Chapter 3
Apocalipsis de la Orden Jedi
La oscuridad es generosa, y es paciente, y siempre gana.
Siempre gana porque está en todas partes.
Está en la madera que arde en tu chimenea, y en la tetera que tienes al fuego; está bajo tu silla y bajo tu mesa, y bajo las sábanas de tu cama. Cuando caminas a mediodía, la oscuridad te acompaña pegada a la planta de tus pies.
La luz más brillante proyecta la sombra más oscura.
POV Normal
Coruscant
El Canciller Palpatine se giró despacio de su silla, las yemas de sus dedos se movieron como si esperara a alguien. El oyó como delante de él se abrieron las puertas de las cámaras privadas del Canciller. El miró silenciosamente como Mace Windu abrías las puertas de su despacho a dos manos y entró al despacho hacia él. Tres Maestros Jedi entraron tras él.
- Maestro Windu – Palpatine dijo serio mientras girando su silla completamente para enfrentar su despacho y a sus visitantes – ¿A que debo el honor de esta visita aunque la entrada fue algo ruda? -
- Yo creo que sabe por que estamos aquí Canciller – dijo Mace cuando se detuvo en el centro del despacho y lo miró fríamente como los otros miembros del Concilio se separaron entre sí al lado de Mace y se detuvieron mirando al Canciller cautelosamente.
- Creo que tengo algo de desventaja – Palpatine dijo mirando a los Jedi que estaban de pie ante él que lo miraban fríamente. Mace acercó su mano a su cinturón y sacó un minidisco de datos, pequeño y transparente y lo sostuvo ante la mirada seria del Canciller.
- Quizás esto le traiga un fin a su confusión, Canciller -
Y entonces le tiró el disco directamente encima del escritorio del Canciller…
- Lo encontramos bastante interesante y es hecho hace poco tiempo - Mace dijo mirando cautelosamente al Canciller quien recogió el disco y lo miraba curiosamente
- Estoy bastante seguro que quiere verlo también - Mace continuó mientras gesticulaba hacia el reproductor que el Canciller poseía en su escritorio. Palpatine miró a Mace durante un rato largo para luego darse un leve giro en su silla y puso el disco en el agujero que poseía el reproductor y apretó el interruptor para encenderlo. Miró en el silencio como el disco cargó y entonces la pantalla del reproductor comenzó a verse.
Mace Windu y sus compañeros miraron en un silencio nervioso al Canciller mientras este miraba la grabación en mutismo mientras mirando asombrados como Kai habría conseguido hacer esa grabación mientras Windu hacia una mueca ancha imperceptible para sus demás compañeros Jedi orgulloso de ser amigo de ese muchacho a quien quería como un hijo.
El Maestro Saesee Tiin por fin comprendió el sacrificio que nunca había entendido del muchacho al aliarse con la Oscuridad. En ese momento lamentó más que nunca sus palabras hacia él al tratarlo como un traidor pero él sabía lo que hacia. Sus palabras resonaron en su mente
- Sin sacrificio no hay victoria – u otra cuando dijo – Si sucumbo al lado Oscuro por favor que Maestro Yoda, Sanome o Kenobi me maten sin compasión pero mi trabajo estará hecho. Descubriré la identidad del Lord Sith que controla el senado y quien mató a la que podría llamar madre… a Corelle Sanome -
Kit Fisto miró la cara de Palpatine con interés y vio como la expresión del Canciller creció oscura y terrible como la figura ante su pantalla se giraba al puesto donde se sentaba y se quitaba su capucha mientras terminaba de torturar a su aprendiz Dooku mientras su mas nuevo aprendiz Blade miraba sonriendo afectadamente a la tortura durante el fallido plan de asesinato del Maestro Kenobi, Lyra y el Jedi Skywalker en Genosis. Kai Fénix el mejor en la Orden para proteger su mente en los ataques de Fuerza con ingeniosas artimañas de protección. Pero no podía ver el rostro del Sith porque no podía verlo directamente si no que la cámara oculta si lo hizo.
El Canciller Palpatine extendió su mano y apretó el botón de la consola pausando la grabación mientras congelando la imagen frente a él. El se sentó inmóvil durante varios y angustiosos segundos mientras miraba su propia imagen que lo miraba de la grabación. Los miembros del Concilio lo vieron suspirar y decir:
- Bien - Palpatine dijo, cuando él puso sus manos en su escritorio y se ponía de pie de su silla. – Creo que han encontrado la evidencia bastante reveladora, Maestros - cuando él los miraba los Jedi vieron como los ojos del Canciller se volvían amarillos y miró fijamente el Jedi fríamente delante de él.
- Su secreto se ha revelado Maestro Sidious – Mace Windu dijo rotundamente mientras agradecía a los cielos el sacrificio de Kai (ahora en paradero desconocido). Se concentró en el Sith ante él y terminó – Darth Sidious ya no se puede esconder detrás de su escritorio.
El Canciller Palpatine los miró fríamente por harto rato y miró como los Maestros Jedi ponían sus manos en sus caderas entre sus túnicas mientras echándolas atrás revelando sus Sables de Luz. El Canciller dijo:
- Primero ustedes y después me aseguraré de que ese Jedi muera a mis manos -
- No creo que pueda Canciller. Usted está bajo arresto – dijo Agen Kolar
- Ríndase ahora a nosotros, pacíficamente – Kit Fisto dijo, cuando él movió su propia capa, el puño de su arma que enciende una luz en el despacho – Para evitar cualquier derramamiento de sangre extenso, y traer esta guerra a un fin. -
- Yo veo – dijo Palpatine cuando el salió de su escritorio y estaba de pie en silencio a cuatro pasos de los Maestros Jedi. Palpatine continuó – Este juicio ya ha sido aprobado por el Consejo entero -
- Así es Maestro Sidious – dijo Saesee Tiin e hizo una pausa para continuar - Nosotros hemos obtenido la prueba que nosotros necesitamos en esta materia, Canciller. Todos lo que nosotros requerimos ahora son su admisión a estos crímenes, y su rendición. -
- Muy bien. Ahora le demostraré la prueba final. Maestro Tiin, usted es telépata. ¿Qué estoy pensando ahora? - Tiin frunció el ceño y ladeó la cabeza, bajando su arma varios centímetros. De pronto una mancha roja saltó de detrás del escritorio…
La cabeza de Saesee Tiin rebotó al tocar el suelo. El humo se enroscaba al alzarse de su cuello y de los muñones de sus cuernos, cortados justo debajo de la barbilla.
