Chapter 2
La Subida de la Oscuridad
Dos Maestros Jedi aterrizaron silenciosamente a espaldas de los miembros de la reunión y Grievous miró hacia allí al oír:
- Hola allí -
Todos los miembros de ese concilio se pusieron de pie de un salto asustados mientras Grievous y un encapuchado avanzaban hacia los dos Jedis. De la nada surgieron droids de batalla, destructores y demás droids de combate. Obi Wan levantó una ceja y él junto con Lyra encendieron sus sables de luz. Grievous sonrió maliciosamente y dijo:
- Vaya, vaya dos sables de luz para mi colección – El encapuchado sonrió maliciosamente y dijo:
- Grievous no los subestimes, estos Jedi son poderosos – Grievous lo miró burlonamente y cinco droids con electro staff se dirigieron a los Jedis mientras activaban sus armas. Obi Wan sonrió y miró hacia arriba y vio lo que necesitaba. Un pesado container metálico que se sostenía por cables metálicos gruesos. Obi Wan levantó su mano izquierda y con un empujón en la fuerza rompió el cable y el container cayó al piso aplastando a los cinco droids y Obi Wan con su sable decapitó al droid que había alcanzado a salvarse. Lyra sonrió afectadamente pero desapareció cuando el encapuchado dijo:
- Ve por el Jedi, yo me encargo de esta Jedi -
Los Droids retrocedieron cuando el encapuchado levantó su mano. Grievous se retiró su capa y sacó cuatro sables de luz de cuatro Jedis muertos. Sus dos manos se dividieron y al asombro de Obi Wan y Lyra quienes miraron asombrados como de dos manos pasaron a ser cuatro. Las cuatro manos encendieron los sables de Luz. Obi Wan tragó saliva y retrocedía mientras Grievous hacia girar dos sables haciendo retroceder al Jedi. Lyra se dirigió a ayudarlo pero no pudo porque el encapuchado se puso al frente de ella con un salto ayudado por la Fuerza. Sacó de sus túnicas un sable que al activarlo mostró un color rojo mientras que con un dedo negaba mientras decía:
- Ahh ha Bebé tu y yo tenemos que hablar – Grievous sonrió y cargó contra Obi Wan mientras este retrocedía. Obi Wan gritó:
- ¡Lyra cuidado! - Lyra paró el brutal manodoble que caía sobre ella para partirla por la mitad. Lyra contestó con un sablazo a la cintura del guerrero extraño.
POV Lyra
Detuve su manodoble que se cernía sobre mí para partirme por la mitad. Conteste con un golpe horizontal hacia la cintura del guerrero extraño pero con un deje familiar en su poder. Paró mi sablazo con facilidad mientras se alejaba de la batalla entre Obi Wan y Grievous mientras yo dudaba si seguirlo o volver a ayudar a Obi Wan. Con un suspiro lo seguí dispuesta a acabarlo lo más rápido posible para ayudar a Obi Wan. Los dos combatientes recorrimos el lugar luchando entre un destellar de haces láser, recurriendo a todos los trucos y habilidades que habíamos aprendido a lo largo de los años. Trataba de tomar la ofensiva que fue muy fácil porque mi adversario solo se dedicaba a defenderse y supe con un escalofrió de que me estaba midiendo. El guerrero que no podía identificar como Jedi ni como Sith pero lo que si sabía. Controlaba las artes de los Jedi y muchas de los Sith. Me había dado cuenta de que a pesar de que el guerrero retrocedía y que lo obligaba a ceder terreno, en realidad era él quien controlaba el combate. Girando, saltando y haciendo piruetas con una asombrosa facilidad, su enemigo me arrastraba consigo fuera del alcance de Obi Wan. Supe por experiencia con la muerte de Qui-Gon que el guerrero estaba llevándome hacia un lugar elegido por él. Miraba asombrada con el guerrero poseía una agilidad y una destreza que le permitían mantenerme a raya. Salimos por una puerta grande que abrió el guerrero usando la Fuerza y entramos en un largo pasadizo luchando sin cesar. En un abrir y cerrar de ojos estábamos al final del pasillo e ingresamos en un hangar repleto de naves de la Federación. Al llegar cerca de un Infiltrador Sith él se detuvo y me miró con una sonrisa diciendo con una voz serena y tranquila muy diferente a la fría que escuché cuando habíamos hablado con Grievous.
