Chapter 6
Light and Darkness the Battle
Lyra Sanome vio a sus amigos irse a sus respectivas misiones dejándola sola en medio del cuarto de holocomunicaciones en lo Alto del Templo Jedi. Suspiró y salió del lugar para escapar por la puerta principal aprovechando la confusión de los clones haciéndose pasar por Darth Raven aprendiz de Vader. Le salió el engaño usando un poco de la Fuerza contra el Comandante de Invasión. Lyra llegó al caza de su amigo Kai que estaba oculto en un hangar y el hangar estaba escondido cerca del Templo Jedi gracias a la ayuda del Senador Organa quien lo había camuflado por si ellos se separaban. En la carlinga del caza meditó acerca de la batalla. Si Kai y Yoda iban juntos quizá ella y Obi-Wan podrán contra Anakin…. No Darth Vader triste, dolida y traicionada pensó…
Se recostó en la silla del caza Interceptor y la Fuerza le susurró algo…. Lyra activó los motores y salió disparada hacia el espacio sonriendo afectadamente mirando una señal enviada por un radiofaro que le había puesto a la nave de su amiga, no para espiarla sino saber donde se encontraba….
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C-3PO identificó la nave atracada en la baranda como un Deslizador Intergaláctico DC0052 y no desconectó la cortina de seguridad, por si acaso. En estos tiempos difíciles, la seguridad pesaba más que la cortesía, incluso para él. Un varón humano con capa y capucha bajó del DC0052 y se acercó al velo de energía. C-3PO acudió a recibirlo.
- Hola, ¿en qué puedo ayudarle? -
El humano se llevo las manos a la capucha y, en vez de quitársela, la apartó hacia atrás lo suficiente para que C-3PO pudiera registrar la distintiva combinación de ojos, nariz, boca y barba.
- ¡Maestro Kenobi! -
Hacía tiempo que C-3PO había recibido instrucciones detalladas y muy específicas sobre el procedimiento a seguir ante la llegada inesperada de algún furtivo Jedi. Desactivó al instante la cortina de seguridad y le hizo una seña. - Pase, deprisa. No deben verlo. -
- ¿Ha estado aquí Anakin? - preguntó el Maestro Kenobi mientras C-3PO lo conducía rápidamente a la sala de estar.
- Sí - dijo C-3PO con reticencia. - Llegó poco después de que el ejército y él salvaran a la República de la Rebelión Jedi... -
De pronto notó que el Maestro Kenobi parecía dispuesto a desmantelarlo allí mismo, tornillo a tornillo, y decidió callar. Igual no debió darse tanta prisa en hacer pasar al Jedi.
¿No era ahora como un proscrito?
- Yo, ah, debo... - tartamudeó C-3PO, retrocediendo. - Iré a buscar a la senadora, ¿le parece? Está acostada... No se encuentra muy bien desde la Gran Convocatoria de esta mañana, y no... -
La senadora apareció en lo alto de la curvada escalera, con una bata encima del vestido, y C-3PO decidió que el rumbo de acción más apropiado a seguir sería retirarse discretamente. Pero no demasiado lejos. Si el Maestro Kenobi pensaba hacer algo malo, C-3PO debía estar en posición de alertar al momento al capitán Fenrir y al equipo de seguridad. Desde luego, la senadora Amidala no parecía dispuesta a tratar al Maestro Kenobi como si fuera un peligroso delincuente...
Más bien todo lo contrario. Había caído en sus brazos y tenía la voz ahogada por la emoción mientras expresaba un nivel de alegría posiblemente inapropiado al descubrir que el Jedi aún seguía con vida. A eso le siguió una discusión que C-3PO no comprendió del todo. Era información política completamente al margen de su programación relacionada con el amo Anakin, con la caída de la República (significara lo que significara eso), con algo llamado un Señor Sith, con el Canciller Palpatine y con el Lado Oscuro de la Fuerza; y, la verdad, no conseguía encontrarle sentido alguno. Las únicas partes que comprendía con claridad mencionaban que la Orden Jedi estaba proscrita y prácticamente exterminada (la noticia había corrido esa mañana por toda la Vía Lipartiana), y revelaba algo no muy inesperado: el Maestro Kenobi había ido allí buscando al amo Anakin. Después de todo, eran compañeros, aunque la reciente conducta del amo Anakin dejaba tristemente claro que, pese a todos los años juntos, los encantadores modales del Maestro Kenobi no se le habían pegado.
- ¿Cuándo fue la última vez que lo viste? ¿Sabes dónde está? -
Los fotorreceptores de C-3PO registraron el sonrojo de la senadora cuando ella bajó la cabeza y dijo:
- No. -
Tres años a cargo de la casa de un político impidieron a C-3PO presentarse en la sala y recordar a la senadora que el amo Anakin le había dicho ayer mismo que se dirigía a Mustafar. Sabía muy bien que la memoria de la senadora sólo fallaba cuando ella decidía que fallara.
- Padmé, debes ayudarme - dijo el Maestro Kenobi. - Hay que encontrar a Anakin. Hay que detenerlo.
- ¿Cómo puedes decir eso? - ella se apartó de él y se volvió, cruzando los brazos sobre la curva de su vientre. -¡Acaba de ganar la guerra! -
- La guerra nunca fue entre la República y los separatistas. Fue entre Palpatine y los Jedi. Y la hemos perdido. Lo demás fue sólo una ficción. -
- ¡Fue muy real para todos los que han muerto! -
- Sí - esta vez le tocó al Maestro Kenobi bajar la mirada. - Incluso para los niños del Templo. -
- ¿Qué? -
- Fueron asesinados, Padmé. Yo lo vi - la cogió por los hombros y la hizo volverse para que le mirase a la cara. - Fueron asesinados por Anakin. Lyra no pudo más y está como catatónica al ver esos videos -
- Eso es mentira... - ella lo apartó con fuerza suficiente para que C-3PO estuviera a punto de disparar la alerta de seguridad allí mismo, pero el Maestro Kenobi se limitó a mirarla con una expresión que encajaba en los archivos internos de reconocimiento de C-3PO: era pena y compasión - Él nunca podría... Nunca podría... Mi Anakin no... -
La voz del Maestro Kenobi era suave y baja.
- Hay que encontrarlo. -
La respuesta de ella fue aún más baja. Los sensores de audio de C-3PO apenas consiguieron captarlo.
- Has decidido matarlo. -
- Se ha convertido en una gran amenaza, casi mata a Lyra si no fuese por un Caballero Jedi llamado Fénix - dijo el Maestro Kenobi con gravedad.
Ante esto, el estado físico de la senadora pareció más fuerte que ella. Sus rodillas cedieron, y el Maestro Kenobi se vio obligado a cogerla y ayudarla a llegar al sofá. Parecía que el Maestro Kenobi sabía un poco más de fisiología humana que C-3PO; pues, aunque sus fotorreceptores no habían estado a oscuras respecto a los continuos cambios en el contorno físico de la senadora Amidala, no tenía ni idea de lo que podían significar. En cualquier caso, el Maestro Kenobi pareció comprender la situación al instante, aposentó a Padmé cómodamente en el sofá y la miró con el ceño fruncido.
- Anakin es el padre, ¿verdad? -
La senadora apartó la mirada. Sus ojos volvían a gotear.
- Lo siento mucho, Padmé - dijo el Maestro Jedi en voz baja. - Si pudiera ser de otro modo... -
- Vete, Obi-Wan. No te ayudaré. No puedo - dijo ella, apartando la mirada. - No te ayudaré a matarlo.
- Lo siento mucho - volvió a decir el Maestro Kenobi, y se fue.
C-3PO volvió a la sala de estar y fingió inquirir acerca de la salud de la senadora, pero antes de que pudiera acceder a una frase lo bastante delicada como para iniciar la conversación, la senadora le dijo:
¿Therepio? ¿Sabes lo que es esto? -
Ella levanto hacia él un pendiente que colgaba de un cordel de cuero de jerba y que siempre llevaba alrededor del cuello.
