Capítulo Cinco

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Oficina del Director

Dumbledore juntó los dedos unos contra otros a la altura de su rostro, pensativo. Le molestaba profundamente no ser capaz de arribar a la solución del enigma que lo había desvelado por años.

- Repasemos esto una vez más – dijo Mathew, cuyo ceño estaba fruncido en su característico gesto de concentración –. Harry sobrevivió al ataque cuando era bebé por una combinación de los distintos escudos que se fueron erigiendo a su alrededor desde que nació.

El director de la escuela bajó sus manos y permaneció con la vista fija en uno de los relucientes objetos que poblaban su oficina.

- Es la única explicación que hay, sí – acordó.

- Por otro lado, Voldemort perdió su cuerpo cuando el hechizo rebotó en él, pero su espíritu subsistió – continuó Mathew.

Una vez más, Dumbledore asintió.

- Eso quiere decir que de alguna manera se las arregló para que su espíritu no estuviera ligado a su cuerpo, sino a algo fuera de él – opinó Evelyn.

- No hay muchas formas de ligar el espíritu de una persona a algo o a alguien – dijo Mathew.

- Pero aún así no podemos investigarlas todas – adujo Minerva McGonagall –. Llevaría mucho tiempo y, mientras investigamos, el Innombrable podría llegar hasta Potter y cumplir la profecía de la manera en que ninguno de nosotros desea.

- Esa profecía no va a cumplirse – afirmó Evelyn, categórica.

- No podemos estar seguros de eso – intentó razonar la vieja profesora –. Sé que ustedes dos han desbaratado varias profecías en su tiempo, en este caso…

- No será diferente – la interrumpió la bruja, clavando sus ojos color dorado en la otra mujer.

Shacklebolt contempló a la pareja de magos con los que había compartido innumerables batallas hacía años, cuando los tres trabajaban en la brigada de aurores del Ministerio. Sentía un enorme respeto por las habilidades de ambos, pero había algo que lo inquietaba tremendamente desde que parecieron resucitar.

Nunca en su vida había sentido que las cosas estaban al mismo tiempo tan bien y tan mal, como cuando los vio cruzar el hall de entrada de la Central de Aurores y se dirigieron a la oficina del jefe, emanando una extraña estática de furia y poder.

La misma que seguían emanando ahora.

Como si finalmente estuvieran furiosos por lo que la vida les había deparado, y alguien fuera a tener que recibir la andanada de maldiciones que toda esa furia estaba provocando.

Él no tenía la menor gana de ser ese alguien.

- Tal vez la mejor opción sería pedirle a Potter que coloque en el pensadero sus recuerdos de lo ocurrido en el cementerio, cuando El Innombrable regresó, así todos podríamos verlo en lugar de atenernos a lo que relató – sugirió en ese instante Ojo-Loco Moody.

- No – respondieron Mathew y Evelyn a la vez.

El ex auror tuvo el repentino impulso de dar un paso atrás al sentir el nivel de hielo que revistió la respuesta. Sin embargo, no había construido su reputación dejándose intimidar, sin importar a quien se estuviera enfrentando, por lo que se limitó a mirarlos con decisión.

– Si pudiéramos ver exactamente cuál fue el hechizo utilizado para devolverlo a su forma humana y escucháramos cuáles fueron las cosas que dijo, podríamos deducir qué fue lo que usó para conservar su espíritu fuera de su cuerpo – insistió.

Evelyn estaba sentada en una silla, contra la pared, haciendo girar una estaca entre sus dedos. Mathew se hallaba apoyado contra el marco de la ventana, a su lado, con los brazos cruzados y las piernas estiradas. Ella no dejó de hacer girar el afilado trozo de madera y él no se movió cuando le respondió.

- Absolutamente nadie va a pedirle a Harry que venga aquí y vierta en un pensadero ese recuerdo – la amenaza latente en la voz del mago era más que evidente.

