Ayúdame a recordarme

Tengo algunas cosillas que comentar, me hubiese gustado poder hacer que Remus hiciese pareja con alguien, pero no puedo dejarlo con Snape, el tipo se me resiste, creo que sabe que no es de mis favoritos y no he podido sacarlo de carácter, por el momento.

Sombra y oscuridad

Era apenas algo más que un fantasma, lo sabía bien, pero no le importaba mucho, si con apenas existir podía ayudar a Harry, se daba por conforme, por muchos sacrificios que tuviera que hacer para que este pudiera ser feliz, aunque ir a visitar a quien fuera el más encarnizado de sus perseguidores no fuera su mejor idea de ayuda. Claro, recordaba perfectamente la última vez que tuvo la desgracia de toparse con ese mortifago, cosa que este siempre negó que lo fuera, aunque hubiese caído después de tanto tiempo como uno de ellos. Ambos estaban casados para esa época, el hijo de este había nacido un mes antes que Harry, pero él buscaba nuevas emociones y las quería de los brazos de aquel que su señor tanto perseguía, quizás era un poco de rebelón de su parte, pero él no había estado dispuesto a traicionar a su familia, pese a que le prometía protección, porque no confiaba en él, aquello había provocado su ira y allí comenzó el fin de su familia, uno a uno fueron cayendo los suyos a su alrededor, uno a uno sus seres queridos dieron sus vidas para que ellos vivieran hasta que finalmente les toco el turno a ellos, traicionados por quien consideraba su amigo, se vio obligado a dejar a Harry casi a su suerte, nunca su magia había tenido la fuerza necesaria como para evitar que Petunia y su familia abusaran de él, había sido terrible verlo sufrir y no ser capaz de ofrecerle ni siquiera una palabra de consuelo o aliento, su magia dentro de Harry apenas pudo comenzar a manifestarse en tercer año cuando aparecieron por primera vez lo dementotes, y salió con fuerza cuando él comenzó a usar su patronus ¿cómo no iba a tomar su forma animaga si era la única forma que tenía entonces de protegerlo? No sólo había trascendido la muerte al traspasarle su magia a Harry, sino que había hecho casi lo mismo que Vodemort con los Horcruxes, sólo que él no era un parásito ni dejaba que su huésped se muriese, si alguna vez le pudiese decir a su hijo que lo amaba, sería de esa forma, muriendo una vez más por él, él se merecía eso y más de su parte, el último de los herederos de Avalon vería las puertas de la gloriosa ciudad con aquellos que amaba a su alrededor, aunque él tuviese que usar magia negra para ayudarlo a encontrar su destino, se dijo decidido. Miró una vez más a los tres jóvenes y a su amigo que leían El Profeta, de seguro ellos serían los más sorprendidos cuando apareciera el ejemplar de la tarde, se dijo sonriendo mientras se concentraba en el lugar al que iba, de seguro le causaría una gran impresión al verle, si es que no se moría del susto con lo que iba a pedirle, sólo esperaba que no le pidiera algo muy difícil a cambio, porque ese hombre no daba puntada sin hilo o sin que ello le reportase una ganancia en particular.

Del poblado siguieron camino hacia Bristol para dirigirse hacia Gales sin haberse topado, por suerte, con ningún mago o bruja, claro que no era muy común que ellos recorrieran toda la Gran Bretaña en tren, después de todo las chimeneas eran más seguras y rápidas para viajar largas distancias, incluso era mejor tomar el autobús noctámbulo, pero ellos querían evitar que alguien tuviese la oportunidad de reconocerlos en el camino, aunque estaban bastantes cansados de viajar de esa forma, al menos de eso se quejaba Ian luego de ocho largas horas de agotador viaje desde Edimburgo primero y luego hacia Bristol.

- Alégrate que viajamos en el tren rápido, si hacemos el viaje turístico de seguro aún no salimos de Escocia – le dijo Harry – vengan, vamos a comer algo al vagón comedor, creo que aún tardaremos una hora más en llegar a nuestro destino.

- Quizás debiéramos hacer algo especial, ya está anocheciendo ¿en donde vamos a quedarnos cuando lleguemos? – le dijo Ian – no creo que tengas una propiedad por aquí ¿verdad? – miró al moreno y este negó con la cabeza – me lo temía.

- Aunque la hubiese, no le podríamos hacer uso – le dijo Remus – tan pronto se despertara su magia tendríamos al ministerio encima investigando por qué una propiedad de los Potter ha regresado a la vida y acabaríamos con la historia de que Harry está en Edimburgo – les explicó al ver su extrañeza.

- Es un lugar bastante concurrido – dijo Harry – de seguro alguna posada muggle hemos de encontrar para poder dormir – agregó mientras abría la puerta del vagón comedor, el lugar estaba bastante lleno pero localizaron una mesa vacía junto a una ventana y pidieron de comer. Aplicó un conjuro especial y se sentó junto a Draco mientras remus hacía lo mismo al lado de Ian – debemos tener cuidado, creo que en este lugar hay alguien que si bien no puede reconocerme, creo que podría reconocer a Draco, recuerdo vagamente haberlo visto hablando con su padre hace mucho tiempo, no recuerdo dónde.

- Bueno, mi padre se ha involucrado con todo tipo de personas en su vida – dijo Draco preocupado – y ha tenido toda clase de negocios desde que terminó el colegio, algunos bastante extraños para tratarse de él, creo que lo he oído llamarse a si mismo un mafioso o algo así.

- Si, tu padre calzaría bastante bien en ese término – asintió Harry divertido.

- Pero no tengo ni la más remota idea de qué significa eso – admitió el rubio.

- Porque es una palabra muggle – se sonrió Remus al ver la cara de Draco – por lo visto tu padre tiene muy malas juntas si ha caído en algo así.

- Pero ¿Qué significa eso? – le preguntó Ian intrigado.

- Bueno, la mafia es un grupo, antiguamente una familia numerosa, muy bien organizada y perita en actos delictuales, preferentemente el tráfico de sustancias prohibidas, alcohol y drogas, a veces hasta armas, aunque generalmente fuesen descendientes de italianos sus miembros.

- Bueno, yo sé que mi padre tiene ascendencia francesa, pero no creo que tenga algo de italiano – señaló Draco y se volvió a Harry que miraba por la ventana como el cielo comenzaba a teñirse de colores rojizos – estás un poco silencioso.

- Es que estaba pensando que si nos vamos a quedar en un lugar muggle, no vamos a poder compartir la habitación como hemos hecho hasta ahora.

- Menos mal o no dejarían dormir a nadie – les dijo Ian divertido al verlos sonrojarse violentamente – menos mal que durmieron anoche.

- Ya voy a encontrar la forma de poder hacer el amor con Draco sin que les movamos el piso – aseguró Harry en voz baja – pero me voy a encargar de paso que conozcas todos los detalles y te mueras de envidia.

- ¡Harry! – le reclamó Draco pero vio que su moreno se reía al ver la cara de horror que había puesto su otro compañero y comenzó a reírse también.

Si, el lugar no había cambiado demasiado con los años, recordaba haber visitado de niño alguna que otra vez el lugar antes que los Malfoy se declararán seguidores de la ideología de Voldemort, la mayoría de las familias de sangre pura tenían lazos de amistad y los Potter eran muy importantes dentro de la sociedad mágica ya que eran muy ricos aunque jamás vio a nadie de su familia haciendo ostentación de ello como hacían otras familias.

Su condición de semi fantasma le permitía saltarse todas las barreras mágicas de la mansión mientras buscaba a su dueño, al parecer estaba en la biblioteca bebiendo solo, bien, quizás fuera el momento adecuado para aparecerse frente a él y pedirle su colaboración, si es que no lo mataba del susto antes. Avanzó un poco y se agachó frente a él que miraba el fondo de su copa un tanto ¿preocupado? Bueno, todos tienen derecho a cambiar ¿no?

- Vaya, de haber sabido lo que me encontraría, habría venido a visitarte mucho antes, Lucy – le dijo él divertido.

Lucius levantó la mirada hacia quien le hablaba, no había sentido abrirse la puerta y sólo Draco podía aparecerse por allí sin su consentimiento, pero esa no era su voz, y un visitante habría sido precedido por la voz chillona de algún elfo. Pero lo que vio lo dejó de piedra, allí frente a él estaba algo así como un fantasma, pero no era un fantasma común y corriente, no tenía ese aspecto de serlo tampoco, y esa esencia era de más ni menos que de:

- ¡James Potter! – exclamó soltando la copa sorprendido, no podía ser.

- Veo que me recuerdas, Lucius – sonrió este – claro que soy yo ¿Qué acaso creías que Harry iba a regresar solo?