- Desde luego, señora - replicó el droide de protocolo, desconcertado pero feliz, como siempre, de poder servir de ayuda. - Es un fragmento de japor. Los jóvenes de Tatooine tallan runas tribales en ellos para convertirlos en amuletos. La gente supersticiosa cree que dan buena fortuna y protegen del daño, y a veces se consideran amuletos de amor. Debo decir, mi señora, que me sorprende que lo haya olvidado, dado que lo lleva encima desde que se lo entregó hace muchos años el amo An... -
- No lo he olvidado, Theerepio - dijo ella con voz distante. - Gracias. Sólo me... acordaba del niño que me lo dio.
- ¿Mi señora? ¿Va a alguna parte? -
- Nos vamos los dos - dijo. - A Mustafar.
Obi-Wan observó desde las sombras, bajo la rampa de descenso del esquife, cómo el capitán Fenrir intentaba convencer a Padmé.
- Mi señora - protestaba el jefe de seguridad de Naboo, - deje al menos que yo la acompañe... -
- Gracias, capitán, pero no es necesario - dijo ella con aire distante. - La guerra ha terminado y..., y esto es un asunto personal. Y, capitán, debe seguir siendo personal, ¿entiende? No sabe nada de mi partida, ni hacia dónde me dirijo ni para cuándo espera mi regreso. -
- Como desee, mi señora - dijo Fenrir con una reticente reverencia. - Pero discrepo de esta decisión. -
- Estaré bien, capitán. Después de todo, tengo a Therepio para velar por mí.
- Oh, cielos - murmuró el droide con claridad suficiente para ser oído por Obi-Wan.
En cuanto Fenrir subió a su deslizador y se alejó, Padmé y su droide abordaron el esquife con acabado de espejo. No perdió tiempo alguno, y conectó los repulsores antes incluso de que se hubiera recogido la rampa de descenso.
Obi-Wan tuvo que entrar de un salto.
Se columpió al interior justo cuando la escotilla se cerró y la brillante nave estelar saltó a los cielos.
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Darth Vader estaba en el puente de mando del centro de control de Mustafar, con la mano de duracero a su espalda, aferrando la de carne. Miraba por la ventana de transpariacero a la galaxia que un día gobernaría.
Podía sentir cómo aumentaba su poder. Ya tenía la medida de su "Maestro" y, en cuanto Palpatine compartiera con él el secreto del descubrimiento de Darth Plagueis, su relación pasaría por una repentina... transformación.
Una transformación definitiva.
Todo procedía según el plan.
Pero...
No podía deshacerse de cierta sensación molesta..., una especie de rezumar pegajoso que se arrastraba por las venas de sus piernas y se propagaba por sus entrañas en pegajosos zarcillos...
Casi como si aún estuviera asustado...
Sabes que morirá, susurró el dragón.
Se estremeció, desdeñoso. Imposible. Era Darth Vader. El miedo no podía nada sobre él. Había destruido su miedo.
Todas las cosas mueren.
Pero era como si al aplastar al dragón bajo su bota, éste se hubiera revuelto y hundido sus venenosos colmillos en el talón.
Y ahora su veneno le helaba hasta el hueso.
Hasta las estrellas se consumen.
Volvió a estremecerse y caminó hacia la holoconsola. Hablaría con su Maestro.
Palpatine siempre le había ayudado a controlar al dragón.
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Un comunicador se activó y Kai junto al Maestro Yoda abrieron sus ojos en la oscuridad y Kai dijo en un susurro:
- ¿Sí, Maestro Kenobi? -
- Estamos aterrizando ya ¿Están en posición? -
- lo estamos -
- Maestro Fénix… si no volvemos a vernos… - Kai iba a contestar pero Yoda lo interrumpió y dijo:
- En el mañana no pienses, Obi-Wan. El presente eterno será. -
Otro momento de silencio más largo.
- Que la Fuerza les acompañe -
- Nos acompaña. Que a ti también te acompañe, joven Obi-Wan. -
Yoda se levantó con Kai siguiéndolo al segundo.
Un gesto de parte de Kai abrió la rejilla del conducto de ventilación donde habían esperado en meditación, revelando ante él un gran foso cónico: la Gran Cámara de Convocatorias del Senado Galáctico. A veces se la llamaba la Arena del Senado.
Hoy, ese apodo sería especialmente apropiado.
Kai se estiró para hacer circular la sangre por su cuerpo. Era su momento. Era por lo que había tan duramente entrenado durante toda su vida…
Para Yoda los novecientos años de estudio y entrenamiento, de enseñanzas y de meditación; todo ello enfocado, refinado y resuelto en este único momento. La única finalidad de esta vasta existencia había sido la de prepararlo a él y a Kai para entrar en el corazón de la noche y enfrentar su luz a la oscuridad como Kai lo había hecho y el apenas tenía escasos veinte años de vida. Lo miró por un segundo con una mirada orgullosa. Al segundo siguiente ambos Maestros Jedi enderezaron sus sables en sus cintos…
Se ajustaron las túnicas sobre los hombros.
Con reverencia, con gratitud, sin miedo y sin ira, Yoda y Kai se dirigieron hacia la guerra.
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Un fogonazo plateado llamó la atención de Darth Vader, como si un espejo elegantemente curvado se columpiara entre el humo y las cenizas, recogiendo el brillo de la lava al rojo. Con una rodilla en el suelo, podía mirar a través de la holoimagen de su Maestro mientras continuaba con su informe.
Ya no estaba asustado; estaba demasiado ocupado simulando sentir respeto.
- Los líderes separatistas ya no existen, Maestro. -
- Entonces se ha acabado - la imagen mostraba la translúcida burla de una sonrisa—. Has devuelto a la galaxia la paz y la justicia, Lord Vader.
- Ésa es mi única ambición, Maestro. -
La imagen inclinó la cabeza, su sonrisa pasó sin transición a ser una mueca.
- Lord Vader, siento una perturbación en la Fuerza. Puedes estar en peligro. - Miró al fogonazo espejado de afuera. Conocía esa nave. En peligro de morir a besos, quizá...
- ¿Qué peligro puedo correr, Maestro? -
- No sabría decirlo, pero el peligro es real. Mantente alerta. Mantente alerta, mantente alerta, pensó Darth Vader con una mueca mental. ¿Es lo más que puedes hacer? Obi-Wan me habría dicho lo mismo... —Lo estaré, Maestro. Gracias.
La imagen se desvaneció.
Se puso en pie, y esta vez la mueca estaba en sus labios y en sus ojos. - Tú eres quien debería estar alerta, "Maestro". Yo soy una perturbación en la Fuerza. -
Fuera, el esbelto esquife se posó en la plataforma. Darth Vader pasó un momento recuperando su rostro de Anakin Skywalker y dejó que el amor de Anakin Skywalker fluyera por él. Dejó que la alegre sonrisa de Anakin Skywalker acudiera a sus labios y dejó que la energía juvenil de Anakin Skywalker diera una alegre elasticidad a su zancada mientras trotaba hasta la entrada, pasando por encima de los cadáveres y los pedazos de cuerpos.
Se reuniría con ella afuera y la mantendría al margen. Tenía la sensación de que ella no aprobaría cómo había... redecorado... el centro de control. Después de todo, pensó con un encogimiento mental de hombros, sobre gustos no hay nada escrito...
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El despacho del Canciller Supremo de la República estaba situado en el vértice inferior de la Arena del Senado. Era poco más que una zona circular preparatoria, una sala verde donde los invitados del Canciller podían entretenerse antes de acceder al Podio del Senado, la plataforma circular situada sobre un inmenso pilar hidráulico, desde la que se controlaba el movimiento de las plataformas flotantes de los delegados del Senado, y que podía elevarse hasta el punto focal de la Cámara.
Sobre ese podio se veía la vasta presencia de un Sith arrodillándose ante una sombra que se mantenía en pie. Guardias vestidos de escarlata flanqueaban a la sombra. Un sapo chagriano gimió cerca de allí.