- Lyra Sanome, hija de la gran Maestra Jedi Corelle Sanome, un placer conocerla – El guerrero apagó su sable rojo e hizo una inclinación cortes a la joven quien se quedó mirándolo asombrada con su sable todavía activado. Lyra dijo:
- ¿Quién es usted? -
- Señorita eso no es importante, lo que importa ahora es que huyan -
- ¿Por qué debo creerle? -
- Muy simple las copias los van a traicionar, aunque no se quien sea el Sith que controla el senado pero pude robar este dato. Llegarán aquí para darles apoyo supuestamente pero los acabarán a todos. En todos los planetas los Jedi caerán con hormigas con la Orden 66. - Levanté mi sable y lo puse en su cuello y él no hizo ningún movimiento pero me miró lloroso y dijo:
- Señorita si me va a matar hágalo y huya en mi nave. – Lo miré aturdida y él continuó – Lo hago desde hace ya varios años. Siempre he velado por la seguridad de la hija de la Jedi que salvó mi vida. Me infiltré con el Sith hace pocos meses pero él no me ha revelado su identidad más que su nombre Sith, Darth Sidious quien controla al senado y a mi me huele que es el Canciller Palpatine y lo hice para vengar la muerte de tu madre. Obi Wan Kenobi hizo su parte matando a su aprendiz quien la mató pero fue la orden de este Sidious para que su aprendiz la matara para capturarte. Abrí mis ojos como platos al recordar el día en el que mi madre había muerto. Fue un guerrero Jedi porque tenía un sable doble de color plateado quien atacó a la criatura asesina de mi madre y me pidió correr lejos mientras el se encargaba de ese homicida. Tartamudeando le dije:
- Entonces tu posees un sable doble que da una hoja de color plateado – El guerrero asintió y lentamente bajó su mano derecha y se enganchó el sable rojo en el cinturón y llevó su mano al otro lado de la cintura donde vi un mango exageradamente grande. Lo sacó con lentitud y me lo entregó. Sin dejar de amenazarlo con mi sable tomé el suyo y lo activé. Me llevé la sorpresa del siglo cuando de la espada surgió un haz doble de color plata. Mis ojos se llenaron de lágrimas al reconocer el Sable de Luz que había parado la embestida que me iba a matar y olvidando toda prudencia me lancé y lo abracé con fuerza. Él me recibió entre sus brazos y antes de que dijera algo. Sacó un comunicador que chillaba a todo dar. El me dijo alarmado:
- ¡Atácame! – No le pregunté porque pero le tiré su sable que guardó con rapidez mientras sacaba su sable rojo y paraba mi manodoble. El me contraatacó mientras contestó el comunicador diciendo con voz fría:
- ¿Qué sucede Amo? Estoy ocupado con la Jedi -
- Bien tú tampoco ya no me sirves de nada, tengo el premio mayor, espía. No pudiste evitar que Skywalker cayera en mis manos – El muchacho se detuvo de golpe al igual que yo. El Sith se descubrió su rostro y juntos gritamos de horror al ver su cara llena de cicatrices pero reconocible por nosotros.
