El inicio y el fin II - Capítulo Uno
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Gran Salón Comedor
Harry entró en el Gran Salón con la misma sensación de expectación que lo embargó su primer día de clase en el colegio. Mientras caminaba junto a Ron rumbo al lugar en donde Hermione ya estaba sentada, en la mesa Gryffindor, miró hacia la mesa de profesores y, preocupado, notó que ni Mathew ni Evelyn estaban allí.
Frunció el ceño, con la vista clavada en la mesa de cabecera del Salón, mientras se sentaba junto a su amigo, frente a Hermione. La chica bajó su periódico ante el murmullo con que Ron le dio los buenos días.
- Vaya, ya era hora. Pensé que se perderían el desayuno. Bien, aquí están sus listados de selección de materias – le tendió sendos pergaminos con todas las materias encolumnadas y casilleros para que indicaran cuáles elegían –. Debemos llenarlos y entregárselos a la profesora McGonagall. El profesor Dumbledore dijo hace un rato que la única clase que sería obligatoria para todo el colegio sería Defensa contra las Artes Oscuras sin magia. El resto es opcional, así es que debemos elegir con cuidado qué materias queremos estudiar este año.
Ron se tomó de un trago casi medio vaso de jugo de calabazas.
- ¿Cuántas materias debemos elegir? – preguntó mordiendo una tostada con mermelada.
- Todas las que necesitemos, Ronald – respondió la bruja, con tono amonestador.
Ron torció la boca en un gesto de fastidio y se giró hacia Harry, que tenía la vista perdida en algún punto entre la profesora McGonagall y el profesor Flitwick.
- ¿Qué materias vas a elegir tú? – preguntó el pelirrojo.
Pero Harry no lo escuchó, ya que todavía estaba tratando de descifrar por qué razón Mathew y Evelyn no estaban sentados en la mesa de los profesores, con todos lo demás docentes del colegio.
- ¿Ocurre algo? – Ron lo golpeó con el codo, sacándolo de sus cavilaciones.
- Nada – respondió el chico, volviendo su atención a sus amigos –. Lo siento. ¿Qué decías?
- Te pregunté qué materias vas a elegir este año – repitió Ron, levantando su pergamino para que Harry entendiera de lo que estaba hablando.
- Bueno… no lo sé – Harry cogió su listado y lo miró con detenimiento - ¿Cuántas materias debemos tomar?
Hermione giró sus ojos, impaciente.
- Creo que deberíamos tomar Pociones, Transformaciones, Defensa contra las Artes Oscuras con Magia, Aritmancia, Runas Antiguas, Encantamientos y Botánica. Por supuesto, Adivinación está totalmente descartado y… creo que podríamos prescindir de… Cuidado de las Criaturas Mágicas – la voz de Hermione se volvió algo insegura en este punto, ya que se sentía culpable por dejar de lado a Hagrid y su materia.
Los dos muchachos torcieron la boca y la miraron con igual culpabilidad.
- A Hagrid no va a caerle en gracia que no tomemos su clase – murmuró Harry, preocupado -. Aunque… es tiempo que podríamos necesitar.
- Sí – acordó Ron –. Y me parece que también podríamos prescindir de Botánica. No necesitaremos Botánica en el curso de Aurores.
- Botánica es un complemento sumamente importante del resto de las materias, Ron – opinó Hermione –. En particular para Pociones.
- Mathew me dijo anoche que deberíamos aplicarnos mucho para pasar su materia – agregó Harry, pensativo.
Ron levantó una ceja y lo miró, sorprendido.
- ¿Deberíamos¿Estás diciendo que es capaz de reprobarte?
- Esa fue la impresión que me dio – respondió Harry.
- Un bueno profesor no tiene favoritismos con nadie – dijo Hermione -. Apuesto a que él será un buen profesor. Además, Evelyn le dijo a Snape en Grimauld Place, aquella noche que discutieron en la cocina, que era mucho mejor que él en Pociones. Y Snape sabe mucho.
- Por desgracia – murmuró Ron, resignado –. Está bien, Botánica se queda como complemento de Pociones, Cuidado de las Criaturas Mágicas se va y creo que tú, Harry, deberías decirle a Hagrid que no tomaremos su materia.
- ¿Por qué yo¡No iré yo solo! Si ninguno va a tomar esa clase, iremos los tres y se lo diremos.
- Él te quiere a ti más que a nosotros – se justificó Ron.
- Olvídalo, Ron – dijo Harry.
– Iremos los tres – cortó Hermione con decisión.
Ron se resignó y se comió otra tostada mientras marcaba las materias acordadas, hasta que llegó a una y se detuvo.
– Me parece que estás olvidando que no podemos cursar Runas Antiguas porque nunca hemos tomado esa clase antes.
- Lo sé. No lo decía por ustedes – contestó Hermione, anotando con cuidado en su pergamino.
Los tres terminaron de dibujar cruces en sus listados y Ron lo enrolló, satisfecho.