- Pero el peligro es real. Mantente alerta. -
- Lo estaré, Maestro. Gracias. -
La holopresencia se desvaneció, y allí donde antes se había arrodillado su enorme imagen translúcida, ahora se mostraba dos presencias; una presencia física, pequeña y anciana, vestida con una túnica y apoyada en una rama retorcida, El segundo un muchacho quien estaba al lado de ese ser y supo quien era con la cicatriz que le había hecho Maul hace varios años. Pero su presencias físicas era una ilusión; la verdad de su ser sólo podía verse en la Fuerza.
Eran una fuente de luz en la Fuerza muy poderosa que casi lo cegó por completo.
- A tu nuevo discípulo compadezco; aprendiz desde hace tan poco, tan pronto sin un Maestro. –
- ¡Vaya, Maestro Yoda, y Caballero Fénix qué sorpresa más encantadora! ¡Bienvenidos! - canturreó con previsión la voz de la sombra - ¡Deje que sean los primeros en desearles feliz Día del Imperio! -
- Feliz no lo encontrarás. Ni tampoco el asesino al que Vader llamas - la sombra se acercó más a la luz. - Así que ésta es la amenaza que sentí. ¿Puedo preguntar quién es? ¿A quién has enviado a matarlo? -
- No importa a quien se haya enviado solo que tu nuevo aprendiz morirá pronto y tu le harás compañía también - Kai levantó sus manos como si estuviera calmando a espectadores desconocidos y dijo burlonamente – Canciller Palpatine… Emperador Palpatine…o como debo llamarte mejor… Darth Sidious -
- Oh, por favor, Jedi Fénix. No será Kenobi, ¿verdad? Por favor, dígame que es Kenobi. Lord Vader disfruta tanto matando a gente que le quiere... -
Detrás de la sombra, a unos metros de distancia, Mas Amedda, el sapo chagriano portavoz del Senado Galáctico, oyó un susurro en la voz de Palpatine: - Vete. - y Amedda se retiró. Ni la luz ni la sombra dedicaron una sola mirada a su partida
- El Maestro Obi Wan Kenobi no se le matará tan fácilmente – dijo Kai muy seguro de si mismo
- Parece que tampoco tú, pero eso está a punto de cambiar. - La sombra dio otro paso, y otro.
- Hoy a prueba eso pondremos. – terminó Yoda
- Hasta una fracción del Lado Oscuro es más poderosa de lo que puede concebir tu arrogancia Jedi. Deberías haber escuchado y creído en Fénix quien si vio ese abismo profundo en ese tiempo y nada de esto hubiera pasado. Viviendo en la luz nunca viste mi pequeño amigo verde lo profunda que es la oscuridad. - La sombra extendió brazos que convertían sus mangas en alas negras.
- Hasta ahora. -
De las manos extendidas brotaron rayos, y la batalla comenzó…
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Padmé se tambaleó por la rampa de descenso hasta caer en brazos de Anakin. Tenía los ojos enrojecidos y embotados. Una vez dentro de la nave, su control emocional se había desintegrado del todo y había sollozado a lo largo de todo el viaje. Lloró, presa de un incesante temor, y ahora tenía los labios hinchados, le temblaba todo el cuerpo y se sentía agradecida, tan increíblemente agradecida que volvió a derramar lágrimas. Estaba agradecida porque él estaba vivo, porque había acudido a recibirla corriendo por la plataforma, porque aún era fuerte y hermoso, porque sus brazos eran aún cálidos al rodearla y porque sus labios eran suaves contra su cabello.
- Anakin, mi Anakin... - ella se estremeció contra su pecho. - He estado tan asustada... -
- Shh, Shh, no pasa nada - él le acarició el pelo hasta que los temblores empezaron a desaparecer. Entonces le cogió la barbilla y la levantó para que ella le mirara a los ojos.
- No tienes por qué preocuparte por mí. ¿No lo entiendes? Nadie puede hacerme daño. Nadie puede hacernos daño a ninguno de los dos. -
- No es por eso, amor mío, es por... Oh, Anakin, ¡me dijo unas cosas horribles sobre ti! -
- ¿Sobre mí? - él sonrió. - ¿Quién querría decir cosas malas sobre mí? - se rió. - ¿Quién se atrevería? -
- Obi-Wan, Lyra y Kai, Obi-Wan fue el que me lo dijo - ella se enjugó las lágrimas de las mejillas. - Dijo... Me contó que habías caído en el Lado Oscuro y que habías asesinado a los Jedi... Hasta a los niños… -
Conseguir decirlo hizo que se sintiera mejor, ya sólo le quedaba descansar en sus brazos mientras él la sostenía, la abrazaba y le prometía que nunca haría nada así. Empezó a formar media sonrisa mientras le miraba a los ojos... Pero vio reflejos de lava en ellos, y no la luz del amor.
- Yo nunca caería en el Lado Oscuro. ¿Asesinar niños? ¿Yo? Eso es una locura. ¿Obi-Wan está vivo? -
Su voz había descendido una octava de tono y era más fría que los escalofríos que le recorrían la columna vertebral.
- S... sí... Dijo que te buscaba... -
- ¿Le dijiste dónde estoy? -
- ¡No, Anakin! Quiere matarte. No le dije nada... ¡No podía! -
- Que lastima de veras -
- Anakin, ¿qué...? -
- Es un traidor, Padmé. Un enemigo del Estado. Tiene que morir. -
- Calla. Deja de hablar así... ¡Me estás dando miedo! -
- Tú no necesitas tenerme miedo. -
- Es como..., como... - las lágrimas volvieron a brotar. - Ya no sé quién eres...
- Soy el hombre que te ama - dijo, pero lo dijo con dientes apretados. - Soy el hombre que haría lo que fuera para protegerte. Todo lo que he hecho ha sido por ti. -
- Anakin... - el horror ahogó su voz hasta reducirla a un susurro pequeño, frágil y muy joven - ¿... qué has hecho? -
Y rezó porque él no le respondiera.
- He traído la paz a la República. -
- La República ha muerto - susurró. - Tú la has matado. Tú y Palpatine.
- Tenía que morir. -
Brotaron nuevas lágrimas, pero ya no importaba. Nunca tendría suficientes lágrimas para esto.
- Anakin, ¿no podemos... irnos? Por favor. Vámonos. Juntos. Hoy. Ahora. Antes de que tú... Antes de que pase algo. -
- No pasará nada. No puede pasar nada. Deja que Palpatine se haga llamar Emperador. Déjale. El hará el trabajo sucio, toda la opresión que requerirá poder unir a la galaxia para siempre... Unirla contra él, Se convertirá en el hombre más odiado de la historia. Y cuando llegue el momento, acabaremos con él... -
- Anakin, calla... -
- ¿No te das cuenta? Seremos héroes. La galaxia entera nos querrá, y podremos gobernarla. Juntos. -
- Por favor, calla... Anakin, calla, por favor, no puedo soportarlo... - Él no la escuchaba. No la miraba. Miraba más allá de su hombro. Una alegría animal ardía en sus ojos, y su rostro ya no era humano.
- Tú... -
Desde detrás de él le llegó una voz calmada y precisa, con claro acento de Coruscant:
- Padme. Apártate de él. -
- ¿Obi-Wan? - ella se volvió y le vio en la rampa de descenso, inmóvil y triste. - ¡No! -
- Tú - gruñó una voz que debía haber sido la de su amor. - Lo has traído tú... - Ella se volvió, y esta vez él la miraba a ella.
Con ojos ardientes.
- ¿Anakin? -
En ese momento una nave interrumpió todo mientras se posaba al lado de la Nave de la Senadora Amidala. No terminó de apagar sus motores y una figura descendió de ella y se hizo al lado de Obi-Wan quien la mirada asustado.
- Padme, aléjate de él ahora – dijo Lyra con los ojos brillantes de la rabia y la tristeza.
- Padmé, apártate - apremió Obi-Wan y Padme pudo sentir en la voz de Obi-Wan había una urgencia que se parecía al miedo más que nada que Padme hubiera oído antes. - No es quien crees que es. Te hará daño. -
Los labios de Anakin se separaron de sus dientes.
- Te hubiera dado las gracias por esto si hubiera sido un regalo hecho con amor. -
Ella empezó a apartarse, temblando y negando con la cabeza.
