CAPÍTULO 7

--- Oh, Severus... Severus, por favor... por favor ... No nos retires tu protección.

--- No se de qué me hablas --- respondió secamente, aunque fue físicamente incapaz de retirar las manos del contacto de ella, contacto que ardía y tambien era un bálsamo.

--- Soy una sangre sucia --- Snape no pudo evitar un gesto de desagrado al oír esa palabra de sus labios ---. Sí, sangre sucia, Severus, y ni uno solo de los otros mortífagos del castillo ha venido a maldecirme con un cruciatus, ni siquiera se han pasado a golpearme o humillarme. ¿Vas a negarme que tienes algo que ver con eso, Severus?

--- Sí --- dijo sonando tan convincente como pudo.

--- Pues no te creo --- dijo ella con suavidad.

Snape la miró a los ojos verdes y brillantes por las lágrimas, sintió el calor de sus manos entre las suyas y fue incapaz de mentirla de nuevo.

--- Por favor --- susurró ella --- ¿seguirás protegiéndonos?

Snape sintió como estrechaba aún más sus manos, y procuró mantenerse impasible a pesar de todo. Dio un corto y firme asentimiento.

--- Gracias --- sonrió ella aliviada, aún con una lágrima recorriendo su mejilla --- Gracias, Severus, gracias.

Soltó una de sus manos para apoyarla en su pecho y se puso de puntillas para alcanzarle un beso entre la cara y el cuello que logró que Snape relajara los hombros y cerrara los ojos, sin poder evitarlo, durante los segundos que duró. Sintió como los pelos se le ponían de punta mientras un escalofrío agradable le recorría la espalda, aunque un vacio nada satisfactorio se abría en su estomago al pensar que, probablemente, eso era todo lo que obtendría de ella.

--- Gracias --- susurró de nuevo.

A Snape le costó un mundo que sus piernas le respondieran, sobretodo sabiendo que le alejarían de ella, pero logró separse, abandonar su calidez, y volver a su fría realidad.

Salió de la mazmorra, hizo caso omiso de Lucius, que le llamaba para quién sabe qué, y salió a los jardines del castillo. Respiró el aire de allí, que era puro, pero carente de vida, ya que las plantas estaban muertas alrededor, en lugar de verdes, como los ojos de Lily, sus increibles ojos. Vio un columpio que, seguramente, perteneció a los niños que había vivido en el castillo. A Snape no le gustaban los niños, pero tampoco se alegró cuando Voldemort les ejecutó. Se acercó al columpio y lo miró, y le recordó a cuando era mucho más joven, cuando le dijo a Lily que era una bruja.

Sin pensarselo dos veces, se apareció en su antigua casa, donde a menudo la espiaba mientras estaba con su hermana Petunia, jugando. Él vivía mucho más abajo, había un buen recorrido hasta su casa, pero a su padre nunca le importo que se alejara. De hecho nunca le importó nada. Se acercó al columpio en el que Lily solía valancearse y acarició los hierros. Se quedó agarrado a ellos hasta que, de repente, escuchó el hechizo: "Petrificus totalus" a su espalda, y a penas le dio tiempo a evitarlo, agachándose.

Sacó su varita dádose la vuelta y entonces le vio, de pie, y rojo de furia, aún con una venda en su brazo.

--- Potter