Ayúdame a recordarme

Bueno, sé que me he tardado demasiado en actualizar y que lo hago debido a vuestra insistencia más que nada, pido disculpas, pero alguien me quitó la inspiración con un comentario malintencionado, pero he razonado, si no le gusta el slash o es homofóbico ¿para qué lo leyó? Y he recobrado a mi musa.

Espero les guste este capítulo y que no me queden cosas en el aire.

Salve el nuevo ministro

En el Ministerio de Magia, todos los magos y brujas andaban como locos de un lado para otro acomodando asientos para el gran plenario, pero se notaba que quienes estaban más nerviosos eran los ayudantes del Ministro y los jefes de la mayoría de los departamentos que habían obtenido esos puestos a cambio de favores o fuertes sumas de dinero. Ese era el caso del jefe del departamento de Accidentes mágicos, un incompetente total, y del jefe del departamento de registro de Criaturas mágicas, ambos habían comprado las jefaturas con mucho dinero y, aunque la mayoría ya lo sospechaba, ciertos favores prestados a Percy Weasley.

- Me pregunto por qué habrán citado a semejante plenario – dijo James a su hijo en voz baja en un costado – ni que fueran a juzgar a un criminal de guerra.

- Quizás esperan que yo me aparezca por aquí o que algún auror me atrape para poder juzgarme – le respondió divertido – quizás no se esperan que seamos dos.

- Bueno, muy pocos son los que saben que en realidad somos padre e hijo – se sonrió mirando como la tarima y el podio eran colocadas en el centro de la plaza – espero que tengan preparado un gran discurso para recibir al nuevo ministerio.

- Esperemos el momento oportuno – le dijo Harry divertido también – iremos cada cual por un costado de ellos sin mostrarnos hasta que Ron esté cerca del ministro, recuerda que tenemos que llevarlo con el nuevo árbol sabio para que su magia sea purificada antes de hacer nada contra el ministerio y sus secuaces.

- Lo sé, por eso vamos a confundirlos ¿no? Será imposible que alguien distinga a la distancia que mis ojos, pese a ser verdes, no lo son tanto – suspiró – creo que es hora de iniciar la función, los espectadores están tomando sus lugares.

- Es cierto – asintió – los actores ya están tomando sus lugares tras bambalinas – le señaló al Ministro y a toda su camarilla alrededor de la tarima mirando ansiosos el reloj de la plaza – parece que el show está por comenzar ¿vamos?

- Adelante, Merodeadores – le sonrió saliendo de debajo de la capa de invisibilidad en la que se habían mantenido ocultos junto a la glorieta de la plaza.

Harry sonrió y se quitó la capa guardándola en su bolsillo mágico, los dos, padre e hijo, vestían de la misma forma, con el uniforme de quidditch de griffindor con la capucha echada sobre la cabeza ocultando sus identidades, lo hicieron porque habían visto en la esfera del futuro de Merlín que andaban muchos magos vestidos así y nadie les prestaría mayor atención. James hizo un gesto a Harry y ambos se detuvieron en primera fila detrás de un par de gruesos aurores, el menor los reconoció como los matones de Percy, así que le hizo un nuevo gesto a su padre que asintió, ellos dos serían el muro en el cual se parapetarían hasta el momento indicado. En eso Harry volteó la mirada hacia la gente que allí estaba, algunos los había conocido en el tiempo que era estudiante, sabía que los que estaban en primera fila alguna vez habían pertenecido a la Orden del Fénix, los recordaba en Grimmauld Place, otros los recordaba del funeral de Dumbledore, los padres de sus compañeros de casa, incluso uno que otro de los que fueron estudiantes en su tiempo en Hogwarts estaban allí. Un fuerte dolor en la frente lo hizo regresar al presente, si bien la famosa cicatriz había desaparecido en las aguas curativas de Avalon, el dolor era en esa zona ¿serían los restos de Voldemort? Pero antes no los había sentido y había estado en varias ocasiones cerca de Ron ¿por qué ahora si? Suspiró, ya sabría que significaba aquello.

El ministro de Magia se acercó al podio y tomó el micrófono mágico antes de comenzar a hablar pidiendo silencio a todos los presentes en esa asamblea.

- Un delicado problema nos reúne hoy – dijo el hombre preocupado – la magia negra ha vuelto a aparecerse por estos lados y con la forma de Harry Potter.

- Dudo que Harry Potter esté haciendo magia negra – dijo un hombre desde atrás y Harry lo reconoció como el señor Ollivander – él era todo lo contrario del que no debe ser nombrado – aseguró y muchos lo apoyaron aseverando lo mismo.

- Yo no he dicho que sea él – los interrumpió el ministro molesto – simplemente dije que tenía su forma ¿podemos aseverar que se trata de él? Se le vio en muchos lugares a la vez y nadie pudo tener la certeza que se trataba de él.

- Si hubiese sido Harry, no se hubiese relacionado con los Malfoy – dijo Ron desde un costado – ellos fueron Mortifagos y él se hubiese ido con mi familia si fuera él.

Una serie de murmullos se escuchó, era cierto que los Malfoy habían estado relacionados con la magia negra, pero nunca hubo cargos en su contra, decían por allí, otros decían que Lucius había estado en Azkaban por más de un año y que quizás fuera cierto que no se trataba de Harry Potter sino que de una copia.

- Perdone, señor ministro – dijo Tonks – pero los duendes aseveraron que fue el propio Harry Potter quien entró en su cámara hace unos días y que tenía la llave ¿cómo la iban a conseguir los Malfoy? Recuerde que a ellos no se les puede engañar tan fácilmente como a nosotros – aseguró ella tranquilamente.

- Harry Potter murió esa noche en que se enfrentó con el malvado – dijo Ron.

- Nunca encontraron su cuerpo, sólo los restos de su túnica – dijo una mujer desde atrás y Harry la reconoció como Lavander Brown – por eso sólo tiene una placa.

- Harry está muerto – insistió Ron molesto – por mucho que nos duela a todos.

James miró a su hijo y le hizo un gesto antes de esquivar al grueso y torpe auror y pararse sobre la tarima para luego quitarse la capucha dejando a todos en silencio a su alrededor, cosa que aprovechó Harry para acercarse a Ron, rodearlo con un brazo y en un triz desaparecer junto con su padre delante de todos antes que nadie pudiese salir del asombro para poder hacer algo al respecto.

El viejo castillo del colegio estaba completamente en silencio, los merodeadores, acompañados por los Malfoy, habían ido al Lago Negro a esperar a Harry y a James que debían de estar por regresarr, cosa que a Snape le había parecido tremendamente sospechosa ¿no le iban a decir nada sobre lo de Master? Si parecía que hasta lo evitaban, lo mismo que Master que se había dedicado a cuidar a Draco y ni una miradita le había echado desde que llegó. Eso a él le olía a chamusquina, no se compraba eso que hubiese perdido el interés tan rápido, era una trampa que de seguro esos tres le tenían preparada, no podía ser otra cosa.

A los pocos minutos Harry y James se unieron a los demás arrastrando a Ron que se debatía con fuerza entre los brazos de ambos despotricando que ellos eran unos impostores que querían adueñarse del mundo mágico con sus mentiras.

- Mira, Ronald Weasley, si no me crees que soy el verdadero Harry Potter ¿por qué no me preguntas algo que sólo Harry Potter podría saber? – le dijo este fastidiado – con el tiempo te has puesto mucho peor que Percy – agregó molesto.

- ¿Qué cosas podrías no saber tú de mi amigo? – le dijo en el mismo tono.

