Capítulo Dieciocho

Londres

Casa de Mathew Whitherspoon y Evelyn Bright

- ¿Evelyn?

- ¿Mmm?

- ¿Para qué sirve una raíz de cúrcuma glaspácita?

Evelyn, que estaba sentada con las piernas encogidas y la espalda cómodamente apoyada contra el costado de su marido, levantó la vista del libro que estaba leyendo.

- Mmm… si mal no recuerdo, para preparar un cauterizador instantáneo de cortes provocados por cualquier objeto mágico filoso. También es un ingrediente de un ambientador que elimina todo rastro de magia residual de un ambiente y se usa en las tinturas brillantes con que tiñen pieles de dragón o manticoras.

Apartando la vista del reporte contable que le habían enviado dos semanas antes, Mathew clavó en Harry su ceño fruncido.

- ¡Harry!

El chico levantó las cejas y lo miró con expresión inocente.

- ¿Qué?

- ¿Estás preguntándole a ella las cosas de tu ensayo de Pociones?

- Ajá – replicó el adolescente, escribiendo lo que Evelyn le había dicho con rapidez antes de que se le olvidara.

- ¡No puedes preguntarle a ella! – exclamó Mathew, asombrado.

- ¿Por qué no? Tú dijiste que debíamos investigar el tema en los libros o preguntándole a alguna fuente confiable.

- Pero… ¡no puedes venir a preguntarle a Evelyn! Es como hacer trampa a tus compañeros.

- Preguntarte a ti sería hacer trampa, pero Eve es una profesora y una excelente fuente de información. ¿Para qué voy a perder horas buscando en libros si ella puede darme la mejor respuesta posible y de manera concisa? No esperarás que vaya y le pregunte a Snape, ¿verdad?

Evelyn se mordió el labio intentando no reírse ante el azoro y la frustración que percibía en su marido, que no podía rebatir el comentario de Harry pero igual sentía que algo estaba mal en todo ese asunto.

- Por supuesto que no espero que le preguntes a Snape, pero preguntarle a Evelyn es como preguntarme a mí – replicó Mathew.

Harry dejó su pluma y miró a Mathew con tranquilidad.

- ¿Preguntarle a ella es preguntarte a ti? Desde aquí parecen dos personas diferentes, no la misma.

- No es eso de lo que estoy hablando.

- ¿Y de qué estás hablando?

Controlando la risa, Evelyn se enderezó y miró a su esposo con interés.

- Buena pregunta. ¿De qué estás hablando?

- Estoy hablando de… bueno, estoy hablando de que si le doy una tarea no espero que tú se la resuelvas. Eso es hacer trampa.

- ¡Ella no me está haciendo la tarea! – exclamó Harry, enfadado ante la injusticia del comentario.

- Es verdad. Sólo respondí a su pregunta.

- ¡Pero no investigó!

- ¿Y quién dijo que una investigación implica necesariamente buscar en los libros? – preguntó entonces Harry -. Y Hermione no cuenta como ejemplo.

- ¿Sabes? Recuerdo muchas ocasiones cuando, en lugar de buscar en los libros, fuiste derecho con Dumbledore para resolver una tarea más rápido – agregó su esposa.

- ¿Del lado de quién estás tú? – inquirió entonces Mathew.

- ¿En este caso? Del de Harry – replicó Evelyn.

- Pues espero que sepas que la próxima vez que él venga a preguntarme algo de tu materia, no tendré ningún problema en responderle.

- ¿De veras? – preguntó Harry, interesado.

- Absolutamente – afirmó el mago, con decisión.

- ¡Genial! – dijo Harry, sonriendo y regresando a su tarea.

Por un par de minutos Mathew y Evelyn se quedaron en silencio, repasando la conversación, y finalmente se miraron algo suspicaces.

"¿Acaba de pasar lo que creo que acaba de pasar?", preguntó el hombre con el ceño levemente fruncido.

"¿Te refieres a que si Harry acaba de conseguir que hacer su tarea sea algo más sencillo?", replicó su esposa.

Mathew se respaldó nuevamente contra la esquina del sillón y Evelyn volvió a acomodarse contra él, encajada dentro de la curva de su brazo derecho, contra su pecho.

"Esto es tu culpa, ¿sabes?", dijo la bruja tras un momento.

"¿Mi culpa?"

"Absolutamente. Siempre hacías este tipo de cosas en el colegio… Sabía que algún día tendrías el castigo que te merecías por ello".