- ¡Canciller Palpatine! -
El sonrió afectadamente poniéndose su capucha de nuevo y desapareció del holograma. El muchacho dio un grito de rabia y sacó otro transmisor y dijo apurado:
- Maestro Yoda -
El holograma del Maestro Yoda apareció ante ellos preocupadamente y el encapuchado dijo:
- Maestro, Sidious me ha descubierto quiere a Anakin – Yoda abrió sus ojos como platos y el continuó – Maestro debemos huir todos los Jedis han sido traicionados. – Como confirmando lo dicho comenzaron los disparos y los dos al acercarse a una ventana vieron como Obi-Wan era derribado de su montura y caía al vacío. El encapuchado apagó el comunicador dejando a Yoda con sus problemas justo a tiempo para ver como Kenobi caía al agua. El encapuchado y Lyra gritaron aterrados:
- ¡Obi-Wan! –
El encapuchado sonrió y yo al verlo sonreír le grité:
- ¡Imbécil Obi-Wan está en peligro! -
El negó con la cabeza y suspiré aliviada al ver asomar su cabeza cerca del acantilado mientras esquivaba la patrulla de búsqueda compuesta por Droids y soldados clones. Fuimos distraídos cuando varias copias ingresaron al hangar. El comandante del grupo tenía un comunicador con el holograma del Señor del Sith que decía:
- Ejecuten Orden 66 -
Miré al encapuchado alarmada y él salió de su escondite como quien baja de su nave y dijo:
- ¿Qué sucede? -
- Lord Blade, la Jedi que luchaba con usted -
- Eliminada – contestó sin emoción. Suspiré aliviada e ingresé en el infiltrador Sith aprovechando la distracción que él creaba y comencé los preparativos del despegue. A los pocos segundos la nave estaba lista para despegar y retrocedí a la entrada de la nave para ver a los soldados atacando al muchacho. Iba activar mi sable de luz y acudir en su ayuda pero no fue necesario ya que el dio un saltó y cayó a lado de la plataforma que lo llevaría al interior de la nave. Levantó sus manos y de ellas salió un rayo de color dorado que impactó en la cornisa superior del Hangar, esta se rompió en pedazos y cayó encima de la escuadra de soldados mientras él pasaba a mi lado como una exhalación seguida por mí al interior de la nave. Él se sentó en la silla del piloto y se llevó una mano al pecho mientras yo sentía una ola fuerte de energía de Fuerza que me llevaba la muerte de muchos Jedi al mismo tiempo y temblorosamente con su otra mano activó la palanca de despegue y la nave despegó con rapidez. Salimos al exterior para ver a varios destructores que rodeaban a la ciudad. Él dijo:
- Debemos salir de aquí -
- Tenemos que ir al Templo y salvar a los iniciados – dije pálida del terror. Él asintió con una sonrisa torcida y tecleó los datos en la computadora para el salto en el hiperespacio mientras esquivaba el bloqueo de las naves de guerra de nuestros ex-aliados. Asombrada advertí como rompió el bloqueo ya que se pegó a la nave insignia y evitaba los disparos de las otras naves pero no de la insignia. Al pasar la nave insignia él aumentó a toda potencia los motores y la nave salió disparada hacia el cielo. Al salir al espacio dimos un suspiro de alivio ya que el destructor estaba lejos y no llegaría a tiempo para bloquearnos antes de nuestro salto en el hiperespacio. Cuando salimos del campo de atracción del planeta para que la computadora pudiera hacer el salto preciso, mi salvador activó la palanca y en un destello vimos como las estrellas se estiraban y comenzaba nuestro viaje a Coruscant. Él me llevó al camarote de la nave y me senté en él agotada y preocupada por Obi-Wan. Él pareció leer mi mente por que dijo:
- El General Obi-Wan Kenobi es poderoso en la Fuerza y sobrevivirá a la emboscada -
Asentí todavía muy preocupada pero alcé mi cabeza hacia él y le pregunté:
- ¿Quien eres tu? – El muchacho suspiró y se sentó en el piso. Miró hacia el techo de la nave y sus ojos parecieron desenfocados cuando me contestó:
- Mi nombre Sith es Lord Blade y el Jedi es Lord Fénix. No se de que planeta soy pero lo que recuerdo es el mundo de Naboo donde la Reina Padme Amidala me crió como su hermano menor antes de que el Maestro Yoda viniera por mi cuatro años después para el adiestramiento Jedi. - Abrí mis ojos asombrada al ver que el muchacho se bajaba por fin la capucha para revelar a un muchacho bastante guapo con el cabello tinturado de color azul, corto, con ojos verdes esmeralda y a mi asombro tenía una cicatriz que le bajaba desde el inicio de su ceja derecha y descendía en un arco por su nariz hasta el centro de su pómulo esquivando por pocos milímetros su ojo derecho. Vestía un pantalón negro y una camisa negra con la túnica que hacían reconocer por toda la galaxia como un Jedi, Tenía unas botas que le llegaban casi a las rodillas, tenía un cinturón utilitario lleno de objetos (unos conocidos y otros que jamás había visto), en el cinturón había una pistola blaster… me pasó un frío por la espalda vestía muy parecido al Sith que Obi-Wan y Qui Gon Jinn habían enfrentado. Él continuó:
- Para ti, Señorita puedes llamarme Kai Fénix – Asentí y él se puso de pie y en la puerta antes de salir me dijo:
- Descansa un rato, te despertaré cuando lleguemos allí – Me recosté en el camarote cansada y asustada por lo ocurrido. Comencé a sollozar, Anakin había sucumbido al lado oscuro, no lo quería creer pero las palabras del espía habían sido claras y pude sentir cierta tristeza en ellas y Obi Wan estaba en gran peligro si no hubiera podido escapar de esa maldita orden de parte de Palpatine. Estaba furiosa conmigo misma por no verlo desde antes cuando lo rescatábamos que era el Sith que se había auto secuestrado para así llegar a Anakin y engañarnos a nosotros. Pude descansar cuando escuché al final de mi monologo mental. Para ti, Señorita puedes llamarme Kai Fénix.
--------------------------
POV Obi-Wan
Levanté mi arma, mientras parando la hoja del sable que el General Cyborg me descargaba, entonces llamé a la Fuerza y giré duro mi hoja hacia la izquierda y a la derecha con movimientos lisos y redondos cuando esquivé los ataques de Grievous aún preocupado por mi querida Lyra. General Grievous me empujó con todas su fuerzas hacia atrás tomando un paso hacia delante pero no se lo permití y ataqué con furia haciendo retroceder al General dos pasos con sus piernas largas y poderosas que hicieron eco ruidosamente en el suelo de piedra donde luchábamos. Grievous me subestimó y pensó que me podía matar rápidamente, como los otros pero se encontró con una pared de piedra ante él y seguro estaba recordando las palabras de ese guerrero Grievous no los subestimes, estos Jedi son poderosos. El movía sus armas con una agilidad impresionante mientras parando todos mis ataques y entonces giró furiosamente una de sus dos manos del lado izquierdo alrededor mío.
Me moví rápidamente y paré la hoja amarilla de la mano izquierda superior de Grievous y la empujé lejos mientras moviéndome rápidamente y alzando mi arma por encima de mi cabeza, pare un sable de color verde, después puse una rodilla al piso y giré mi hoja azul hacia la cintura robótica del General.
Grievous gritó adolorido y dio unos pasos atrás con rapidez así como la punta de mi sable rebanó la célula de poder del sable que tenía en su mano inferior derecha ocasionando que ese sable explotara violentamente amputándole la mano y parte de ese brazo mecánico. Aprovechando la momentánea distracción del General y usando la Fuerza alcé al Cyborg en el aire y lo envié volando hacia atrás contra unos controles de mando. Saltaron chispas en todas direcciones cuando las armas robadas del General tocaron los metales del panel de instrumentos. Tomé varias respiraciones profundas cuando miré como el Cyborg se reincorporaba con ayuda de sus poderosas piernas. Me miró con un odio terrible detrás de su máscara de metal diciendo:
- Usted prueba mi paciencia Jedi -
- Ahora General – dije jadeando cuando devolví un paso atrás fuera de Grievous mientras el Cyborg enfadado avanzaba hacia mí – No piensa que es un poco injusto -
Grievous bramó furioso en la contestación, sus ojos amarillos brillaron bajo su máscara metálica cuando él empezó a hacer girar de nuevo dos de los tres sables que le quedaban en sus manos. Planteé mi hoja y me inmiscuí en la Fuerza como nunca antes lo había hecho. Mi sable solo era un borrón cuando luché por defenderme de los ataques viciosos del General.