- Por ejemplo dónde estaba exactamente la entrada a la cámara secreta – le dijo Harry – todos aquí sabían que tú y yo la encontramos en segundo año, pero ni Hermione se enteró que estaba bajo los baños de Myrtle la llorona, o lo que estaba haciendo con Dumbledore afuera la noche que él murió – Ron lo miró entrecerrando los ojos – o lo que decía la famosa profecía que me encadenaba a Voldemort o quien la hizo, o quizás el motivo por el cual el Señor Ollivander huyó después que todo el mundo se dio cuenta que había estado diciendo siempre la verdad respecto al regreso de Voldemort – prosiguió – son muchas cosas las que te puedo decir que nadie sabe en verdad de mí, en especial del tiempo que yo no sabía que era un mago, cuando era tratado como bicho raro por mis tíos muggles.

- Harry, es mejor que nos apresuremos – le dijo James – parece que nos han perseguido del ministerio, están entrando a los terrenos de Hogwarts por la fuerza.

- Apurémonos, entonces, en destruir todos los restos de la magia negra que nos amenazan – asintió arrastrando de nuevo al pelirrojo rumbo al centro del bosque.

- Harry, apura, que apenas nos queda tiempo – le dijo Sigfrid apresurándolos.

- Lo sabemos, sólo que este no se da tan fácil – le dijo James fastidiado con Ron.

- Bien, déjamelo a mi, James – le dijo y se lo echó al hombro mientras corrían rumbo al lago – Master dijo que debíamos acercarnos al árbol, pero el camino hacia el bosque oculto ha desaparecido al surgir este totalmente del lago – señaló.

- El camino va a resurgir para nosotros del mismo modo que lo hizo cuando lo sembramos – le dijo Harry – pero necesitamos estar juntos los tres druidas.

- Pero nos tomó mucho tiempo el llegar hasta ese lugar anoche – le dijo muy preocupado – cuando menos nos tomaría media hora, si es que no nos topamos con la muerte en el camino o con la giganta con la que tuve que jugar gallitos.

- No vamos a bajar nuevamente al bosque escondido – le dijo James – al árbol ha surgido fuera de este y debemos llegar a donde se le ve, así que sería cosa de alcanzarlo por sobre las aguas del lago sin que nos ataque el calamar gigante.

- No lo había pensado así – admitió Sigfrid – sería cosa de embrujar uno de los botes para llegar hasta él, es mucho más fácil – asintió dejando a Ron en el suelo.

- No es necesario – le sonrió Harry sacando la llave de Avalon de su bolsillo – usaremos la magia de Avalon para llegar más rápido hasta él – miró a su padre – pero para ello necesito el mapa de las zonas interiores – este se lo entregó.

- ¿En qué momento recuperaste la llave de la reja luego de sembrar la semilla? – le dijo Sigfrid extrañado – si estabas hecho un mar de lágrimas en ese instante.

- Es que no la dejé puesta luego que nos abriera la puerta – le dijo – algo me dijo que aún nos podía ser útil, así que la retiré – le sonrió – es mejor que nos apuremos o se nos acabará el tiempo – se volvió hacia el lago y caminó hacia la orilla seguido de los otros dos que arrastraban a Ron que se seguía negando a cooperar – Mapa de las Zonas interiores, los señores de Avalon te solicitamos tu ayuda para llegar hasta el nuevo árbol sabio, presento como ofrenda la llave del castillo principal, por favor, danos la magia que Harry y James Potter pedimos.

El mapa comenzó a relucir con gran fuerza antes de crear un reluciente puente de cristal hacia el centro del lago donde el árbol sabio seguía cantando una melodía tranquilizadora con sus ramas mecidas por la suave brisa del lago. Harry le hizo una seña a Sigfrid y este volvió a cargar a Ron mientras James y el mismo se subían al puente que se movió con ellos a gran velocidad borrándose tras ellos.

Harry volteó la mirada hacia los que se quedaban en la orilla a esperlos y vio que eran arrestados por un enorme grupo de aurores, incluido el propio Severus Snape, se notaba que habían decidido ganar tiempo para ellos dejándose llevar.

- Ha sido idea de Remus la de entregarse – le dijo James – me pregunto si seguiremos conservando nuestros dones de las hadas por mucho tiempo, creo me gusta esto de tener tan buen oído, sería un gran espía – dijo volteándose.

- Papá, creo que estás harto loquito – le dijo Harry – no creas que es tan bueno, te la pasarías escuchando cosas que quizás no debieras escuchar – dijo ruborizado.

- Como los gemidos de tu hijo haciendo el amor con su novio – se burló Sigfrid.

- Quizás tengas razón, no podría dormir en paz – suspiró divertido – aunque me gusta más el don de Harry, siempre podría ver lo que quisiera en la mayor de las oscuridades, incluidas ciertas cosas que no deben ser vistas ¿verdad?

- Me pregunto si alguna vez van a madurar – les dijo divertido viendo como los demás eran retirados de la orilla del lago sin que no quedara nadie allí para aprisionarlos a ellos – se han ido, de seguro regresan al ministerio para juzgarlos.

- Han dicho que no se preocuparan por nosotros, que de seguro iremos a tratar de rescatarlos y todos quedaremos detenidos – le dijo James mirando a lo lejos.

- Se han metido con la familia de los Potter – dijo Sigfrid – se las verán conmigo.

El camino se detuvo lentamente y quedaron de pie frente a lo que parecía ser la cara de un añoso árbol sabio que apenas los sintió se sonrió amablemente.

- Gracias por ayudarme a resurgir, druidas mayores y señores de Avalon, por eso voy a ayudarlos a recobrar el equilibrio perdido – una rama rodeó a Ron con bastante fuerza pero sin dañarlo – pero para ello necesito aquello que comenzó con el problema – miró a Harry – debes darme tu varita – le tendió otra rama.

Harry la sacó de su bolsillo extrañado y el árbol la envolvió con delicadeza, esta de inmediato, al acercarse a Ron, comenzó a brillar con un destello verdoso, como el de la maldición asesina. En ese momento se dieron cuenta de algo, la varita de Harry tenía dos núcleos, se notaba apenas el resplandor de dos plumas de fénix.

- ¿Absorbió la varita de Voldemort? – dijo Harry asombrado – pero ¿Cuándo?

- Recuerda que ellas eran hermanas – le dijo James – por eso es que no funcionaban bien la una contra la otra, pero como no eras tú quien las obligaba a pelear, ambas decidieron ir en contra de quien sí lo hacía, yo tampoco me percaté de ello en su momento, pero quizás es por eso que la magia negra se comenzó a manifestar sólo cuando tú regresaste a Inglaterra, en parte eras su dueño.

- Debo purificar ambas cosas – dijo el árbol sabio – pero necesito antes que hagas un encantamiento mayor con ella – se la entregó – debes hacer el conjuro final.

- ¡¿EL CONJURO FINAL?! – exclamó James aterrado – oye, eso es casi como pedirle a Harry que mate un unicornio, necesitaría demasiada magia para un mago que en parte es una criatura mágica, sería como un suicidio, demasiado riesgoso.

- No te preocupes tanto, papá – le dijo Harry apoyando su mano en su hombro – no me pasara nada malo, te lo aseguro – lo abrazo y se concentró agitando su varita en un delicado floreo que trazó en el aire una especie de G que desapareció casi de inmediato mientras un destello azul comenzaba a surgir de la punta de la varita iluminando totalmente el lago negro dejándolo tan transparente que podían ver el fondo y las sirenas nadando de un lado para otro asustadas.