- Me parece que en realidad no tenemos otra opción más que no tomar Cuidado de Criaturas Mágicas. Necesitamos tener algo de tiempo libre para las prácticas de Quidditch¿verdad, Harry? – agregó, iluminándosele el rostro ante la idea de jugar su deporte favorito -. ¿Cuándo comenzaremos?
Harry lo miró alelado.
- No lo sé…
- Hola Harry. Hola Ron.
Ambos levantaron la vista y saludaron con la cabeza a un grupo de chicas de Hufflepuff que pasó por detrás de Hermione, rumbo a clase. Las voces y risitas tontas volvieron a sonar cuando llegaron hasta donde Neville desayunaba con Seamus. Para su consternación, Neville se había vuelto extrañamente popular luego de lo ocurrido en el Ministerio.
Ron y Harry se miraron bastante divertidos, para luego desviar la vista hacia su amiga, que tenía el ceño levemente fruncido con los ojos clavados en el grupo que se alejaba, claramente irritada por algo. Harry creía saber qué era. Ron no tenía idea pero prefería no indagar demasiado, o terminarían riñendo antes de que se acabara su jugo de calabaza.
- Tú eres el nuevo capitán. Tú decides estas cosas – dijo el pelirrojo, regresando rápidamente al tema que estaban charlando, mientras engullía otra tostada; la cuarta según la cuenta que llevaba Hermione.
- Sí, lo sé… supongo que… reservaré el campo y llamaré al equipo en la semana – dijo Harry, percatándose que con todo lo que había pasado ese verano, no había pensado realmente en la responsabilidad de dirigir el equipo de Gryffindor.
Untó con generosidad una tostada y se la engulló de un bocado.
- ¿Cuál equipo? Quedamos pocos del año pasado – apuntó Ron. - Deberás seleccionar jugadores.
- Lo sé – dijo Harry, tragando con rapidez antes de responder.
- Recuerda que ahora no están Angelina ni Fred ni George. – El pelirrojo hizo una pausa para lamer una gota de mermelada que había caído en el dorso de su mano. –Y aunque Ginny cubrió tu puesto el año pasado, supongo que le gustaría volver a jugar como Cazadora.
Hermione carraspeó por lo bajo.
- Quizás deberías considerar el realizar una convocatoria abierta para elegir todo el equipo nuevamente – dijo con calma.
Harry la miró con consternación mientras que Ron lo hizo como si estuviera loca.
- ¿Para qué todo el equipo¡Yo aún estoy aquí¿Por qué necesitaría buscar otro Portero?
- Para que nadie diga que tienes ese puesto porque eres el mejor amigo del capitán – respondió la chica con un tono razonable.
Harry pensó que Hermione tenía un punto muy valioso allí. Máxime considerando que Ron no era un dechado de habilidades cuando tenía que jugar un partido real, dejando que sus nervios lo dominaran. Pero la sola idea de decirle a su mejor amigo que no podía jugar en el equipo le parecía simplemente algo irrealizable. Él no iba a hacer algo así. No podía.
- Pero yo obtuve el puesto antes de que mi mejor amigo fuera nombrado capitán – retrucó el pelirrojo algo molesto. – No veo la razón por la que nadie vaya a objetar mi lugar en el equipo.
"Él tiene razón en eso", pensó Harry, asiéndose a este argumento como a una tabla de salvación.
- En todos los años que llevamos aquí hemos visto cuatro capitanes asumir en distintos equipos. Y siempre han elegido nuevamente a todos sus jugadores al comenzar en el puesto – adujo Hermione, enderezándose en su sitio y preparándose para dar batalla. – Harry no debe arriesgarse a que la gente diga que tiene favoritismo. Mucho menos, a que lo digan las personas de su propia casa. Eso le quitaría credibilidad y liderazgo.
Una imagen de los jugadores de su equipo ignorando sus directivas porque no creían en su liderazgo apareció en la mente de Harry, encogiéndole el estómago. ¡Él no podía fracasar por falta de liderazgo!
- Harry no tendrá favoritismos – recalcó Ron, bajando con fuerza el tenedor sobre la mesa. – Angelina no seleccionó ningún Buscador nuevo cuando la nombraron capitán. Ni siquiera cuestionó la presencia de Harry en ese puesto.
El estómago del muchacho se relajó ante esta evidencia irrefutable. Era verdad. Nunca se probaron buscadores.
- Eso es porque no había nadie mejor que Harry para ese puesto – Hermione levantó la voz un poco más, atrayendo la atención de los alumnos que estaban cerca.
Ron se la quedó mirando con una expresión ofendida en el fondo de sus ojos azules. Harry la miró con espanto porque él supo, instintivamente, lo que su amigo estaba pensando.
- En otras palabras, yo no soy el mejor para el puesto de Portero y por ello sería preferible que venga cualquier otro a probar que es más adecuado. ¿Es eso lo que quieres decir?
Hermione lo miró atribulada ante la conclusión a la que había arribado.
