Disclaimer: ¡¡Míos, sí, míos, sólo míos!! MWAHAHAHA!!! -marcar al 911, por favor-.
Turpial: El Momento de la Verdad
A Tacho.
Pasando como flecha entre los árboles, esquivé al tigre con facilidad, alejándolo efectivamente de mis compañeros.
Aterrizando ruidosamente sobre una enorme roca y dejando atrás a mi felino perseguidor después de cruzar un riachuelo y despistando mi aroma por los alrededores, me di cuenta del verdadero peligro de andar con un condenado vestido de verano en medio de la selva. Not fashion, nor modesty.
Damn it.
Buscando dentro del morral, encontré unos leggings de color marrón, probablemente de Mu. Y como el que va a la villa pierde su silla, la prenda fue a abrigar mis desnudas piernas sin mucha dilación. Me quedaban grandes en la cintura, y un poco fit en las caderas, pero no podía pedir más nada.
Poniéndome a tono con mi ambiente, intenté comunicarme con el Lemuriano, tratando de averiguar qué tan lejos estaba del Turpial, para reunirme con él en el campamento.
"Pensé que eras comida para gatos," -dijo con su habitual tono de dulce burla. Le envié una carcajada suficiente.
"Cuidado con lo que dices, puedes terminar siendo tú la comida de una anaconda. A ellas les gusta comer fino," -respondí con una sonrisa-. "¿Dónde están?"
"Entrando en este momento al Campamento... ven pronto, hay mucha gente... y por lo que veo, los ánimos están bastante caldeados."
Fruncí el ceño. El Turpial siempre estaba animado y con gente, pero no al punto de la overpopulation. Me dirigí hacia donde sentía la presencia de Mu, dashing entre el follaje con rapidez…
...hasta que llegué al Tobogán de la Selva.
Siendo una niña, Olga me llevó a ese balneario silvestre enclavado en medio de la jungla. Luego tuvo que correr para alcanzarme, pues no quería dejar de deslizarme por la cascada, muerta de la risa y alborotando como una paraulata.
Mis ojos recorrieron con placer la enorme piedra que era cubierta por la corriente del río, el cual convertía la roca en un gigantesco tobogán natural. De ahí la razón por la cual era tan visitado, los turistas hacían su agosto lanzándose por el tobogán, provocando las risas de los observadores, fueran extranjeros o lugareños, cuando caían de mala manera, que era bastante común.
Un chillido me sacó de mis pensamientos. Alcé la vista y encontré a una señora que gritaba en español algo sobre su hijo. Dirigí la mirada hacia donde ella apuntaba... y mi adrenalina se disparó.
Un niño de aproximadamente cinco años estaba atorado en una de las altas salientes de la roca, haciendo que la pobre criatura tragara agua a más y mejor. Si no se zafaba a tiempo, podía ahogarse irremediablemente aún cuando no estaba enteramente sumergido. Había que actuar lo más rápido posible...
Pero,. ¿qué podría hacer si no podía encender mi Cosmo?
Pasando revista frenéticamente a lo alto del Tobogán, reparé en una rama que venía a caer casi encima del niño. ¡Qué conveniente!
Corrí hasta el árbol, alzándome por el grueso tronco por los hongos y las salientes de la corteza. Dejé el morral entre las raíces, subiéndome hasta la primera rama con algo de dificultad. Damn circus music in my head!
Fui corriéndome poco a poco por las ramas, trepando lo más rápido que podía, cuidando el equilibrio de mi peso para evitar que las ramas cedieran. Despacio, fui llegando donde estaba el niño. Le tiré una mirada, dándome cuenta inmediatamente que estaba algo hinchado por tanto tragar agua, así que tenía que apresurarme.
Maldita sea, y no tenía ninguna cuerda... pensé desatando el sari de mi cuello, donde me lo había atado cuando nos cambiamos en el pueblo. Hice un nudo en mis piernas, asegurándome a la rama antes de gatear por la misma hasta el niño.
- ¡Hola, hola! -exclamé extendiendo la mano hacia el niño-. ¡Agárrate de mí, te sacaré de allí!
Pero el niño no me escuchaba.
Maldije en voz baja mientras hallaba la manera de colgarme de cabeza para alcanzarlo, rezando que el sari se mantuviera firme y no se rasgara… o me iría de cara contra la piedra y sería bastante doloroso.
Las manitas del niño se aferraron a mis dedos. El agua corría sin descanso ni alivio, mientras yo flexionaba los brazos, halando al bebé con firmeza y prisa... zafándolo suavemente de la juntura de roca.
Magullado y asustado, el niño tosió un poco del agua que había tragado, comenzando a llorar.
- Venga, mi lindo, no llores... ya salimos de lo peor, ahora lo que falta es bajar a ver a tu mamá -lo consolé, pensando rápidamente en cómo bajar de allí. Estábamos colgados por un trozo de tela que nos separaba de la roca, así que sólo quedaba actuar rápido.
Envolviendo el cuerpo del niño con un brazo, alargué el otro para alzarme por el sari. Un sonido de rasgadura llegó a mis oídos, haciéndome maldecir de nuevo.
La caída fue corta, pero al rodar en el aire para proteger al niño, me di de espaldas contra la piedra. Auch.
Sólo quedó el deslizarnos por el tobogán hasta el pozo final, donde la madre del niño lo recibió entre llantos y agradecimientos. Empapada hasta la médula, con el vestido roto y la espalda magullada, acepté sus agradecimientos lo más graciosamente que pude, escapando del sitio en cuanto tuve un respiro.
Suspiré al llegar a la zona del Turpial. Había corrido el resto del camino sin preocuparme por depredadores ni de los mamarrachos de DaSilva, que siempre merodeaban con fusiles por esa parte de la jungla.
