Chapter 7

The Hope

Un esquife de Naboo revirtió al espacio real y al instante siguiente un Infiltrador Sith salió del Hiperespacio y siguió a la nave de Naboo como protegiéndolo mientras ambos se dirigían hacia una instalación médica alienígena situada en el cinturón de asteroides de Polis Massa.

El Tantive IV reentró en la realidad pocos minutos después.

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Y en Mustafar, bajo el tronar rojo de un volcán, un Señor Sith ya había recuperado de la arena de cristal negro el torso y la cabeza quemados de lo que una vez fue un hombre. Ya había saltado sin esfuerzo al risco, y ya había rugido a sus clones: "¡Traed inmediatamente la cápsula médica!"

El Señor Sith depositó con ternura en el suelo frío de arriba al hombre sin extremidades, extendió las manos sobre el ennegrecido y agrietado amasijo que una vez fue su frente y le alentó con su voluntad.

Vive, Lord Vader. Vive, aprendiz mío.

Vive.

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Al otro lado del cristal de transpariacero de la cúpula de observación, en los peñascos sin aire de Polis Massa, la galaxia giraba en un chorro de cortantes y fríos puntos luminosos en el velo de la noche infinita. Bajo esa cúpula se sentaba Yoda con Kai, pero no miraban a las estrellas. Lyra los miraba y estaba asustada al verlos tan derrotados mientras un droide médico con bacta cuidaba de las terribles quemaduras en el brazo derecho y mano de Kai. Mientras otro droide cuidaba la quemadura de su brazo.

Permanecieron sentados un tiempo muy largo aún después de que los dos Droides médicos se retiraran.

- Incluso después de casi novecientos años, el camino al conocimiento de uno mismo seguía siendo lo bastante escarpado como para dejarlo amora­tado y sangrando. - Habló Yoda en voz queda, pero no para sí mismo. Aunque no había nadie a parte de él, Lyra y Kai, pero los tres sabían que no estaban solos.

- Lo siento - repuso Yoda a la nada

- Lo siento yo por este fracaso - Kai dijo triste – Me creí todopoderoso -

- Lo siento mucho Anakin, Padme amiga – dijo Lyra destrozada

- No fue así Kai, Lyra mis amigos, excepcionales ambos fueron, haberlos escuchado yo debí. Hicieron ambos lo que pudieron, fracaso mío esto fue. A los Jedi he fallado. -

Hablaban con la Fuerza.

Y la Fuerza les respondía.

No se culpen, mis viejos amigos.

En los últimos trece años, cuando la Fuerza le hablaba a Yoda o a Lyra, a veces lo hacía con la voz de Qui-Gon Jinn.

- Demasiado viejo fui - dijo Yoda. - Demasiado rígido. Demasiado arrogante para ver que el viejo camino el único no era. Para ser como los Jedi que a mí me entrenaron, hace largos siglos, a esos Jedi entrené, pero esos Jedi de otro tiempo eran. La galaxia mucho ha cambiado. La Orden nada ha cambiado. Que cambiara yo no permití. De mis amigos consejos no permití recibir - dijo Yoda mirando a Lyra y a Kai con un cariño grande. - mis aprendices pero a la vez mis Maestros -

Eso es más fácil de decir que de hacer, amigo mío.

- Un misterio infinito la Fuerza es - Yoda alzó la cabeza y clavó la mirada en la rueda de estrellas. - Mucho por aprender aún queda. -

- Y tendrán tiempo para aprenderlo. -

- Conocimiento infinito... - Yoda negó con la cabeza. - Infinito tiem­po requiere, tal vez los jóvenes, pero yo no, mi tiempo es corto -

Con mi ayuda podrán unirse a la Fuerza, reteniendo sus consciencias. Podrán unir su luz a la de ella por siempre. Con el tiempo, puede que hasta su yo físico vuelva a renacer.

Ni Yoda, ni Kai, ni Lyra se movieron.

- Vida eterna... – susurraron los tres Jedis

El objetivo final de los Sith. Pero ellos nunca podrán alcanzarlo; sólo se consigue liberándose del yo, no exaltando el yo. Se consigue con la compasión, no con la avaricia. El amor es la respuesta a la oscuridad.

