Veamos que sale de aquí, normalmente sabría qué va a pasar en mis fic pero este va saliendo como quiere salir de mi mente y a veces se me arranca hacia mares oscuros que me dejan confundida. En fin, espero que lo disfruten.
Por cierto, creo que señalé que no hablo el alemán, aunque lo conozca, así que deben perdonar aquellos errores gramaticales que pueda tener. Además, no creo que tengan gran relevancia ¿o sí? Simplemente ocupo algunas palabras para enriquecer la historia, no para dármela de entendida ni mucho menos.
Algo extraño
Remus había colocado un conjuro fijador sobre la apariencia de Heinrich, sólo si este manifestaba en demasía su magia blanca este se rompería provocando la aparición de su verdadero yo, aunque confiaba en que el moreno no tuviese que hacerlo en un buen tiempo.
Cuando ellos iban saliendo habían recibido una lechuza del ministerio, Draco cogió el escrito y lo leyó.
- En el ministerio sólo hay idiotas - les dijo señalando la nota - como si nosotros no fuésemos a ir a rendir cuentas sobre la captura de esos tres anoche.
- Quizás sólo quieren asegurarse que vamos a hacerlo - dijo Heinrich divertido.
- Querido mío - le dijo Ian - si uno no rinde cuentas de una captura, no te pagan la recompensa por muchos testigos que haya habido de tu hazaña ¿sabías? - miró a Draco - una idiotez, si me lo preguntas, aunque con ello evitas que alguien más cobre por ti - suspiró.
- También nos señalan cuanto va a ser nuestro pago y que esta se dividirá por tres, como si nosotros no fuésemos a repartirla - gruñó el rubio - mejor nos apuramos, dice que el ayudante del ministro nos espera en la oficina del jefe de los aurores, con lo que me agrada verlo - agregó fastidiado.
- Percy siempre ha sido un tanto antipático, era el que menos me gustaba de los Weasley - le dijo el moreno caminando hacia la sala de las apariciones - no sé, quizás porque era demasiado estirado y quisquilloso con todo.
- Pues yo preferiría no tener que verlo nunca - dijo Ian - desde el día que nos graduamos que me mira demasiado y me hace insinuaciones, me dijo que podía darme una mejor asignación si quería, pero tendría que pagarle de alguna manera y como le dije que no, me asignó con Draco porque, según sus palabras, con él me iba a arrepentir de haberlo rechazado, cosa que aún no hago - agregó.
- Y se queja que nadie le mira cuando yo estoy presente - se burló el rubio.
- Será porque yo no quiero esa clase de atenciones, no voy a pagar favores con mi cuerpo, sea quien sea que me lo pida - le replicó el castaño.
- No te enfades, Weasley no sería mi mejor elección - le dijo - vamos - ordenó y juntos tomaron el trasladador que los dejó en el hall del ministerio - pasa algo raro - dijo acercándose a uno de los guardias al ver la aglomeración de gente en torno a la oficina del jefe de los aurores - ¿qué sucede?
- Uno de los mortifagos atrapados anoche jura haber visto a Harry Potter y el mismo ministro quiere hablar con los aurores que los atraparon - le dijo.
- Por Merlín - dijo Heinrich siguiendo a Draco y a Ian que se echaron a correr rumbo a la oficina de su jefe.
- Así que fueron ustedes tres los héroes de anoche - dijo el Ministro al verlos entrar apresuradamente sin fijase mucho en los presentes.
- Vinimos apenas pudimos - dijo Draco - veníamos saliendo cuando nos llegó la lechuza - informó mirando al ministro directamente.
Heinrich miró de medio lado al ministro, había personas a las que recordaba de antes de la guerra, pero aquel hombre con aspecto de león viejo no era una de ellas precisamente, por lo que habían hablado con Remus sabía que era ministro desde un año antes que Voldemort cayera definitivamente, pero no lo recordaba.
- Uno de los mortifagos que capturaron anoche jura - dijo el jefe de los carceleros de Azkaban que estaba allí sentado en uno de los inmaculados sillones de cuero de la oficina - que vio a Harry Potter lanzar el hechizo que los capturó.
Draco miró a Ian y a Heinrich preocupado sin saber que responder, él se había preocupado de evitar que Parkinson lo viera, pero eso fue luego que los capturaron ¿cómo iba a saber que ya lo habían visto?
- Perdón, her Stuart - dijo el moreno - pero quizás el hechizo que les lancé le hizo confundirse, porque el hechizo lo lancé yo, pregúntele a los testigos.
- Todos coinciden en que fue un moreno de ojos verdes - dijo Tonks desde las sombras de la oficina, pero ella miraba con atención al moreno - pero también dicen que él escuchó el siseo de la neblina antes de tomar a sus compañeros y frenar la magia negra - les informó.
- En mi curriculum sale que yo hablo parsel - le dijo el moreno - fue por eso que me mandaron aquí, porque me tenían miedo, Frau Tonks.
- Es extraño - dijo Percy Weasley sentado junto al jefe del departamento - tiene los ojos muy parecidos a los de Harry, una varita similar a la suya y, además, habla parsel, cuando los que hablan ese idioma son escasísimos.
- Pero no vinimos a hablar de mis capacidades - dijo Heinrich tratando de mantener la calma - ustedes querían saber de la captura de esos tres mortifagos ¿Nein? - miró a su jefe y este asintió - Her Draco dijo que eran Vincent Crable, Gregory Goyle y Pansy Parkinson ¿Wart?
- Así es - dijo este comprendiendo que cambiaba el tema - eran los mortifagos más jóvenes al servicio del malvado lord - explicó - estaban demasiado convencidos que él estaba en lo correcto para razonar por sí mismos.
- Y ellos eran parte de tu pandilla en el colegio - le dijo Percy.
- Eso no tiene nada que ver - dijo el rubio molesto, pero contenido por la mano de Heinrich - nos separamos cuando nuestros ideales cambiaron.
- Pero es extraño que precisamente ustedes los hayan atrapado y en un lugar donde va la flor y la nata de la sociedad mágica - insistió el pelirrojo - cuando ustedes son los que menos trabajan en el ministerio.
- Creo que esa no es la cuestión que nos reúne, her Weasley - le dijo Heinrich - ni siquiera puede cuestionar la integridad de her Draco ¿sabe? Y si no nos quieren pagar por nuestro trabajo, me importa un bledo, soy un auror no un mercenario que caza enemigos por dinero, no estuve tres años en la academia para eso - tomó del brazo a Ian - vámonos, no nos rebajaremos a todo esto.
- Bravo - le dijo el ministro sarcástico - hasta en eso te le pareces ¿sabías?
"El hombre de Dumbledore y para Dumbledore ¿verdad?" Recordó el moreno con rapidez y se negó a volver la cabeza, había olvidado que él había sido auror y jefe del mismo departamento, dos veces había intentado convencerlo de actuar contra el viejo director antes e la batalla final, pero él era leal hasta el final y, aún después de muerto, supo guardar sus secretos y cumplir sus deseos.
- Un hombre debe ser integro hasta el final, her ministro - replicó saliendo de allí.
- Buena la haz hecho - le regañó Ian molesto - era una suma que nos habría permitido vivir con soltura medio año.
- Habla como mercenario - le dijo este molesto - y si nos quedamos un minuto más, me habría manifestado como lo que verdaderamente soy, que era lo que ellos esperaban - gruñó entre dientes.
- Vamos, regresemos a casa, creo que tengo ganas de vomitar - dijo Draco y los tres salieron del ministerio.
