Disclaimer: Si fueran míos, no haría que muriesen en la Saga de Hades Chapter Sanctuary¡coño!

Close to You

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A Kurumada, no joda.

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Levanté la vista de las blancas páginas, dejando un momento de lado el lápiz. Chloe me miraba con la ceja alzada, por lo que meneé la cabeza y parpadeé, enfocándome en ella, quien rodó los ojos, fastidiada.

- ¡Bájate de esa nube de una vez y respóndeme!

- ¿Responderte qué?

- La pregunta que te hice, necia... ¿qué haces aquí en Meridia escondida, como si estuvieses conspirando? Y si estás conspirando,. ¿contra quién... y te puedo ayudar?

Solté la carcajada. Sólo Chloe podía sacarlo a uno de sitio con ese tipo de cosas. Negué con la cabeza, mientras miraba lo que llevaba escrito. ¡Casi terminaba el cuaderno!

- No estoy conspirando... sólo poniendo por escrito algunas cosas, es todo.

Estaba siendo somewhat secretive con mi nuevo hobby, pero era algo que me mantenía sana. Escribir nuestras historias en un cuaderno, que tal vez nadie leería por mi uso extraño del idioma español y el inglés en la escritura, era hacer trabajo de desahogo del alma, de la mente... y de los recuerdos.

Había descubierto con algo de sorpresa que me gustaba escribir, y me gustaba mucho.

Después de una semana con los Asgardianos, quienes habían venido con un nuevo tratado por parte de Hilda y el Santuario del Norte, añorando aún la presencia de aquel idiota que aún no sabía qué significaba para mí, había bajado a Athene.

Ayudé a uno que otro aldeano con algunas cosas, a fin de conseguir lo suficiente para comprarme el cuaderno que tenía en las manos y un par de lápices, para luego darle rienda suelta a todo lo que tenía estancado en la cabeza, rogando por salir.

Así, comencé a escribir todas las noches, dándole a cada capítulo un pensamiento adicional antes de plasmarlo en las páginas, revisando de nuevo esos recuerdos que iban desde una Selva venezolana, pasando por una cadena montañosa en la frontera franco-española, hasta llegar a un lugar místico, lleno de piedras y calores, lleno de personas dispuestas a dar la vida por un ideal, por una Diosa joven, Protectora del mundo como lo conocíamos.

La despedida de Alexiel fue agridulce. Agria por el hecho de que no sabíamos cuándo nos veríamos de nuevo... y dulce, porque repetimos las promesas de amistad que habíamos hecho antes de que ella ganase su Ropaje Divino. Still, las lágrimas acudieron a mis ojos cuando levantó la mano a lo lejos, en el Paso de los CdC.

Al alzar la vista de nuevo, me di cuenta que Chloe se había marchado. Volví la cabeza hacia su Templo, observándola llegar a él. Fue recibida por Camus, quien le colocó la mano en la espalda, adentrándose ambos en Cáncer.

Sonreí levemente. Chloe tenía razón.

Y Alexiel tenía razón.

Sentía que... la importancia de ese necio era más de la que le daba por sentado.

Después de más de tres meses en la Atlántida, sentí sus Cosmos. Habían llegado de su misión con Julian Solo, corriendo por la Calzada Zodiacal a toda velocidad, presentando sus resultados ante Athena y Shion lo más pronto posible.

Llevándome una mano al pecho, temiendo por las noticias que los Gemelos podrían traerle a la Diosa, además de los posibles resultados. ¿Guerra?... ¿Paz?

Respiré profundamente, bajando las escaleras de la Torre Meridiana y haciendo camino hacia Tauro. Aldebarán estaba en Brasil por esas fechas, sólo sabía Athena el por qué. Saludé a Kiki, quien estaba inclinado sobre una armadura de Plata, mientras Mu leía sentado en una silla.

- ¡Hola, Zelha! -saludó el muchacho. Con el pasar del tiempo se había dado un estirón, igualando la estatura de Mu en pocos años. Madurando ciertamente en muchos aspectos pero sin perder esa disposición alegre y llena de vida, Mu le había delegado ciertas tareas, como los arreglos de las armaduras de Bronce y Plata, entre otras cosas.