- Entonces es verdad que él está de regreso – dijo Lucius rehaciendo su copa con su contenido con su varita – pero Draco parece estar feliz con ese chico alemán, su regreso significaría que mi hijo…

- ¿Te preocupas por tu hijo? – sonrió al ver que Lucius le lanzaba una mirada asesina – no te preocupes tanto, Draco no se pondrá en la disyuntiva de decidir nada, nunca tendrá que hacerlo porque Harry…

- Nunca podrá amarlo por haber sido mortifago ¿no?

- En realidad, Harry estaba enamorado de él ya en sexto año, pese a que andaba con Ginny Weasley – lo interrumpió – ellos estarán juntos siempre.

- ¿Y el muchacho alemán? – le dijo sospechoso.

- Si, has cambiado – sonrió aún mas complacido – te preocupas por alguien ajeno a tu familia, eso es realmente bueno.

- Severus me dijo que está de novio con Draco, que se veían felices.

- Bueno, creo que le daría un ataque si supiera la verdad – se sentó en el aire – el chico es Harry Potter, así que a Draco no se le ha puesto difícil.

- ¿Cómo es eso? – lo miró divertido y asombrado.

- Bueno, te lo explicaré a grandes rasgos – sonrió – saqué a mi hijo del campo de batalla porque temía por su vida y lo trasladé a Alemania en donde perdió la memoria al tomar el lugar de otro muchacho, muy parecido a él físicamente, pero que había muerto en un incendio hace pocos minutos antes.

- Entonces, si él estaba vivo y a salvo ¿qué hace aquí?

- Bueno, él no recordaba que era Harry Potter o no regresa, pero como lo transfirieron desde Alemania, conoció a Draco y volvió a enamorarse de él, y ahora necesito protegerlo de nuevo para que cumpla su misión.

- No entiendo nada de lo que estás diciendo – dijo Lucius extrañado.

- Yo no soy un fantasma – le explicó – soy magia pura, por lo tanto estoy casi vivo.

- Eso es imposible – le dijo sorprendido.

- ¿Imposible? Parece que no escuchaste bien a Voldemort en aquel cementerio, Lucius querido – le dijo acercándose a él que retrocedió inconscientemente – él había partido en pedazos su alma por lo que se hizo imposible de matar, el diario de Tom Riddle era uno de ellos – sonrió al ver que palidecía – exacto, tú lo guardaste y lo usaste para tu beneficio, sin embargo, le fuiste de gran ayuda a Harry y por eso te lo perdono – le apartó el cabello del rostro – supongo que pasó casi lo mismo, ya que Voldemort no me mató aquella noche, ya le traspasé toda mi magia a Harry antes que el me lanzara el adeva kadeva, y antes que el hechizo me tocara, estaba fuera de mi cuerpo ¿por qué estoy aquí? Supongo que ha sido mi afán de proteger a mi hijo lo que me permite hacerme presente ante ti ahora, necesito tener un nuevo cuerpo y sólo tú puedes dármelo.

- No puedo usar magia negra o regresaré a Azkaban – le replicó.

- Bueno, no necesito que uses magia negra, precisamente – sonrió – solo necesito que actives uno de esos muñecos tipo vudú, que tú sabes hacer, para mí.

- Hace mucho tiempo que no hago algo semejante – le dijo pensativo – creo que necesito una poción especial para poder intentarlo.

- Yo podría darte lo que una vez me pediste, Lucius – le dijo desviando la mirada.

- ¿De qué serías capaz por proteger a tu hijo, James?

- Ya lo sabes, cualquier cosa, depuse de todo, ya he muerto prácticamente por él.

- Estás tan chiflado como Dumbledore – se rió – de acuerdo, pero antes debo saber para qué quieres tener un cuerpo así que usar, si sabes bien que este sólo te durará alrededor de un mes por el hechizo que lo controlará.

- Bueno, no te puedo decir mucho – le pasó un dedo por la nariz y Lucius se sorprendió de lo cálido que era el tacto – sólo que en este estado no puedo empuñar un varita y no es mucho lo que puedo hacer por él.

- Me gustaría estar presente cuando Severus se entere que Heinrich es en realidad Harry Potter – sonrió – ven, preparemos el muñeco vudú.

Harry había pasado muy mala noche, sueños plagados de cosas verdaderamente extrañas, nada de eso estaba en su cabeza antes que visitaran ese poblado al sur de Londres, las imágenes lo acosaban cada vez que cerraba los ojos, podía ver a muchos caballeros con sus lanzas y espadas sentados en una especie de tribuna esperando que fuera su turno de participar en lo que parecía ser una justa, quizás estuviese viendo los eventos que habían precedido al nombramiento de Arturo como el rey de Inglaterra, pero ello no le había permitido dormir. Eso y la ausencia de su dragón a su lado ¿cómo pudo acostumbrarse tan rápido a dormir a su lado? Quizás fuera porque siempre había anhelado dormir entre sus brazos aunque durante esos cinco años no lo hubiese recordado.

Cuando se reunió con sus compañeros a la hora del desayuno, se sentía tan mal que ni ánimos tenía de hablar, por lo que los tres se preocuparon enormemente y se fijaron en lo demacrado que estaba, así que Remus decidió bromear un poco.

- Te hizo mal dormir solito ¿verdad, cachorro?

- Peor – le dijo Harry casi llorando – tuve pesadillas toda la noche – se quejó.

- Mi pobre leoncito – le dijo Draco compadecido – ya podré velar tu sueño.

- Creo que lo estas consintiendo mucho – le dijo Ian divertido – se te va a mal acostumbrar y te va a costar mucho corregirlo más tarde.

- Yo por lo menos tengo a quien mal enseñar – le replicó molesto.

- No seas ofensivo, Draco – lo regañó Harry – yo le voy a conseguir a alguien a quien cuidar, será el joven perfecto para él – sonrió.

- ¿Ah, si? ¿Y a quién, si se puede saber? – le dijo celoso.

- Bueno, sigo siendo quien soy ¿verdad? No faltará quien venga a él cuando regresemos a Londres y podrá elegir con pinzas cuando sea el momento.

- Creo que me estás dando miedo – dijo Ian divertido.

- Ten por seguro que muchos querrán ser pareja de uno de mis amigos, tal como pasaba cuando estaba en el colegio, sin embargo, deberán pasar primero por el exigente y minucioso examen de Harry Potter antes de llegar a ti, no permitiré que nadie que no sea digno de llamarse tu compañero llegará ni a cien metros de ti.

- ¿Y dónde se supone que voy a estar yo? – dijo Draco molesto por el giro que estaba tomando la conversación.

- A mi lado, ayudándome a escogerle un novio a Ian ¿por qué?

- Porque vas a estar rodeado de chicos y chicas guapas y no me gustaría que me llegases a olvidar por alguno.

- No seas así, no te olvidé en cinco años, pese a que mi memoria estaba borrada, menos lo voy a hacer ahora, mi dragoncito, no es necesario que eches fuego.

Remus sonrió y le hizo una seña al camarero que de inmediato tomo nota de lo que ellos iban a pedir para desayunar, luego se retiró rumbo a la cocina pensando en lo raros que eran esos hombres.

- Bueno, aún nos queda cruzar el canal e ir hacia Gales – dijo Remus – quizás debiéramos ir directamente a Mendip y no pasar a otro lado, creo que hay un viaje directo hacia allá – le mostró el folleto que había tomado la tarde anterior de la estación – tardaríamos sólo cuatro horas más en llegar.

- Llegaríamos alrededor de las dos de la tarde por esos lados – dijo Harry dejando que el mesero pusiera frente a él su desayuno y luego a los demás – vamos a tener que pasar a sacar un poco de dinero al banco, a este paso nos va a faltar el efectivo – suspiró – siempre fui buen economista, pero creo que esto no fue bien planeado – sacó su cartera y pagó el desayuno de los cuatro – espero que encontremos una posada más barata allá, o me veré obligado a aparecerme en el banco por dinero – se quejó mientras caminaban hacia la estación.

- Quizás debamos ir a Cardiff, allí debe de haber alguna sucursal del banco, es sabido que los duendes guardan los secretos de sus clientes con mucho celo y ellos no dirán nada si Harry Potter va a hacer un pequeño retiro – le dijo Remus.

- No me hace gracia tener que ir al banco a buscar dinero si teníamos dinero suficiente para pasar una semana en un lugar decente, ese era demasiado caro para una noche – se volvió a quejar – con razón espantan a los turistas y se van hacia Gales apenas pueden.

Remus resopló, por cierto, había dormido en ese tiempo en todo tipo de lugares pero por lo que les había costado la noche podría haber sido mucho mejor y en eso el cachorro tenía razón.

James se miró frente al espejo, al parecer Lucius sabía muy bien hacer su trabajo, el cuerpo era perfecto, era una muy digna imitación del cuerpo que alguna vez fue suyo, aunque le costaba un poco moverse dado que no estaba acostumbrado a su peso, pero eso no era nada.

- Vaya, así que es cierto que los muertos no envejecen – le dijo el rubio divertido.