"¿Y el castigo que merecía es que ahora mi hijo haga lo mismo que hacía yo?"

Levantando el rostro, Evelyn sonrió ante la expresión de Mathew.

"No sólo que haga lo mismo… que te lo haga a ti", replicó. "Lo que no es justo es que me ocurra a mí al mismo tiempo".

"Como si tú no te hubieras beneficiado en su momento".

Viendo que el ceño del mago volvía a fruncirse, la mujer se rió con ganas.

Harry levantó la vista y vio a Evelyn besar la mandíbula de Mathew antes de tomar su libro y abrirlo. Suspirando resignado, el mago besó el pelo de su mujer y regresó al informe contable.

Durante un largo momento el adolescente contempló a la pareja sentada en el sillón cercano a la chimenea. Evelyn había entrelazado los dedos de su mano derecha con los de Mathew y mantenía los nudillos de la mano derecha de su esposo contra sus labios, absorta en la lectura de un libro que Molly le había regalado. Mathew había colocado el reporte en el amplio apoyabrazos del sofá y se las arreglaba para hacer anotaciones en el informe sin soltar a su esposa.

- ¿Cómo lo hacían? – preguntó Harry de repente, haciendo que los adultos lo miraran confundidos.

- ¿Cómo hacíamos qué? – replicó Mathew.

Harry dejó la pluma sobre el pergamino con el ensayo inacabado y, poniéndose de pie, se acercó para sentarse en un sillón frente a ellos.

- ¿Cómo lograron que nadie se diera cuenta que ustedes tienen esta… relación? – preguntó entonces, haciendo un gesto con la mano que abarcaba a los dos magos -. Es decir, ni siquiera hace falta que estén hablándose para que sea obvio que tienen una relación. Pero tú me dijiste – continuó, mirando a Evelyn – que durante todo el tiempo que estuvieron en el colegio nadie supo que eran amigos. Mucho menos que fueron novios. ¿Cómo lo lograron?

- No nos hablábamos en público – dijo Evelyn.

- Usábamos Legeremancia – aclaró el mago -. De lo contrario, puedo asegurarte que no habríamos podido mantener ese circo por siete años.

- ¿Legeremancia? – Harry lo pensó por un momento. - ¿Y cuánto tiempo les llevó poder hablar usando Legeremancia?

- Casi un año – dijo Mathew.

Harry frunció los labios algo decepcionado y se repantigó contra al respaldo del sillón, pensativo.

- Ginny bajará a la Cámara Secreta – dijo tras un par de minutos de silencio.

Los adultos no se miraron ni hicieron gesto alguno, pero ambos pensaron exactamente lo mismo.

- Esa es una buena noticia – comentó Mathew.

- Sí. La otra noticia es que ahora ella es… mi novia – agregó Harry, que podía sentir que las mejillas se le estaban incendiando pero aún así mantuvo la vista firme en la pareja frente a él.

- Vaya… esa sí es una buena noticia – dijo Evelyn con una sonrisa.

- Felicitaciones - agregó Mathew, pensando que ahora tendría que hablar con Harry sobre buenas costumbres y educación sexual.

- ¿Ustedes no tienen ningún problema con…, bueno con que sea Ginny? – preguntó el muchacho, que no esperaba una aceptación tan rápida.

- Harry, lo único que nos importa es que tú seas feliz y Ginny es una chica fantástica. ¿Qué problema podríamos tener? – respondió Evelyn.

El adolescente dejó salir el aire de sus pulmones antes de morderse el labio inferior y pasarse una mano por la nuca, desordenando aún más su cabello.

- Pues me alegro que estén de acuerdo porque creo que estoy en problemas. Y necesito su ayuda.

Todas las alarmas se dispararon en los dos magos. Ambos podían recordar perfectamente el tipo de problemas en que ellos se habían metido cuando estaban de novios.

- ¿A qué te refieres exactamente con que estás en problemas? – preguntó Mathew con cautela, mientras él y Evelyn se enderezaban.

Harry suspiró y los miró, con una cómica mezcla de preocupación e impotencia.

- Ginny y yo decidimos que solamente ustedes y su familia sabrán sobre nosotros. Y Hermione, por supuesto.

- ¿Por qué? – preguntó Evelyn, sintiendo que comenzaba a relajarse.

- Por las mismas razones que tuviste tú para hacerle prometer a él que nadie sabría jamás de su amistad – replicó Harry.

