Disclaimer: Zan zan zan… ¡Zangetsu! Ese maldito representando una espada está más bueno... se parece a Vincent Volaju. Sí, tengo un fetiche con las espadas. (No son míos.).

Notas:

- Escenas de spoilers MASIVOS y decisivos para todo el timeline de los Diarios, incluyendo la segunda temporada.
- Escena de crack!traído de los pelos, escrita para mi propio entretenimiento.
- Escena lemon, marcada con el cut de líneas punteadas. Escena publicada en otro lado para mantener el rating.

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In Perfect Harmony

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A MaritaPCDZ y Verolc.

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Miré mis manos, envueltas en los guanteletes.

Miré mis brazos, envueltos en los protectores.

Miré mis piernas, cubiertas por las grebas de metal.

Cerré los ojos, sintiendo los bordes de la tiara presionados en mi rostro.

Era asombroso... la armadura de Capricornio había armonizado inmediatamente conmigo, haciendo fulgurar una explosión enorme de Cosmo, que se debió haber visto hasta en Pekín.

Moví la cabeza, sintiendo todas y cada una de las partes de la armadura. La capa blanca, aunque bella en apariencia, pesaba un poco a mis espaldas y limitaba un poco mis movimientos, como me pude dar cuenta después.

Hasta las botas se sentían distintas...

Caminé hasta la entrada del Templo, mirando hacia Sagitario ausentemente. El resto de ese funesto día pasó como un blur, Camus y Chloe habían saltado a la arena, Camus para verificar el estado de Shura y Chloe para intentar calmarme del estado de shock tan grande en el que estaba sumida.

Rompí a llorar sin fuerzas cuando vi a Camus levantar el cuerpo de Shura, dirigiéndose a la salida. Chloe me repetía que estaba vivo, pero yo no le creía. No le creería hasta un buen rato después, cuando observé con mis propios ojos que respiraba, tendido en una cama de Aries.

Luego costó los Dioses y su ayuda para que me separaran de él, yendo a una convocatoria con el Patriarca en el Salón Central de Tauro... donde Shion me entregó la custodia del Templo de Capricornio... y la armadura.

Misma que estaba vistiendo justo ahora, mirándola con asombro. Aún no podía creérmelo.

¿Cómo podía ser posible que una Batalla de Emancipación fuese así? Tonta de mí, luego fue que recordé que significaba la maldita palabra. Emancipar, claro... independizar. Pero en el caso del Santuario, donde la mayoría de las cosas son distintas, además de fucked up, emancipación significaba la sucesión de la Orden, de Maestro a pupilo.

Fuck you, Shura. ¿Por qué no me dijiste esto antes?

Los tacones de las botas doradas repiqueteaban en el suelo de piedra a cada paso que daba. Mi cabeza era un hervidero de preguntas, de dudas, de frustraciones que quería sacar de mi pecho antes de que me ahogaran. Más que todo, porque todo lo que quería saber... era por qué.

Por qué Shura me obligó a pelear contra él.

Por qué estoy vistiendo la armadura de Capricornio, en vez de él.

Por qué estoy sintiendo como si el corazón se me partiera en dos por la Excalibur, al recordar que estaba tirado en una cama que no era la suya, con los ojos cerrados al mundo.

La culpa me carcomía. Me llevé las manos a la cabeza, mientras continuaba con mi obsesionado deambular.

Llegué a la Estatua de la Recompensa, fijando mis ojos en ella por un rato. Las líneas de la escultura, la postura de completa rendición del primer Capricorniano que se sacrificó de tal manera por la Diosa que fue obsequiado con la Espada Sagrada, la Espada Cantadora. Aunque la Excalibur del Mito Artúrico no tenía mucho que ver con la Excalibur que ahora cosquilleaba en mis dos brazos (gracias a la armadura), yo la llamaba la Espada Cantadora, por la manera cómo vibraba en el brazo antes de liberar su fuerza cortante y devastadora, como si tarareara de contento.

Cinco días.

Cinco días en que Shura estaba tirado en esa cama de Leo, permitiendo sólo a Aioria acercarse a él. El Leonino me dijo con algo de pena que mi antiguo Maestro no quería hablar con nadie, dadas las circunstancias... y menos conmigo.

¡Pero esto no era lo que debía pasar, joder!

Suspiré profundamente, frustrada. Miré de nuevo mi mano cubierta por el dorado guantelete, volteándola de vez en cuando y de cuando en vez. Luego la cerré en un puño, notando de inmediato los remates de los nudillos acoplarse con total precisión sobre los míos.

¿Santa Dorada?. ¿Yo?. ¿Por qué?

- Por qué... -murmuré distraídamente.

- Porque así lo quiso, Zel -la voz de Saga me sobresaltó, haciéndome volar Cosmo como un remolino-. Calma, soy yo.

- Me asustaste, necio -dije llevándome una mano al pecho y sintiendo la dura superficie dorada que lo cubría-. ¿Qué haces aquí?

- Acabo de llegar y me dijeron lo que había pasado -respondió en el mismo tono de voz, suave, tranquilo, soothing-. ¿Estás bien?

- Eso depende... ¿hablas de mis heridas o de mi cabeza?

- Tus heridas, es lo primero.

- Estoy bien. Shura fue implacable, pero el Cosmo de Chloe me ayudó. Aunado al mío, que me fui restableciendo.

- ¿Y tu cabeza, te golpeaste y ahora tienes amnesia?

- No seas pendejo, Saga... -era tan fácil para nosotros caer en un toma y dame de respuestas que era impresionante-. Es que... esto es...

- No te esperabas que Shura apelara a una Batalla de Emancipación,. ¿no?

- No... pensé que aún andábamos peleados por lo de Casiopea, pero... esto...

- Mira, Zel -dijo, tomándome de las manos y mirando hacia la Estatua-. Fue entera decisión de Shura el entregarte la custodia de Capricornio. Él fue el que pidió a Shion la Batalla, no tienes por qué culparte de--

- ¡Sí me culpo! -le interrumpí meneando la cabeza-. Fury of the Storm es una técnica que desarrollé a escondidas de Shura, nunca esperé que la usaría en su contra... Sólo Aldebarán y Mu sabían de ella, y ya luego se enteró todo el mundo cuando la usé contra Friedrich...

Dioses, Friedrich... me solté de Saga y me miré las manos, buscando delirantemente la sangre que las manchaban. Primero Friedrich, luego Shura...

Un snap de dedos me hizo dar un respingo. Saga vestía ropas normales, llevando un pouch colgado a sus espaldas. Sus ojos azules, profundos e insondables a veces, estaban llenos de entendimiento y algo de lástima.

Bajé la cabeza, avergonzada. Sólo entonces me di cuenta que no podía percibir sus emociones, como lo hacía con Casiopea. Saga volvía a ser un enigma para mí.

El Geminiano alzó una mano y liberó mi rostro de la tiara, dejando que mi cabello cayera sobre mi cara. Suspiré ante su toque tan tibio y suave. Su pulgar presionó levemente mi barbilla hacia arriba, forzándome a mirarlo.

- Escúchame bien, Zelha de Capricornio -I flinched cuando escuché ese título en su voz-. Ahora eres una de nosotros, por lo que debes cumplir con tu deber. Shura te heredó el Templo, la armadura y la Excalibur, así que debes de comportarte a la altura... porque ahora eres la Santa Dorada de la Décima Casa, así de fácil, así de sencillo.

- ¡Pero...!

- No hay peros, mi pequeña oraios -dijo con una ínfima sonrisa-. Lo harás bien. Bienvenida a la Orden, Cabrita.

Y rozando sus labios con mi frente, siguió caminando en dirección a Acuario.

- X -

Y así pasaron unas semanas más.

Veía poco a los demás Santos, aunque los sábados era día de entrenamiento con Chloe. Aunque la técnica de Shadow Attack no fuese una de mis favoritas, tenía que mantenerla pulida, just in case.

Aunque últimamente la veía más y más cansada a cada sábado, por lo que nos conformábamos con echarnos en cualquier lado a contarnos nuestras vidas. Le conté todo lo que había vivido en la Selva y las creencias de sus nativos, para lo cual la Molusca hizo el witty remark de comparar a Churún con Zeus y a Canaima con Hades. Eso no me dejó dormir esa noche hasta que les encontré las semejanzas y le envié una mentada de madre cósmica, la cual me respondió con una carcajada.