- El amor uno con la Fuerza es, pero influencia aún tiene... - musitó Yoda.- Un poder más grande que todo es. -

No se puede otorgar; sólo enseñar. Pueden aprenderlo, si quieren. Yoda, Lyra y Kai asintieron despacio.

- En gran Maestro Jedi te has convertido, Qui-Gon Jinn. Un gran Maestro Jedi siempre fuiste, pero demasiado ciego fui yo para verlo. -

Yoda se levantó, cruzó las manos ante él e inclinó la cabeza en la reve­rencia Jedi de respeto seguidos de Kai y Lyra

La reverencia de los estudiantes en presencia del Maestro.

- Agradecido en tu aprendiz me convierto - dijo Yoda ante los admirados Kai y Lyra quienes miraban hacia Yoda asombrados.

Ya estaba muy avanzada su primera lección cuando la escotilla se abrió tras ellos. Ellos se giraron...

Al otro lado de la escotilla estaba Bail Organa. Parecía alterado.

- Obi-Wan pide sus presencias en la sala de operaciones - dijo. - Es Padmé…se muere. - Lyra y Kai se pusieron de pie de un salto y salieron corriendo mientras Bail y Yoda salían lentamente.

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Obi-Wan estaba al lado de ella, cogiéndole una mano fría e inmóvil entre las suyas.

- No te rindas, Padme. -

- Es... - sus ojos se movían ciegamente. - Es una niña. Anakin cree que es niña. -

- Aún no lo sabemos. En un momento... Tienes que seguir con no­sotros. -

Bajo la tienda opaca que la cubría del pecho para abajo, un par de droi­des cirujanos la ayudaban en el parto. Un droide médico se agitaba y manoseaba entre el conjunto de escáneres y de equipo.

- Sí, es... una chica... Oh, oh, oh no... -

Obi-Wan clavó una mirada de suplica en el droide médico. - ¿No puede hacer nada? -

-Ya se ha reparado todo el daño orgánico - el droide examinó otra lec­tura. - El fallo sistémico no tiene explicación.

No es físico, pensó Obi-Wan. Le apretó la mano como si pudiese retener la vida en su cuerpo con la simple presión.

. Padme, tienes que aguantar. -

- Si es niña... - jadeó, - que se llame Leia...

Uno de los droides cirujano salió de detrás de la tienda, acunando en sus brazos acolchados un pequeño bebé, ya limpio y respirando, pero sin el menor asomo de lágrimas.

- Es un niño - anunció el droide con voz suave.

Padme alargó hacia él su temblorosa mano libre, pero no tenía fuerzas para cogerlo; sólo pudo tocarle la frente con los dedos.

Sonrió débilmente.

- Luke... -

El otro droide también rodeó la tienda con otro bebé limpio, también callado y solemne.

- ... y una niña. -

Pero ella se había desplomado nuevamente contra la almohada. - Padme, tienes gemelos - dijo Obi-Wan con desesperación. - Te necesitan... Por favor, aguanta... -

- Anakin... -

- Anakin... no está aquí, Padme - dijo, aunque no creía que ella pudiera oírle.

- Anakin, lo siento. Lo siento mucho... Anakin, por favor, te amo... -

Obi-Wan sintió en la Fuerza la cercanía de Yoda, Kai y Lyra y alzó la mirada para verlos junto a Bail Organa. Todos lo miraban con el mismo gesto interrogante a través del panel de observación de la sala de opera­ciones.

La única respuesta que tenía Obi-Wan fue una impotente negación con la cabeza que causó que Lyra estallara a llorar mientras ella y Kai ingresaban sin importar las quejas de los droides médicos. Padme alargó la mano libre, la mano que había posado en la frente de su hijo primogénito, y puso algo en la mano de Kai mientras abrazaba a una Lyra sollozante.

