Capítulo 16
Kinnington Lane
Consejo de Vigilantes
Las enormes ventanas del salón del consejo de vigilantes estaban cubiertas por pesados cortinados, que dejaban fuera la luz y amortiguaban el ruido de la calle. El amplio recinto se hallaba casi totalmente a oscuras, en un intento de que la práctica se centrara en el desarrollo del instinto y el oído.
Sentado en la pasarela que rodeaba el salón suspendida a tres metros de altura, Spike dio una larga pitada a su cigarrillo entrecerrando los ojos. En su opinión, esas novatas iban a necesitar mucho más que un buen oído para sobrevivir. Eran peores que las potenciales de Sunnydale. Y él pocas veces había visto un grupo tan malo como el que vivía en la casa Summers y practicaba en el jardín de Joyce.
Desde la penumbra de su puesto de observación vio a tres chicas intentar dar cuenta de Faith y fallar estrepitosamente. No era por menospreciar a Faith, pero si esas patéticas aspirantes a cazadora no podían con la morocha de pantalones de piel, ni en sueños podrían con un vampiro.
Sus ojos se posaron en Buffy, que aprovechando que Faith había desparramado a las tres inútiles que intentaron atacarla, les estaba diciendo lo que hacían mal. Sonaba dura y precisa, como siempre, pero los círculos oscuros alrededor de sus ojos hablaban de una noche en vela.
Una noche en que seguramente había estado sentada junto a la cama donde Dawn descansaba, haciéndose millones de planteos y evitando ir a verlo. Porque no había ido a verlo. No le había preguntado qué tal estaba, si necesitaba algo, si lo habían lastimado severamente.
No, simplemente se había mantenido alejada de él.
Como si el que ahora estuviera ahí, parado en el mismo edificio que ella, cuando se suponía que debería estar muerto, no fuera nada del otro mundo. Como si todo lo que compartieron, todo lo que él había hecho en Sunnydale, no significara nada.
Pero había significado. Él había ardido como una maldita tea. Había ido al infierno y regresado. Había luchado del lado de los buenos todo ese tiempo. ¡Había sido fiel a ella¿Y ahora, como no tuvo la decencia de permanecer calcinado, ella lo descartaba?
Deshizo el cigarrillo ente los dedos y, asiéndose al barandal de hierro, saltó. Cayó con su habitual gracia justo entre todas las novatas, que pegaron un salto, sorprendidas.
Levantando su ceja partida, las miró desdeñoso.
- ¿Así planean reaccionar cada vez que un vampiro les caiga encima?
- Spike, esto es un entrenamiento – replicó Buffy con brusquedad.
- ¿De veras? No me di cuenta… parecían un montón de porristas practicando su nueva rutina… y yo que creí que tus días de cantos y pompones habían pasado a la historia.
Hubo un silencio tenso mientras Buffy taladraba a Spike con la mirada. Lo conocía lo suficiente como para saber que estaba buscando pelea, sin embargo ella no quería pelear con él. En realidad, sabía que debían hablar, pero ese no era el momento ni el lugar.
No había pegado un ojo en los últimos dos días. Tampoco había comido. Su hermana yacía desmayada por una poción y, por lo que le habían dicho los curadores magos, en cuanto despertara iba a desear dormir para siempre. Y para completarla, Spike estaba allí. Trayendo a Dawn de regreso, volviendo definitivamente de la muerte, ocupando una vez más el lugar que había sido suyo en la batalla contra El Primero.
El mismo Spike, con el mismo atuendo pasado de moda, el mismo pelo estúpido, la misma ceja partida, pero con el pómulo izquierdo inflamado por algún golpe que seguro recibió mientras rescataba a su hermana.
El mismo Spike que ahora miraba a todas esas casi niñas que todavía no entendían siquiera lo que significaba ser una cazadora, y las recorría con ojos llenos de desdén.
- Son patéticas. Peores aún que las potenciales de Sunnydale. ¿No se supone que ya son cazadoras¿Dónde diablos está su instinto, sus reflejos, su sexto sentido? Espero que tengan algo escondido bajo la manga porque hasta donde he visto, apestan.
Esa última frase pareció tocar el orgullo de una de las novatas que, con una exclamación de furia, se lanzó sobre él como un torpedo. Spike no tuvo ninguna dificultad en pegar un salto por encima de la adolescente, para caer a su espalda y golpearla con tanta violencia que la lanzó contra una pelirroja pequeñita, haciéndolas caer a ambas.