Ella en cambio, parecía no querer contarme más allá de la muerte de Audrey, que pude ver que aún ahora, después de tanto tiempo, perseguía a Chloe. La vida de una chiquilla en las calles podía ser realmente dura, aún más el hecho de que estábamos hablando de Chloe. Ella era el epítome de la belleza fiera, arisca y salvaje.

No wonder Shura había estado tan descontrolado por la irascible pelirroja.

Y en cuanto a él... supe por Saga que se había restablecido y que se había ido del Santuario, para mi rabia inmediata y tristeza posterior. Aún no comprendía los motivos que pudo haber tenido para querer enfrentarme, intentar matarme y de paso darme Capricornio en el mismo paquete de regalo.

Creí que podía entenderlo con el tiempo, pero aún después de cuatro meses aún andaba a oscuras.

Aunque mi vida parecía haber dado un vuelco de ciento ochenta grados, no pude más que darme cuenta que mis rutinas en el Templo eran sencillas, felices, casi fitting. Había encontrado el stack de libros de los Capricornianos predecesores, dando buena cuenta de ellos durante las noches, leyendo varios capítulos antes de acostarme. Pulí un poco más mi griego, para felicidad de Milo, Aioria y el mismo Saga, que podían comprenderme un poco mejor, aunque Milo siempre sería Milo y siempre seguiría pensando que cualquier criatura era válida para tirarle los perros, era un tipo gracioso. Y Saga había desarrollado un olfato impresionante para traducir mis miradas y las expresiones de mi rostro, con las que se divertía mucho tomándome el pelo.

Aún me asombraba lo bien que armonizaba con Capricornio cuando me vestía, aunque ese pensamiento preferí ponderarlo en privado antes que contárselo a alguien. Después de todo, una chica necesita sus secretos,. ¿no?

Había encontrado solaz en mis prácticas de Kendo. A veces venía Camus, otras veces el Maestro Dohko, otras más el no tan joven Shiryu de Dragón, donde nos lanzábamos una buena sesión de sparring, aunque la mayoría de las veces practicaba sola.

Sólo entonces entendí que el verdadero burden de un Santo Dorado, era la soledad.

Shura había dejado su katana, que era mucho más larga y pesada que la mía. Comencé a practicar con ambas, para darme una idea bastante general de lo que era liberar un doble Excalibur, cosa que rogué a Athena por que nunca, nunca jamás tuviera que hacer.

Me tomé el tiempo de ver, no sólo de mirar. Me di cuenta que las columnas de Capricornio estaban prácticamente nuevas, lo que me hizo cavilar por la razón hasta que no aguanté más y le pregunté a Dohko, quien me dirigió a su vez a Shiryu por la respuesta... quien muy renuentemente me echó el cuento completo de su batalla con mi Maestro.

Le encontré un nuevo respeto, dado su acto suicida de vestir a Shiryu con su propia armadura y mandarlo con una patada en el trasero de regreso a la tierra, mientras él se quedaba orbitando como si fuera una nueva luna; innecesario si cabe, pero en ese momento ninguno en el Santuario, con excepción de Mu y el Maestro Dohko, se encontraban pensando con lucidez. Luego Saga me miraría feo por mi comentario, pero no me importaba mucho.

Además que comencé a comer en el comedor, cosa que nunca antes había hecho. Más que todo porque Shura odiaba socializar con los otros Santos de Bronce, los cuales estaban allí siempre y no se perdían ni una sola comida. Después de dos incidentes, uno con Aldebarán y uno con Milo, me hice adicta al sitio. No por la comida precisamente, sino por los shows. Además, las mejores frutas eran servidas en las mañanas, así que me hice medio oportunista y mientras desayunaba hablando con Aioria, Marin, Chloe o los Gemelos, me apropiaba de una o dos manzanas o naranjas, que no llegaban al final del día en Capricornio y terminaban siendo mi cena.

Y para remate, un buen día conseguí asustar a la vestal de Capricornio, quien tenía una habilidad impresionante para limpiar el Templo sin que yo me diese cuenta tan siquiera de su presencia. Luego de que me diese un ataque de insomnio, saliese a caminar por los pasillos pensativa y nos llevásemos un susto mayúsculo ambas dos, consentí en su petición de no hacerle mucho caso, cosa que la muchacha me agradeció profundamente.

¡Y luego había vestales en el Santuario! Enmascaradas aún, no sabía por qué, pero no presioné a la muchacha y pronto se me hizo normal su presencia. Respeté la privacidad y el deseo de la doncella de no dirigirle la palabra, por lo que no logré acercarme a ella.

Hubiera sabido eso y me hago vestal... pero pensándolo después, como que no me gustaba mucho la idea de andar desempolvando un Templo milenario día por medio y ocultándome de los demás.

No, mejor así como estaba.

Y como habrán podido darse cuenta, mi aburrimiento no era normal. Sólo mis sábados tenían algo de emoción cuando veía a Chloe, pero con el pasar de los días la vi más cansada, más hundida, más delgada...

- ¿Se puede saber qué coño estás haciendo que tu Cosmo está tan exhausto? -le pregunté una vez, a lo que ella movió una mano como restándole importancia.

- Nada, nada, el entrenamiento del mocoso es un asco.

No me tragué la excusa, pero no quise presionarla con el hecho de que ya había visto repetidas veces a Goran pasando de puntillas por Capricornio para ir a Acuario, donde Camus invariablemente lo esperaba en la puerta todas las mañanas.

Porque si no se dieron cuenta, Goran había pasado a ser estudiante de su Coco personal, la Santa más linda, amable y carismática de todo el Santuario, Chloe de Cáncer.

Pobre Goran. Pobre, pobre chico.

Sigh... I'm still bored.

- X -

Un despejado día en que había resuelto bajar a Tauro para pedirle a Aldebarán un poco de estopa para pulir, me encontré con que los Santos de las Casas de abajo estaban subiendo en cambote hacia Capricornio.

- Buenos días -saludó Aioria-. ¿Estás lista?

Alcé la ceja, interrogante.

- ¿Lista para qué?

Milo pareció escandalizado, haciendo que Dohko se dirigiera a mí mientras Kanon le daba su respectivo zape al Escorpión.

- Hoy es el día en que Athena se dirigirá a nosotros como Orden completa, lo hace una vez cada seis meses. Así que ve, ponte tu armadura, que nos presentaremos todos.

Asentí y me apresuré a enfundarme en los pantalones marrones y la camisa verde, para luego convocar Capricornio sobre mí. Sonreí al sentir las vibraciones de la armadura en mi cuerpo, como si ella también se alegrase de que yo la vistiese en ese día.

Después de una rápida peinada y colocándome la tiara en su sitio, caminé al lado de Milo y Camus en dirección al Templo del Patriarca, donde el espacio que había entre Milo y yo era más que plausible...

Allí me di cuenta, que Shura nunca podría olvidar a Aiolos cuando tenía que pararse firme al lado del espacio donde debería estar el Santo de Sagitario.

Bajé la cabeza, sintiendo muchísimo el outcome de los acontecimientos.

Shura, te entiendo...

- X -

Allí estábamos, los doce... ¿doce?

¿Dónde está Chloe?

Fruncí un poco el entrecejo mientras miraba a mi alrededor. Junto al trono del Patriarca, nos hallábamos alineados en dos filas. Mu frente a Shaka, Aldebarán frente al Maestro Dohko, Saga frente a Milo, Kanon... dando cara a un espacio vacío... mientras que yo veía el espacio donde debería estar Chloe...

Luego Aioria frente a Camus y Afrodita solo. Demasiados espacios vacíos...

- Camus -susurré, mientras esperábamos que Shion hiciese acto de presencia-. ¿Y Chloe?

- Je n'ai pas la plus légère idée.

Parpadeé ante la respuesta cortante y fría del Acuariano. Había comprendido la mayor parte de sus palabras dado que Chloe me había venido enseñando algo de su idioma natal, aunque aún me enredaba con la gramática y las acentuaciones de las vocales.

Nada más fácil que el inglés, damn it.

Pero eso tampoco era para que Camus me respondiese de esa manera, así que volteé la cabeza para decirle una de las mías cuando una túnica blanca atravesó mi línea de visión.

Y al volver la cabeza, me encontré al Kagemusha de Shion. La mano derecha del Patriarca.

Había sabido que Shion había encontrado un asistente (o un asis-tonto, como decía Chloe entre risitas burlonas) entre las filas de los Santos, aunque no se sabía qué rango había sido este Santo en particular. Ni por el color de sus cabellos pudimos colegir nada, ya que siempre tenía el casco alado de oro que había pertenecido a Shion en un principio, añadido a una máscara blanca.