- Sin embargo, podría ser de ayuda – adujo Dumbledore con voz calmada.

Evelyn dejó de mover la estaca y miró a su viejo maestro.

- ¿Sabe lo que habría sido de ayuda, profesor? Que como director de este colegio no permitiera que Harry participara del Torneo de los Tres Magos – la frialdad que destilaban sus palabras hizo que todos casi no se atrevieran a respirar –. Habría sido de tremenda ayuda que usted hubiera evitado que Harry tuviera que enfrentarse a un Colacuernos Húngaro, sumergirse en ese maldito lago por una hora y terminar combatiendo por su vida contra ese lunático, por no mencionar que tuviera que arrastrar el cadáver de uno de sus compañeros. Eso habría sido de ayuda.

El hombre acusó el reproche de la bruja con un oscurecimiento de sus ojos cansados y bajó la vista.

Sabía que nada de lo que pudiera aducir haría que esa pareja llegara siquiera a considerar excusable lo que pasó hacía apenas un par de años atrás. Al fin y al cabo, fue su hijo el que había tenido que enfrentarse a todos esos peligros. Y había tenido que hacerlo solo.

- Ni que el muchacho fuera su hijo – murmuró Ojo-Loco entre dientes.

Mathew lo miró torcido pero no respondió.

- Creo que sería mejor si volviéramos al tema de esta reunión – dijo la profesora McGonagall, tratando de regresar la conversación a su cauce.

- Es verdad – intervino Kingsley Shacklebolt, sacudiéndose la sensación de peligro que Evelyn pareció esparcir cuando habló –. Reduzcamos las opciones.

Evelyn volvió a jugar con la estaca y Mathew pareció perder la tensión que lo invadió cuando se mencionó el Torneo de los Tres Magos y la participación de Harry en él.

- A mi entender, y considerando lo que Harry contó, podríamos reducir las opciones a dos – dijo finalmente Dumbledore. Respaldándose, miró a las cinco personas que estaban en ese cuarto con él –. Una es que haya ligado su alma a la de alguien más, con lo que si esa persona estaba viva, su alma hubiera podido permanecer hasta que su cuerpo fue restaurado.

Evelyn torció la boca en un gesto de descreimiento.

- Ese tipo de unión implica, necesariamente, que la otra persona sabría demasiadas cosas de él – dijo pensativa -. Y es de Voldemort de quien estamos hablando aquí. Él no comparte.

- Coincido con Evelyn – Mathew descruzó los brazos y apoyó las manos en el marco de piedra, a los lados -. No me parece posible que fuera a depositar semejante cantidad de poder en otra persona.

- Pero una vez lo intentó – señaló Moody mirando a la Cazadora –. Con tu madre.

La bruja meneó la cabeza lentamente.

- No estoy segura de eso – dijo -. La única prueba que tenemos de que intentó conjurar un bargaine con mi madre es la palabra de Hugh Leighton.

- Considerando que él estaba directamente implicado en el asunto, bien podemos creerle – dijo Moody.

- Y considerando que cuando lo dijo intentaba que mi madre no lo delatara como mortífago, bien podemos no hacerlo – replicó la bruja con acidez, como cada vez que su padre salía a colación en una conversación.

- El punto de Evelyn es válido – intervino Dumbledore -. Tiene más sentido con la forma de ser de Tom el dejar que alguien pactara un bargaine con Eden Brigth y luego la obligara a tener un bebé con él, antes que permitirle a nadie tener tanto poder sobre él como el que obtendría si ligara su alma a la de otra persona.

- Pero no podemos descartarlo tan rápidamente – adujo Shacklebolt.

- Bien, no lo descartemos – dijo Mathew -. ¿Se les ocurre alguien que le inspirara la confianza suficiente como para conjurar un bargaine y otorgarle la posibilidad de dominar su libre albedrío?