Remus vio a Heinrich muy molesto y sonrió, la última vez que lo vio con esa cara fue cuando al fin se lo llevaron a la base de la orden, poco antes que se pusiera a gritar por lo aislado que lo habían mantenido ese verano, casi la misma cara que ponía Sirius cuando lo obligaban a quedarse encerrado sin poder ayudar a su ahijado en su lucha contra Voldemort.
- Tranquilo, cachorro - le dijo obligándolo a sentarse - ¿qué ha pasado?
- Uno de esos idiotas me reconoció y en el ministerio ahora sospechan la verdad.
- Debemos andar con pies de plomo - dijo Draco sentándose a su lado - quizás al ministerio no le agrade tu regreso.
- Scrimgeour no es como Fudge - le dijo Remus - fue jefe del departamento de aurores por una década antes que lo nombraran ministro, él no está ansioso por mantener la cartera que ostenta, como lo hacía el otro.
- Pero debe recordar la promesa que se hizo en ese tiempo, quien fuera capaz de detener a Lord Voldemort, ya fuese vivo o muerto, sería el siguiente ministro y Harry es el único con derecho a tener semejante puesto - dijo Draco - quizás al ministro actual no le moleste, pero ¿quién dice a su camarilla no?
- Ciertamente Percy es muy ambicioso - dijo Heinrich - si fue capaz de dejar a su familia de lado, seguramente le va a molestar la posibilidad de perder su puesto.
- De todas maneras, creo que ellos sólo sospechan - insistió Remus.
- Antes anduvieron totalmente acertados, aunque nunca se los confirmé.
- Deberíamos buscar la forma de hacerles creer que Harry está vivo, pero no aquí disfrazado de Heinrich - dijo Ian pensativo - quizás si ellos lo vieran en algún poblado lleno de muggles sin querer regresar al mundo mágico.
- Quizás esa sea nuestra mejor opción por el momento - dijo Remus - Harry siempre ha odiado la notoriedad que Voldemort le dio cuando mató a sus padres, sería lógico que una vez vengados ellos no quisiera volver a saber de los magos.
- Pero si Harry aparece, todo el mundo mágico se verá revolucionado - dijo Draco - todo el mundo querrá verlo, obligarlo a volver, convencerlo de hacerse ministro, que sé yo, siempre ha sido así con él.
- ¿Qué piensas, Heinrich?
- Quizás debiéramos sopesar los pro y los contra - dijo el moreno - si aparezco, como propone her Ian, en un pueblito alejado de todo, rodeado de Muggles, ciertamente el poblado obtendría una notoriedad insospechada, al menos entre los magos, todos querrían saber por qué me fingí muerto, me comenzarían a acosar tal como pasaba antes, pero también podría protegerle, Her Remus, ellos no pueden perseguir para matar al único amigo de mi padre que tengo.
- Parece que alguien del ministerio viene - dijo Ian que se había parado frente a la ventana - es Tonks - dijo al reconocer su cabello rosa chicle.
- Bien, dejemos esto para más tarde, no podemos ponernos en aprietos ahora.
Remus entró en su habitación luego de cerciorarse que no hubiese señas de su presencia mientras Heinrich ordenaba un poco la sala.
Draco se dirigió a la puerta y la abrió antes que su prima golpease.
- Adelante - le dijo dejándola pasar.
- Chicos, el ministerio les envía su premio - les dijo imitando a su jefe cambiando su aspecto y los tres jóvenes se rieron - en realidad, Töpper, pienso que estás actuando un poco fuera de los límites que nos permite la ley ¿sabías? Y faltarle el respeto al ministro es y podría ser la causa para tu despido.
- Pues me importa poco - le dijo - no me voy a rebajar a ser una mera marioneta.
- Bueno, chicos, no es de eso de lo que quería hablarles - suspiró.
- Toma asiento, Nyphandora - le dijo Draco sabiendo que ella se iba a enfadar.
- ¿Cuantas veces te he dicho que no me llames así? - dijo molesta sentándose.
- Pero es el nombre que te dio tu padre - le recordó.
- Si tu padre fuera un muggle idiota como el mío.
- Tengo uno peor ¿recuerdas? Un ex mortifago - le dijo Draco molesto.
- Por favor, no discutan - les dijo Heinrich - iré a preparar la comida.
- Heinrich está demasiado sensible ahora - suspiró Ian.
- Bueno, a lo que venía es a pedirles ayuda - sacó un sobre de su bolsillo - ustedes son los aurores más íntegros que hay entre los jóvenes, por lo mismo Kingsley y yo hemos pensado que son los adecuados para realizar el trabajo que quiere el departamento de aurores de Escocia - suspiró - han tenido muchos problemas allá dado que se han ocultado muchos mortifagos en los bosques y las cavernas de la zona. Hace unos días - abrió la carpeta - la policía muggle encontró a una pareja muerta sin ningún daño aparente, pero en sus caras estaba pintada el terror, por lo que sospechamos que se trata de la maldición asesina.
- ¿Y quienes creen que podrían ser? - dijo Ian preocupado.
- Bueno, muchos creen haber visto a tres personas en esa zona, una de ellas es una mujer que tiene una risa demoníaca y que se hace llamar a sí misma Lady.
- Es Bellatrix Lestrange, seguramente - dijo Draco - me parece que es de las pocas mujeres que pertenecían al círculo principal de Mortifagos.
Un ruido de platos quebrándose los hizo volverse hacia la cocina, Draco corrió hacia allá y encontró al moreno agachado con las manos en los oídos con la cara oculta bajo el mueble de los platos y los pedazos de estos todos dispersos a su alrededor. Se agachó a su lado y lo abrazó contra él tratando de calmarlo.
- Draco ¿le pasa algo malo a Heinrich? - dijo Ian mirándolos preocupado.
- No lo sé, pero no está herido - le dijo cubriendo el rostro del moreno por si acaso, no quería que su prima descubriera su secreto hasta que ellos hubiesen averiguado cómo había llegado a Alemania con vida.
- Por lo que yo recuerdo, antes que Töpper se les uniera ustedes no se llamaban por sus nombres - dijo Tonks.
- Desde que él llegó, somos amigos - le dijo Ian - además, él es novio de Draco.
- Apenas lleva unos meses aquí y ya son novios - dijo sorprendida - trabajan rápido ¿verdad? Pero eres un Malfoy a final de cuentas.
- Me temo que la cosa fue al revés - le dijo este.
- Bueno, les dejo la carpeta para que vean si quieren el trabajo - suspiró - espero que no sea cierto que vieron a Remus del otro lado de Londres, está casi todo el departamento tras él, no quiero que lo capturen.
- Dicen que él es muy astuto, de seguro sólo se dejó ver para no llamar la atención sobre su escondite - dijo Ian confiado acompañándola hasta la puerta.
- ¿Estás bien? - le dijo Draco al oído al moreno que se aferraba con fuerza a su cintura tratando de controlar su respiración y su temperamento.
.- Esa desgraciada sigue viva - dijo con los dientes apretados - ella mató a mi padrino, uso contra mí el cruciatus y me lanzó el hechizo que hizo que mi cuerpo quedara irreconocible, tiene que pagar muy caro el daño hecho.
- Harry, tranquilo, tenemos ocasión de hacerlo - le besó la frente - pero cálmate.
- Cachorro - le dijo Remus tomándolo de los hombros para que le mirara luego de haberse cerciorado que Tonks se había ido - cálmate, estás generando un exceso de magia que podría ser descubierto por el ministerio.
- ¿Por qué esa mujer sigue con vida y mi padrino no? - gimió abrazándose a él.
- Dicen que la gente buena muere primero para que no sufran - le dijo al oído - venga, a Sirius no le hubiese gustado verte en semejante estado ¿sabes?
