II

De la atracción al amor

Ya habían pasado tres semanas desde que Harry hubiera descubierto sus verdaderos sentimientos hacia su mejor amiga. No obstante, el hecho que Ron estuviera saliendo con Hermione lo tenía sin cuidado. Sabía (al igual que muchas chicas, Cho incluida) que lo que sentían ellos dos era motivo de otra cosa distinta al amor. A veces se los veía enroscados, desparramados en la hierba de los terrenos del colegio, besándose como si quisieran comerse el uno al otro, y otras se los veía gritándose a tres metros de distancia. Era un espectáculo deprimente y, a veces, gracioso. Malfoy pasaba la mayor parte de la clase de Cuidado de las Criaturas Mágicas haciendo parodias de la inestable pareja, cosa que a Harry le molestaba.

Sin embargo, Hermione pasaba el mismo tiempo con Harry que con Ron. Éste era uno de esos momentos. Era sábado y no tenían clases. Brillaba un cálido sol de otoño, momento preciso para salir a pasear al lago.

—¿Cómo van las cosas con Ron? —preguntaba Harry a Hermione.

—Bien —respondió ella, sin convencer a su amigo.

—Hermione, no me estás diciendo la verdad. Te he visto. A veces no hacen más que besarse y otras no hacen más que pelearse. A eso no puedes llamar bien.

Ella reflexionó unos momentos antes que unas lágrimas asomaran por sus ojos.

—Es verdad. Es verdad, Harry. Las cosas no andan bien. Ron a veces me jura amor eterno y otras me pisotea como a una cucaracha. La verdad es que no sé por qué sigo con él.

—Debes de sentirte muy mal cuando Ron te maltrata de esa manera. ¿Y por qué te grita?

—Porque me ve con varios chicos. Pero está más celoso de ti que de cualquier otro. Me pregunta por qué pasa el mismo tiempo contigo que con él, que debería estar todo el tiempo con él.

—Es obvio que no puede. Hermione, tu no eres de nadie más que de ti misma. Debes saber qué es lo mejor para ti. No permitas que Ron te posea como si fueras su mejor trofeo. Y creo saber por qué actúa así contigo.

—¿Por qué? —preguntó Hermione, algo apenada.

—Ron nunca ha tenido ningún éxito en algo importante —explicó Harry—. Y creo que él piensa que tú eres un logro, algo que debía conseguir, algo que debía "obtener" por todos los medios. Y, supongo que te dio lástima verlo así, tan impotente de no haber conseguido nada relevante en su vida.

—Así es —admitió Hermione, bajando la cabeza.

Harry le tomó el mentón con una mano y la levantó de modo que ella lo mirara fijamente a los ojos.

—Nunca debes amar a alguien por lástima, Hermione. Ni toleres que te trate como una cosa. Debes hacérselo saber. No permitas que te pase por encima de esa manera.

—Pero no sé como —objetó Hermione, ahora llorando—. Siempre está mirando hacia otro lado por si pillaba a algún chico mirándome. Es muy celoso… ¡¡¡Abrázame, Harry!!! —Y le echó los brazos a su cuello y refugiándose en su hombro. Él, a duras penas (no quería que Ron los observara), la rodeó con sus brazos.

En ese momento, Hermione comprendió que Harry le estaba dando el cariño y la comprensión que nunca le dio Ron. Él la trataba como una persona y no como un objeto. Él quería que ella fuera feliz, no importando con quién ni en que circunstancias. Se aferró más a él, sintiendo la calidez de su amigo, olvidándose de Ron por unos momentos. Apartó su cabeza del hombro de Harry y lo miró fijo a los ojos. Él también la miraba y la veía cada vez más bella y, cerca como estaba, la veía aún más hermosa de lo que jamás la había visto. Sintió un cosquilleo en el estómago al sentir su mirada penetrar su corazón como una lanza. No obstante, su razón era todavía fuerte y se liberó del abrazo de su amiga de la manera más suave que pudo.

—Hermione. No quiero que sufras por culpa mía. Si Ron nos hubiera visto, seguramente nos habría matado a golpes. Yo quiero lo mejor para los dos pero, dudo que lo mejor sea que estuvieran juntos. Tienes que hablar con él, que te hable y que sea más atento contigo, que busque el bien de los dos y no el suyo propio. —La besó en la frente y se fue en dirección al colegio—. Hablaré con Ron acerca de esto. De todas maneras es mi mejor amigo —añadió, mientras el hacía un gesto con la mano. Ella se despidió con la mano, pensando que el camino hacia la felicidad estaba frente a ella, pero lo veía desde otro camino que no parecía ir allá. Quería llegar a ese camino pero no sabía qué precio tenía que pagar por alcanzar la felicidad.

