Capítulo Once
Londres
Consejo de Vigilantes
Buffy estrelló su puño sobre la lustrada madera de la mesa, haciendo saltar un cenicero que se encontraba cerca de ella.
- ¡Maldición, basta de conjeturas! ¡Tenemos que hacer algo! ¡Ahora!
La desesperación en su voz retumbó en el cuarto brillantemente iluminado, haciendo que todos los debates que resonaban en la habitación cesaran. Faith, que se encontraba sentada junto a Giles a la izquierda de Buffy, la miró levantando una ceja.
- Mal podemos hacer algo si no sabemos dónde la llevaron – señaló Giles, quitándose los anteojos y buscando su pañuelo para limpiarlos.
- Entonces tal vez deberíamos comenzar a movernos para averiguarlo, en lugar de seguir aquí discutiendo posibilidades – apuntó Buffy.
- ¿Y qué propones? No podemos ir casa por casa a lo largo de todo Londres, hasta dar con la guarida de ese loco – dijo Giles.
- Pero podemos preguntarle a ese mago que tienen prisionero dónde está la maldita guarida – Buffy desvió los ojos hacia Mathew y Evelyn.
La pareja de magos estaba del otro lado de la mesa. Mathew de pie, con los brazos cruzados, y Evelyn sentada, con las manos unidas frente a su rostro formando una pirámide.
- Ya lo hicimos. No hay nadie donde él nos indicó – afirmó Mathew.
- ¿Se te ocurrió que pudo mentirte?
- No puedes engañar a la Legeremancia – respondió el mago, negando con la cabeza -. Lo que creo es que Voldemort se mudó apenas atrapamos a Pettigrew.
- Me importa un bledo la confiabilidad que le tengas a la Legeremancia. Dame cinco minutos con él y obtendré una respuesta.
- Buffy, si pensara que golpeándolo conseguiríamos algo diferente a lo que dijo, te puedo asegurar que yo ya habría invertido más de cinco minutos en la tarea – replicó Mathew.
La joven cazadora miró al mago, impotente, sintiendo que todo era más sencillo cuando podía solucionar las cosas con un buen par de patadas.
- No entiendo por qué se llevaron a Dawnie – dijo Willow, que estaba sentada frente a Faith. No se había quitado el abrigo y sus ojos y nariz estaban rojos por el llanto. – Ella ya no es una llave mística. No les sirve para abrir ningún portal demoníaco. Tan sólo… Dawnie.
Xander, que se paseaba como un gato enjaulado entre la mesa y las ventanas, se acercó a su amiga.
- No fue tu culpa, Will – le aseguró, apoyando una de sus manos en el hombro femenino.
Evelyn miró a Willow. Grandes círculos negros rodeaban los ojos de la bruja cazadora, pero ese era el único signo de cansancio que podía verse en ella.
- Dawn es la hermana de Buffy. Es mucho más valiosa por eso que por ser una llave mística – afirmó. – Voldemort siempre golpea donde más duele. En este momento, las cazadoras son una amenaza y una potencia. Por lo tanto, la cabeza de las cazadoras es alguien a quien necesita neutralizar para poder debilitarlas.
- Pero en ese caso, ¿no debería golpearte a ti? – preguntó Xander –. Al fin y al cabo, eres la mayor de todas y, de seguro, la más poderosa.
- Pero no soy su líder – respondió Evelyn. – No soy quien las nuclea.
- Y con aclarar todo esto no conseguimos nada – les espetó Buffy, plantando ambas manos sobre la mesa. Desde la punta opuesta de donde Evelyn estaba, atravesó a la bruja con la vista. – Dijiste que él creó contigo un lazo cuando eras niña. Ese lazo podría llevarnos a él.
- El lazo perdió la mayor parte de su poder cuando conjuré uno mucho más fuerte con Mathew.
- Entonces iremos por Harry Potter y él nos llevará hasta Voldemort.
Los ojos color oro de Evelyn se detuvieron en la resuelta mirada de Buffy. Y por un segundo, lo único que se escuchó en el cuarto fueron las bocinas de los automóviles que circulaban dos pisos más abajo. Con lentitud, Evelyn bajó las manos y las mantuvo entrelazadas por los dedos, suspendidas sobre su regazo.
- No – dijo con firmeza.
- Sí – aseveró Buffy -. Él también está unido a ese hijo de puta, así que iremos a buscarlo…
- Buffy, no estás entendiendo. Harry no se involucrará en esto. Encontraremos a tu hermana, pero esto es tarea de adultos y quedará entre adultos.