Sonreí mientras me dirigía a él y le alborotaba los cabellos, mirando a Mu, el cual me respondió la inclinación de cabeza.

- Ya volvieron -dijo, sin perder la sonrisa-. ¿Les sentiste?

- Sí... por eso es que huyo por la derecha -respondí poniendo cara de circunstancias-. Ya luego me enteraré qué pasó... por lo pronto, necesito algo de paz.

- Comprendo... ¿vas al Cabo?

- No, a la Fuente...

- Ah, muy bien... si alguien pregunta, estás en el Cabo.

- Gracias, Elfo -respondí burlonamente, antes de salir de Aries y dirigirme a mi destino.

El rumor del agua era relajante, casi soothing, mientras observaba cómo la tarde caía lentamente y a pedazos, cuando levantaba la vista del cuaderno.

Reviviendo una vez más cada encuentro, cada mirada, cada brillo... cada batalla, cada gota de sangre, cada lágrima... sólo pude comprender, que en ese momento, sólo en ese momento...

Quizá era importantísimo para mí. Tal vez...

El lápiz corría, danzando entre la blancura del papel, contando nuestra historia, de la vez que entrenábamos en la playa y compartíamos un furtivo beso, a escondidas; de la vez en que mi furia herida lo alejaba y con él, todo; de la vez que nos enfrentamos y quedé en coma por el enorme poder que contenía; de la vez que me ayudaba en la Selva, salvando mi vida...

Habíamos vivido mucho en poco tiempo. No podía negarlo más... no más.

I...

¿Entonces, esto era... amor?

¿La razón principal de nuestra Diosa?

¿Nuestra misión, nuestra vida?

I...

Y por eso abría los ojos al horizonte, dándome cuenta de que la vida era corta, una sola...

Aunque él hubiese venido varias veces, siempre peleando, siempre luchando... siempre muriendo.

Su misión, su Cosmo...

I love you...

Todo, todo en defensa de Athena...

Y por eso es que ahora Ella bendecía que hubiese encontrado... ¿me hubiese encontrado?

Alcé la vista una vez más.

El sol ya se ponía en el horizonte, bañando el mar y toda la playa con su resplandor dorado, tornando y dando brillo a la arena y la espuma de la ribera.

Una persona caminaba en mi dirección, con los cabellos al viento. Podía verle y a la vez no, su cabello ocultaba gran parte de su rostro... pero aún así sabía, lo sabía...

Su blanca mano se alzó, impidiendo que me levantase con un breve gesto, para luego sentarse a mi lado, contemplando el inicio de la puesta del Astro Rey.

Me sonrojé contra mi voluntad, no atinando a más nada sino a mirarle, las largas pestañas agitándose con cada parpadeo que daba, escudándose instintivamente de los rayos del Carro de Apolo.

- ¿Aún sigues con dudas, Zelha?

Su voz cantarina me sacó de mis cavilaciones, haciéndome bajar la cabeza. No me hallaba con fuerzas suficientes como para decirle todo lo que había pensado con respecto a todo lo que pasó...

Su mano se posó sobre la mía, transmitiéndome tranquilidad y sosiego, honestidad y cariño. Me sentí abrumada por la vergüenza, la simpatía y el amor que irradiaba el Cosmo de Athena me inundaba, me levantaba, curaba cuantas heridas emocionales tuviese...

- Mi Señora... yo... -atiné a decirle, mientras ella negaba con la cabeza y sonreía.

- No le des más vueltas, pequeña... si lo amas, ámalo sin reservas, sin remordimientos y sin pena, sin barreras, sin motivos. Ámalo por lo que es, no por lo que representa, ámalo por sus ojos y su sonrisa y no por su poder o fuerza... ámalo por su personalidad, no por sus proezas, sus hazañas... ámalo a él, no a su máscara.