- No, Anakin... No... -
- Palpatine tenía razón. A veces los que no ven son los que están más cerca. Te quise demasiado, Padme. -
Él formó un puño con la mano, y ella no pudo respirar.
- ¡Te quise demasiado para poder verte! ¡Para ver lo que eras! - Un velo rojizo cubrió el mundo. Ella se llevó las manos a la garganta, pero no había nada que pudiera tocar con las manos.
- Suéltala, Anakin. – gritó furiosa Lyra
Su respuesta fue un ladrido de depredador sobre el cuerpo de su presa.
- ¡No se la llevarán de mi lado! -
Ella quería gritar, suplicar, aullar:"No, Anakin, perdona. Lo siento... Te quiero...",pero su constreñida garganta estranguló la verdad dentro de su cabeza, y el mundo velado de rojo se sumió en un humo negro.
- ¡Suéltala! – volvió a gritar Lyra
- ¡Nunca! -
El suelo cedió bajo ella, y entonces el fogonazo blanco de un golpe la arrojó a la noche.
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En la Arena del Senado, los rayos surgían quebrados de las manos de un Sith y eran desviados por el gesto de un Jedi para que sumieran en la inconsciencia a los Túnicas Rojas. Mientras Kai Fénix acababa con los tres túnicas rojas restantes y…
Y entonces sólo quedaron ellos tres…
Su enfrentamiento trascendía lo personal. Cuando brillaba un nuevo rayo, no era sólo Palpatine quien quemaba a Yoda o a Kai con su odio, sino el Señor de todos los Sith buscando convertir a los dos Maestros Jedi en humeantes montones de ropa y carne quemada.
Mil años de ocultamiento Sith se exaltaron en la victoria.
- ¡Vuestro tiempo ha pasado! ¡Los Sith gobiernan la galaxia! ¡Ahora y por siempre! -
Y fue la totalidad de la Orden Jedi la que salió proyectada de esos dos Jedi, convirtiendo sus cuerpos en un arma con la que derribar al Sith al suelo con un doble empujón de la Fuerza.
- Al final de tu reinado estás. Que, debo decir, no lo bastante corto fue. - Entonces apareció un sable láser del color de la vida y otro de color plata más luminosa que una estrella.
Dentro de la sombra de un ala negra, desde un bolsillo, saltó una pequeña arma, un refuerzo fácilmente ocultable, un toque de traición que expresaba la maestría de los Sith. Saltó a una mano arrugada y escupió un sable del color del fuego. Cuando las tres hojas se encontraron, fue mucho más que Yoda y Kai contra Palpatine, más que un milenio de Sith luchando contra las legiones Jedi; fue la expresión del conflicto fundamental del mismo universo.
La luz contra la oscuridad.
Y el ganador se lo quedaba todo.
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Obi-Wan se arrodilló junto al cuerpo inconsciente de Padmé, que yacía flojo y roto en el humeante crepúsculo. Le buscó el pulso. Era débil y errático.
- Anakin... Anakin, ¿qué has hecho? – sollozó Lyra
En la Fuerza, Anakin ardía como un soplete.
- La volvieron contra mí. -
Obi-Wan miró al mejor amigo que había tenido nunca y Lyra se acercó y le tocó la frente a su amiga y casi hermana diciendo con tristeza.
- Esto lo has hecho tú solo -
- Les daré una oportunidad. Por los viejos tiempos. Váyanse. - Ojala pudiéramos. – dijo Obi-Wan
- Lárguense a alguna parte y quítense de en medio. Retírense. Ve a meditar Obi-Wan y tu Lyra ve a llorar a tu mami… o se me olvidó… está muerta. Ya no tienen por qué luchar por la paz. Ha llegado la paz. Mi Imperio es paz. -
- ¿Tu Imperio? En él nunca habrá paz. Se ha fundado con traición y sangre de inocentes. - dijo Lyra furiosa
- No me obliguen a matarlos. Si no están conmigo, están contra mí. -
- Sólo los Sith hablan en términos absolutos, Anakin. La verdad nunca es blanca o negra - dijo Obi-wan levantándose, mostrando las manos vacías. - Deja que llevemos a Padmé a un centro médico. Está mal, Anakin. Necesita atención médica.
- Ella se queda. -
- Anakin... - dijo Lyra
- No pueden llevarla a ninguna parte. No pueden tocarla. Es mía, ¿entiendes? Esto es culpa suya, todo es culpa suya... ¡Han hecho que me traicione! -
- Anakin... -
De la mano de Anakin brotó una barra de plasma azul.
Obi-Wan suspiró y Lyra negó con su cabeza
Obi-Wan y Lyra sacaron sus sables activándolos y Lyra dijo:
- Entonces haremos lo que debemos hacer. -
- Lo intentarás - dijo Anakin, y saltó.
Obi-Wan lo recibió en el aire mientras Lyra con un saltó esquivaba un empujón en la Fuerza de parte de Anakin. Las hojas azules se cruzaron, y el volcán que había sobre ellos se hizo eco de sus relámpagos con un grito de fuego.
C-3PO asomó con cuidado la cabeza por el borde de la escotilla del esquife.
Sus subrutinas de aversión al peligro le gritaban sobrecarga, y lo único que quería hacer era buscar un bonito armario oscuro en el que poder plegarse y desconectarse hasta que hubiera pasado todo, a ser posible un armario blindado con puerta que pudiera cerrarse desde dentro o que pudiera soldarse (no tenía preferencias al respecto), pero, pese a ello, se encontró bajando con cuidado por la rampa de descenso hacia lo que parecía ser una impresionante lluvia de lava fundida y cenizas ardientes...
Era un gesto por completo ridículo en cualquier droide, pero siguió andando porque no le había gustado nada el tono de esas conversaciones.
Ni pizca.
No podía estar completamente seguro de que el desacuerdo de los humanos le concerniera en algo, pero una cosa sí le había quedado muy clara.
Está mal, Anakin... Necesita atención médica.
Se deslizó hasta el humo. Rocas ardientes crepitaban a su alrededor. La senadora no estaba a la vista, y aunque la encontrara, no tenía ni idea de cómo podría llevarla de vuelta a la nave, ya que, desde luego, no estaba diseñado para transportar nada más pesado que una bandeja de cóctel; después de todo, ¿acaso no quedaba en manos de los droides cargadores la capacidad de llevar cargas? Pero, entre el rugido de los volcanes y las ráfagas de viento, sus sonorreceptores captaron unos pitidos familiares que sus protocolos de auto traducción convirtieron en un: "No se preocupe. Se va a poner bien"
- ¿Erredós? - llamó C-3PO. - ¿Erredós, eres tú? -
Unos pasos más y C-3PO pudo ver al pequeño astromecánico. Tenía enredado su brazo manipulador en la ropa de la senadora, y la arrastraba por la plataforma de descenso.
- ¡Erredós! ¡Para en este instante! ¡La vas a averiar! -
La cabeza de R2-D2 giró para enfocar su fotorreceptor en el nervioso droide de protocolo. - "¿Qué sugieres que hagamos?" - silbó.
- Bueno... Oh, de acuerdo. Lo haremos juntos. -
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Kai saltó lejos de Darth Sidious mientras respiraba pesadamente y Yoda atacaba a Sidious con ferocidad. Con una elegante estocada Kai retornó a la batalla pero fue despedido junto a Yoda por un potente relámpago de Fuerza que los mandó a volar contra una pared, caer juntos al piso y sus sables de Luz cayeron desactivados al piso. El Señor de los Sith sonrió macabramente y dijo:
- Fénix donde están mis Holocrones y mi libro de Esdul -
- Por hay… - dijo Kai señalando el vasto cielo de Coruscant mientras se incorporaba lentamente. Yoda también se puso de pie y miraba a su antiguo Padawan quien se burlaba del Señor Oscuro. Ambos dieron un respiro y Sidious usó la Fuerza para mandarles su propia mesa pero Kai con un sencillo movimiento de mano hizo que la mesa explotara en pedazos antes de llegar a ellos. Sidious salió de la nada y Yoda apenas tuvo tiempo de alzar su arma pero Kai no fue afortunado y recibió una potente patada que lo lanzó hacia el centro de la sala pero él usando la Fuerza se giró y cayó de pie. Yoda usando la Fuerza rasgó un pedazo de pared y la envió volando hacia el Sith.