Por un momento, la mirada de ella se despejó, y les reconoció. - Obi Wan, Lyra mis queridos amigos..., Kai perdóname por traicionarte…hermano…por favor… -

- No hay nada que perdonar su Alteza hizo lo que creía mejor por las personas de esta galaxia… -

- Llámame Padme….no soy Reina…hazlo como lo hacías en Naboo…cuida de los sobrevivientes de la Orden… se que los hay… y por favor Lyra y tu visiten y cuiden de mi hija… por favor… se los imploro… sean como los tíos para ella… -

- No se preocupe su Alte… Padme. Sobre mi cuerpo muerto le hacen daño a tu hija – dijo Kai. Yoda desde la ventana sintió como si un Sable de Luz se incrustaba en su pecho al ver como su casi hijo le salían lágrimas de sus ojos y sabía que se había contenido desde la muerte de los niños del Templo y Lyra asintió fervientemente en medio de su llanto. Kai continuó - por favor no nos dejes… por favor… tu fuiste una de las tres personas por las cuales espié el lado oscuro, para ayudarte a descubrir la verdad… eres una mujer excepcional…no te vayas….amiga…hermana…-

- Kai..., aún hay bondad en él. Sé que todavía... la hay... - Su voz se desvaneció en un suspiro vacío, y se desplomó contra la almohada. Media docena de escáneres zumbaron con conflictivos tonos de alarma, y los droides médicos les hicieron salir de la sala.

Kai estaba parado en el vestíbulo de la sala, mirando lo que ella había pues­to en su mano. Era algún tipo de colgante, un amuleto con signos desco­nocidos tallados en algún material orgánico y engarzado en un cordel de cuero. En la Fuerza, pudo sentir rastros del tacto de su piel.

Cuando Yoda y Bail se reunieron con ellos, Kai aún seguía allí parado, mi­rándolo mientras Obi Wan trataba de parar el terrible llanto de Lyra.

- Me puso esto en la mano... - por lo que parecía la duodécima vez en ese día, se encontró pestañeando para alejar las lágrimas - ...y ni siquiera sé lo que es. -

- Precioso para ella debía de ser - dijo Yoda despacio. - Quizá ente­rrado con ella debería ser. -

Lyra miró los sencillos símbolos infantiles tallados en él por su casi hermano y amigo Anakin y sintió en la Fuerza que emitían los ecos de un amor trascendente y la desoladora, desoladora desesperación de un corazón insoportablemente roto.

- Sí - dijo. - Sí. Quizá sería lo mejor. – dijo llorando todavía

Momentos más tarde…

Bail Organa, Lyra Sanome, Kai Fénix, Obi-Wan Kenobi y Yoda se reunieron alrededor de una mesa de conferencias en el Tantive IV para decidir el destino de la galaxia.

- A Naboo enviad su cuerpo... - Yoda estiró la cabeza, como saborean­do una corriente en la Fuerza. - Embarazada todavía debe parecer. Ocultos, a salvo, los niños deberán estar. Base de la nueva Orden Jedi serán.

- Deberíamos separarlos - dijo Obi-Wan. - Así, si los Sith encuen­tran a uno, el otro podría sobrevivir. Yo puedo coger al niño, Maestro Yoda, y tú a la chica. Podemos esconderlos, mantenerlos a salvo... Entrenarlos como Anakin debió ser entrenado... -

- No. – dijo Kai y Yoda asintió. El anciano Maestro bajó otra vez la cabeza, cerrando los ojos, posando la barbilla en sus manos plegadas sobre el mango de su bastón. Obi-Wan parecía inseguro.

- Pero ¿cómo van a aprender la autodisciplina que necesita un Jedi? ¿Cómo van a dominar las habilidades de la Fuerza? - dijo Lyra

- El entrenamiento Jedi única fuente de autodisciplina no es. Cuando sea el momento de esas habilidades enseñarles, la Fuerza viviente nos los traerá. Hasta entonces, esperaremos, vigilaremos y aprenderemos. -

De pronto la voz de Bail Organa llegó a ellos…

- Yo puedo... - se interrumpió, sonrojándose ligeramen­te. - Siento interrumpir, Maestros, sé poco sobre la Fuerza, pero sí sé algo de amor. La Reina y yo... Bueno, siempre hemos pensado en adoptar una niña. Si no tenéis objeción, quisiera llevarme a Leia a Alderaan y criarla como si fuera nuestra hija. Sería muy querida por nosotros. -

Los cuatro Maestros Jedi intercambiaron una mirada y discutieron brevemente telepáticamente. Yoda inclinó la cabeza. - Destino más feliz no podría pedir ningún niño. Con nuestra bendi­ción, y la de la Fuerza, Leia tu hija será. -

Bail se levantó, un poco torpemente, como si no pudiera continuar sen­tado. Su sonrojo había pasado de la vergüenza a una alegría pura y sin complicaciones.