Mu esperaba al lado del camino de la entrada al Campamento, sentado en una roca. Se levantó al verme, alzando uno de sus lunares interrogativamente al verme en las fachas que andaba... además de empapada.
- No preguntes -dije pasando a su lado y entrando al Campamento, escuchando a mis espaldas una suave risita burlona.
El Turpial estaba totalmente packed, de tal manera que las enfermeras pasaban de caney en caney para atender a los muchos pacientes que gemían, dormitaban y se quejaban, tendidos en mantas, esteras y chinchorros.
What on Earth...?
Mis ojos danzaban entre las personas, buscando frenéticamente... hasta que la encontré.
- ¡Ingrid! -grité, emocionada al verla. Ella se volvió al escuchar su nombre y abrió la boca de la sorpresa.
- ¿...Zelha¿Eres tú? -she blurted out, mirando hacia los lados desorientadamente.
- Mein freund! -chillé mientras caminaba hacia ella. Ingrid squealed y me abrazó fuertemente, diciendo un montón de maldiciones en alemán que no me molesté en traducir en mi cabeza.
- ¿Qué coño haces tú aquí? -se avino a decir cuando por fin deshicimos el abrazo, yo sonreía abiertamente mientras ella me miraba de arriba abajo-. ¿Y qué coño te hiciste?. ¡Parece que hubieras caído por una cascada!
- That I did, actually -repliqué frunciendo el ceño-. Estoy aquí por cosas que luego te contaré,. ¿dónde está Olga?. ¿Está en el despacho?
- No, está en la Sala Tres -respondió la rubia alemana-. Hemos estado cortos de personal desde que ese verdamnt de DaSilva ha arremetido contra nosotros por no permitirle hacer lo que le de su perra gana con la selva... además de que ha habido ataques continuos a los indígenas y toda la cosa...
Ella me miró, preocupada, al ver que palidecí repentinamente.
- Sweet Athena... -murmuré, rogándole a los cielos por un milagro-. Ingrid, Cakere,. ¿dónde está?
- Tranquila, ella está bien... trasladaron la aldea a la parte más profunda de las faldas del Roraima, desde que... el Cacique...
- ¡Escúpelo de una vez, joder! -exclamé, al borde del snap. Ella meneó la cabeza tristemente.
- Fue emboscado por los hombres de DaSilva... y lo que supimos por el compañero de Cakere es que quedó como un colador. Lo fusilaron brutalmente... mutilado y decapitado, Cakere sólo pudo hacer los rituales fúnebres con pocos restos...
Mis rodillas cedieron, pero no di contra el suelo. Mu me había atrapado por la cintura, sosteniéndome contra su cuerpo, mientras que Casiopea hacía de las suyas y mis lágrimas corrían ardientes por mis mejillas.
- Holy Olympus, how... how can someone be so cruel... how can someone pick on the light of Churún... God... (1)
Mi rambling bloqueó todos mis sentidos mientras que Casiopea reproducía todos los recuerdos de mi infancia con la tribu, con Cakere y su padre, el Cacique más justo que había vivido alguna vez entre ese grupo de pintorescos seres. Bomgu era estricto, pero divertido, todo un maestro en las costumbres de la selva.
- Zelha¡reacciona chica, vamos! -escuché vagamente a Ingrid mientras repentinos dolores en mis mejillas me indicaban que me había abofeteado. Mi llanto no cesaba, de hecho comencé a hipar por privación de aire.
Vi todo oscuro de repente, para luego sentir una energía cálida que me calmó gradualmente. Cuando abrí los ojos, observé a Ingrid, quien se inclinaba sobre mí con los ojos muy abiertos y una expresión que variaba entre preocupación, sorpresa y asombro.
- No te muevas -murmuró Mu detrás de mí-. Relájate, escucha el sonido de mi voz y encuentra el camino hacia tu conciencia. Que la luz de Athena sea la luz que te dirija hacia tu cordura, no dejes que la tristeza te consuma...
- Sea Ella la guía de la Luz Eterna... -respondí maquinalmente en un susurro-. Almas bienhechoras por la protección de la humanidad, todas bajo el mando de la Victoria...
- ¿Zelha? -Ingrid estaba a punto de susto máximo, así que compuse una pequeña sonrisa para tranquilizarla.
- Estoy bien... la noticia me impactó mucho, no pensé que... el Cacique Bomgu podía ser derrotado así...
Tenía que mentirle. No podía saber si ella entendería lo que yo era ahora, en lo que me había convertido.
Prestando más atención a mi alrededor, noté que estaba en el despacho de Olga, sentada en las piernas de Mu, mientras él hacía su magia cósmica conmigo y mi arranque emocional. Una vez más, maldije a Casiopea y la eché de nuevo atrás a lo más recóndito de mi mente, gritándole a mi subconsciente por haberla liberado. Casiopea soltó una risita y permaneció en silencio, sometiéndose a mi agresividad por una vez y dejándome en paz por el momento.
- Hablaremos después, sólo quería ver que estuvieras bien¿de acuerdo? -respondió ella con una sonrisa nerviosa-. Tengo que asistir a unos cuantos mamarrachos, pero cuando Olga salga de la operación, podremos hablar...
- Ingrid, él es Mu, es mi compañero de misión -la interrumpí, without missing a beat-. No te preocupes, luego hablamos.
Ella asintió y se fue, vacilante.
- X -
En cuanto se cerró la puerta del despacho, traté de levantarme de las piernas de Mu, sin éxito.
