Capítulo Quince

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Corredor del tercer piso

Harry y Ginny regresaron en silencio a la torre Gryffindor, recorriendo los corredores en penumbras casi sin percatarse del camino que estaban siguiendo. Debatiéndose entre el agotamiento por haber combatido sus demonios y la excitación de haber descubierto sus sentimientos, se contentaban con la increíble sensación de bienestar que el simple caminar con sus manos entrelazadas les provocaba.

- ¿Crees que Ron esté esperándonos? – preguntó Ginny en voz baja, con la vista clavada en las desgastadas baldosas del suelo.

- Sí – respondió Harry. – Puede que yo sea su mejor amigo, pero tú sigues siendo su hermana.

Tres cuartos de corredor después ella se mordió el labio inferior.

- ¿Y vas a contarle lo que ha pasado? – inquirió la joven, con algo de inseguridad.

Una cosa era lo que sucedió en la Cámara, cuando nadie los veía. O ir caminando de la mano por pasillos desiertos, con los retratos como únicos testigos. Y otra distinta era que Harry le dijera a su temperamental y sobre protector hermano que había tenido un acercamiento del tercer tipo con su hermana menor.

- Ron me conoce lo suficiente como para darse cuenta, aún si no se lo cuento. Pero sí, me gustaría decirle – la miró con el ceño fruncido - ¿Por qué? ¿Prefieres que no lo haga? ¿Crees que es mejor que nadie sepa?

- ¡No! – exclamó ella, apretándole la mano. – A menos que tú no quieras… es decir… no sé… ¿qué nadie sepa qué?

Harry disminuyó el paso, nervioso.

- Bueno… que estamos juntos… - la miró, indeciso. – Digo… ¿estamos juntos, no?, – preguntó levantando sus manos para completar las partes faltantes a su pregunta.

Sintiendo que las dudas que acababan de aparecer en ella se desvanecían con la misma velocidad conque surgieron, Ginny sonrió.

- Sí – murmuró.

El adolescente dejó escapar el aire que había estado reteniendo y retomó el camino.

- Entonces se lo diré a Ron y Hermione. No sería sencillo esconderles algo así, ¿no? Aunque con sinceridad, no sé si es buena idea que todos lo sepan – admitió, apresurándose a agregar al percibir el ceño fruncido de la joven: – No me malinterpretes. No es que no quiera es por… seguridad.

- ¿Seguridad?

- No podemos olvidarnos de que está Voldermort y yo soy…

- Harry Potter – Ginny terminó la frase que él dejó en el aire, pensando que quizás estaba sonando presuntuoso.

- Sí – murmuró Harry, mirando sus pasos.

Subieron un tramo más de escaleras, perdidos en sus pensamientos.

- No me importa si el resto lo imagina, lo adivina o lo ignora – afirmó finalmente Ginny. – Pero ocultárselo a mi familia, Hermione y los Whitherspoon me parece...

- ¿Inútil?

- Y exagerado.

Harry giró su rostro para mirar los ojos aún algo enrojecidos de Ginny y apretó su mano en un gesto de apoyo.

- Tu familia, Hermione, Mathew y Evelyn. Si está bien para ti, está bien para mí.

La sonrisa de Ginny brilló con la luz de una de las antorchas, logrando que el muchacho se relajara durante los dos segundos que tardó en darse cuenta que, probablemente, iba a tener que hablar con Ron apenas cruzara la pintura de la dama gorda.

Llegaron hasta el retrato que ocultaba la entrada a la casa Gryffindor, y la dama de rosa miró con una ceja levantada sus manos unidas y las dos escobas que cargaba el muchacho.

- Es bastante tarde para una práctica de Quidditch – comentó.

Harry ignoró su insinuación.

- Refulgente – dijo lanzándole una mirada cansada.

La mujer comentó algo por lo bajo que ninguno de los dos adolescentes se preocupó en escuchar, abriendo el portal para que pudieran pasar.

El Salón Común estaba en penumbras, apenas iluminado por la luz del fuego que ardía en la chimenea. A esa hora por lo regular todos se habían ido a la cama, pero la pareja de adolescentes no se sorprendió al ver a Ron sentado en uno de los viejos sofás. Junto a él, con la cabeza apoyada en un almohadón junto a las piernas del muchacho, Hermione dormía cubierta con la capa de lana de Ron.

Los ojos cobalto del portero del equipo de Gryffindor se posaron en las manos unidas de Harry y Ginny, pero no dijo nada. Harry miró a la joven a su lado, que entendió lo que le estaba pidiendo sin necesidad de mayores palabras.