Saga había comentado que era una estupidez ponerse máscara a estas alturas del partido, cuando ni el Patriarca ni las Amazonas las usaban, así que concluimos que debía ser cosa del Santo. Inclinamos la cabeza y cruzamos nuestros brazos derechos en señal de respeto, mientras el hombre caminaba lentamente hacia el Trono, deteniéndose a la derecha del mismo.

Algo en su porte indicaba que estaba tenso... ¿dónde estaría Shion?

¿Y Athena?

Paseando la mirada por los demás Santos, pude ver que comenzaban a mirarse unos a otros, como preguntándose qué pasaba. Comencé a sentir un presentimiento extraño, por lo que alcé la mano y toqué el peto reflexivamente, mientras las vibraciones de Capricornio hacían lo posible por retornarme a un estado relajado.

Lo consiguieron por un momento. Luego, Shion hizo su aparición por la [ipuerta externa[/i del Templo Patriarcal, con la sonrisa más satisfecha que le hubiese visto jamás.

- El regalo de un Dios nunca ha de despreciarse, porque fuese el desprecio el que ofendiere y la muerte que trajese -comenzó, casi risueño mientras caminaba entre nosotros y se detenía a mi lado, en el espacio vacío de Sagitario-. ¿Y qué más regalo que el de la vida para el que merece vivirla?

Miré a Shion fijamente, confundida. Este nos observó a todos, mientras caminó nuevamente, parándose al lado de su Kagemusha y apoyando su mano en el hombro del enmascarado.

- Sé que no me comprenden, así que les refrescaré la memoria. Hace más de veinte años, cuando yo no existía en este mundo y Athena sólo había sido advenida, un Santo, el más valeroso y creyente, se enfrentó a una muerte segura por proteger al pequeño contenedor humano que nuestra Diosa había elegido. Y ahora, después de todos estos años de descanso, la Diosa decidió que es el momento de recompensarlo por ese sacrificio desinteresado.

Abrí los ojos sorprendida. ¿No estaría hablando de...?

- ¿Aiolos?

Un Cosmo enorme, gigantesco, pero a la vez gentil y lleno de amor, llenó el Templo. Volví la cabeza para ser testigo de lo más increíble que haya visto en mi vida.

La Diosa, llevando a un joven de aparentemente mi edad o un poco más joven, el cual caminaba a pasos lentos, como si no supiese dónde se encontraba.

La repetición del nombre hizo que éste volviese la cabeza... llenándose sus ojos de lágrimas.

Miré a mi diagonal, descubriendo a un Aioria que lloraba con los puños apretados.

Mi quijada se abrió por sí sola. ¿Aiolos de Sagitario?

Desorientada, miré a mi alrededor, encontrando a un Saga que lloraba igualmente con la cabeza baja, mientras que todos guardaban un respetuoso silencio. El Kagemusha parecía estar llorando igualmente, siendo confortado por la mano de Shion en su hombro.

Y mi boca de abrió más por la sorpresa, dándome cuenta de lo grande y emotiva de la situación, más que todo para Aioria y Saga... y también Shura, si estuviese allí.

- Hoy has vuelto a la vida, Aiolos -dijo Athena, con esa voz melodiosa y cantarina, casi etérea-. Y ahora es tu turno de vivirla, como debe ser. Que tu cuerpo vista de nuevo la armadura de Sagitario si así lo deseas, porque eres libre, porque eres un héroe, porque eres la mayor prueba de amor que antes se haya visto en este Santuario.

Pronto, hasta yo lloraba de la emoción. Aiolos cayó de rodillas ante Athena, quien sonreía deslumbradoramente, dejando que el Sagitariano besase sus manos y las empapase con sus lágrimas.

Mirando hacia el frente, noté de inmediato que Chloe había vuelto. Sus ojos estaban un poco hundidos, pero la sonrisa triunfal que adornaba su cara era más que prueba suficiente para entender que ella había tenido que ver en toda esta sorpresa.

Igualé su sonrisa, meneando la cabeza. Maldita, ya te sacaré el cuento completo, pensé súbitamente orgullosa de mi amiga y de sus poderes, aunque no fuesen los más ortodoxos del mundo, ella los usaba para el bien... ¡¿y qué más bien que traer al héroe más grande del Santuario a la vida?!.

Los aplausos llenaron el Templo Patriarcal, resonando con estrépito y júbilo.

Ahora la Orden estaba completa, verdaderamente completa, y alguien custodiaría la Casa del Arquero, sería mi vecino y finalmente... Shura podría vivir en paz...

Sentí profundamente que no estuviese allí, mirando a su amigo, quien en ese momento se fundía en un entrañable abrazo con su hermano menor, ahora de apariencia mayor que él.

Me quité la tiara y me enjugué las lágrimas con el dorso de mi mano, mientras Athena caminaba junto a los hermanos que se reencontraban haciendo la línea recta hacia donde se encontraba Su Santidad con su Mano Derecha.

Y quitándole la máscara y el casco al Kagemusha en un rápido movimiento, susurrándole con los ojos brillantes, hizo seña para que se volviese hacia nosotros.

... ¿Shura?

- Que no existan más secretos -dijo la Diosa de Ojos Grises, mirando a Saga-, que no existan más culpas ni remordimientos. ¡Este es un día de alegría!. ¡Celebremos el regalo de la vida!

Bajé la cabeza, confundida as hell.

Cómo es que Shura... y la túnica... Kagemusha...

No hilaba los pensamientos. No podía pensar con claridad, dado todo lo que estaba ocurriendo al mismo tiempo.

Alcé la cabeza de nuevo, para notar que Athena se retiraba a sus cámaras, casi al mismo tiempo que se rompían las filas y todos (o casi todos) los Santos iban a saludar al resucitado Sagitario.

Observé que Saga no se movía de su puesto... y Shura tampoco. Fruncí el ceño y con los ojos entrecerrados, lancé mi tiara a la cabeza de Saga, quien por supuesto la atrapó antes que le diese. Este movimiento captó la atención de Shura igualmente.

- Ya oyeron a la Diosa. Dejen la pendejada de una vez por todas, por amor a Athena.

Y con la misma, salí del Templo lo más rápido que me llevaron mis pies.

- X -

I brooded en Capricornio el resto del día. No quería ver a nadie, la irritación me invadía en cuanto recordaba a Shura con la túnica blanca, siendo prácticamente mimado por Athena, quien lo engañó sutilmente para que nos mostrase su rostro.

Los mandobles cortaban el aire, mientras yo intentaba sacar mi encabronamiento a través de una práctica de Kendo donde el que se me atravesase lo más seguro no detendría la katana.

Entre silbido y silbido de la hoja, sentí varios Cosmos entrando a la Décima Casa, por lo que bajé el sable a tiempo de ver a los Santos que vivían más abajo detenerse a unos metros de mi persona.

- Te perdiste la escena más emotiva que jamás haya visto -dijo Aldebarán con una sonrisota-. ¿Dónde te metiste?

- Estaba aquí, Papá -respondí con la menor sequedad que me fue posible-. Sentí que mi presencia no era necesaria. Pueden pasar, por supuesto.

Mis ojos se toparon con los de Aiolos, quien me echó una sonrisa y una inclinación de cabeza. Cruzando el brazo sobre mi pecho (aún llevaba la armadura) doblé mi cuerpo en una reverencia en su dirección.

- Que Athena os guarde, Aiolos de Sagitario... -dije con una mini sonrisa-. Bienvenido de vuelta al mundo de los vivos.

- Muchas gracias, Santa Zelha de Capricornio -sonrió ante mis cejas alzadas-. Aldebarán me habló de ti, debes ser muy hábil con esa espada para ostentar la custodia de este Templo.

- Eso se trata, eso se trata.

Al retirarse por la puerta frontal con los demás, presentí algo que venía directo hacia mi cabeza y me volví justo para atrapar mi tiara antes de que me impactase en la cara.

- Dejaste esto -dijo Saga, burlón-. La próxima me la quedo y vas a tener que bajar a Géminis a buscarla.

- Como si me costase mucho, azulejo.

- Pareces molesta... ¿qué ocurre?

- Nada que una ronda de patadas en el anterior dueño de este Templo no puedan arreglar... Saga, I'm so mad!. ¿Cómo es posible que Shura me haya ocultado su identidad con ese ridículo traje de Kagemusha cuando sabe que aún hay issues que solucionar en esta Casa?. ¡Argh!

