemporánea latinoamericana por estos lados. Y por ello, me quito el somprero y te agradezco de todo corazón tus palabras, porque una vez más, mi historia supo mal que bien llegar a lo que quería llegar. ¡Espero que este capítulo sea de tu agrado! Me pone algo nerviosa el que mi historia cumpla con tus expectativas...
A todos, muchísimas gracias por hacer de esta historia lo que es... ¡y ya pasamos de los 110 reviews! Nunca me esperé que tuviese tanta aceptación... -se seca las lágrimas- Jeje... gracias, amigos, de verdad que no hallo palabras de agradecimiento suficientes para expresar lo que siento.
Z -