Elevándose para besarlo en la mejilla, le sonrió y luego se alejó hacia la escalera que conducía hacia el dormitorio de las chicas.

- Buenas noches, Ron – dijo en voz baja, deteniéndose brevemente para apretar el hombro de su hermano y lanzarse una mirada de advertencia.

- Que descanses – respondió el muchacho.

Harry esperó a que los pasos de Ginny se desvanecieran en la distancia y se acercó a su mejor amigo, sentándose en un sillón contiguo y dejando las dos escobas en el suelo, a su lado.

Ron no se movió. Permaneció con las piernas extendidas sobre la mesa frente a él y una mano apoyada entre la cabeza de Hermione y el respaldo del sillón, jugando de manera casi ausente con uno de los alborotados rizos del cabello de la bruja.

Ambos se quedaron allí por un rato, mirando el fuego en silencio, esperando a que el otro dijera algo.

- ¿Te das cuenta de que si lastimas a mi hermana tendré que partirte la cara, verdad? – preguntó finalmente el pelirrojo adolescente, mirando a su mejor amigo con tranquilidad.

Harry asintió con lentitud, mientras clavaba los ojos en la mano de Ron, embutida en el cabello de Hermione.

- ¿Te das cuenta de que Hermione es como una hermana para mí?

Los ojos de Ron bajaron hacia la figura dormida a su lado y se detuvieron en sus dedos, enredados en los mechones castaños.

- Yo no soy el que va por los corredores caminando de su mano.

- ¿Y qué estás esperando? – preguntó Harry, levantando una ceja.

Ron suspiró y dejó que el cabello se deslizara por entre su pulgar y su índice con suavidad.

- No es tan simple – respondió en un susurro. – Es… Hermione.

- Exacto – replicó Harry, apoyando la cabeza en el respaldar del sillón y clavando los ojos en el fuego. – Así que si la lastimas, tendré que romperte la cara.

Ambos permanecieron en silencio por largos segundos, escuchando el crepitar de las llamas y el viento que aullaba en el exterior. Repentinamente un leño se quebró, despertando a Hermione.

- ¿Ron? – murmuró con los ojos entrecerrados, enderezándose. - ¿Ya regresaron?

- Sí – respondió Ron, abriendo sus dedos para que el cabello de la chica no se enredara en su mano.

- Deberías ir a la cama, Hermione – agregó Harry, sonriendo ante el rostro marcado por las arrugas del almohadón cuando la chica se incorporó para mirarlo.

- ¿Qué pasó? ¿Ginny bajará a la cámara?

Harry asintió.

- Eso dijo.

- ¿Y tú? – preguntó entonces la bruja.

- También – respondió Harry, cerrando los ojos en un gesto cansado. – Si decido quedarme afuera ella querrá quedarse también, tendríamos esta enorme pelea y entonces Ron tendría que romperme la cara, como acaba de aclararme.

Hermione miró a Ron, quien señaló a Harry con el dedo índice.

- Debiste pensar en ese detalle antes de andar por ahí con ella haciendo cosas que prefiero no saber ni presenciar – dijo.

- ¿Qué? – exclamó Hermione, totalmente despabilada - ¿De qué hablas? Harry… ¿tú y Ginny…?

- Ron acaba de decir que no quiere escuchar detalles, Hermione, así que si los quieres, te sugiero que busques a Ginny y le preguntes a ella.

Un segundo después los pasos apresurados de la bruja resonaban en la escalera, rumbo al cuarto de Ginny.

Harry sonrió, meneando la cabeza.

- Ginny y yo pensamos que nadie debería saber sobre esto, fuera de tu familia y los Whitherspoon – dijo, mirando a su amigo con fijeza. – Por seguridad.

- Me parece bien – replicó el pelirrojo, devolviéndole la mirada.

Tras un par de segundos de silencio, Harry preguntó:

- Entonces… ¿estamos bien? ¿Tú y yo?

Ron asintió y esbozó una sonrisa resignada.

- Viejo, si mi hermana tiene que tener un novio, tú eres mi primera elección.

Los ojos de Harry brillaron aliviados detrás de sus gafas.

- Lo mismo digo… sobre Hermione – tomando las escobas, se puso de pie. – Me voy a la cama.

- Hasta mañana – dijo Ron.