Sirius se sentó en una de las sillas delante de toda la asamblea junto con Remus, Lucius, Master, Snape, Ian y Draco, pero como todos estaban encapuchados, ninguno de los presentes los había reconocido desde atrás, ni los aurores.

- Será como un segundo juicio para ti, pulgoso – le dijo Snape desde su derecha.

- Nunca estuve en un juicio, me mandaron directo a Azkaban – le replicó.

- Miren el cielo, está muy luminoso – dijo Draco del otro lado – es casi como si fuera de día ¿qué habrá pasado? – le dijo a Remus, este se encogió de hombros.

- Bueno, creo que lo mejor sería descubrir a quienes tenemos de prisioneros – dijo el jefe del departamento de aurores – empecemos por aquí – dijo descubriendo a Snape que lo miró molesto, luego a Lucius, a Remus, a Master, a Ian, a Draco y finalmente a Sirius que sonrió al verlo palidecer ostensiblemente – es imposible.

- Bueno, ciertamente los muertos no pueden ser regresados a la vida – le dijo este divertido y burlón – pero realmente no estaba muerto, sino más bien prisionero.

- Debemos interrogarlos acerca de donde está el supuesto Harry Potter – dijo un auror joven confundido por la notoria palidez de sus superiores, no entendía nada.

- Él mismo se los podrá decir cuando llegue hasta aquí – le dijo Draco fastidiado.

- Silencio, traidor – le dijo uno de los aurores matones de Percy tratando de golpearlo pero una magia protectora lo rechazó bruscamente hacia atrás.

- No pueden tocar a Draco Malfoy – le dijo Master divertido cruzándose de piernas – está muy bien protegido por la poderosa magia enamorada de los Potter.

- Las criaturas mágicas no tienen derecho a abogar por un mago – le replicó una voz de mujer desde atrás – no tienen la inteligencia necesaria para algo así…

- Señora, no soy una simple criatura mágica – la interrumpió fastidiado – no insulte jamás a un elfo guerrero, podría resultar más peligroso que decirle a un grupo de centauros simples mulas con torso de humano – agregó – y la mezcla con un elfo de mi clase siempre se ha considerado como purificar la sangre de los magos.

- Hace muchos siglos que los elfos guerreros desaparecieron – dijo alguien.

- Es cierto, la mayoría de los elfos guerreros se mezclaron con magos y druidas, los pocos que guardan nuestros rasgos son los Malfoy, en quienes por años se ha mantenido nuestra dinastía – dijo mirando a Lucius – en ellos se manifestará el poder de los verdaderos elfos guerreros en el momento sea necesario.

- ¿Qué prueba tienes que no eres una simple criatura inventada? – insistió ella.

- Esta Dolores Umbrige es muy dura de mollera – dijo Remus fastidiado a su lado.

- Simple, señora – se puso de pie soltándose de las ataduras mientras destellaba en un color blanco muy resplandeciente mientras sus cabellos se tornaban más dorados que el oro puro y aparecía su arco y sus flechas – no puedo atacar a nadie porque mis señores no lo han autorizado, pero sí puedo usar mi magia, una que no puede ser detenida por ningún mago que no sea alguno de ellos – disparó una flecha hacia el cielo que dio contra su magia y la barrera mágica se disipó un poco mostrando una intensa luz blanca – mi señor está en peligro – desapareció.

Remus cruzó la mirada con la de Sirius antes de volverse ambos hacia Draco, este había perdido el color al oír las palabras de Master, según el propio animago recordaba, Madian le había dicho que un elfo guerrero sólo reaccionaría de esa manera si su señor estaba en peligro de muerte, lo que quería decir o que Harry o que James estaban en esa clase de peligro, lo que significaba que Lucius…

- No voy a permitir que vuelva a irse – dijo este furioso y en él se manifestó el poder de los elfos guerreros, su magia anuló la que lo aprisionaba poniéndose de pie de un salto y desapareciendo de la misma forma que Master lo hizo.

- ¿Qué clase de magia es la que hace ahora el ministerio que cualquiera se fuga en sus narices? – exclamó indignado un mago mayor desde la parte de atrás de la asamblea – entiendo que Harry Potter y ese elfo guerrero lo hicieran, son seres excepcionales, pero Lucius Malfoy no debería ser capaz de hacerlo – reclamó.

Sirius sonrió para sus adentros, era a eso a lo que se refería Master cuando dijo que se manifestaría en el momento que fuese necesario, el rubio estaba muy loco por James y no iba a permitirse perderlo una vez más por nada del mundo.

- Este Lucius se ha contagiado demasiado con los Potter – dijo Snape molesto.

- Tú sólo estás enojado porque Master no se ha quedado a defenderte a ti – le dijo Sirius en voz baja – no porque tu amigo te haya abandonado a tu suerte ¿verdad?

- Cállate, pulgoso – le replicó este ruborizado pero en el mismo tono molesto.

Remus sonrió por lo bajo, quizás no era el momento para hacerlo, pero bien que le podían apretar un poco las clavijas a Snivellus para que cuando Harry y James liberaran a Master de su servicio lo recibiera con los brazos abiertos. Movió la cabeza y le guiñó un ojo al animago que le sonrió de vuelta mientras veía a Percy acercarse al ex licántropo con una mirada burlona que no presagiaba nada bueno.

- Bueno, me parece que aquí tenemos al último de los licántropos – dijo el pelirrojo bastante satisfecho, había odiado al tipo cuando fue profesor de DCAO y ahora podría desquitarse por ese amargo año en que tuvo que aguantar las burlas de los Slytherin por ser "tan pobre como el profesor Lupin con su capa raída".

- Me temo que estás equivocado – le dijo Remus divertido – ya no soy licántropo.

- Es una enfermedad que no tiene cura – dijo un curador – hemos probado con todo desde hace tiempos inmemoriales, pero lo único que hemos conseguido es atenuar algunos síntomas en los pacientes y hacerlos menos agresivos…

- Los druidas tenían la cura – lo interrumpió Remus – sin embargo, son muy pocos los calificados para llevar el entrenamiento de uno y ya no hay quien los forme, sin embargo, tres personas tienen el don de los druidas mayores y han redescubierto el remedio para los detestados licántropos volviéndolos personas normales.

- Estás mintiendo – dijo Percy furioso – no existe nada semejante en el mundo.

- Puedes comprobar fácilmente si Remus les está mintiendo – le dijo Sirius muy tranquilo – existen conjuros para obligar a un licántropo a delatarse ¿no?

- Por supuesto – dijo el jefe de los aurores – pero lo que tú quieres es que se transforme en lobo para poder escapar ¿No? Ni creas que seremos tan tontos…

- Si, creo que son unos verdaderos idiotas – lo interrumpió – tienen tanto miedo de perder los puestos que ahora ostentan que tienen miedo que en realidad Harry Potter esté de regreso, casi tanto como lo tienen de pronunciar el nombre de Voldemort – sonrió al escuchar un montón de gruñidos – el tipo está muerto, Harry acabó con él hace más de cinco años ¿Cuándo le van a dejar de temer? Es de idiotas temerle a algo que ya no existe ni volverá a existir jamás gracias a él.

- Cierra la boca, Black, podríamos condenarte a ir nuevamente a Azkaban.

- ¿Condenarme? – le replicó sarcástico – si la vez anterior ni siquiera hicieron un juicio para verificar si verdaderamente era culpable de la muerte de los Potter o no, simplemente me mandaron allá a pasar horrorosos doce años.

- Nada que no te merecieras ciertamente – dijo un auror viejo desde un costado.