- Pero cálmate, mujer, que vas a hiperventilar si sigues así -dijo haciéndose el chistoso ante mi rant-. Lo cierto es que Shura aún está allá arriba con Shion... si quieres ir a buscarle para darle esa ronda de patadas, creo que podría estar esperándote. Aunque yo diría que te pensaras bien las cosas antes de hacerlas. Shura recibió un impacto muy fuerte hoy.

De pronto me acordé.

- ¿Y tú, Saga? -pregunté preocupada, acercándome a él-. ¿Estás bien?

- Nada que una ronda de ouzo no pueda arreglar -respondió tirándome de vuelta el sarcasmo-. Nos vemos, elkystiki.

Suspiré profundamente viéndolo alejarse. Era obvio que esto le había trastornado muchísimo... ¿qué habría pasado en el Templo del Patriarca después que yo me fui?

- Meep.

Volví la cabeza para encontrarme a Chloe, quien en ese momento se apoyaba en una de las columnas. Por su cara, era más que notable lo exhausta que estaba.

- Meep yourself -repliqué caminando hacia ella y trayéndome uno de sus brazos sobre mis hombros-. Anda, que apenas puedes estarte en pie.

La guié hasta mi antigua habitación, echándola gentilmente sobre la cama y tirándole de paso un regaño. No quería verla hasta la mañana siguiente, así que si no quería un nuevo estilo de peinado más valía que durmiese toda la noche.

Suspiré al regresar al Salón Central. Había cogido la manía de dejar las katanas a los pies de la Estatua de la Recompensa, por lo que noté inmediatamente que la de Shura no estaba.

- Devuelve lo que no es tuyo -amenacé, encendiendo mi Cosmo de manera agresiva y sintiendo los alrededores, para escuchar un set de pasos que se dirigían hacia mí.

- No tengo nada que devolver, esto es mío -respondió Shura, desenvainando la katana.

- Entonces toma lo que es tuyo y retírate.

- Parece que el verme como Kagemusha te dio más coraje del que muestras,. ¿no?

- No me esperaba que fueses a caer tan bajo como para no informarme de tu ascenso a los pisos de Presidencia, Kagemusha Shura.

- Zelha... -comenzó, alzando una mano. Yo sacudí la cabeza y le clavé una mirada iracunda.

- ¿Cómo te atreves a hacerme pensar que estabas molesto por todo este maldito asunto de la Batalla de Emancipación?. ¿Cómo te atreves a hacerme sentir tan rechazada cuando le dijiste a Aioria que no querías ver a nadie, incluyéndome a mí? Y más importante... ¿cómo coño te atreves a mostrarme la cara ahora después de tanto tiempo, mientras yo juraba que te habías ido del Santuario y quién sabe qué más? Eres un... eres un...

El clash de dos hojas metálicas interrumpió mi retahíla. Había levantado la katana instintivamente, bloqueando el ataque directo del sable de mi antiguo Maestro.

- We both need to let out some steam -dijo en su perfecto inglés-. Vamos, veamos si no te has oxidado.

Con un gruñido frustrado, me lancé sobre él y comenzamos el duelo de espadas con más violencia que hayamos tenido. La capa de la armadura fue rasgada a pedazos, pero no me importó, más bien le agradecí por su tino en quitarme el peso de la tela.

Pasado un rato, ambos teníamos rasguños en ambos brazos, mis pantalones habían sido inutilizados por completo con tantos rasgones, su túnica parecía un colador y nuestras caras estaban sudorosas por el ejercicio y la irritación que ambos sentíamos.

- Asshole -escupí cuando hacíamos un nuevo clash de espadas-. Más de dos años, Shura, más de dos años en el que no me dirigiste la palabra sino para decirme que me matarías si no peleaba. Tu madre, Cabrón.

- No tengo madre ni tú tampoco, quilla -dijo apretando los dientes y echando su peso sobre la katana que yo bloqueaba a pocos centímetros de mi cara-. Tenía que dejarte de hablar para que te pusieses las pilas con los poderes de Casiopea. No tienes idea de lo mucho que me dolió rechazarte de esa manera, Zelha...

- Por dos años en los cuales me las vi negras, grises y verdes porque tú estabas más pendiente de Chloe que de tu propia alumna¿ahora vienes a pedirme disculpas por todo el mal rato que me hiciste pasar? Pensé que estabas muerto, por los Dioses. Pensé que la armadura ya no quería vestirte, por eso convocaste esa maldita batalla donde me presionaste hasta casi quebrarme... Fuck, Shura!. ¿Casi te mato por tu estupidez y luego no me dejas resolver las cosas contigo? Y ahora me encuentro que has vivido todo este tiempo en el Santuario,. ¿siendo la Mano del Gran Maestro?

- Era necesario, joder -replicó empujándome y separando las espadas jadeando-. Capricornio se sentía muy distinta desde que Casiopea te había elegido. Era como si se sintiese frustrada porque la armadura de plata te vistió primero y no ella. Luego te vi en esa azotea en Japón... y de verdad lo siento, Zelha...

Fruncí el ceño, acordándome de la noche en la Mansión Kido, donde había soltado el llanto gracias al arranque de turno de la plateada Casiopea en esa azotea. Pero no sabía que me habían visto...

- Si sabías que tenía tantos problemas,. ¿por qué carajo no me ayudaste?. ¿Por qué siempre me trataste tan fríamente? Pensé que teníamos un lazo, desgraciado, siempre te consideré como un hermano mayor... ¿para que luego me salieras con esa gracia?

- ¡¡ERA NECESARIO!! -gritó, fuera de sí y tirando la katana a mis pies-. Quería pasarte la custodia de Capricornio,. ¡pero no podía hasta que controlases a Casiopea y ella te dejara!. ¿Es que no lo entiendes?. ¡Todo eso que hice fue para que Casiopea te presionara y tú la dominaras!

- ¿Y POR QUÉ TENÍAS QUE RECURRIR A TAN BÁRBARO MÉTODO? -grité a mi vez, tomándolo por un brazo.

- ¡¡PORQUE NO QUERÍA QUE TERMINARAS COMO YO!!

Sólo se oyó el sonido de nuestras respiraciones, mientras nos mirábamos fijamente con el ceño fruncido. Tiré mi katana también, dándole la espalda y mirando hacia la Estatua.

Pasamos un rato en silencio, mientras recuperábamos el aliento.

- Eres un real y absoluto bastardo, Shura -murmuré frotándome la cara y cruzándome de brazos-. Después de todo lo que habíamos vivido, pensé que por lo menos podría merecer una explicación.

- No podía dártela, eran órdenes expresas de Shion. Para que Casiopea accediese a dejarte, tenía que convocar la Batalla de Emancipación. No había de otra... y la verdad recibí de buen grado la solución, porque ya yo no podía con esta carga.

- ¿Qué carga? -pregunté dándome la vuelta-. ¿De qué estás hablando?

- Esto -movió el brazo para darme a entender que se refería al Décimo Templo-. Capricornio es más nuestra Casa que un Templo como tal, aquí siempre tuvimos algo que hacer... y desde que Casiopea te vistió, me dejé llevar por mis emociones y perdí el control, alejándote y alejándome a mí mismo. Era algo que me recriminé durante este tiempo, pero... no tenía otra opción.

- ... ¿Y luego?

- Capricornio te vistió y me sentí en paz, aunque no por mucho tiempo. Sí me fui del Santuario por dos semanas, me fui a España, pero allá llegó el Cosmo de Shion solicitando mi regreso. Me recibió con el rango de Kagemusha, por más que yo le dije que no merecía el puesto, me dijo que era Athena la que deseaba que yo viviese aún bajo sus alas.

- ¿Y por qué no me dijiste entonces?

- Pensé que el Cosmo hablaría por sí solo, pero creo que me equivoqué -respondió llevándose una mano a la cabeza, rascándosela-. Vi que habías encontrado la paz igualmente, por lo que no me atreví a enfrentarte. La verdad es que fui demasiado egoísta... y no sabía cómo reparar mi error.

- Hablando se entiende la gente, ese ha sido tu motto desde que te conozco -contesté mirando al suelo-. Todo este ordeal que he pasado me enseñó varias cosas... pero realmente necesitaba de mi Maestro, Shura... me hizo mucha falta tu consejo, tu equilibrio y tu sentido común...

- Perdóname, pequeña -dijo, cayendo de rodillas y apretando los puños-. Realmente no sé cómo compensarte por todo lo que ha pasado...