Todos se miraron unos a los otros, dubitativos. Moody se encogió de hombros, Shacklebolt apretó los labios y Dumbledore no se movió.

- No – respondió Minerva McGonagall – Pero… yo no lo conozco tan bien.

- Yo lo conozco bastante bien – dijo Evelyn – Y no podría nombrarte una sola persona en la cual ese enfermo confíe.

- En ese caso, deberíamos pensar en la segunda opción – adujo Dumbledore.

- Si yo fuera él, la habría elegido – asintió Mathew.

- Un horcrux – dijo Moody, masajeando el muñón de su rodilla de manera automática -. Sin duda una opción riesgosa, pero eficiente.

Los cuatro magos y las dos brujas hicieron silencio, pensando cada uno por su lado las implicancias de esa opción.

- Si es el caso, entonces tenemos que enfrentarnos con el pequeño problema de saber cuántos horcruxes creó – comentó Dumbledore.

- ¿A qué te refieres, Albus? Un horcrux ya es bastante complicado – dijo la profesora McGonagall, sentada en la punta de la silla, como solía hacer cuando estaba nerviosa. – Estamos hablando de colocar una parte de tu alma en un objeto, para lo cual no sólo necesitas un objeto, sino asesinar a su propietario para poder crearlo.

- Lamentablemente, cometer un asesinato no representa un problema para Tom – dijo Dumbledore.

- Sí, bueno… pero hay una brecha entre que no le cueste quitar la vida a otros y que seccione su alma en más de una parte – hizo notar la profesora de Transformaciones.

- Es verdad – intervino Evelyn -. Sin embargo, él sabría que un solo horcrux no iba a alcanzarle para cumplir con lo que quería lograr.

Mathew tamborileó sobre la piedra, frunciendo una vez más el ceño.

- Si sólo conjuraba uno, alguien podría destruirlo y su sueño de vida eterna se evaporaría. Si optó por los horcruxes, y dados sus gustos me inclino a pensar que sí, entonces debió particionar su alma más de una vez.

Dumbledore asintió con lentitud.

- Debemos averiguar si esta es la respuesta. Y si es así, cuántos horcruxes conjuró.

- ¿Dónde empezamos? – preguntó Moody.

- Supongo que con la persona que parece haberse transformado en su sirviente más devoto – dijo Dumbledore.

Sus ojos azules, viejos y cansados, se posaron en la pareja que se hallaba del otro lado del cuarto.

- Pettigrew – dijo Alastor Moody, asintiendo.

Un brillo extraño destelló en las pupilas verdes de Mathew cuando sus ojos se encontraron con los de su viejo maestro.

- Vamos por esa rata – murmuró.

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Campo de Quidditch

Las escobas volaban a toda velocidad por el campo de juego mientras sus dueños intentaban ejecutar la jugada que Harry había planteado.

Eran casi las siete de la tarde y Hermione dejó escapar un suspiro de cansancio, intentando encontrar una postura más cómoda en las gradas. Odiaba el constante estado de agotamiento en el que se encontraba desde que comenzó el período escolar. Era como haber regresado a tercer año, cuando agregaba horas a sus días para cumplir con aquel horario insano. Sólo que esta vez no estaba usando un giratiempo y se sentía el doble de cansada.

Le dolían todos los músculos por la clase que Evelyn dio esa mañana y lo único que se le antojaba era un baño caliente. Pero era miércoles, uno de los tres días de la semana en que, junto a Harry, Ginny y Ron, aprendía técnicas de defensa personal con Mathew y Evelyn.

Sabía que su falta de energía era una secuela del maleficio que recibió en el Ministerio, pero estaba harta de su desgano; de que sus libros le pesaran más que nunca; de dormirse en el salón común cuando se suponía que debía estar investigando o estudiando. El lunes anterior se durmió por apenas quince segundos mientras terminaba su ensayo de Transformaciones y desde entonces, Harry y Ron no la habían dejado en paz con sus bromas.