Ron se quedó allí largo rato, pensando que tal vez era hora de hacer honor a la casa Gryffindor y enfrentarse a lo único que realmente lo aterrorizaba.

Arriesgar su amistad con la bruja sabelotodo de cabello alborotado.

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Norte de Highgate

Cementerio de Highgate

El viento había arreciado a medida que pasaba la noche, arremolinando hojas secas contra las lápidas.

- Con cuidado, Alastor… ¡Maldición! - Mathew extendió su mano hacia el mago, que volaba a toda velocidad rumbo a un mausoleo – ¡Wingadium Leviosa!

Evelyn se acercó hasta el viejo auror, que había quedado suspendido en el aire, y lo bajó con suavidad hasta el césped.

- ¿Está bien? – preguntó su esposo, llegando a su lado.

- Su pulso es algo débil y está inconsciente – dijo Evelyn antes de murmurar un hechizo destinado a mantener al desvanecido hombre caliente.

– Terminemos con esto y llevémoslo con Phoebe.

Ambos regresaron frente a la tumba de Tomas Riddle y la examinaron con detenimiento.

- Bien, no podemos acercarnos lo suficiente como para buscar en su interior. El vuelo de Moody es prueba más que suficiente – dijo Mathew, haciendo un recuento de lo que ya sabían –. Y no podemos invocar un anillo que no estamos seguros de que esté allí. ¿Alguna idea?

Evelyn contemplaba con fijeza la fantasmagórica estatua que custodiaba la tumba mientras su cerebro trabajaba a toda velocidad, en tanto su esposo hacía lo mismo parado a su lado.

De manera casi simultánea comenzaron a caminar hacia lados opuestos, rodeando la sepultura lentamente mientras la examinaban.

Mathew extendió una mano y se acercó con precaución hasta que pudo percibir en la punta de los dedos la energía que rodeaba el lugar. Apretó los labios y miró a Evelyn, que en ese momento aparecía desde el otro lado.

- Sólo podemos llegar hasta un metro de distancia – dijo.

Evelyn se paró junto a él y observó el sepulcro.

- Podríamos probar intentar acercarnos juntos. Tal vez así logremos repeler o resistir el hechizo.

- Probemos.

Tomando la mano de su marido, Evelyn dio un paso hacia la tumba, percibiendo la energía que emanaba de allí. Mathew se paró junto a ella y esperó. La energía los envolvió y los sacudió levemente, pero no los pateó, así que Evelyn intentó dar otro paso más. Esta vez fue como encontrarse con una pared invisible pero infranqueable.

Miró a Mathew y ambos dieron un paso delante de manera simultánea, pero no resultó. La barrera seguía allí.

- Al menos no salimos volando – dijo Mathew, retrocediendo sin soltar la mano de Evelyn.

El comentario le dio una idea a la bruja, que levantó las cejas y miró a su esposo.

- ¿Y si la volamos? – sugirió.

- ¿Volarla?

- Sí, volarla. Con explosivos.

- Eve… es una sepultura. ¿No te parece algo irrespetuoso? Al fin y al cabo, Tomas Riddle no tuvo la culpa de que la madre de Voldemort se encaprichara con él y lo mantuviera hechizado para atarlo a ella.

-Y nosotros no tenemos la culpa de que Voldemort haya decidido guardar uno de sus horcruxes aquí. Tom Riddle no sentirá nada. Ya está muerto.

Mathew levantó una ceja en señal de sorna.

- Dejando de lado tu poco respeto hacia los restos de los muertos, no estoy seguro de que tu plan funcione. Pero aún si funcionara, ¿has pensado en el desparramo que va a quedar? Será aún más complicado encontrar ese anillo si encima hay que buscar por todo el maldito cementerio.

- Sólo era una idea – se defendió la bruja.

- Pensemos otra – replicó él.

- Yo ya tuve dos. Cuando quieras unirte al club de los que lanzan opciones, eres bienvenido.

Por un par de minutos ninguno dijo nada. Los ojos de Mathew se clavaron en la base de la lápida, en donde podía distinguir marcas redondas y oscuras. Sangre. La sangre de Harry, probablemente.

La sangre de Harry que ahora corría por las venas de Voldemort.

- Eve, ¿qué tipo de hechizo crees que conjuró aquí? – preguntó entonces. - Debió conjurarlo luego de recuperar su cuerpo. O al menos, no estaba cuando hizo ese ritual. Harry dijo que lo aprisionó contra esta lápida y que Colagusano sacó de allí un hueso de Tomas Riddle padre.