Lo miré asombrada. Recordando quién habitaba de nuevo el Templo de abajo, me acerqué, me arrodillé y le halé el cabello, trayéndomelo en un abrazo.

- Shura... las culpas nunca han sido buenas consejeras, mucho más para personas como nosotros -moví la cabeza mientras sentía que respondía con fuerza-. Puedo imaginar que todo lo que pasó el día de hoy te descontroló muchísimo, si no, no hubieses perdido el dominio de esta manera...

- Más de lo que te imaginas, quilla...

- Hablaremos cuando estés listo, Kagemusha -respondí mirando al techo, pasando la mano por su espalda-. Ponderar las cosas, es lo único que podemos hacer.

Suspiré profundamente, cerrando los ojos. Había cerrado un círculo, y ahora me sentía tan cansada...

Me imagino que me quedé dormida mientras Shura y yo nos quedábamos haciendo vigilia frente a la Estatua de la Recompensa, porque desperté enredada con lo que quedaba de la capa encima de mí. Al parecer Shura me había cubierto con ella antes de marcharse al Templo Patriarcal, cosa que me arrancó una sonrisa.

... Necio, suspiré, antes de levantarme tiesamente. Dormir con la armadura no fue buena idea.

- X -

Era más que impresionante que Chloe haya podido reunir a la gran mayoría de los Santos en su Templo, pero más asombroso era el hecho de que todos estábamos sin armadura, vestidos algunos con togas, otros con pantalones, otros con jeans.

Aunque aún no me había quitado el sonrojo de vergüenza que me había dado cuando entré en Cáncer y me recibieron unos silbidos y piropos por parte de la mayoría de la Santa Comunidad masculina. Vestía la toga y el sobremanto que me habían regalado Aldebarán y Mu, mientras que utilizaba el sari que me había dado Saga como cinturón, como era mi costumbre. Me había dejado el cabello suelto.

No entendía cómo es que podían ponerse así con mi indumentaria, no era para tanto.

- Te queda bien el azul -cumplimentó el Maestro Dohko, mientras Milo asentía, sonriendo como loco. Alcé la ceja y asentí, mientras el rubor cubría mis mejillas y el resto reía a carcajadas.

Y ese fue el principio del teasing. Todos me embromaron hasta que di muestras de molestia y amenacé con cambiarles el hairstyle si no dejaban de joder. Funcionó, por un rato.

No comprendía cómo es que Chloe los había reunido a todos, bajo la idea de que era necesario celebrar la vuelta de Aiolos con una bebentina hasta reventar. Yo no bebía desde la vez en Sunion con Camus y desde ese día le puse la cruz al vino.

Pero viendo que sólo había grappa, ouzo y el condenado vino, preferí campanear un vaso de vino francés antes de hacer el ridículo delante de todo el mundo pillando una borrachera de miedo con los otros dos. Además... siempre era más gracioso ver a los demás haciendo el ridículo de sí mismos, jeje.

Y de dónde había sacado Chloe todos esos enormes cojines, todos de colores oscuros y sólidos, era algo que nunca podría saber. Mientras ella hacía gala de sus dotes musicales con la guitarra (que tampoco tenía idea de dónde la había sacado), me recliné en uno de los cojines junto a una columna, observando lo que había hecho mi amiga con su Cuarta Casa.

Tenía luz, que era lo que más me sorprendía. Chloe había moldeado el Templo a su estilo único, dándole ese toque bohemio que hacía olvidar el horror del que había sido escenario durante tanto tiempo. También me sorprendió ver a mi amiga, la Santa de Cáncer, vestida con una túnica blanca larga, muy parecida a la mía, con un listón rojo que hacía las veces de cinturón, entrecruzándose desde sus caderas hasta un poco más debajo de su busto, acompañando la prenda con un sobremanto rojo sangre, a juego con sus cabellos, que llevaba recogidos en una sencilla cola de caballo.

Suspiré mientras observaba ausentemente a Milo siendo ridiculizado por Aldebarán, quien le decía que ese ataque de Agujas Escarlata se veía demasiado femenino, para molestia del Escorpión, quien contraatacó con la maña de Papá Toro de comer demasiado.

- Ya, ya basta, aún no están borrachos y no tengo ganas de reconstruir el Templo -intervino Chloe, dándole un zape a Milo y halándole el cabello a Aldebarán, mientras yo soltaba la carcajada detrás de mi mano.

- Déjalos, algún día entenderán que el comportarse así no les lleva a ningún lado -dijo Dohko, empinándose un trago de grappa. Abrí los ojos y ladeé la cabeza al verlo-. ¿Qué? El hecho de que sea viejo no quiere decir que no sepa beber, a diferencia de todos los demás aquí.

- Eso es... perturbador, Maestro -dije con una sonrisa-. Nunca me imaginé que le brindara indulgencia al alcohol, teniendo un alumno tan brillante en sus manos...

- Bah -contestó, moviendo una mano y alzando el vaso para que Chloe se lo llenara de nuevo-, Shiryu prácticamente se enseñó solo, lo que hice fue darle las directrices... además¿quién te dijo que lo único que hice en Rozan fue enseñar? Estuve más de cien años solo, así que saca tus propias conclusiones.

- Preferiría no hacerlo o le pierdo el respeto, Roshi-sama -le respondí burlonamente meneando la cabeza y ahogando una risita-. Créame que es mejor que dejemos eso por la paz de las imágenes mentales.

Dohko respondió con una carcajada y alzó el vaso, brindando, para luego vaciarlo de nuevo. Parpadeé ante esto y miré hacia otro lado. Y ese otro lado resultó ser Aldebarán, quien venía hacia mí chupándose el antebrazo.

- ¿Y a ti qué te pasó?

- Milo, que no sabe perder una discusión -gruñó aplastándose a mi lado y mostrándome el antebrazo, con varias punzadas profundas-. Mira lo que me hizo, ya te digo que no es de hombres tener las uñas tan largas...

- Ay Papá,. ¿y para qué te metes con Milo? Sabes que los griegos son liberales en sus costumbres, déjalos quietos... a ver, no te muevas -respondí mientras desanudaba un pañuelo que mantenía el sari en su puesto para envolverle las heridas-. Definitivamente,. ¿cómo que no tienes ningún tipo de noción por la idiosincrasia griega, después de tanto tiempo?

- No te creas, no todos los griegos somos así como Milo -dijo Kanon acercándose con Saga. Habían acabado de llegar, por lo visto. Ambos vestían túnicas blancas cortas, mostrando las piernas rematadas por las tiras de las sandalias. Mientras la de Kanon era anudada a un hombro, la de Saga era a los dos. Traté por todos los medios de no soltar la quijada en el piso, pero se veían impresionantes... parecían los Dioses Gemelos...

- Wow... -suspiré, para sonrojarme furiosamente cuando ambos sonrieron ampliamente. Había hablado sin darme cuenta que lo hacía audiblemente.

- Es obvio que te gusta lo que ves, Capricornio -dijo Kanon, fastidiándome y haciendo que me sonrojara más-. A ver, deberías levantarte de ese cojín para verte más de cerca...

- Déjala en paz -dijo Aldebarán, siendo el sobreprotector que era-. Lo que parecen es un par de escobillones mal acomodados con esas melenas tan largas... Zel,. ¿qué es lo que le ven las mujeres a esos cabellos tan largos?

Sonreí maliciosamente, mirando a Saga de reojo.

- El sex-appeal, Papá... y el hecho de que para muchos el cabello es una debilidad, así como Sansón... hasta que les llegue una Dalila y les moche la melena, para que aprendan a respetar.

Las risas de Aldebarán llamaron la atención de Chloe, quien se acercó con una botella en cada mano, prácticamente haciendo malabares para entregarle dos vasos a los Gemelos, que llevaba sujetos con dos dedos.

- Ustedes se tardan más que las mujeres para ponerse unos trapos... -dijo, recorriéndole la mirada a ambos y luego mostrando esa sonrisa sádica que a más de uno ponía nervioso-. Trapos que por cierto parecieran que los cortaron apurados de las sábanas, aunque hay que admitir que es buen colirio para los ojos.

No aguanté la risa y oculté la cara tras mis manos, riéndome con todas mis ganas. Chloe no se las pensó para lanzarles el piropo que yo hubiera querido decirles, pero mi innata timidez con los hombres se hizo presente con ese montón de cumplidos que me profesaron cuando llegué a Cáncer. Por eso era que no me había levantado del cojín hacía más de una hora... con la excusa de ver a Chloe rasgueando esa guitarra.