- ¿Cuándo pensabas decirme que tenías problemas con Casiopea? -la pregunta cayó como un dardo directo a mi cerebro-. ¿Por cuánto tiempo esperabas ocultarlo?
No me atreví a mirarlo, sintiendo cómo mi cara subía de temperatura por la vergüenza.
- Mu, yo... -titubeé. No sabía qué decirle realmente, mis razones para ocultar mis problemas con mi armadura ahora me parecían estúpidas e infantiles, de tal manera que me daba mucha pena decirlas en voz alta.
El Santo de Aries tomó mi barbilla y me levantó firmemente la cara, forzándome a mirarlo. Esos ojos que tan expresivos como insondables, podían demostrar el más profundo desprecio, la alegría más dichosa, la tristeza más desgarradora o como la furia más increíble, mientras que el resto de su rostro no delataba ni la más mínima expresión, en este momento me mostraban lo realmente dolido que estaba por mi mutismo.
- Al fin y al cabo, pude darme cuenta que no confías en mí -dijo con su habitual voz suave-. Esa armadura te está carcomiendo por dentro y tú sólo evitas cualquier posibilidad de ayuda... ¿tanta desconfianza te inspiro para que confíes en los demás pero no en mí?
Abrí la boca, sorprendida por tamaño absurdo. Me levanté de sus piernas, retrocediendo unos pasos, sin atinar a responderle. Mu asintió cerrando los ojos y se levantó.
Se va a ir... se va, y no puedo...
- ¡Espera! -exclamé sin poderme contener. Él se detuvo con la mano puesta encima del pomo de la puerta, esperando.
Casiopea kicked in otra vez, haciendo que me estremeciera.
- No es que desconfíe de ti, Lemuriano gafo, es que no podía mirarte a la cara cuando estos malditos poderes se apoderan de mis sentidos... ¿es que no lo entiendes? Verte es para mí... como un respiro al salir a la superficie, como volar encima de los árboles... no podía permitir que Casiopea me hiciera hacer el ridículo frente a ti, porque... porque...
Sus manos sujetaron mis brazos, sacudiéndome levemente, lo suficiente para que yo alzara la vista a sus ojos increíblemente violetas, los cuales brillaban con una chispa de algo que no pude interpretar.
- Dilo, Zelha. ¿Por qué no me lo dijiste? Termina de decirlo.
- ...porque me importas demasiado como para tener tu opinión en alta estima...
Mi murmullo salió tan vago que pensé por un momento que no me escuchó. Los estremecimientos que me provocaba su tacto me desestabilizaba los sentidos de tal manera que me sentía mareada, como si estuviera ebria, pero con una emoción mucho más fuerte.
Sus dedos se deslizaron por mis brazos hasta sostener mi rostro, mientras sus ojos me miraban incesantemente, intensamente.
- ¿Sabes cuánto he esperado por esas palabras, muchachita? -murmuró acercándose a mí, mientras yo comenzaba a temblar de anticipación-. Mucho, mucho tiempo...
Cuando sus labios se cerraron sobre los míos, Casiopea se desvaneció de mi mente, sólo la intensidad de ese contacto me importó, sólo ese calor que invadió mis sentidos me marcó, sólo ese momento cargado de tensión me liberó.
No había dicho tan frontalmente que me gustaba, pero Mu no era conocido por sus andanzas por el camino de la ignorancia. Un hombre tan inteligente como él pudo leer detrás de mis ojos, más que lo que salió de mi boca...
...Misma que ocupaba ahora con tanto entusiasmo que pensé que me desmayaría allí mismo.
Cerrando mis brazos alrededor de su cuello, pensé incoherentemente en lo sabrosos que eran los dulces de manzana.
- X -
Ver la luna en la selva era un espectáculo tan sublime como breathtaking, pensé al mirar al cielo desde el techo de la churuata donde estaba el despacho de Olga y las dependencias privadas de Ingrid, Olga y Rex. Recordando los ojos sorprendidos de la doctora cuando me vio en su despacho, abrazando a ese insólito hombre de ojos y cabellos lila, no pude por menos que soltar una risita.
Menos mal que Olga no nos pilló cuando nos besamos, porque ahí si que arde Troya otra vez, jajaja. La doctora Donovan se había tomado muy a pecho el rol de madre adoptiva cuando Sir Drake vivía, enseñándome algo de modales (aunque ella misma no los usara) y unas cuantas nociones de propiedad y comportamiento femenino. En el Santuario no los aplicaba, pues con esa atmósfera cargada de testosterona que flotaba en todo el territorio no era ni siquiera un requerimiento, pero las palmadas dadas con la regla de madera de Olga habían grabado las lecciones profundamente en mi cerebro. Pero tenía que agradecerle, sin embargo, pues con ella y las lecciones posteriores de Shura pude conducirme apropiadamente cuando aparecía Shion o la Señora Athena.
Por eso, cuando Olga entró a la oficina, con Ingrid y Rex pegados a sus talones, y me pilló abrazando a Mu, el chillido que soltó debió haberse escuchado hasta en Jamir.
Tratando de calmarla mientras aguantaba la risa, la forcé a sentarse mientras ella me regañaba en inglés y en español sobre las maneras de comportarse de una señorita en presencia de los caballeros, y más yadda yadda yadda...
- ¡Ya basta, Olga! -exclamé mientras me dejaba caer en la silla frente a su escritorio-. ¡Toma un poco de aire y deja que te explique! Tengo mucho que contarte, así que es mejor que me permitas hablar porque la historia que vas a escuchar es tremendamente buena.