Me sonrojé rabiosamente. Las palabras de Athena, las cuales eran ley divina en nuestra vida, me mostraban la Verdad desnuda, como si me hubiese sacado el corazón y me lo hubiese mostrado con todas sus dudas y anhelos. Athena ponía sobre el tapete esa Ley estúpida que había abolido hace tiempo, donde las máscaras cubrían un rostro, pero no un Cosmo, ni un corazón, ni un alma.

Era obvio que... ¿qué?

- Es obvio que tu timidez y tu miedo te dominan -prosiguió Ella, volviendo el rostro a mirarme, con una gentil sonrisa-. Confía, Zelha... confía en él y en lo que tu corazón te grita, en lo que tú quieres, en lo que tú deseas. Han pasado unos cuantos años, así que ya es hora... ¿no crees?

- Athena... pero...

- Su alma vibra con la tuya, pequeña, desde el momento en que se vieron por vez primera, se sintió renacido, redimido... pasaron muchas cosas, más difíciles que una Guerra Sagrada... así que lo justo es que se cumplan sus deseos, los de ambos.

Pensándolo de ese punto de vista, tenía razón. Las relaciones humanas, el día a día entre un grupo de gente que luchaba por equilibrar su corazón, sus deseos, sus sueños... eso era mucho más difícil que pelear contra un oponente con todas las técnicas y el Cosmo.

- ¿Está bien... amarle?

- El verdadero significado de la misión es el amor, Zelha... ya lo sabías, desde el primer momento en que Aldebarán te sostuvo en brazos en la Selva... ¿no es cierto?

Asentí. Si podía amar a Aldebarán como mi padre, a Shura como mi hermano mayor, a Mu como mi entrañable amigo y a Chloe como mi hermana... ¿podía amar sin reservas, como decía Ella, a un hombre, de esa manera especial?

Athena apretó mi mano levemente y se levantó, impidiéndome que me levantase con un gesto y una sonrisa.

- ¿Y si te digo que es una orden?

Una risita melodiosa, unos cabellos larguísimos al viento... y allí estaba Ella, alejándose del brazo del Pegaso, quien permitía que ella se apoyase en él para no trastabillar en la arena.

De pronto maldije el no saber dibujar al verlos.

- X -

No había nadie en los Templos conforme iba subiendo, por lo que me preocupé un poco. Llegando a Escorpio, encontré a Aiolos, quien sonrió al verme.

- Justo iba a buscarte -dijo por todo saludo-. Tenemos que ver a Athena lo más pronto posible, las noticias de la Atlántida...

Abrí los ojos, aprensiva y súbitamente angustiada.

- ¿Se ha dicho algo...?

- No, Shion quiere decirlo a todos los Santos del Santuario -respondió, ladeando la cabeza-. ¿Vamos?

El descampado frente al Templo Patriarcal estaba solo, por lo que me detuve un momento, recuperando el aliento mientras Aiolos hacía la línea recta hacia el Templo. Surely, la Casa Maestra era grande¿pero podía dar cabida a tanta gente?

Las pisadas de las botas de Aiolos y mías resonaron en el Templo, haciéndome ver que estaba solo igualmente... bueno, no tan solo.

Shura frunció el ceño burlonamente al vernos entrar en la Cámara Patriarcal.

- ¿Dónde demonios estabas?

- Por ahí -repliqué sacándole la lengua. Él bufó y tomó la tiara que sostenía en mi mano, colocándola sobre mi cara con cuidado.

- Ya estoy orgulloso de ti, así que no me hagas hacer el ridículo al no usar esto como debes. Vamos, Shion está a punto de dar la noticia.

- ¿Qué noticia? -brinqué yo-. Tú como Kagemusha debes saber algo... ¡a ver, suéltalo!

- ¿Yo? Yo no sé nada, y si supiera no te lo diría. Además, tú nunca me dijiste quién le pintó el cabello a Seiya, así que te jodes.

Abrí la boca sorprendida, mientras Aiolos soltaba la carcajada.

- ¡Con razón tiene reflejos azules en las puntas! Ya decía yo que eso no era natural...