- Pero si es mi alumna favorita, rodeada por una caterva de neandertales -se oyó la voz de Shura, quien se acercó acompañado de Mu. Ambos vestían túnicas, aunque largas, Shura de verde y Mu de marrón claro-. Acuérdate de Excalibur, es buena haciendo circuncisiones cuando la necesites.

- ¡¡Shura!! -exclamé aguantando la risa, al ver que todos los demás se cubrían la parte en cuestión protectoramente-. No, no, esto es el colmo... voy a ver si el canario puso, porque tantas hormonas en el ambiente me marean -lo que era cierto, tanto doble sentido superó mi timidez y activaron la alarma de "corre, reza o te agarra el carretón".

Me levanté echándome el manto sobre un hombro y me alejé con Chloe, sintiendo los ojos de los hombres sobre mí. Maldita sea, pensé peleando contra el sonrojo.

- El problema de ser las dos únicas Santas femeninas de la Orden Dorada es que tenemos que aguantar comentarios de ese estilo -dijo Chloe mientras llenaba mi vaso de vino con eso, vino-, porque estos pendejos están acostumbrados a no cuidar de sus modales.

- Meh, eso no me importa... lo que sí me incomoda es que no me quitan la mirada de encima, y eso me cabrea.

- Tch -Chloe chasqueó la lengua, encogiéndose de hombros-. Por lo menos ellos son colirio para nuestros ojos y hay que aceptar que somos colirio para los de ellos, gran pedo. Anda, socializa que ya te has pasado mucho tiempo con el Torito. Ve, habla con Aiolos que lo veo incómodo.

- Joder, Chloe, como anfitriona eres muy mandona -me quejé antes de dirigirme hacia el Sagitariano, sentándome a su lado-. Me dijeron que te ves como cucaracha en baile de gallina, así que vine a hacerte compañía. ¿Así me defiendes de los lobos?

Aiolos soltó la carcajada, notando de inmediato a lo que me refería.

- Lo que pasa es que te ves muy bien y la mayoría de estos tipos no han visto a una chica bonita en años, yo diría que décadas para algunos -respondió en voz alta, haciendo que Milo, Saga y Kanon se cruzaran de brazos, ofendidos-. Tranquila vecina, yo te protegeré y le patearé el trasero a quien se acerque a ti.

Después de sacar la cara del manto cuando se calmó la risa, observé que Aiolos fruncía el ceño, mirando a los demás.

- ¿Aiolos? -llamé, haciendo que éste diera un respingo y se rascara la cabeza, dándose cuenta que se había distraído-. Parece que mi conversación es aburrida, porque con esa cara tan pesada...

- Ah... no, no es eso... -miró de nuevo hacia los demás, frunciendo el ceño de nuevo-. Es que... verlos ya tan mayores, como que me confunde un poco,. ¿sabes? ... Pensar que Saga y yo teníamos la misma edad cuando...

- No es momento de recordar cosas tristes o desagradables -le dije entregándole mi vaso de vino-. Mira, pongámoslo así: con tu presencia, más de uno rejuveneció y encontró la paz, y no lo digo precisamente por Saga. Fíjate que hasta el Gran Maestro parece estar más relajado,. ¿lo viste en el desayuno?

- Sí que lo vi, el recuerdo de ver a Su Santidad en pantalones a cuadros no se borrará en mucho tiempo -dijo con una carcajada-. Es muy grato ver que estamos viviendo en una época de paz... y que Athena brilla en todo su esplendor...

- Gracias a ti y a tu buen acierto, vecino -dije sonriendo-. Y sé de cierto que hay más de uno que agradece entrañablemente tu presencia -añadí al tiempo que Aioria se sentaba al otro lado de su hermano y le entregaba una banda roja.

- Toma, la encontré ahora que buscaba entre mis cosas de cuando era aprendiz -dijo. No entendí precisamente lo que pasaba entre los hermanos, pero Aiolos, visiblemente conmovido, abrazó a su hermano mientras Aioria sonreía, feliz.

Sacándole la lengua a Aioria, me levanté y los dejé, acercándome a la puerta principal de Cáncer. Tenía tiempo sin ver el cielo nocturno, pues la ventana de mi habitación, que era antes la de Shura, daba hacia el otro lado del Templo. Lo único que podía ver era Star Hill, así que extrañaba un poco cavilar con la vista perdida entre las estrellas.

No supe propiamente si había pasado un rato (probablemente sí, pues había observado el anochecer completo) pero me sobresalté cuando alguien tomó asiento junto a mí en las escaleras. Era Mu, quien me ofreció una sonrisa antes de volver su rostro al cielo.

- Gracias -dijo, haciéndome fruncir el ceño, extrañada.

- ¿Gracias por qué?

- Por usar la túnica -respondió, sin mirarme-. Me agradó mucho ver que la usaste el día de hoy... te ves muy bien.

- Te lo agradezco... -murmuré, arrebujándome en el manto. Permanecimos en silencio un tiempo más, encontrando ese silencio sencillo que existía cuando los dos mirábamos al cielo y sosteníamos una conversación espaciada, cómoda. Suspiré y fijé mi vista en Capricornio, esbozando una leve sonrisa.

- Aunque haya pasado mucho tiempo de eso, quiero pedirte disculpas por lo del otro día -dijo de pronto, haciéndome volver a la realidad de golpe-. A decir verdad, había tenido problemas para expresarme, y con tu reacción sólo empeoré las cosas al decir cosas que no eran verdad.

- Ah... pero tenías razón... fue un error -dije suavemente, evitando su mirada-. Ahora que soy parte de la Orden Dorada, es más que obvio que eso sería una falta de ética...

Mu rió quedamente, con esa manera sutil que tenía para burlarse de las cosas.

- La ética no existe en el Santuario, Zelha -dijo, mirándome fijamente para luego apartar la mirada-. El error fue mío al pensar que podría llegar a algo contigo cuando tu cabeza claramente está en otro lado... o más bien, en otro alguien -me miró de reojo, para luego reírse de nuevo-. Luego sabrás de lo que te hablo si aún no me comprendes lo que te digo... no obstante, si te soy sincero, preferiría que no me contases nada de tus descubrimientos en este asunto.

Debió haber visto los engranajes dando vueltas en mi cabeza, porque soltó una carcajada queda antes de levantarse y ofrecerme su mano.

- Piénsalo... y de verdad, espero que todo resulte bien... -Mu se interrumpió, mirando hacia dentro del Templo-. ¿Qué está pasando? Siento vibraciones negativas...

Yo también las sentía, así que asentí a su seña y entramos de nuevo en Cáncer... aunque no me preparé para lo que iba a presenciar.

Chloe y Camus, discutiendo como gata y perro.

Se estaban peleando en francés, cosa que tenía a más de uno sorprendido. Mi quijada casi cae al suelo cuando escuché las frustradas palabras de Camus, traduciéndolas en mi cabeza.

Camus... ¿sentía algo por Chloe?

HOLY SHIT!!!.

Dohko sacudía la cabeza, aparentemente molesto, mientras Milo intentaba razonar con un Camus que obviamente se había pasado de tragos, pues estaba mostrando más emociones en su rostro como jamás antes le hubiese visto.

Chloe parecía entre furiosa y herida, bajando la cabeza ofendida ante el último remark del Acuariano, que me dejó fría... pero no me sorprendía tanto, si lo ponderaba y tomaba en cuenta esa manera de vivir de mi amiga cuando recién la conocía.

El pasado era demasiado para algunos...

Tomando el asunto en mis manos, crucé el Salón con pasos rápidos y me interpuse entre Chloe y Camus, mirándolo fijamente.

- No te metas en esto, Capricornio -se arregló para decir en griego, mientras yo sacudía la cabeza y abría los brazos, escudando a Chloe.

- Yo me meto porque es mi asunto, es mi amiga y no me da la gana que la ofendas de esa manera -repliqué severamente-. ¿Y qué si ella hizo tal cosa?. ¿Es que me vas a decir que nunca hiciste algo autodestructivo en tu vida? No me jodas, Camus, aquí todos tenemos nuestros pecados y nuestras culpas... y nadie tiene derecho de juzgar a nadie por ellos. Échate para atrás, si no quieres que esta fiesta se acabe con un hielo picado a la mitad.

- ¿Entonces apruebas que ella haya intentado cometer suicidio? -saltó Dohko, mientras Camus permitía que Milo lo sujetase por los brazos.