- Estando muerto no sientes nada, Lu, ni hambre, ni frío, mucho menos el paso del tiempo – le replicó – ahora soy hasta menor que mi hijo – se giró una vez más, bajo la túnica estaba desnudo y podía ver la mirada lujuriosa del rubio – pero necesito una varita para ocultar el color de mis ojos – trató de distraerlo.

- Por lo visto quieres parecerte lo más posible a tu hijo – le sonrió entregándole la suya y James volvió sus ojos verdes antes de devolvérsela, pero este lo tomó de la mano y lo atrajo hacia él – será agradable tener un amante que se ve menor que mi hijo ¿sabes? Me levantará el ego.

- Pues pienso que se te ha levantado otra cosa, Lucius – apoyó la otra mano en su hombro y se apartó – creo que alguien viene, o al menos está en la biblioteca.

- Diablos, me olvidé que Severus me dijo que vendría, de seguro ahora está buscándome con Narcisa – dijo fastidiado comenzando a regresar a la biblioteca desde su cámara secreta bajo el piso de esta – es tan oportuno.

- Quizás me pudieras conseguir algo de ropa – le dijo divertido, lo había salvado una serpiente – no querrás que piensen mal si me ven en estas fachas cuando salga, de seguro tu esposa te monta soberano escándalo.

- Eso, sin contar con el ataque que les va a dar cuando te vean, de seguro si no se muere, me mata – dijo divertido también – veré que hay, supongo que si vas a fingir ser Harry Potter no vas a querer usar mi ropa, no le pegaría ¿verdad?

James asintió en silencio y se volvió a mirar en el espejo luego que Lucius cerrase la entrada a la cámara, estaba muy bueno todavía por lo que podía ver, así que se miró concienzudamente, si no fuera porque era él, se comería. Escuchó que hablaban más fuerte y apagó la vela de un soplo arrimándose a la pared al sentir que se acercaban, diablos, eran tres lo que venían y él apenas cubría su cuerpo con su túnica. Pero que tonto, se dijo sonriendo, no necesitaba su varita para convertirse en ciervo. Se transformó y se ocultó debajo de la túnica bajo una mesa, tenía curiosidad de saber qué pasaba.

- Te lo digo, Severus, no he hecho magia negra – le decía el rubio mientras este y su esposa lo arrastraban por el pasillo de regreso – sé lo que pasaría si lo hago.

- Tú no eres particularmente famoso por tu acato a las normas, Lucius – replicó.

- Hace cinco años que no practico artes oscuras – le dijo molesto – y sí, estaba aquí, pero no hacía nada de malo – a duras penas conseguía dominarse, vaya a saber dónde se había metido James, pero esperaba que no hubiese salido así como andaba, de seguro sí lo metería en problemas.

- Muy bien, Lucius Malfoy, por ahora te voy a creer, pero quiero saber que estabas haciendo aquí abajo.

James no podía contenerse, el trasero de Snape estaba frente a él con este de brazos en jarras mirando amenazadoramente a Lucius, al parecer ninguno de los dos había notado que estaba debajo de la mesa. El idiota se lo debía, se dijo decidido, así que se puso de pie y le dio feroz cornada que lo mandó del otro lado de la estancia mientras le guiñaba un ojo a un asombrado rubio que no pudo sino reírse mientras Narcisa lo miraba molesta pero sin decir nada mientras ayudaba al profesor a ponerse de pie.

- ¿Qué tienes allí, Lucius? – le dijo este furioso sobándose la retaguardia.

- Te pasa por curioso, Severus – dijo riendo todavía mientras su mujer lo miraba reprobatoriamente – encontré un ciervo herido y lo he estado cuidando desde entonces ¿estás conforme? Y tienes suerte que no esté repuesto o habrías atravesado la pared de un golpe – agregó.

- Muy bien, si te estás portando bien realmente… - le dijo sin creerle.

Lucius siguió mirándolo divertido, si supiera quién lo había corneado de seguro ahora estaría tratando de matarlo por la broma.

- Vamos, Severus, dejemos que Lucius se divierta con su recién descubierta zoofilia – le dijo Narcisa furiosa – te has puesto muy raro últimamente.

- Si supieras cuan raro estoy – le dijo con una gran sonrisa en los labios.

Su mujer lo miró furiosa y se llevó a Severus a rastras de regreso a la biblioteca mientras despotricaba contra todo ese tiempo que su "amado" había estado encerrado en Azkaban y se le había contagiado la locura.

- ¿Estás bien? – le dijo al ver que estaba echado de nuevo bajo la mesa.

- Ese tipo no tiene un buen trasero – le dijo retomando su figura humana sobándose la frente – casi me aturde.

- Tienes la culpa por haberlo corneado cuando aún no te acostumbras a tu nuevo cuerpo, leoncito – le sonrió – venga, hay otra forma de salir de aquí sin pasar por la biblioteca, sólo que saldremos por mi habitación ¿te parece?

- Mientras no intentes algo indebido con tu esposa en casa – le replicó siguiéndolo – de todas maneras voy a tener otro problemilla por allí – dijo sujetándose de su brazo para no caer, se sentía pesado y torpe – de todas maneras necesito una varita mágica y que sea muy parecida a la de mi hijo o levantaré sospechas.

- Veré qué puedo conseguir – le dijo apoyando la mano en la que se sujetaba de él – creo que en la biblioteca tengo un libro respecto a las varitas mágicas de Ollivander, si sabes cómo es, quizás podamos fabricar una similar.

- ¿Eso no es ilegal? – le dijo preocupado – te podrían mandar a Azkaban.

- No lo creo, eso no es usar magia negra, simplemente estaremos haciendo uso de la magia blanca para crear algo.

- Lucius, al crearme este cuerpo ¿usaste magia negra?

- No, porque es solo un muñeco sin alma, no estoy controlándolo para que haga las cosas que yo le ordeno, no es mi magia sino la tuya y no es negra ¿verdad?

- Que bien – dijo más relajado – no me gustaría meterte en problemas.

- Pues no sé, si mi esposa llega a descubrirte sí estaré metido en problemas, de seguro pondrá el grito en el cielo y luego de pedir el divorcio querrá mi cabeza.

- Mm, tienes razón – suspiró – y no tengo donde quedarme, de momento, pero se supone que Harry estaba en Edimburgo. Quizás debiera ir a quedarme al castillo, después de todo siendo su padre, la magia de allí no me rechazará.

- Espera un poco – dijo corriendo un panel asomando la cabeza – entra, no anda nadie – lo ayudó y lo dejó sentarse en su cama – Narcisa no suele venir a mi habitación, así que estás seguro por el momento – le dijo acercándose al armario.

- ¿Acaso duermen separados? – le dijo asombrado.

- Si, aún antes que naciera Draco, ella decía que quería tener su privacidad, que yo no debía verla desarreglada por las mañanas, así que nuestras relaciones, si se le puede llamar así han sido momentáneas, el que hayamos tenido un hijo es casi como un milagro – le explicó tendiéndole ropa interior, un pantalón y una camisa lo más muggle que tenía.

- Bueno, yo siempre dormí con Lily – le dijo – pero yo la amaba, no me importaba verla despeinada o sin maquillaje temprano por la mañana.

- Narcisa y yo no nos casamos por amor, lo sabes – le dijo sentándose a su lado – antes que termináramos el colegio nuestros padres habían concertado nuestro matrimonio y ni ella ni yo fuimos capaces de oponernos.

- Lo sé, la gran mayoría de los sangres puras siempre fueron muy estirados y poco les importaba si sus hijos eran felices mientras conservaran el status social.

- Narcisa estaba enamorada de alguien, nunca supe de quien, cuando estaba en el colegio, aunque obviamente no era alguien que los Black fuesen a aceptar ya que renunció a su felicidad por status.

- Me gusta tu ropa muggle – le dijo James mirando todavía las cosas – pero ni creas que te voy a dar el espectáculo de vestirme delante de ti, cuando haya conseguido mi propósito y tu esposa y Snape no estén cerca de nosotros te daré lo que quieres, pero no antes.

- Que mal genio, leoncito – se burló pero se puso de pie – te dejo para que te vistas, pero no vayas a salir de aquí hasta que regrese.

- ¿Y a dónde podría ir? – le dijo sarcástico – apenas me puedo mover.

Lucius se rió y se dirigió a la biblioteca a buscar el libro del que le había hablado.

Harry estaba dormido apoyado en el hombro de Draco con este rodeándolo con un brazo, estaban en una cabina privada del expreso que los llevaba a Mendip luego de pasar por el banco, había sido una verdadera suerte que en Cardiff hubiese una gran barata de insumos mágicos y que no hubiese magos y brujas en el banco cuando ellos fueron a hacer el retiro de dinero, de seguro ahí no habrían podido pedir el dinero.

Draco miró el paisaje que pasaba rápidamente por la ventana y luego se volvió hacia el licántropo que le sonreía divertido.

- ¿Vamos a tener siempre este problema con los muggles? – le dijo en voz baja.