- Eso fue por culpa de estas niñas cuando eran Aprendizas, pero nunca nos enteramos de quién fue...

- Ni lo sabrás... -dije yo con un smirk-. A los amigos no se les traiciona.

- Auch -respondió Shura, mientras Aiolos le daba palmadas en la espalda y yo le sacaba la lengua de nuevo-. Vamos allá, quilla, que creo que alguien debe estar esperándote... además de escuchar las noticias de Shion,. ¿no crees?

- Ah, ya cállate, Shura -dije entre dientes peleando con el sonrojo, pero luego se me ocurrió-. Oye... ¿crees que haya pasado algo en Atlantis? Será que...

- Tranquila, ya pronto lo sabrás -intervino Aiolos, apuntando hacia una puerta abierta que no había visto-. Vamos.

Subiendo unas escaleras estrechas, llegamos a un descampado mucho más grande, donde estaban todas las almas que habitaban el Santuario. Desde el más pequeño CdC hasta los más grandes Santos Dorados. Shura se desvió por detrás de la muchedumbre, mientras yo me escurría entre las filas de Bronce y Plata siguiendo a Aiolos, hasta llegar a nuestros respectivos sitios.

Todos, todos estábamos allí; Goran y Kiki con sus respectivas armaduras -olvidé mencionar que a Kiki le habían otorgado la armadura de Sculptor, dos días después de que Goran recibió la suya-, Chloe con su habitual postura de nada me importa en el mundo, mientras le lanzaba miradas furtivas a Camus, quien parecía no estar pendiente de más nada sino de mirar al frente, para luego mirar a Chloe cuando ella no estaba viendo.

Al lado de Chloe, reparé en dos figuras idénticas en postura y porte, tanto en gallardía como en masculinidad. Saga y Kanon parecían dos gotas de agua, distintos únicamente por sus indumentarias. Kanon vestía una túnica larga, como la de Shura, mientras Saga estaba enfundado en su armadura dorada, mirando hacia el frente. No notó que yo había llegado.

Hice un esfuerzo y miré hacia el resto de la población del Santuario. Marin y Shaina por un lado, los otros Bronces por el otro... creí divisar a Padma junto a una roca...

Volviendo de nuevo la mirada hacia la escalinata que dirigía al Templo de Athena, rematado por la gigantesca Estatua de Niké en su techo, observé que los cinco Santos de Bronce llamados comúnmente Santos Divinos por el resto, Shun, Hyoga, Ikki, Shiryu y Seiya, se encontraban junto a Shion y Shura, quienes miraban hacia la puerta del Templo, esperando.

Me llevé una mano al pecho, confundida y ansiosa.

Athena salió, con su blanco vestido agitándose al viento, con su sonrisa deslumbrante, sabia y compasiva, sensible y valerosa.

Todos en un solo movimiento hincamos las rodillas en tierra, pagando un mudo homenaje a la Diosa de la Sabiduría, la de Ojos Grises, la que sostiene la Victoria en su blanca mano, la Lechuza en su brazo y su Escudo en la otra.

- Mis Santos, mis queridos Santos -comenzó ella con voz clara y armoniosa, que nada tenía que envidiarle a las voces de las sirenas-. Este día se completa el círculo de paz que había venido planeando desde hace unos años, donde los Santuarios de la Tierra se unen en una coalición de honestidad y responsabilidad, de fraternidad y prosperidad. Hoy, Poseidón en su contenedor, Julian Solo, delega su venia para ayudarnos a proteger este bello mundo donde vivimos, amamos, respiramos y reímos. Hoy, y después de hacer saber al Santuario del Norte sobre el tratado, completamos la tríada de Dioses y Avatares vivientes que defenderán esta Tierra de todos los males que puedan abatirse sobre ella, con sus vidas, con sus Cosmos... y con la ayuda de sus aliados y creyentes.

Sentí que de mi pecho se escapaba un leve suspiro, mientras alzaba la cabeza. Athena sonreía abiertamente, mientras paseaba su mirada por todos los que la servíamos.