Sidious estaba preparado para eso y con un simple gesto la pared se detuvo y fue lanzada contra Kai quien dio un salto usando la Fuerza para caer al frente del Canciller quien solo tuvo tiempo para plantar su hoja roja para parar su golpe arrollador. Yoda aprovechó y asestó un golpe en la cabeza del Sith pero una hoja roja detuvo su ataque y ambos Jedis miraron asombrados como el Sith tenía un Sable de Luz en cada mano.
- Maestro Yoda y Fénix – Sidious dijo mientras mirando a los Jedi fríamente mientras que con ambas manos mantenía a raya a los dos poderosos Jedis. Sidious esta sonriendo mientras paraba los letales golpes de sus enemigos sin cuidado…
- Vaya Kai Fénix creo que hasta merecerías el Grado de Maestro. Ni siquiera Windu aguantó tanto contra mí – Enfurecido por la ofensa hacia su fallecido amigo y mentor, Kai redobló sus ataques con un vigor tan poderoso que hizo retroceder al Maestro de los Siths y que una mirada de intranquilidad surgiera de su rostro.
Sidious sonrió al ver flojo ya a Yoda quien luchaba pero veía que ya no tenía fuerzas para luchar…
- Por que prolongas lo inevitable -
- Inevitablemente su derrota es Sidious - dijo Kai furioso cuando puso su hoja cerca de su cuello mientras paraba un ataque de Sidious y esté usaba su otro sable para asestarle un segundo golpe en la cintura pero fue detenido porque el sable de Kai lo hizo. Sidious dio un salto mortal hacia atrás para quedar apoyado en la plataforma que subía a la sala del Senado y dijo con burla al ver el sable doble activado de Kai
- Vaya, ya se de donde Maul sacó el modelito -
Yoda ya estaba recuperado y saltó en el aire junto a Kai ambos inmiscuyéndose en la Fuerza como nunca mientras giraban sus Sables con la velocidad increíble. Sidious giró sus hojas ferozmente a su alrededor cuando Yoda y Kai lo bombardearon de golpes y estocadas y miraba hacia ellos para ver una mirada de determinación en ambos Jedis y Sidious tuvo miedo por primera vez. Ambos Jedi lo podrían destruir y el no quería eso, tendría que dividirlos para vencerlos como había hecho Maul en Naboo. Usó la Fuerza e hizo que la cúpula se elevara mientras entraban en la Arena del Senado mientras seguían batallando. Cuando estaban como a cien metros de Altura el podio se detuvo y saltó de él hacia una de las cúpulas del Senado y Sidious se metió con el lado oscuro mientras convocando toda su fuerza cuando el estiró la mano y con un poderoso rayo espero a que conectara a los dos Jedis que arremetían contra él.
Sidious sonrió con satisfacción cuando el cogió al Jedi pequeño con su rayo que lo mandó a volar lejos de ellos hacia el duro suelo de la cámara del Senado.
- ¡¡MAESTRO YODA!! – gritó el joven Jedi aterrado
Sidious aprovechando su distracción levantó su mano de nuevo y liberó otro poderoso relámpago azul hacia Kai cuando el miraba hacia abajo. Solo el aviso de la Fuerza le impidió a Kai a seguir a su Maestro pero perdió su sable con el relámpago. Sidious agudizo su relámpago y Kai lo detuvo con su mano derecha mientras cerraba sus ojos y Sidious veía con asombro como la Fuerza era absorbida por el muchacho y supo que estaba actuando como un condensador de poder. Kai escuchó la voz mental entrecortada de su Maestro….
- Confió en ti Kai entrenamos muy duro para este momento -
- ¡¡NO LO DEFRAUDARÉ MAESTRO NI A LA ORDEN JEDI!! - gritó el muchacho aún con los ojos cerrados. Al abrirlos Sidious miró envidiosamente como el muchacho prácticamente era uno con la Fuerza. Abrió sus ojos como platos con una sorpresa casi escéptica al ver que estiraba su mano y le devolvía los dos rayos que le había lanzado. Sidious no pudo parar eso y recibió la descarga en su cuerpo mientras Kai atraía su arma caída del podio de un Senador medio piso abajo. Activó su Sable para ver a Sidious recomponerse y mirarlo con una furia que brilló en sus ojos amarillos.
- Fénix pagarás por esto - dijo Sidious temblando de dolor y de rabia.
- Yo lo habría matado sin miramientos, rápido y sin dolor Fénix – dijo Sidious mientras buscaba dentro de su ser todo el enojo y odio cuando el saltó a un podio mucho más alto. Kai y aún Yoda desde el piso herido podían darse cuenta de la terrible onda oscura que reverberó a través de la Fuerza, cuando Kai miró como Sidious giraba ambas hojas con una terrible velocidad y Kai movió su sable doble tan rápido como pudo con ayuda de la Fuerza para evitar el furioso ataque de Sidious que liberó (desesperadamente) en él reciente Maestro Jedi.
En el enfrentamiento entre la luz y la oscuridad, llegó un momento decisivo.
No provino de un fogonazo relampagueante o de la estocada de una hoja de energía, aunque hubo mucho de ambas cosas. No provino de una patada voladora o de un puñetazo perfectamente estudiado, aunque también se intercambiaron. Llegó cuando el avatar de la luz entrenado por Yoda se concretó en el linaje de los Jedi, cuando el linaje de los Jedi se refinó en un único Jedi.
Llegó cuando Kai se vio solo contra la oscuridad.
En ese tornado de pies, puños, sables y máquinas golpeadoras asaeteado por los rayos, su visión traspasó por fin la oscuridad que había nublado a la Fuerza.
Por fin Yoda y Kai vieron la verdad.
Esta verdad:
Que ambos, los avatar de la luz, Uno Maestro supremo de la Orden Jedi, el enemigo más feroz, más implacable, más devastadoramente poderoso que había conocido nunca la oscuridad y su legado...
No...
podían...
ganar.
Nunca había podido. Habían perdido antes de empezar.
Habían perdido antes de nacer.
Los Sith habían cambiado. Los Sith habían crecido, se habían adaptado, habían invertido mil años de estudio intensivo en todos los aspectos no sólo de la Fuerza, sino de la sabiduría Jedi, preparándose precisamente para este día. Los Sith se habían cambiado a sí mismos.
Se habían convertido en algo nuevo.
Mientras que los Jedi...
Los Jedi habían pasado ese mismo milenio entrenándose para volver a luchar la última guerra.
Los nuevos Sith no podían ser destruidos con un sable láser, no podían ser consumidos por ninguna llama de la Fuerza. Cuanto más luminosa era su luz, más oscura su sombra. ¿Cómo se podía ganar una guerra contra la oscuridad, cuando esa misma guerra es un arma de la oscuridad?
En ese instante supo que en esa revelación se albergaba la esperanza de la galaxia. Pero si caían aquí, esa esperanza moriría con ellos.
Mmmm, pensó Yoda. Un problema esto es... viendo combatir con todas sus fuerzas a su casi hijo… Kai Fénix
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Lyra se lanzó de inmediato contra el que una vez hubiera considerado como un hermano y soltó un terrible manodoble contra su pecho pero Anakin lo detuvo mientras esquivaba la estocada de Obi-Wan. De pronto Anakin dio un salto mortal hacia atrás ayudado po la Fuerza y fue seguido al instante por ambos Jedi. Anakin apagó un segundo su sable y con sus dos manos y la Fuerza arrancó de la base de la plataforma de aterrizaje un pedazo de metal grande, la partió en dos y se las lanzó en contra de ellos. Toda la operación le llevó unas milésimas de segundo. Los objetos surcaron el aire y ambos Jedis lo vieron venir…
Lyra apoyó sus dos pies en el pedazo de metal y se impulsó hacia donde Anakin se encontraba, Obi-Wan lo esquivó a duras penas usando su sable…
Anakin paró el golpe de Lyra y usando la Fuerza cogió a Obi-Wan y lo mandó con mucha potencia hacia atrás…. Lyra miró aterrada ya que iba caer en el río de lava. Usando la Fuerza Lyra usó un empujón en la Fuerza y Obi-Wan cayó cerca del borde de la plataforma cerca de la nave de Kai totalmente inconciente debido al impacto. Anakin y Lyra se miraron fijamente. Anakin sonrió divertido mientras Lyra temblaba de furia.