- ¡Ah! Ya veo – dijo la bruja.

- ¿Y tu problema radica en…? – inquirió Mathew.

- ¡En que no sé cómo hacer para que nadie se dé cuenta! – exclamó Harry, frustrado –. Es decir, no puedo ignorarla. Jamás la he ignorando antes… bueno, ella dice que yo la ignoraba, pero no era así. Era sólo que no le estaba prestando mucha atención. Pero como sea, ahora sí le estoy prestando atención y me resulta muy difícil simular que solamente somos amigos. Es por eso que pensé que tal vez podríamos hacer lo que ustedes hicieron.

Mathew miró a Evelyn por un segundo antes de que ambos se respaldaran, pensativos. El mago miró a Harry, tamborileando los dedos sobre los papeles que había estado revisando.

- No sé si nuestro método vaya a servirles, Harry – dijo.

- A ustedes les funcionó.

- Pero fue porque directamente no nos hablábamos en público. Y la razón por la que no nos hablábamos en público, incluso casi ni nos mirábamos, era porque de haberlo hecho no habríamos podido ocultar nuestra relación – le aclaró el mago.

- En primer año, cuando no usábamos aún la Legeremancia, siempre tendíamos a hablar si estábamos sentados cerca. Era involuntario. Fue por eso que directamente nos manteníamos tan apartados como era posible el uno del otro – agregó Evelyn, mordiéndose el labio inferior.

- Pero con la Legeremancia lo solucionaron – dijo Harry.

- Sí. Pero seguíamos sin dirigirnos la palabra. Si no hubiera sido por eso habría sido imposible que nadie se diera cuenta de que estaba loco por Eve – afirmó Mathew –. Y con sinceridad, si de repente Ginny y tú dejaran de hablarse por completo resultaría algo extraño.

- No nos hablamos por un mes luego de que discutimos en el Gran Salón – apuntó el chico, pensativo -. Quizás podríamos hacer lo mismo que ustedes dos, aprender Legeremancia y…

- … y eso les llevaría tanto tiempo que para cuando lo logren, o ya se han delatado, o ella rompió contigo porque ninguna chica quiere tener un novio a quien no se puede acercar ni hablar – concluyó Evelyn.

- Excepto tú – apuntó Mathew.

- Yo hablaba contigo permanentemente y pasábamos mucho tiempo juntos en las prácticas y las patrullas. Pero recuerdo perfectamente que el primer año, como hablábamos de tanto en tanto, tú estabas siempre enfadado y terminábamos discutiendo por estupideces.

- Pues yo recuerdo que la que siempre estaba irritada eras tú.

- Tu memoria falla.

- Mi memoria está perfecta, pero ese no es el punto aquí – dijo Mathew antes de volverse hacia Harry -. Estoy de acuerdo con Eve en que Ginny te pateará el trasero si no puede hablarte o estar cerca de ti sólo porque es tu novia. Es un poco ilógico que por pasar de amigos a novios deban ignorarse.

- Sí, supongo que en eso tienen razón – murmuró Harry -. De seguro que yo no aguantaría el no poder hablarle ni estar cerca de ella… como si no me importara o algo así.

Las llamas que crepitaban en la chimenea decorada con arreglos navideños fueron las únicas que se dejaron escuchar por un par de minutos, mientras las tres personas en la sala permanecían pensativas.

Finalmente, Mathew se enderezó y, apoyando los codos en sus rodillas, miró a Harry con tranquilidad.

- Harry, miremos esto desde el ángulo correcto. La principal razón por la cual ustedes no quieren que nadie sepa sobre el nuevo estatus de su relación, es que tú tienes miedo de que Voldemort use a Ginny para llegar a ti. ¿Estoy en lo correcto?

Harry asintió en silencio.

- En ese caso, creo entonces que tu esfuerzo y el de ella es inútil - afirmó el hombre.

- ¡No puedo permitir que Voldemort vaya detrás de Ginny! – exclamó Harry, enderezándose a su vez.

- Eso es algo que no podrás evitar, Harry – dijo Mathew con calma -. Piénsalo. Si tú fueras Voldemort, estuvieras mirando desde afuera en este momento y quisieras acercarte a ti, ¿cuáles serían tus primeras opciones?

Harry apretó los labios y respiró hondo.

- Ron y Hermione.