Tropecé cuando un temblor poderoso de Fuerza atravesó mi cuerpo, por solo un instante, como el sentido de Oscuridad y desesperación me golpeó como una Onda intensa de energía. A pesar de estos sentimientos giré mi hoja hacia delante para bloquear el ataque que me había lanzado con todas su potencia ajeno a lo que sucedía en la Fuerza. La fuerza combinada del golpe del General y el temblor Oscuro en la Fuerza fue demasiado para mi y tropecé hacia atrás y no advertí como el General Grievous preparaba una patada con su pierna cibernética, me dio una patada en mi pecho que sentí como si me lo partiera en pedazos y percibí como volaba contra la pared con una potencia increíble. Grité en el dolor cuando golpeé la pared detrás de mí y caí al suelo frío mientras mi sable resonaba contra el piso cerca de mí. Me esforcé en tratar de respirar de nuevo cuando me senté en el piso mientras Grievous se acercaba a mí y estaba de pie ante mí con los tres sables zumbando levemente.
- Yo les prometí una muerte dolorosa Jedi, y tu amiga ya debe estar muerta porque distinguí como soldados clones llegaban a ayudarnos si es que no la han matado antes – Grievous dijo cuando me miraba – Y yo pienso… – levantó el arma de unos de sus brazos por encima de su cabeza - …mantener esa promesa – Comencé a sentir desesperación que empezó a alcanzarme pero no lo permití, Lyra necesitaba mi ayuda y mis ojos enfocaron en el cinturón del General donde tenía una pistola blaster en una funda en su cintura. Concentrándome en la Fuerza con toda mi energía estiré mi mano al General y el miró a su cintura para ver justo como su pistola blaster salió de su funda y voló a mi mano extendida. Al tenerla en mis manos le quité el seguro y disparé apuntando a la parte media donde sus órganos internos estaban escasamente protegidos. Disparé tres veces y el chilló en el dolor.
Mi mano estaba agitada cuando bajé la pistola despacio mientras con ayuda de la Fuerza y una respiración larga intenté calmarme. Todavía podía sentir la energía oscura a través de la Fuerza y sentía como si me hubiera rasgado con la hoja caliente de un sable de Luz y mis instintos dijeron o más bien gritaron que eso no era bueno y supe que cualquier cosa que hubiera ocurrido era grande lo que me preocupó enormemente.
Miré a través del humo y chispas que llenaron el cuarto delante de mí; el cuerpo del General estaba en el piso cerca de mí, sus miembros cibernéticos largos que tiran bruscamente erráticamente todavía. Hice muecas al ver eso y con mi brazo me ayudé del panel de instrumentos para incorporarme despacio del suelo duro y frío. Extendí mi brazo me froté el otro adolorido todavía del impacto contra la pared. Cautelosamente caminé hacia el humo que llenó el lugar donde Grievous había caído y miraba abajo hacia el cadáver del General que todavía salía humo de su cuerpo humano-mecánico. Froté mi brazo calladamente y el brazo de Grievous tembló bruscamente pero no me alarmé ya que sabía que la parte orgánica de Grievous estaba muerta y que su parte mecánica no le faltaba mucho para seguir su camino.