- ¡Saesee! – exclamó Kit Fisto
El cuerpo sin cabeza, aún de pie, se retorció cuando sus rodillas cedieron y cayó al piso con un gran estruendo. De la nada Palpatine desapareció como por encanto y….
- No me... - dijo Agen Kolar tambaleándose.
Su hoja esmeralda se encogió hasta desaparecer, y el mango cayó de sus dedos flojos. Un pequeño y limpio agujero en medio de su frente desprendía humo, mostrando luz procedente de su nuca.
- ... duele... -
Cayó hacia delante, de cara, y yació inmóvil.
Palpatine se paró ante el umbral, pero no abrió la puerta. De su mano derecha brillaba un destello rojo de un sable de luz Sith.
Se llevó un dedo a los labios, y, sorprendentemente, guiñó un ojo.
En el siguiente segundo, durante el cual Mace Windu y Kit Fisto sólo pudieron inclinar los sables láser hasta la posición de guardia, Palpatine pasó rápidamente sobre los cuerpos, volvió a su escritorio, invirtió la hoja y la hundió en su escritorio con un golpe rápido y quirúrgicamente preciso.
- Acabemos ya con esto. -
El sable láser se abrió paso por la parte delantera de la mesa, y él se volvió, alzando su arma. Parecía estudiarla como quien estudia el rostro de un amigo al que hace mucho tiempo que se cree muerto. El poder se acumuló a su alrededor hasta que la Fuerza resplandeció de oscuridad.
- Si tan sólo supierais - dijo en voz baja; quizás hablando a los Maestros Jedi, quizás a sí mismo o quizás a la hoja escarlata ahora levantada en un saludo burlón— cuánto tiempo he esperado por esto...
Mace Windu vio un vislumbre de ojos amarillos como Sidious se dio vuelta rápidamente, mientras estirando fuera su brazo izquierdo hacia ellos, como una saeta enorme de relámpago de Fuerza surgió de las yemas de sus dedos extendidos y amplió por el cuarto hacia ellos, mientras iluminando el cuarto enorme con una luz azul deslumbrante. Mace Windu y Kit Fisto alzaron sus manos y pararon el ataque de Fuerza con sus Sables y después de eso ambos Maestros Jedi se lanzaron contra el Señor del Sith.
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En el Infiltrador Sith
Kai Fénix y Lyra Sanome estaban descansando mientras viajaban por el Hiperespacio hacia Coruscant. De pronto ambos despertaron de golpe aterrados. Lyra y Kai se incorporaron de un salto y Kai iba a mirar la carlinga del piloto cuando Lyra se detuvo, de repente, como una onda poderosa de oscuridad los golpeó como un relámpago; ella tropezó mientras extendiendo su mano instintivamente hacia la pared del Infiltrador al lado de ella, cuando apretó sus ojos bien cerrados y cogió su frente con su mano izquierda.
Kai también sintió la Onda Oscura que surgió a través de la Fuerza como Lyra hizo. Kai tomó un largo y muy profundo suspiro mientras cogiéndose de la mesita de la mini sala de la nave mientras la energía los golpeaba. Se adelantó al ver a Lyra volver a tropezar y miró a Kai y ambos tuvieron el presentimiento de algo grave había ocurrido. Lyra tropezó por tercera vez y cayó de rodillas en el piso metálico de la nave de Kai gimiendo y dando boqueadas tratando de calmarse y controlar su respiración errática. Kai estaba peor, había quedado sentado en el piso mientras tosía y temblaba mientras trataba de recomponerse. A los pocos minutos Lyra se recompuso lo suficiente para ayudar a Kai quien todavía temblaba y tosía descontroladamente. Ella se acercó a Kai mientras ponía una mano en su hombro y extendió una mano a la Fuerza que fluyó a través del cuerpo de su nuevo amigo. Ojala no lo hubiera echo porque una segunda oleada con incluso más intensidad de lo que ella había sentido al comienzo. Lyra cerró sus ojos y un escalofrío paso por su cuerpo al sentir una onda aplastante de puro y desenfrenado mal.
- Kai – dijo Lyra mirando al joven
- ¿De que te das cuenta? -
- Yo no estoy seguro Maestra – Kai respondió con sus ojos fuertemente cerrados cuando el respiró con dificultad – Algo terrible – él dijo cuando el gimió de nuevo y Lyra podría oír el rechinamiento de sus dientes al fijar su mandíbula con potencia.
Lyra miró como el rostro de Kai estaba contraído por el dolor y la angustia y Lyra casi llora al ver una agonía profunda en su cara cuando el se daba cuenta de la Onda terrible que fluyó a través de la Fuerza viviente con más precisión que ella.
- Algo terrible está pasando Maestra – Kai dijo débilmente cuando Lyra lo miraba preocupada.
