Capítulo 19

Londres

Consejo de Vigilantes

- ¿Algo más que nos puedas decir? – preguntó Giles.

- No – fue la escueta respuesta de Angel.

El salón de reuniones del Consejo de Vigilantes se sumió en el silencio, mientras los ocupantes se perdían por un momento en sus propias cavilaciones.

- ¿Qué hay del número y clase de criaturas que ha reclutado? – preguntó Buffy.

- Como dije, no estoy seguro. Vi las mismas que había antes: vampiros, dementores, hombres lobo, banshees, magos, brujas… - Angel se encogió de hombros.

- ¿Demonios? – preguntó Willow.

- Voldemort nunca usa demonios – dijo Spike -. Los considera de baja calaña.

- Está loco, pero tiene estándares – agregó Angel, mirando de reojo a la cazadora, que se encontraba sentada frente a él en la mesa, junto a Spike.

Desde donde estaba podía saber con certeza dos cosas. La primera, que Spike y Buffy habían estado lo suficientemente cerca como para que ella oliera a él. La segunda, que ella había elegido sentarse junto al capitán peróxido cuando había sillas de sobra alrededor de la mesa. Y no sabía cuál de las dos cosas le dolía más.

- En definitiva, es el mismo alegre y heterogéneo grupo de la última vez – comentó Spike, pitando su cigarrillo y expulsando el humo mientras entrecerraba un ojo -. Algo así como una reunión escolar de 10 años después.

- Dieciséis – aclaró Dumbledore -. Angel, ¿tenía Tom un retrato de su madre con él en este sitio donde se estaba escondiendo?

Tras un segundo, durante el cual el vampiro trató de enfocarse en lo que le preguntaban, Angel frunció el ceño y pensó por un momento.

- No.

- ¿Está seguro?

- Sí. El retrato de su madre no es algo que uno vaya a olvidarse - aclaró Angel.

Dumbledore se inclinó hacia delante y lo miró con intensidad.

- ¿A qué se refiere?

- Me refiero a que estaba obsesionado con esa pintura – respondió Angel levantando las cejas-. Jamás dejaba que nadie lo tocara y lo limpiaba a diario.

- Sí. Lo recuerdo… era un retrato un poco extraño – comentó Spike.

- ¿Extraño cómo? – inquirió Giles.

- Extraño como infantil – dijo Spike -. Yo podría haber dibujado eso y quizás me habría salido mejor.

- ¿Como tu poesía? – preguntó Angel.

- ¿Me critica alguien que tiene una colección de Barry Manilov? – retrucó Spike.

- Niños, ¿necesitan un momento a solas? – interrumpió Buffy antes de volverse hacia Dumbledore. - ¿Qué tiene que ver ese retrato?

- Probablemente sea uno de los horcruxes que creó. Necesitamos encontrarlo.

- ¿Y si usamos un hechizo localizador? – propuso Willow.

- Los horcruxes están protegidos por magia muy poderosa. No son detectables mediante hechizos, así que si queremos llegar a uno de ellos, debemos saber dónde buscar – explicó Dumbledore.

- Podría estar en cualquier lugar – murmuró Giles, frustrado -. Incluso podría estar en otra dimensión.

- No creo que esté en otra dimensión. Como dije, estaba obsesionado con ese cuadro. Dudo mucho que lo haya enviado a quién sabe dónde, lejos de su control – comentó Angel.

- Ustedes dos pasaron mucho tiempo con él en el pasado, por no mencionar el par de meses que anduvieron cerca ahora. ¿Alguna idea? – preguntó Buffy.

- En realidad, creo que nosotros no somos la mejor fuente de información en este caso – dijo Angel pensativo -. Voldemort tiende a tomar sus decisiones teniendo en cuenta lo que cree que Bright o Whitherspoon van a pensar o hacer.

- ¿O sea que es probable que haya escondido este retrato en un lugar donde ellos no pensarían buscar? – preguntó Willow.

- Mejor aún, un lugar donde les resulte complicado ir – dijo Angel.