Suspiré, levanté el blaster de nuevo, miré la cara de Grievous con desprecio y tiré el blaster al pecho del General. Miré los sables de Luz apagados cerca del cadáver. El mató a esos Jedi pensé y sonreí a la justicia poética en el hecho que el asesino había muerto con su propia arma. Usando la Fuerza atraje los tres sables de Luz hacia mí y los guardé en mi cinturón. No iba a permitir que cayeran en malas manos. Miré por última vez el cadáver de Grievous y dije:
- Perdóneme por defraudarlo y por no darme una muerte dolorosa, pero esto no le pertenece – Salí corriendo en dirección del combate de Lyra pero encontré nuestra montura y los soldados clon me rodearon. Yo les dije:
- Todo a acabado, Grievous ha sido vencido. Ahora voy en búsqueda de mi amiga – los soldados asintieron y subí en la montura y rodeé el lago y subí por una mini cuesta para mirar desde allí mejor y usar la Fuerza para llamarla. Iba llegando cuando asombrado vi disparos láser y al girar advertí a los soldados disparándome con fiereza. Uno de esos disparos le dio en la cabeza y cuerpo a mi montura mientras me protegió de los disparos y caímos al vacío. Al caer al agua saqué el respirador de mi cinturón y me alejé hasta llegar a un acantilado, un par de minutos después saqué la cabeza por fin sonriendo al despiste de los soldados clones.
Estaba saliendo de lago seguramente mientras decía a través de la Fuerza Gracias amiga, descansa en paz. Cuando por fin salí del lago noté un Infiltrador Sith que salió del Hangar al otro lado del lago. Me inmiscuí con el piloto y descubrí aterrado que uno era la energía de Lyra tan conocida para mí junto a otra rara porque parpadeaba de odio a paz. Grité aterrado.
- ¡¡LYRA!!
Cerré mis ojos y suspiré tratando de controlar mi miedo y tomé otra larga cuando sentí otra onda oscura surgir a través de la Fuerza que fluía a través de mi. Hasta hora sabía que los clones nos habían traicionado tal y como el Maestro Yoda había predicho. Sume uno y uno… el Sith era el mismísimo Canciller Palpatine. Tenía que salir de aquí y avisar al Concilio por lo que había pensando y por saber que diablos estaba sucediendo mientras iba en busca de una nave para huir.
--------------------------------------------
Mace Windu estaba parado en el oscurecido centro de comunicaciones del Mando Jedi, ante una holoimagen de Yoda a tamaño natural proyectada desde un centro de comunicaciones Wookiee oculto en el corazón de un árbol Wroshyr, en Kashyyyk.
- Hace unos minutos - dijo Mace - recibimos la confirmación de Utapau. Kenobi ha tenido éxito. Grievous ha muerto.
- Hora de ejecutar nuestro plan es -
- Comunicaré personalmente la noticia de la muerte de Grievous - Mace flexionó las manos - El Canciller tendrá que devolver al Senado sus poderes de estado de emergencia.
- La existencia de Sidious no olvides. Prever tus actos él podría. Maestros serán necesarios si al Señor de los Sith debes enfrentarte. -
- He elegido a cuatro de los mejores. El Maestro Tiin, el Maestro Kolar y el Maestro Fisto están aquí, en el Templo. Ya se están preparando.
- ¿Qué hay de Skywalker? ¿El Elegido? -
- Demasiado arriesgado - replicó Mace. - Yo seré el cuarto -
- En vela demasiado tiempo has pasado, mi anterior padawan - dijo Yoda, apretando lentamente los labios y asintiendo aún más lentamente. - Descansar debes. -
- Lo haré, Maestro. Cuando la República vuelva a estar a salvo. Una última pregunta Maestro, Kai mi amigo y mentor a la vez -
- Preocupado por él estoy al igual que Lyra que con él estaba - Mace asintió preocupado pero incorporándose dijo - Sólo esperamos tu voto -
- Muy bien, pues. Mi voto tienes. Que la Fuerza te acompañe. -
- Y a ti, Maestro. – Pero se lo dijo al aire vacío. La holoimagen ya había desaparecido. Mace bajó la cabeza y permaneció parado en la oscuridad y el silencio. La puerta del centro de comunicaciones se abrió de golpe, derramando luminosidad amarilla en la penumbra y definiendo la silueta de un hombre medio derrumbado contra el marco.