- Gracias, Maestros. No sé qué más decir. Sólo gracias. ¿Y el niño? -

- Creo que Cliegg Lars aún vive en Tatooine con el hermanastro de Anakin... Owen, creo que se llama, y su mujer, Beru. Trabajan en una granja de humedad fuera de Mos Eisley...

- Los parientes más cercanos que el niño tiene - dijo Obi Wan con apro­bación. - Pero Tatooine como Alderaan no es...muy alejado en el Borde Exterior, un planeta salvaje y peligroso es. -

- Anakin sobrevivió a él al igual que yo - dijo Lyra - Luke también puede. -

- Yo puedo, bueno, puedo llevarlo allí y cuidar de él. Protegerlo de los peores peligros del planeta hasta que aprenda a resguardarse solo – Dijo Obi-Wan de repente

Lyra y Kai se miraron, Lyra comenzó a llorar suavemente porque la Fuerza les susurró la separación…

- ¿Como un padre deseas ser, joven Obi-Wan? – dijo Yoda tan controlado como siempre

- Más bien un... tío excéntrico. Es un papel que puedo hacer bien. Velar al hijo de Anakin... - Obi-Wan suspiró, permitiendo que a su rostro asomara un recuerdo de su vieja sonrisa amable. - No imagino mejor manera de pasar el resto de mi vida. -

- Decidido está, entonces. A Tatooine lo llevarás. -

- Ahora debemos decidir sobre los Padawans e iniciados sobrevivientes – dijo Lyra y recibió el cabeceó de Yoda.

- Bueno Obi-Wan irá a Tatooine con Luke, y yo me exiliaré en Dagobah para ocultar de los Siths mi poder hasta que el momento llegue -

Lyra y Kai se miraron y Yoda dijo:

- Kai y Lyra ustedes los entrenarán ocultos en Yavin y los convertirán en Jedis de una nueva generación. Les confío esa gran responsabilidad a ustedes mis grandes amigos y grandes Maestros Jedi, ustedes serán la guía de las nuevas generaciones y el futuro de los Jedi, tienen mi voto de confianza. Guíenlos hasta que no necesiten de ustedes y después vayan con la Fuerza -

Lyra y Kai se miraron impresionados por lo dicho por el anciano Maestro Jedi. Volvieron a mirar a Yoda y asintieron serios aunque Lyra lo hizo de forma renuente. Obi-Wan suspiró tristemente por la pronta separación. Lyra y Obi-Wan se abrazaron y dieron un beso apasionado mientras Kai, Bail y Yoda los miraron con tristeza…

Bail se movió hacia la puerta.

- Si me disculpáis, tengo que llamar a la Reina... - se detuvo en la puerta, mirando hacia atrás. - Maestro Yoda, ¿crees que los gemelos de Padmé podrán derrotar a Palpatine? -

- Grande en el linaje Skywalker la Fuerza es. Sólo esperanza tenemos. Hasta que ese momento llegue, nosotros desapareceremos. -

Bail asintió.

- Yo debo hacer lo mismo, al menos metafóricamente. Puede que oigáis... cosas preocupantes... sobre lo que hago en el Senado. Debe pare­cer que apoyo al nuevo Imperio, como lo harán mis camaradas. Fue... deseo de Padmé, y ella tenía una mente política mucho más aguda de lo que nunca será la mía. Por favor, pensad que sólo lo hacemos para ocultar nuestra verdadera tarea. Nunca traicionaremos el legado de los Jedi. Nunca rendiré la República a los Sith. -

- Lo se Senador y no se preocupe Leia tendrá dos visitas alegres continuamente - Lyra dijo seria y Bail asintió contento diciendo:

- Está bien, les enviaré a Luna Cuarta de Yavin varios cazas y naves para su uso Maestros, también los ayudaré con los suministros que les hagan falta y perdonen de nuevo por lo que haré -

- Confianza en ello siempre tuvimos. Ve ahora; noticias felices tu Reina espera. – dijo Kai

Bail Organa hizo una reverencia y desapareció por el pasillo. Cuando Obi-Wan se dispuso a seguirlo, el bastón de Yoda le bloqueó el paso.