- Lo siento - se apartó - reparo - dijo sacando su varita y recogiendo todo - pero saber que esa mujer aún anda libre me ha alterado mucho.
- A cualquiera lo altera - le dijo este - pero tienen la oportunidad de atraparla.
- Menos mal que el edificio evita que la magia salga de aquí - dijo Draco sentándose en una de las sillas de la cocina - y que Tonks estaba afuera, no sé cómo habríamos explicado el exceso de energía mágica.
- ¿Qué nos vas a preparar de comer... Y esas caras? - dijo Ian.
- Podrías terminar de hacer una pregunta antes de hacer otra - lo regañó el rubio.
- Bueno, es que son dos preguntas en una - le replicó - pero tienen cara de funeral, así que no habrá comida - dijo dramático.
- Nein, her Ian - le dijo Heinrich - habrá de comer, no se preocupe por eso.
El encargo de Tonks les había venido de perillas, así podrían sacar a Remus del edificio de los aurores, irían a un lugar en donde nadie sospechara nada y no tendrían que preocuparse de que Harry se apareciera en cualquier momento.
Pero viajar a escocia no había resultado tan sencillo como ellos habían pensado en un principio, el ministerio sospechaba de ellos y había pretendido que un cuarto auror les acompañara en su investigación, gracias a Merlín, nadie quiso aceptar y arriesgarse a ir con ellos, en especial después de escuchar que el alemán hablaba parsel y era novio de Draco.
Viajaban en un vagón especial del expreso nocturno de Londres a Edimburgo, sacar a Remus del departamento había sido más bien complicado dado que todos los otros habitantes del edificio estaban al pendiente de ellos, quizás por órdenes del ministerio, no estaban seguros, pero ello no auguraba nada bueno.
- Creo que vamos a tener que comenzar a buscar un nuevo hogar - dijo Ian dejándose caer en su asiento junto a la ventana, viajaban muy a lo muggle para no llamar la atención - a este paso vamos a terminar en Azkaban si no tenemos cuidado - se quejó mirando por la ventana, pero nada se veía de la campiña, estaba muy nublado - se ha helado mucho de repente.
- Son los dementores - le dijo Remus - siempre pasa esto.
- Si siente el hielo que te cala hasta los huesos - dijo Heinrich arrebujándose mejor con su capa - espero que no se nos acerquen demasiado.
- ¿Serán de los que controla el ministerio o serán de los que andan sueltos?
- Parece que son de los últimos - dijo Remus sintiendo frío.
Heinrich había palidecido notoriamente mientras apretaba con fuerza los brazos a su alrededor, el hielo le llegaba a los huesos, pero no era el frío lo que más le molestaba, sentía como miles de cortes herían su carne, parecía como ácido cayendo sobre él, un fuego terrible que quería consumirlo.
"¡No permitiré que Harry muera!" Dijo una voz extrañamente familiar, sintió que un fuego blanco atenuaba el dolor y luego... sólo oscuridad.
- Los expulsaré - dijo Remus abriendo la puerta con su varita en la mano y el dementor retrocedió abandonando el expreso ocultándose entre las sombras de la noche. Regresó al vagón y le dio una tableta de chocolate al moreno.
Harry levantó su mirada verde al único amigo de su padre antes de tomar el chocolate, cuando estaba en tercer año pasó casi lo mismo, sólo que en aquella ocasión escuchó la muerte de sus padres, la voz de su mamá.
- Remus, ha pasado algo extraño, he recordado algo de esa noche - le dijo.
Los dos aurores y el licántropo lo miraron entre asombrados y preocupados mientras volvían a sentarse junto al moreno que apenas tuvo a Draco a su lado se acomodó en su hombro buscando su calor.
- Fue mi padre quien me protegió del último hechizo de Voldemort y de la maldición de Bellatrix - informó y les contó del recuerdo que había tenido, en especial la voz que antes no pudo identificar pero que ahora reconocía.
- Pero tu padre llevaba casi dieciséis años muerto - dijo Ian asombrado.
- La magia de mi madre me protegió de la muerte y la de mi padre habita en mí, es por eso que mi patronus es tan fuerte, se trata de él - suspiró - siempre está allí para defenderme y cuidarme.
- Pero ahora me tienes a mí para hacerlo - le dijo el rubio acariciando su cabello.
Harry asintió abrazándose a su cintura, era agradable volver a contar con una persona que lo quisiera tanto, pero tenía miedo, en cuantos había puesto el amor habían muerto por protegerlo. Respiró profundo, no iba a permitir que a Draco le pasara algo así, de eso se iba a encargar el mismo.
- La magia de James debe haber sido muy fuerte en su amor hacia ti para que haya sido capaz de manifestarse apareciéndote en Alemania.
- Pero ¿Qué fue lo que le pasó al verdadero Heinrich? - dijo Ian.
- Ya nos llegará el informe de Berlín y sabremos aquello, al menos una incógnita se ha despejado - le dijo Draco - y quizás debamos dormir, no creo que podamos hacerlo cuando estemos en Escocia.
El resto del viaje había sido muy tranquilo, pero Harry no podía dormirse, las voces dentro de su cabeza parecían querer hablarle todas a la vez, pero había una que perecía alzarse por encima de todas las demás. Suspiró pensando en cuántas personas habitaban en su interior. Sus padres, en especial James que tenía la fuerza necesaria para manifestarse a su lado y protegerlo, su madre, que lo hizo intocable para el mal; y quien sabe quienes más, porque dentro de él luchaban otras voces pidiéndole liberar por completo la magia que los mantenía cautivos en su interior, pero ¿qué significaba aquello?
- Relájate, cachorro - le dijo Remus en voz baja - no llames la atención con tu magia, menos en un tren lleno de muggles.
Harry respiró profundamente y poco a poco consiguió relajarse lo suficiente para volver a ser Heinrich y conciliar el sueño recostado contra el pecho de Draco.
Un fuerte pitazo los despertó sobresaltados, era la señal de la última estación, habían arribado a Escocia con puntualidad y habían podido dormir durante el trayecto, aunque no muy cómodos, se quejó Ian que sentía todos los músculos entumidos y los huesos adoloridos, aunque Draco admitía que había tenido mejores sueños, pero no se quejaba de tener a su moreno recostado en su pecho, pero siempre prefería una cama.
- El informe decía que dos aurores locales nos esperarían en la estación - recordó Remus - espero que el disfraz resulte - dijo mirando su reflejo en la empañada ventana - no quisiera que los enviaran a Azkaban por mi culpa.
- No se preocupe, her Remus, primero me descubren a mí que a usted.
- Vamos - les dijo el rubio poniéndose de pie sacando del maletero su bolso de viaje entregándole a los demás los suyos - no hay tiempo que perder.
- Me pregunto si nos darán desayuno - dijo Ian.
- Her Ian piensa primero en el estómago - sonrió Heinrich divertido.
- Lo que pasa es que él tiene el cerebro en el estómago - se sonrió Draco - por cierto, diremos que Remus es un investigador privado de parte de la familia Lungsmille, quienes buscan a uno de sus desaparecidos nietos y que saben que los Lestrange fueron los que los arrastraron al lado oscuro - les recordó.
- ¿Quiénes se supone que son esa familia? - dijo Heinrich intrigado.
- Son descendientes de Ravenclaw, creo que por línea directa, aunque muchos sospechan que no es cierto ya que ninguno de ellos ha estado jamás en Hogwarts desde que aparecen como familia de magos.
- Pues tampoco los Gaunt fueron antes de Voldemort y ellos eran herederos directos de Salazar Slytherin - le dijo Heinrich - claro que él se había peleado con los otros fundadores por eso de la sangre pura de los magos.