Por supuesto, podría estar en ese momento descansando en el salón común, pero había quedado con sus dos amigos en ir a ver a Hagrid, que había recibido un encargo de Dumbledore y estaba por partir de viaje. Así que allí estaba, esperando que la práctica terminara y tratando de bloquear los comentarios y risas tontas de Parvati y Lavender, que se hallaban sentadas justo detrás de ella.

Siguió con la vista el vuelo rasante de Harry cuando pasó cerca suyo gritándole a Steve Gertz, uno de los nuevos cazadores, que vigilara su lugar. A unos cuantos metros podía ver a Ginny, que ese día no parecía demasiado concentrada en su tarea, y a Ron, que en ese momento atajaba una pelota con un giro complicado de su escoba para regresar a su posición con rapidez. La bruja se preguntó cómo era posible que esos tres tuvieran ganas de jugar Quidditch si estaban sometidos al mismo horario y actividades que ella.

Más aún, no entendía cómo era que iban a aguantar la práctica de esa noche, que seguramente sería tan dura como todas las anteriores.

Mathew y Evelyn habían cumplido la promesa que le habían hecho a Harry en septiembre. Se estaban asegurando de que ninguno de ellos dependiera únicamente de su varita para sobrevivir. Si no estuviera tan agotada habría sonreído satisfecha por los avances que habían realizado desde su primera noche de entrenamiento.

Con el correr de los días habían descubierto que Harry era sumamente hábil con las espadas, Ginny y ella eran bastante buenas en defensa personal y Ron había resultado ser excelente a la hora de apuntar y disparar.

Ginny lanzó con fuerza una pelota a uno de los aros y Ron la atrapó cuando casi lo había cruzado, provocando un gruñido de enfado por parte de la pelirroja.

- ¡Ginny, se suponía que debías lanzármela a mí! – gritó Allie Hudson, la otra cazadora del equipo.

- Tenía un tiro despejado – replicó la chica, suspendida en el aire.

- ¡Sí, claro! Tan despejado que Ron lo atrapó – retrucó la jugadora con enfado.

- El que él lo atrapara no significa que no fuera una oportunidad de anotación clara para mí.

- Lo único claro es que no entendiste cuál era la jugada cuando Harry la explicó.

Harry se acercó aceleradamente hasta donde las dos brujas que se gritaban a veinte metros de altura.

- Lo que Harry explicó era solamente una idea. Eso no implica que no podamos tener iniciativa en el juego.

- Ginny, Allie… - Ron intentó calmar los ánimos pero ninguna de las dos le prestó atención.

- ¿Iniciativa? No has prestado atención a ningún movimiento en toda la tarde, te lanzas a hacer algo sólo para lucirte y ahora le llamas iniciativa – señaló Allie, cada vez más enfadada.

- ¿Y qué sabes tú de prestar atención? Lo único a lo que has prestado atención últimamente es a cómo lograr que Ron se percate de lo ajustado de tu uniforme.

Ron se puso escarlata, Allie abrió la boca como si fuera un pez fuera del agua y Hermione apretó en su regazo su planificador de estudios. Ginny miró colérica a su compañera de equipo mientras que Harry se quedaba sin saber qué decir ante semejante situación.

Allie finalmente reaccionó y giró su escoba hacia Harry.

- Yo no jugaré en este equipo con una idiota que no sabe la diferencia entre entablar charlas para tratar de lograr que el equipo funcione como una unidad y ser una bruja fácil. No vine aquí a ser insultada.

Harry abrió los ojos, asombrado, y pasó la mirada de una a otra.

- No te molestes, Harry. Yo no jugaré con alguien que no soporta no ser la que lanza el tiro ganador.

Y con esto, Ginny se alejó del equipo hacia los vestidores.

- ¡Ginny, espera! – gritó Harry.