- No creo que me haya merecido aquello, fue Peter Pettigrew quien nos traicionó y le dijo a Voldemort – sonrió para sí al verlos remecerse de nuevo – dónde se escondían los Potter, él era su guardián secreto, no yo ¿O acaso también lo mandaron a Azkaban sin interrogarlo? No sería de extrañar – agregó.

- Pettigrew murió dos meses después de capturado sin llegar a juicio – dijo Kingsley – sin embargo, nos entregó con lujos de detalles lo que ocurrió esa noche en que murieron lo Potter – se volvió hacia el jefe de su departamento – y sabemos a ciencia cierto que Sirius Black es inocente de los cargos de entonces.

- Lo que no significa que sea inocente de los cargos de ahora – replicó Percy.

Harry cerró los ojos agotado cayendo en los brazos de Sigfrid mientras James tomaba la varita de su hijo y se la entregaba al árbol sabio que la envolvió con delicadeza y comenzó a purificar la varita lentamente.

- Esto tomará al menos media hora, el mago que antes tenía la mitad de esta varita la ocupó demasiado para hacer cosas malas y uso en exceso la magia negra, llegó tan lejos usándola que ya no le quedaba nada de humano.

- Voldemort rompió en muchos pedazos su alma para hacer que fuera imposible matarlo – le dijo James pensativo – pero para lograr aquello tenía que hacer lo peor que puede hacer un mago: matar mucha gente, en especial si quería hacer más de uno; incluso Dumbledore supuso que el último trozo que pretendía hacer lo tenía reservado para la muerte de Harry, cosa que no le resultó.

- ¡James! – escuchó gritar y se volvió hacia quien lo llamaba, lucía idéntico a Master – por Dios, ¿estás bien? – le dijo corriendo a su encuentro abrazándolo.

- ¿Cómo se encuentra mi señor? – dijo Master deteniéndose junto a Sigfrid.

- Hizo el conjuro final – le dijo Sigfrid – y usó demasiada magia, debe estar agotado, por eso se desmayó – miró hacia el árbol preocupado.

Master asintió y puso su mano en la frente de Harry, la temperatura corporal había bajado ostensiblemente, aquello para un simple humano podía no ser tan grave, con hacerlo entrar en calor bastaba, pero para aquellos que eran en parte criaturas mágicas era entrar en agonía, casi como cruzar los linderos de la muerte ¿Por qué le habría pedido algo así el árbol sabio? Puso su mano en el pecho de Harry y le dio un poco de su propia magia, aquello lo traería de vuelta por el momento hasta que entrara en contacto con su varita y recuperase la magia que había aplicado en ella en ese peligroso conjuro que podría haberlo matado.

- Harry Potter tiene muchísima magia blanca, quizás por todo el amor depositado por sus padres en aquel conjuro de protección cuando era un bebé – les dijo el árbol – él es perfectamente capaz de anular la magia negra que contenía la otra varita, sin embargo, ha llamado a la muerte y ella viene galopando hasta acá.

James sintió como se le erizaban los pelos de la nuca al escuchar el tétrico galope de la muerte que caminaba sobre las aguas mientras las criaturas que poblaban el lago huían despavoridas a buscar dónde esconderse de ella. En todo caso ¿Quién no le teme de una u otra manera a la Muerte? Nadie puede evitarla por siempre.

Master y Lucius se voltearon hacia la Muerte haciendo de escudo entre los Potter y ella, quien los miraba con sus cuencas sin ojos mientras sus huesudas manos mecían la hoz con la que segaba las vidas de los pobres y débiles mortales.

- Solo quiero un alma, la de un mago que hasta el momento me ha eludido ocultándose dentro de alguien que aún debe vivir – dijo con su voz cavernosa.

James estaba transpirando hielo, esperaba de todo corazón que no fuese él, pero luego trató de calmarse, debía hablar del último fragmento del alma de Voldemort, él nunca se ocultó de nadie, en su momento se entregó a la muerte con valor, de frente y sin titubear, sin saber cuál iba a ser el resultado de esa entrega.

La muerte esquivó a los cinco que allí estaban cubriéndolos de hielo, era casi como sentir la presencia de los temidos dementores, todo se volvía oscuridad y frío terrible, claro que su presencia no traía sólo malos recuerdos, sino que veías pasar tu vida entera con buenos y malos momentos incluidos. Avanzó hacia el árbol y tocó con la punta de su hoz a Ron, quién dio un alarido tremendo mientras una luz verdosa lo rodeaba, pronto esta luz se volvió negra y luego se separó del cuerpo del pelirrojo dejándolo inconsciente pero rodeado de una luz blanquecina.

- No me esperaba que la muerte acudiera tan rápido a vuestro llamado – le dijo el árbol sabio tendiéndole la varita de Harry a James – pero ella se ha llevado los restos del malvado mago junto con los restos de magia negra que conservaba Harry Potter, así que hora el mundo mágico ha recobrado su estabilidad.

- Genial – dijo James poniéndole la varita en la mano a Harry – entonces, una vez que despierte mi hijo, regresaremos al ministerio a detener a esos idiotas.

- Pues los muy idiotas nos llevaron a juicio público aprovechando que la asamblea aún no se disolvía – le dijo Lucius – claro que parecían bastante asombrados de ver a Sirius Black con vida, pero me preocupa más Remus y nuestra fuga.

- Pues a mí me extraña que te preocupes por alguien que no es de tu familia – le dijo James asombrado – en otro tiempo no te habría importado ni tu propio hijo.

- Bien lo has dicho, en otro tiempo – le acarició la mejilla – pero ahora tengo a alguien a quien no le gustaría que le pasara nada malo a sus amigos, así que es mi obligación ayudarlo para que tú seas feliz y estés tranquilo ¿entiendes?

Harry abrió lentamente los ojos apoyado en el hombro de Sigfrid y miró a su alrededor ¿qué era ese hielo extraño que los rodeaba? Era como si un grupo de dementores los hubiese atacado de improviso, sólo que no había señales de ellos a su alrededor. Se enderezó bruscamente y se acercó a su antiguo amigo que estaba desmayado pero ya no tenía rastros de magia negra, la única forma que él hubiese quedado en ese estado era… ¡había pasado la muerte mientras él estaba desmayado! Por eso sentía ese hielo sin señales del frío, así que el alma de Voldemort finalmente le pertenecía al reino de la muerte definitivamente, suspiró enderezándose apoyado en el brazo de Sigfrid que le sonreía entre divertido y preocupado. Le sonrió también y levantó su varita hacia Ron tranquilamente.

- Debemos regresar de inmediato al ministerio – les dijo Harry– debemos reclamar lo que es nuestro ¿no creen? – dijo acercándose a su padre apoyándose aun en Sigfrid, sentía como de gelatina las piernas pero sacaría fortaleza de donde no la tenía, como siempre lo había hecho al enfrentar los problemas – no dejaremos que juzguen a los nuestros como criminales, nunca lo fueron ni lo serán jamás.

Master lo ayudó a mantenerse en pie mientras Sigfrid levantaba a Ron que no parecía querer despertar por el momento, pero estaba bien en todo lo demás.

Lucius le sonrió y con el poder de Avalon regresaron a la orilla del lago, tan pronto como el puente de cristal desapareció, los dones que las hadas les dieron se anularon en los tres por lo que Sigfrid debió bajar a Ron de su hombro, apenas y podía cargarlo, cuando antes era casi un peso de pluma, no le hacía gracia eso.

- Parece que el hechizo de las hadas no era eterno – dijo James mirando las ramas del árbol sabio que se mecían al suave viento – ya no escucho ni el susurro del viento ni la canción de las hojas del árbol sabio a la distancia – suspiró.