- Bueno, sé que hay lugares de "ambiente", como llaman ellos a los lugares en que se admiten parejas gay, pero no sabemos a ciencia cierta donde están, mientras no podamos encontrar alguno, deberán conformarse con unas cuantas caricias y besos perdidos y a escondidas – le dijo este.

- A ellos no les gustan las parejas del mismo sexo ¿verdad?

- A algunos no les molesta, pero lo hay de los que pueden ser verdaderamente pesados y odiosos con ellos – asintió – son homofóbicos, no les gustan los homosexuales y se lo pueden hacer saber de la peor forma.

- Pero eso ¿no es discriminación? – dijo Ian.

- Si, es una de las muchas que tienen los muggles, pero la peor que se puede ver es la racial, entre blancos y negros, estos últimos fueron esclavos de los blancos y les ha costado montones tener un buen lugar en su sociedad.

- Mi pobre amorcito no durmió bien anoche – dijo Draco sin escucharlos.

- Tú tampoco te ves muy descansado, Draco – le dijo Remus preocupado – ¿Por qué no te recuestas en el asiento y dejas que Harry duerma sobre tu pecho? Podemos hechizar la cabina para que sea más grande sin que se note por fuera.

- ¿Eso no hacer uso ilegal de los artículos muggles? – dijo Ian – somos aurores.

- Bueno, creo que hay resquicios en esa ley – le dijo Remus divertido – conociendo a Arthur Weasley y su fanatismo por ellos, no creo que la hayan arreglado nunca, en especial cuando fue cambiado de departamento.

- Lo que quiere decir…

- Que de todas maneras podemos hechizar el lugar siempre y cuando luego deshagamos el hechizo y no lo usemos contra los muggles.

Draco miró a Remus que se puso de pie y levantó a Harry con cuidado usando su varita, de inmediato la cabina tomó un buen tamaño y los sillones tuvieron la suficiente amplitud como para usarlos de cama. Se recostó en él y luego puso a Harry a su lado que de inmediato se acomodó junto a él.

- ¿Quieres jugar ajedrez? – le ofreció Ian al licántropo – no tengo sueño y estoy aburrido, después de todo es Harry quien sabe lo que vamos a hacer.

Remus asintió y vio como el ajedrez mágico tomaba su tamaño normal luego de sacarlo de su cajita, el castaño tenía razón, el viaje iba a ser muy largo.

James estaba medio dormido, se había aburrido de esperar a Lucius y había estado practicando un poco con su nuevo cuerpo para acostumbrarse a él, pero estaba agotado, quizás fuera que le faltaban energías ¿con ese cuerpo sería indispensable comer? Pero si era una criatura mágica. Cerró los ojos apoyado en la almohada de Lucius, el rubio había tardado demasiado en la búsqueda de un libro, a no ser que se hubiese topado con alguien en el camino.

- Maldito Severus – entró el rubio molesto, pero llevaba bajo el brazo el libro que había bajado a buscar – siempre queriendo saberlo todo.

- Siempre ha sido así, no vas a esperar que cambie ¿verdad? – se rió James.

- Bueno, quería investigar a mi amante ciervo, pero yo le dije que no o le darías una nueva cornada y esta vez sería en una parte más apreciada para él, pero Narcisa ha comenzado a gritar y a llorar, esa mujer cuando empieza no para, por lo que me he tenido que comer una regañina de Severus por hacerla llorar y ella ha comenzado a decir que esto comenzó cuando se me ocurrió hacer negocios con esos mugles, que nunca un malfoy había caído tan bajo, etc.

- ¿Haces negocios con los Muggles? – le dijo sentándose asombrado – pero si nunca has aceptado que tu hijo sea auror.

- ¿Cómo es que tú sabes eso? – le dijo molesto.

- He vivido todos estos años dentro de Harry – se encogió de hombros – y Draco mismo se lo contó a él antes que se hicieran novios, no ha sido fácil para él ser auror siendo tu hijo ¿sabes? Y no le has allanado el camino, precisamente.

- Tenia grandes expectativas para mi hijo, y ni siquiera era su sueño eso de ser auror, lo hacía por aquella persona que creía perdida.

- Eso se conoce como sacrificio de amor, Lucius – le dijo con suavidad – pero cuéntame que tipo de negocios tan reprobatorios tienes ahora.

- Sabes que fui a parar a Azkaban, así que la mayoría de los magos y brujas desconfiaban de mi y si algo no iba a perder era mi fortuna y no podría poner el dinero en las manos correctas, así que busqué un nuevo derrotero para mis inversiones y me dije que quizás fuera de nuestro mundo hubiese algo en qué invertir que me repostara grandes ganancias – sonrió poniendo una silla junto a la cama al ver al moreno interesado – sentí un poco de curiosidad por la telefonía móvil, así que invertí en una empresa, no sabía entonces que estaba casi en la quiebra, que estaba probando un prototipo de un celular – sacó uno del bolsillo – que ha sido lo que ellos llaman un "bum", un éxito rotundo.

- Bueno, nunca has sido malo adivinando dónde ganar dinero, Lucius.

- Narcisa está muy molesta al respecto, poco le importa que este dinero sea el que sirva para que ella se siga dando aires de grandeza y viajando por el mundo.

- Y esta cosa ¿funciona aquí? – le miró abriéndolo.

- Si, está especialmente diseñado para que funcione incluso en lugares donde la magia hace interferencia con su energía, aunque nunca la he probado en Hogwarts o en otro lugar con hechizos de interferencia, sólo aquí.

- Pero ¿no se supone que es ilegal hechizar artículos muggles y usarlos?

- No está hechizado, al menos no que yo sepa – le dijo – tiene una batería de alta resolución y una señal especial que te permite tener sistema aún en el bosque más poblado del mundo, tiene una cobertura satelital especial…

- Ya, entiendo, lo compro – se rió y Lucius sonrió a su vez – eres terrible ¿sabes? Pero deberías darle a tu hijo uno de esos y darme uno a mi también.

- Bueno, eso de estar comunicado con mi amante es muy buena idea, pero eso de darle algo a mi orgulloso hijo… lo creo difícil, no abriría el paquete y me lo mandaría de vuelta, o simplemente no sabría cómo usarlo.

- Tal vez él no, pero Harry sabe hacerlo, en Alemania tenía uno, pero lo dejó allá porque se echó a perder y nunca tuvo el dinero para repararlo.

- Los Potter son muy ricos ¿cómo es eso posible?

- Él no recordaba que era Harry Potter, te lo dije – le sonrió – en fin, quizás fuese mejor que se lo mandaras directamente a él.

- A Draco le daría un ataque y se vendría de vuelta a cortarme la cabeza.

- Pero no necesita saber que eres tú quien le manda el regalo – se acercó a él – yo se lo mandaré de forma anónima y podré comunicarme con él sin que nos descubran – le acarició el rostro – y me iré a Edimburgo.

- ¿Me vas a dejar sólo aquí a merced de la bruja de mi esposa?

- Ay, Lucius – se rió – podríamos ir juntos a Edimburgo, allá no estaría ni Narcisa ni Snape que nos molestaran si hacemos algo "malo".

- Bueno, si lo pones así, acepto tu invitación – lo atrajo hacia él intentando besarlo.

- Alguien viene – le dijo apartándose de golpe, sentándose del otro lado de la cama – no estaría bien que me vean en tu habitación.

Un golpe se escuchó en la puerta y Lucius preguntó de malas qué querían.

- Aquí hay dos personajes de ministerio que vienen por ti, Lucius, dicen que han detectado magia negra en tu casa – le dijo Snape – te espero abajo.

- No puedo creerlo, aquel muñeco no tiene ni pizca de magia negra.

- Bueno, ya que es mi culpa, voy a matar varios pájaros de un tiro – le dijo James poniéndose de pie – pero quiero que pase lo que pase, no abras la boca ni para afirmar ni para refutar lo que yo les diga ¿de acuerdo? – él asintió intrigado – se las van a ver conmigo por habernos interrumpido.

- Creo, querido, que verdaderamente das miedo cuando te enojas.

James lo ignoró y caminó lo más erguido que pudo hacia la puerta.

- Creeme, que si mi hijo y el tuyo no estuvieran de por medio, ni de chiste hago esto, te lo aseguro – le dijo y abrió la puerta – adelante, no creo que pueda bajar la escalera sin tu ayuda.

Lucius suspiró, el orgullo no era impedimento para que él le pidiese ayuda por más molesto que estuviera con él, quizás si antes que sus padres se declararan seguidores de Voldemort le hubiese dicho que le gustaba, sería otro el cuento que ahora estarían viviendo.

Sentados en un sillón en la sala de estar estaban dos aurores, en uno de los individuales estaba poniendo cara de digna Narcisa y frente a ellos de pie y de espaldas a la chimenea, estaba Severus Snape que se puso pálido al verlos, con lo que los otros tres se voltearon a verlos.

