Disclaimer: Siguen sin ser míos, aunque Shura es mi copia al carbón. Tch.

I Won't Last a Day Without You

A A'maelamin.

- Pero qué asco... -dije al ver una foto de Preto DaSilva. Un tipo de piel oscura, demacrado y con toda la pinta de estar enfermo de algo contagioso, con ojos tan hundidos que no se veía el color de los mismos, me miraba de vuelta desde el papel, haciendo que me estremeciera. Ahora entendía por qué Rex e Ingrid parecieron tan horrorizados de mi plan. Pero ya no podíamos echarnos para atrás, no luego de haber recibido una respuesta unos días después del compound donde el creep residía con sus garimpeiros.

Una de las enfermeras circulantes había puesto a lavar la mayoría de mi ropa, puros tights de colores oscuros y tank tops, que utilizaba para entrenar en el caluroso suelo griego, además de unos pantalones azules y top del mismo color, que vestía cuando usaba la armadura.

Luego de evaluar mi pobre guardarropa, posé la mirada sobre el vestidito que me había conseguido Olga y maldije en voz baja.

Mejor yo que una niña inocente..., me recordé a mí misma, poniéndome encima el vestido. Yo me puedo defender, pero una pequeña no...

Agarré el peine de Ingrid y salí de la que fue habitación de Sir Drake, ahora de Olga, en dirección al pozo que se encontraba en medio del Campamento. Con mucho, podría componer un look de niña desvalida con mugre y algo de deslucimiento.

No sería muy difícil, tomando en cuenta que mi cabello de por sí estaba destrozado por las continuas acciones del sol, la lluvia y demás que soporté en Los Pirineos y en el Santuario. No entendía realmente cómo esa partida de Santos Dorados podía tener esas melenas tan frondosas, hermosas... y perfectas, según se mirase.

Tendría que preguntarle a Saga si usaba algún tipo de mascarilla para el cabello, jaja.

Encontré a Ingrid dándole un apasionado beso a un distraído Rex, lo que me hizo soltar una carcajada interna. Esos dos no se medían... o más bien, era Ingrid la que no se medía cuando se refería en desestabilizar a su amante médico.

- For the love of Athena, get a damn room! -chillé tapándome la cara, sobresaltándolos y riéndome entre dientes. Rex pareció incómodo, pero Ingrid soltó la carcajada y se descolgó del cuello del gringo.

- ¿Así que hasta para jurar y mandar a la gente al carajo, no usas el nombre de Dios sino el de Athena?

Parpadeé ante las palabras del médico, asintiendo.

- No puede ser de otra forma, no conozco otro Dios o Diosa que no sea Athena, que en su infinita sabiduría está en su gloria. Además... si los árabes tienen a Alá y los hindúes tienen a Buda,. ¿por qué yo no puedo tener a Athena?. ¿Si los nórdicos le rezan a Odín y los Atlantes a Poseidón, por qué yo no puedo orarle a Athena?

- Buena respuesta -sonrió él mientras se componía la camisa-. Debo irme, voy a verificar el crecimiento de las crías de los caimanes de la ribera del río... regresaré en la noche. Pasado mañana es la reunión con DaSilva, así que por favor estén preparadas.

Dos días para encontrarme con ese baboso asqueroso y rogarle que dejara la selva en paz. Damn it.

- Ven acá, te voy a enseñar a parecer una niña desvalida en poco tiempo -dijo Ingrid arrastrándome por un brazo hacia el pozo, para luego sentarme en su borde y comenzar a salpicarme agua en la cara y el cabello-. Lo bueno es que no estás muy desarrollada, pero si el tipo te ve sin ropa seguro va a sospechar al verte esos músculos... ¿qué te hiciste, levantaste peñones como si fueran pesas?

Solté la carcajada intentando no ofenderme por ese comentario a mi falta de atributos femeninos y acordándome que usaba las piedras como blanco, no como pesas. Negué con la cabeza y le conté un poco de los métodos de entrenamiento que había pasado con Saga, Mu y Shura, mientras ella desordenaba mi cabello y lo peinaba de manera que quedara más enmarañado aún. Comentando aquí y allá, dejó el peine al cabo de un rato.

- Listo, ahora sí pareces una huerfanita -dijo, mientras que yo miraba mi reflejo en la superficie del pozo. Realmente parecía una niña perdida, tomando en cuenta que estaba cubierta de mugre de pies a cabeza y con el cabello hecho un nido... tendría que mantener cerrada la boca, para no levantar sospechas.