- Quizás era algo que nos duraría hasta que cumpliéramos nuestra misión – le dijo Harry – de todas maneras no tenemos tiempo para lamentarnos por la pérdida.

Los cuatro sintieron, se tomaron de las manos y se concentraron en hacer aquel hechizo que los transportaría en un instante hacia el ministerio sin que los del ministerio detectaran el uso de la magia de los druidas.

La discusión seguía en la asamblea, Sirius había conseguido sembrar la duda en los presentes sobre los métodos que se estaban aplicando actualmente en el ministerio, ya antes se había caído en graves errores judiciales en el apuro antes que el que no debía ser nombrado cayese definitivamente, muchos inocentes habían terminado en Azkaban sólo por no hacer buenos juicios y apresurarse a encontrar culpables a quienes detener, por fingir que estaban bien encaminados.

- Deben recordar el caso de algunas personas – dijo Remus tranquilamente – más de alguno ha de recordar a Stan Shumpike, quien trabajaba en el autobús noctámbulo ¿no lo llevaron a prisión solo por andar presumiendo de Mortifago? Y nadie se preocupó de averiguar que era verdad o no lo que decía, simplemente lo mandaron a Azkaban y ya, no se supo si hubo investigación y juicio sobre el tema.

- Más de alguno ha sido usado como chivo expiatorio – dijo James caminado hacia la primera fila – cuantos inocentes pagaron con su vida por haber confiado en que el ministerio hacía bien su trabajo y este simplemente trataba de ponerle paños fríos al asunto, como dicen los muggles – miró al ministro de magia – cuando Harry les dijo que actuaran porque Voldemort estaba de regreso nadie lo escuchó, si se hubiesen tomado cartas en el asunto de inmediato, muchos inocentes seguirían con vida, pero prefirieron hacerse los locos ¡Los mortifagos escaparon de Azkaban y los dementores se les unieron! – avanzó hacia Dolores Umbrige – no puedo perdonarte lo que le hiciste a Harry en quinto año, él no mentía.

- ¿Acaso tú no eres Harry Potter? – dijo alguien desde atrás confundido.

- No, yo soy Harry Potter – dijo este avanzando seguido por Master que sostenía con fuerza mágica a Ron – él es mi padre y este es un primo lejano, Sigfrid Potter.

- El parecido en la familia se ha mantenido por generaciones – dijo Master.

- ¡James Potter está muerto y los muertos no reviven! – chilló Dolores Umbrige.

- Sí, los muertos no pueden revivir – le dijo este divertido – sin embargo, si uno no está verdaderamente muerto, puede regresar aunque uno no lo haya planeado – miró a todos a su alrededor – y antes que nadie diga que en verdad no soy quien digo ser, les puedo contar cosas respecto a la noche en que Voldemort fue detenido, aquel 31 de octubre en que Peter nos traicionó tristemente.

Harry se detuvo al lado de Draco quien le sonrió, le acarició el cabello con delicadeza antes de caminar hacia el jefe del departamento de aurores, el tipo era bastante antipático, un inútil de proporciones épicas que tenía miedo de tener un rival que pudiese hacer mejor su trabajo y por eso no avanzaban los aurores.

- Se hizo un ofrecimiento a los aurores hace ya más de 5 años, antes que yo cumpliera mi mayoría de edad, poco después de la trágica muerte de Dumbledore – dijo Harry – un ofrecimiento que esperaban atrajese a los mortifagos a traicionar a Voldemort y que funcionara como incentivo para los magos ambiciosos, pero nadie fue capaz de hacer lo que se le pedía, los mortifagos conocían muy bien el poder de su maestro y, sumado al hecho que parecía no poder ser asesinado, le temían demasiado – se paró junto al ministro de magia haciendo un gesto – Tom Riddley o Voldemort, como él prefería llamarse, le temía horriblemente a la muerte así que buscó la manera de hacerse inmortal, o más bien, imposible de matar. Sin embargo, cuando más poder tenía, apareció una profecía; según yo, debió haberla ignorado y seguir su camino, pero fue tras de mí, me marcó como su igual y me traspasó algunos de sus poderes pero no me pudo matar – miró a Dolores Umbrige – sé que muchos de ustedes temen que yo me alce como un nuevo señor oscuro, en especial porque me he relacionado con los Malfoy, pero esa nunca fue mi intención ¿saben por qué? Porque el peor de ellos mató a mi familia y me dio algo que nunca quise, el ser diferente, en el mundo de los muggles nadie me quería por ser un fenómeno y en el mundo mágico todos me acosaban por lo mismo ¿por qué tuve que ser yo elegido? Se lo pregunté a él y me contestó que había elegido a quien le había parecido más peligroso en ese momento.

- Los Potter – intervino Sigfrid al ver que Harry callaba molesto – siempre hemos sido dueños de un gran potencial mágico, descendientes de varias generaciones de druidas y algunos seres mágicos, somos capaces de traspasarle a nuestros descendientes gran parte de nuestros poderes, por lo que al morir bruscamente la familia mágica, esta misma le traspasó sus poderes a sus sobrevivientes, James y Harry, de esta manera la barrera mágica invocada para proteger a este último se fortaleció de tal modo que hizo posible que James siguiera vivo aunque pareciera que su alma le pertenecía al reino de los muertos y que le permitió al mismo proteger a Harry aunque no tuviera una forma corpórea real ni una varita para ello.

James avanzó tranquilo hacia el ministro y sonrió abiertamente antes de plantarse frente a la asamblea con la misma decisión con que siempre lo había hecho.

- Harry venció definitivamente a Voldemort – les dijo – y ahora pedimos lo que se le prometió a quien lo venciera definitivamente, el cargo de ministro de magia y la jefatura del departamento de aurores, estoy seguro en que muchos estarán de acuerdo en que las cosas deben cambiar, no por el actual ministro – miró a este – sino por las personas con las que se ha rodeado desde que asumió el cargo, en especial el cargo de asistente principal, siempre pensé que los Weasley eran personas de una misma línea, pero siempre hay quienes se desmadran ¿verdad, Percy? – este hizo un gesto pero no le respondió – así que esperaremos su respuesta en la mansión de los Malfoy – se acercó a Lucius – ah, antes que digan otra cosa, hemos hecho renacer al árbol sabio, se encuentra en medio del Lago Negro en Hogwarts, lo que significa que la magia de nuestros lugares secretos se ha restablecido satisfactoriamente, así que pueden permanecer tranquilos – miró a Master – con respecto a Ronald Weasley, sólo está desmayado ya que hemos retirado de él los restos de magia negra que Voldemort trató de traspasarle antes de morir y que eran en parte los causantes de la inestabilidad mágica – Master dejó a Ron con mucho cuidado sobre la tarima en que estaban los del ministerio – ya está todo concluido, esperaremos su respuesta en casa – y desaparecieron.

- ¡Los Potter están locos! – dijeron varias voces a la vez, pero al parecer la mayoría estaba de acuerdo en darles a ellos la oportunidad de cambiar para mejor el ministerio de magia, ya tenían suficiente de sus intrigas políticas y malabares que simplemente habían ido en desmedro del mundo mágico.

Varias horas más tarde Kingsley y Tonks se aparecieron en la casa de los Malfoy con la solicitud que los tres Potter se presentaran a la mañana siguiente frente al Wizengamot para decidir si procedía la petición hecha, claro que de los ciento diez notables que habían estado en la asamblea, alrededor de noventa habían estado de acuerdo en darles el ministerio, otros pocos dudaban de hacer un cambio tan brusco y los menos eran los que se resistían al cambio porque perderían muchas de las regalías que habían obtenido del ministerio actual.