- ¡Harry Potter! – dijeron los cuatro asombrados.

James sonrió soltando el brazo de Lucius que trataba de mantener la actitud impasible, pero le estaba costando una enormidad, podía ver muchas emociones en la cara de Narcisa, desde el asombro, la furia y el odio, pero era la de Snape la que más le divertía, de seguro recordaba perfectamente que el joven Potter lo odiaba, y con justa razón, tanto como odió a Voldemort.

- Si, soy yo – sonrió muy tranquilo, sabía imitar a la perfección la voz de su hijo – me parece extraño que digan que el señor Malfoy ha hecho magia negra cuando ha estado desde ayer por la tarde conmigo – agregó muy seguro.

Snape entrecerró los ojos, había algo raro allí ¿cómo era posible aquello? En la tarde dejó a Lucius en la biblioteca y por los elfos sabían que nadie había venido, pero ellos inclusos pueden mentirle a sus amos, y el amo verdadero era Lucius y él había estado ocultándoles algo ya que no les había querido decir qué hacía en su cámara secreta y después, encerrado en su cuarto.

- Vine a pedirle al señor Malfoy que me acompañara a Edimburgo, tengo una mansión enorme allí y, pese a las visitas que tengo, me siento un tantito solo.

- ¿Y para qué quieres a Lucius allí? – le dijo Narcisa agresiva.

- Para probar que él no ha estado haciendo magia negra – sonrió – y para que podamos, usted sabe, arreglar las diferencias de familia.

- ¡No vas a ser amante de mi esposo en mi cara! – gritó ella furiosa.

- Por eso mismo me lo llevo – le replicó mirando de reojo a Snape que seguía pálido – para que no nos interrumpan – volvió a tomar del brazo a Lucius y se acercó a él – allí estaremos tranquilitos – agregó y desaparecieron conjuntamente.

Lucius se reía luego de aparecerse en el castillo, ver la cara de horror que había puesto Severus y la indignada de Narcisa valía cualquier problema que tuviese con la ley, se dijo abrazando a James.

- Vaya con tu temperamento, gatito – le dijo divertido – ahora van a creer que de verdad somos amantes ¿qué va a decir mi hijo cuando se entere?

- Pues por eso necesito una varita mágica, Harry puede hacer magia sin ella, pero yo no, esa es una cualidad que traspasará a sus hijos – suspiró – pero al menos te quité a la ley de encima ¿verdad, mi huerito?

- No me llames así – le dijo separándose y mirando el lugar.

- El amo ha regresado – dijo un elfo feliz – ¿será que el amo quiere algo especial de cenar? – agregó solícito.

- De acuerdo, quiero… - y dio una larga lista que hizo arquear las cejas a Lucius.

- Ni que quisieras alimentar a un batallón – se burló.

- Oye, hace 21 años que no me alimento ¿por qué no aprovechar? – le dijo – venga, te mostraré las habitaciones, te vas a llevar una gran impresión ¿Sabías que un gigante habitó este castillo antes que los Black llegasen aquí?

Harry abrió los ojos al escuchar el sonido de la puerta y se sorprendió al ver las nuevas dimensiones de la habitación ¿la habían hechizado? Era bastante obvio ya que de otra manera no habría dormido tan cómodo recostado junto a Draco que dormía profundamente. Se enderezó y notó que lo que antes había pensado era la puerta, era la ventana de la cabina golpeada levemente por el pico de su lechuza que traía un paquete entre sus patas. Bajó el vidrio y la dejó entrar mientras ella ululaba feliz de haber cumplido su encargo.

Abrió preocupado el paquete y vio la nota que acompañaba una cajita de uso muggle, se sorprendió al ver de que se trataba ¿quién le enviaba un celular?

"Estimado Harry, es la única forma que se me ocurrió de mantenerme en contacto contigo sin tener que hacer uso de la magia, con lo que podrían descubrirnos a ambos, Lucius me dijo que tenía grabado mi número tal como yo tengo grabado el tuyo. De momento estamos en Edimburgo y estoy haciéndome pasar por ti, he dicho que los tengo de invitados, así que no te preocupes, nadie sospechará siquiera donde están ustedes de verdad mientras no sea el momento".

- Hermillion ¿quién me manda esto? – le dijo a la lechuza, pero esta solo se posó sobre su hombro y se frotó cariñosamente contra su rostro – bueno, supongo que no me puedes responder.

- Que bien he descansado – dijo Draco sentándose abrazando a su novio – ¿qué es eso, Harry? – tomó la caja.

- Un artefacto muggle conocido como celular o móvil – respondió sacándolo de la cajita – parece que me lo mandaron cargado, genial.

Remus abrió los ojos y vio a Harry entretenido con un aparatito muggle y luego se percató de la presencia de la lechuza ¿no le había dicho que se mantuviera oculta hasta que la llamase? Vaya con el animal obediente.

- ¿Qué es eso? – le preguntó Ian sorprendido mirando la caja tan grande y el aparato tan chiquito en las manos del moreno.

- Me lo mandaron de regalo para mantenernos comunicados con quien me reemplaza de momento en Edimburgo – le mostró la nota a Remus y ninguno de los tres, intrigados como estaban con el celular, notó la cara de asombro que ponía el licántropo ¿cómo iba a olvidar la letra de su querido amigo cuando tantas veces lo vio haciendo a última hora sus deberes del colegio? – no tiene firma.

- Dice que tienes el número de él ¿por qué no lo llamas? – dijo Remus tratando de tranquilizarse, debía ser una coincidencia, una letra parecida.

Harry asintió apretando el botón enviar y apareció el número en la memoria, le volvió a dar enviar y este comenzó a marcar mientras lo otros dos jóvenes se veían tan excitados como el moreno a espera que le respondieran del otro lado.

- Hola, Harry, veo que tu lechuza ya llegó con mi encargo – le dijo una voz idéntica a la suya – espero que note moleste que estemos aquí.

- Pero ¿quién eres? – dijo Harry sacando el habla.

- Alguien que siempre ha estado contigo – le dijo divertido – de seguro Remus ya sabe quién soy, cuando regresen les explicaré todo, por ahora no vale la pena.

- Dices en la nota que te haces pasar por mí y que el señor Malfoy te enseñó a usar estas cosas ¿acaso está contigo?

- Ah, bueno, creo que te he metido en un problema – se rió y escuchó una voz detrás de él – sí, Lu, les contaré – alcanzaron a oírlo – lo que pasa es que alguien acusó a Lucius de usar magia negra y lo pretendían arrestar, así que me aparecí por allí, ya que él tan amablemente me ayudó a parecerme a ti, y me temo que han creído que es mi amante, lo que seguramente será comidillo de "El Profeta" cuando salga mañana, aunque fue delante de Narcisa y de Snape.

- Y él está contigo en estos momentos en Edimburgo ¿verdad?

- Después de todo lo que dije, no lo iba a dejar allí ¿no crees? – se rió – de todas maneras quisiera saber cómo va su búsqueda.

- Aún no llegamos a nuestro destino, sale muy caro viajar como muggles.

- Bueno, quizás fuera mejor que usaras un poco de la magia del mapa de las zonas interiores, esa magia es indetectable para el ministerio porque es demasiado antigua y en desuso como para encontrarse registrada.

- Creo que tú y yo debimos comunicarnos antes, no me gusta dormir solo.

- Lamento no haber podido ayudarte en ese aspecto, pero apenas ahora puedo hacerlo. Pero ten mucho cuidado, ese mapa en malas manos sería peligrosísimo, es por eso que estaba oculto mágicamente ya que trataron de robarlo cuando los Potter se fueron de Camelot y no queremos que surja otro Voldemort.

- Claro que lo cuidaremos, y gracias por tu ayuda.

- De nada, ya nos veremos de nuevo, Harry, cuídense mucho – se despidió.

- Ustedes también – dijo y ambos cortaron la comunicación.

Draco dirigió entonces la mirada hacia Remus que se cubría el rostro, estaba pálido, pero lo más preocupante eran las lágrimas que corrían por su cara.

- ¿Pasa algo malo, Remus? – le dijo Harry sentándose a su lado abrazándolo.

- Era la voz de James – le dijo con voz ahogada – la misma voz que escuche esa tarde cuando Lily y él se despidieron de nosotros antes de ir a ocultarse al valle de Godric, sospeché que era él cuando vi la nota, es su letra y mi amigo está vivo.

- Ya entiendo, anoche lo que sentó fue eso – dijo Harry poniéndose de pie – era mi padre el que frenaba mis pesadillas, lo sentía dentro de mí, pero él está cubriendo mi lugar y por eso ellas aparecieron – miró a Draco – siempre he tenido estas pesadillas, desde que recuerdo veo a esa gente luchando, incluso veo a un hombre de largas barbas inclinado frente a un caldero haciendo una poción dorada – suspiró – cuando empecé a ir a Hogwarts ellas desaparecieron y relacioné al mago viejito con Dumbledore y sólo ahora comprendo que en realidad a quien veía era a Merlín.