- Por eso, les agradezco a todos por estar aquí, conmigo, por hacer de este Santuario un lugar donde me siento segura. Donde puedo descansar, sabiéndome protegida por todos ustedes... no puedo imaginar palabras que describan lo muy agradecida que estoy. Todos, Santos de Bronce, Santos de Plata, Santos de Oro... ¡incluso mis guardianes de las puertas! Gracias, mis más sentidas gracias.

¿Guardianes de las puertas? Apreté los labios al escuchar esa expresión divertida de los labios de la Diosa. Me imagino que no quiso decirles "Carne de Cañón" a esos muchachos para no ofenderlos, aunque eso es lo que eran.

- La Ley de las Amazonas fue abolida hace algunos años. ¿Quién dijo además, que el amor está vetado para los habitantes de este Santuario? Olviden eso, por favor. Todos ustedes tienen derecho... no, tienen el deber, de sentir amor. Si me aman a mí,. ¡pueden amar a alguien más!

La mirada de la Diosa se posó sobre mí... no,. ¡sobre Camus!, quien bajó la cabeza, como asintiendo al discurso de nuestra Soberana. Luego Ella me miró...

- Amor fraternal, amor de amante, amor de compañero, amor de hermano... el amor nos impulsa, nos mueve, nos da fuerzas... ¡el Cosmo es amor!

Aioria se sonrojó bajo la mirada de Athena, quien dejó escapar una risita y abrió los brazos, encendiendo su Cosmo, inundándonos con su cálida luz y encendiendo nuestros corazones. Las armaduras comenzaron a brillar con luz propia, coaccionadas por el Cosmo de la Diosa, mientras un suave hum se dejó escuchar entre las filas de los Dorados, Plateados y de Bronce. Hasta las armaduras ovacionaban las palabras de Athena, resonando como locas en una vibración que podía sentirse en todo el descampado.

- ¡Que la Alegría, la Paz y el Amor colme sus Vidas!

El aplauso fue general. Una bandada de palomas blancas pasó por encima de nosotros, dándole la bienvenida a la luna llena. Había anochecido mientras estuve saliendo de Sunion, una noche clara, llena de estrellas.

Athena waved y se introdujo de nuevo en el Templo, seguida por Shion, Shura y sus cinco Santos más cercanos. Kanon se quedó atrás para ladrarle unas órdenes al Capitán de los CdC.

- ¡Muévanse a la puerta, YA! Suficiente descanso tuvieron con venir aquí. ¡Y de paso vieron a la Diosa!. ¡MUÉVANSE!

Pobres CdC. El Capitán casi se salió de su propia piel, repitiendo las órdenes a gritos mientras llevaba a una bola de guerreros sin armadura de vuelta por la Calzada, mientras a él lo arreaba un Afrodita bastante picado, quien se quejaba sobre algo de unas rosas pisoteadas. Aiolos soltó la risa a mi lado, viendo la escena, mientras yo lo seguía con unos cuantos giggles.

- ¿Vienes? -me dijo cuando los CdC desaparecieron por la escalinata. Me volví a mirar... y no estaba.

- Sí... vamos... -respondí en un murmullo, falling in step y mirando a Camus siendo embromado por Milo, mientras Chloe se reía a carcajadas al lado de Don Paleta.

Chloe se quedó en Acuario porque "tenía que preguntarle algo a Camus sobre el entrenamiento de Goran". Bullshit, como si ya el resto no supiéramos que ellos lo hacían como conejos todas las noches.

Después de dejar a Capricornio en su sitial con una feliz vibración alargada por su parte, fui hasta mi habitación y tomé el cuaderno y los lápices. Quería escribir lo que había presenciado hacía poco, por lo que no podía perder el tiempo.

Meridia estaba silenciosa y oscura. El Balcón Meridiano estaba iluminado por los rayos plateados de la joven luna, así que fui a sentarme con la espalda junto a un pilar para usar esa luz en mi tarea.