- Así que lo más probable es que para mañana estemos celebrando al nuevo ministerio – dijo Lucius complacido – me parece bien, les diré a los elfos que preparen una gran cena para el nuevo ministro de magia y su gabinete.

- No deberías contar los huevos antes que la gallina ponga – le dijo James – aunque podríamos adelantar algo – miró a Harry – tú eres quien venció al malvado así que serás quien decida al nuevo ministerio ¿no crees? Es lo más justo.

- ¿Será posible una reunión de todos los que pertenecieron a la Orden del Fénix a primera hora de mañana? – dijo Harry – creo que vamos a necesitar mucha asesoría, en especial nuestro posible nuevo ministro ¿verdad, papá?

- Bien, todo será informado a los integrantes y mañana nos reuniremos aquí ¿no? – Miraron a Lucius y este se encogió de hombros para luego asentir – bien, entonces nos retiramos, mañana a las once los esperan en la sala de juntas.

Harry acompañó a los aurores a la puerta en silencio y cuando ellos estaban por desaparecer los detuvo, estaba preocupado por los Weasley.

- ¿Cómo está Ron y su familia? – les dijo en voz baja para que Draco, que había estado presente pero en silencio, no lo escuchara, no sabía cómo fuera a tomar el rubio su preocupación por su antiguo camarada y no quería alterarlo.

- Lo trasladaron a San Mungo, según los curadores sólo está agotado y no tiene nada serio – le dijo Kingsley – le avisamos a Molly de todas maneras y ha estado velando por él, igual que Arthur, incluso Bill y los gemelos fueron a verle.

- Me alegro que todos estén bien – suspiró – Remus me dijo que Ginny había tratado de suicidarse luego de mi desaparición ¿cómo está ella?

- Bueno – dijo Tonks – ha estado bastante extraña, creo que ella supo antes que nadie que tú estabas de regreso en Londres, sus guardianes dicen que ha estado muy preocupada de mejorar su aspecto antes que tú vayas a verla, aunque también ha dicho que tienes nueva pareja, ahora que recuerdo, claro que nadie le había prestado atención hasta que te vieron con Lucius Malfoy.

- Ese no era yo, era mi papá – dijo divertido – a él le gusta eso de estar llamando la atención, a mi no me gusta la notoriedad – se encogió de hombros, aquello iba a ser totalmente inevitable a partir de mañana – en fin, luego de asumido el nuevo ministerio pasaré a visitarla, espero que me perdone por cambiarla por Draco y que este no se enfade demasiado, no quisiera que le pasara algo a ninguno.

- Algo difícil teniendo en cuenta el temperamento de los Malfoy y lo posesivos que suelen ser con sus personas queridas – le dijo Sirius sobresaltando a los tres ya que ninguno había notado su presencia – necesito hablar con Tonks ¿se puede?

- Claro, yo me retiro a informar de la reunión, nos vemos en la mañana – se despidió el auror calvo y Harry dejó a solas a Sirius con su prima.

El comedor estaba lleno de personas que pertenecían a la Orden del Fénix, eran bastantes pese a que una buena parte de ellos había caído en batalla. Claro que Lucius, Draco, Master e Ian no estaban allí, había varias personas que no le simpatizaban a los primeros y habían preferido ir de compras y visitar a los abogados y al médico de la familia ya que no eran parte de ella. Por supuesto, a Harry le hubiese gustado que se llevaran con ellos a Snape, pero como era miembro de la Orden, se lo tenía que tragar, claro que lo tenían bien vigilado entre los merodeadores, así que era bastante difícil que pudiera hacer algo en su contra.

- Bueno, señor Ministro – dijo Dedalus Dingle – usted nos ha citado, usted dirá.

- De principio – le dijo James divertido – Harry no quiere ser Ministro de Magia, él quería que fuese yo quien ocupara semejante cargo – sonrió al ver la cara de horror que le ponía Snape – sin embargo, le he recordado mi estado actual y ha aceptado a regañadientes el cargo, es por lo mismo necesitamos asesoría para cambiar, si no a todos, a la gran mayoría de los jefes de los departamentos y en especial a aquellos que consiguieron los puestos por medio de favores y dinero.

- Me parece que el primero que debe irse es el jefe del departamento de aurores, ¿sabían que es auror y jamás estuvo en una academia? – dijo Ojoloco molesto – y todo porque es amigo del padre de Penélope Weasley, la esposa de Percy.

- Otro que debería irse es el jefe del departamento de control de criaturas mágicas – dijo Bill – a Charlie lo ha fastidiado todo este tiempo con que quiere tener un dragón bajo su custodia cuando sabe bien que está prohibido por ley tenerlos.

- Otros deben ser el secretario general y el encargado de relaciones muggles – dijo Remus – desde que este último ocupó el lugar de Arthur nuestras relaciones con ellos han sido terribles, en especial porque el tipo los detesta a morir.

- ¿Y qué decir del departamento de regulación de magia? Desde que Mafalda lo dejó – dijo McGonogall – el departamento se ha vuelto una burla, toda magia detectada es tachada de negra y sus autores se ven obligados a pagar enormes multas o arriesgarse a perder sus varitas e ir a Azkaban por una temporada.

- Y el departamento de cooperación mágica internacional – intervino Tonks – tampoco está funcionando muy bien, hace unos meses casi se arma una guerra con los magos egipcios por algo tan sin asunto como una palabra mal dicha.

- Bien, entonces está decidido – dijo James – vamos a devolverle su esplendor al ministerio de magia británico – se acercó a Kingsley – según me dijo Harry, tú eres uno de los mejores del departamento y no podrían acusarnos de nepotismo si te dejamos a cargo de este, así tampoco se pasan a llevar las antigüedades ¿no?

- Bueno, creo que hay aurores más antiguos que se podrían enfadar – respondió.

- Si no hicieron nada cuando nombraron al jefe actual ¿por qué lo harían ahora? – dijo Ojoloco – y más si quien te nombra es Harry Potter ¿no te parece?

- Bien, el siguiente será el jefe del departamento de control de criaturas mágicas.

- Yo opino que debería ser Charlie Weasley – dijo Hagrid pensativo – siempre le han gustado las criaturas mágicas y conoce mucho de ellas, claro que tendrían que preguntarle primero, nunca le ha gustado estar encerrado en una oficina.

- Arthur ¿estarías dispuesto a regresar al ministerio como jefe del departamento de relaciones con los muggles? – James lo miró directamente y este asintió – bien, nos faltan dos más ¿quién podría ocupar el lugar de Mafalda Hopkirk? – miró a la directora de Hogwarts y ella negó con la cabeza – necesitamos a alguien estricto en el cumplimiento de su labor, pero que también sea justo al aplicar las leyes.

- Dejémoslo pendiente por ahora – dijo Harry – quizás pudiera más tarde, después de la reunión, ir a verla y convencerla de que regrese a ocupar su cargo otra vez.

- Bueno, Mafalda renunció furiosa cuando comenzaron a comprar los altos cargos en el ministerio – dijo McGonogall – lo peor que pudo haber hecho Rufus fue ascender a Percy, nada contra ustedes, Arthur, pero ese hijo es su oveja negra.

- Lo sé, es bastante extraño cuan ambicioso es, teniendo en cuenta que todos nuestros hijos fueron criados iguales – asintió este – una desgracia total.