Eso fue suficiente para hacerla cerrar la boca. Ingrid y Rex estaban sentados junto a Olga, silenciosos. Luego de mirar a Mu y recibir un nod aprobatorio, procedí a contarles a los tres lo que había sido de mi vida desde que salí de la Selva, pasando por una enorme temporada en unas montañas europeas, para finalizar en una tierra mística donde los defensores de la humanidad tenían su escondido hogar.
Al principio, pude notar que el escepticismo los inundó. Pero, conforme iba pasando el tiempo y el relato se hacía más intrínseco, pude ver en sus ojos asombrados que aunque no me creían, mal que bien no ponían mucho en duda lo que les estaba diciendo. Y para completar el espectáculo, encendí mi Cosmo, inundando el despacho entero con mi energía, dejando que ellos sintiesen mi aura y la calidez de la misma.
Luego, el silencio se apropió de mis tres amigos, mientras esperábamos que digirieran toda la información que les había develado. No todos los días llegaba una persona a decirte que los Dioses griegos eran una realidad tangible, además de un montón de aditivos que hacía mi historia un tanto inverosímil... hasta que mi Cosmo hizo el resto.
Ingrid miraba a Rex y a Olga alternativamente, hasta que fue sorprendentemente el médico-biólogo fue el que habló.
- Entonces, quieres decir que esta energía que sentimos es emanada por tu propia esencia vital,. ¿y que ésta es la que te ayuda en tu misión?
Siempre el científico, pensé con desaliento. Esto iba a ser bien difícil si la suspicacia de Rex se filtraba hacia las dos mujeres.
- Mi misión como Santa es en calidad de embajadora de paz, Rex… no tiene que ver con mi Cosmo o mis capacidades, ni siquiera con el hecho de que sirvo a una Diosa que podría calificarse de pagana según los preceptos actuales... pero sí puedo decirte sin temor a equivocarme que Athena, en su encarnación actual, es un ser sencillamente sorprendente, y por eso sé que lo mágico y lo místico son reales, desde siempre. Es más, son reales desde el mismo momento que vi a Aldebarán romper un trozo de tepui con un puño.
Olga se inclinó hacia delante cuando escuchó el nombre de Aldebarán.
- Él fue el que te influyó para que te metieras en esto...
- No malinterpretes las cosas, Olga -respondí suspirando-. Aldebarán es de hecho parte de la élite de los Santos de Athena, es el Santo Dorado de Tauro... y el más fuerte del Santuario. Y este hombre que está a mi lado es el Santo Dorado de Aries, uno de los más inteligentes y veloces bajo el mando de la Diosa. No pienses que Aldebarán me metió en una organización de trata de blancas, porque sabes bien que no es así. Aldebarán es un hombre honorable y tiene un corazón de oro, así que recomendaría que miraran más allá de sus títulos científicos y me dieran el beneficio de la duda.
- Pero entonces los "poderes" que dices que ustedes tienen... -apostilló Ingrid-. Acaso son...
- ¡Son técnicas para protección, no para hacerle un take over al mundo! -repliqué exasperada-. ¡Ustedes no tienen la más mínima idea de lo que han hecho estos hombres por proteger a la humanidad!. ¿Recuerdan lo de las inundaciones hace años? Eso no fue un desequilibrio de la naturaleza¡ese fue Poseidón que quiso destruir todo!. ¿Y recuerdan ese extraño eclipse? Newsflash,. ¡Hades quiso exterminar la humanidad por completo!
El silencio cayó sobre nosotros pesadamente, incómodamente.
- Como verás, Zelha... esto es difícil de digerir -dijo Olga, frotándose la cara-. No es que dudemos de ti, o de lo que acabamos de ver, pero...
Sacudí la cabeza, frustrada. Miré a Mu, como pidiéndole consejo.
- Está bien que se sientan así, no muchos seres humanos normales ven este tipo de proezas -Mu assured-. Pero, tengan en claro que las razones de nuestra presencia aquí son enteramente altruistas, pues queremos ayudarles.
Estiré el cuello para levantarme, pero un crack me hizo soltar un quejido. La caída en el Tobogán de la Selva sí fue algo de cuidado, por lo visto.
- Dijiste que no preguntara, pero tengo que hacerlo -dijo Mu, mirándome fijamente. Suspiré y les conté brevemente lo del niño en el Tobogán, lo que hizo que Mu soltara una risita, mientras Ingrid y Olga hacían lo imposible para no sonreír.
- No tienes remedio, Zel... -murmuró Mu con una de sus miradas burlonas-. Ven acá, deja que mire si te rompiste el cuello.
Los otros fueron testigos de algo aún más impresionante. El Cosmo dorado del Ariano bañó su mano, la cual pasó levemente por mi cuello, aliviando mi dolor y restableciendo un poco la movilidad de mi cuello.
Lanzándoles una mirada de burla a los tres médicos y estampándole un beso en la frente a mi compañero, di las buenas noches y salí a la carrera, para aterrizar en el techo de la churuata y presenciar la salida de la luna y el inicio de la serenata de las chicharras.
- X -
La luz del sol mañanero se filtró por las persianas de madera, dándome en plena cara y despertándome efectivamente. Soltando una maldición, me levanté adormilada, caminando hacia el baño y murmurando maldiciones por lo bajo en contra de Grecia, el sol y ese maldito verano griego que se alargaba cada día más.
Cuando me di de bruces contra la pared, fue que comprendí que no estaba en Grecia, sino en un mundo olvidado, lleno de salvaje verdor, más específicamente en la habitación del hombre que alguna vez llamé Papá Doktor.
Mi selva.
Una ola de adrenalina me invadió. Sonriendo ampliamente, procedí a ponerme los leggings una vez más, saliendo de la habitación y al pandemonio del Campamento Turpial.