- ¿Los Gaunt? - dijo Ian - pero ese no era el nombre de.
- No, se llamaba Tom Riddle, pero su madre era una Gaunt, creo que se llamaba Merophe - dijo tratando de hacer memoria - la investigamos con Dumbledore - de repente se detuvo y miró al hombre lobo - ¿por qué Snape anda suelto?
- No pudimos acusarlo de nada cuando desapareciste, sólo había dos testigos de oculares de lo que ocurrió esa noche y Draco no podía declarar en su contra porque es su ahijado, y el otro eras tú, pero te creíamos muerto.
- Me vengaré primero de la bruja malvada esa y luego lo haré ver burros negros.
- ¿Burros negros? No existen, que yo sepa - dijo Ian.
- Es una expresión muggle - dijo Remus divertido, como Harry se había criado entre ellos era lógico que usara sus expresiones - y porque no existen es que precisamente se los hace ver cuando torturas a alguien.
- ¿Y que haces ver cuando lo haces feliz? - dijo el castaño intrigado mirando tanto al licántropo como al moreno.
- ¡Fuegos artificiales! Y tras los párpados cerrados - agregó el moreno recobrando la calma - lo conseguí la otra noche ¿verdad, her Draco? - le preguntó coqueto pero este desvió la mirada totalmente rojo al recordar aquello.
- Ya te había dicho que no quería conocer los detalles - le dijo Ian.
- ¿Los señores Malfoy, Keller y Töpper? - les dijo una mujer extrañamente vestida de muggle a su lado y ellos asintieron - nos avisaron que venían tres aurores de Londres, no cuatro - dijo ella mirando a Remus.
- Oh, él no es auror - le dijo Heinrich - él es Regulus Blach, es detective privado.
- Y nos hemos topado con él en el tren - agregó Ian - por eso no saben de él.
- Muy bien - dijo la escocesa - los dejaré en el hotel para que se acomoden y los pasaré a buscar más tarde para ir al lugar donde avistaron a los mortifagos.
Caminaron a lo largo de la estación en silencio mientras seguían a la mujer que no parecía muy dispuesta a ayudarlos, había un rictus extraño en su rostro que a Heinrich le llamó mucho la atención, recordaba haber visto esa expresión antes, cuando... se detuvo un segundo, no debía dejar salir su magia, menos delante de extraños, ya informaría a los demás lo que había descubierto.
- ¿Estás bien, Heinrich? - le dijo Ian preocupado.
- No se preocupe, her Ian - le sonrió - ya se me pasará cuando haya desayunado.
- Otro que piensa con el estómago - murmuró Draco divertido tomándolo de la mano - creo que te hacen falta las calorías, lieber.
La estación de Edimburgo era muy distinta a la de Londres, demasiado muggle, según pudieron apreciar, estaba llena de tiendas de regalos de todo tipo, se notaba que en torno a ella había todo un centro comercial, pero había una tienda en la que nadie parecía reparar, al menos no los muggles que pasaban de largo casi sin verla. En ella había un letrero que decía "Caldero Manchado", por lo que debía ser muy parecido al Caldero Chorreante en Londres, si no hubiese sido porque sabía como se ocultaban los magos, habría pasado de largo.
- Aquí podrán hospedarse antes que nos marchemos a.
- Gracias - la interrumpió Heinrich - ¿a qué hora pasaran a buscarnos?
- Mc vendrá a buscarlos después de la comida, hemos tenido problemas en la comandancia - les dijo ella y se retiró sin despedirse.
- Venga, desayunemos que tengo algo que decirles - los empujó el moreno y los cuatro entraron en el destartalado local, pero luego de traspasar el umbral las cosas cambiaron por arte de magia y un hombre largo y flaco, de nariz sobresaliente como la de un buitre se les acercó.
- ¿Se les ofrece algo a los señores? - dijo con voz aflautada y Heinrich tuvo que tragarse la risa fingiendo que se acomodaba la capa.
- Venimos de Londres y queremos habitaciones para un par de días y el desayuno antes que unos pierdan la cordura - le dijo Draco y el hombre asintió.
- Tengo, lamentablemente, sólo tres habitaciones disponibles, pero una de ellas es doble - le dijo luego de atraer con su varita el libro de registro.
- Bien, Heinrich y yo compartiremos esa y Regulus e Ian pueden tomar las otras - le dijo Draco y el hombre les hizo firmar el libro.
- Soy el administrador, Buich Bikker, para servirles - les dijo luego de guardar el libro - y nuestro elfo les traerá el desayuno en una quince minutos, si me siguen al comedor - les informó y Heinrich se colgó del brazo de Draco tratando de no reírse del hombre ¿de donde se le habría salido toda esa hilaridad?
- Córtala, Heinrich, qué van a pensar que somos - le regañó Remus por lo bajo.
- Lo siento - le respondió mientras caminaban por entre las mesas hacia la suya, todos los miraban de reojo, tal vez por la forma tan muggle de vestir.
El lugar era bastante amplio, de altos techos con gruesas vigas de roble inglés adornadas con lámparas de velas multicolores, casi lo hacía pensar en una disco muggle de esas que más de una vez visitó en Berlín cuando estaba en la academia. Las paredes, pintadas de un extraño color ocre, estaban llenas de cuadros de los ilustres visitantes, se notaba que el lugar existía desde tiempos inmemoriales, porque había hasta un cuadro de esos que había visto sólo en Howgarts que estaba en la oficina del director.
- Sí - dijo Remus al ver que el moreno lo miraba directamente - este es un lugar de reunión de los magos oscuros, desde el principio se sospechaba que aquí estaba la base central de los mortifagos, pero nunca se pudo comprobar nada.
- ¿Qué nos querías decir? - le dijo Draco.
- La aurora estaba un poco tensa ¿no les parece? Como si nos ocultara algo - dijo pensativo - parecía reacia a cooperar con nosotros, como si ella prefiriera que regresáramos por donde vinimos, me recuerda a Barthy Crouch Jr haciéndose pasar por Ojoloco en cuarto año, claro que en ese tiempo yo no sabía tal cosa.
- Así que fue por eso que te detuviste en a estación.
- Tengo la sensación que he sentido aquella presencia que ella proyecta.
- Pues te aseguro que no es Bellatrix - le dijo Remus - a menos que esté usando una poción alternativa a la multijugos.
- Podría estar usando el imperius sobre ella - dijo Draco - era su especialidad.
- Como sea que esté actuando, ella debe saber quienes somos y no creo que vaya a ser muy buena contigo, Draco - le dijo Remus - supongo que tu presencia aquí debe sentirla como una traición.
- La traidora es ella que mató a su propia sangre - dijo el moreno ofuscado.
- Por cierto ¿por qué me diste ese nombre? Regulus Blach.
- Bueno, según recuerdo el hermano de mi padrino de llamaba así.
- Pero ahora, si ella tiene puesto un ojo sobre nosotros, es cuando más cuidado debemos tener - dijo Ian - si descubre quién.
- Aquí está lo que pidieron los señores - dijo un elfo interrumpiéndolos colocando una bandeja sobre la mesa de modo muy servicial - si a los señores se les ofrece algo más - dijo haciendo una reverencia.
- Nada más - le sonrió Heinrich - con esto estaremos bien.
- Si el señor quiere algo más, el señor debe llamar a Bliky - dijo desapareciendo.
- Parece que los elfos son todos iguales en donde sea que estén - dijo Draco.
- Yo nunca he tenido un elfo, así que no puedo opinar - le dijo Ian.
- Pues yo sé de un elfo que no es para nada así, her Ian.
- Si te refieres a Kreacher, ya no existe, murió poco después que desapareciste.
- ¿Qué le pasó a ese elfo malvado y traicionero?