- Bueno, nos falta el secretario de relaciones mágicas internacionales – dijo James – y debe ser alguien que hable varios idiomas y tenga buen carácter al tratar con otras personas – se volvió hacia Remus – creo que eres el más adecuado.

- Oye, espera, no puedes ponerlo a él en ese departamento, eso si es nepotismo.

- Para mí – intervino Harry – es justicia divina, es un pago por todos esos años que debió sufrir siendo un licántropo, en que no pudo llevar una vida normal ni decente por una enfermedad que no era su culpa y que alguien, quien no lo hizo con buena intención, anduvo divulgandolo, lo que lo hizo estar peor. Además, fue perseguido injustamente por cinco años, así que no se discute más el tema.

- Entonces nos va faltando quien va a ocupar el lugar de Percy – dijo Sirius.

- Si, bueno, es un cargo de mucha confianza, había pensado en poner a Master allí, pero él me ha dicho que no porque pretende regresar a casa a ocupar su antiguo puesto – le echó una miradita de reojo a Snape, se había puesto blanco pero no dijo nada – a no ser que alguien le pida y lo convenza que se quede con él para nosotros poder liberarlo del contrato vinculante que lo une a nuestra familia.

- Bueno, ya veremos respecto a ese secretario – dijo Remus – estamos casi en la hora que nos señalaron y los tres Potter deben asistir a tan importante cita ¿no?

El consejo del Wizengamot estaba reunido en pleno, Rufus Scrimgeour estaba muy tranquilo a diferencia de toda su camarilla, él estaba dispuesto a entregarle su puesto a quien verdaderamente se lo merecía, ya estaba cansado de tanto enredo político, siempre espero que su sucesor apareciese pronto, pero habían pasado siete años desde que asumiera el cargo y había sido difícil cargar con aquella guerra sin contar con el apoyo del muchacho, pero habían salido adelante, quizás el único error, que ahora lo obligaba a dejar la jefatura, había sido subir a Percy Weasley, y es que nunca pensó que, siendo su padre un hombre tan íntegro, el fuese capaz de lo que fuera por tener lo que deseaba, incluso vender el ministerio.

- Los señores James, Sigfrid y Harry Potter ya llegaron – le dijo desde su retrato Everard – venían hacia acá acompañados, pero los otros se quedaron en el atrio junto a la fuente de la hermandad a esperar los resultados de la reunión.

Al poco rato los tres morenos entraban en la sala de consejo dejando a los magos y brujas sorprendidos ¡se veían los tres iguales! James caminaba a la derecha de Harry y Sigfrid, a su izquierda, los dos iban muy divertidos de ver las caras de los presentes, después de todo, allí había tres generaciones de Potter muy parecidos a excepción del color de los ojos, cosa que a la distancia no era muy notoria, en especial porque habían vuelto a colocarse los anteojos pese a no necesitarlos ya, era divertido confundir a todo el mundo, si parecían verdaderos trillizos idénticos.

- Bueno, se solicitó nuestra presencia en este lugar y aquí se nos tiene – dijo James aún divertido por las expresiones de todos – esperamos su determinación para tomar nuestras propias decisiones a partir de allí – miró a Harry que sonrió.

- He decidido entregarle el cargo a quien verdaderamente lo merece tener, y junto con mi cargo, pongo a disposición de este consejo y del nuevo ministerio los cargos de todo el personal que me ha acompañado en este tiempo – dijo Rufus Scrimgeour muy tranquilo pesa a las malas caras que ponían los demás.

- Nos parece bien – dijo Harry acercándose a él – sé que muchos dirán que no estoy capacitado para tomar tanta responsabilidad debido a mi juventud pero voy a dar lo mejor de mí y escoger a los mejores en cada departamento para que el Ministerio de Magia y toda la comunidad Mágica en general se recuperen finalmente de todo aquel daño que nos causó la guerra.

- Habrá que avisarle al Primer Ministro del cambio – dijo una de las brujas presentes – quizás a él le choque tener a alguien tan joven…

- Será cosa de hacer un tanteo – dijo James divertido – los Potter jamás hemos tenido problemas al tratar con los muggles, aunque siempre puede haber excepciones – dijo recordando a la hermana de Lily y su esposo.

- Creo que la mejor forma de conseguir su apoyo es hacerlo por las vías normales para ellos – dijo Sigfrid pensativo – así sabrán que, pese a que no tienen magia, son respetados por el nuevo ministerio – se volvió hacia el retrato que los comunicaba con la oficina del Primer Ministro Británico – necesitamos información de cuando estará libre como para pedirle una audiencia por los medios muggles.

- La tendré dentro de un rato, señor – dijo desapareciendo de su cuadro.

- Bien, entonces tan pronto como hayamos hablado con él, Harry asumirá como nuevo Ministro de Magia – dijo James – espero que entiendan que aparecemos los tres juntos sólo por protección – se quitó los anteojos – yo soy James Potter, es el color de los ojos lo que nos diferencia entre los tres, el de los ojos verdes es mi hijo, tiene los ojos de su madre – lo abrazó – nos veremos más tarde.

Sigfrid y Harry sonrieron quitándose los anteojos también y ellos pudieron notar la diferencia en el color de los ojos, luego volvieron a colocárselos y salieron hacia la entrada, allí estaban los demás junto a la reconstruida fuente de la hermandad, caminaron rápidamente hacia sus respectivas parejas y salieron del ministerio, ahora la comunidad mágica recuperaría el esplendor que siempre debió haber tenido sin pasar a llevar a los muggles.

Harry sonrió para sí un poco fastidiado, la comunidad mágica lo había obligado prácticamente a asumir como Ministro de Magia hacía una semana atrás, dos días después de su aparición oficial en la asamblea de emergencia, y allí estaba frente a la prepotente secretaria del Primer Ministro esperando que la mujer le confirmara su cita con el hombre, pero ella no se dignaba a mirarlo y Harry estaba tentado a usar su magia para apresurar los hechos, pero él prefería hacer las cosas bien, así que sólo dio un golpecito contra el escritorio con un dedo para llamar su atención.

- Ya le dije, jovencito, que el Ministro está muy ocupado y no sé si pueda atenderlo – le dijo ella fastidiada decidida a no dejarlo pasar costara lo que costara.

- Y yo le insisto que tengo una cita con él – le dijo en el mismo tono – y él se va a enfadar muchísimo si usted sigue insistiendo en no darme el paso – se cruzó de brazos – soy una persona muy ocupada, así que no pierda más el tiempo y revise su libro de citas antes de dar una respuesta en semejante tono, señora.

Furiosa, la mujer abrió la libreta sobre su escritorio y se quedó de una pieza, allí, de su puño y letra, estaba fijada la cita de Harry Potter con el Primer Ministro, que debió haber empezado hacía unos cinco minutos, pero es que ella no recordaba haber hecho semejante cita con él. Un ruido la sacó de sus cavilaciones.

- Señorita Fargus ¿No ha llegado el señor Harry Potter? – dijo en voz clara el Primer Ministro y Harry se sonrió triunfal al verla palidecer por eso.

- Sí, estaba por hacerlo pasar – le respondió temblorosa poniéndose de pie para guiarlo a la oficina principal – adelante, señor Potter – cerró la puerta tras él.

- Buenos días, señor Ministro – lo saludó tranquilamente acercándose al escritorio tendiéndole la mano – espero no estar interrumpiendo nada importante.

- Sólo tengo curiosidad por saber por qué del Ministerio de magia han pedido una cita para usted de esta forma, señor Potter, normalmente llegan y ya – le dijo.

- Verá, señor Ministro, nuestra comunidad ha decidido darle nuevos aires a nuestro ministerio y hacer las cosas como deben hacerse – le sonrió divertido.