Por lo visto todo estaba igual que como cuando lo dejé, el eterno escándalo y las risotadas de los médicos mientras arreglaban una pierna o curaban una fiebre. La vida en la selva no era fácil, pero tomando en cuenta los tres sitios que había visitado, el Santuario en Grecia, los Pirineos en España y el Himalaya tibetano, no podía sino asombrarme de la abismal diferencia que existía entre esos lugares y mi adorada jungla.
Silbando levemente, entré a uno de los salones, dándome cuenta que las cosas en Turpial estaban tensas. Un montón de personas reposaban entre quejidos sobre unas sucias mantas, mientras unos cuantos dormían, prendidos en calentura.
No era un espectáculo bonito, pero era algo que ya había visto antes. Me incliné sobre el enfermo más cercano, parpadeando de la sorpresa al sentir la altísima temperatura bajo mi palma.
- Tiene malaria -observó Olga a mis espaldas-. Sólo podemos esperar que lleguen las medicinas para el tratamiento, pero con ese bloqueo de DaSilva...
- Maldito cabrón -I seethed-. Ya quisiera verlo al borde de la muerte y desahuciado porque no hay medicinas para salvarle...
- No podemos hacer más que esperar -dijo Olga ajustándole una compresa de agua en la frente al pobre hombre-, estamos bajo el control de ese malnacido hasta que se tomen cartas en el asunto.
- Damn right!
Salí del salón furibunda. Casiopea clamaba por justicia, y yo no estaba para desacuerdos con ella. Encontré a Mu conversando con los curas que habían hecho el viaje con nosotros, asintiendo a algo que le decían. En cuanto alzó la mirada hacia mí, parpadeé algo desorientada. Su mirada decía tantas cosas que no podía interpretar ninguna.
- Permiso -dije, interrumpiendo la conversación de los sacerdotes-. ¿Cuáles son las órdenes del Santuario referentes a ese monstruo de DaSilva?
Pude darme cuenta que mi Lemuriano amigo se sorprendió por un momento, pues le había hablado en griego, cosa que tenía tiempo que no hacía. Los curas parecieron confundidos, pero al escuchar el nombre de DaSilva parecieron interesados.
- Tenemos que negociar una paz definitiva con ese hombre, no podemos permitir que siga atentando contra la vida de estos seres humanos.
- Esa no es respuesta, Mu -contesté frunciendo el ceño-. Ese hombre merece un castigo ejemplar por todos los horrores por los que está haciendo pasar a esta gente. ¿Viste cómo se están muriendo lentamente en los salones?. ¡No podemos permitir que esto siga así!
- Cálmate, Zelha -pidió él en un murmullo-. No podemos utilizar nuestros poderes para beneficio propio. Esto lo sabes muy bien,. ¿no? -asentí cruzándome de brazos-. Tal vez podamos idear algo que no implique utilizar nuestra fuerza, ya sabes, no podemos develar nuestras identidades sino a aquellos que el Gran Maestro nos indicó.
- No pienso en revelar nuestras identidades,. ¡pienso en patearle el trasero a ese imbécil hasta que no pueda sentarse más nunca en su vida!
- Disculpen un momento -dijo Mu en inglés con una sonrisa hacia los sacerdotes, para luego sujetarme con un brazo y guiarme hasta el pozo que estaba en el centro del campamento. Hizo que me sentase en el borde, para luego suspirar profundamente.
- ¡Tch! -bufé, sintiéndome más molesta a cada segundo que pasaba. ¿Por qué demonios Mu parecía tan calmado cuando teníamos que actuar rápido?
- Zelha... escúchame un momento -dijo, acuclillándose frente a mí-. Esto se pondrá realmente delicado si dejas que tus emociones se interpongan. Esto es una misión, aunque es vez primera para nosotros salir del Santuario con el objetivo específico de darnos a conocer. Pero no por eso podemos interferir con los acontecimientos de la humanidad¿me entiendes?
- ¿Y por qué demonios no podemos? Estamos hablando de vidas humanas, Mu,. ¡de vidas que se perderán porque un cabrón quiere dominar la Amazonia entera!. ¿Y quieres que nos quedemos aquí cruzados de brazos esperando una audiencia con su santa majestad Churún?. ¡Joder!
- Puedo entender que estés ofuscada porque pasaste tu niñez aquí, Zelha, pero tienes que entender que venimos en son de paz, no podemos atacar a esa gente con un Excalibur o un Llamado de la Selva sólo porque están haciendo mal... somos observadores, no guías. Sólo Athena en su infinita sabiduría puede ser la guía de la humanidad, no sus protectores.
Me pasé la mano por el cabello, intentando controlarme. Casiopea aún forcejeaba para que dejara escapar mi frustración un poco más, pero la mano de Mu sujetando la mía sirvió de ancla para no volver a sucumbir a la influencia de mi temperamental armadura.
- No sabes lo que quisiera que estuviéramos ya de regreso en el Santuario -musité, mirando hacia el azul cielo-. Podríamos entrenar y hacer cuantos destrozos quisiéramos con esas piedrotas que están por todos lados... y yo podría ir a la Fuente de Athena con las muchachas, reírnos de los demás Santos Dorados... esta no es la selva que yo amo, no así, no con este peligro que se cierne sobre ella...
Mu se levantó para sentarse a mi lado, pasando un brazo alrededor de mis hombros.
- Ten paciencia, Zel... sólo podemos esperar.
- No quiero esperar, quiero arreglar las cosas... -murmuré mordiéndome el labio-. Me pregunto qué haría Saga con una misión así como ésta, si de plano le destruye el cerebro con un Satán Imperial a este tipo o lo manipularía con sus argumentos baratos de liderazgo...