Menos mal que las apariencias engañaban...

Mu apareció al rato, con los niños que habíamos salvado colgados de los brazos. Entrecerró los ojos al verme, pero no dijo nada en presencia de los pequeños. Cuando salí del baño (me había dado una larga ducha, quitándome el "maquillaje" y ponderando el papel que tendría que interpretar), lo encontré sentado al borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y mirando hacia el vacío, ausente.

- Is something the matter, Mu? -le pregunté, obviando el hecho de que yo andaba en una bata y él andaba en un mood extraño desde hacía rato. Él alzó la mirada y sacudió la cabeza.

- No puedo dejar de pensar que esto está mal planeado... ¿qué pasaría si DaSilva te somete? No me puedo quitar de la cabeza que estarás sola allí, con ese maniático...

- A ver, a ver -dije, sentándome a su lado sacudiéndome el cabello con la toalla-. Tengo un Cosmo y unos puños que son capaces de quebrar una montaña,. ¿y tú te preocupas lo que me pueda hacer un humano normal? Oye, dame algo de crédito,. ¿no?

- No dudo de tus habilidades, y estoy consciente de que las armas de fuego no nos pueden hacer mucho daño... pero las hojas afiladas sí pueden, y esto es lo que me preocupa.

- ¿Acaso te olvidaste de quién fue mi Maestro? Sé todo lo que hay que saber acerca de las espadas, puñales, cuchillos y hasta de los cortaplumas. Teniendo al lado a un loco como Shura, portador de la Espada más afilada del mundo, algo tuvo que haberme quedado... además, yo también guardo el espíritu de Excalibur en mi brazo,. ¿recuerdas?

- Sí, sí... no lo olvido. Es sólo que me parece que...--

- Ah, ya deja de preocuparte por mí,. ¿quieres? -sonreí mientras le salpicaba agua que aún tenía en las puntas de mi cabello-. Creo que cubriremos bien esta misión si ese tipo no de pone bruto. Estaremos en contacto todo el tiempo, así que no presentará ningún problema... el único problema será cuando me descubra, pero tú estarás allí,. ¿no?

- Seguro que sí -asintió mientras se enjugaba la cara, con una sonrisa traviesa y sujetándome luego por las muñecas-, pero tienes que prometerme que no dejarás que se pase de la raya,. ¿entendido?

- Oye,. ¿por quién me tomas? -protesté con una risita mientras trataba de zafarme-. Yo nunca he dejado que ninguna persona me ponga la pata encima, ni Santo ni humano... ¡así que no voy a empezar ahora!

- Eso es un alivio para mí... -murmuró él, antes de asirme por la nuca, atraerme hacia él y darme el beso más increíble que jamás me hubieran dado. Tierno, lento, perezoso... pero no exento de pasión, de ese sentimiento de calidez que siempre me asaltaba cuando estaba cerca de él. Nada comparado al beso que me había dado Saga, hace tanto tiempo en la playa...

Mis labios se abrieron, respondiendo a la leve coacción de la lengua del Lemuriano, dejando que se entrelazara con la mía, en una lenta danza de reconocimiento, de confesiones, de dudas y aprensiones. No me había dado cuenta que yacíamos encima de la cama, entre besos y leves caricias que me estremecían entre anticipación y miedo.

- Wait... -suspiré incoherentemente, cuando él dejó mis labios y vagó hacia mi cuello, aspirando y besando mi piel con creciente pasión-. Wait, Mu... oh Gods...

La puerta se abrió de pronto, haciéndonos saltar de la cama. Era Olga, quien nos miró como si tuviéramos lepra, para luego cerrar la puerta con violencia.

Damn it.

Fui hasta la silla donde tenía mi ropa, ya limpia, para luego encerrarme en el cuarto de baño. Me apoyé en la puerta, sintiendo mis labios algo hinchados por sus besos, y mi piel gritando por algo que no había continuado. Respiré profundo varias veces, para luego enfundarme en unos pantalones y una camisa, mientras que mi conciencia sostenía la peor de las discusiones con Casiopea.

Las mandé a callar a las dos mientras salía del baño, para encontrar la habitación vacía.

Olga, eres una oportuna... ¿o inoportuna?