- Maestro... - la voz era un susurro ronco - ¿Maestro Windu...? -
- ¿Skywalker? - Mace estuvo a su lado en un instante -. ¿Qué pasa? ¿Estás herido? -Anakin se aferró al brazo de Mace con fuerza desesperada y lo usó como muleta para incorporarse.
- Obi-Wan, Lyra... - dijo débilmente - Necesito hablar con ellos… -
- Obi-Wan y Lyra está en Utapau, ha matado al general Grievous. Íbamos a salir para decírselo al Canciller y vigilar que abandone el cargo como prometió... -
- Que abandone... - la voz de Anakin tenía un tono amargo. - No tiene ni idea... -
- ¿Anakin...? ¿Qué te pasa? -
- Escúcheme... Tiene que escucharme... - Anakin se derrumbó contra él, temblando. Mace rodeó al joven Jedi con el brazo y lo condujo hasta el asiento más cercano. - No puede... Por favor, Maestro Windu, déme su palabra, prométame que será un arresto, prométame que no le harán daño... -
- Skywalker... Anakin. Tienes que procurar responderme. ¿Te han atacado? ¿Estás herido? ¡Tienes que decirme lo que pasa! - Anakin se derrumbó hacia delante, ocultando el rostro en las manos. Mace buscó en la Fuerza, abriendo los ojos de su don de percepción especial...Lo que vio le heló la sangre en las venas. La enmarañada red de líneas de fractura que había visto en la Fuerza, conectando a Anakin con Obi-Wan, Lyra y con Palpatine, había desaparecido. En su lugar había un único nudo de tela de araña que cantaba con poder suficiente para partir el planeta en dos. Anakin Skywalker ya no tenía puntos de ruptura. Era un punto de ruptura.
El punto de ruptura.
Todo dependía de él.
Todo.
Mace habló despacio, con el mismo cuidado deliberado que utilizaría al examinar una clase desconocida de bomba con poder para destruir el mismo universo.
- Anakin, mírame. -
Skywalker alzó la cabeza.
- ¿Estás herido? ¿Necesitas...? -
Mace frunció el ceño. Los ojos del joven estaban enrojecidos e inyectados en sangre, y su rostro parecía hinchado. Por un largo rato no supo si Anakin le respondería, si podría responderle, ni siquiera si podría hablar. El joven Jedi parecía forcejear con algo en su interior, como si luchase desesperadamente contra el nacimiento de un monstruo que se incubaba en su pecho. Pero en la Fuerza no había un "como" ni un "parecía". En la Fuerza, Mace pudo sentir al monstruo que se escondía dentro de Anakin Skywalker, un monstruo real, demasiado real, que lo estaba consumiendo desde dentro.
El miedo.
Ésa era la herida que había recibido Anakin. Ése era el daño que le hacía temblar, tartamudear y estar demasiado débil para seguir en pie. Un miedo negro que había eclosionado dentro del cerebro del joven como si fuera un enjambre de avispas de la fiebre, y que le estaba matando. Por fin, tras lo que pareció una eternidad, Anakin abrió los ojos inyectados en sangre.
- Maestro Windu... - dijo despacio, dolorosamente, como si cada palabra le arrancara un pedazo de carne - Tengo... malas noticias. -
Mace se le quedó mirando.
- ¿Malas noticias? - repitió, inexpresivo.
¿Qué noticias podían ser tan malas como para que se desmoronase un Jedi como Anakin Skywalker? ¿Qué noticias podían hacer que Anakin Skywalker pareciera como si las estrellas se hubieran apagado? .Y entonces, en nueve simples palabras, Anakin se lo dijo.
------------------------------
Éste es el momento que define a Mace Windu.
