CAPÍTULO 11
--- "Crucio" --- repitió, dando aún más poder al hechizo.
James ser retorcía y gritaba entre dolores insoportables.
--- ¡Basta! ---pidió Lily, sin atreverse a acercarse todavía --- ¡Basta ya, por favor!
Snape la miró y un segundo después el hechizo dejó de hacer efecto, aún así, los resquicios de dolor hacían mantenerse en el suelo a James, aún jadeando y gimiendo.
--- Está bien, no más tortura --- dijo sin apartar sus ojos negros de los verdes de Lily. luego miró a su oponente, sintió la rabia y enseguida le desbordó la satisfacción al saber lo que estaba apunto de hacer --- "Avada Kedabra"
Pero el disparo salió desviado, porque alguien había tirado de su manga, y no llegó a acertar en su objetivo, que todavía estaba en el suelo semiconsciente, nada más, de lo que ocurría. Snape miró a su derecha y vio a Lily, que había caido de rodillas y le agarraba la túnica con ojos de desesperación.
--- Te lo suplico --- dijo ella ---. Te lo suplico, Severus. Por compasión, y si no tienes, por deferencia hacia mí, porque me has demostrado estos días que estaba equivocada, y que eres más generoso y bueno de lo que imaginaba que un mortífago podía ser. Por favor, te lo ruego, sé que ya lo has hecho por mí, y por mi hijo, pero perdónale la vida, no te pediré nada más. Iré contigo, como has dicho, seré tuya, no trataré de huir, haré un juramento inquebrantable, haré lo que quieras.
Su tono desesperado no le habría conmovido si viniera de cualquier otra persona, pero era Lily y sus ojos verdes los que pedían clemencia. El brillo de maldad y venganza que predominaba en sus ojos negros momentos antes se devaneció, y con una voz más dolida de lo que habría querido que sonara, preguntó:
--- ¿Habrías suplicado también por mi vida?
Lily le agarró con más fuerza, haciendo que la sintiera, pero no respondió, ni hacía falta. Snape sabía que no, quizás se lo habría pedido a James, pero no habría suplicado como lo hacía por él. Porque no le amaba, como amaba a Potter.
--- Como quieras, vivirá.
Cogió a Lily, que le miraba con ojos que desbordaban agradecimiento, y ella cogió a James. Snape transportó a los tres al hospital, le hizo un hechizo aturdidor a un mago para quitarle la varita y luego le dió las dos que les había quitado (la de ella y la de su marido) a Lily. Se puso su máscara de mortífago. Les apuntó a los dos y dijo:
--- ¡Obliviate!
De inmediato ambos se quedaron en blanco.
--- El encantamiento "Fidelus", al que no afectan los trucos mentales baratos, protege el castillo y como te llevé allí, puedes regresar. Esta noche estarán solo tres mortífagos vigilando la espada. Cogedla y salid de mi camino para siempre, porque la próxima vez que os cruceis en él, será la última --- avisó sin ser consciente de la verdad que encerraban esas palabras.
Antes de que pudieran salir de su asombro y ligar cabos sobre lo que podría haber pasado, Snape había desaparecido.