De pensar en lo que hubiera podido pasar... no sabía por qué, pero no podía dejar de comparar los besos de Mu con los de Saga... y eso, no era justo.

Mentándoles una vez más la madre a Casiopea y a Olga, me encaminé hacia el despacho de mi "madre", para explicarle lo que había visto, aunque no tenía excusa alguna. Bueh.

- X -

Al día siguiente me desperté de mal humor. No sólo por el hecho de que la conversación con Olga había sido más cargante que la misma palabra, sino porque había intentado localizar a Mu por Cosmo, sin éxito. Era como si se lo hubiera tragado la tierra, lo que me molestó más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Y dicho sea de paso, había tenido una nueva pesadilla que me mantuvo en vilo la mayor parte de la noche. Cuando por fin pude dormir, ya había amanecido.

Después de un largo baño, me puse el fulano vestidito para luego ir al pozo, donde encontré de nuevo a Ingrid, esta vez sola. Sin mediar palabra, procedió a convertirme en una huérfana sin nociones de higiene, mientras Olga nos observaba desde la ventana de su oficina.

Tenía unas ganas locas de contactar a Saga, pero me contuve. Suficiente confusión tenía encima como para añadirle ese sentimiento extraño que encontraba su casa en mi estómago cuando hablaba con él, así fuese de cualquier cosa.

Maldito seas, Saga.

También estaba la cuestión de Mu. El tipo había desaparecido del Campamento, por lo que no podía saber si había regresado al Santuario, o había decidido ejecutar el plan por su cuenta.

Y de repente me di cuenta que... extrañaba el Santuario. Sus Templos, las risas de los otros Santos, los abrazos de oso de Aldebarán, el humor sarcástico y seco de Shura... las bromas de las chicas, la ironía de Chloe y... las discusiones con el idiota de Saga.

Suspiré profundamente. Pronto podría volver, y los volvería a ver a todos... y tal vez podría pedir una licencia para visitar Asgard, para ver a mi querida Alexiel. Y podría tal vez enviarle un mensaje a Aleisha, a ver cómo estaba...

- Tienes cara de haber perdido a tu primer bebé,. ¿qué es lo que te ocurre? -preguntó Ingrid mientras daba los últimos detalles a mi maquillaje de mugre y barro. Yo suspiré de nuevo y moví un poco la cabeza, indicándole que no me pasaba nada. No continuó preguntando, y le agradecí el silencio.

Cuando llegó Rex con Mu, supe que ya era hora del estreno de la obra. Tenía que salir bien, porque si no... no podría salir bien librada de esto. O me descubrían, o perdía los estribos y...

La imagen de Friedrich tirado en el suelo de la arena, con un mar de sangre debajo de su cuerpo, invadió mi cabeza, revolviéndome el estómago.

Maldita seas, Casiopea.

El viaje a través de la selva fue poco menos que placentero. Rex estaba inquieto, nerviosísimo, mientras que Mu mostraba su habitual expresión callada y seria. No dejaba adivinar nada, evitando mi mirada todas las veces que mis ojos se fijaban en él.

Respiré profundo nuevamente, sorprendida de no sentir esa sensación de pertenencia, de hogar, que me invadía cada vez que viajaba en curiara. Sir Drake se había ido, Olga estaba furiosa conmigo... Ingrid estaba extrañamente callada y Rex inusualmente ijumpy/i. Todo por ese fucking brasileño sin familia.

Maldito seas, DaSilva.

Cuando la curiara tocó el fondo de la orilla, una rabia sorda me invadió los sentidos. Caminé en dirección a la vereda que se perdía entre los árboles, dejando a Mu atrás.

Casiopea se había liberado, apoderándose por fin de mi conciencia.

- X -

La explosión de Cosmo se sintió de manera tan obvia que el médico estadounidense se sobresaltó en su bote. Volvió la cabeza hacia atrás, a ese trozo orilla que se alejaba, donde había dejado a la jovencita con la que había convivido durante tanto tiempo en el Campamento, y a ese extraño hombre que se había revelado como uno de los últimos miembros de una raza ya olvidada. La noche anterior Mu se había quitado su cinta de la frente contándole unas cuantas cosas al biólogo, cosas fascinantes, cosas increíbles, cosas que nunca enseñaron en los libros, cosas que nunca había podido imaginar.

El comportamiento de Zelha durante los últimos segundos fue más que sorpresivo, pero aún más el apuro y las palabras del Lemuriano.