- Vaya cuidando de tu amorcito… ¿verdad? – dijo Anakin
- Desgraciado – contestó Lyra tratando de controlar su rabia a duras penas ocasionando que Anakin se burlara de ella haciendo mímicas.
Sin perder un instante Lyra saltó y soltó un terrible tajo sobre Anakin/Vader y él lo paró con cierta dificultad mientras avanzaba y salían de la plataforma de aterrizaje luchando despiadadamente. Eran idénticos, sable contra sable. Tras miles de horas practicando con sus armas, se conocían mejor que hermanos…
En cada intercambio, Lyra cedía y avanzaba terreno según su conveniencia en la batalla. Era su forma de luchar. Y sabía que derribar a Anakin convertiría su propio corazón en cenizas.
Los intercambios restallaban. Los saltos eran esquivados o recibidos con patadas voladoras, los barridos al tobillo eran evitados y los puñetazos bloqueados. La puerta del centro de control cayó hecha pedazos, y siguieron luchando dentro de él, entre los cuerpos. Las consolas explotaron en fuentes de chispas al rojo al ser arrancadas de sus agarres y arrojadas al aire. Manos muertas se tensaron en gatillos, y disparos láser sisearon en dibujos de rebote imposiblemente intrincados.
Lyra apenas pudo captar alguno y devolverlo contra Anakin en un gesto de desesperación. Cualquier cosa valía para distraerlo, para retrasarlo. Anakin lo rechazó con facilidad, con desdén, y los disparos refulgieron al rebotar entre sus hojas, más y más próximas, hasta que el rebote fue tal que el galvanizado de los paquetes de partículas de rayos se desintegró, y éstas se dispersaron en una niebla radioactiva.
- No me obligues a matarte, Lyra - la voz de Anakin se había vuelto más profunda que un pozo, y árida como los riscos de obsidiana. - No eres rival para el poder del Lado Oscuro.
- Ya he oído eso antes - dijo Lyra entre dientes, parando enloquecidamente los ataques - pero nunca creí oírtelo a ti. -
Un rugido de la Fuerza aplastó a Lyra contra una pared, arrancándole el aire de los pulmones, dejándola mareada, medio aturdida. Anakin pasó por encima de los cadáveres y alzó la hoja para matar.
A Lyra sólo le quedaba un truco, uno que no le funcionaría dos veces...uno que había visto hacer a Kai en contra de los soldados clones.
Pero era un truco muy bueno.
Después de todo, le había funcionado espléndidamente bien con veinte de ellos al tiempo...
El truco, usar la Fuerza para alterar los objetos mecánicos (palancas, varillas, cables, servomotores, etc.)
Contrajo un dedo, buscando en la Fuerza para invertir la polaridad de los servomotores de la mano mecánica de Anakin como Kai lo había hecho con las armas de los soldados para hacerlas explotar en sus manos.
Los dedos de duracero se abrieron, y un sable láser cayó libre. Lyra sonrió afectadamente mientras alargó la mano. El sable láser de Anakin giró en el aire hasta su mano. Enarboló ambas hojas ante él, formando una cruz.
- El defecto del poder es la arrogancia. -
- Dudaste - dijo Anakin. - El defecto de la compasión... -
- No es compasión Anie - dijo Lyra con tristeza. - Es reverencia ante la vida. Incluida la tuya. Es respeto por el hombre que fuiste - lanzó un suspiro. - Es pesar por el hombre que debiste ser.
Anakin lanzó un rugido y voló hasta ella, usando tanto la Fuerza como su cuerpo para volver a aplastar a Lyra contra la pared. Sus manos aferraron las muñecas de Lyra con fuerza imposible, obligándole a abrir las manos.
- ¡Estoy harto de tus sermones niña! -
El poder oscuro aumentó la presión.
Lyra sintió que los huesos de sus antebrazos cedían, empezando a agrietarse para convertirse en las fracturas que sobrevendrían antes de romperse del todo.
Oh, pensó ella. Oh, esto es grave.
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El final llegó de forma asombrosamente repentina.
Sidious usó lo último de su reserva y los envolvió a él y al Jedi frente a él en una jaula eléctrica que soltaba terribles descargas a cada rato y la sombra pudo sentir lo mucho que le costaba al muchacho rechazar los rayos dentro de la jaula de energía que los envolvía; el muchacho había llegado al límite de sus fuerzas. La sombra liberó mucho de su poder para girar en el aire hasta una de las plataformas de las delegaciones, cuando ésta pasó volando sobre ellos, y el muchacho saltó tras él...
Medio segundo demasiado lento.
La sombra desató su rayo mientas el muchacho aún estaba en el aire, y la recibió de lleno. El impacto lo envió de espaldas contra el podio, y cayó.
Cayó un largo trecho.
La base de la Arena estaba cien metros más abajo, cubierta de trozos de metal retorcido pertenecientes a las plataformas destruidas durante el combate. Y cuando por fin cayó, la victoriosa sombra volvió a ser sólo Palpatine: un hombre muy viejo y muy cansado que jadeaba en busca de aire mientras se apoyaba en la barandilla de la plataforma. Podría ser viejo, pero veía perfectamente. Examinó los restos de abajo, y no vio los dos cuerpos.
Movió un dedo y, en el Podio del Canciller, a una docena de metros de él, un interruptor se movió y una sirena sonó por todo el enorme edificio. Otro empujón de la Fuerza hizo descender su plataforma en espiral hasta el despacho en la base de la torre del podio. Los soldados clon llegaban ya.
- Ha sido Yoda y Fénix - dijo mientras bajaba de la plataforma. - Otro intento de asesinato. Encontradlos y matadlos. Volad el edificio si hace falta. -
No tenía tiempo de dirigir personalmente la búsqueda; la Fuerza cantaba una advertencia en sus huesos: Lord Vader corría peligro.
Peligro mortal.
Los clones se dispersaron. Detuvo a un oficial.
- Tú. Llama a la plataforma y diles que voy hacia allí. Que tengan mi nave preparada y a punto. -
El oficial saludó, y Palpatine, con un vigor que le sorprendió incluso a él, echó a correr.
Ayudado por la Fuerza, Fénix corría con Yoda en sus brazos por el pasillo de servicio situado bajo la Arena más deprisa de lo que podía correr un ser humano. Yoda cortaba los conductos a medida que pasaban, llenando el pasillo tras él con tentáculos de cables de alto voltaje, retorciéndose y escupiendo relámpagos. Cada varias docenas de metros hacían una pausa lo bastante larga como para cortar un agujero en la pared del pasillo. En cuanto sus perseguidores pudieran franquear los cables tendrían que dividir sus fuerzas para registrar cada una de sus posibles salidas.
Pero sabía que podían permitírselo; había miles de ellos.
Sin hacer aminorar el paso de Kai, Yoda sacó el comunicador dentro de su túnica. La Fuerza le susurró un conjunto de coordenadas y él las repitió al comunicador.
- Demorarte no debes - añadió. - En cerrada persecución están. Hemos fallado y matarnos podrían.
El Centro de Convocatorias del Senado Galáctico era una cúpula de más de un kilómetro de diámetro edificada sobre altas paredes; y, hasta ayudado por la Fuerza, Kai y Yoda respiraban con fuerza cuando llegaron al borde. Kai cortó un agujero en el suelo bajo él y se dejó caer en otro pasillo utilizado para el mantenimiento del enorme sistema luminoso que alumbraba la Plaza de la República mediante paneles de transpariacero que cubrían la parte inferior del borde de la enorme cúpula. Cortó el foso luminoso, y los vatios reflejados estuvieron a punto de cegarlos a la vertiginosa caída que había más allá del transpariacero sobre el que estaban.