Mu retiró su brazo mientras yo me reía de mi propio chiste, levantándose luego y dedicándome una amable sonrisa.
- ¿Por qué no le preguntas? Mientras, yo iré a buscar alguna charca donde bañarme.
- ¡Oh! Un baño, jaja... pregúntale a Olga, creo que el Charco del Leopardo está por aquí cerca, pero con eso de que cambiaron los caminos, ya no sé...
- No te preocupes, ya lo encontraré -me respondió sonriendo, para luego caminar entre unas chozas. Al ver un rápido flash dorado, supe que se había teleportado.
Flojo, pensé con una sonrisa y olvidando mi rabia por un momento, decidiéndome a imitar su acción. Tal vez un baño me ordenaría la cabeza.
Irrumpí en el despacho de Olga y le pedí unas cuantas ropas, pues no podía seguir con ropas sudadas. Luego marché hacia el Charco de la Lora Borracha, un poco más allá de Turpial, escondido en la selva.
Después de quitarme la ropa velozmente, me lancé al agua del profundo pozo con chillido infantil. El agua pareció aclarar mi mente, haciéndome recordar momentos aleatorios. La primera vez que fui a ese pozo con Cakere a escondidas de su padre, la vez que nos reunimos las mujeres en la Fuente de Athena para planear bromas contra los Santos Dorados...
Ese momento fue uno de los más divertidos de mi vida, sin tomar en cuenta lo del regaño posterior. Pero terminé cortándole el cabello al idiota de Saga, aunque a él no pareció importarle mucho andar con el cabello más desnivelado de lo que lo tenía.
Sin dejar de flotar en el agua, me concentré en darle un chispazo a cierto azulejo malencarado que debía estar en el Santuario, más aburrido que una ostra.
"¿Qué quieres, muchachita?" ´-escuché su gruñido y solté la risa-. "Espero que sea algo importante, pues estaba durmiendo."
"Oh... y yo que esperaba escuchar que me extrañabas, bicho de dos patas," -le respondí con tono de falsa decepción. Un leve chuckle respondió mi burla, seguido de un escandaloso bostezo.
"Bueno, ya me despertaste¿qué quieres?"
"Fíjate que quería saber qué harías tú en esta situación," -dije, para luego proceder a relatarle todo lo que había visto desde que llegué al Campamento, pero omitiendo la parte del beso que Mu me había robado en el despacho de Olga. Si Saga pilló que algo me guardaba, no lo dejó translucir en su voz cósmica.
"Mmm..." -escuché en mi cabeza luego que terminé de contarle todo el rollo. "¿En serio le patearías el trasero? Eso es reprobable, Zelha..."
"Ass!" lo regañé mientras lo escuchaba reírse de nuevo-. "¿Quieres dejar de bromear por un momento y decirme qué rayos harías tú en mi lugar?"
"Bueno, primero dime una cosa," -respondió Saga-. "¿Ya encontraste tu árbol?"
"¡¡Saga!!"
"Vale chica, está bien... mira, si no controlas a esa armadura ella terminará controlándote a ti, además de que ya bastante tensión emocional tienes estando en esa selva por todos los recuerdos de tu niñez... pero tienes que controlarte, porque si aquí se llegan a enterar (y créeme que se enteran) de que te dejaste llevar por una venganza o decidiste tomar la justicia por tus propias manos, te vas a meter en el peor de los problemas."
"No shit, dime algo que yo no sepa... no te contacté para que me dieras un sermón, sino para pedir tu opinión, para eso no protesto las razones de Mu y ya está."
"A ver, te sientes frustrada por no patearle el trasero a un bastardo que está haciendo de las suyas en la selva y destruyéndola... imagínate qué hubieras sentido cuando Ares gobernaba el Santuario, te hubieras muerto de la rabia en el sitio. Mejor ir con la corriente en ciertos casos, Zel, no fuerces la situación o más sangre será derramada..."
Me tuve que quedar callada. Tenía razón el maldito, pero no se lo pondría tan fácil. Además... estaba sacando al tapete un tema que me moría por tocar desde que lo conocí... pero no creí que fuera de sabios preguntarle, al menos no por ahora.
"Okay, está bien... pero a la hora de un diálogo con ese cabrón... temo que Casiopea quiera hacer de las suyas, hace rato me faltó poco para arrasar con un Lemuriano y dos sacerdotes," -le dije mientras salía del pozo, con los dedos arrugados y aterida de frío-. "Damn it, se me olvidó traer una toalla."
"Er... no quiero saberlo," -respondió Saga divertido-. "¿Ahora te comunicas conmigo en el baño? You're so gross, Zelha!"
"Ay, ya cállate, estaba en el pozo tomando un baño. El clima de aquí es caluroso, pero nada le gana al verano griego, that's for sure."
"Nada como ir a la playa para combatir el calor, pequeña," -se escuchó el susurro en mi cabeza, tan sugestivo que juré haberlo escuchado a mis espaldas-. "Aún recuerdo ese día, Zelha..."
"Saga, no me hagas esto," -le pedí, suspirando mientras finalizaba de vestirme-. "Es malo para nuestra salud mental y para nuestra amistad que recordemos eso, lo sabes bien."
Escuché un pequeño suspiro y luego su voz, tomando de nuevo un tono soñoliento, diciéndome que quería dormir y que hablábamos en otra oportunidad. Y luego, silencio.
Solté otro suspiro y miré hacia el cielo, recortado por las ramas de los árboles.
- Yo también me acuerdo de ese día, idiota... -murmuré, antes de sacudir la cabeza regañándome por la tontería y levantarme, para regresar al campamento.