- ¡Yo no dije eso!
- ¡Sí lo hiciste! – replicó Ron, totalmente ofendido. – Claro, supongo que debe ser muy difícil superar tus estándares cuando se trata de jugadores de Quidditch¿verdad? No todos podemos estar a la suprema altura de Vicky.
- ¿Qué tiene que ver Victor con todo esto? – Hermione lo miró furiosa. – Sólo estoy diciendo lo que creo que es mejor para Harry y el equipo. Pero evidentemente tú no puedes entenderlo porque eres tan inmaduro que no logras ver nada que esté más allá de esa puntiaguda y pecosa nariz tuya. Hazme un favor, Ronald. ¡Madura de una buena vez!
Dicho lo cual, se puso de pie, tomó su listado y salió con rapidez del salón, seguida por varios pares de ojos que se apresuraron a volver hacia donde Ron seguía sentado, con los puños apretados, junto a un Harry que suspiraba resignado.
Había esperado que la relativa calma que había imperado entre sus amigos las últimas semanas siguiera allí cuando regresaran a Hogwarts, pero evidentemente, sólo se trataba de una cuestión de tiempo para que las cosas explotaran. Realmente deseaba que llegaran a algún tipo de entendimiento en el transcurso del año. Odiaba ver a Hermione triste o herida. Y lidiar con el temperamento de Ron cuando habían discutido no era exactamente su pasatiempo favorito.
Un tenso silencio se instaló entre ambos muchachos, mientras Ron despedazaba dos bollitos calientes y Harry sorbía su jugo de calabaza.
- ¿Y bien? – preguntó de repente el pelirrojo, clavando sus ojos enojados en el chico sentado a su lado.
- Y bien ¿qué? – respondió Harry.
- ¿Vas a seleccionar todo un equipo nuevo como ella quiere?
Harry dejó el tenedor con que había estado jugando con la comida sobre la mesa.
- Supongo que deberé elegir prácticamente todo el equipo, así es que sí, estableceré un día para que todos los que quieran participar hagan una prueba.
Los ojos de Ron relucieron con un destello de dolor e incredulidad.
- Bien – dijo con sequedad, haciendo a un lado su plato bruscamente. – Como quieras. Para eso eres el capitán.
Ante la predecible reacción de su mejor amigo, un brillo divertido bailó en los ojos de Harry.
– Voy a probar también a Porteros porque creo que tengo que saber qué opciones hay, en caso de que tú no madures con suficiente rapidez y Hermione termine enviándote a la enfermería luego de una pelea.
La tensión abandonó de a poco los hombros de Ron, que meneó el cabeza, molesto.
- ¿Y quién dice que soy yo el inmaduro aquí¿Quién la nombró a ella la madura? – estiró las largas piernas bajo la mesa, fastidiado. – ¿Quieres saber qué he hecho para tener que soportar sus estallidos ante cualquier cosa¿Quieres saberlo¡Nada¡Yo no he hecho nada!
Harry sonrió, divertido. Ron no podría ser más ciego ni siquiera queriendo.
- ¿Por casualidad no se te ha ocurrido que tal vez ese es el problema?
El pelirrojo suspiró, derrotado.
- Te diré cuál es el problema. El problema es que Hermione es una chica y las chicas son exageradamente complicadas. La mitad del tiempo no sé si está ladrándome porque hablo o porque me callo. Digo algo que es absolutamente inofensivo y responde como si hubiera insultado a su madre. Entonces elijo quedarme callado y reacciona como si fuera un insulto a ella. Mujeres – murmuró. - ¿Es que acaso no pueden ser más sencillas?
Los ojos verdes de Harry se fijaron en Ginny, que en la otra punta de la mesa reía de una broma de Dean Thomas. El estómago se le encogió una vez más, pero esta vez de manera distinta. De esa curiosa, graciosa pero agónica manera que lo hacía sacudir la cabeza y morderse la lengua.
Recordó que en el transcurso del verano Ginny había aceptado recibir una amonestación oficial para ayudarlo a descubrir su árbol genealógico, lo había amenazado con lanzarle un maleficio si seguía siendo desagradecido, había trabajado en un castigo que no debió recibir y lo había abrazado en silencio en la noche más angustiante de su vida. Pero apenas vio a Dean casi no le había vuelto a hablar.
- No, parece que no – respondió.
Luego de un momento, tomó sus cosas y se puso de pie.
- Vamos. Llevémosle nuestros listados a la profesora McGonagall y averigüemos dónde será nuestra primera clase.
- ¿Qué nos toca? – preguntó Ron, metiéndose dos tostada en la boca con prisa.
- Defensa contra las Artes Oscuras sin magia – respondió Harry.
- ¡Genial¿Evelyn te dijo qué iba a darnos en su primera clase? – quiso saber Ron, caminando a su lado.
- Sí – Harry sonrió al recordar su conversación con Evelyn la noche anterior. – Créeme, esta clase será mortal.