Hermione había terminado sus tareas en tiempo récord. Ron la había felicitado y quería darle una sorpresa. Tenía que ir a la Sala Multipropósito a las ocho de la noche y esperar que la puerta se abriera. Allí Ron le daría su sorpresa. Eran las siete de la tarde cuando Hermione pasaba por el vestíbulo cuando la profesora McGonagall la llamó con rostro preocupado.

—Señorita Granger. La estaba buscando por todas partes. Quiero que me acompañe a la enfermería.

Hermione estaba desconcertada. ¿Había alguien conocido que estuviera herido? Con pasos vacilantes, acompañó a la profesora McGonagall (que ahora era la directora) a la enfermería, donde había varios alumnos con heridas mágicas. Pero uno de ellos estaba muy mal. Hermione, con horror, reconoció el cabello alborotado de Harry. Ella corrió a su cama con expresión lastimera.

—¡Harry! ¡Harry! ¿Qué te sucedió?

Cuando lo vio claramente, se llevó las manos a la boca y no pudo evitar llorar. El rostro de Harry estaba todo ensangrentado y lleno de cortes producidos por golpes secos. Sus dos brazos estaban rotos y una de sus piernas estaba en un ángulo inusual. Hermione estaba horrorizada. ¿Quién sería capaz de hacer semejante daño? ¿Quién podría ser el que había masacrado a Harry a golpes? Sus pensamientos se posaron inmediata e involuntariamente en Ron. Pero no podía ser. No era posible que el mejor amigo de Harry lo hubiera golpeado hasta dejarlo como estaba ahora.

—Her… mione —masculló Harry—. No vayas… a la… Sala Multipropósito. Por favor… no lo hagas.

—¿Por qué? —Ella estaba extrañada.

—Estaba hablando con él acerca de su relación contigo. Se enojó mucho cuando se enteró que estuve hablando contigo. Le dije que sólo quería lo mejor para los dos. Pero… no me entendió y me golpeó. Sin magia. Me dejó como estoy ahora.

Hermione estaba horrorizada. ¿Cómo era posible que Ron hubiera golpeado a Harry de esa manera? De primeras, pensó que Harry estaba inventando todo para desacreditar a Ron pero, había aprendido a confiar en él más que en nadie y no creyó que estuviera mintiendo. Se acercó a él y le acarició el rostro.

—Voy a ir allá y decirle a Ron que todo se terminó. Es horrible lo que te hizo y no quiero quedarme si hacer algo.

—No le hagas daño, Hermione. Aunque me haya masacrado, es mi amigo. Y, cuídate mucho. Temo que también te haga daño.

Hermione lo miró, y sonrió. Era una sonrisa especial, encantadora, hermosa y seductora. Era una manera de decir que ella también estaba descubriendo sentimientos nuevos y desconocidos. Salió de la enfermería, dejando a Harry solo. Enseguida vino Madame Pomfrey con un líquido de color índigo. Supuso que era la medicina y rogó al cielo que tuviera buen sabor. Cuando ingirió la poción, pudo advertir que sabía a mentas con crema. Enseguida sintió que todo el cuerpo se recomponía, como si todo se volviera a unir y funcionar. En unos cinco minutos, el cuerpo de Harry se encontraba como nuevo.

Sin hacer caso de las recomendaciones de Madame Pomfrey, salió corriendo hacia el séptimo piso, donde se encontraba la Sala Multipropósito. Subía los escalones de tres en tres con el corazón en la boca, temiendo que Ron le hiciera daño a Hermione también. Cuando se encontraba en el corredor, una figura salió de una puerta que pareció aparecer de la nada. Afinó la vista y podo entender que era Hermione. Estaba temblorosa pero intacta. Al ver que no había sufrido ningún daño, se dirigió a ella.

—¿Qué te sucedió?

—Lo dejé inmóvil para que no me hiciera daño. Casi me lastima… —y abrazó a Harry nuevamente y se apretó contra él. Él la envolvió con sus brazos y también se aferró a ella. Los dos sentían que se liberaban de toda tensión y tristeza. Las manos de Harry se desplazaron lentamente hasta que rodearon la cintura de Hermione. Ella tomó el cuello a Harry y se juntaron cada vez más hasta que sus frentes estuvieran juntas. Ahora, la razón de Harry era menos fuerte pero todavía lo era más que sus sentimientos. Se apartó de ella con dificultad.

—No puedo hacerlo —dijo al fin.

—¿Por qué?

—No sé. Siento como si fuera un sentimiento que no corresponde conmigo. Por las noches, siempre te imagino… no sé cómo describirlo es que… me da mucha vergüenza admitirlo. Tiene que ver contigo.

—Harry. No te preocupes. Sé que te estás imaginando. Y es normal en los chicos, Harry. ¿Cómo me veo?