- Bueno, cuando todos creímos que su dueño había muerto, nos vimos obligados a decirle que estaba libre dado que no había testamento ni familia cercana a los Potter que se hicieran cargo de él, Minerva no estaba muy contenta de conservarlo en el colegio, ya había causado muchos desastres en las cocinas en los últimos tiempos por Dobby y Winky, pero de todas maneras le dejó la decisión a él - suspiró - creemos que se asustó con la idea de verse libre y lo encontramos en el bosque prohibido muerto, al parecer se topó con las acromántulas por el estado en que lo encontró Hagrid.
- Nunca le desee semejante muerte - murmuró impresionado.
- Por cierto, toda tu fortuna el ministerio quiso adueñársela, incluidas todas las propiedades a tu nombre, pero Sirius fue muy astuto antes de partir.
- ¿Qué hizo ese hombre? - dijo Ian intrigado.
- Sirius Black dejó en su testamento una cláusula especial que al traspasar su fortuna a la de su ahijado, cubrió esta última también - dijo suspirando con tristeza - creo que él sospechaba que algo así podría suceder, y por eso lo hizo.
- ¿Qué decía esa famosa cláusula? - dijo el moreno con curiosidad.
- Todas las propiedades de Sirius Black, traspasadas a Harry Potter, quedan sujetas a la custodia de Remus Lupin, ya fuese que Harry ya no esté para reclamarlas o que este no las quiera recibir. Ellas quedan en fideicomiso por los próximos 15 años a partir de la fecha del fallecimiento del titular y nadie podrá hacer uso de ellas a nos ser que ninguno de los antes mencionados pueda hacerse cargo de ellas - recitó.
- Allí está, quizás, la razón de que lo quieran muerto - dijo Heinrich - esa fortuna es enorme y dentro de ella hay varias propiedades muy valiosas.
- Para ellos sería una gran victoria tener todo eso - admitió Remus - sin embargo, no puedo creer que el ministro esté dispuesto a ensuciar su nombre por eso.
- Quizás no sea precisamente el ministro quien las quiera, quizás ni siquiera las quieran para impulsar el ministerio, her Regulus - sonrió al decir el nombre - recuerde a la ayudante de Fudge, ella quería mandar desde atrás de él.
- Pero el ministro actual no es así - insistió.
- Recuerde cuando en vacaciones de navidad en sexto año intentó convencerme de ayudar al ministerio y que le dijera lo que hacía Dumbledore.
- Tienes razón, estaba siguiendo la táctica de Fudge, quería hacer creer al mundo mágico que todo estaba bien, que el ministerio estaba haciendo un gran trabajo y que el salvador estaba de su lado - suspiró cansado - quizás sólo ha estado fingiendo que no es ambicioso.
- Mejor comamos, antes que todo se enfríe - dijo Ian, lo molestaba toda esa conversación, pero se daba cuenta que tampoco Draco sabía de lo que hablaban, pese a que ellos se conocían del tiempo del colegio.
Draco se quedó pensativo, su padre había dicho que todos los hombres tienen un precio y se les puede comprar, sólo que algunos querían cosas menos vistosa que las riquezas, como había sido el caso de su tío Arcus, él se había entregado al lado oscuro pero a cambio quería el cuerpo de alguien, no recordaba el nombre, al que había usado y abusado por tres años antes que esta se suicidara al no ver otro modo de escapar de él. Averiguando se enteró que ese había sido el debacle de su tío, perder a su "juguete" lo había hecho perder el ánimo y un grupo de aurores lo mató poco antes que los Potter murieran defendiendo a su hijo.
- Este lugar es muy desagradable - dijo Heinrich en voz baja sacándolo de sus pensamientos sombríos - el ambiente es muy denso ¿no creen?
Remus, con todos sus sentido alertas, echó una discreta mirada a su alrededor, el moreno tenía razón, todos fingían comer y conversar, pero todos los miraban, aunque estaba seguro que no habían escuchado nada por el hechizo que había activado el moreno, pero tendría que decirle que tuvieran cuidado con lo que decían, una frase dicha al azar en el momento menos adecuado podría significar que ellos fueran a caer directamente en una trampa de los mortifagos o que el ministerio descubriera sus secretos antes de tiempo.
Las habitaciones no eran muy grandes, pero eran bastante cómodas, en especial la doble, aunque Heinrich no tenía la intención de ocupar la otra, si podía iba a dormir todas esas noches abrazado a su precioso rubio, aunque notaba que este andaba un poco tenso pese a que había sido idea suya la de compartir el cuarto entre los dos. Suspiró al verlo entrar al baño echando el cerrojo, así que se recostó en la cama quitándose los zapatos, dormiría un rato hasta la hora de la comida, después de todo no tenía nada que hacer hasta entonces.
Draco asomó la cabeza desde el baño al dejar de sentir a Heinrich moverse por la habitación, no sabía por qué, pero le daba un algo cada vez que el moreno, aunque supiera que en el fondo era el propio Harry, intentaba algo con él o hablaba de hacer el amor, a ratos le parecía idiota, pero era como si estuviera con otra persona. Suspiró y regresó al baño, había tenido toda la intención de ducharse, pero no se animaba, quizás fuera por todos esos espejos ¿cómo sabía si uno de ellos no era tal y había alguien espiándolo?
Un ruido en la ventana de la habitación lo hizo regresar, pero Heinrich ya estaba haciéndose cargo del paquete que le traía una lechuza muy blanca y lo escuchó susurrar con tristeza un nombre mientras le hacía una leve caricia al ave y esta se marchaba por donde había venido.
- Se parecía tanto a Hedwig - le dijo dejando el paquete sobre la cama - pero a mi pobre lechuza la mataron los mortifagos - le informó - tiendo a perder a mis seres queridos, no quisiera tener que perderte a ti también.
- A mí no vas a perderme, lieber - le dijo acercándose a él para abrazarlo - pero veamos qué es lo que nos trajo - trató de distraerlo.
- Quizás debiéramos llamar a los demás - le dijo un poco más calmado.
- Iré por ellos, pero tranquilízate, deja que los malos recuerdos regresen al pasado y no dejes que se adueñen de tu magia, aquí no hay nada que la oculte ¿sabes?
- Ja, her Draco - le trató de sonreír mientras abría el paquete, allí estaban un motón de fotografías mágicas suyas y de sus padres, al menos ese era Heinrich Töpper antes del accidente, dentro del sobre también venían unos cuantos recortes de periódico que señalaban el accidente en una fábrica de artículos mágicos en donde supuestamente él y su padre estaban trabajando aquella tarde. Le llamó la atención algo extraño, decía que todos los trabajadores de la misma habían aparecido calcinados dentro del edificio y él había aparecido casi una cuadra más allá. Pero lo que más le llamó la atención un artículo del periódico muggle, habían visto caer algo así como un meteorito en llamas en el sector, un avistamiento bastante notorio, antes que él fuese encontrado todo quemado.
- Aquí estamos - le dijo Remus preocupado al ver el ceño fruncido del moreno.
- Bueno, se supone que soy yo antes del accidente - les mostró las fotos, allí estaba Heinrich sonriendo amablemente jugando con un gato enorme, sus ojos verdes eran iguales a los de Harry, pero su apariencia era distinta, el cabello lo llevaba pulcramente peinado en una coleta, su nariz era más delgada, sin llegar a ser fea, su boca era de labios delgados y su constitución física era mayor que la que tenía Harry en ese tiempo - y no me traen recuerdos.
- Vienen varios recortes de diarios alemanes - dijo Ian notándolos.