En vista de aquello, tres jóvenes más reaccionaron, pero Spike deseaba demasiado una buena pelea como para que esas adolescentes inexpertas representaran un desafío.
- Como dije, patéticas – estrelló su puño contra el rostro de una de las chicas, haciéndola dar una voltereta en el aire por la fuerza del golpe, para luego deshacerse fácilmente de las otras dos. - ¿Es que acaso no hay nadie aquí con quien valga la pena pelear? – preguntó, girándose hacia donde estaban Buffy y Faith para ver si ellas respondían a su desafío.
Una patada en el medio del tórax lo envió volando hasta el otro lado de la habitación, haciéndolo deslizarse por el suelo hasta que se estrelló contra la pared.
- ¿Qué dices de mí?
Los ojos color aguamarina del vampiro se clavaron en la mujer que, parada en el medio del cuarto, lo miraba con la misma ansia de pelea que él.
Poniéndose de pie lentamente, una sonrisa torcida estiró sus facciones al tiempo que sentía que su día mejoraba a pasos agigantados. ¡Oh, sí! Ella siempre había valido la pena.
- No lo sé – levantando su ceja partida, miró a Evelyn de arriba hacia abajo con un dejo de desdén. - ¿Qué tal te han sentado todos estos años durmiendo?
Una sonrisa extraña apareció en las facciones maduras de la cazadora que, fuera de Buffy, más lata le había dado en su no vida.
- ¿Por qué no vienes hasta acá y lo averiguas?
Como si el tiempo no hubiera pasado desde la última vez que se enfrentaron, iniciaron la misma vieja rutina de caminar brevemente en círculos, midiéndose, tratando de encontrar los puntos que representaban ventajas, estableciendo dónde golpearían primero.
Las novatas, que ya habían tenido un par de entrenamientos con Evelyn, se apartaron hasta quedar contra las paredes, expectantes. Porque la bruja las intimidaba bastante, pero éste era Spike. William El Sangriento en persona.
Faith se acomodó con tranquilidad cerca de la puerta.
- Esto promete ser interesante – comentó, entretenida.
Buffy frunció el ceño, preocupada. Sabía que Spike había recibido un maleficio muy potente la noche anterior y había visto pelear a Evelyn, así que lo que estaba por suceder no le gustaba en absoluto.
En ese instante, Spike pegó un saltó y voló hasta donde Evelyn se encontraba, cayendo sobre ella y lanzándole un golpe directo al rostro. La cazadora giró sobre sí misma por la violencia del golpe. Pero cuando se encontraba casi de espaldas al vampiro, inclinó el cuerpo hacia delante y levantó la pierna, estrellando el talón de la su bota en el cuello de Spike.
A partir de ese instante, Buffy pensó que las cosas estaban ocurriendo en una extraña cámara lenta. Probablemente porque pocas veces había visto una pelea como la que estaba presenciando en ese momento.
Había peleado con Spike por todos los motivos que cabía esperarse, e incluso por motivos que no eran esperables. Sabía cómo pensaba y se movía. Pero en esta oportunidad parecía poseído por algo diferente. Se preguntó si era porque estaba enfadado o era debido a su oponente. En un lapso menor a un minuto había lanzado y recibido más golpes de los que Buffy alcanzó a contar.
Lo vio apretar una mano en el hombro derecho de Evelyn y colocar la otra en el interior del muslo izquierdo de la bruja, antes de empujarse los seis metros que los separaban del techo y estrellarla de espalda contra el cielorraso, entre dos vigas.
Evelyn cerró las manos en los listones de madera a sus costados y pateó a Spike en las costillas, haciendo que la soltara. El vampiro aterrizó en la pasarela donde había estado contemplando el entrenamiento y rodó para volver a incorporarse.
La bruja cayó a unos metros de distancia, plantada sobre sus dos pies. Por un largo momento, se miraron.
Al ver que ella se limpiaba la sangre que manaba de un corte en la boca con el dorso de la mano, Spike sonrió, divertido.
- ¿Cansada, Bright?
Una mueca que no llegó a sonrisa hizo que Evelyn contrajera la cara cuando la herida del labio se abrió.
- En tus sueños, Spike – replicó, antes de extender su mano hacia él y exclamar: - ¡Expelliarmus!
El vampiro salió volando hacia la pared más lejana y se deslizó por ella hacia abajo, sin poder aferrarse a nada que amortiguara la caída.