- Dices que anoche tuviste nuevamente esos sueños – dijo Ian – ¿Nos cuentas?

//Era una tarde de inicios de primavera, aún se podía notar en las copas de los árboles más altos la nieve que había caído durante todo ese helado invierno. Allí estaban cuatro hombres sentados en torno a una mesa redonda muy similar a la que tenía el rey en su salón de juntas. Uno de ellos era un joven de cabellos desordenados, el apodado León Gryffindor, el joven mago Godric de Gryffindor, a su lado estaba el inquieto Parkes Potter, el más joven de los reconocidos magos de la corte, Luther Luzbeth y el archiconocido mago Merlín Mendip, este último con las noticias traídas desde palacio luego de la cruenta batalla en que el rey fue mortalmente herido.

- El rey nos pide que lo llevemos a Avalon – les dijo Merlín preocupado – y que nos deshagamos de su espada para disolver Camelot, es bastante obvio que sin su presencia la situación será insostenible.

- Pero sus caballeros deberían seguir su ejemplo ¿no? – dijo Parkes. El muchacho era muy diferente a los otros magos, sus vivaces ojos grises y su altura generalmente hacían pensar a la gente que era un tanto idiota, pero era muy bueno creando hechizos especiales.

- No después de la infidelidad de la reina y la traición de Sir Lancelot – dijo el mago mayor – tan pronto como el rey se vaya, nosotros deberemos hacer lo mismo o nos querrán muertos ¿por qué crees que no han permitido tener más aprendices? Porque nos temen.

- Bueno, a mi Helga Hufflepuf me invitó a ir al norte a crear una escuela para magos y brujos – dijo Godric, en realidad, su apariencia era de león y pocos sabían que él podía transformarse en este animal. Era un hombre maduro, de complexión delgada y bastante alto, pero lo que más llamaba la atención era lo disparatado que siempre tenía el cabello, para todos lados y direcciones, nunca podía domesticarlo, a ello más que nada se debía su apodo – quizás fuera bueno que aceptara, así no se perderán los conocimientos que he adquirido.

- Bien, yo, entonces acompañaré al rey a Avalon – dijo Merlín – que Lurher y Parkes se encarguen de la espada Excalibur, cuando ella ya no exista podrán o reunirse conmigo en Avalon o con Godric en su colegio ¿de acuerdo?

Ambos asintieron y los cuatro regresaron al castillo, para los más jóvenes era lógico lo que les decía Merlín, después de todo Arturo había sido su pupilo desde mucho antes que este sacara la espada de la piedra, pero dudaban que los caballeros se quedaran tranquilos.

- Parkes, eres el último que conoce el camino de regreso a Avalon – le dijo Luther – yo regresaré con Merlín cuando concluyamos nuestro trabajo, así que será tu deber preservar su secreto, recuerda que Godric no sabe llegar allí.

- Está bien, pero sólo mis descendientes directos podrán acceder a él.

- Bien, uno de ellos podrá abrir nuevamente sus puertas cuando nuestro mundo esté preparado para recibir toda esa sabiduría.

Merlin y Godric prepararon al mal herido rey y lo subieron en una barca que comenzó a navegar lentamente por el río mientras el viejo mago, convertido en una golondrina, guiaba su curso apostado en su palo mayor. Cuando ellos se perdieron en la distancia, los trece alejaron raudamente del lugar, nadie debía descubrir la ausencia de la espada hasta que ellos ya la hubiesen hecho desaparecer y fuera muy tarde para hacer nada. //

- Por lo visto, tu sueño muestra los últimos minutos de Merlín y sus ayudantes en la corte del Rey Arturo – le dijo Remus más tranquilo ya – es casi como lo cuentan las historias, excepto que visto desde el punto de vista de los protagonistas.

- ¿Crees que el mundo esté preparado para conocer su sabiduría?

- Lo más probable es que no – dijo el lobo – pero ellos han estado encerrados por más de mil años, de seguro piensan que es el momento de volver.

Un ruido los asustó a los cuatro, se escuchaba fuertemente el pitazo que anunciaba que estaban por llegar a su destino. Se pusieron de pie y Remus deshizo el hechizo que ampliaba la cabina.

- Parece ser un lugar muy pintoresco – dijo Ian fijándose en el paisaje mientras el tren se detenía lentamente al entrar en la estación – muy…

- ¿Muggle? – dijo Draco observando también – Harry, ¿por qué no revisas el dato que nos dio tu padre? Tengo hambre y si hay algún lugar de tu familia por allí con comida que no tengamos que pagar y no sea tan muggle, seré feliz.

- De acuerdo, veamos que nos dice – lo sacó del bolsillo y lo agrandó – dame el relicario – le pidió y lo colocó sobre este y automáticamente un sector de mapa resaltó frente a ellos – vaya, es una pequeña casita que cuida un elfo muy especial, no es igual a los domésticos, él recibirá sólo a quien pueda vencerlo ¿volando? Pero yo ni siquiera traje mi escoba.

- Quizás el tenga escobas en qué competir – le dijo Draco divertido – después de todo la tuya es de carreras y la competencia podría no ser justa ¿verdad?

- Debe ser un tipo de elfo muy especial – dijo Ian.

- En el mundo mágico sólo existen los elfos domésticos – dijo Remus – pero existen historias respecto a los otros elfos que existieron en épocas antiguas en las tierras al sur de Inglaterra. Se dice que ellos crearon Stonehenge y les dieron a los hombres la habilidad de hacer magia ¿saben que las piedras de ese sector fueron transportadas de Gales? Quizás fuesen habitantes de Avalon.

- Sabes muchas cosas, Remus – dijo Ian sorprendido.

- Era el único que no se dormía en las clases de Bins en el colegio, y uno de los pocos que continuó con el ramo como timos ¿sabes? Éramos apenas tres de sexto y luego dos en séptimo porque un Ravenclaw se retiró de la escuela sin haber terminado sus estudios luego de la muerte de sus padres.

- Si ellos eran los primitivos habitantes de Avalon ¿no existe alguna posibilidad que Harry sea descendiente de uno de esos elfos?

- Vaya uno a saberlo – dijo Remus – el tren se detuvo, guarda el mapa y dirijámonos al lugar que nos dijo antes que se oscurezca.

James se despertó sobresaltado al sentir que algo viajaba por su pecho parcialmente cubierto por la polera que usaba de pijama, no le cabía la menor duda de a quién le pertenecía, pero le parecía haber sido bastante claro que sería él quien lo buscara y no a la inversa, al parecer Lucius no entendía de pactos.

- Huero, si querías algo ¿por qué no eres tan amable de despertarme primero y pedírmelo como corresponde? – le dio un golpecito.

- Es que te veías tan lindo dormido – le acarició el pecho suavemente – y no me llames huero, me haces sentir como huevo podrido.

- Ay, Lucius – se rió – y creo que no está bien lo que estás haciendo, quizás a ti te guste hacer el papel de adultero y pedófilo, pero a mi no me agrada hacer el papel de adultero y niño abusado – le reclamó – regresa a tu cama ¿si?

- No quiero ni pretendo hacerlo, se supone que eres mi amante y deseo que sea cierto – le acarició el cuello con la nariz.

- No seas porfiado, Lucius, soy menor que tu hijo con este cuerpo – insistió apartándose – además, no sería a mí a quien le hicieras el amor, recuerda que este cuerpo está sólo prestado mientras dure el hechizo.

- Me importa poco – le dijo atrayéndolo de regreso – serás tú quien lo sienta y sentiré que te lo hago a ti, lo demás se puede borrar y no me causaría ninguna aflicción – le besó el cuello – y eso de ser adúltero ¿Qué tiene de malo? Nunca he querido a Narcisa y ella nunca me ha querido a mí, no es ninguna traición, y eso de ser pedófilo, bueno, sólo tienes la apariencia de un muchacho, pero tienes poco menos años que yo y eso lo sabemos los dos.

- Quizás a ti no te molesta aquello, pero sigo teniendo la apariencia de mi hijo y no quiero arrastrar por el lodo su nombre ¿entiendes? Se supone que he regresado para ayudarlo y no para causarle mayores problemas.

- De acuerdo, James, entiendo, pero odio tu estúpida moral de Gryffindor.

- Soy un descendiente de Gryffindor, no puedo evitar que sus enseñanzas hayan calado hondo dentro de mi – se dio vuelta – pero podría ser buenito y dormir apoyado sobre tu pecho ¿no?

- Te estás haciendo de rogar ¿eh? – sonrió – de acuerdo, algo es algo.

James sonrió bajándose la camiseta larga y se acomodó sobre el pecho del rubio, al menos había escuchado razones, era tan distinto a como le recordaba, pero ahora era mejor, suspiró y cerró los ojos para dormirse, ahora sí, profundamente.