- Si, ellos hablan del accidente en una fábrica aquella noche, allí trabajaba supuestamente con mi padre, al parecer él ya se había ido cuando explotó algo y el edificio se consumió por completo antes que llegasen los bomberos. Nadie salió vivo de allí, señalan los investigadores, los pocos cuerpos que encontraron estaban irreconocibles por lo calcinados. Sin embargo, yo aparecí todo quemado una cuadra más allá - le mostró el croquis del incidente - pero esto es lo más extraño - les mostró la fotografía del diario muggle - según ellos, cayó un meteorito en la zona en que aparecí, pero los ufólogos no pudieron encontrar nada dado que los encargados de los accidentes mágicos ya me habían retirado del lugar, seguramente en esos instantes estaba ya en el hospital.
- Eso significa que el verdadero Heinrich pudo haber muerto en la fábrica y, como no sabías quién eras y tenías los ojos como los suyos, creyeron que eras él - dijo Remus pensativo - eso explica algunas cosas, pero no nos explica cómo fue que terminaste allí - agregó y se sentó en la otra cama mirando las fotografías más detenidamente - a no ser que haya habido otra afinidad entre ambos.
- ¿Qué quieres decir? - dijo Draco sentado junto al moreno mirando las fotografías, su Harry era mucho más guapo, en todo caso.
- Que no es posible que James lo haya llevado allá por simple casualidad, debe de haber pensado que allí estaría a salvo de todos y de todo.
- Pues vaya a saber uno que pensó la magia de un difunto - dijo el rubio.
- Mi papá tenía la intención de protegerme y me llevó a un lugar en donde sería así - le dijo Harry molesto - y no está muerto, lo llevo conmigo.
- Tranquilo, no manifiestes tu magia - le dijo abrazándolo - recuerda que Bellatrix anda cerca y no queremos que te descubra antes de vengarte.
- Tienes razón - dijo acomodándose en su hombro - a Sirius le parecería muy divertido si me viese perder la cabeza con tanta facilidad.
- Bueno, no es tan extraño - dijo Remus divertido - tu padre la perdía del mismo modo, a veces en el momento menor oportuno, aunque la mayor parte del tiempo fuese muy simpático y dulce.
- Como todos los gatos, son dulces y mimosos hasta que sacan las garras - sonrió Draco abrazando con fuerza a Harry para que no le pegara - pero a mí me gustan.
- Más te vale o este gato te va a enterrar las garras - le dijo Harry.
- Estos dos se ponen tontos cuando están juntos - dijo Ian aburrido.
- Bueno, al menos sabemos qué pasó, ahora nos falta averiguar cómo y por qué terminaste allí - dijo Remus divertido mientras esos dos se hacían cosquillas.
- Me pregunto si esa bruja tendrá algo que ver con que haya terminado allí - dijo mientras abrazaba a Draco que lo dejó recostarse contra su pecho.
- Dijiste que ella te echó la maldición que te quemó - recordó el rubio preocupado.
- Escuché su risa demoníaca diciendo que es su venganza por su señor, pero su cara está distorsionada por la ira - movió la cabeza - ese es el recuerdo que traen a mi cabeza los dementores cuando están cerca - explicó.
- Yo tampoco los soporto mucho, recuerda que fui, supuestamente, testigo de tu muerte - le dijo Draco acariciándolo dulcemente - fue horrible.
Remus hizo un gesto con la mano para que se callaran y luego señaló la puerta y a Harry, que de inmediato se mutó en Heinrich separándose de Draco. Casi al instante se escuchó un golpecito en la puerta y una vocecita chillona, la de un elfo, les dijo que los esperaban abajo los aurores escoceses, si eran tan amables de bajar a recibirlos.
- Debemos tener mucho cuidado - les dijo Remus - nos tienen vigilados, aunque no han escuchado nada debido a tus conjuros - señaló al moreno mientras bajaban por las escaleras de madera que parecían resonar con cada paso que ellos daban - no me gusta como nos miran.
- Y a mí no me gusta el silencio que queda cuando entramos al comedor - dijo Ian.
- Si, da la sensación que entráramos a un nido de ratas o de víboras - dijo Draco.
- Quizás sea sólo porque nunca han visto hombres tan guapos por aquí - dijo una voz masculina acercándose hacia ellos y Heinrich reconoció a la mujer que lo acompañaba, la misma aurora que los había llevado a ese lugar - Nany me dijo que los había dejado aquí para que descansaran un poco del viaje.
- Sebastian - dijo Draco asombrado - no me imaginé que estuvieras aquí.
- Draco querido, te dije que nos volveríamos a ver - le sonrió coqueto.
- Yo soy Heinrich Töpper - le dijo este molesto - y soy su novio - agregó.
- Vaya, y eso que me habías dicho que jamás entregarías el corazón.
- Sebastian Millan - le dijo Ian fastidiado, el tipo era uno de esos conquistadores sin corazón. Aunque él había salido de la academia de aurores cuatro años antes que ellos, el tipo siempre rondaba el lugar buscando presas ingenuas, en aquella ocasión le había echado el ojo a Draco, pero este lo rechazó y el tipo se ofreció para que lo destacaran en otra región - él es Regulus Blach.
- Si, Nany mencionó que se le había unido un detective privado - dijo evaluándolo de pies a cabeza - es guapo, pero ¿tiene que vestirse así? - Se burló
- Que tipo más petulante - le dijo el licántropo evaluándolo también, era un joven de unos cinco años más que los otros aurores, alto y de cabello castaño claro con unos bellos ojos celestes, pero era su ropa demasiado llamativa, quizás comprada en una de esas tiendas mágicas exclusivas, que hacía notar cómo trabajaba ese muchacho, tal como lo quería el ministerio en Lodres - al menos yo no actúo como mercenario o caza recompensas - le respondió.
- Sólo era un comentario - se defendió ofendido.
- Pues no haga comentarios ofensivos - le dijo Heinrich - en especial si tiene tejado de vidrio - agregó abrazando a Draco en un gesto posesivo.
- ¿Tejado de vidrio? - repitió Ian sorprendido - tus dichos son muy curiosos.
- El dicho completo es "no tires piedras al cielo si tienes tejado de vidrio" - le explicó Remus - supongo que es bastante claro.
- ¿Tienes de novio un sangre sucia? - dijo el escocés.
- ¡No diga esa palabra! - le dijo Heinrich amenazándolo con su varita mirándolo con los ojos encendidos - no me gusta, y para su información, soy medio sangre, mi madre era hija de muggles, pero era una de las mejores brujas de su tiempo.
- Heinrich, creo que ya lo entendió - dijo Draco comprendiendo que estaba al borde de perder la paciencia y transformarse.
- ¡Que carácter! - dijo el escocés al ver que bajaba su varita.
- Y soy terriblemente celoso, her Millan, recuérdelo, si no quiere ir a formar parte del club de cazadores sin cabeza - le advirtió.
- Heinrich - le dijo Draco divertido y se acordó de Sir Patrick y Sir Nucholas, ambos fantasmas del colegio, que discutían porque este último no estaba "bien decapitado" como para entrar al famoso club, ya que no podía jugar con su cabeza como lo hacían aquellos que tenían separadas sus cabezas del cuerpo - no creo que sea necesario llegar a tanto¿verdad, Sebastian?
- Er... No, no es necesario - dijo - pero tus ojos se ven muy bonitos cuando te enfadas, Heinrich, son dos hermosas gemas que brillan.
- No tiene necesidad de coquetearme a mí, her Millan, yo sé muy bien quién es mi dueño y no pienso cambiarlo por nada ni por nadie.
- Lástima, creo que juntos podríamos pasarla muy bien - insistió.
- No, gracias, ya me la paso muy bien con her Draco - replicó.