- Maldita bruja – masculló cuando aterrizó en el oscuro piso, tratando de sacudirse del efecto del hechizo.
Evelyn saltó por sobre el barandal y cayó junto a los bastones de madera que usaban para practicar, lanzándolos contra Spike con un gesto de su mano. El vampiro se cubrió la cabeza con los brazos para luego enganchar una mancuerna con el pie y arrojársela a Evelyn, golpeándola en la cadera.
Viendo que en esta pelea la única regla parecía ser que no había reglas, Buffy dio un paso adelante dispuesta a intervenir. Sin embargo, una mano se posó en su hombro con firmeza, deteniéndola.
- Yo no haría eso si fuera tú.
Asombrada, se giró para encontrarse con Mathew parado detrás de ella, mirando lo que sucedía.
- ¿No vas a hacer nada? – le preguntó, con el ceño fruncido.
Mathew levantó una de sus cejas y la miró brevemente.
- No.
Spike arrancó un tubo de hierro que era parte de una estantería y se adelantó, haciéndolo girar como un molinete entre sus manos. Evelyn hizo saltar por el aire uno de los bastones que quedaban a su lado y lo atrapó con la mano derecha, deteniendo el primer golpe que Spike le lanzó.
El ruido de los golpes del metal contra la madera, amén de los golpes que lograban conectar contra huesos y músculos, llenó el salón. Las novatas se dispersaron con rapidez cuando la bruja y el vampiro se movieron hacia donde ellas se encontraban.
- ¿Qué clase de hombre eres, que te quedas aquí mientras muelen a golpes a tu esposa? – preguntó entonces una de las adolescentes a Mathew.
- Uno que sabe cuándo meterse y cuándo no – replicó el mago.
- ¿Y cuándo es el momento¿Cuándo Spike la atraviese de lado a lado? – preguntó Buffy con rudeza.
En ese instante Evelyn quedó acorralada contra una esquina y Spike levantó su garrote, dispuesto a hacer exactamente lo que Buffy había descrito. La bruja soltó su vara de madera y atrapó con ambas manos el caño, inmovilizándolo. Forcejearon durante unos cuantos segundos antes de que el metal se doblara, lo que Spike aprovechó. Girando bruscamente sobre sí mismo, lanzó a Evelyn hacia el otro lado de la estancia.
Buffy decidió que era suficiente y se plantó entre ambos contrincantes, destilando tensión y enfado por cada poro de su piel.
- Ya basta – dijo con énfasis.
Spike tenía la mejilla y ceja derecha sangrando, estaba seguro de que unas cuantas costillas estaban por lo menos fisuradas y la rodilla izquierda le pulsaba de manera espantosa.
A Evelyn le sangraba el labio, un ojo comenzaba a hincharse, su cadera derecha parecía haber sido demolida y al enderezarse sintió que su espalda le dolía como el infierno.
Sin embargo, ninguno de los dos demostró molestia. Por largos segundos se miraron en silencio, respirando con agitación y manteniendo los puños cerrados.
Finalmente, Spike apoyó el doblado caño contra el suelo sin soltarlo. Había una promesa y un desafío en sus ojos, pero el ansia de batalla que parecía salir a raudales de él había desaparecido.
- Sólo por esta vez, podría conformarme con un empate.
Evelyn lo miró con tranquilidad antes de desviar los ojos hacia su esposo. Mathew se cruzó de brazos y levantó las cejas en un mudo interrogante.
- ¿A qué hora teníamos esa reunión? – preguntó Evelyn.
- Hace 10 minutos – replicó el mago.
Frunciendo el ceño, la bruja volteó el rostro hacia Spike.
- Por esta vez, supongo que ambos deberemos conformarnos con eso -. Paseó la vista por los rostros de las novatas y aspiró con lentitud -. Lamento coincidir con él, pero si no pueden con una cazadora que no está intentando lastimarlas, mucho menos podrán con un vampiro. O un mortífago – mirando a Buffy, agregó: - Yo que tú las llevaría a pelear con algunos vampiros de verdad. O dejaría que intenten hacer papilla a Spike. Lo que te parezca mejor.
Sin agregar nada más, salió del salón tan silenciosamente como había entrado.
Mathew mantuvo su vista clavada en el vampiro por un largo instante antes de hacer un gesto de despedida con la cabeza hacia las cazadoras. Entonces, giró y salió detrás de su esposa.
Un silencio muy pesado quedó en el salón hasta que Spike soltó el caño, que rebotó por el suelo con un ruido sordo.