- Deje la orilla y regrese lo más pronto que pueda al Turpial, esto no pinta nada bien si ella se dejó dominar por Casiopea... retírese lo más rápido posible, yo la detendré.

Y allí estaba, mirando ansioso la lejana ribera, mientras resonaban los sollozos de Ingrid en su cabeza.

- X -

Su telepatía fue esencial para rastrearla. Mientras se teletransportaba hacia su posición, intentó contactarla vía Cosmo, sin éxito. Las emociones habían sido demasiadas para la muchacha, por lo que Casiopea había visto su oportunidad para salir a flote.

Más bien le asombraba que la hubiera resistido tanto.

La encontró destruyendo metódicamente una enorme roca, a partir de sus puños desnudos y con dos ríos brillantes que salían de sus ojos. Los gruñidos de frustración e impotencia llenaban el aire, entre hipidos y sollozos, entre palabras en varios idiomas y maldiciones.

Esto no podía ser bueno.

Mu se situó a espaldas de Zelha, recordando rápidamente lo que le había dicho Camus con respecto al snap final de la armadura.

- Andrómeda... -murmuró audiblemente, haciendo que la castaña se enderezara, tensa como cuerda de violín-. Andrómeda.

- Ella no está, se fue -la voz de la muchacha aparecía más profunda, más triste, más llena de conflictos internos-. Ella se fue con Perseo, se fue...

Allí fue que el Santo de Aries se dio cuenta de la magnitud emocional de esa armadura. No era una vestimenta hecha a partir de la historia, de la imagen semejante de la esposa de Cefeo. Era el alma de Casiopea, era su esencia misma quien hablaba, la reina de Etiopía, la que desafió al Emperador de los Mares y lo perdió todo por su vanidad.

- Ella se fue, pero vivió el resto de su vida feliz al lado de Perseo -dijo, preparándose mentalmente para un ataque histérico. No lo hubo.

La muchacha se volvió a verle por fin. Sus ojos habían cambiado, el dorado de su mirada había tomado la totalidad de sus globos oculares, dándole un aspecto sorprendente. La expresión de su rostro era triste, casi desconsolada.

- Ella no está, Perseo me la quitó, Perseo es el culpable de todo -murmuró la chica, retorciéndose las manos, las cuales estaban cubiertas de sangre, igual que su rostro y su ropa. Parecía ahora una huérfana de guerra, llena de sangre y lodo. Mu avanzó un paso hacia ella, notando de inmediato el disparo de Cosmo que engulló toda la zona donde se encontraban.

- Tú eres igual que él, igual que todos... ¡no te me acerques!

El zumbido de un puño volando y el estruendo de un violento impacto retumbaron entre los árboles, demostrando una vez más la efectividad del Crystal Wall contra los ataques directos de los oponentes. La muchacha estaba fuera de control, por lo que tendría que actuar en consecuencia, aún cuando no lo quisiese. Teleportándose a sus espaldas, presionó los puntos necesarios para neutralizar la fuerza de la Amazona, dejándola de cara al suelo, débil y temblorosa, pero todavía conciente.

Volteándola sobre el suelo, observó que ella había recuperado la conciencia, era de nuevo Zelha, la Amazona de Plata de Casiopea. Shion había temido un breakdown del tipo violento, por lo que había propiciado la misión con su propio alumno, conocedor de las propiedades, virtudes y defectos de Casiopea, para que actuase según fuera el caso. Pero nada lo pudo preparar para el murmullo que se escapó de los labios de la muchacha, antes de caer en la inconsciencia.

- ...Saga...

- X -

Desperté con un fortísimo dolor de cabeza y con el estómago revuelto. Al verme flotando en el vacío, solté un chillido y me agarré a lo primero que mis manos alcanzaron, que resultó ser el cabello lila de Mu de Aries.

Abrí los ojos de sorpresa y lo solté, aferrándome a su ropa. Resultó ser que estábamos sentados en la rama de un árbol, en los linderos del campamento de DaSilva.

- Menos mal que nadie te escuchó... ¿te encuentras bien?