- Tenemos que llegar a Coruscant ya – Kai dijo cuando él miraba a la muchacha que quería como una hermana y cerró sus ojos de nuevo – Algo terrible está pasando - susurró
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Mace Windu se esforzó en ponerse de pie, al mismo tiempo como Sidious giró su sable con fiereza sobre Kit Fisto. Mace había sido lanzado con un empujón de Fuerza de parte del Sith cuando lo atacaba desde el aire. Ya de pie se quitó de encima el entorpecimiento del ataque del Sith cuando él miró como Fisto giraba su arma ferozmente cuando él bloqueaba los ataques que Sidious liberó en él. El bajó su sable y con un elegante giro a su izquierda mientras alzando de nuevo el sable para defenderse de un ataque que Sidious le tiraba a la parte superior de su cabeza.
Sidious puso la hoja en posición defensiva con una facilidad pasmosa mientras Mace se lanzaba al ataque pero fue recibido por un relámpago de Fuerza que lo mandó contra el escritorio del Canciller. Fisto miró aterrado como su amigo era lanzado hacia el escritorio por el relámpago que golpeó su pecho. Sidious aprovechó ese momento de distracción y con una velocidad y agilidad que nadie había visto en la vida (excepto en Kai y Lyra pensó Mace mientras trataba de ponerse de pie) atacó a Fisto bajando el arma con un terrible manodoble.
Fisto solo vio unos ojos amarillos cuando el se esforzó en bloquear ese ataque para protegerse.
- ¡NOOOOOO! – Mace gritó cuando él corrió hacia su amigo mientras Sidious conectaba su golpe en la cintura de Fisto. Sidious se retiró un paso para no tocar al Jedi que se derrumbaba al piso partido por la mitad.
- Qué poética muerto como Darth Maul. Ahora faltas tu Maestro Windu - Darth Sidious dijo mientras mirando a Mace con sus ojos amarillos y riéndose burlonamente del Maestro Jedi – Yo esperé más de usted – miró los cadáveres de los Maestros Jedi y replicó – y sus socios -
Sidious arremetió a él, mientras girando su hoja furiosamente; Mace planteó su hoja, la hoja carmesí de Sidious hizo contacto con la suya y unas chispas salieron de ambas armas que trataban de anular a la otra. Mace Windu luchó a mucho enemigos durante años pero ninguno había demostrado ser tan mortal como con el que estaba combatiendo ahora. El fue la última esperanza de acabar a este loco que tenía un poder increíble que surgió del Lado Oscuro. Mace giró su arma tan fuerte como el pudo pero Sidious paró la hoja púrpura con la suya propia sin esfuerzo. Sidious soltó una risa.
- El Conde Dooku tenía razón -
- En que – replicó Windu
- El me dijo que los Jedi se habían puesto débiles – contestó Sidious riéndose
- Nosotros veremos como débiles nos hemos puesto – Mace dijo con un suspiro. No esperaba usar este tipo de truco pero no tenía otra opción. Cada giro de su hoja y cada chasquido relampagueante era un golpe en defensa de la democracia, de la justicia y la paz, de los derechos de los seres corrientes a vivir su vida a su modo.
Más que por su vida. Luchaba por la República que amaba.
El vaapad, séptima forma del combate con sable láser, toma su nombre de un depredador notablemente peligroso nativo de las lunas de Saraphim. El vaapad ataca a su presa con latigazos de sus tentáculos segadoramente rápidos. La mayoría tienen al menos siete, y no es raro que lleguen a tener hasta doce. El más grande que se ha llegado a cazar llegó a tener veintitrés. Nunca se sabe cuántos tentáculos tiene un vaapad hasta que muere; se mueven demasiado deprisa para poder contarlos. Casi demasiado rápidos para ser vistos.
Y así se movía la hoja de Mace.
El vaapad es tan agresivo y poderoso como su nombre indica, pero es un poder que se obtiene con gran riesgo, pues la inmersión en el vaapad abre las compuertas que contienen la oscuridad interior de cada uno. El Jedi que utiliza el vaapad debe permitirse disfrutar de la lucha, debe entregarle a la emoción de la batalla, a la excitación de la victoria. El vaapad es un camino que pasa por la penumbra del Lado Oscuro.
Mace Windu creó este estilo, y él se lo había enseñando a su amigo Kai Fénix. Ambos eran los dos Jedi vivos que sabían usar esta técnica
Ésta es la prueba definitiva del vaapad.
En ese momento Anakin Skywalker apareció en la entrada de los aposentos del Canciller agitado por el viaje y la carrera desde el Templo Jedi. Anakin parpadeó y volvió a frotarse los ojos. Puede que aún estuviera algo cegado por los fogonazos, ya que el Maestro Korun parecía aparecer y desaparecer, medio devorado por una neblina negra progresivamente espesa en la que bailaba una barra de fuego de un metro de largo. Mace hacía retroceder la oscuridad con paso firme e incesante. Su hoja, ese distintivo brillo amatista que había sido la última visión de tantos seres malvados en toda la galaxia, creaba una neblina propia, una esfera achatada de fuego púrpura en cuyo interior parecía haber docenas de espadas cortando en todas direcciones a la vez.
La sombra contra la que luchaba..., ese borrón de velocidad..., ¿podía ser Palpatine?
Sus hojas brillaron y destellaron, entrechocándose con estallidos de fuego, tejiendo redes de energía letal en intercambios tan rápidos que Anakin no podía verlos...
Pero podía sentirlos en la Fuerza.
La misma Fuerza se agitaba, estallaba y se estrellaba a su alrededor, hirviendo con poder y salpicando de resolución letal a la velocidad de la luz. Y se estaba oscureciendo.
Anakin podía sentir cómo la Fuerza se alimentaba de la exaltación asesina de la sombra. Podía sentir cómo la furia salpicaba en la Fuerza como si algún absceso venenoso hubiera florecido en el corazón de ambos contendientes.
Aquí no había contención Jedi alguna.
Mace Windu estaba desencadenado.
Mace estaba sumido en lo más profundo de su ser, sumergido en el vaapad, tragado por él, dejando de existir como ser independiente.
