CAPÍTULO 6
Lily miró la botellita, que lógicamente contenía alguna clase de poción, y luego a Snape, que parecía ocultar mucho rencor detrás de la glacial mirada que la dedicaba. Ella se levantó y cogió la botella con manos temblorosas.
--- Bébetela --- ordenó sin rodeos.
---...¿Qué me hará, Severus?
--- Bébetela --- repitió aún con más determinación y enojo.
--- No le hará nada al niño, ¿No? --- su voz sonaba suplicante, y cada palabra se clavava en Snape como un doloroso dardo envenenado ----Tu no dañarías a mi hijo ¿no es cierto, Severus?
--- ¡Bébetela!
--- Es mi bien más preciado... --- añadió con los ojos ya enrojecidos --- No me harás tanto daño, tu no... ¿Verdad?
Snape sacó su varita y le apuntó con ella.
--- ¡Bébetela! --- su voz sonaba como si estuviera perdiendo definitivamente la paciencia.
--- Oh, Severus, por favor, por favor...--- Lily sollozaba.
Snape se acercó un paso más a ella, con un brillo amenazador en los ojos y la varita echando chispas de colores.
--- Hazlo, o te juro que acabo con la existencia de ambos en este mismo instante --- su voz sonó ponzoñosa y sincera.
--- Vale --- Lily se limpió la mejilla con una manga ---, vale...
Si ella moría, Harry moriría igual antes de nacer. No tenía sentido dejarse matar. Abrió el frasco y olió la poción, reconoció alguno de los ingredientes, ninguno de ellos venenoso, aunque sabía que había más que se sabía incapaz de sonsacar, y tampoco se le ocurría nada para lo que la poción pudiera servir, aunque alguna utilidad, evidentemente, debía tener, y sospechaba que no sería nada bueno.
Lily se la llevó a los labios, echó una última mirada de súplica a Snape, que se mantuvo impasible, y se la bebió entera de una solo trago, antes de que el valor tuviera tiempo de abandonarla.
--- Dame la botella --- exigió Snape tras guardar su varita.
Lily obedeció. Snape la recogió y murmuró unas palabras sobre ella. La mujer se llevó la mano al vientre, atenta a cualquier reacción adversa, cuando, repentinamente, sintió una punzada de dolor que la hizo apoyarse momentaneamente en la pared.
--- Oh, por favor, por favor, por favor, no... --- pidió, al parecer, a nadie en concreto.
No hubo más dolores, pero de pronto la estancia se llenó de un ruido constante y rítmico, acelerado, que salía de la botella que Snape sostenía en la mano, y, al escucharlo, el mortífago no pudo evitar una mueca de desagrado.
--- Vive, el maldito --- dijo con terrible desprecio.
Lily entendió entonces que ese sonido era el latido apresurado del corazón de su hijo, que Snape sin duda había conjurado a traves de la botella y la poción, y nuevamente sus ojos se anegaron en lágrimas, esta vez de felicidad. Pero luego miró la cara de Snape, que todavía destellaba rencor hacia ella. Se acercó a él y le agarró ambas manos entre las suyas.
--- Oh, Severus... Severus, por favor... por favor ... No nos retires tu protección.