Una risita femenina interrumpió la discusión, al parecer la tal Nany, que antes ni siquiera se había presentado con ellos, encontraba muy divertida la situación.
- Pobre Sebastian - dijo burlona - nunca lo habían rechazado tanto en un mismo día, normalmente los hace caer redonditos a sus pies.
- Quizás sea porque yo conozco a alguien muy parecido - dijo Draco.
- ¿Y se puede saber quién te ha metido ideas en mi contra?
- Lucius Malfoy, mi padre - le dijo - así que mejor vayamos a lo nuestro, cuanto antes terminemos con este asunto, antes estaremos de regreso en Londres.
- Por cierto, antes no me presenté, soy Nanette Hiliart - les dijo ella y Heinrich la pudo apreciar mejor, era una muchacha alta y delgada, de largos cabellos castaños y rojizos, sus ojos eran pardos y sus labios estaban pintados con un oscuro rojo cereza, que en contraste con su blanca piel la hacían parecer una vampiresa de esas que aparecen en las películas muggles - pero prefiero que me llamen Nany, suena más cariñoso.
- Pues no fuiste muy cariñosa antes - le replicó Ian - y ahora ¿podemos empezar con nuestro trabajo? Draco tiene razón respecto a eso.
- Parece que no les ha agradado mucho el lugar - dijo Sebastian.
- No, son los tipos como usted, her Millan, los que no nos agradan.
Salieron del hotel en un ambiente tenso que la chica trató de alivianar contando algunas anécdotas del lugar, pero el único que le prestaba atención, en el fondo, era Remus, ya que Heinrich se había colgado del brazo de Draco y entre ellos y el escocés, Ian caminaba muy tenso.
- Me pregunto sí será cierto lo que se cuenta cerca de ese poblado - les dijo refiriéndose al lugar al que iban a visitar en las afueras de la ciudad consiguiendo finalmente la atención de los aurores más jóvenes - dicen que aquí se conocieron los fundadores de Howgarts, aunque Godric Gryffindor no era de la zona, pero era muy amigo de Helga Hufflepuf y ella lo trajo aquí a conocer a los demás - suspiró mientras un taxi (los aurores escoceses trabajaban demasiado con los muggles y a Ian le sorprendía que no supieran mucho de ellos) - aunque creo que eso fue poco antes que comenzara la cacería de brujas.
- No deberíamos hablar de esas cosas delante de los muggles - dijo Sebástian señalando al chofer, aunque este no parecía ni verlos.
- Él ni siquiera recordara que nos trajo hasta aquí, her Millan - le dijo el moreno jugando con su varita - y el resto de los muggles ni siquiera pueden vernos.
- Heinrich se entrenó en la academia de aurores de Alemania y está aquí de intercambio - le explicó Ian - allá aprendió muchos trucos interesantes.
- Así que, además de guapo, es muy listo - dijo Nany sorprendida.
Heinrich la ignoró, él estaba más interesado en el paisaje. Las casas de esa zona eran muy especiales, casi todas de un estilo muy clásico, aunque los colores dejasen mucho qué desear. En ese momento notó algo raro, había sacas que parecían surgir de la nada y desaparecer del mismo modo, miró a Remus y este asintió, acababan de pasar por un barrio mágico oculto dentro de uno muggle, así que debían de estar por salir de la ciudad rumbo a la campiña escocesa.
- Los escoceses son muy clasistas - dijo Nany - los magos de media sangre y los que son hijos de muggles viven en estos sectores, pero los magos de sangre pura viven en sectores exclusivamente para ellos, sin embargo, nosotros vamos en sentido contrario a donde ellos habitan.
Heirich vio cambiar el paisaje, saliendo de la ciudad había un frondoso bosque de ramas pobladas, se parecía un poco al bosque prohibido, según su parecer, pero más allá el camino serpenteaba acercándose a la costa luego de pasar una serie de roqueríos escarpados. El vehículo se detuvo y Remus le pagó al hombre que caminaba como un autómata, era casi como si le hubiesen echado un imperius, pero no era igual, ya que el hombre parecía no verlo ni mucho menos darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Además, dudaba que Heinrich le fuese a echar una imperdonable a un pobre hombre.
- Es un hechizo muy sencillo, her Regulus - le sonrió él tranquilizándolo - simplemente lo he puesto en trance, es decir, su mente vaga por los lugares en que verdaderamente le gustaría estar, claro que es sólo con lo referente a la magia, si llegase a encontrarse con un muggle, actuaría con toda normalidad.
- ¿Y se puede saber de dónde sacaste ese hechizo? - le dijo Draco.
- En la academia de aurores en Berlín había una gran biblioteca y allí me encontré con un libro muy interesante que nadie había tomado en siglos, her Draco, por el simple hecho de haber estado escrito en gaélico, yo he traducido algunos de los hechizos del mismo y he conseguido algunos muy buenos, como el presente.
- ¿Sabes gaélico? - dijeron los escoceses asombrados.
- Un poco, es un tanto complicado, me costó encontrar quien me enseñara.
- En la oficina de los aurores de aquí hay varios libros en ese idioma, pero más están de adorno que otra cosa ya que nadie puede leerlos - le dijo Sebastian.
- Si atrapamos pronto a esa bruja, quizás tenga ocasión de echarle una mirada, her Millan - le dijo - ¿dónde fue que encontraron a los muggles muertos?
- Por aquí - dijo Nany - no había señal de lucha ni nada parecido, pero en sus rostros estaba el terror pintado y sus miradas estaban vacías, así que lo más segur es que le hayan echado una maldición asesina.
- Si un brujo no puede defenderse de ella, mucho menos un muggle - dijo Sebastian - nadie puede sobrevivir a ella.
- Alguien sobrevivió - dijo Draco caminando junto a Heinrich - Harry Potter.
- Bueno, él fue un cuento aparte - dijo Nany y Heinrich notó el gesto molesto que hizo, fue muy leve, pero allí estuvo - era muy fuerte, pero está muerto.
- Nadie lo sabe a ciencia cierta - dijo Draco presionado un poco más, también había notado la tensión de la mujer - nunca se encontraron sus restos, simplemente se le creyó muerto ¿cómo saber si no está por allí viviendo con los muggles sin querer volver a saber de la magia?
- Fue el mago más poderoso y más joven de la historia ¿por qué habría de querer hacer algo así? - dijo Sebastian sin darse cuanta de lo que provocaba en su compañera que parecía estar al borde de perder la paciencia.
- Tú no conociste a Harry, yo sí, fuimos juntos a Howgarts - le dijo.
- Pero fue campeón del torneo de los tres magos.
- Y el más joven, además, pero para ese entonces ya había enfrentado tres veces a Voldemort y lo había vencido - sonrió - si cuando apenas era un bebé le devolvió la maldición asesina, en primer año en el colegio evitó su regreso, en segundo año venció al monstruo que él controlaba, ya para cuarto año salir bien librado no era nada. Por muy poderoso que fuera Voldemort, Harry le sacaba ventaja por su juventud y poder.
- Parece que eres uno de sus admiradores - dijo Nany con los dientes apretados.
- A Harry no le gustaba la fama, casi puedo verlo esquivando a sus admiradores en segundo año, corriendo a esconderse de uno de los alumnos de su casa que lo único que hacía era tomarle fotografías que de seguro babeaba.
- Parece que lo conociste mucho - dijo Sebastian.
- Él y yo éramos rivales en la escuela, él fue el buscador más joven en un siglo dentro del colegio y debo admitir que era el mejor, sólo perdió una vez y fue porque lo atacaron los dementores en un partido.
- Ya tuve suficiente del maldito de Potter - dijo Nany perdiendo los estribos- yo estoy segura que está muerto, aunque no haya quedado nada de él.