—Bellísima —reconoció Harry—. Tu piel tan blanca y suave y… —le costaba continuar—, no sabía que pudieras ser tan bella.

—¿En serio, Harry? —preguntó su amiga con suavidad.

—Te lo digo en serio —confirmó él, visiblemente nervioso.

—Tengo que confesar que, yo también siento lo mismo —declaró Hermione, también nerviosa. Los dos se miraron por unos cinco minutos hasta que Harry desvió la vista y corrió hacia la sala común, con lágrimas en los ojos. Creía que era una falta de respeto a su amiga imaginársela desnuda y en actitudes sugerentes. Quería borrar esas imágenes de su cerebro pero, lo que no comprendía era que éstas no estaban en su mente, sino en su corazón. Cuando entró a la sala común, se dirigió a su cama y trató de quedarse dormido, creyendo que lo que estaba pasando era una pesadilla.

Al día siguiente, despertó muy tarde. Eran las once de la mañana de un domingo muy frío. El viento aullaba afuera, dando más frío. No quería salir de la cama. En lugar de eso, se quedó sentado en ella. Comprendió que lo que estaba viviendo no era una pesadilla, era una realidad, muy dura para él. Jamás en su vida le había pasado algo así. Lo más parecido a eso era cuando le gustaba Ginny pero, no a tal punto de imaginársela como Dios la trajo al mundo. Lo extraño que cuando veía a su amiga en ese estado, lucía tan pura y bella que lo deslumbraba y le producía sensaciones totalmente desconocidas para él. Pero además, sentía una férrea confianza en Hermione (siempre la había tenido) y la quería mucho, le agradaba estar con ella, hablar con ella, reírse con ella. Compartían muchas cosas y ambos lo sabían. Se quedó todo el día sentado, sin probar comida ni bebida, reflexionando acerca del enorme deseo que estaba creciendo en él.

Entonces lo comprendió. Ya no era una mera atracción. Había sentimientos puros dando vueltas. No era el cuerpo de Hermione lo que hacía sentirse así: era la persona que habitaba ese cuerpo. Aquella persona hacía que su físico fuera tan lindo, tan irresistible. Le gustaba sentir su cuerpo contra el suyo y le gustaba estar con ella. Decididamente, ya no era atracción. Era algo más elevado, algo que nunca había sentido antes, ni por Cho ni por Ginny. Era un amor puro, grande, noble y sincero. Quería estar con ella para darle lo que Ron nunca le dio. No sabía que Hermione estaba pensando lo mismo, sentada en su cama, también sin probar bocado.

Un repentino impulso lo hizo incorporarse. Caminó con pasos lentos hacia las escaleras y las bajó parsimoniosamente. Le pareció que al final de ellas, había una luz. Parecieron horas interminables en el momento en que bajaba el último escalón y salió a la sala común. Miró hacia todos lados y… Hermione también estaba allí. Se miraron por diez largos minutos, donde muchas cosas pasaban por la cabeza de ambos: amor, felicidad, comprensión… Eran algunas de las cosas que rondaban por sus corazones. Lentamente se acercaron, y se acercaron, y se acercaron…

Ahora estaban a escasos cinco centímetros uno del otro. La mirada de su amiga le traspasaba el corazón nuevamente. En ese momento, cayó herido y el muro de la racionalidad se quebró y se derrumbó. Casi al mismo tiempo, se abrazaron. Harry envolvió a su amiga por la cintura y la estrechó fuertemente entre sus brazos. Ella acarició su pecho con las dos manos antes de enlazar sus extremidades superiores en el cuello de su amigo. Juntaron sus frentes lentamente y se miraron nuevamente. Veía a Hermione más luminosa y divina, sonriéndole tiernamente antes de cerrar los ojos y entregarse completamente a lo que estaba a punto de acontecer. Ella también cerró los ojos. Se acercaron un poco más y sus labios se encontraron por primera vez.

Era justo el momento en que todos los estudiantes de Gryffindor ingresaban a la sala común, después de la cena. De cualquier manera, a los amigos, ahora amantes, les daba lo mismo. Se besaban lenta y dulcemente. Harry masajeaba la espalda de su pareja y ella tomaba su cabeza con ternura. Él la apretó más contra él y el beso se volvió más ardiente y apasionado. Los demás alumnos estaban pasmados y con los ojos blancos, contemplando la escena.

Dos minutos después, que a los dos le parecieron una vida entera, se separaron. Harry rozó los labios de su amante con los suyos y la miró con ternura. Hermione también sonreía todavía con los brazos al cuello de Harry. Él comprendió otra cosa: de la atracción al amor también había un paso, pero era el más difícil de dar y aceptar. De todas maneras, descubriría cosas nuevas y maravillosas en el transcurso de la relación.