El vaapad es un canal para la oscuridad, y esa oscuridad fluía en ambos sentidos. Aceptaba la furiosa velocidad del Señor Sith, atrayendo la rabia y el poder de la sombra hasta su centro más interno...
Y la expulsaba fuera.
Devolvía la furia a su fuente como un sable láser redirige un disparo láser.
Hubo un tiempo en que Mace Windu temió el poder de la oscuridad, un tiempo en que temió la oscuridad de su interior. Pero las Guerras Clon le habían dado el don de la comprensión. En un mundo llamado Haruun Kal se enfrentó a su propia oscuridad, y aprendió que no debe temerse el poder de la oscuridad.
Había aprendido que lo que da poder a la oscuridad es el miedo. No estaba asustado. La oscuridad no tenía poder sobre él. Pero...
Tampoco él tenía poder sobre ella.
El vaapad lo convertía en un canal abierto, en la mitad de un bucle superconductor que acababa completando la sombra, y los dos se convirtieron en una oleada de batalla que se expandió hasta llenar cada centímetro cúbico del despacho del Canciller. No había pedazo de alfombra ni retazo de silla que no pudiera quedar desintegrado en cualquier momento, convertido en llamaradas rojas o púrpuras. Las pantallas de las lámparas se convertían en breves escudos cortados en pedazos que giraban en el aire; los sofás se convertían en terreno que debía treparse para buscar ventaja, o saltarse en retirada. Pero sólo había un ciclo de poder, un bucle interminable en el que ninguno de los bandos recibía una herida, en el que no cabía ni la posibilidad de la fatiga.
Eran tablas.
Que podrían haberse prolongado eternamente si el vaapad hubiera sido el único don de Mace. Ahora, la lucha no requería esfuerzo para él. Dejaba que su cuerpo se ocupara de ella sin que su mente interviniese. Mientras su hoja giraba y chasqueaba, mientras sus pies se deslizaban, su peso se desplazaba y sus hombros se movían por su cuenta en precisas curvas, su mente se deslizaba a lo largo del circuito de poder oscuro, remontándose hasta su ilimitada fuente.
Buscando puntos de ruptura.
Encontró un conjunto de líneas de fractura en el futuro de la sombra, eligió la mayor de ellas y la siguió hasta el aquí y el ahora...
Y, asombrosamente, le llevó hasta un hombre parado ante la puerta agujereada durante la lucha. Mace no necesitaba mirar, su presencia en la Fuerza le resultaba familiar, y tan reconfortante como la luz del sol rompiendo a través de una nube de tormenta.
El Elegido estaba aquí.
Mace se desenganchó de la hoja de la sombra, saltó hacia la ventana y cortó el transpariacero de la misma con una sola floritura. Esa distracción momentánea le costó cara: un oscuro empujón en la Fuerza estuvo a punto de arrojarlo por la abertura que acababa de abrir. Sólo un desesperado empujón propio en la Fuerza alteró el embate lo bastante como para hacerle caer contra un montante de la ventana, en vez de zambullirse a lo largo de medio kilómetro de aire, más allá de la cornisa. Se puso en pie de un salto, y la Fuerza le despejó la mente. Y otra vez volvió a sumirse en el vaapad.
Podía sentir acercarse el final de la batalla, como también lo sentía el borrón de Sith al que se enfrentaba. En la Fuerza, la sombra se había convertido en un pulsar de miedo. Con facilidad, casi sin esfuerzo, convirtió el miedo de la sombra en un arma, desviando el combate para que los dos acabaran moviéndose hasta la cornisa de la ventana. Hasta el viento. Hasta los relámpagos. Hasta la cornisa resbaladiza por la lluvia, a medio kilómetro del suelo. Hasta donde el miedo de la sombra le hizo titubear. Hasta donde el miedo de la sombra convertía parte de su velocidad en un asidero en la Fuerza al permeocemento resbaladizo.
Hasta donde Mace pudiera mover su hoja en un arco preciso y cortar por la mitad el sable láser de la sombra. Un pedazo giró de vuelta por el agujero de la ventana. El otro cayó de unos dedos que se abrieron, rebotó en la cornisa y se hundió en la lluvia, hacia los distantes callejones de abajo. Ahora, la sombra sólo era Palpatine: viejo, con el escaso cabello cuidado y emblanquecido por los años y con el rostro marcado por el agotamiento.
- Pese a todo su poder, no es ningún Jedi. Usted sólo es, señor - dijo Mace con firmeza, mirando más allá de su hoja - un hombre arrestado.
- ¿Lo ves, Anakin? ¿Lo ves? - la voz de Palpatine volvió a tener la rota armonía de un viejo asustado - ¿No te avisé contra los Jedi y la traición que planeaban? -
- Guárdese sus palabras engañosas, señor. Aquí no hay ningún político. Los Sith nunca recuperarán el control de la República. Se acabó. Ha perdido - Mace enderezó su arma –
Ha perdido por el mismo motivo por el que siempre pierden los Sith: derrotado por su propio miedo.
Palpatine alzó la cabeza.
Sus ojos humeaban de odio.
- Idiota - dijo.
Alzó los brazos, y la túnica de su cargo ondeó, abriéndose como alas de raptor. Sus manos parecían garras.
- ¡Idiota! - su voz era un trueno - ¿Crees que el miedo que sientes es mío? -
Rayos brotaban de las nubes en las alturas, y de las manos de Palpatine, y Mace no tuvo tiempo de comprender lo que quería decir Palpatine, sólo pudo volver a sumirse en el vaapad e inclinar su hoja para capturar los quebrados arcos de puro y deslumbrante odio que se precipitaban hacia él.
Porque el vaapad es algo más que un estilo de lucha; es un estado mental, un canal para la oscuridad. El poder pasó hasta él y volvió a salir sin tocarlo.
Y el circuito se cerró, devolviendo el rayo a su fuente.