También abrió un agujero en él…
Yoda se bajó y Kai usó su capa para crear un paracaídas y Yoda se subía, se sujetaba a su pecho y ambos se dejaron caer como un improvisado planeador dejando que la Fuerza los guiara en una caída libre lejos del Centro de Convocatorias. Un deslizador demasiado pequeño para disparar el perímetro defensivo automatizado, pero el deslizador con la carlinga abierta hacia el que caía del cielo sería derribado del cielo si se desplazaba a un lado un metro más de su actual rumbo.
Kai soltó la capa para que ondease hacia arriba, haciendo una especie de acrobacia que lo enderezó en el aire para caer, con los pies por delante, en un asiento junto a Bail Organa donde de inmediato ayudó al Maestro Yoda a acomodarse en la silla de atrás.
Mientras Yoda y Kai se ajustaban el arnés de seguridad, el senador de Alderaan hizo girar el deslizador alquilado en un ángulo que habría impresionado a Anakin Skywalker, y se dirigió hacia la intersección más cercana de las congestionadas aeroautopistas de Coruscant.
Yoda cerró los ojos con fuerza y Kai miraba el cielo tristemente y con una cara de derrotado. - ¡¡Maestro Fénix!! ¡¡Está herido!! – dijo preocupadamente al ver el brazo derecho chamuscado y terriblemente quemado… necesitaba de tratamiento de bacta de inmediato o podría perder su brazo…
- Se giró para ver al Maestro Yoda y le preguntó:
- ¿Maestro Yoda está herido? -
- Sólo en mi orgullo - dijo Yoda mientras Kai no aparataba su mirada del firmamento encogiéndose de hombros ante la herida. Yoda lo decía en serio, aunque Bail no podía comprender lo profunda que era esa herida, ni lo mucho que sangraba.- Sólo en mi orgullo. -
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Cuando la presión de Anakin en sus muñecas le dobló los brazos hasta el punto de ruptura, obligándolo a soltar los dos sables láser en un arco lento pero imparable, Lyra se deshizo de ello.
De todo.
De sus esperanzas. De sus miedos. De sus obligaciones para con los Jedi, de su promesa a Shimi, su madre, de su fracaso con Anakin.
Y de los sables láser.
Sorprendido, Anakin alteró instintivamente su tenaza en la Fuerza, soltando una muñeca para coger su sable. En ese instante, Lyra liberó la otra mano y cogió con la Fuerza su propio sable, invirtiéndolo a lo largo de su antebrazo para que su rápida parada del atronador revés de Anakin no sólo bloquease el golpe, sino que desviara ambas hojas para cortar la pared contra la que estaba parado. Desvió la siguiente estocada hacia la pared contraria, guiando nuevamente ambas hojas hacia arriba y sobre su cabeza en un barrido circular que le permitió emplear el siguiente embate del poder de Anakin para empujarse hacia atrás, a través de la pared, afuera, hasta el humo y las brasas que caían de los cielos.
Anakin le siguió, atacando constantemente. Lyra volvió a ceder terreno, retirándose a lo largo de una estrecha balconada sobre la orilla de arena negra de un lago de fuego. Mustafar cantaba a muerte tras él, a sólo un instante de distancia, en alguna parte entre los ríos de roca fundida. Obi-Wan dejó que Anakin lo empujara hacia allí.
Decidió que era un lugar al que debían llegar juntos.
Anakin le obligaba a retroceder, golpeando con su hoja con una fuerza que parecía fluir del volcán que tenían sobre ellos. Giró, cortó astillas de acero de la pared y las lanzó contra su contrincante con todo el calor de su furia. Cortó un panel de control que había en la pasarela, y el campo de fuerza que mantenía a raya la tormenta de lava desapareció.
Alrededor de ellos llovía fuego.
Lyra retrocedió hasta el borde de la balconada; más allá sólo había un cable energético, no más grueso que su brazo, que llevaba a la principal planta colectora de la vieja mina de lava. Lyra retrocedió y puso el pie en el conducto sin titubeo alguno, manteniendo un equilibrio impecable mientras paraba un golpe tras otro.
Anakin siguió adelante.
En la cuerda floja que era el cable energético, sus espadas eran borrones incluso más veloces que antes. Atacaban, cortaban, paraban y bloqueaban. Bombas de lava atronaban en el suelo bajo ellos, desprendiendo gotas de ardiente piedra que les quemaron las túnicas. El humo amortajaba la estrella del planeta, y las únicas luces que quedaban eran el brillo infernal de la lava bajo ellos y la de propias hojas. Bengalas de energía que crepitaban y escupían.
Esto no era un Sith contra una Jedi. No era la luz contra la oscuridad o el bien contra el mal; no tenía nada que ver con el deber o la filosofía, con la religión o la moral.
Era Anakin contra Lyra.
Era personal.
Los dos solos, y el daño que Lyra había recibido de Anakin y el daño que ella pensó hacerle al no poderlo ayudar.
Lyra dio una voltereta hacia atrás, desde el cable hasta su conexión con la planta colectora. Cuando Anakin fue tras él, volvió a saltar. Los dos giraron y saltaron por todos sus niveles, subiendo escaleras y cruzando plataformas. Lucharon encima de los paneles colectores sobre los que se derramaban las cascadas de lava, y Lyra, al borde del panel colector, encogida bajo una curva de duracero que apartaba las salpicadura de lava, desviando las descargas de la Fuerza y contrarrestando los mandobles de esta criatura llena de furia que había sido su mejor amigo y hermano, comprendió de repente una verdad inesperadamente profunda.
El hombre al que se enfrentaba era todo aquello que Lyra se había comprometido a destruir. Asesino. Traidor. Jedi caído. Señor de los Sith. Pero aquí, y ahora, pese a todo...
Lyra seguía queriéndolo.
Yoda lo había dicho con toda claridad: "Permitir que esos apegos pasen por la vida un Jedi debe conseguir", pero Lyra y Obi-Wan nunca se habían permitido entenderlo. Habían defendido a Anakin, le habían excusado, le habían encubierto una y otra y otra vez; y durante todo ese tiempo, ese apego cuya existencia hasta negaban los había cegado al camino oscuro que había tomado su mejor amigo.
Lyra supo que, al final, sólo había una respuesta para el apego... Lo dejó pasar.
El lago de fuego, que ya no estaba contenido por el campo de fuerza, se comía la playa en la que estaba instalada la planta, y la enorme estructura se desmoronó, haciendo resbalar a ambos guerreros, forzándolos a buscar desesperadamente un asidero en las inclinadas laderas de duracero que se convertían rápidamente en riscos. Se agarraron a cables sueltos mientras la superestructura de la planta flotaba hasta la lava, hundiéndose lentamente a medida que sus niveles inferiores se fundían y quemaban.
Anakin saltó de la superestructura, sujeto a su cable y columpiándose en un amplio arco sobre el calor de la lava. Lyra saltó también para reunirse con él, sujetando el cable con una mano y con la Fuerza, inclinando la hoja hacia arriba. Anakin propinó un mandoble a sus rodillas, pero Lyra elevó las piernas y cortó el cable por encima de la mano de Anakin, haciéndolo caer.
Bolsas de gas se elevaban hasta la superficie de lava, escupiendo llamas que eran como brazos que buscaban cogerlo.
Pero la curva de Anakin ya lo llevaba de vuelta a las desmoronadas ruinas en las que se había convertido la planta colectora, y la Fuerza lo puso al alcance de otro cable. Lyra enredó las piernas en su cable, alterando su arco para ponerse al alcance del que ahora colgaba Anakin, pero éste ya se había hecho al juego y se columpiaba de cable en cable, alejándose de los avances de Lyra y empleando la Fuerza para subir más y más, obligando a su perseguidor a hacer lo mismo. En ese terreno, la altitud lo era todo.
Empellones simultáneos de la Fuerza llevaron a ambos girando cables arriba, hasta la inclinada azotea de la superestructura. Lyra apenas pudo poner los pies sobre el metal antes de que Anakin saltase sobre ella. Permanecieron casi pegados, con las hojas girando y entrechocando por todos lados, mientras los droides de mantenimiento de la planta colectora seguían funcionando a su alrededor, trabajando inconscientemente en la maquinaria condenada, como seguirían haciendo hasta que la lava se cerrara sobre ellos y los fundiera, reduciéndolos a sus moléculas esenciales y disolviéndolos en la corriente.