Acababa de terminar de describir la escena de Athena alejándose con Seiya en la playa cuando casi me caigo del Balcón del susto cuando escuché unas palabras dichas con una profunda voz, que tenía tiempo sin escuchar. Demasiado tiempo.

- Y yo que pensaba que no sabías escribir...

Casi salto a pegarme al techo con las uñas como un gato asustado. El sarcasmo aún estaba bien afilado, pensé con disgusto.

- Por lo menos, es algo que no muchos en el Santuario saben hacer,. ¿eh, viejo?

Un bufido y unos chuckles. Luego, la alta figura se sentó a mi lado, mirando la luna llena hacer su camino por el cielo.

- Es... un alivio, saber que ahora somos más en la lucha,. ¿no?

- Más me aliviaría saber que estamos en una era de paz... pero tienes razón, siendo más es más fácil.

- Te ves rara... -dijo, mientras yo me volvía a verle y él me miraba con esos ojos tan azules, tan oscuros, tan indescifrables-. ¿Qué estás escribiendo?

- Mis memorias como Amazona de Athena, qué más. Prefiero sostener un lápiz que un puño en alto, that's for sure.

- Interesante... ¿me dejarás leerlo algún día?

- No -respondí, levantándome-. Hay demasiado de mí en este cuaderno.

- ¿Qué quieres decir con eso, Zel? -dijo a mis espaldas, mientras sentía su mano cerrarse sobre mi brazo. Me mordí el labio, saboreando su roce, su calor, su presencia... su respiración detrás de mí.

- Nada...

- Bien, no es nada -respondió forzándome a darme la vuelta y soltándome-. No voy a pedirte que me cuentes tus secretos, aún cuando ya tú sabes los míos.

Rodé los ojos con fastidio. Déjenle a él la actuación trágica.

- Idiota,. ¿por qué tienes que ponerte melodramático? Yo sólo quería otra respuesta, pero veo que ese truco no funciona contigo. Claro que te dejaré leerlo, si quieres.

- ¿Y qué otra respuesta querías? -su silueta se dibujaba entre la claridad del paisaje enmarcado en el Balcón, por lo que no podía ver su rostro, el cual estaba a contraluz. Ladeé la cabeza, sin saber qué decirle... o cómo decírselo.

- Otra respuesta, nada más... -dije después de un rato, evitando alzar la cara.

- A veces, cuando te pones así, me provoca hacerte de todo -susurró. Podía escuchar su sonrisa en sus palabras, cuando se acercó más, cubriendo todo mi campo visual con su cuerpo.

- Ach, no hables así... -parpadeé para acostumbrarme a ese nivel de oscuridad clara, notando por fin su cara. Sus ojos estaban entrecerrados, con esa expresión que mostraba cuando quería hacerme sonrojar... o besarme, pensé recordando la última vez.

- ¿Y de qué quieres que hable entonces?

- No sé... de tu misión en Atlantis, cómo te fue por allá... -estaba comprando tiempo, eso lo sabía, pero no podía hacer más. Me sentía intimidada por su altura y su aura, haciendo que el ambiente se tensara como la hoja de una katana.

- Fue un total éxito, como pudiste haber escuchado de la propia Athena -replicó bajando el tono de la voz hasta ser sólo un murmullo-. ¿Y qué has hecho tú en mi ausencia?

Extrañarte como un alma en pena

- ¿Me extrañaste? -repitió con una leve sonrisa, una sonrisa de ésas que me mostraba cuando algo de verdad lo enternecía, si él era capaz de semejante sentimiento.

- Sí... te extrañé -concedí a regañadientes, dándome cuenta que mi pensamiento había sido expresado en voz alta, para mi mortificación. Maldita sea, estaba peor que cuando andaba con Casiopea-. Bueno, creo que es mejor que bajemos de aquí, alguien puede estar buscándonos.

- Nadie nos está buscando... deja de huir -respondió deslizando las manos por mis brazos, estremeciéndome con su toque-. Hay algo que necesitaba decirte, ahora que te veo bien despierta...

- Espera, por favor -dije, poniéndole un dedo en los labios, sorprendiéndome de la suavidad de los mismos por un instante-. Yo también quiero decirte algo...