- ¿Ir? – inquirió Buffy.

- Sí. Un sitio adonde les resulte difícil entrar, emocionalmente hablando.

Dumbledore asintió lentamente.

- Para Evelyn y Mathew hay varios lugares así – murmuró el mago.

- No sé entonces qué hacemos nosotros discutiendo el tema - dijo Buffy -. ¿Por qué no los llamamos y…?

- No – la cortó Angel con brusquedad.

Tanto Buffy como Giles y Willow se quedaron algo sorprendidos por la reacción del vampiro.

Incómodo por haber sido tomado desprevenido, Angel se removió en la silla. Podía manejar una reunión con Mathew Whitherspoon, pero la sola idea de estar en el mismo cuarto que Evelyn Bright era algo que lo crispaba. No estaba seguro de poder soportar el ver lo que su presencia le hacía a esa mujer.

- No me parece que haga falta llamarlos ahora – intervino Dumbledore -. Están ocupados con otros temas que requieren de su atención.

- Excelente eufemismo para decir que están festejando la navidad con sus amigos – replicó Spike.

Buffy frunció el ceño.

- Perdón… ¿yo estoy aquí, discutiendo sobre esta guerra que le concierne a ellos y ellos están festejando la Navidad? – preguntó molesta.

- Nadie tiene la obligación de estar en esta mesa, señorita Summers. Si necesita ir a preparar cosas para el festejo, todos lo entenderemos – respondió Dumbledore con calma.

Buffy se sintió una tarada. Internamente maldijo a ese anciano que parecía amable y comprensivo, pero le recordaba al imbécil de Travers. Alguien que miraba desde fuera, opinaba y dirigía, pero dejaba que otro se ensuciara las manos.

Giles carraspeó y limpió sus anteojos.

- Me parece entonces que no hay mucho más para hacer o decir hoy.

- Tiene usted razón, Giles – dijo Dumbledore antes de mirar a Angel -. ¿Sigue con la idea de regresar a Estados Unidos?

Angel asintió.

- Wesley está teniendo algunos problemas que requieren de mi atención. Voldemort no va a aceptarme en su círculo y mi credibilidad ya se ha visto demasiado afectada entre los miembros de La Espina Negra. Aún cuando seguiré ayudando en la medida que pueda, hay asuntos que había puesto en marcha antes de venir a Londres y que debo terminar.

El director de Hogwarts miró por un largo momento al vampiro que había quebrado a su protegida tantos años atrás. El vampiro que él se encargó de que fuera maldecido con un alma porque fue lo único que pudo hacer para tratar de resarcirse ante Evelyn, aún cuando la joven estaba en coma y no podía verlo.

- Comprendo – dijo finalmente y se puso de pie -. Giles, por favor, cualquier novedad que tenga envíeme una lechuza.

- Por supuesto – le aseguró Giles, poniéndose de pie también.

- Gracias. Señorita Summers, señorita Rosemberg – saludó Dumbledore, antes de mirar a Spike, que no hizo gesto alguno, y luego a Angel, que se limitó a saludarlo con la cabeza.

La puerta se cerró detrás del anciano y Giles miró a Buffy, que permanecía sentada con los ojos fijos en la pulida madera de la mesa.

- Bien, me parece que iré a investigar un poco acerca de la transferencia de poder. Hay que apuntalar mejor el desempeño de las cazadoras en el conjuro de hechizos de defensa.

Buffy levantó las cejas, sintiendo que ese comentario iba dirigido hacia ella. Llevaba meses intentando y ya casi se había dado por vencida con el tema de la magia. Era obvio que las varitas no estaban pensadas para que ella las usara.

- Encontré un par de textos antiguos que creo que serán de utilidad en ese tema – le dijo Willow a Giles, poniéndose de pie -. Ven, te los enseñaré.

Ambos salieron del cuarto, dejando a Buffy con los dos vampiros.