- Ay por favor, como si nunca hubieran pensado eso alguna vez al ver el precipicio a sus pies o la hoja filosa de una daga -contesté bajando los brazos-. ¿Cuál es el problema? Cada quien pelea contra sí mismo, siempre hemos visto pruebas de eso... y más aún ustedes, que tienen varias vidas encima. ¿Y qué pasa si uno sucumbe a las tinieblas? La vida de cada uno antes del Santuario seguramente fue de carencias, pero me atrevería a afirmar que la de Chloe es una de las más oscuras. Y si no tienen la suficiente cabeza como para comprender eso... entonces sencillamente no la comprenden, ni se comprenden a sí mismos.

Halé a Chloe por un brazo, mientras la acompañaba a su habitación, mirándolos por encima del hombro.

- A veces, el infierno lo lleva uno por dentro, sobretodo cuando ves a alguien a quien amas morir frente a tus ojos.

- X -

Después de haber calmado a Chloe por un rato y sacarle el resto de la historia, me quedé pensando sobre toda esa vorágine de emociones destructoras que debió haber sentido para hacerse eso a sí misma. No questions asked, le di un fuerte abrazo, intentando expresarle con él lo mucho que la apoyaba y lo poco que me importaba su pasado.

- Chloe, no seas tonta, que no voy a alejarme de ti por eso... quédate aquí, yo despediré a los demás. Tú mientras descansa y bébete la botella completa, si te apetece.

Cerré la puerta con suavidad, frunciendo profundamente el ceño al fijar la mirada en los hombres que esperaban frente a mí.

- Necesito hablar con ella... déjame pasar.

- No vas a pasar un coño, Camus. Por tu culpa Chloe es un emotional wreck, jamás en mi vida pensé verla así. Sácate de aquí, porque lo último que necesita es que vengas con más acusaciones marca iceberg.

- Zel, Camus quiere disculparse por lo que le dijo -vi que el hielo iba a decir algo más, pero se calló al recibir el codazo que le propinó Dohko-. Ven, dejémoslos solos por un rato.

Escoltada por el Librano de vuelta al Salón Principal, fui recibida por un brindis por parte de Aioria, aún sentado al lado de Aiolos, quien tenía entre sus manos la guitarra de Chloe, además de muchas preguntas formuladas por Milo, Kanon, Saga y Shura.

- ¿Cómo está Chloe?

- ¿Se encuentra bien?

- ¿Qué fue lo que pasó?

- ¿Qué carajo le dijo Camus?

Miré a Shura sorprendida. Nadie sabía que yo machucaba algo de francés, así que cómo demonios...

- No pongas esa cara, me di cuenta que entendiste gran parte de lo que se dijeron. Vamos, escupe, que estoy perdiendo la paciencia.

Con un enorme suspiro, meneé la cabeza y traduje lo que había escuchado. Varias exclamaciones de sorpresa e incredulidad recibieron mis palabras, por lo que me molesté inmediatamente y les eché una mirada irritada.

- Joder con ustedes,. ¿si no me creen para qué coño me preguntan? Para la próxima, búsquense un diccionario de francés y mátense ustedes mismos.

Mala elección de palabras, pero meh.

- Oye, pero no te piques tú también... hey,. ¡espera!

- No vale, con ustedes no se puede. Son los más sabios en cuanto a guerra cabe, pero en relaciones humanas no dan pie con bola. Y eso va para casi todos, porque de verdad que tanta testosterona les está afectando la cabeza. Me voy, no los aguanto.

Sin darme cuenta que había salido por la puerta delantera de Cáncer, comencé a bajar las escaleras hacia Géminis, para detenerme a medio camino.

¿Qué coño hago yo bajando si lo que tengo es que subir? Ah, maldita sea.

Bufando frustradamente por mi falta de orientación, me senté en la escalinata, resumiendo mis cavilaciones mirando hacia las estrellas. Ya luego subiría, por ahora no quería más que ver a Capricornio tranquila.

Pasado un montón de rato, sentí varias pisadas descendiendo por los escalones.

No me molesté en volver la cabeza, sólo podían ser los que vivían en esta parte de la Calzada Zodiacal, así que no moví los ojos del cielo.

Sentí unos dedos sobre mis cabellos, lo que hizo que moviera la cabeza inconscientemente. Mu me sonrió y continuó bajando, mientras Aldebarán se inclinaba hacia mí y me miraba fijamente.

- Buenas noches, peque.

- Buenas noches, Pá.

Kanon continuó hacia Géminis, mientras Saga tomaba asiento junto a mí.

- Mira, no quiero saber--

- Shhh... vamos a ver un rato el cielo mientras Chloe y Camus resuelven su problema. ¿Quieres?

La pregunta vino acompañada de un vaso, el cual tomé y probé su contenido. Vino, dulce vino.

Habrían pasado más de dos horas de silencio y conversaciones esporádicas de verdades cuando apoyé la cabeza en el hombro de Saga, somnolienta.

- No, no te quedes dormida y responde -he prodded-. ¿Quién crees tú que es el más idiota del Santuario?

- Pero qué pregunta tan pendeja, azulejo... el más idiota en este momento es Milo por boca abierta, aunque le sigue de cerca Don Paleta de Limón, por asshole.

Saga rió quedamente, bebiendo otro trago de vino.

- Heh, sabía que ibas a decir eso. Pregunta tú ahora.

- Hmm... es verdad que... hace años, cuando me dijiste que yo... no, olvídalo.

- ¿Olvidar qué? A ver, dime, no seas tonta.

- Cuando me ayudaste en la carrera, hace años... que echaste el Laberinto y me dijiste que me querías... did you mean it?

- ¿Qué quieres decir con eso en inglés? No te entiendo.

- Ay, no, Saga, olvídalo... tengo sueño, me voy a dormir.

- Con esa borrachera que tienes encima no vas a llegar a Capricornio, chica. Ven acá que yo te llevo.

- Si tú estás peor que yo, viejo... -dije con una risita burlona-. Los años no pasan en vano¿eh? Ya no aguantas la bebida...

- No seas idiota, estoy tan lúcido como siempre.

- Ah, pero tienes problemas de memoria, no te acuerdas de lo que te estoy diciendo... -repliqué comenzando a arrastrar las palabras, soltando la risa cuando un hipo se escapó de mi garganta.

- Eso crees tú -respondió él, tomándome de la parte de atrás del cuello y mirándome fijamente-. Me acuerdo claramente de ese día... y de lo que te dije. Y si tu pregunta es si lo dije en serio... déjame probártelo.

Sus labios rozaron los míos, despejándome toda la bruma alcohólica de la cabeza en un snap, mientras su boca coaccionaba la mía a abrirse más, fundiéndose en un profundo beso.

Apenas sentí cuando me alzó en vilo y bajó el resto de los escalones hasta el Tercer Templo, cubriendo el cielo por encima de nuestras cabezas con el techo de mármol y piedra, mientras desaparecíamos en la oscuridad del Laberinto de Luces y Sombras hasta su habitación.

No podía quitar los ojos de los de él. Oscuros, tormentosos, presagiando más que el eternal doom en un oponente, no podía por menos que temblar al ver mi silueta reflejada en ellos.

Y no podía dejar de temblar.

Su mano se alzó, trazando una línea sutil en la piel descubierta de mi brazo, levantando mi piel en un escalofrío, guardando una distancia respetable, distancia que no quería que estuviese, que se cerrase, que desapareciese en la oscuridad de la noche.

- Shhh... cálmate...

¿Por qué podía estar tan tranquilo cuando por dentro yo me sentía como azotada por un huracán?

Un afilado gasp se escapó de mis labios cuando sus dedos soltaron el broche que mantenía el pesado sobremanto en su lugar, dejándolo caer al suelo con un ruido sordo. Vestida tan sólo con la túnica, el sari y un sonrojo que me cubría toda la cara, bajé la cabeza, intentando ocultarlo y pidiendo a la tierra que me tragase.

No contaba con sus manos, estrechándome contra su cuerpo, levantando mi rostro y forzándome a ver de nuevo esos ojos azules como el mar, feroces como el fuego... e insondables como la muerte misma. Ojos azules hipnóticos, que desarmaban todas mis intenciones de huir como un conejo asustado. Ojos azules que en el fondo me rogaban porque me quedase, porque suspirase, porque respondiese...

- S--Saga...

Nuestras narices se rozaron, en un tímido encuentro en el que ambas se conocían, en donde compartimos por un minuto la respiración y el mismo aire, el mismo deseo y la misma contención. No podía dejar de ver sus ojos, clavados incesantemente en los míos, sin descanso, sin secretos, sin más palabras que las que ya sabía inconscientemente, sin más decisión que la mía propia.