- ¿Qué dices? - le dijo Sebastian volviéndose hacia ella y los cinco notaron que ella comenzaba a cambiar.
- Y que mi propio sobrino haya traicionado a su señor es imperdonable, pero lo es mucho menos que se haya unido a sus enemigos - y Heinrich la reconoció finalmente, tal como lo había temido, se trataba de Bellatrix Lestrange - deberás pagar por ellos - dijo creando una especie de campana de humo negro que evitaba que ellos se movieran, al menos eso pensaba ella.
Heinrich respiró profundo, no quería que la ira se adueñara de él, esa mujer era la asesina de su padrino, pero él no podía presentarse ante ella como lo que verdaderamente era, sin embargo, existía una posibilidad de engañarla. Se acercó a Draco con mucho cuidado y le dijo al oído:
- ¿Cómo debíamos entregar a esta mujer, viva o muerta?
- Viva o muerta - repitió comprendiendo de inmediato - pero Sebastian.
- Tú vas a distraerlo - le sonrió rozándole la mejilla y liberándolo del hechizo. El rubio asintió y se acercó al joven empujándolo hacia la penumbra arrastrando con ellos a Ian y a Remus - bien, sólo quedamos los que somos - le dijo encendiendo su varita mostrándose a ella.
- ¡Tú! - gritó ella furiosa - ¡no deberías seguir vivo, yo te maté!
- No, Bella, no lo hiciste porque yo cuento con la protección mágica de mis padres ¿no lo sabías? Mi madre me selló para evitar que Voldemort me matase siendo un bebé y él no podía tocarme. Si, después que resurgió podía hacerlo pero¿sabes? Yo estaba tan lleno de aquello que él tanto odiaba que no podía contra mí - le dijo avanzando hacia la mientras una niebla dorada la rodeaba impidiendo que se moviera - no era justo para mí, era un mago que aún no dejaba la adolescencia, él me llevaba medio siglo de ventaja ¿qué hacía un muchacho de 17 años contra un mago de 70? No mucho, dirían muchos, la experiencia pesaría contra la juventud, pero no fue así.
- ¡Maldito, mataste a mi señor!
- Si, pero sólo porque él mató a mis padres y me marcó como su igual, y ahora tú lo vas a seguir al infierno por todo lo que has hecho.
- Si lo dices por el idiota de Sirius.
- ¡Mi padrino no era un idiota! - un lazo mágico de color dorado la rodeó - lo mataste sin consideración alguna en el ministerio, pero no sólo por él es esta venganza ¿recuerdas porque estuviste todos esos años en Azkaban? El hijo de los Longbottom era uno de mis amigos y tú torturaste a sus padres.
- Un par de idiotas del ministerio menos.
- Sí, te pareces mucho a Voldemort, sólo que él era un mestizo, al que ni su madre ni su padre quisieron ¿cómo pudo pensar que yo era su igual si mis padres me amaron hasta dar sus vidas por mí?
- ¡Me voy a vengar, maldito Potter! - gritó ella tratando de moverse, pero la niebla mágica se cerró a su alrededor apretándola - ¡desgraciado!
- Esa niebla tiene las propiedades del lazo del diablo - le dijo Harry muy calmado - mientras más luches contra ella, más te apretará, hasta que mueras, quizás fuese mejor para ti entregarte a los aurores y olvidarte de los ideales de los mortifagos, no hay forma que revivan a Voldemort y lo saben bien.
- Mientras mantengamos vivos sus ideales, él jamás se habrá ido - replicó.
Harry escuchó un ruido, al parecer los otros mortifagos habían aparecido y luchaban contra los demás, no podía hacer mucho, si bajaba la barrera que retenía a Bellatrix, podría intentar algo, pero ello significaría descubrirse a si mismo delante de los mortifagos.
- Idiotas, tu amigos morirán antes que me mates tú a mi - se rió y a Harry se le erizaron los bellos de la nuca - ahora acabaré con lo que inicié hace cinco años - le dijo y Harry escuchó la lluvia caer, sabía que tan pronto tocase su piel, esta comenzaría a arder, pero un fuego blanco lo cubrió y la lluvia comenzó a evaporarse produciendo una oscuridad total a su alrededor - ¡ah! - la escuchó gritar y se vio obligado a generar más magia de la que podía controlar antes de desmayarse agotado, al menos eso ayudaría a los demás a vencer...
Draco volteó la mirada luego de reducir al último mortifago, al parecer los ayudantes de Bellatrix era sólo una pandilla de inútiles, en realidad ella era la más peligrosa, pero no podría hacerle frente a Harry, estaba seguro, sin embargo, no dejaba de preocuparle el exceso de magia que su amado estaba generando, ella llamaría la atención del ministerio irremediablemente. Un grito se escuchó de entro de la densa niebla negra que había alrededor de los combatientes y a los pocos segundos cayó, tal vez ella estaba desmayada, pero aún había una niebla dorada que poco a poco se fue desvaneciendo hasta dejar un aura blanca alrededor de un cuerpo inconsciente en medio de un terreno árido, quizás envenenado por la magia, como el sector alrededor de las cosas que recuperó de Harry luego de la batalla final.
- ¡No! - dijo echándose a correr arrodillándose junto a su amado moreno. Con mucho cuidado le tocó el cuello y respiró más tranquilo al sentir que su pulso aún latía, aunque débil - Gracias a Dios - suspiró girándolo con cuidado y notó que había vuelto a ser Heinrich, eso evitaría las preguntas que no podían responder.
- ¿Draco? - dijo Remus temeroso. Era casi como cuando terminó la batalla final, el terreno alrededor de la bruja y el joven mago estaba en las mismas condiciones.
- Sólo está desmayado - le dijo - creo que fue demasiado la magia que proyectó para protegernos de Bellatrix - la miró.
- Está muerta - le dijo Ian luego de cerciorarse de su estado.
- Maldita, se lo merece - dijo Draco abrazando a Heinrich - pero ahora ¿qué vamos a hacer para regresar?
- Creo que hemos causado el suficiente alboroto como parta que del departamento no vayan a enviar a alguien a buscarnos - dijo Sebastian - nunca vi un mago tan joven que fuese tan fuerte.
- Sólo fue la desesperación - le dijo Remus agachado junto a Draco y Heinrich - no sabemos qué pasó mientras ellos luchaban, pero los más cercanos seguidores siempre han despreciado el amor, quizás Heinrich sólo quería proteger a Draco.
- Cómo me gustaría tener a alguien que me amara de esa forma - suspiró Ian.
- Tranquilo, chico, ya lo encontrarás - le dijo Remus divertido.
A los pocos minutos aparecieron allí varios magos del departamento de aurores de Escocia, ellos se aseguraron de trasladar a los mortifagos a prisión levándose consigo el cadáver de Bellatrix y los llevaron al hospital mágico de Edimburgo, en donde al moreno le diagnosticaron agotamiento mágico y lo enviaron a descansar.
- Nos podemos quedar aquí unos días - dijo Ian - quizás así podamos averiguar por qué él fue a parar tan lejos.
Draco sonrió, Ian tenía razón, si ocupaban las instalaciones de aquel castillo sobre los acantilados, Heinrich podría ser Harry y descansar un poco su magia de aquel hechizo que lo mantenía con una apariencia que no era la suya...
Continuará...
Espero que les haya gustado la historia, poco a poco Harry volverá a ser el mismo, en especial cuando vea a cierta persona que formó parte de su pasado, no que haya sido algo con él, sentimentalmente hablando. En fin, no adelanto más.
Ah, y dejen sus comentarios ¿OK?
Shio Chang.