Lucius lo apretó un poco y luego de darle un beso en la frente, se decidió a imitarlo, quizás no fuera como lo había planeado, pero al menos no lo había echado con cajas destempladas como tanto temía, se dijo antes de dormirse.

Realmente el elfo que los había recibido era un hombre muy extraño, su apariencia era totalmente humana con excepción de sus orejas puntiagudas y el cabello entre dorado y blanquecino, largo hasta la cintura y sus ojos de un intenso color plateado. Harry había mirado al hombre antes de voltearse hacia Draco.

- Prefiero a mi rubio – le dijo adelantando al auror y el elfo sonrió.

- Eres descendiente de los Malfoy ¿verdad? – le dijo a Draco y este asintió asombrado – soy Malfoy Master – le dijo este divertido al ver que por poco y no se les caía la mandíbula al suelo – así es, formo parte de los primeros Malfoy que se quedaron en el mundo humano.

- No entiendo nada – dijo el rubio moviendo la cabeza.

- Verán – dijo dejándolos pasar a la "casita", realmente era enorme, claro que no tanto como las mansiones de los magos ricos, pero muy parecida a la casa de su padre, al parecer de Draco – nuestra familia es eterna, pero fuimos perseguidos en los tiempos que nos invadieron los humanos que se hacían llamar romanos y no hubo muchos sobrevivientes, incluso quedan muy pocas de nuestras edificaciones – suspiró – pero en ese tiempo llegó por estos lados un muchacho llamado Pendragon Potter, andaba perdido dado que había salido de Avalon y necesitaba ayuda para regresar. A cambio de ello nos permitió ir con él a ese sitio tan especial y muchos de los nuestros han habitado allí desde entonces. Pero los Potter siempre han sido terriblemente inquietos y junto con Merlín Mendip salieron a buscar otros rumbos, Pendragon se casó fuera de Avalon y tuvo un hijo con una muchacha que era una mujer águila, Parkes, que fue el último de su dinastía en visitar Avalon antes que la cerráramos, los hombres normales, a los que los magos llamaron muggles, querían destruir todo lo relacionado con la magia y había criaturas que ellos no iban a querer a su lado.

- Pero el mapa me dijo…

- ¿Eres descendiente de los Potter? – lo interrumpió – no te pareces a Pendragon, pero el mapa sólo podría hablarle a sus descendientes.

- Es que también soy descendiente de Godric Gryffindor – le dijo.

- Muéstrame que eres un Potter, Pendragon dejó algo que sólo reaccionaría ante sus verdaderos descendientes – afirmó.

- ¿Será acaso este relicario? – le dijo Draco sacándolo del bolsillo mostrando como este brillaba hasta casi encandilarlos.

- Vaya, eso significa que hay dos Potter presentes y si tú eres el guardián del relicario de los cinco dragones, eres pareja de él ¿verdad? Y ambos han movido el piso literalmente – dijo divertido al ver que ambos se sonrojaban – en fin, se suponía que tenía que ponerles una prueba antes de dejarlos pasar a mi morada, pero creo que es completamente innecesario, en especial cuando ya llegó aquí el caldero de Merlín y debe de andar cerca el velo de la muerte.

- Perdón, pero quisiera saber qué es el velo de la muerte, en verdad.

- Perdonen que los interrumpa – dijo Ian de repente – ¿dijiste Pendragon? ¿No era Uther Pendragon el nombre del padre del rey Arturo?

- Si, es cierto, pero Arturo no era mágico – le dijo este – y su padre era Britano no Avalonico, ese era un apellido bastante común en la zona dado que era el nombre de su realeza desde hacía muchos años.

- Así que Draco tiene algo de los elfos ancestrales – dijo Harry – pero su genealogía no aparece hasta después de la muerte de Godric Gryffindor.

- Si, es cierto – dijo Draco – y me dices que ustedes existían antes de la invasión de los romanos alrededor del 500 A. C.

- Bueno, ya te dije que nosotros somos eternos, somos de la clase élfica guerrera, pero ellos nos superaban por mucho en número, decían que éramos criaturas del mal por el simple hecho de ser hermosos – se encogió de hombros – lo que pasó, en realidad, es que en Avalon los elfos de mi raza son muchos y nosotros tendemos a buscar pareja entre los magos morenos y la gran mayoría de los habitantes de allí son rubios como yo, así que mi hermano Malfoy Meldriap salió en busca de pareja cuando Parkes Potter visitó por última vez Avalon, adoraba a ese joven, aunque él era castaño dada su herencia de águila, pero de todas maneras salía de lo común, claro que este ya estaba casado y tenía un hijo, por eso había vuelto a crear un mapa mágico que sólo reaccionaría a alguien de su sangre, ninguno de los dos volvió más por estos lados.

- Una pregunta indiscreta – dijo Remus – ustedes usan el apellido delante ¿no?

- Es la forma en que nosotros reconocemos a la familia a la que pertenecemos – asintió – todos lo hacen en Avalon.

- Pero no me has respondido respecto al velo de la muerte.

- Es una historia larga de contar – dijo el elfo – es mejor que descansen ahora y ya mañana terminaré con sus dudas, supongo que los pequeños elfos domésticos, al detectar la presencia de un Potter, habrán preparado la mejor cena que se les pudo ocurrir para agradar al amo – movió la cabeza – saben que no soy igual a ellos, pero siempre prefieren a los humanos, son un poco tontos ¿saben?

Harry sonrió divertido, él pensaba que lo eran más e un poco, pero no dijo nada, después de todo Master también era un elfo, aunque de otra clase.

- Perdona, pero en Avalon solo hay hombres guapos ¿verdad? – dijo Draco.

- Si, allí los Potter eran altamente cotizados ¿Por qué?

- No voy a permitir que mi Harry vaya allá y alguien intente quitármelo por ser tan hermoso – dijo celoso – no después de todo lo que nos ha pasado.

- No necesitas ponerte en ese plano, Dragón – le dijo Harry.

Master sonrió divertido, era una actitud muy de su familia, eran terriblemente posesivos con aquellos que consideraban sus parejas y podían sacar literalmente las garras si presentían que alguien intentaba arrebatárselos, fuera quien fuera.

- No te preocupes, Malfoy Draco – le dijo – allí todos respetan la propiedad privada y mi familia es muy respetada allá, no creo que haya alguien que quiera meterse en problemas con uno de los nuestros, por muy lindo que sea su pareja.

Lucius se despertó sintiendo un rico calorcito recorriendo su pecho, era agradable dormir con alguien tan dulce a su lado, dos veces se había despertado para sólo verlo dormir, era tan hermoso, cuantas veces siendo joven soñó con tenerlo así, recostado a su lado, entre sus brazos, pero luego supo que era imposible soñar con aquello, la desgracia cayó en su familia cuando Lord Voldemort decidió reclutarlos como sus seguidores, tenía la ideología correcta para la gran mayoría de los sangres puras, pero la familia de su amado jamás iba ir en contra de los principios de Gryffindor y terminaron siendo enemigos.

- Es rico despertar con el calorcito de alguien después de tanto tiempo ¿verdad, Lucy? – le dijo frotando la mejilla contra el pecho del rubio.

- No me llames así – le dijo divertido, en realidad no le molestaba el apodo.

- Como quieras, pero creo que es hora de levantarnos, quiero llamar a Harry y saber si ya llegaron a su destino, me pregunto si Master lo habrá probado.

- Eso me suena a algo indecente – le dijo mirándolo preocupado.

- Ah, saca tu mente de las alcantarillas – se rió – me refiero a que debía competir para que él lo dejase usar la casa de los Potter en ese lugar.

- Bueno, es que eso de probar se me antoja un tanto… sexy – le dijo divertido – al menos a mi me gustaría que me probaras un poquito.

- Bueno, si lo pones así igual suena indecente – le dijo sin apartarse de su lado – y dado que te has portado tan bien, podría darte una probadita – le dijo metiendo la mano bajo la camisa para frotarle un pezón haciéndolo gemir – disfruta de lo que pretendo hacerte, porque vas a tener que ganarte lo demás – le advirtió.

- Por mí puedes hacerme lo que quieras – le dijo con voz quebrada.

James lo miró divertido y se subió sobre él tomando su manos para subirlas sobre su cabeza mientras le comenzaba a acariciar el cuello con los labios, atrapó entre los dientes una oreja y luego comenzó a bajar por su cuello con un reguero de besos hasta alcanzar su clavícula en donde se detuvo un segundo antes de seguir hacia abajo para atrapar un pezón mientras Lucius soltaba débiles gemidos que eran música para sus oídos…

Un golpecito en la puerta los sobresaltó a los dos y se separaron bruscamente mientras Lucius maldecía mentalmente la interrupción cuando se la estaba pasando tan bien.

- ¿Qué pasa? – dijo el moreno tratando de recuperar la respiración.