Sus manos se sentían calientes sobre mi estremecida piel, delineando mis brazos despacio, muy despacio, echando atrás el frío y las dudas, los miedos y las paranoias.

El otro broche cayó con un tintineo, mientras mis brazos instintivamente se cruzaban y cubrían mi frente superior. Sus dedos, implacables, suaves y cálidos, cruzaban por mi espalda hasta la cintura, donde ambas manos se encontraron para desanudar la tela azulada que había sido la causa de todo y de nada a la vez.

El sari se abrió, dejando sólo la tela blanca cubriendo mi cuerpo. Y todo se resumía a eso. Mi decisión, pedida mudamente por esos ojos profundos que en ese momento me consumían con la intensidad de su mirada.

Sus dedos danzaban por mi espalda, mientras esos ojos se entrecerraban sobre mi rostro, detallando, confirmando y negando, tan ambiguamente posesivos como liberadores; recreando y cosechando escalofrío tras escalofrío, suspiro tras suspiro, sonrojo tras sonrojo.

Descrucé los brazos al mismo tiempo que me impulsaba hacia su encuentro.

Brazos que se cerraron alrededor de mi cintura y alrededor de su cuello, mientras nos fundíamos en el beso que tantos años habíamos esperado. Más de seis años en los cuales había pasado de todo, pero que mirando hacia atrás todo parecía habernos traído a este sitio, este lugar, este [ioutcome[/i de los acontecimientos.

Y su boca no había perdido ni un ápice del calor y la pasión que había experimentado ese día en la playa, donde sin saberlo había anudado mi alma a la suya, en un lazo que no se quebraría jamás, ni por mi temperamento ni por el suyo. Su lengua se entrecruzó con la mía, acariciándola, incitándola a jugar, dominándola y dominándome.

- Saga... -murmuré respirando profundo, aspirando ese aroma que ahora me daba cuenta que había extrañado como a la vida misma. Aroma a poder, tan masculino, como sólo él me podía confundir con sólo su esencia.

- Avrio...

- But...

- Avrio, parakalo...

Suspiré de nuevo, disfrutando lo apretado de su abrazo mientras caíamos en la blandura de su cama. Aún temblaba, él mismo podía sentirlo. No podía dejar de hacerlo. Aunque el vino me había desinhibido en mi conducta, mi mente gritaba y gritaba, a sabiendas que lo que iba a hacer era incorrecto.

¿Pero cómo podía ser incorrecto si se sentía tan... justo, tan complejamente completo?

---cut---

No podía moverme. No quería moverme.

La suave cubierta empapada y algo fría de la cama nos envolvió a ambos, mientras él no me soltaba de su abrazo, su cara oculta en mi cuello, su respiración indicándome que estaba satisfecho, aunque despierto.

Pero yo no podía mantenerme despierta, así que hundí la cara en su pecho, sintiendo más que oyendo su último murmullo.

S' agapo, Zelha...

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Ah, vamos, que les di más de lo que esperaban,. ¡27 páginas! XD

Por cierto, el smut lo podrán leer en Amazonverse (o en el SSEternal), porque quiero mantener un mínimo de decoro en FF. Comentarios del tipo X-rated, ya saben dónde ir.

Shadir: Ave, Athena!. :D
Lo sé... somos demasiado necios, los Capricornios... u.u ¡Gracias por tu comentario!

Charm Baby: No, juro en verdad que no soy cruel, pero tenía que probar un cliffhanger de ese estilo para ver las reacciones que mis lectores me traerían. Muchos que odiaban a Shura (o por lo menos, que no les gusta por x ó y razón), ahora andan tristones por lo que pasó con él. Veletas, te digo XD
No sé sobre Shura y Chloe -pone cara de angelito-. En serio, ve a preguntarle a Argesh Marek en tal caso :P
Sobre el enigma... ya se destapó la olla. ¿Qué te pareció? Busco cerrar esta historia de una manera más mundana y no tan cursi, esperemos a ver qué les parecen los capítulos restantes. :3
Respecto a Goran, responderé esto en un drabble que estoy cocinando sobre cómo Goran llega al Santuario y cómo se las arregla antes de tomar el tutelaje con Chloe. Digamos que, como está en el filo entre Capricornio y Acuario, es parte de los dos signos, aunque le tira más al Acuario... tenía que ser británico XD Y adivinaste,. ¡la cabra es ahora dorada! X3
¡Gracias por tu review! Se ve que les está gustando mi historia y no puedo estar más encantada. ¡GRACIAS!

Blue Dragon: Hahahaha!. ¿Contenta? xD
El nombre lo quiero para una historia aparte del Amazonverse, aún no tiene nombre, pero es un proyecto en solitario que pienso armar cuando esté en descanso entre Lux Aeterna y Domina Justitia. Ya verás... :D
¡Seguro! Yo te presto a mi niña con tal de que no me la maltrates ni me la juntes con chusma XD, ya tienes una idea de cuáles son los Dorados que le laten el corazoncito a mi cabra,. ¡así que con eso tienes para hacer mucho!
¡Gracias mil por tus palabras y ofrecimiento!. ;D

Pilla Doll: Bueno... soy mala, lo admito, pero... ¿a poco no te sorprendiste?. :P
¡Gracias por tu comentario!

Lyra-acuario:. ¡Muchacha!. ¡Apareciste! Di la verdad,. ¿estabas metida en un kibbutz o algo así? D:
HAHAHAHAHAHAHA!!!!!! -se cae de la silla de la risa-, favor que me haces, mi niña, pero yo no tengo la madera de Rowling pero para nada XD, y si te sirve de algo, el 5to libro, La Orden del Fénix (nada que ver con Ikki, es Harry Postre xD), tiene 38 capítulos y más de mil páginas. ¡Yo no llego ni a las 350! XD
Y no, Shura no está muerto,. ¡sólo estaba de parranda! XD
¡Gracias por hacerme saber que andas por aquí de nuevo!. :3

Artemisa Ravenclaw: A ver,. ¿y cuál canción de Saint Seiya es tu favorita?
Awwww... -apapacho de dragón con cola incluida-, no fue mi intención hacerte llorar, lo juro. ¡Sólo quería sacudirlos un poquito!
Nuuu no me insultes T.T, mira que con este capítulo (y el drabble), espero resarcirme de todas las amenazas de muerte y mal yuyu que me han de haber echado desde el viernes pasado XD
Venga -te tiendo un pañuelo-¡coméntame de este capítulo y sécate esos lagrimones, que se te corre el maquillaje!
:3

Imperia Rochely:. ¡Hola!. :D
Mis días de actualización son los viernes (aunque la mayoría de las veces actualizo los viernes en la noche), así que no te preocupes¡que no pienso dejar la historia en su recta final! XD
¡Gracias por tus comentarios y bienvenida!. :D

Kaliz:. ¡Gracias por el comentario! Espero que tu opinión cambie cuando termines de leer este capítulo... xD

AnnaAKAFallen Angel:. ¡Hola:D Muchas gracias por las flores, amiga, ten por seguro que estoy devanándome los sesos para traerles una trama unteresante y lo más realista posible, dentro del mundo del Cosmo y fantasía que llevan los Caballeros del Zodíaco. Sobre Mu y Zelha, te adelanto que Mu tiene un sentido muy fino de la intuición (recordemos cuando ve las lágrimas de sangre que lloran las almas de los renegados en Hades Sanctuary), por lo que pudo ver más allá... veremos qué pasa.

Angel del Apocalipsis: Ay mi amor, si tú siempre me las has agarrado en el aire, ya debes tener una idea de quién y los motivos por los cuales Goran anda de aquí para allá. Argesh y yo pronosticamos un WTF enorme por parte de los lectores... veremos qué opinas tú. XD
¡No te comas las uñas, coño! Mira que si no me mosqueo contigo, llevo las uñas larguísimas y estoy más que orgullosa de ellas (cómo se nota que la que hace los quehaceres de mi casa no soy yo XD), así que ponte pilas y mastica chicle más bien XD
¡Geminiana!. ¡Coño con razón me caes tan bien! Todos mis mejores amigos son géminis XD
¡Bechos, pocholita!

Ophelia Inmortal: No linda, no lo voy a matar. Adoro demasiado a Shura como para hacerle eso XD
Y sí, acertaste... ¡Gracias por tu comentario!

Y ya está... -se esconde de la lluvia de plomo y tomates-. X3