Un rugido más sonoro que el de la erupción del volcán vino de río arriba. El metal empezó a chillar y a estirarse. El río descendía bruscamente en una sábana vertical de fuego que se desvanecía en ardientes nubes de humo y gases.
La planta colectora entera estaba siendo arrastrada, de forma inexorable, hacia una catarata de lava.
Lyra decidió que no quería ver lo que había en el fondo.
Apartó la hoja de Anakin con un bloqueo a dos manos y propinó una patada bien colocada que los separó. Antes de que Anakin pudiera recuperar el equilibrio, Lyra echó a correr para dar un salto que se convirtió en una zambullida de cabeza fuera de la azotea. Descendió, nivel tras nivel, a sólo unas decenas de metros de la lava. La Fuerza llevó a su mano un cable que colgaba, convirtiendo su zambullida en un arco que lo elevó muy arriba y muy lejos, hasta el mismo límite del cable.
Y lo soltó.
Con la misma seguridad con la que habría saltado desde un columpio en una de las salas de juego del Templo, su velocidad lo envió volando en un arco que lo disparó hacia la orilla del río.
Hacia. Nohasta.
Pero la Fuerza le había llevado hasta allí, y seguía sin traicionarla. Abajo, zumbando a pocos metros sobre el río de lava, apareció una enorme, lenta y vieja plataforma repulsora que transportaba droides y equipo hacia la planta colectora, dado que su programación no era lo bastante sofisticada como para darse cuenta de que estaba a punto de resultar destruida.
Lyra giró en el aire y dejó que la Fuerza le permitiera aterrizar como un gato. Un golpe rápido de sable láser inutilizó el sistema de guía de la plataforma, y Lyra pudo dirigirla hacia la orilla con un simple desplazamiento de su propio peso.
Se volvió para ver cómo la planta colectora chillaba como los condenados en el infierno corelliano, derrumbándose por el borde de la catarata hasta precipitarse a una destrucción invisible.
Lyra bajó la cabeza.
- Adiós, viejo amigo. -
Pero la Fuerza le susurró una advertencia, y Lyra alzó la cabeza a tiempo de ver a Anakin saltando hacia él desde la humareda que había sobre la catarata, agarrado a un pequeño droide movido por repulsores. El pequeño droide era mucho más rápido que la aparatosa plataforma de carga, y Anakin pudo rodear a Lyra y cortarle el acceso a la orilla. Lyra volvió a desplazar su peso a un lado y a otro, pero el droide de Anakin era ágil como una pantera de las arenas; no había forma de sortearlo, y el calor, tan cerca de la lava, era lo bastante intenso como para chamuscar el pelo largo de Lyra.
Anakin saltó a la plataforma donde Lyra se encontraba y le lanzó un golpe que casi da en el blanco pero Lyra alcanzó a poner su sable o si no le hubiera arrancado el brazo izquierdo. Pero el ataque le hizo una quemadura en la camisa y en la piel de la joven Maestra Jedi, dejándole una quemada desde un hombro hasta cerca del codo. Lyra se apartó lo máximo que podía del ahora estrecho lugar. Lyra respiraba pesadamente mientras miraba a Anakin muy triste… Anakin sonrió maliciosamente y dijo:
- Éste es tu final, Maestra - dijo Anakin - Ojala fuera de otro modo. -
- Sí, Anie, yo también lo hubiera preferido - dijo Lyra mientras veía como quedaba de espaldas y muy cerca de la orilla. Usando la Fuerza dio un salto y cayó en un risco justo encima de la suave arena negra de la orilla. Anakin la miró con odio y dijo:
- No subestimes el poder del Lado Oscuro niña -
Anakin se preparó para saltar mientras Lyra gritaba:
- ¡¡¡Anie no lo hagas!!! -
Anakin no le hizo caso y saltó de la plataforma hacia Lyra…
Medio segundo demasiado lento.
El movimiento de Lyra para parar el ataque no encontró la hoja de Anakin. Encontró su rodilla. Y luego su otra rodilla.
Y mientras Anakin aún seguía en el aire, con las quemadas extremidades apenas iniciando su caída por el risco, el gesto de Lyra al devolver su arma a la posición de guardia hizo que su hoja pasase a través del brazo izquierdo de Anakin, por encima del codo. Dio un paso atrás mientras Anakin caía.
Anakin soltó el sable láser para poder arañar el borde del risco con su mano mecánica, pero sus dedos eran demasiado fuertes para el banco de lava, que se desmoronó, haciéndole resbalar hasta la arena negra. Sus piernas y su brazo cortados rodaron hasta la lava y se convirtieron en cenizas con repentinos estallidos de llamas escarlatas.
Del mismo color que una hoja Sith, observó Lyra.
Anakin arañaba la blanda arena negra, pero su forcejeo sólo le hacía resbalar aún más. La arena en sí era lo bastante caliente como para quemar el guante de los dedos de duracero que se hundían en ella, y su ropa empezó a humear.
Lyra cogió el sable láser de Anakin y levantó también el suyo, sopesando los dos en sus manos. Anakin había basado su diseño en el de Obi-Wan y el suyo. Eran muy semejantes.
Se habían usado de forma muy diferente.
- Lyra...
Miró abajo. Las llamas lamían los bordes de la túnica de Anakin, y su largo cabello estaba negro y empezaba a chamuscarse.
- ¡Eras el Elegido! ¡Se decía que destruirías a los Sith, no que te unirías a ellos. Que traerías el equilibrio a la Fuerza, no que la dejarías en la oscuridad! ¡Eras mi hermano, Anakin! ¡Te quiero mi hermano y perdóname por no poderte salvar.
Un fogonazo de metal cruzó el cielo, y Lyra sintió que la oscuridad se cerraba alrededor de los dos. Conocía esa nave: la lanzadera del Canciller. Supuso que ahora sería la lanzadera del Emperador.
Yoda y Kai habían fallado. Habían muerto.
Igual había dejado solo a Obi-Wan y a Lyra: Los últimos Jedi.
Bajo sus pies, Darth Vader estalló en llamas.
- Te odio - gritó.
Lyra bajó la mirada. Matarlo sería un gesto de misericordia. No se sentía misericordiosa.
Se sentía calmada y despejada, y supo que bajar hasta esa playa negra podía costarle más tiempo del que tenía.
Se acercaba otro Señor Sith.
Al final sólo le quedó una elección. La elección que había hecho muchos años antes, cuando pasó sus pruebas para ser Caballero Jedi y juró ser un Jedi por siempre. Al final seguía siendo Lyra Sanome, seguía siendo un Jedi, y no mataría a un hombre indefenso.
Lo dejaría a la voluntad de la Fuerza.
Se volvió y se alejó caminando.
Al cabo de un momento, empezó a correr.
Empezó a correr porque se dio cuenta de que, si era lo bastante rápido, aún podía hacer algo por Anakin. Aún podía honrar el recuerdo del hombre al que había querido como hermano, o a la desaparecida Orden a la que ambos habían servido.
En la plataforma de aterrizaje, C-3PO le esperaba en la rampa de descenso del esquife, agitando frenéticamente los brazos.
- ¡Maestro Sanome! ¡Por favor, dése prisa! -
- ¿Dónde esta Padmé y Obi-Wan? -
- Ya está dentro, señor, pero está muy mal y el Maestro Kenobi recuperó el sentido pero está muy mareado y tiene varios cortes. Está alistando la nave para partir.
Lyra asintió mientras el esquife comenzaba a elevarse. Lyra corrió al caza de su amigo. No pensaba dejarlo ahí tirado para que los sith lo capturara y usaran la información y los objetos que tuviera… sabía que habían objetos valiosos en él. Subió la rampa hasta la carlinga del Infiltrador y encendió los motores. Cuando la lanzadera del Canciller trazó una curva en dirección a la plataforma, el esbelto esquife de acabado de espejo y el Infiltrador Sith ya se dirigían a las estrellas.
Lyra nunca miró atrás.