- X -
Pasé el resto del día ayudando a Ingrid y a Olga con los enfermos, aplicándoles compresas frías, alimentándolos, cambiándoles las sábanas... por lo menos hacía algo por ayudar, aunque lo que más quisiese era rastrear al maldito de DaSilva y darle un proper beating, para que supiera lo que es bueno.
Mu apareció varias horas después, trayendo en brazos a unos niños que habían sido atacados por una manada de dantas. Lucían sangrientos y aplastados, por lo que salí volando a buscar a Olga, mientras le gritaba a Ingrid que ayudara a mi compañero.
Olga y Rex llegaron conmigo a tiempo de ver cómo uno de los niños abría los ojos y le sonreía al Lemuriano que se inclinaba sobre él, quien tenía su mano posada sobre su estómago, infundiéndole la calidez de su Cosmo curativo y restañando las heridas.
- Madre de Dios... -murmuró Rex cuando vio al chico sentarse y mirar a su alrededor, como si hubiera despertado de una siesta.
- Zel, ven acá -me dijo Mu sin alzar la cara-. Quiero que ayudes a la niña, tiene las dos piernas rotas y una contusión en la cabeza.
- I don't know what to do! -le respondí, abriendo los ojos de la sorpresa. No se dio por inmutado y se acercó a la niña, colocando la mano en su frente.
- Alguna vez tienes que aprender, así que muévete, es una orden.
Me apresuré a llegar a su lado, con los tres médicos al otro lado de la cama, mudos espectadores de esta clase de medicina cósmica. Colocando la mano sobre la de Mu, cerré los ojos y me concentré.
- Dispara tu Cosmo gradualmente, envuelve a la niña con él, trata de resonar tu corazón con el de ella -instruyó el Carnero Dorado, mientras hacía descender el nivel de su propia Cosmoenergía. Hice lo que me indicaba, dándome cuenta de inmediato lo fácil que era ver con los ojos del Cosmo. Localicé las estructuras rotas en sus piernas, para luego enfocarme en la cabeza. Primero había que hacer reaccionar a la niña.
- Recuerda lo del Himalaya, Zelha -escuché la voz de Mu, como en un susurro a mi propio ser-. Recuerda lo que te dije de la convergencia de los Dioses en el mismo principio... ajústalo a la esencia del cuerpo, la esencia del humano, el Cosmo que llevan todos en su interior... ayuda a la niña a despertar su Cosmo, para que pueda encontrar su curación...
Centré mi energía en la cabeza de la niña, mending la herida e imaginándome una cantante de ópera en su punto más alto de gritería para hacer reaccionar a la pequeña. Cuando por fin entreabrió los ojos, mi corazón saltó de alegría, pero no tenía tiempo para regocijarme, aún faltaban las piernas.
El fulgor de mi Cosmo engulló todo el salón, mientras los huesos se restablecían bajo la insistencia de mi energía. La niña soltó un suspiro audible en el silencio del salón, mientras yo hacía desvanecer mi Cosmo gradualmente, respirando profundamente para contrarrestar el fortísimo dolor de cabeza que me atacó por el uso sostenido de energía.
- Buen trabajo, Zelha -sonrió Mu, acariciando la cabeza de la niña, ya curada-. Trata en lo sucesivo de infundir el Cosmo en pequeñas dosis repetidas, para que no te lo gastes tan rápido.
Sonreí y trastabillé, siendo atrapada por él y llevada a una silla, mientras Olga e Ingrid revisaban los resultados de la curación cósmica de ambos niños. Rex permaneció callado, mirándonos con el ceño fruncido.
Las doctoras alzaron los ojos hacia donde estaba sentada, mirándome fijamente.
- Zelha -dijo Olga, muy seria-. Esto es...
- Sobrenatural -apostilló Ingrid, tomándole la temperatura al niño-. Es increíble...
- No sé de qué se sorprenden, ya lo habían visto antes -suspiré llevándome las manos a la cabeza, masajeándome las sienes-. Lo bueno es que los niños están bien...
- Sólo les suplicamos mantener este conocimiento para ustedes, lo último que necesitamos es ser objetivo de gente escéptica que quiera ver nuestros poderes como si fuéramos fenómenos de la naturaleza.
El comentario/petición de Mu dio en el blanco, haciendo que Rex se enderezara y le tendiera la mano a mi compañero.
- Su secreto está a salvo con nosotros -dijo, estrechando la mano del Lemuriano-. Daré órdenes oportunas para que no se comente nada sobre ustedes fuera del Campamento. Confío en que todo resultará como debe ser... por lo que estamos viviendo.
- Hablando de eso, Rex -intervine con una sonrisa, ya se me había ocurrido una idea genial-. ¿Qué tanto conoces a DaSilva? Tal vez necesitaríamos algo de tu ayuda...
- ¿Para qué quieres saber de ese bastardo, Zel? -preguntó Olga, cubriendo a la niña con una ligera sábana e Ingrid acercándose a Rex.
- Porque necesitamos entrevistarnos con él, Olganova -respondí con picardía-. Digamos que... es una de los objetivos de nuestra misión. Vamos a hablar con él, es todo.
Los tres se miraron con caras de susto, para luego responder el biólogo.
- Zelha... hay un problema, si yo busco una entrevista con él estaría accediendo a una de sus más horrendas demandas. Esa niña que acabas de salvar, es una de las primas de Cakere. Resulta ser que DaSilva tiene una patología de pedófilo galopante, y como podrás concluir por ti misma...
Oh, my Goddess...
- Eso quiere decir que le tiene puesto el ojo a la niña, no le importa que sea prima de la líder de la tribu más cercana a nosotros, sólo quiere... -Ingrid calló, asqueada.