- Habla con ella, Harry. O se comporta o yo renuncio – afirmó Allie, lanzándose hacia el lado opuesto de la cancha.

- ¡Vamos, Allie! – Harry detuvo su intención de ir detrás de Ginny para tratar de detener a su otra cazadora -. ¡Chicas!

Ninguna de las dos regresó y Harry miró a los cuatro jugadores restantes de su equipo, que lo miraban asombrados.

- ¿Qué demonios ocurrió aquí? – preguntó uno de los bateadores.

- Que me cuelguen si lo sé – respondió Ron, rascándose la nuca.

- Tendrás que hablar con ellas, Harry – dijo el tercer cazador.

- ¿Yo?

- Bueno… eres el capitán, ¿no? – respondió el chico.

Suspirando, Harry regresó la vista hacia donde Ginny había desaparecido unos momentos antes.

- Sí… Yo… intentaré hablar con ellas y les avisaré cuándo será la próxima práctica, ¿está bien?

- Buena suerte – murmuró Ron, con lo que su mejor amigo le lanzó una mirada torva.

Hermione vio alejarse a los cinco chicos y suspiró. Desde la noche en que se enteró de que quizás tendría que bajar a la Cámara Secreta, Ginny había estado intratable.

- ¡Diablos! – se quejó Lavender detrás de ella, suspirando. – Justo el día que podíamos venir y ver toda la práctica.

- No entiendo por qué ellos se han ido también – comentó Padma, enfadada –. Es decir, si ellas querían largarse está bien, pero ellos podrían haber seguido con la práctica.

Frunciendo el ceño, Hermione se giró y las miró como si tuvieran colas de escorbuto saliéndoles de las orejas.

- ¿Qué? – preguntaron ambas chicas a la vez, levantando sus cejas en señal de ignorancia.

Poniendo los ojos en blanco, Hermione volvió a darles la espalda y guardó en su mochila el organizador de tareas que había estado completando un rato antes, por lo que no vio las sonrisas que intercambiaron las dos brujas detrás de ella.

- Hermione – Lavender se inclinó hacia delante -, ya que estamos aquí y no hay práctica que mirar, ¿podemos preguntarte algo?

La joven cerró los ojos y frunció toda la cara con fastidio. Justo lo que necesitaba. Le dolía cada músculo, estaba enfadada porque la noche anterior Ron llegó media hora tarde a su ronda por hablar con esa chica de Ravenclaw, Deloris algo, y ahora tendría que aguantar los profundos cuestionamientos existenciales de sus dos compañeras de cuarto.

- ¿Qué cosa? – preguntó sin mirarlas.

- Quién besa mejor, ¿Viktor o Ron?

Los libros de Hermione se desparramaron por las gradas cuando la mochila se le escapó de las manos.

- ¿¡Q-Q-Qué!?

Las dos chicas se sentaron, una a cada lado de ella, y la miraron con interés.

- Vamos, nos morimos por saber y no hay nadie más que pueda sacarnos de la duda. Es decir, ambas suponemos que Viktor debe ser tremendamente excitante…

- Al fin y al cabo, tiene esa mirada penetrante…

- Y ese cuerpo de ensueño…

- Y es un jugador mundialmente famoso…

- Pero nadie puede negar que Ron se volvió… - Lavender miró a Parvatil agitando una mano - ¿cuál es la palabra?

- Intenso – dijo Parvatil con precisión.

-Sí, eso, intenso – prosiguió Lavender -. O sea, ¿quién iba a decirlo? De repente bajó del tren este año y ser veía tan grande…

- Y seguro de sí mismo y…

- ¡Sexy! – suspiró Lavender, con una sonrisa que Hermione catalogó instantáneamente como idiota -. ¿Has vistos sus hombros? ¿Y su cabello? Y no lo había notado antes, pero sus ojos son fantásticos...

- Por no mencionar que tiene una boca fabulosa.