- Buf... casi me matas del susto -respondí recuperando el equilibrio sobre la rama-. ¿Qué demonios pasó? Lo único que recuerdo es bajarnos de la chalana... ay, no me despedí de Rex, qué mala educación la mía--

- Escúchame bien, Zelha -me interrumpió el Lemuriano, mirando hacia los muros del campamento garimpeiro-. Casiopea ganó conciencia sobre tu cuerpo por un momento, lo que te dejó inconsciente por un buen rato. Sea lo que sea que haya disparado esa posesión, debes de recuperarlo y tratarlo con el mayor de los cuidados, pues ese tipo de memorias son las que te pueden ayudar a dominar tu armadura de una vez por todas.

- Pero qué--

- No he terminado. Estamos en medio de una misión, por lo que no puedo explicarte con detalle. Lo único que te diré es que procures controlarte lo más posible y no sucumbas ante las exigencias de Casiopea. Tenemos que actuar nuestro papel bien si no queremos que aquí haya un baño de sangre, así que cuento contigo para esta fase de nuestra misión.

Asentí en silencio, echando para atrás las nuevas demandas de mi fastidiosa armadura.

- ¿Me noqueaste?

- No. Sólo neutralicé los puntos de movimiento en tu cuello. Recobraste la conciencia casi de inmediato, pero te desmayaste poco tiempo después.

- Probablemente por el Cosmo... me siento como si hubiera peleado por horas contra Aldebarán...

- Las emociones tienden a extenuar el cuerpo más que las acciones físicas, seguro por eso es que acabaste con casi toda tu reserva de Cosmo tratando de zafarte de la trampa de Casiopea.

Recordé vagamente las palabras que chillaba Casiopea en mi cabeza mientras actuaba sobre mi cuerpo, por lo que comprendí enteramente lo que decía Mu.

- Vamos, tenemos que ver a DaSilva.

Esto me puso en guardia. Bajamos del árbol y nos acercamos a la puerta tomados de la mano, siendo detenidos, interrogados y posteriormente llevados ante el jefe del campamento, Preto DaSilva.

Casi salgo corriendo cuando lo vi en persona.

Ahora sí podía estar segura que ese hombre estaba enfermo de algo que lo estaba matando. Mi Cosmo nunca mentía, podía sentir que sus células estaban muriendo lentamente en su cuerpo, dándole ese aspecto tan horrible y decadente... además de que tenía ese olor tan característico que tienen los enfermos terminales.

Por eso, no pude evitar que un estremecimiento recorriera mi cuerpo cuando posó sus ojos oscuros sobre mí. Mi conciencia pateó rápidamente, recordándome que no podía encarar su leer con un puñetazo. Bajé la mirada, sonrojándome.

Alguien podía pensar que me sonrojaba por vergüenza, pero no. Era por contener la rabia.

Mientras Mu y DaSilva intercambiaban pleasantries, miré a mi alrededor. Hombres armados hasta los dientes con todo tipo de armas de fuego y armas blancas, los cuales no me quitaban la mirada de encima, mientras no pude por menos que estar esta vez de acuerdo con Casiopea... estos idiotas necesitaban una lección de modales.

Parpadeé un poco cuando DaSilva se levantó de su asiento y vino hacia mí. Retrocedí haciéndome la asustada, representando mi papel con toda la naturalidad del mundo. Preto me miró fijamente, recorriendo mi cuerpo con su mirada penetrante y sádica.

Y yo que pensé que DeathMask era un sádico..., pensé, ahogando un bufido.

- Podremos hacer negocio mientras ella esté aquí -escuché por vez primera la voz del brasileño-. Está un poco desarrollada para mi gusto, pero bien que servirá. Maura, llévala al baño y quítale esa mugre, ponle algo de ropa y déjala en mi habitación.

Como un objeto, pensé yo molesta mientras me dejaba llevar con cara de susto por la vieja matrona.

- X -

Ya en el baño, la anciana -que no pasaba de los setenta años- me miró fijamente.

- Tú tienes más de dieciséis años,. ¿no es así?

Negué con la cabeza ansiosamente, mientras me encorvaba tímidamente.

- Puedes decirme la verdad. Preto es un animal del monte que necesita ser detenido, y algo me dice que tú y tu compañero son la respuesta a mis plegarias.

La miré sorprendida. La señora descubrió la cabeza y noté varias heridas mal curadas en su cráneo y rostro, producto de golpes violentos. Había visto varios de esos en el Santuario, sobretodo en las muchachas que habían sido víctimas de la rabia de Shaina.

