CAPÍTULO 2

Lily abrió lentamente los ojos al sentir el olor mohoso de la mazmorra. Recordó de forma borrosa a Bellatrix lanzándole un "Desmaius" después de que otro mortífago le impidiera matarla. Se tocó la cabeza. Tenía sólo un pequeño chichón, seguramente provocado por el golpe que se dio al perder la consciencia. De repente pareció darse cuenta de algo, y se llevó las manos a la tripa, buscando algún movimiento o indicio de vida.

"Vamos, Harry, por favor..."

Pero no sintió nada, y no pudo hacer más que rezar para que nada le hubiera pasado... Aunque probablemente no importaba demasiado: ella no duraría mucho allí, rodeada como estaba de enemigos. Se echó a temblar sin estar segura si era por el frío o del propio miedo. Probablemente por ambas cosas. Entonces la puerta se abrió y, por primera vez, entró algo de luz en la celda. Lily se levantó débilmente y se enfrentó a quien quiera que iba a entrar con los labios firmemente apretados y el corazón desbocado. Vio la sombra a contraluz y cómo señalaba con la varita a un lado. De inmediato, se encendió una antorcha de la que salió una siniestra llama de color verde.

Lily supo enseguida que el mortifago era aquél que la había desarmado en la emboscada. Se frotó nerviosamente el brazo derecho, como buscando calor o consuelo, pero enseguida reprimió ese gesto, no queriendo mostrarse aún más débil.

El mortífago se adelantó unos pasos y su capa rozó contra el suelo al caminar. Aún estaba a una considerable distancia, aunque a esa altura la luz le alumbraba de lleno. Entonces levantó una mano, bajó la cabeza, se quitó la máscara y retiró la capucha hacia atrás antes de volver a posar sus ojos azabache en Lily Evans.

--- ¿Se... Severus? --- preguntó confusa.

No sabía todavía si alegrarse o temer aún más por su integridad.

--- Así que... Aún me recuerdas. Lo bastante, al menos, como para poder reconocerme --- dijo el mortífago mirándola sin pintar en su cara la sonrisa sarcástica de superioridad que solía mostrar a los demás ---. Pero ya no uso ese nombre --- añadió con asco, como si la idea le produjera repulsión, luego puso orgullo en sus palabras al concluir:--- Soy el Principe Mestizo.

La frialdad de su voz hizo que ella se estremeciera como si la temperatura de la habitación hubiera bajado cinco o seis grados de golpe, y Snape lo notó con claridad.

Lily no sabía qué decir o qué hacer. Una frivolidad del estilo "¿Cómo te va la vida?" estaba indudablemente fuera de lugar. Miró a ambos lados de la mazmorra, aprovechando la luz de la que ahora disponía para reconocerla, y sobretodo deseosa de evitar el contacto visual con aquel que una vez fue su mejor amigo, y que el tiempo, la guerra y las encrucijadas habían convertido en su enemigo.

--- ¿Asustada? --- preguntó el mortífago, y entonces sí, enseñó una sonrisa cruel y cargada de desdén.

Lily le volvió a mirar a los ojos, dolida, y él sintió que su mirada le atravesaba como una lanza al notar el resentimiento en sus ojos verdes.

--- ¿Debo estarlo? --- preguntó con tono valiente, haciendo que su voz resonara en toda la estancia. Y a pesar de todo, tragó saliva.

Snape reconoció la temeridad de Griffindor en su voz y se aguantó una mueca de desprecio. Su cara reflejó sin embargo una profunda seriedad, y se esforzó porque sus ojos fueran lo más fríos posibles, lo cual era una odisea en presencia de esa mujer. Sin responderla, y sin dejar de mirarla, dió un paso al frente. Y luego otro, y otro, y ya sólo les separaban un par de metros. Después de tanto tiempo estaba tan cerca de ella... Solo un poco más... Dio otro paso y observó su cara. Aunque los pelos de la nuca se le habían erizado, ella se mantenía dignamente en su sitio. Un paso más y ya estaban muy cerca...