La más joven de las dos mujeres se irguió, desafiante.
- Pues yo he hecho esta tarea desde que era más joven que él. ¿Dónde estaban los adultos entonces?
- No lo sé. Pero te guste o no, nadie le pedirá a Harry que use su conexión con Voldemort – había una advertencia latente en las palabras de Evelyn y a nadie le pasó desapercibida.
La tensión entre las dos cazadoras pareció volverse algo tangible para todos, hasta que Mathew rompió el silencio.
- Creo que la mejor opción es dirigirnos a los lugares que sabemos que Voldemort alguna vez utilizó.
Relajándose levemente, Evelyn tomó aire y asintió.
- Es una buena idea… pero son demasiados sitios.
- Elijamos entonces los más probables y antiguos… los que usó hace tanto tiempo que ahora nadie toma en cuenta – señaló Mathew.
- Yo comenzaría al revés, exactamente por las razones que ahora los estamos descartando – apuntó Giles, volviendo a colocarse los anteojos -. ¿Cuál fue su último cuartel?
Mathew no miró a Evelyn, pero sintió cómo su esposa se congelaba en el lugar en donde estaba.
- La Mansión de los Malfoy en Escocia – dijo la bruja, cuyo rostro y voz estaban vacíos de expresión.
- Bien, vamos entonces – dijo Buffy, enderezándose.
Evelyn asintió con lentitud, pero le fue imposible ponerse de pie. La sola idea de regresar a Malfoy Manors hacía que se le paralizaran los músculos.
- ¿La casa tendrá barreras? – preguntó Giles.
- Montones – afirmó Mathew, atrayendo hacia él la atención de los presentes.
- ¿Puedes derribarlas? – quiso saber Faith, que ante la perspectiva de una pelea se había erguido.
- No lo sé. La única vez que estuve allí me estaban esperando. Estoy seguro de que la mayor parte de las barreras de eliminaron para dejarme entrar – admitió el mago -. Pero ese no es nuestro mayor problema.
- ¿Y cuál es? – preguntó Buffy.
- En nuestro mundo, si el dinero no es problema, el tamaño que la magia proporciona a una casa es ilimitado. Los Malfoy son una familia muy antigua y esta casa es tan antigua como ellos. Si nos internamos allí sin conocer su distribución, ni el lugar donde buscar a Dawn, podríamos perdernos y estaríamos en desventaja.
Giles se cruzó de brazos y frunció el ceño.
- En ese caso, necesitamos de alguien que conozca el sitio – opinó.
Todos miraron a la pareja de magos. Evelyn negó con la cabeza al no ocurrírsele nadie a quien recurrir, pero entonces levantó una mano.
- Creo que sé quién podría ayudarnos en esto.
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Algún lugar de Glasgow
Angel sabía que si su corazón pudiera latir, estaría bombeando como loco. Conocía a Voldemort. Años antes sabía qué podía esperar de él, pero algo le decía que ahora podía esperar cosas peores.
- Bellatrix, déjanos solos – dijo Voldemort.
La mirada de enfebrecida locura de Bellatrix Lestrage se clavó en su jefe, pero sus labios permanecieron firmemente apretados cuando asintió, en silencio, y se retiró del cuarto.
- Siéntate, por favor – le pidió el mago a Angel con excesiva amabilidad.
- No creo que sea momento para sentarse – replicó el vampiro con expresión enfadada -. Y deja ya de apuntarme con esa cosa.
Con disimulo apoyó el brazo en el estante de madera, haciendo repiquetear sus dedos sobre la superficie. Mantuvo una postura de estudiado enfado mientras pensaba. Debía encontrar un modo de salir de allí y debía hacerlo rápido
- Supongo que vas a decirme que estás sorprendido de que Spike no sea lo que parecía – dijo el mago, sin bajar su varita.
- A mí pocas cosas me sorprenden – respondió Angel despectivo -. Pero lo que definitivamente me enfada es descubrir, una vez más, que los Socios Mayoritarios me envían a alguien como Spike – agregó -. Sabía que algo no estaba bien cuando me fue imposible deshacerme de él.
- No parece que hayas tenido muchos problemas para deshacerte de él hace un momento – señaló Voldemort con frialdad.