- Exacto. Porque son tus mejores amigos y todos saben que tú jamás te quedarías inmóvil si algo los amenazara. Ahora, si no pudieras llegar hasta Ron y Hermione, ¿cuáles serían los siguientes candidatos? ¿Detrás de quiénes irías?

La mente de Harry recorrió todas las opciones y, derrotado, dejó caer sin mucha fuerza un puño sobre el apoyabrazos.

- Mierda.

- Exacto de nuevo. Si yo fuera Voldemort, Ron y Hermione serían mi primera opción. Pero justo detrás estaría Ginny. No porque sea tu novia, sino porque es tu amiga. Estuvo contigo en el Ministerio, es parte de la familia Weasley y todos saben que los Weasley prácticamente te han adoptado como parte de ellos. Y porque Voldemort no sabe qué tipo de relación tienes con nosotros, o si tan siquiera sabes que somos tus padres biológicos, por lo que estamos mucho más atrás en la lista.

Evelyn clavó sus ojos en Harry cuando Mathew mencionó esto último y algo se estrujó dentro suyo al notar que el chico no hizo gesto alguno cuando su esposo se refirió a ellos como sus padres. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas al darse cuenta que de alguna manera, en los últimos meses él, al menos, se había hecho a la idea de su parentesco. Y no parecía que le molestara.

Respirando hondo, pestañeó para librarse de las lágrimas antes de que se formaran.

- Mathew tiene razón, Harry. Por el sólo hecho de que sea tu amiga y haya estado contigo en situaciones tan difíciles, Voldemort asumirá que no vas a permitir que algo malo le ocurra.

- ¿O sea que ustedes piensan que deberíamos decirles a todos la verdad? – preguntó entonces el muchacho.

- No – replicó Mathew -. Si yo estuviera en tu lugar, no le aclararía nada a nadie pero mantendría la discreción al máximo. Habrá gente que se dará cuenta, gente que se lo preguntará y gente que no lo notará.

- Lo importante es que mientras ustedes no modifiquen mayormente su comportamiento en público, nadie tendrá la seguridad – aclaró Evelyn.

Harry los miró con expresión desolada.

- Seguir actuando como cuando éramos sólo amigos, sin mayores muestras de que ella es mi novia – murmuró -. Eso va a ser tan complicado – agregó.

Mathew y Evelyn se miraron al escuchar la frase que había marcado cada fase de su relación y, para el desconcierto de Harry, rompieron a reír.

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Suburbios de Londres

La transmisión chirrió de manera espantosa cuando Harry puso la cuarta velocidad de manera algo forzada, haciendo que los ocupantes del espacioso vehículo todo terreno se crisparan.

- Viejo, jamás habría pensado que alguien que vuela tan bien podía conducir tan mal – dijo Fred.

- Esto es preocupante. ¿Eres así de torpe con todo lo que no sea volar? – preguntó George.

- Porque si es así, me alegra que hayamos venido a charlar contigo acerca de cómo esperamos que te comportes con tu novia – concluyó su gemelo.

- ¿Novia? No sabía que tenías una novia… ¿Quién es? – preguntó entonces Neville, mirando a Harry con asombro.

Harry detuvo el vehículo con brusquedad y todos se fueron hacia delante.

- Harry, hazlo con más suavidad – pidió Mathew apoyando la mano derecha contra el tablero de mando para evitar dar con su cabeza contra al parabrisas.

- Lo siento – murmuró el muchacho, avergonzado por su torpeza.

- No hay problema. Inténtalo de nuevo, pero esta vez suelta el embrague con un movimiento más fluido – sugirió el mago.

El muchacho ignoró la mirada interrogante de Neville y respiró hondo, antes de colocar la primera velocidad.

- Exacto. De eso se trata todo en la vida. Fluidez – aseveró Fred.

- Claro, porque tú eres un maestro de lo fluido – replicó Ron con mordacidad.

- Al menos soy alguien que lo intenta, algo que lamentablemente no podemos decir de ti, Ickle Ronniekins – retrucó su hermano mayor levantando las cejas.

- Es verdad. ¿Ya has hablado con nuestra futura cuñada acerca de que se transforme en nuestra cuñada de una buena vez? – agregó George, concentrándose en el menor de los Weasley.

- No sé de qué diablos están hablando y, de todos modos, no estamos aquí para hablar sobre mí.

- Cierto, estamos aquí para detallarle a Harry sus nuevas obligaciones – acordó Fred.

- No queremos que se repita la desastrosa situación que hubo que pasar con Cho – agregó George.