- Un momento, Maestro Kenobi. Para tu soledad en Tatooine un entrenamiento te reservo. Yo y nuestro nuevo Maestro. -

Obi-Wan pestañeó.

- ¿Un nuevo Maestro? -

- Sí - Yoda le sonrió. - Y tu viejo Maestro...

- Qui Gon Jinn – terminó Kai respetuosamente en un susurro y Obi-Wan Kenobi abrió sus ojos como platos.

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C-3PO caminaba por el corredor de la nave junto a R2-D2, siguiendo al senador Organa que, a efectos prácticos, los había heredado a los dos.

- No puedo decirte por qué se averió ella de ese modo - decía al pequeño astromecánico.

- Los seres orgánicos son terriblemente compli­cados. -

Delante de ellos, el senador se paró ante un hombre cuyo uniforme fue identificado por los algoritmos de reconocimiento de conformaciones de C-3PO como capitán de la Flota Civil Real de Alderaan.

- Voy a poner estos droides a su cuidado - dijo el senador. - Que los limpien, pulan y los equipen con lo mejor; pertenecen a mi nueva hija. -

- ¡Qué maravilla! - exclamó C-3PO. - Su hija es la hija del amo Anakin y de la senadora Amidala - explicó a R2-D2. - ¡Apenas puedo esperar a hablarle de sus padres! Estoy seguro de que se sentirá muy orgullosa... -

- Ah, y al droide de protocolo... - dijo el senador Organa pensativo. - Que le borren la memoria.

El capitán saludó.

- Oh - dijo C-3PO. - Oh, cielos.

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En el recién rebautizado Centro de Reconstrucción Quirúrgica Emperador Palpatine, un prototipo hipersofisticado de droide cirujano ubrikkiano DD-13 se apartó del proyecto que reconstruía desde hacía muchos días en compañía del droide médico modificado FX-6. Miró a una sombra vestida de negro, parada al borde del estanque de luz de alta intensidad.

- Mi señor, la reconstrucción ha concluido. Vive. -

- Bien. Bien. -

La sombra fluyó hasta el estanque de luz como si se hubieran averiado los iluminadores del techo.

Los droides se apartaron cuando llegó al borde de la mesa de operaciones.

En la mesa estaba el primer paciente del Centro ReQuiEmPal.

A algunos ojos, habría parecido un híbrido parcheado de droide y humano, cubierto con un caparazón sustentador de vida de brillante negro alimentado por un procesador torácico que guiñaba con colores pálidos contra la capa de sombra. A algunos ojos, sus extremidades articuladas habrían parecido torpes, desmañadas, monstruosas incluso. Las negras curvas sin rasgos que hacían las veces de ojos podrían parecer inhumanas, y la rejilla inclinada de su vocalizador podría recordar a las mandíbulas de un saurio depredador construido de coraza pulida, pero para la sombra...

Era glorioso.

Un joyero magnífico, creado para proteger y exhibir el mayor tesoro de los Sith.

Aterrador.

Hipnótico.

Perfecto.

La mesa rotó lentamente hasta una posición vertical, y la sombra se acercó más.

- ¿Lord Vader? Lord Vader, ¿me oyes? -

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Esto es lo que se siente siendo Anakin Skywalker, para siempre:

El primer alba de la luz en tu universo te provoca dolor.

La luz te quema. Siempre te quemará. Parte de tu ser siempre reposará sobre la arena de cristal negro, junto a un lago de fuego, mientras las lla­mas te roen la carne. Puedes oírte respirar. La respiración es trabajosa y difícil, y te araña nervios que ya están en carne viva, pero no puedes impedirlo. No puedes detenerla. Ni siquiera reducirla.

Ni siquiera tienes ya pulmones.

Mecanismos conectados a tu pecho respiran por ti. Bombearán oxige­no en tu corriente sanguínea, eternamente.

¿Lord Vader? Lord Vader, ¿me oyes?

Y no puedes oírlo, no como lo oías antaño. Sensores en el caparazón que aprisiona tu cabeza gotean significado directamente en tu cerebro. Abres tus pálidos ojos chamuscados. Sensores ópticos integran la luz y la sombra en un horrible simulacro del mundo que te rodea.