- Lo que quiere es violar a la niña,. ¿no es así? -ponderé ausentemente. Para haber convivido con un montón de hombres poderosos con apariencias tan hermosas como un catálogo de modelos de Hugo Boss y Calvin Klein, lo de la patología del tipo no me parecía tan asquerosa. Pero tomando en cuenta lo mucho que Cakere protegía a su familia, no podía por menos irrespetar sus principios-. ¿Y si le dices que hay otra chica mejor para sus gustos? Es decir, una chica más grande, de unos... dieciséis años de edad,. ¿que por añadidura es virgen?
- ¿Te volviste loca? -saltó Mu arrugando la frente, me imaginé que sus lunares se habían juntado en una especie de ceño fruncido, pero la cinta azul que llevaba en la frente me impedía comprobarlo-. ¿Te vas a ofrecer como carnada?. ¿Es que lo que te enseñamos en el Santuario no sirvió de nada, niña?
- Cálmate, Carnerito -alcé la mano para acallar las nacientes protestas de los otros-. ¿Es que dudas acaso de lo que pueda hacer? Ya te dije que no le partiré la cara al maldito, Mu, por lo menos ahora déjame hacer esto a mi modo. Si al tipo le gustan las muchachitas,. ¿qué mejor que un extranjero con una huérfana a su cargo para entrar en los dominios de DaSilva? Piénsalo un poco, si actuamos un poco y luego influimos en el tipo para que deje de joder a las tribus, a la gente de acá y a la selva...
Mu pareció dudar, por lo que le tomé la mano y apreté sus dedos en los míos.
- Además... soy una Amazona de la Orden Plateada de Athena, nadie es capaz de ponerme la mano encima si yo no lo permito... y de paso, no estaría sola, tú estarías conmigo...
- Es un plan descabellado, pero podría funcionar -dijo Rex mesándose la barba-. Discutamos esto luego, por favor.
Me mordí el labio mientras sostenía la mirada de mi dorado compañero, tal vez me equivocaría, pero...
Primero yo que esa niña inocente.
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(1): Sagrado Olimpo, cómo... cómo alguien puede ser tan cruel... cómo alguien puede destrozar la luz de Churún... Dios...
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¡Y faltan cuatro! (Creo... xD)
No me gustó este capítulo, pero bueh... así son
los capítulos de transición. Jojo.
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¡Update navideño! Disculpen la tardanza, niñas y niños, pero el período de duelo me tenía bastante ocupada.
Yo lo que espero realmente es que no me maten por este capítulo... bueno, este no, el que viene X'D
Elena: Hahahaha, bueno, como acabas de leer... eso como que no fue realmente lo que pasó, jijiji X'D
¡Feliz navidad, amiga! -apapachos-
Pilla Doll: Esos tigres amazónicos son hermosos, pero ya quedan pocos en la Selva. Casiopea está realmente loca, pero ahí va, buscando la manera de salir a flote XD
¡Feliz navidad, linda!
Damaris Anna: Hahahaha muchas gracias, aunque no te creas, esta trama fue trabajada mediante el asesinato de muchas, muchas neuronas, tanto mías como de Argesh Marek... X'D
La vida de la selva es... muy distinta a la vida que conocemos en la ciudad o en los pueblos. Allí sobrevive el más capacitado para ello, y el resto, es comida de los más fuertes. Con esa ley de comer o ser comido, pues el pobre perrito no podía esperar lo contrario. Lo del mercurio fue un fume, pero sí, esa sustancia es utilizada ilegalmente para envenenar las tierras y extraer el oro sin muchos problemas. Te invito a que investigues un poco sobre los garimpeiros, para que compruebes los daños que le hacen a la Selva lluviosa. ¡Gracias por tu review y feliz navidad!. ;D
Barbara-Maki; HAHAHAHA!!! Bueno, realmente lo del lemon... aún no sé si habrá uno... :-P
¿Ustedes qué dicen?. ¿Lemon o no lemon? Esa es la cuestión xD ¡Gracias y feliz navidad!
Diana Artemisa: Así es,. ¡el mundo se puede ir al cuerno! -alza la mano en acuerdo-. HAHAHAHAHA me hiuzo mucha gracia esa palabra, "desconchinfla" XD, pero lo más cómico fue la imagen mental de los CdC de Dionisio. Zelha emplea esa expresión por ser una insolente de primera, pero con esa imagen mental de las hojitas de parra y las ramitas... HAHAHAHAHAHA demasiado bueno X'D. En cuanto a Mu, sí, es un condenado que no le pone nada fácil a nadie, pero a ver,. ¿cuándo lo ha hecho? XD ¡Gracias por tu review preciosa, espero que la pases muy bien en estas navidades! -apapachos y brownies-
Melina no Sukoorpion: Muchísimas gracias, linda¡espero que te siga gustando lo que estoy colocando! -apapachos-. ¡Gracias por tu tierno review y feliz navidad!
Angel del Apocalipsis: Lo sé, a mí también se me cae la baba de imaginar a Mu desnudándose X'D. Aquí en este capítulo entiende la parábola de una manera poco ortodoxa, como todo el proceso mental de la chica, jejeje. En cuanto a lo de Estados Unidos, puedes imaginarte a Anderson como un hombre parecido a Kelly, el asistente del candidato a la presidencia que presentan en el animé de corte de horror llamado PetShop of Horrors. Enfocado, comedido, muy inteligente... así es el Anderson que antes fue el consuegro del Presidente que escribo, que no tiene nada que ver con el actual líder de EEUU :P
Un beso enorme, linda,. ¡gracias por tu acertado comentario y te deseo una feliz navidad!
Bueno, no me queda más que desearles... ¡¡una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo lleno de Cosmo!!
:-D