- No sé de qué me habla, señora -respondí mientras ella se sentaba al lado mío y yo levantaba la mano, palpando las heridas con suavidad para luego encender mi Cosmo y brindarle algo de calidez y curando las heridas por completo, ante el shock de la anciana-. Sólo soy una huérfana devota a mi misión... ¿me entiende?

Ante esto, la señora asintió, con lágrimas en los ojos.

- Dios te bendiga, hija... que te ampare y te favorezca... -dijo, alcanzando la esponja.

X

Que Athena me proteja, pensé cuando entré a la habitación del tipo. Paredes desnudas, piso de cemento raído y troceado, un colchón tirado en el piso... no parecía la habitación de un líder, eso estaba más que claro. Más bonita me pareció la habitación que tuve en Cáncer, cuando entrenaba con el mamarracho de DeathMask, que este cuchitril triste y vacío.

La señora Maura logró mantener mi apariencia desvalida aún después de quitarme el barro de la cara, desordenándome un poco el cabello y aplicando un poco de polvo blanco en mi piel. Con el corazón latiéndome como loco, me acerqué a la ventana y oré por el buen resultado de esta misión.

Casiopea chillaba en mi cabeza, mientras que mi conciencia la hacía callar con argumentos lógicos, sin éxito. La esencia de mi armadura estaba a punto de soltar la rienda de la cordura, por lo que me forcé a mantener la calma y a buscar ese fulano recuerdo que la liberó hacía unas horas.

Luego de un momento, recordé. Sir Drake me había enseñado que "una señorita no iba por esos caminos del Señor con esas fachas, y nunca, nunca, abandona un sitio sin antes agradecer por las atenciones recibidas". Adaptándolo a mi situación, pude concluir que Casiopea se soltó fue por el insano miedo que le tengo a la intimidad.

Por eso fue que le huí a Saga; por eso le pedí a Mu que se detuviera. Por eso es que la discusión con Shura me afectó tanto... por eso es que mis amistades eran femeninas, porque no podía manejar el cariño masculino, excepto el de Aldebarán.

¡Y por eso es que Shion me habló del maldito árbol!

Asombrada por lo rápido que pude encontrar la solución a mi problema con mi querida armadura, no sentí la presencia que abrió y cerró la puerta a mis espaldas.

Al volverme, observé que Preto DaSilva se detenía frente a mí, con una mirada apreciativa, por no decir obscena, que barrió encima de mi cuerpo. Asqueada, bajé la cabeza y contuve el insulto que pugnaba por salir de mi garganta, producto de mi rabia, no de Casiopea.

- Estás bastante bien para tener dieciséis... desvístete.

- Espere, señor -dije con un murmullo, representando mi papel-. Quiero que sepa que... aunque yo sea una huérfana, no soy tonta... fui parte de la tribu de Cakere por unos años, y sé bien lo que está haciendo con mi gente--

- ¿Tu gente? -rió el tipo, interrumpiéndome con una carcajada-. Mija, tu piel es tan blanca como la luna, no puedes compararte con esa gente sucia y sin importancia. Es más,. ¿no puedes tan siquiera pensar en que pronto tendrás más cosas entre tus manos con las cuales jugar?

Me mordí el labio con fuerza para frenar la réplica ofensiva que quería gritarle, y en cambio respondí.

- Pero ellos también tienen derecho a vivir, señor... ellos tienen que vivir en un ambiente como este, no puede seguir destruyéndolo...

- ¿Y qué harás para evitarlo, mocosita¿Es que te crees la gran cosa por aprender unas cuantas cosas ambientalistas de los estúpidos del Campamento Turpial?

- No... yo sólo... pues... me entregaré a usted si detiene la matanza de la selva...

Alcé un poco la mirada y vi que los ojos negros de DaSilva se oscurecieron más.

- Tú no entiendes, niña -dijo, tomándome por un brazo y empujándome hacia la pared-. Ese que venía contigo te vendió, así que iya eres mía/i.

Presa de un repentino terror, empujé al tipo y corrí hacia la puerta, sólo para caer tres pasos antes de llegar a ella. Sentí el brazo ardiendo, fue donde supe que me había pinchado con una aguja llena de curare.

El tipo me volvió en el suelo, sentándose sobre mí y tomándome por el cuello.

- No, por los Dioses -murmuré mientras mi Cosmo se disparaba contra mi voluntad. Al sentirme amenazada, lo único que pude hacer para defenderme fue empujarle, el cuerpo del hombre yendo a parar a la otra pared, donde impactó con un estruendo seco y cayó sobre el colchón.