- Lisa dijo hace dos días en el baño que puede dejarte sin aliento con un beso.

Hermione sintió que algo le apretaba el estómago y cerró las manos en puños.

- ¿Lisa? ¿Qué Lisa? – preguntó con voz estrangulada.

- Lisa Roberts, quinto año de Huffleppuf – aclaró Lavender.

- Pero no confiamos mucho en ella porque es dada a exagerar las cosas.

- No es que no creamos que Ron no sea capaz de quitarte literalmente el oxígeno con un beso, si es que captas lo que quiero decir, sino que no estamos seguras de que la haya besado.

- La hemos pescado antes en una mentira de ese estilo.

- Así que pensamos en preguntarte a ti, ya que con seguridad tú nos dirás la verdad.

Un silencio que iba de espantado a interesado se instaló en la grada mientras las dos chicas miraban a Hermione, que se había quedado sin palabras. Curiosamente, su cerebro estaba procesando todo lo que acababa de escuchar al tiempo que únicamente parecía poder concentrarse en el detalle de que Ron había besado a la tal Lisa Roberts. Quinto año de Huffleppuf. Hasta dejarla sin aliento.

El ruido de la puerta de los vestidores cerrándose con fuerza la sacó de su estado de azoro y pasó la vista del inquisitivo rostro de Lavender al expectante de Parvatil. Tomando aire, miró al frente y apretó la mandíbula con enfado.

- No tengo ni la menor idea de por qué razón ustedes creen que yo puedo decirles cuál de los dos besa mejor – dijo con voz tan helada que habría congelado el campo de Quidditch en un abrir y cerrar de ojos.

Lamentablemente, las dos chicas ignoraron ese detalle.

- ¡Vamos, Herm! – Algo tembló en la sien de la bruja cuando escuchó ese estúpido apodo que detestaba -. Todos vimos cuán cercanos se volvieron tú y Viktor cuando estuvo aquí…

- Y todos sabemos que luego fuiste a visitarlo a Bulgaria…

- Fui a Bulgaria con mis padres – aclaró Hermione.

- ¿Y qué? Yo he ido a muchos lugares con mis padres y eso no ha evitado que lo pase bien – dijo Lavender encogiendo un hombro.

- Pues yo no anduve "pasándola bien" con Viktor.

- Espera, ¿estás diciéndonos que no se besaron?

Un intenso rubor cubrió las mejillas de Hermione.

- ¡O sea que sí se besaron! – exclamó Parvatil, triunfal.

- No nos besamos. Él me besó y fue apenas un roce de labios… - barboteó Hermione -. ¡No fue nada como "quitar literalmente la respiración", por todos los cielos!

Parvati y Lavender se miraron con idéntico escepticismo.

- Pero fuera de eso, Ron y yo jamás nos hemos besado – aclaró Hermione irritada por la charla.

Ahora las miradas de escepticismo se hicieron más sarcásticas.

- Hermione, nosotras habitamos la misma torre que ustedes dos – dijo Parvati.

- Compartimos las mismas clases y el mismo cuarto que tú.

- Ustedes se la han pasado juntos los últimos seis años.

- Descontando los meses que no te habló por lo de Scabbers, por supuesto.

- Van a clases juntos…

- Comen juntos…

- Pasan sus vacaciones juntos…

- Hacen sus rondas de prefectos juntos…

- ¿Y con eso qué? Harry estuvo en todas esas ocasiones con nosotros. ¿Acaso van a preguntarme también cómo besa Harry? – preguntó Hermione, cada vez más molesta.

- Harry no está en las rondas de prefectos – aclaró Lavender con expresión irónica.

- Además, hay una gran diferencia entre la manera en que te relacionas con Harry y la manera en que te relacionas con Ron – dijo Parvati con un gesto que descartaba la idea –. Para empezar, no discutes con él por cada insignificante cosa que dice o hace.

Hermione no supo bien qué responder a semejante planteamiento, principalmente porque era cierto.