Palpatine se tambaleó, profiriendo un rugido, pero la restallante energía que brotaba de sus manos sólo se intensificó.
Alimentaba el poder con su dolor.
- ¡Anakin! - llamó Mace. Su voz sonaba distante, borrosa, como procedente del fondo de un pozo. - ¡Anakin, ayúdame! ¡Es tu oportunidad!
Mace sintió que Anakin saltaba hasta la cornisa desde el suelo del despacho, y notó que se acercaba por detrás de él...
Y Palpatine no tenía miedo.
Mace podía sentirlo; no estaba preocupado.
- Mata al traidor - dijo el Canciller, alzando la voz por encima del aullido de la retorcida energía que unía sus manos con la hoja de Mace. - Esto nunca fue un arresto. ¡Es un asesinato!
Y entonces, por fin, Mace lo comprendió. Ya lo tenía. La clave de la victoria final. El punto de ruptura de Palpatine. El punto de ruptura absoluto de los Sith.
El punto de ruptura del mismo Lado Oscuro.
Palpatine confía en Anakin Skywalker…pensó Mace, asombrado.
Anakin estaba ya detrás de Mace. Palpatine seguía sin hacer un solo gesto para defenderse de Skywalker. En vez de eso, aumentó los relámpagos que brotaban de sus manos, doblando la fuente de la hoja de Mace en dirección a la cara del Maestro korun.
Los ojos de Palpatine relumbraban de poder, proyectando un brillo amarillo que evaporaba la lluvia que los envolvía.
- Es un traidor, Anakin. Mátalo. -
- Eres el Elegido, Anakin - dijo Mace con voz débil por la tensión. Esto iba más allá del vaapad; ya no le quedaban fuerzas para luchar contra su propio sable láser. - Acaba con él. Es tu destino.
Skywalker repitió la palabra como un débil eco.
- Destino... -
- ¡Ayúdame! ¡No puedo aguantar más! - el brillo amarillo de los ojos de Palpatine se propagó hacia su carne. Su piel fluyó como el aceite, como si el músculo de debajo se estuviera quemando, como si hasta los huesos de su cráneo se estuvieran ablandando, doblando e hinchando, deformados por el calor y la presión de su odio eléctrico. - ¡Me está matando, Anakin...! ¡Por favor, Anaaaahhh...! -
La hoja de Mace se dobló hasta colocarse tan cerca de su cara que el ozono le ahogaba.
- Anakin, es demasiado fuerte para mí... -
- Aaaah... - el rugido de Palpatine, como un gemido de desesperación, se oyó por encima de la incesante descarga de eléctrica.
Los rayos se consumieron solos, dejando atrás la noche, la lluvia y a un anciano caído de rodillas en una cornisa resbaladiza.
- No... puedo. Me rindo. Soy..., soy demasiado débil. Demasiado viejo y demasiado débil. No me mates, Maestro Jedi. Por favor. Me rindo. La victoria inundó el dolorido cuerpo de Mace, que alzó la hoja. - Enfermedad Sith... -
- Espera - dijo Skywalker, cogiendo con una energía nacida de la desesperación el brazo con el que Mace sostenía el sable láser - No lo mates... No puedes matarlo, Maestro... -
- Sí puedo - dijo Mace, serio y seguro. - Tengo que hacerlo. -
- Viniste a arrestarlo. Tiene que ser juzgado... -
- Un juicio sería una broma. Controla los tribunales. Controla el Senado... -
- ¿También piensas matarlos a todos ellos? ¿Como él dijo que harías? Mace liberó el brazo. -
- Es demasiado peligroso para que siga con vida. Si hubieras podido coger vivo a Dooku, ¿lo habrías hecho? -
El rostro de Skywalker se vació de emoción.
- Eso fue diferente... -
Mace se volvió hacia el vencido y lloriqueante Señor Sith.
- Podrás explicarme la diferencia cuando esté muerto. -
Alzó el sable láser.
- ¡Lo necesito vivo! - gritó Skywalker. - ¡Necesito que salve a Padmé! - Mace pensó ausente, ¿Por qué?, ybajó el sable láser hacia el caído Canciller.
Antes de que pudiera asestar el golpe, un repentino arco de plasma azul le cortó la muñeca, y su mano cayó lejos de él, aún empuñando el sable láser. Palpatine volvió a ponerse en pie con un rugido, y los rayos brotaron de las manos del Señor Sith. Y el poder de su odio golpeó de lleno a Mace, que no tenía hoja con la que desviarlo. Había estado tan concentrado en el punto de ruptura de Palpatine que no se le había ocurrido buscar el de Anakin.
Un relámpago negro desintegró su universo.
Y cayó eternamente.
Anakin se arrodilló bajo la lluvia.
Miraba una mano. Una mano de piel marrón. La mano empuñaba un sable láser y tenía un óvalo de tejido chamuscado allí donde debía estar unida a un brazo.
- ¿Qué he hecho? -
¿Era ésa su voz? Debía de serlo, porque la pregunta era suya. - ¿Qué he hecho? -
Otra mano, cálida y humana, se posó suavemente en su hombro.
- ¿Dónde esta el Maestro Yoda? – dijo Sidious
- El está en camino - respondió Anakin todavía mirando la mano y el sable de Mace Windu
- Estás siguiendo tu destino, Anakin - dijo una voz suave y familiar. - Los Jedi son traidores. Has salvado a la República de su vileza. Te das cuenta, ¿verdad? -
- Tenías razón - se oyó decir Anakin. - ¿Por qué no lo supe ver? -
- No podías. Se envolvieron en el engaño, muchacho. Y como temían tu poder, nunca confiaron en ti. -
Anakin miraba la mano, pero ya no la veía.
- Obi-Wan, Lyra... Obi-Wan y Lyra confían en mí... -
- No lo bastante para contarte sus planes. -
La traición reverberó en su memoria.