- Estoy pensando en varios – respondió la bruja – Tiene que ser poderoso y perdurable.

- ¿Crees que usó el conjuro Vectrus?

- Es posible. Yo lo habría utilizado.

- Probemos entonces – dijo Mathew.

Metiendo la mano en el bolsillo, sacó una pequeña navaja que James le había regalado cuando se graduó de Hogwarts y la abrió.

- Creo que tu sangre será mejor que la mía para esto.

Evelyn lo miró torcido y le tendió la mano.

- Y después dicen que ser una Cazadora es un don divino. Un regalo de los seres superiores – murmuró.

Mathew cortó con delicadeza la línea de la vida de la mano derecha de Evelyn y la sangre brotó levemente. Tras un segundo de duda, apretó los labios y cortó su mano también. Ante la mirada inquisitiva de ella, levantó un hombro.

- Sólo por las dudas. ¿Lista?

- Sí.

Volvieron a entrelazar los dedos de sus manos sanas y levantaron las palmas donde podía verse finas líneas de sangre. En voz baja y perfecta sincronía recitaron el contra hechizo y una luz fluorescente envolvió la tumba. Un segundo después, la barrera invisible desapareció.

Evelyn tomó la mano de Mathew y cerró la herida antes de hacer lo mismo con la suya.

- Espero que esta búsqueda no vaya a requerir de repetidos cortes. El que sangres en verdad me pone de malhumor – afirmó, limpiando la palma de su esposo con un pañuelo antes de besarla.

Su comentario arrancó una sonrisa al adusto rostro del mago, que se giró para contemplar la tumba ahora accesible.

- ¿Por dónde empezamos? – preguntó.

La pesada loza de granito que se encontraba en la parte superior de la estructura salió volando y cayó en el predio cercano.

- Por arriba – dijo Evelyn, trepando con agilidad.

- Esa es mi chica – murmuró Mathew, sonriendo, antes de subir detrás de ella y mirar dentro del oscuro sepulcro -. ¿No está muy prolijo aquí, eh?

El cajón que en algún momento debió ser madera lustrada estaba abierto, dejando entrever un esqueleto entre los jirones de la seda que cubría el interior. Había un par de sarcófagos más debajo de éste, y varios objetos de aspecto valioso rellenando los espacios sobrantes.

- Parece que a los Riddle les gustaba irse con sus cosas – comentó Evelyn, metiéndose en el interior de la tumba con cuidado y parándose en los bordes del cajón abierto.

- Bueno… ya sabes, hay gente que es muy apegada a sus posesiones. ¿Recuerdas que mi tía Joselyn quiso que la enterraran con ese horrible sombrero con un pájaro? Jamás comprendí qué era lo que le gustaba de esa cosa. Era espantosa y olía peor que este lugar – comentó Mathew, acuclillado en el borde superior de la sepultura, observando cómo Evelyn quitaba del todo la tapa del cajón.

- Se lo regaló tu tío, por eso se aferraba a él – respondió la bruja, mirando el cadáver sin tocarlo -. No veo nada parecido a un anillo aquí.

- ¡Solaris! – murmuró Mathew y una bola de luz incandescente refulgió sobre ellos, iluminando de manera casi deslumbrante el lóbrego lugar.

- Gracias – Evelyn le sonrió brevemente antes de meter la mano en el cajón para apartar jirones de seca y ropa -. ¡Aja! – exclamó.

- ¿Qué?

- No puedo tocarlo.

- ¿Qué es lo que no puedes tocar? Te veo apartando ropa ahí.

- No puedo tocar el cadáver – aclaró la bruja mirando a su esposo con las cejas levantadas -. Puedo quitarle la ropa, pero mi mano se detiene antes de tocar su piel… o lo que queda de su piel – agregó frunciendo un poco el entrecejo y componiendo una expresión de repugnancia mientras se enderezaba.

- ¿Crees que estará dentro de él? En ese caso, quizás podríamos invocarlo – dijo Mathew, extendiendo una mano hacia Evelyn e izándola con facilidad fuera del sepulcro.

- Bueno, tenemos dos opciones. O investigamos esa posibilidad o sacamos los tres sarcófagos y vemos si los otros dos cadáveres también son intocables. ¿Cuál te gusta más? – preguntó la bruja, parándose a su lado en el borde superior del sepulcro.

Mathew lo pensó por un momento antes de levantar la mano y desaparecer la esfera que había conjurado un momento antes, sumiéndolos una vez más en la penumbra plateada de la luna.