Harry se puso casi violeta de tan ruborizado que estaba y la caja de cambios volvió a crujir cuando intentó meter la cuarta velocidad sin pasar por la tercera.

- Maldición – murmuró, fastidiado, antes de fulminar a los mellizos a través del espejo retrovisor.

- Como comprenderás, tenemos intereses en este tema – prosiguió Fred.

- Es nuestro deber como adultos tratar de brindarte nuestra sabiduría en el campo del amor y las relaciones – acotó George.

- Adultos mi trasero – afirmó Ron -. ¿De qué sabiduría hablan? Lo único sobre lo que ustedes dos pueden dar cátedra es de cómo ser un par de idiotas y no morir en el intento.

- Tranquilo, Ron. Si te preocupa que le hablemos a Harry acerca de cómo jamás dar un solo maldito paso… - dijo Fred.

- Para tener a la chica que lo tiene balbuceando su nombre en sueños desde hace años… - agregó George.

- Despreocúpate. Te dejamos el tema a ti – afirmó Fred.

- Ese, sin duda, es tu campo – anunció George.

Ron se puso colorado y fue a replicar algo cuando Mathew suspiró y se giró para mirar hacia atrás.

- ¿Alguno de ustedes puede explicarme por qué razón tenían que venir? - preguntó.

- Nosotros dos porque queríamos tener una pequeña charla de hombres con Harry – aseveró Fred.

- Y eso es condenadamente difícil de hacer si estás en nuestra casa – agregó George.

- O en la tuya – concluyó Fred.

- Ron vino porque pensó que podría convencer a Harry que comenzara su práctica de manejo yendo hasta la casa de Hermione – dijo George con una sonrisa torcida.

- ¡No es verdad! – exclamó Ron, volviendo a ponerse colorado -. Yo vine porque estoy harto de estar encerrado en casa. Necesitaba algo de aire.

- Ahora le dicen tomar aire – murmuró Fred con ironía.

- Yo vine porque usted se ofreció a enseñarme a conducir – dijo Neville algo dubitativo, mirando a Mathew.

- Y lo haré – le aseguró el mago antes de tomar una caja que tenía a sus pies y tendérsela a los mellizos -. Háganme un favor. ¿Podrían colocar esta caja allí atrás?

Cuando Fred estaba por levantar su mano, Mathew soltó la caja como si se le hubiera resbalado, haciendo que ambos muchachos se apresurara a tratar de atraparla.

En el momento en que los mellizos la tocaron, Mathew extendió su mano hacia delante y dijo:

- Portus.

Los mellizos lo miraron, tomados por sorpresa, y un segundo después habían desaparecido del interior de la camioneta.

Harry frenó bruscamente una vez más y los dos muchachos sentados en el asiento trasero miraron el lugar que un segundo antes ocupaban Fred y George. Mathew se acomodó de nuevo en el asiento del copiloto y sonrió, satisfecho.

- Bien, ahora que nos hemos deshecho de ese par de estorbos, vamos a proseguir. Para el final de la tarde ambos deben ser capaces de conducir este vehículo – afirmó.

Una sonrisa enorme destelló en el rostro de Ron.

- ¿Dónde los enviaste?

- A su negocio – replicó el mago -. Harry, intenta de nuevo.

Riendo para sus adentros, el muchacho volvió a poner la camioneta en marcha y esta vez avanzaron sin mayores contratiempos ni bruscas frenadas.

- ¿Lo ves? No es como volar, pero de todos modos es fácil – dijo Mathew, orgulloso, cuando se detuvieron un rato después.

- Sí, cuando te dejan concentrarte – replicó Harry, satisfecho.

- Es verdad. Bien, Neville, es tu turno – dijo Mathew.

Harry se bajó para dar la vuelta y subirse detrás, mientras Neville se sentaba en el asiento del conductor y se ajustaba el cinturón de seguridad.

- ¿Recuerdas todo lo que le expliqué a Harry? Gira la llave en el arranque y suelta el embrague con suavidad mientras vas presionando el acelerador – le indicó el mago.

Neville asintió, concentrado. Apretando los labios, colocó la llave en el tambor de arranque, pero por un par de segundos se quedó muy quieto. Entonces giró el rostro hacia Harry con los ojos muy abiertos.

- ¡Ginny es tu novia! – exclamó, asombrado.

Harry gimió, mortificado, y lo miró con fijeza.

- Te agradecería enormemente si no lo comentas – pidió.

