CAPÍTULO 3
Snape reconoció la temeridad de Griffindor en su voz y se aguantó una mueca de desprecio. Su cara reflejó sin embargo una profunda seriedad, y se esforzó porque sus ojos fueran lo más fríos posibles, lo cual era una odisea en presencia de esa mujer. Sin responderla, y sin dejar de mirarla, dió un paso al frente. Y luego otro, y otro, y ya sólo les separaban un par de metros. Después de tanto tiempo estaba tan cerca de ella... Solo un poco más... Dio otro paso y observó la cara de ella, que aunque los pelos de la nuca se le habían erizado, se mantenía dignamente en su sitio. Un paso más y ya estaban muy cerca, demasiado como para que la incomodidad de Lily no se convirtiera en rabia.
--- James vendrá a por mí, déjame marchar antes de que...
Pero Snape ya no la escuchaba, se había quedado atascado en el nombre de James. Por supuesto. Su heroe, el heroe de todos, el heroe de la escuela, el heroe de la Orden, el heroe del Quidditch... Sin siquiera pensar en hacerlo, la empujó el hombro contra la pared, interrumpiéndola, y la mantuvo así. La expresión de Lily pasó de la digna ira al sutil temor.
--- ... ¿Vas a matarme, Severus? --- susurró.
Su nombre expresado por esa dulce voz sonó como una rosa para Snape, de espinas afiladas que le causaban dolor, y pétalos suaves que le aplacaban. Ella no hizo ningún movimiento por deshacerse de él, pero el mortífago, al darse cuenta de la excesiva presión que ejercía sobre su hombro, dejó de apretar con tanta fuerza.
--- Hubo un tiempo en que no te hubieras atrevido a tocarme, y el sólo hecho de que alguién hubiera insinuado que me pondrías una mano encima hubiese sido suficiente como para que le retaras a un duelo --- dijo Lily, notando que dudaba en su trato hacia ella.
--- Es cierto, hubo un tiempo en que así fue --- respondió fríamente y, sin más, se dio la vuelta y salió.
Snape dejó a Lily a oscuras, deslizándose por la pared hasta sentarse en el suelo. Subió las humedas escaleras hasta una zona menos lúgubre del castillo, donde se reunian el resto de los mortífagos con regularidad. En ese momento estaban en la sala: Averi, que leía absorto un manuscrito al otro lado de la estancia, y, junto al fuego, Bellatrix Lestrange y Lucius Malfoy.
--- Vaya... Bellatrix me hablaba de ese juguetito que nos trajiste...--- dijo Lucius con un brillo lascivo en la mirada.
--- El juguetito es mío --- sentenció Snape.
Lucius le miró con suspicacia.
--- Y seguro que es solo eso ¿verdad? --- preguntó Bella.
Snape la fulminó con la mirada.
--- Es una sangre sucia.
--- ¿Entonces? ¿Qué mal hacemos si jugamos juntos? --- preguntó Malfoy.
--- Siempre he sido receloso en prestar mis cosas, Lucius --- sonrió Snape con aire de superioridad.
--- Comprendo... --- dijo Malfoy, aunque su tono indicaba que sabía que algo se le estaba ocultando.
Snape no quería que él le fuera con falsos cuentos al Señor Oscuro cuando regresara de Albania, que sería en breve, así que decidió darle cierta seguridad al otro mortífago.
--- Es la mujer de Potter --- dijo simplemente, con un remarcado desprecio en la voz.
--- Ah, esto ya cobra sentido --- sentenció Malfoy, como si eso lo explicara todo ---. En ese caso, asegúrate de recolocarte bien la túnica cada vez que salgas de la mazmorra.
Snape trató de ignorar el grosero comentario de Lucius, pero no pudo evitar que sus propios pensamientos se desviaran en esa dirección.