- Perdone, amo, que lo moleste tan temprano – le dijo la voz chillona de un elfo – pero acaba de llegar una señorita del ministerio y quiere ver al amo, dijo que era urgente, algo referente al señor Lupin, por eso lo vine a despertar, perdone amo.

- Bien, hazla pasar a la biblioteca, ya bajo – le dijo preocupado.

- Que mala suerte – le dijo Lucius molesto – interrumpirnos en lo mejor – agregó al ver que el moreno comenzaba a vestirse aceleradamente – aunque el espectáculo me está gustando – lo miro apreciativamente.

- Oh, cállate, Lucius – le dijo molesto – y vístete, sea lo que sea que esa señorita me quiere decir, debe ser algo grave o no se habría atrevido a venir a buscarme.

- Pero me debes la probadita – se quejó.

- Ya lo sé, un Potter siempre cumple sus amenazas – le replicó – pero si uno de mis amigos está en problemas, iré al infierno si es necesario para protegerlo.

Lucius lo miró un momento y luego se dirigió a su habitación a vestirse.

James se miró en el espejo, era el tipo de ropa que Harry hubiese elegido, pero no tenía tiempo de arreglarse como él, sólo esperaba que aquella persona que decía venir del ministerio no fuera la amiga de su hijo o no podría engañarla.

Salió de la habitación y se sorprendió al ver que al fin se había acostumbrado a su nuevo cuerpo, así que aceleró el paso y llegó a la biblioteca y se sorprendió al ver a la señorita que estaba allí, en realidad no era una, sino dos y un hombre negro calvo, recordaba vagamente el nombre ¿Kingsley? Harry debía saberlo, pero una de las mujeres era Hermione Weasley y la otra debía ser la prima de Sirius, que prefería que la llamasen por el apellido.

- ¡Oh, Harry, que bueno que has regresado! – le dijo abrazándolo llorando la mujer de pelo rosa chicle – el ministerio ha prohibido que se hable de ti y de tu regreso, así que han levantado cargos contra Remus y pretenden hacer públicos los cargos para permitir que los aurores le den caza y lo maten.

- Pero Remus no ha hecho nada – dio Hermione – sin embargo a quien le de caza le darán un altísimo premio ¡Debemos evitarlo!

- No creo que lo puedan cazar si no saben siquiera donde anda – les dijo pensativo – pero creo que primero debemos calmarnos un poco – hizo una seña y un elfo apareció – preparen el desayuno para cinco personas.

- Como ordene el amo – asintió el elfo volviendo a desaparecer.

- ¿Qué clase de cargos han levantado contra Remus?

- Hace dos noches apareció un chico mordido, ellos dicen que fue un hombre lobo – le dijo Hermione – pero es imposible porque no hay luna llena hasta dentro de una semana, pero nadie nos escucha, dicen que los defendemos por ser sus amigos.

- ¿Se sabe quien fue el que levantó los cargos?

- Uno de los aurores veteranos – le dijo Kingsley – nuestro departamento está separado en tres sectores – le explicó – los Veteranos, que son los más cercanos al jefe del departamento, los experimentados, que es grupo al que pertenecemos todos los que éramos novatos antes de la muerte de Voldemort; y los novatos, que son todos los que se han recibido desde entonces, y me temo que todos los de la primera y gran parte de las otras secciones son ambiciosos.

- Bueno, creo que vamos a tener que hacer algo drástico – se sentó en uno de los sillones de cuero – Remus ahora está a salvo, se los puedo asegurar, pero haré algo para evitar que lo sentencien a muerte.

- Amo, el desayuno está listo, el señor Malfoy ya está en el comedor.

- ¿Así que es verdad que estás con Lucius Malfoy? – le dijo Hermione.

- A mi siempre me ha gustado Malfoy – le dijo – solo que el menor ya tiene novio, así que me tengo que conformar con el otro, pero no se lo vayan a decir ¿si? – se sonrió – vayan al comedor, ya les alcanzo.

Esperó a estar solo antes de abrir el celular y marcar el número de Harry, esperaba que ya estuviera con el elfo guerrero. Sonó un poco antes que la voz cansada de su hijo le respondiera.

- No te voy a preguntar qué estabas haciendo – le dijo luego de saludarlo – pero es importante que preparen cuanto antes el Lupus acaben.

- Papá ¿qué ha pasado? – le dijo preocupado y totalmente despierto al fin.

- Por lo visto Remus me reconoció – suspiró – alguien ha dicho que un hombre lobo atacó a un niño y lo han acusado a él de ser el asesino.

- Pero ¡si no ha habido luna llena! – dio exaltado.

- Lo sabemos, pero nadie hace caso de eso – dijo fastidiado – aquí están tus amigas, haré lo posible por protegerlos, pero deben acabar con la enfermedad de Remus lo antes posible, yo voy a evitar como sea que se dicte su sentencia de muerte.

- Master nos dijo que el caldero de Merlín ya está aquí y la famosa poción aparece en el libro de Magia enamorada de los Potter, la tendremos la antes posible.

- Bien, veremos que se hace, cuídense mucho y no salgan de los límites de la casa del elfo guerrero o no podrán hacer magia indetectable.

- Muy bien, papá, y ten cuidado tú también – se despidió.

Tal como Tonk y Hermione le habían señalado en el desayuno, el "juicio" contra Remus Lupin se realizaría en medio de la gran plaza del ministerio, allí había mucha gente aglomerada, todos parecíab querer que los malvados hombre lobos desaparecieran de una vez para siempre, así que nadie se había percatado de su presencia, los magos siempre eran así, pero él no iba a permitir que otro de sus amigos sufriera a causa de un error judicial.

- Se han levantado cargos contra el licántropo Remus Lupin por la muerte del pequeño Andrew Morgan, suceso acaecido hace dos días en Glasgow – dijo el jefe departamento de aurores – por lo tanto se le sentencia…

- ¡No pueden hacer un juicio en ausencia del acusado y sin pruebas! – dijo James molesto avanzando hacia el estrado.

- ¿Quién eres que lo defiendes tanto? – le dijo alguien molesto.

- Harry Potter – le replicó quitándose la capucha – estoy seguro que Remus no fue dado que esa noche no había luna llena y no la habrá hasta dentro de ocho días.

- Era amigo de tu padre y por eso le defiendes – dijo uno de los aurores viejos.

- ¡No voy a permitir que otro error judicial destruya a un amigo de mi padre! – le replicó – pretenden hundir a Remus del mismo modo que hundieron a mi padrino por no investigar las cosas.

- Lo de Sirius Black es otra cosa – dijo el jefe de los aurores.

- Metieron en Azkaban a un hombre inocente y lo persiguieron después sin revisar su caso – le dijo – sólo después que se murió se dieron cuenta del error, mientras muchos asesinos seguían sueltos y siguen sueltos.

- Mira, el que tú seas Harry Potter no te da el derecho…

- ¡Tengo todo el derecho a reclamar! – le gritó – fui yo, teniendo apenas un año y con mis padres muertos quien frenó a Voldemort cuando más poderoso se hacía, fui yo quien con poco más de once años frenó su regreso, quien destruyó al año siguiente al monstruo de la cámara de los secretos en Hogwarts, quien enfrentó a treinta dementotes y los repelió, quien con catorce años se paró frente a Voldemort y le vio regresar, quien se enfrentó a él en este mismo atrio y siguió vivo pese a haber perdido a mi padrino, el hombre que amaba como a mi padre, que enfrentó la muerte de Dumbledore y que después enfrentó a Voldemort y lo venció, cosa que la mayoría de ustedes, magos mucho más viejos y avezados que yo, nunca pudieron conseguir – agregó furioso – si ustedes hacen algo contra Remus sin permitirme probar o negar su inocencia, van a conocer al vencedor del señor oscuro – se volvió – mejor sería que persiguieran a los verdaderos asesinos antes de culpar a un inocente – terminó antes de volver a desaparecer.

Harry estaba de pie frente al caldero sorprendido, se hubiese imaginado que el caldero de Merlín sería impresionante dado que había sido forjado en Avalon, pero la sorpresa había sido a la inversa ¿acaso no era ese el caldero que le prestó el profesor Slughorn para que preparara la muerte en vida? Con razón había resultado.

- Tu padre llamó en la mañana y por eso me dejaste solo – le reclamó Draco.

- Tenemos que hacer esto para Remus, aunque papá de seguro me llama más tarde para decirme como le fue, pero yo quiero tener la poción para tener qué contarle cuando me llame – le acarició el cabello.

- ¿Qué pasó, Harry? – le dijo Master.

- Acusan a Remus de haber matado a un niño hace unos días.

- ¡Pero es imposible! – dijeron Remus e Ian a la vez.

Continuará…

Me apuré tanto en escribir este capítulo y me salió un tanto más largo que los otros, aunque me acabo de dar cuenta que lo corté donde menos lo esperaba, pero si sigo así también voy a iniciar el siguiente. Espero que les haya gustado y me dejen sus comentarios.

Shio Chang