CAPÍTULO 4

Lily sollozaba. Estaba desesperada por ser incapaz de saber si algo malo le había pasado a su futuro bebé, y aún le costó controlarse cuando Snape entró en la celda. Él volvió a encender la antorcha, esta vez había venido directamente a cara descubierta, y la miró, sentada en el suelo. No se había dignado a levantarse. Snape cerró la puerta y la visibilidad disminuyó un poco.

--- Arriba --- dijo el mortífago, y Lily no tuvo ninguna duda de que era una orden.

De cualquier forma, se levantó y le miró con la cabeza ligeramente gacha, quizás por el cansancio, quizás por una pequeña muestra de sumisión. A Snape no le importó, o, al menos, intentó que no le importara. Se acercó a ella lentamente, la capa se arrastraba detrás de él como representación de la oscura y pesada parte de si mismo que siempre le acompañaba.

--- Estás llorando --- dijo haciendo que sonara como una acusación.

Lily no era experta en Oclumancia, pero sintió cómo él trataba de introducirse en su mente y procuró levantar sus barreras. Snape podía arremeter con más fuerza contra ellas, introducirse de una manera brutal y violenta en sus recuerdos, pero, en lugar de eso, mantuvo una débil insistencia, y Lily se sintió agradecida. Se acercó aún más a ella, peligrosamente cerca, lo suficiente como para desestabilizar su concentración, pero antes de que Snape pudiera ver en el interior de sus pensamientos, ella volvió a levantar su frágil barrera, que el mortifago tan sencillamente se sabía capaz de destruir.

--- Por favor, Severus...

Como si en lugar de ser una súplica de alguien a su merced, hubiera sido una orden del mismo Voldemort, Snape cesó de inmediato en el intento de introducirse en su mente, pero no se alejó de ella, de hecho estaba tan cerca que sus alientos se entremezclaban. Y dio el paso, dio el paso porque la sabía más asustada que él, dio el paso porque ella no podía negársele, no en la situación en la que se encontraba, y aunque fuera consciente de que su forma de actuar era totalmente despreciable, lo necesita, necesitaba ese contacto. Por eso la besó.

Fue un beso lento y dulce, como jamás Snape se hubiera creído capaz de darlo, que le arrebató el aire de los pulmones y le hizo caer en un extasis que revosaba por cada poro de su piel. Se mantuvieron así unos segundos, pero cuando quiso ir a más ella se retiró un poco, y él no opuso resistencia. Vio su cara surcada por las lágrimas y con una sonrisa nerviosa dibujada en ella que le hizo fruncir el ceño

--- Lo que quieras, Severus, toma lo que quieras de mí, no me opondré, pero... no me hagas daño.

Snape la miró confuso, sabía que ella no era ninguna cobarde. Esta vez sí, ella no opuso resistencia a que entrara en su mente, seguramente porque era más facil que decirle a la cara la verdad. Snape dejó caer la cabeza dolido. Al principio porque ella le tuviera en tan baja condicion que pensara que iba a dañarla, luego por el hecho de que fuera a hacer el sacrifio solo porque no dañara al hijo que iba a tener, y por último la realidad le golpeó más duramente al darse cuenta de lo que significaba el bebé. Un vínculo eterno entre ella y su marido, independientemente de lo que ocurriera en su relación en el futuro, siempre habría algo que les uniría, algo que él no tenía.

--- ¡POTTER!

Aunque tenía la cabeza gacha, su voz, que salía desde lo más profundo de su garganta, sonó tan fría, dura y cargada de odio, que hizo que Lily se encogiera. Snape notó como su propia respiración se agitaba incontroladamente, y el aire pasaba adentro y afuera a traves de sus apretados dientes. Metio la mano entre su capa y sacó la varita mágica.

--- ¿Qué vas a hacernos? --- preguntó Lily con voz apagada.

Pensando que, probablemente, estallaría de furia incapaz de contenerse, Snape hizo un movimiento y se desapareció.