- Esto es… ¡estúpido! – exclamó irritada -. Ron es uno de mis dos mejores amigos…

- ¿Y eso qué tiene que ver? – la interrumpió Lavender con sarcasmo –. Querida, todas esas discusiones tienen un nombre: tensión sexual.

- Aunque ahora que no discuten tanto es más que obvio que dejó de ser "no resuelta" – concluyó Parvati, encerrando las últimas dos palabras entre comillas con los dedos.

Hermione cerró los ojos y contó hasta diez.

- Diré esto sólo una vez y espero que jamás volvamos a tener esta charla nuevamente. Viktor y yo nunca fuimos mucho más que buenos amigos. Ron es uno de mis dos mejores amigos, nada más. Y aún si no lo fuera, jamás discutiría con nadie quién besa mejor que quién, como si no fuera más que una idiota que no tiene nada mejor que hacer que cotillear en los baños.

Con esto se puso de pie, metió los libros nuevamente en su mochila y comenzó a descender las gradas.

- ¿Y qué hay de los rumores sobre su cuerpo? – preguntó Lavender repentinamente.

Deteniéndose en seco, Hermione se giró para mirarla con fijeza.

- ¿De qué estás hablando?

- Deloris Philby dice que Ron tiene un cuerpo fantástico – aclaró Lavender, con un brillo burlesco en los ojos -. En sus palabras, Ron tiene justo el tipo de brazos entre los que cualquier bruja querría quedarse atrapada.

- ¡Oh, por favor! – exclamó tras un segundo de incredulidad, terminando de bajar gradas.

Hermione pensó en los brazos de Ron, con sus cicatrices ya casi curadas del todo pero aún así tan visibles que su dueño las mantenía cubiertas. En cómo sus músculos se estremecieron cuando ella rozó la piel lastimada en el verano, cuando él la ayudaba a empacar. En cuántas veces había contemplado las líneas y formas de sus antebrazos cuando se suponía que estaba estudiando. Y su irritación llegó a niveles que la hicieron querer gritar.

Colocándose la mochila en la espalda se dirigió con paso decidido hacia una de las salidas del campo de juego. Pero cuando casi había llegado a la puerta, escuchó que Harry la llamaba a la distancia. Apretando los labios, se detuvo y esperó a los dos muchachos que se acercaron corriendo.

- Pensé que íbamos a ir ha despedirnos de Hagrid – dijo Harry cuando llegó hasta ella.

- Yo… sólo iba a adelantarme – musitó, emprendiendo el conocido camino a la cabaña de Hagrid con la vista fija en el camino -. Está refrescando y no sabía cuánto iban a tardar, así que decidí esperarlos allá.

Ellos asintieron y por un largo trecho caminaron en silencio.

- ¿Creen que Hagrid regresará pronto? – preguntó Ron de repente.

- Sólo irá a dialogar con los gigantes – apuntó Harry.

- Por eso mi duda. Los gigantes no son exactamente una montón de chicos buenos que quieren que los dejen en paz.

- Estoy seguro de que todo saldrá bien – dijo Harry, intentando mostrar más convencimiento del que en realidad tenía - ¿Tú que dices, Hermione?

La chica se paró frente a la cabaña de Hagrid, por cuyas ventanas emergía la cálida luz de la estufa, y miró de reojo a Ron, sin poder evitar notar los hombros anchos y la forma de los brazos que se dibujaban bajo su túnica de Quidditch.

Un cuerpo de ensueño y brazos en los que daría lo que fuera por quedar atrapada.

- Que los rumores son ciertos – murmuró.

Los dos muchachos la miraron sin entender de lo que hablaba, pero ella aprovechó que Hagrid acababa de abrir la puerta para escurrirse dentro a toda velocidad y acercarse lo más posible a la estufa. Con un poco de suerte podría disimular el origen de su intenso rubor.