- Y con esto, niñas, damos por terminada la clase de hoy.
Buffy lo miró con enfado y él la miró a ella con más enojo todavía. Y tras un segundo, como si no le dolieran casi todos los músculos por la paliza que había recibido, salió del salón tras patear la puerta con violencia.
›š
Kinnington Lane
Consejo de Vigilantes
El botiquín del baño tembló contra la pared cuando Spike azotó la puerta a su espalda.
Hacía mucho tiempo que no se sentía tan cabreado. Y lo que más lo cabreaba era que, en definitiva, no tenía motivos para sorprenderse.
En su interior siempre supo que era una mala idea volver a encontrarse con Buffy. Que lo mejor que podía hacer era dejar que ella conservara únicamente el recuerdo de su acto heroico, en lugar de regresar para intentar recuperar un lugar que jamás había tenido realmente.
Porque por mucho que le gustara rememorar los últimos días antes de que ese medallón se lo devorara, la verdad es que esos momentos no fueron reales. Sólo fueron consecuencia de la angustia por un final que parecía irrevocable.
Él no creyó que tuvieran otro tiempo. Ella seguro pensó que llegaban al fin del camino. Y ahora ahí estaban, meses después, ante una nueva batalla, circulando las habitaciones de un mismo edificio y sin saber cómo demonios acomodar las cosas.
Al menos él no sabía cómo acomodarlas.
Frustrado, apoyó las dos manos en los costados del blanco lavabo de porcelana y clavó la vista en el espejo que no le devolvió reflejo alguno. Parecía como si todo a su alrededor estuviera empeñado en recordarle que no era más que una abominación de la naturaleza.
Torció el rostro en una mueca que se transformó en un gesto adolorido. Con ironía pensó que al menos podía sentir dolor. Por dentro y por fuera.
Tal vez debería agradecer al infierno por el hecho de que Evelyn Bright aún pudiera hacerle ver estrellas con sus golpes. Maldita mujer. Demasiado buena para vencerla, pero no lo suficiente como para que terminara con él.
Sonrió de lado al recordar el rayo de dolor que cruzó los ojos dorados cuando la estrelló contra el techo. No era sencillo sorprender a esta cazadora en particular y el saber que la paliza había sido mutua lo hacía sentir un poco mejor.
Se enderezó y fue como si un hierro candente le hubiera atravesado el hombro derecho.
Sabía que pelear con Evelyn Bright no había sido su idea más brillante, considerando el maleficio que Voldemort había usado con él. Pero¡qué diablos! Patear ese perfecto trasero seguía siendo tan divertido como siempre.
Un golpe sonó en la puerta justo cuando se estiró para tomar una toalla del estante junto al espejo.
- Ocupado - gruñó.
La puerta se abrió cuando mojaba el blanco algodón y Buffy entró en el baño, cerrando a su espalda. El vampiro la miró por un segundo antes de comenzar a limpiarse el rostro.
- Spike¿estás bien?
- Fantástico – enjuagó la tela teñida de rojo bajo el grifo -, nada como una buena pelea para dejarlo a uno en forma.
Volvió a pasar el suave algodón a ciegas por su rostro cuando sintió los dedos de Buffy sobre los suyos.
- Déjame a mí – dijo la chica, tomando la toalla e indicándole el borde de la bañadera. – Siéntate.
El vampiro la miró con su ceja sana levantada, en un gesto socarrón.
- ¿No deberías estar enseñándoles a esas animadoras la rutina?
- Creí que tú te habías encargado de la clase de hoy – replicó la cazadora. – Muy impresionante, por cierto. Hubo golpes ahí que no te había visto antes. ¿Los reservas sólo para cuando te enfrentas con Evelyn Bright?
- ¿Celosa?
- ¿De que nunca me hayas estrellado contra el techo como lo hiciste con ella? – preguntó Buffy, volviéndose para enjuagar la sangre una vez más.
- No te preocupes, amor. El sexo desenfrenado fue sólo contigo – frunció el rostro al sentarse y la miró destilando sarcasmo -. Por supuesto, me gustaba pensar que era recíproco, pero parece que es más importante el sexo desenfrenado en sí que quién es el que te está haciendo gritar en arameo – agregó, dejando que su enfado se materializara en palabras.
La mano de Buffy se congeló sobre su pómulo.
- Spike, no vamos a tener esta conversación.