- ... no es un encargo del que deba haber constancia... -
Esa mano, cálida y humana, dio a su hombro un apretón cálido y humano.
- Yo no temo tu poder, Anakin, lo acepto. Eres el más grande de los Jedi. Puedes ser el más grande de los Sith. Creo en eso, Anakin. Yo creo en ti. Yo confío en ti. Confío en ti. -
Anakin paseó la mirada desde la mano muerta en la cornisa a la viva en su hombro, luego la alzó hasta la cara del hombre parado a su lado. Y lo que vio le ahogó como si un puño invisible le aplastara la garganta. La mano de su hombro era humana.
El rostro... no lo era.
Los ojos eran de un color amarillo y animal, y brillaban como los de un depredador acechando fuera del círculo de una hoguera. El hueso alrededor de esos ojos se había hinchado, fundido y resbalado como duracero derramado por un decantador de fusión, y la carne que lo acolchaba se había trocado en un color gris cadavérico y era áspera como el sintoplástico podrido.
Aturdido por el horror, aturdido por la repugnancia, Anakin no podía apartar la mirada de esa criatura, de esa sombra.
Al mirar al rostro de la oscuridad, vio su futuro.
- Ahora pasa adentro - dijo la oscuridad.
Al cabo de un momento, entró.
Anakin estaba parado dentro del despacho. Inmóvil.
Palpatine examinó en un amplio espejo de pared el daño sufrido por su rostro. Anakin no supo decir si ponía expresión de repugnancia, o si sólo era la nueva forma de sus rasgos. Palpatine alzó una mano hacia el horror informe que ahora veía en el espejo y se limitó a encogerse de hombros.
- De este modo, la máscara se convierte en el hombre - suspiró con un toque de melancólica resignación. - Creo que echaré de menos la cara de Palpatine; pero el rostro de Sidious servirá a nuestros propósitos. Sí, servirá. -
Hizo un gesto, y se abrió un compartimiento oculto en el techo del despacho, encima de su escritorio. Una voluminosa túnica de pesado encaje en negro sobre negro descendió flotando hacia él. Anakin sintió la corriente en la Fuerza que llevó la túnica hasta la mano de Palpatine.
Se recordó a sí mismo manipulando con la Fuerza una fruta shuura, sentado al otro lado de Padmé, en el retiro junto al lago de Naboo. Recordaba como Obi-Wan al verle usar la Fuerza de forma tan trivial lo regañaba. Palpatine pareció oírle el pensamiento y, mientras la túnica se aposentaba en sus hombros, le dirigió una mirada amarilla.
- Debes aprender a deshacerte de las míseras ataduras que los Jedi intentaron imponer a tu poder. Es la hora, Anakin. Necesito que me ayudes a restaurar el orden en la galaxia.
Anakin no respondió.
- Únete a mí - dijo Sidious - Comprométete con los Sith. Conviértete en mi aprendiz. -
Anakin notó un cosquilleo que empezó en su nuca y se propagó por todo su cuerpo, en una onda de choque a cámara lenta.
- No..., no puedo. -
- Claro que puedes. -
Anakin negó con la cabeza y descubrió que el resto de su ser amenazaba con echarse a temblar.
- Yo..., yo vine a salvarle la vida, señor. No a traicionar a mis amigos...
- ¿Qué amigos? - bufó Sidious.
Anakin no supo qué responder.
- ¿Y crees que esa tarea ha concluido ya, muchacho? - Sidious se sentó en una esquina de la mesa, cruzando las manos en su regazo, como hacía siempre que ofrecía consejo paternal a Anakin. La máscara contrahecha que era su rostro transformó la familiaridad del gesto en algo horrible. - ¿Crees que matando a un traidor se acaba con la traición? ¿Crees que los Jedi se detendrán antes de que yo muera?
Anakin se miró las manos. La izquierda le temblaba. La ocultó, llevándosela a la espalda.
- Es ellos o yo, Anakin. Pero quizá deba dejártelo más claro: es ellos o Padmé. -
Anakin formó un puño con su mano derecha, su mano enguantada en negro y hecha de duracero y servomotores.
- Es que... no me resulta... fácil. He sido... He sido un Jedi tanto tiempo... -
Sidious le sonrió.
- Hay un lugar en tu interior, muchacho, un lugar tan limpio como el hielo en la cumbre de una montaña, frío y remoto. Encuentra ese lugar y mira en tu interior. Respira ese aire limpio y helado mientras contemplas tu culpa y tu vergüenza. No las rechaces; obsérvalas. Toma tu horror en tus manos y míralo. Examínalo como si fuera algún fenómeno. Huélelo. Saboréalo. Conócelo como sólo tú puedes conocerlo, pues es tuyo, y es precioso. -
Mientras la sombra que tenía a su lado le hablaba, sus palabras se trocaron verdaderas. Y Anakin pudo examinar y manipular sus emociones desde una distancia remota y congelada que al mismo tiempo era más extravagante y ardientemente íntima de lo que había soñado nunca. Las diseccionó. Volvió a montarlas y a desmontarlas. Seguía sintiéndolas, ya que ardían incluso con más fuerza que antes, pero ya no tenían poder para nublar su mente.
- Lo has encontrado, muchacho. Puedo sentirte allí. En esa fría distancia, esa cumbre en tu interior, que es la primera clave para alcanzar el poder de los Sith.
Anakin abrió los ojos y clavó la mirada en los grotescos rasgos de Darth Sidious.
Ni siquiera pestañeó.
Mientras miraba a esa máscara de corrupción, la repugnancia que sentía era real, y era poderosa, y era...
Interesante.
Anakin alzó la mano de duracero y servomotores y la abrió. Miró a su palma como si en ella estuviera el miedo que le había atormentado toda la vida, y no fuera más grande que la pieza de shuura que una vez robó del plato de Padmé. En la cumbre montañosa de su interior, sopesó la vida de Padmé contra la Orden Jedi.