No podía levantarme, el curare estaba envenenando rápidamente mi sistema nervioso, paralizándolo y dejándome tan inútil como una muñeca de trapo. Mi Cosmo aún estaba encendido, mientras yo gritaba en mi mente, manteniendo a raya a Casiopea e intentando contactar a quien fuera para que me ayudase.

De pronto, unas manos blancas, cubiertas con unos guanteletes dorados, me alcanzaron y me sostuvieron, mientras intentaba zafarme de ellas, aún aterrorizada.

- Shhh... -escuché el murmullo de una voz profunda, harto conocida-. Tranquila, ya pasó... yo te protegeré...

- Saga... -murmuré aliviada, antes de hundirme en la inconsciencia.

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Sigue sin gustarme este capítulo, fue demasiado apresurado... pero descubrí que si quiero terminar esta historia tengo que atar cabos lo más pronto posible, jaja... mi muso está muy malhumorado últimamente XD

Antes que nada,. ¡Feliz Año Nuevo para todos!

Quiero señalar que estas notas de autor serán algo... ehm, cortas, haha.

Astarot: Cada quien tiene su opinión de las cosas. Ve a mi profile si gustas, y hablamos más directamente por mensaje privado si así lo deseas. Cada cabeza es un mundo, y en mi mundo yo elijo estar ofendida por tu respuesta. Gracias por tu comentario, I guess.

Hyuuga Temari: Bueno, nena, cada quien con cada cual y por consiguiente todo el mundo opina como mejor le parezca. Pero, el caso estriba en que hay comentarios que uno debe guardarse, porque... ¿cómo vas a criticar si no escribes? Hasta los escritores más laureados del mundo de la literatura han tenido sus pelones, pero ahí siguen, en la cúspide. Ahora bien, cuando yo gane platica contante y sonante con mis escritos, ahí sí que pueden importarme algo los flames.
Te amo Nena, gracias por todo :3

Argesh Marek: Aunque se podría discutir eso de "pequeñas notas de autor". Hahaha, sí, me extiendo un poco, pero ¿a quién le importa? El caso es que si no quieres leer las A/N, pues usa el scroll del ratón hacia más abajo y listo¿no?. :P
As I said before, some people just don't get it. Heh.
I luv thee, my Molusquis :3

Elena: Bueno, aquí tienes el nuevo cap, a ver qué piensas... :P
¡Gracias por tu comentario!. ;D

Navarhta: JAJAJAJAJA!!! Me has hecho reír como no tienes idea con tu review. Yo sé que amas la pareja Cabra-Carnero, aunque... no, mejor me callo y dejo que sigas leyendo mientras huyo por mi vida, hahaha X'D
¿Así que quieres un lemon, huh? Bueno, más adelante habrá uno, aunque aún estoy pensándomelo para colocarlo acá... :P
Tienes razón con aquello de las historias que no gustan. Yo he leído infinidades de fics que no me gustan, pero no por ello flameo al autor diciéndole cómo tiene que hacerlo: primero, porque yo no soy profesora de literatura; segundo, porque no tengo paciencia para eso y tercero, porque no quiero que me flameen a mí de vuelta. Recibes lo que das,. ¿no es así? Y hasta la fecha, este flame condescendiente es el único que he recibido en tres años escribiendo. Navi (the fairy xD), una vez más te agradezco infinitamente por tu apoyo y tus comentarios, tan excelentes como hilarantes, que siempre me traen una sonrisa a los labios. -apapacho gigantesco-

Pilla Doll: Aún falta tela por cortar... :P
Hahaha creo que conseguí lo que quería con DaSilva, que todo el mundo lo odiara X'D
¡Gracias por tu comentario y un abrazo, linda!

Melina no Sukoorpion: Esperemos que ahora sí andes por ahí, hahaha XD
¡Qué bueno que te gustó!. :D Hahahahaha otra que vota por el lemon, hoder XD
¡Gracias por tu comentario y feliz año para ti también!. ;D

A los demás, muchas gracias por seguir conmigo. Aunque esta historia (según el género etiquetado) sea un selfinsert -snorts-, de verdad aprecio muchísimo sus comentarios constructivos y sus bromas. Porque, al fin y al cabo, la idea es pasar un buen rato y soñar,. ¿no es así?

A ustedes, muchas gracias.

Lady Dragon.-