- ¿Es bueno o es malo? -preguntó, sin que la jocosidad de su ironía llegase a su voz.

- Pues... según lo que la Diosa ha dicho esta noche...

- Mírame, Zelha, no evites más mi mirada... ¿es Mu, verdad?

- ¿Qué? -fruncí el ceño inmediatamente, mirándolo asombrada. Él malinterpretó mi silencio y se retiró, dando dos pasos hacia atrás.

- Entiendo. Bueno, es hora que me vaya. Buenas noches, Ze--

- You selfish, moronic asshole -en mi furia, había vuelto al idioma más usado-. ¿De dónde coño sacas que yo ando con Mu, soberano imbécil, si lo que he estado es añorando tu presencia desde que saltaste a ese maldito remolino hace más de tres meses?. ¿Cómo puedes decir eso, cuando todo lo que está escrito en este cuaderno es lo que ha ocurrido entre tú y yo?... ¿Cómo puedes pensar eso, cuando fuiste tú mi primer... mi...?

Guardé silencio, frustrada.

- Esa mañana, salí a decirle algo a Kanon y cuando regresé, ya no estabas -dijo, en voz baja-. ¿Qué querías que pensara...? Y luego, en el Cabo... me sorprendió verte allí, de hecho sospeché que Kanon había hablado contigo.

- Ese mamarracho sólo me dijo dónde estabas y a dónde iban, es todo... y me dejó esto en Capricornio -respondí alzando la tela del sari con una mano-. Él no me dijo más nada. Fui hasta allá porque quería decirte... that I love you, you arrogant bastard!

- Eso sí que lo entendí -dijo en un murmullo, apretándome en un abrazo-. Me estoy poniendo viejo en serio... me enamoré de una chiquilla que bien podría ser mi hija, estoy viviendo mi tercera vida y ahora gozo del beneplácito de una Diosa a la cual intenté asesinar hace años. He vivido demasiado...

- Y espero que vivas más, actor de quinta -respondí escondiendo la cara en su cuello, mientras enredaba mis brazos y dedos en su larga melena-. Y quiero que me prometas que no te dejarás cortar el cabello por más nadie sino yo.

- Sólo si me prometes que este cabello sólo será acariciado y halado por mí -replicó tomando un handful de mi propia cabellera. Hice una mueca exagerada de dolor y halé los suyos para vengarme.

- Como si dejara que alguien más me tocara -dije burlonamente, para luego soltar una risita al ver que sus ojos se entrecerraban-. Es broma, necio, el único que me ha tocado y me tocará eres tú, hasta que te canses o caigas muerto.

- Moriré antes de cansarme de ti -replicó sin perder el rebote, alzándome en vilo y llevándome hacia la cornisa donde habíamos estado, sentándome en el hueco de sus piernas mientras alzábamos la vista hacia el cielo.

Así era que debían ser las cosas. Mientras estuviese viva, mi fidelidad iría hacia la Diosa y hacia este hombre que sostenía nuestras manos unidas mientras con la otra mantenía mi cuerpo cerca del suyo. Alexiel había sido la primera en sentar cabeza con ese Ángel pelirrojo, después Chloe con el Santo de los Hielos... para luego caer yo en las redes de Luz y de Sombra del Maestro de las Galaxias.

No nos dijimos que nos queríamos abiertamente, pero ya con nuestros dedos entrelazados lo entendimos. Era tácito.

Allí nos quedamos, mirando la noche pasar, mirando nuestras constelaciones brillar, mirando la aurora parpadear, mirando el sol fulgurar.

Yo buscaba una respuesta y nada más

Comprendía y descubrí

Que la razón es más control

Que la pasión no es dolor

Sudar, gritar, correr, volar

Quisiera que nunca fuera a acabar

Quisiera que todo fuera verdad

- X -

¡¡Y SE ACABÓ LO QUE SE DABA!!
¡¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS Y SU COMPAÑÍA EN ESTOS DOS AÑOS DE LUX AETERNA!! X3