- Vamos por la opción A y si el anillo no está allí, sacamos todo afuera – dijo.

- ¿Y por qué no podemos contar con nuestro amigo el bombillo gigante? – preguntó Evelyn, extendiendo la mano hacia delante, de manera que quedó suspendida sobre el cadáver de Tomas Riddle Padre.

- Porque no importa cuántas veces hagamos esto – replicó Mathew extendiendo su mano hacia el cadáver – que un cuerpo se abra sigue siendo asqueroso.

Evelyn sonrió, meneando la cabeza.

- Eres tan sensible… - se burló.

Ambos miraron el cuerpo, exclamando al mismo tiempo:

- ¡Accio anillo!

Un crujido de huesos se escuchó y un segundo después la caja torácica del cuerpo de Tomas Riddle se abrió y un anillo de aspecto pesado, con un enorme rubí engarzado en un complicado escudo levitó hasta quedar a la altura de los dos magos.

Evelyn volteó su mano hacia arriba y el anillo cayó en su palma con suavidad.

Mathew contempló la joya un segundo en silencio y frunció el entrecejo con suspicacia.

- ¿No te parece que esto ha sido muy sencillo?

En ese momento, una voz llegó desde abajo, cortando el aire de noche.

- Vuelvan a colocar eso donde estaba.

Evelyn miró a Mathew y ambos se giraron lentamente para encontrarse con Bellatrix Lestrage, que parada a unos cuantos metros los apuntaba con su varita.

"Te dije que había sido muy fácil", comentó Mathew.

- Hola, Bella. Tanto tiempo sin verte – le dijo Evelyn a la asesina de Sirius -. ¿Qué tal Azkabán?

- Alocado. ¿Qué tal tu coma?

- Largo.

- Deja el anillo donde estaba y bajen de allí.

Evelyn apretó los dedos alrededor del anillo, sintiendo la energía que manaba de la joya, y miró a Mathew.

"Es toda tuya", dijo.

Su marido esbozó una mueca y, pegando un salto, aterrizó delante de la horrible estatua donde Harry se había visto atrapado dos años antes. Un rayo verde emergió de la varita de Bellatrix cuando le lanzó el maleficio asesino, pero levantó su mano y un rayo violeta emergió de sus dedos.

Una enorme explosión se produjo cuando ambos conjuros colisionaron, lanzando chispas que golpeaban todo lo que había cerca, incluido el desvanecido cuerpo de Alastor. Notando esto, Evelyn extendió su mano hacia él y lo hizo levitar hasta un lugar más alejado, pero permaneció sentada en el borde superior de la tumba de la familia Riddle, observando la pelea.

Con un arco brusco de su mano, Mathew desvió dos hechizos que fueron a dar contra un mausoleo cercano, al tiempo que con la otra mano dirigía una bola naranja de energía contra Bellatrix. El maleficio impactó de lleno en el pecho de la bruja y la estrelló en el tronco de un árbol que se hallaba a varios metros.

- Accio, varita – exclamó Mathew, arrebatándole la varita a la atontada bruja.

Un segundo después Bellatrix se encontró atrapada en varias vueltas de una fina y reluciente soga mágica. La bruja sacudió la cabeza, intentando despejarse y clavó sus ojos llenos de odio en el hombre parado cerca de ella.

- Nunca entendí qué diablos veía Narcissa en ti.

- Soy la excepción a su espantoso gusto en hombres – replicó Mathew.

Evelyn bajó de donde estaba sentada de un salto y caminó con tranquilidad hacia la mujer atada contra el árbol.

- ¿No te molesta cuando un mago puede hacer magia sin varitas? – le preguntó, levantando las cejas.

La mujer la miró con desprecio pero decidió permanecer en silencio.

Mathew extendió una mano y Alastor Moody se elevó en el aire, deslizándose hasta donde se encontraban ellos. Evelyn tomó el mago por un brazo y miró a su esposo.

"Lleva a Alastor hasta Grimauld Place y yo llevaré a Bellatrix a Glasgow. Avisa a Dumbledore y nos encontraremos ahí", dijo Mathew

"Ten cuidado".

"Tú también".

- ¿Piensan seguir charlando toda la noche? – preguntó entonces Bellatrix con acidez.

- Vamos, Black. A partir de este instante, seremos tú y yo – replicó Mathew, poniendo a la bruja de pie de un tirón, en el momento en que Evelyn y Moody desaparecían.