No las incontables victorias en combate, ni las innumerables batallas que ha evitado su diplomacia. No su agudo intelecto, su talento con la Fuerza ni su pericia sin parangón con el sable láser. No su dedicación a la Orden Jedi o su devoción por la República a la que sirve.
Sino esto.
Aquí.
Ahora.
Porque Mace también tiene un apego. Mace tiene un amor secreto. Mace Windu ama la República. Muchos de sus estudiantes lo citan al dirigirse a sus propios estudiantes: "Los Jedi no luchan por la paz. Eso sólo es un eslogan, y es tan engañoso como cualquier eslogan. Los Jedi luchan por la civilización, porque sólo la civilización crea la paz." Para Mace Windu, a lo largo de toda su vida, de todas las vidas de mil años de Jedi anteriores a él, la verdadera civilización sólo tiene un nombre: la República.
Ha entregado su vida al servicio de su amor. Sirviéndolo, ha tomado y perdido vidas de inocentes. Ha visto seres que le importaban mutilados y asesinados, y a veces algo peor. A veces tan destrozados por el horror de su lucha que su única reacción era cometer horrores aún mayores. Y es por ese amor por lo que, ahora, aquí, en este instante, las nueve palabras que le dice Anakin Skywalker le desgarran el corazón, queman sus pedazos y le dan de comer sus humeantes cenizas.
- Palpatine es Sidious. El Canciller es el Señor Sith. -
No llega a oír las palabras, la verdad es que no. Su verdadero significado es demasiado grande para que su mente pueda asimilarlo en su totalidad.
Significan que todo lo que ha hecho, y todo lo que le han hecho...
Que todo lo que ha logrado la Orden, todo lo que ha sufrido...
Todo lo que ha padecido la galaxia, todos los años de sufrimiento y matanza. La muerte de planetas enteros...
Todo ha sido por nada.
Porque todo se hizo para salvar a la República.
Que ya estaba perdida.
Que ya había caído.
Y lo único que había defendido su cadáver fue una Orden Jedi que ahora estaba bajo el mando de un Señor Oscuro de los Sith. Toda la existencia de Mace Windu se había convertido en un cristal tan asaeteado de fallas que el martillo de esas nueve palabras lo habían reducido a polvo. Pero, dado que es Mace Windu, encaja el golpe sin cambiar de expresión. Y porque es Mace Windu, un segundo después, el hombre de arena vuelve a ser de piedra, puro Maestro Jedi, sopesando fríamente el riesgo de enfrentarse sin el Elegido al último Señor Oscuro de los Sith...
Ante el riesgo de enfrentarse al último Señor Oscuro de los Sith con un Elegido consumido por el miedo. Y porque es Mace Windu, esa elección no es tal.
- Anakin, espera en la Cámara del Consejo hasta que volvamos. -
- ¿Qu... qué? Maestro... -
- Es una orden, Anakin. -
- Pero..., pero..., pero el Canciller - dijo Anakin desesperadamente, aferrándose a la mano del Maestro Jedi. - ¿Qué va a hacer? -
Y Mace Windu, incluso ahora, da su verdadera medida y sigue diciendo la verdad al responder:
- Sólo lo que tenga que hacer. -
-----------------------------------------------
Dos Maestros Jedi se encuentran en el espacio virtual de la HoloRed. Uno es anciano, pequeño, con piel verde y una vieja sabiduría en los ojos, y está en una cueva de Kashyyyk practicada en el tronco de un enorme árbol wroshyr; el otro es alto y feroz, y se sienta ante un holodisco en el Templo Jedi de Coruscant. El uno para el otro son fantasmas azules, nacidos a la existencia en un holograma láser. Pese a estar a años luz de distancia, tienen un mismo pensamiento; ya no importa quién diga qué.
Ahora conocen la verdad.
Hace más de una década que la República está en manos de los Sith.
Ahora, juntos, de fantasma azul a fantasma azul, deciden recuperarla.