Su compañero de habitación levantó las cejas pero asintió, antes de regresar su vista hacia la calle.

- Bien… giro la llave – dio vuelta al encendido y el motor se hizo escuchar -, aprieto el embrague y coloco primera – con suavidad la palanca de cambios entró en la ranura indicada -, y suelto el embrague al mismo tiempo que presiono el acelerador – concluyó, moviendo sus pies con lentitud.

Un par de segundos después la camioneta se deslizaba por la calle.

- ¡Excelente, Neville! Muy bien – dijo Mathew satisfecho.

El muchacho sonrió, contento con su éxito, y se relajó.

- ¿Hacía dónde vamos? – preguntó tras un par de calles.

- No lo sé. La idea era que pudieran practicar, así es que es mejor si nos dirigimos a lugares poco transitados y evitamos las autopistas… ¿dónde quieren ir? – preguntó Mathew, mirando a los tres muchachos.

- Por mí cualquier lado está bien – afirmó Neville.

- Por mí también – dijo Harry.

Ron permaneció en silencio, mordiéndose el labio y mirando por la ventanilla, como si estuviera debatiendo consigo mismo.

- Sí, cualquier lugar – murmuró, derrotado, acomodando innecesariamente su cinturón de seguridad.

Harry miró a su mejor amigo de reojo, esperando que dijera algo más. Evidentemente, los comentarios de Fred y George habían sido más que efectivos porque Ron permaneció en silencio, mirando las calles.

Tras un momento decidió que si Ron no iba a hacer nada, él no se privaría de intentarlo.

- ¿Qué tal si vamos a ver a Hermione o a Luna? – propuso.

- Luna no está en Londres. Se fue con su padre a investigar sobre los greewiltwist en Escocia – comentó Neville mientras disminuía la velocidad antes de cruzar una esquina.

Ron levantó una ceja y miró a Harry, que apretó los labios para evitar reírse.

- Bueno, no dudo que Hermione estará contenta de verlos – dijo Mathew. Hurgó en el bolsillo de su pantalón y, sacando un celular, lo pasó hacia atrás sobre su hombro –. ¿Por qué no la llaman, para ver si está en casa y puede recibirnos?

Ron miró el teléfono como si fuera algo venenoso.

- Llama tú – le dijo a Harry, sin tocar el aparato que Mathew aún sostenía.

- ¿Y por qué yo?

- Porque yo no sé usar los felitonos. ¿Ya olvidaste cuando te llamé a la casa de tu tía?

El recuerdo de Ron gritando como loco en el teléfono hizo reír a Harry.

- Es teléfono, Ron. Y podrías aprender – dijo, tomando el celular.

- Otro día – replicó Ron.

Harry hizo memoria por un momento antes de marcar el número. Esperó con paciencia a que atendieran mientras Ron se mordía el labio, deslizando una mano sobre la rodilla gastada de sus jeans de manera compulsiva. Tras cuatro timbrazos la voz de Hermione se escuchó en la otra punta de la línea.

- Hola Hermione, soy Harry – el muchacho sonrió ante la exclamación de su amiga – ¡No, no! No sucede nada. Todo está bien. Mathew nos está enseñando a Neville y a mí a conducir. – La voz excitada de la joven se escuchaba casi sin problemas -. Bastante bien… al menos no hemos chocando contra nada hasta el momento. - Otra pausa y más comentarios apurados femeninos –. Hermione, no estoy hablando y conduciendo. Neville está conduciendo ahora. Yo estoy atrás con Ron… - más preguntas -. No, él ya sabe. Vino porque quería salir de su casa por un rato y pensamos que sería buena idea ir a verte, si es que no tienes… - hubo otra pausa y Harry sonrió ampliamente -. Grandioso. Te veremos en un rato.

Cortando la llamada, le tendió el teléfono a Mathew.

- Nos está esperando.

- Genial – dijo Neville, entusiasmado ante la idea de seguir conduciendo -. ¿Alguien sabe cómo llegar?

- Yo te guío – respondió Mathew -. Sigue derecho cinco calles y luego debes doblar a la izquierda. Recuerda poner la señal de giro cincuenta metros antes de llegar a la esquina.

Harry se volteó hacia Ron y cuando éste lo miró, gesticuló una sola palabra, sin emitir sonido alguno.

"Cobarde".

Ron se encogió de hombros y se volteó hacia la ventanilla. Un segundo después, sonrió.