No había duda.
- Sí - dijo.
- Sí a qué, muchacho. -
- Sí, quiero su conocimiento. -
- Bien. ¡Bien! -
- Quiero su poder. Quiero el poder para vencer a la muerte. -
- Ese poder sólo lo obtuvo mi Maestro, pero lo encontraremos entre los dos. La Fuerza es grande en ti, muchacho. Puedes hacer lo que quieras. -
- Los Jedi te traicionaron. Los Jedi nos traicionaron a los dos. -
- Es como dices. ¿Estás listo? -
- Lo estoy - dijo, y lo decía de verdad. - Me entrego a usted. Me comprometo a seguir el camino de los Sith. Tómeme como su aprendiz. Enséñeme. Guíeme. Sea mi Maestro. -
Sidious se alzó la capucha de la túnica y se la echó sobre la cabeza para ensombrecer la ruina de su rostro.
- Arrodíllate ante mí, Anakin Skywalker. -
Anakin posó una rodilla en el suelo e inclinó la cabeza.
- ¿Es tu voluntad unir por siempre tu destino al de la Orden de los Señores Sith? -
- Sí - dijo sin titubeos.
Darth Sidious posó una pálida mano en la frente de Anakin.
- Entonces, está hecho. Ahora eres uno con la Orden de los Señores Oscuros de los Sith. A partir de este día, la verdad de tu ser, aprendiz mío, será, ahora y por siempre, Darth...
Una pausa; una interrogación en la Fuerza...
Una respuesta, oscura como el abismo entre galaxias...
Oyó a Sidious decirlo. Su nuevo nombre.
- …Vader. -
Dos sílabas que lo nombraban a él.
Vader, se dijo. Vader.
- Gracias, Maestro. -
- Todos los Jedi, incluido tu amigo Obi-Wan Kenobi y tu amiga Lyra Sanome y al tal Kai Fénix, son enemigos de la República. Comprendes eso, ¿verdad? -
- Sí, Maestro. -
- Los Jedi son persistentes. Si no es destruido hasta el último de ellos habrá una guerra civil sin fin. Tu primera tarea será esterilizar el Templo Jedi. Haz lo que debe hacerse, Lord Vader.
- Siempre lo he hecho, Maestro. -
- No titubees. No muestres piedad. No dejes a nadie vivo. Sólo entonces serás lo bastante fuerte en el Lado Oscuro como para salvar a Padmé. -
- ¿Y los demás Jedi? -
- Déjamelos a mí. En cuanto acabes en el Templo, tu segunda tarea serán los líderes separatistas, en su "búnker secreto" de Mustafar. Cuando los hayas matado a todos, los Sith volverán a reinar en la galaxia, y habrá paz. Por siempre. -
- Levántate, Darth Vader. -
El Señor Sith que una vez fue un Jedi llamado Anakin Skywalker se levantó, irguiéndose en toda su altura, pero no miraba a su nuevo Maestro, ni a la ciudad planetaria que había más allá, ni a la galaxia que pronto gobernarían. En vez de eso miró en su interior, liberó el horno de su corazón y dio un paso adelante para mirar con nuevos ojos el frío temor del dragón de la estrella muerta que le había atormentado toda la vida.
Soy Darth Vader, dijo en su interior.
El dragón volvió a intentar hablarle de fracasos, de debilidad y de muerte inevitable, pero el Señor Sith lo cogió con una mano, estrujando su voz. El dragón reaccionó intentando levantarse, agazaparse y atacar, pero el Señor Sith le cogió con la otra mano y rompió su poder con un único gesto displicente.
Soy Darth Vader, repitió mientras pisoteaba el cadáver del dragón, reduciéndolo a polvo con su tacón mental, mientras miraba cómo el polvo y las cenizas del dragón se dispersaban ante la descarga del horno de su corazón, y tú...
Tú no eres nada.
Por fin se había convertido en aquello que todos le llamaban. El Héroe Sin Miedo.
En ese momento Palpatine se giró al ver llegar a otro Jedi. Esta vez era la Maestra Shaak Ti. Ella activó su sable de luz anaranjado en el acto y tomó una respiración larga…
Darth Sidious sonrió activando el suyo. La Maestra Jedi se lanzó con furia contra el Maestro Sith sin ver al aprendiz colocarse la capucha de su túnica en silencio. De pronto Darth Sidious se alejó de ella con una sonrisa persistente y….
La Maestra Ti sentía de repente un increíble calor a través de su cuerpo. Miró hacia abajo para ver el estallido de una hoja luminosa azul a través de sus túnicas y pronto el olor sórdido a carne cauterizada y el material ardiente llenó la nariz de los presentes. Ella miraba por encima de su hombro a la cara familiar que la miraba con odio en sus ojos casi amarillos.
- ¡¡Anakin!! ¡¡Yo pensé que Kai era su nuevo aprendiz!! -
Ella miró como el nuevo Sith la miraba con una sonrisa insensible
- Usted tiene razón - Vader dijo, cuando él retiró su hoja del pecho de la Maestra Jedi, - pero no se preocupe - él dijo, sus ojos que encienden en la luz oscura. – Ese espía será el siguiente -
Vader miró con la satisfacción oscura como Shaak Ti cayó de rodillas en la sala del Canciller. Su capa que se arremolina cuando él miró como la Jedi se esforzaba para respirar
Shaak Ti miró como el Maestro y aprendiz del Sith se ponían delante de ella mirándola con satisfacción oscura como ella se esforzó para hablar mientras pensaba: Merezco esto por no confiar más en él y en Yoda. Shaak Ti vio al interior de una nave a Kai junto a Lyra y varios iniciados. Sonrió interiormente y pensó orgullosa. Kai, Lyra tienen el destino del Jedi en sus manos... perdonen por no confiar en ustedes y en su sabiduría a pesar de ser jóvenes… Saliendo de su sopor dijo convencida después del mensaje de la Fuerza:
- No han ganado esto…la profecía se cumplirá todavía aunque el elegido esté con usted…No conocen nada de la Fuerza…Nosotros los Jedi restauraremos el equilibrio a la Fuerza -
- Equilibre esto - Vader dijo, su cara se torció con el enojo oscuro, cuando él devolvió un paso lejos de Shaak Ti y alzó su arma a su lado, una hoja azulosa que muy pronto cambiaría de color.