O puede que el simulacro sea perfecto y que lo horrible sea el mundo.

¿Padmé? ¿Estás aquí? ¿Estás bien? intentas decir, pero otra voz habla por ti, por un vocalizador que sustituye a tus labios, tu lengua y tu gar­ganta quemados.

- ¿Padmé? ¿Estás aquí? ¿Estás bien? -

Lo siento mucho, Lord Vader. Me temo que ha muerto. Parece ser que la mataste en tu rabia.

Esto te quema mucho más que la lava.

- No... No, ¡no es posible! -

Tú la querías. La querrás siempre. Nunca podrías desear su muerte. Nunca.

Pero lo recuerdas...

Lo recuerdas todo.

Recuerdas el dragón que quisiste matar liberando a Vader de tu cora­zón. Recuerdas el frío veneno en la sangre de Vader. Recuerdas el horno que fue la furia de Vader y el negro odio con el que apretaste el cuello de ella para acallar su boca mentirosa...

Y entonces hay un momento luminoso en el que por fin comprendes que no hay ningún dragón. Que no existe ningún Vader. Que sólo estás tú. Sólo Anakin Skywalker.

Que todo eso eras tú. Tú.

Sólo tú.

Lo hiciste tú.

Tú la mataste.

La mataste porque, al final, cuando podías haberla salvado, cuando podías haberte ido con ella, cuando podías haber pensado en ella, estabas pensando en ti mismo...

Es en este momento abrasador cuando por fin comprendes la trampa que es el Lado Oscuro, la crueldad definitiva de los Sith...

Porque ahora lo único que tendrás siempre será a ti mismo.

Y rabias, gritas y buscas en la Fuerza para aplastar a la sombra que te ha destruido, pero eres muy inferior a lo que eras, eres más que medio máquina, eres como un pintor que se ha vuelto ciego, como un compositor sordo. Puedes recordar dónde estaba el poder, pero el poder que puedes tocar sólo es un recuerdo, y con toda tu furia destructora de mundos sólo puedes hacer implotar a los droides que te rodean, y al equipo, y a la mesa a la que estás sujeto. Y al final no puedes tocar a la sombra.

Al final, no quieres ni hacerlo.

Al final, la sombra es lo único que te queda.

Porque la sombra te comprende, la sombra te perdona, la sombra te acepta en ella...

Y en el horno de tu corazón, ardes en tus propias llamas.

Esto es lo que se siente siendo Anakin Skywalker. Para siempre.

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Ha empezado la larga noche.

Enormes y solemnes multitudes atestan la Plaza del Palacio en Theed, capital de Naboo, cuando seis hermosas gualaars blancas cargan a través del Arco Triunfal con un féretro abierto envuelto en flores que contiene los restos de una querida senadora, cuyos dedos aferran, por fin y por siempre, un pedazo de japor tallado hace mucho por la mano de un niño de nueve años en un oscuro planeta desierto del lejano Borde Exterior...

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En el planeta selvático de Dagobah, un Maestro Jedi inspecciona el extraño pantano de su exilio...

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En el planeta Yavin y en especial de su luna Cuarta dos Maestros Jedi descienden con unos niños de una nave negra en medio de la jungla cerca de un Templo con un poder oscuro inmenso con la esperanza de que el planeta de alta concentración de la Fuerza Oscura como Dagobah ocultara a los ojos y sentidos de los Siths lo que quedaba de la Orden Jedi….

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En el puente de un destructor estelar, dos señores Sith hablan con un gobernador de sector llamado Tarkin, y examinan el creciente esqueleto de una estación de combate esférica del tamaño de una luna...

Pero hasta en la noche más profunda hay quienes sueñan con el alba.

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En Alderaan, el príncipe consorte deposita una niña en los amorosos brazos de su Reina.

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Y en Tatooine, un Maestro Jedi entrega un niño en el hogar de Owen y Beru Lars...

Luego cabalga en su eopie, rumbo al desierto de Jundland, hacia los soles que se ponen.

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FIN DEL EPISODIO 3 LA VENGANZA DE LOS SITHS….MUY PRONTO LA CONTINUACIÓN…. LOS ÚLTIMOS JEDIS