- La última vez que chequeé, cuando intentaba alejarlo de mí regresaba… Según me explicaron era algo relacionado con la magia de un medallón donde quedó atrapado – aclaró Angel con tono irritado. En un movimiento tan rápido que fue imposible detectarlo, tomó el brazalete de detrás de la estatuilla y luego se sentó en el sillón de brocado rojo –. Y pensar que lo estuve aguantando durante todo este tiempo, creyendo que no podía hacer que se largara…
Bajando su varita, Voldemort permaneció un largo momento mirándolo con suspicacia. Por supuesto que los miembros de la Espina Negra le habían hablado acerca del medallón que se le envió a Angel con la intención de que éste lo usara, pero terminó en manos de Spike.
Todas sus referencias indicaban que Angel era quien decía ser: había renunciado a la profecía Sanshu, había hecho todo lo que los Socios Mayoritarios habían esperado que hiciera, incluso había aumentado la clientela. Sin embargo, había algo que lo impelía a mantenerlo lejos. No lo quería allí, cerca, husmeando. No importaba si era miembro de La Espina Negra o dirigía la sucursal más importante de Wolfram and Hart. No confiaba en él.
Volviendo al sillón frente a Angel, se sentó con parsimonia, colocando la varita sobre el apoyabrazos.
- Con sinceridad, no me importan tus problemas domésticos o tu ineptitud. Si no eres capaz de saber exactamente lo que pasa en tu propio negocio, no veo que puedas resultarme muy útil.
- No estoy aquí para resultarte útil, Voldemort. Estoy aquí porque tú tienes una cuenta con nosotros y yo represento los intereses de Wolfram and Hart en este momento.
- Mi contrato con Wolfram and Hart no va a romperse sólo porque tú estés dirigiendo una de sus sucursales – replicó Voldemort con voz helada –. Pero de seguro peligra si traes a un espía a mi cuartel general.
Dividido entre la tarea que él mismo había decidido emprender contra el círculo de La Espina Negra y la deuda que pesaba sobre su conciencia para con Evelyn Bright, la mente de Angel corría a toda velocidad. El tiempo se le acababa y no sólo con Voldemort.
- ¿Por qué no te quejas entonces con los Socios Mayoritarios? Fueron ellos los que me enviaron ese medallón, me ataron a Spike y luego no se molestaron en avisarme que podía deshacerme de él –. Como si eso le hubiera dado una idea, se puso de pie –. De hecho, esos bastardos deberán darme algunas respuestas ahora mismo.
- ¿Te refieres al mismo tipo de respuesta que te dieron cuando los servicios de tu hijo fueron requeridos?
Angel se congeló en la puerta, con la mano en el picaporte.
- ¿Qué tiene que ver mi hijo con lo que acaba de pasar? - preguntó, clavando su mirada dura en el mago sentado a pocos pasos.
- Todo… Nada… Sólo era una pregunta – Voldemort hizo girar la varita de manera ausente entre sus dedos -. Al fin y al cabo, no estoy muy seguro de cuán confiable resulta Wolfram and Hart si tú, que se supone que diriges una de sus sucursales más importantes, no puedes asegurar qué ocurre en el lugar que tienes a cargo.
Algo helado atravesó al vampiro de la cabeza a los pies y, por primera vez, esa guerra y ese mago se transformaron en algo totalmente personal y cercano.
- Si no quieres trabajar con nosotros, dímelo. Pero mantente alejado de mi hijo.
- Vamos, vamos… sólo estaba dejando constancia de una duda totalmente lógica de mi parte, considerando lo que acaba de suceder.
- Como dije, si no confías en los Socios Mayoritarios o en mi capacidad para manejar tus asuntos, basta con que me lo digas y te busques alguien más para que se haga cargo – dio un paso adelante y lo señaló con el dedo – Pero si tan siquiera llego a ver a alguno de tus esbirros cerca de mi hijo, sabrás por qué motivo Wolfram and Hart me rogó que dirigiera su sucursal más notoria.
- Creí que dijiste que tu alma era una fase pasada.
- Llámame si me necesitas – respondió Angel, ignorando deliberadamente el comentario del mago.
Si agregar nada más, salió del cuarto.
Voldemort volvió a tomar el vaso que había dejado cuando Dawn y Bellatrix entraron. La habitación se sumió en un silencio pesado, sólo interrumpido por el tintineo de los cubos casi deshechos en el vaso de whiskey.
Los ojos color sangre de Voldemort se posaron en el estante en donde, hasta hacía unos pocos minutos, se encontraba el brazalete de oro que Evelyn había llevado en su muñeca por años. Una sonrisa horrible deformó las facciones del mago al notar que ya no estaba.