La risa siniestra de Darth Sidious lleno la oficina del Canciller, un cuarto que antaño era una vez el símbolo de la paz y armonía en la República, cuando él miró como Shaak Ti cerró sus ojos como su joven aprendiz giró su hoja alrededor en el cuello de la Jedi.
Darth Vader se dio la vuelta, su arma la azul resplandeciente en su mano enguantada, cuando él dejó caer despacio a una rodilla como su amo oscuro se le acercó.
- ¿Cómo puedo servirle, Maestro? – Vader dijo mientras mirando sus pies de su Maestro cuando se acercó.
- Levántese, mi joven aprendiz - Sidious dijo a su aprendiz con un orgullo siniestro cuando él se ponía de pie y arqueó reverentemente ante él. - Nuestro ataque final contra el Jedi ha empezado. -
- Vaya al Templo Jedi - Darth Sidious dijo, rotundamente. -Active la llamada de regreso - él dijo, - y ata a cualquier cabo suelto que permanece allí. -
- Entendido, mi Maestro - Vader dijo, mientras arqueando de nuevo, cuando él extinguió la hoja de su arma y lo devolvió a su cinturón bajo su capa.
- En su camino - Sidious dijo, cuando él miró que Vader arquean de nuevo reverentemente. - Yo cuidaré del Jedi en los sistemas periféricos, - Sidious dijo, y entonces él se volvió y miraba los cuerpos del Jedi caído sobre sus cámaras. - Yo llamaré una sesión de emergencia en el senado - Sidious dijo, a su aprendiz joven con una sonrisa siniestra, para tratar con la situación aquí. -
- Sí, Maestro - Lord Vader dijo, y, poniendo su capucha encima de su cabeza, él se giró e hizo su camino a través de la oficina del Canciller hacia el pasillo largo hacia la salida.
Darth Sidious miró más una vez a los Jedi caídos. Él se volteó, despacio, y caminó a la ventana estrellada dónde Mace Windu había caído y, el viento que soplaba fuertemente a través de su pelo gris y sus túnicas, él miró como el sol encima de la ciudad empezó a caer debajo de los edificios más altos, como la noche de Coruscant empezó.
Él se sentaba calladamente en su silla detrás del escritorio grande, adornado, y extendió la mano al cajón pequeño a su derecha. Él lo abrió, y entonces metió la mano en el cajón y recuperó un datadisk pequeño, translúcido; él cerró el cajón despacio, y entonces se apoyó en su silla, mientras sosteniendo el dispositivo pequeño delante de él, estudiándolo para un momento largo, callado.
Incluso él tenía que admitir, cuando una sonrisa siniestra extendió por su cara cuando él parecía al diminuto disco, que parecía imposible que cosa tan pequeña podría celebrar el destino de tantos. Incluso más, él pensó, cuando él consideró de quien era el destino que este dispositivo diminuto controlaba ahora.
Él miraba su lugar ahora devastado, estaban los cuerpos de los cinco Jedi en el suelo. Canciller Palpatine sonrió cuando él los miraba para un momento largo, y entonces se volvió y puso el disco pequeño en la abertura en el aparato de comunicaciones que estaba en su escritorio. Él extendió la mano y apretó el interruptor en el despliegue, y miró como el sistema cargó su código de acceso y lo preparó para la transmisión.
Palpatine se sentaba atrás y plegó sus manos delante de él, cuando él miró que el acceso rápidamente en el despliegue delante de él. Conde Dooku había echo eso muy bien, él meditó con una sonrisa siniestra, cuando él había comisionado los clones de Kamino para producir el ejército hace tiempo. Su trabajo duro, estaba a punto de pagar, cuando él miró las miles de transmisiones, cuando él preparó para poner su propia, simple demanda del plan de los clones de Kamino a la última prueba.
La cosa que lo agradó la mayoría, sin embargo, era que su plan genial que estaba a punto de suceder, es que el Jedi, con toda su sabiduría y conocimiento, nunca le había visto venir, y ellos nunca lo vieron, hasta que fuera demasiado tarde y todo gracias a un espía que se repartiría después.
El Canciller extendió su mano y apretó un botón en su consola de alto rango mientras sonreía maliciosamente pensando en como esos Jedis enfrentarían a los soldados que ellos habían momentos antes ordenado. Palpatine miró como la frecuencia del transpondador fue cambiado y enviaba un grupo de códigos de orden de un batallón a otro mientras el programa se ejecutaba con una precisión mortal solo igualado por la brutalidad de su joven aprendiz quien en estos momentos se dirigía al Templo Jedi. Palpatine se puso de pie de su escritorio y entonces se dirigió a donde estaba la mano con el Sable de Luz de Mace Windu. Antes de llegar a él, el levantó su mano y miró como el arma se separaba de la mano amputada y volaba hacia la mano extendida del Canciller.
- Gracias Maestro Windu – Palpatine sonrió como él cogió el arma con su mano y entonces comenzó a caminar a la parte exterior de sus aposentos mientras decía
- Maestro Windu has sido muy útil como siempre -
Palpatine se rió, cuando él puso el arma de Windu dentro de su capa, y entonces atravesó la puerta, mientras cerrando con llave detrás de él.