- Creo que es mejor que se siente, señor Potter – lo invitó y Harry asintió.

- Gracias, generalmente los muggles no son muy educados con los magos – suspiró – es por eso que estoy dando el primer paso, quisiera que las cosas cambiaran para ambas partes, no es bueno permanecer aislados unos de otros, después de todo, nosotros también somos británicos ¿no lo cree, señor?

- Me extraña que su Ministro quiera cambiar su política de trabajo después de tanto tiempo – dijo apoyando las manos sobre el escritorio – así que quiero la verdad del asunto ¿han caído en una nueva guerra y lo han derrocado?

- ¿Cuánto tiempo lleva siendo Primer Ministro? – le dijo divertido, al parecer ni sospechaba de qué se trataba esa visita tan extraña – si conoció a Rufus Scrimgeour debe saber algo de la historia de nuestra comunidad.

- Bueno, sólo llevo siendo Primer Ministro dos años y él no hablaba mucho, sólo se me apareció una vez por estos lados para comunicarme de su existencia y uno que otro comunicado que me llegaron a través de ese retrato, no sé gran cosa.

- Entiendo, pero supongo que algo sabe que nuestra comunidad hasta hace pocos años estuvo en guerra ¿verdad? – el hombre mayor asintió – pues bien, todo se remonta a hace 21 años, un 31 de octubre para ser exactos – suspiró poniéndose de pie – había un mago muy malo que se hacía llamar a sí mismo Lord Voldemort, él iba ganando adeptos y poder, pero surgió algo que lo hizo pensar que había nacido su peor enemigo y fue a destruirlo, un bebé de poco más de un año a cuyos padres asesinó, pero a él no pudo matarle, al contrario, quedó reducido a un despojo humano y el bebé se hizo famoso, ese bebé era Harry Potter, el que años más tarde frenó su regreso y lo derrotó finalmente – lo miró a la cara y vio su sorpresa – sí, ese soy yo, el mago más poderoso del que se tiene conocimiento, pero yo no pretendo ir en contra de la comunidad no mágica, al contrario, mucha de la gente que más aprecio es hijo o hija de ellos, incluso mi madre lo era.

- Así que el Ministro de Magia ha decidido utilizar al mejor de sus hombres para evitar una nueva cacería de brujas ¿me equivoco? – dijo comprensivo.

- Medio a medio, Primer Ministro – le sonrió volviendo a sentarse – los problemas en la comunidad mágica no resistieron el último conflicto y el ministerio ha caído estrepitosamente, así que hay uno nuevo y tiene frente a usted al nuevo ministro.

- Pero eres demasiado joven para hacerte cargo de algo así – dijo asombrado.

- También era muy joven cuando detuve a Voldemort la primera vez, tenía algo más de un año ¿sabe? Y con once años volví a detenerlo y con doce; con catorce lo vi resurgir y luché con él de igual a igual, siendo que él me llevaba más de cincuenta años de ventaja, a los quince volví a hacerlo y a los diecisiete lo vencí, cosa que muchos magos más viejos y astutos que yo no pudieron hacer, así que se me considera capaz de asumir la responsabilidad ya que no estoy contaminado con los vicios del poder – sacó de su bolsillo la varita mágica – no es mi intención molestar, sólo quería hacerle saber que las cosas cambiarán de ahora en adelante y que estoy solicitando su ayuda para que los cambios sean para bien de ambos – se acercó al marco vacío en la pared – Everad ¿puedes pedirle a Sigfrid que venga con el Secretario del departamento de relaciones Muggles de inmediato?

- Como usted ordene Señor Ministro – le dijo el hombre del retrato apareciendo y desapareciendo – vienen en camino, pero su señor padre lo espera en la oficina.

- Dile a mi padre que espere un poco más, apenas terminemos este asunto iré.

Una llamarada verde apareció en la chimenea y luego dos figuras surgieron de ellas, una era la de un hombre alto, de escasa cabellera pero se notaba que había sido pelirrojo pese a que su cabello peinaba canas, la otra era la de un hombre joven, aproximadamente la misma edad que el nuevo ministro y con el mismo aspecto de Harry ¿un hermano mayor quizás? Posiblemente, especuló el Primer Ministro, porque la única diferencia que podía ver en ellos era el color de los ojos.

- Sigfrid Potter, asistente personal del Ministro – dijo el moreno – y él es Arthur Weasley, nuestro Secretario General del Departamento de relaciones Muggles, a través de él trataremos todos los asuntos de ahora en adelante, notará que él está muy interesado en todo lo que tenga que ver con la comunidad no mágica, todos los artefactos muggles le llaman la atención, así que no se asombre si pregunta por el funcionamiento de las cosas, quizás para ustedes sea normal verlas en funcionamiento, pero para la gran mayoría de los magos son cosas realmente extraordinarias – un ruido se escuchó en su bolsillo – disculpe, es mi pareja – le dijo sacando el aparato de su bolsillo apartándose un poco para hablar tranquilo.

- Je, je, debe estar muy nervioso, es la primera revisión médica que tiene de su embarazo y Harry no pudo acompañarle – dijo Sigfrid – están muy unidos pese a que aún no han podido casarse, con esto de reformar por completo el ministerio casi no ha parado en su casa en los últimos días, por eso lo llama ahora.

- Pero ahora la gran mayoría de los departamentos ya esta funcionando como se debe – le dijo el señor Weasley – tan pronto como tenga en funcionamiento total el departamento de relaciones mágicas internacionales podremos reestablecer el quidditch y algunas otras cosas, como el comercio de ingredientes de pociones…

- Perdón, pero ¿Qué es el cuiditch? – dijo el Primer Ministro preocupado.

- El gran deporte de los magos – le dijo Sigfrid – Harry dice que es una especie de fútbol sobre escobas voladoras, pero yo no tengo idea de qué es el fútbol.

- ¿Ustedes no son hermanos? – dijo confundido mirando al joven que cortaba.

- Bueno, muchos fuera de nuestro mundo lo piensan, pero soy un primo lejano de su padre, aunque los tres nos parecemos mucho, a veces confundimos a la comunidad mágica – se sonrió – debemos regresar al tiro ¿verdad, Harry?

- Sí, ha tenido un ataque de histeria y me quiere cuanto antes en casa – suspiró – a veces pienso que el embarazo no le ha muy sentado bien, al parecer ha visto a mujeres con los embarazos más avanzados y se ha dado cuenta que en el futuro va a estar igual que ellas y por eso el ataque, debo ir a calmarle pronto.

- Bueno, supongo que harán las citas del mismo modo en adelante – dijo el primer Ministro al ver que los últimos en llegar se marchaban – ¿no se va con ellos?

- A su secretaria le llamaría mucho la atención si no me ve salir de su oficina ¿no le parece? – dijo – ya está bastante mal como para que le agreguemos más.

- Mi esposa la escogió – le dijo encogiéndose de hombros – ni modo de oponerme a lo que me pedía sin armar un escándalo mayor cuando recién empezaba.

- Supongo que es cierto – suspiró – pero nuestras siguientes reuniones serán por el método mágico, así evitamos estos inconvenientes – le cerró un ojo y salió.

Continuará…

Lo siento, aun no termino, pero sigue, no se preocupen, ya viene el epilogo, eso debería completar lo que faltó por aquí, pero como hay una personita que me está apurando, les dejo este pedacito para que no coman ansias y disculpen lo poquito, sé que dije que sería el final sí o sí, pero no he podido darle la última puntada.

Shio Chang.