- ¿No¿Y cuál será entonces¿Esa en la que me dices que tu declaración de amor justo antes de yo ardiera en llamas fue sólo un consuelo¿Algo que dijiste simplemente porque no tenías que actuar de acuerdo a tus palabras después?
Los ojos verdes de la cazadora se volvieron acerados mientras daba un paso atrás y dejaba la toalla en el lavabo.
- ¿Cómo te atreves a decir algo así¿Tienes una idea de lo que sentí cuando te vi arder?
- No sé… ¿algo que te hizo correr a abrirte de piernas al Inmortal?
La bofetada resonó entre las paredes del baño como un latigazo, haciendo que la cabeza del vampiro girara con violencia hacia su izquierda.
- No se te ocurra juzgarme, Spike – siseó Buffy, con los ojos brillantes de furia. - ¿Acaso no fuiste tú el que regresó de la muerte y no se molestó en decírmelo¿Acaso no tuve que enterarme por Andrew… ¡Andrew!... que estabas vivo¿Acaso me llamaste para decirme que dejara de torturarme con la idea de que estabas sufriendo un martirio eterno¡No! Simplemente te quedaste en Los Angeles¡trabajando para Wolfram and Hart, por todos los cielos!
Spike se puso de pie y se cernió sobre Buffy en el reducido espacio del baño.
- ¿Y tú llamaste cuando te enteraste¿Fuiste a verme? No me digas nada, estabas tan aliviada de saber que no estaban torturándome con hierros calientes que decidiste montar a ese hijo de puta del Inmortal, sólo para festejar.
Las palabras salieron hirientes de sus labios y pudo ver en las pupilas de la cazadora que se habían hundido tan profundo como él deseaba enterrarse en ella en ese momento.
La mano de Buffy se elevó una vez más para golpearlo, pero Spike esta vez lo estaba esperando. Apresándola por las muñecas, le llevó los brazos a la espalda y le apretó las manos contra la cintura. Dando un paso hacia ella, la empujó contra el mueble del lavabo y estrelló su boca contra los labios femeninos.
Buffy forcejeó para soltar sus manos del apretón de hierro en que se hallaban atrapadas, mientras abría los labios para besar al vampiro con tanta furia y anhelo como la que él estaba mostrando.
Entre jadeos femeninos y gemidos masculinos, Buffy logró liberar sus manos para hundir los dedos en el platinado pelo de Spike. Él la levantó sin esfuerzo y la sentó en el frío mármol junto al lavabo. Acomodándose entre sus piernas, cerró ambas manos en el trasero femenino y la acercó a él.
Buffy sintió un gemido gutural que tardó todo un segundo en percatarse que había salido de su garganta. Inconscientemente deslizó las manos hasta la cintura del pantalón de Spike, tirando de la remera negra para liberarla del cinto. Una parte de su cerebro le estaba diciendo que debía detenerse porque lo único que los separaba de un transitado pasillo era una débil puerta. Pero el resto de su cerebro seguía los impulsos de su cuerpo, al tiempo que sus manos comenzaban a reptar por el abdomen del vampiro, sintiendo cómo cada pulgada de músculo se estremecía cuando lo tocaba.
No había ninguna parte del cerebro de Spike que estuviera funcionando o gritándole absolutamente nada. Lo único que escuchaba era su necesidad descarnada por volver a sentir a Buffy, el latido alocado del corazón de la cazadora, el rugido de su sangre.
Abandonando la boca femenina dejó un cordón de besos húmedos a lo largo de la quijada, que seguía siendo tan suave como recordaba, y se detuvo detrás de la oreja, en la unión con el cuello.
El cuarto de baño comenzó a dar vueltas y Buffy deslizó las manos por dentro de la remera negra hasta la espalda de Spike, donde enterró las uñas. Su mente, demasiado bombardeada por recuerdos y emociones, parecía abotagada. No fue hasta que sintió que Spike bajaba la cremallera de sus pantalones y la levantaba con una mano para quitárselos con la otra, que algo de razón retornó a ella.
- Spike… - jadeó -, espera… no podemos – la lengua del vampiro descendió por su cuello, haciéndole retener el aliento – no aquí. Hay… gente ahí afuera.
El vampiro levantó le rostro y Buffy pudo ver sus pupilas totalmente dilatadas, oscureciendo esos ojos que por lo regular eran claros como el agua.
- En ese caso, amor, será mejor que no hagas ruido – murmuró Spike con la voz ronca de deseo.
Y besándola de nuevo, le bajó los pantalones de un tirón.