Un largo silencio se cernió sobre la mesa y sus ocupantes, mientras Angel miraba a Buffy, Spike miraba a Angel y Buffy se negaba a mirar a ninguno de los dos. Porque sabía lo que Angel seguro ya había deducido sobre ella y Spike. Y también sabía que si lo miraba, vería en sus ojos cuánto le dolía la situación. Y ella jamás había soportado que él sufriera.

- ¿Cuándo te vas? – preguntó entonces Spike, rompiendo la tensa quietud de la sala.

- En cuanto termine algo que tengo pendiente.

Buffy clavó los ojos en Angel. Una vez más se preguntó cuánto y cómo Evelyn Bright lo afectaba. Su vehemente negativa a que la llamaran, el notorio temor a encontrarse con ella, la culpa que aparecía en él cada vez que alguien la nombraba. Era obvio que para Angel, la bruja cazadora era un tema sin cerrar. Y una parte de ella le dolió al darse cuenta que Evelyn aún tenía un gran poder sobre el vampiro. Tal vez no la deseara para él, pero seguía siendo lo suficientemente importante como para que se arriesgara por ella. Como para que no tuviera el valor de encontrarla y mirarla de frente.

- Ella no va a perdonarte – dijo repentinamente.

Angel asintió.

- Lo sé. No espero que lo haga.

- ¿Y entonces?

- Tengo algo que debo devolverle – replicó el vampiro.

- Mándale una lechuza – sugirió Spike.

- Yo se lo quité, yo se lo tengo que devolver – respondió Angel.

La cazadora lo miró con profunda preocupación.

- Si estás hablando de devolverle a su hijo…

- Ella ya tiene a su hijo de vuelta. Esto es otra cosa – Angel se puso de pie y miró a Spike - ¿Qué harás?

Spike levantó su ceja rota y se respaldó, colocando un brazo en el respadar de la silla de Buffy.

- Me quedo.

Angel asintió, interpretando perfectamente lo que su viejo protegido estaba diciendo con su gesto. Reprimiendo la punzada que sintió en el pecho, se volvió hacia Buffy.

- ¿Todavía en fase de cocción?

La joven no estaba segura de qué responder, porque ninguna respuesta le parecía adecuada. Dándose cuenta, el vampiro esbozó un fantasma de sonrisa que no alcanzó a alegrar su triste mirada.

- Cuídate, Buffy.

- Tú también – musitó la chica.

- Nos vemos, Willie – dijo Angel mientras se dirigía hacia la puerta.

- ¡Hey, Membrillo! – exclamó Spike, haciendo que Angel se detuviera con la mano en el picaporte y se volteara a mirarlo -. Lograr que ella te estaque tampoco es la solución.

El fantasma de sonrisa se transformó en una mueca sardónica.

- ¿Y lo dice alguien que dejó que lo volviera papilla delante de una veintena de cazadoras?

Con una última mirada a la chica salió, cerrando a su espalda sin hacer ruido alguno.

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La Madriguera

Cuarto de Ron

Sentado contra el cabezal de la cama que siempre había ocupado en el cuarto de Ron, con Ginny instalada entre sus piernas dobladas y apoyada contra su pecho, Harry contempló el tablero que se encontraba junto a los pies de su novia.

- ¿Piensas mover en algún momento de lo que queda del año? – preguntó su mejor amigo, impaciente.

- Estoy pensando – respondió Harry, frunciendo el ceño con concentración.

Ginny se mordió el labio, jugando con los dedos de Harry mientras evaluaba la jugada con detenimiento.

- El caballo a su torre de la reina – dijo la chica.

Harry observó la jugada y, sonriendo, le ordenó al caballo la movida. La pieza negra galopó por el tablero, saltó por encima de un peón y destruyó a patadas la torre, para disgusto de Ron.

- Dos cosas. Primero, tú no estás jugando, esto es entre tu novio y yo. Y segundo, ¿qué dijimos sobre todas esas cosas que no quería presenciar? – se quejó Ron, frunciendo el ceño al ver que Harry le daba un beso de agradecimiento a su hermana.

- Cállate, Ron. Nadie dijo que yo no podía dar mi opinión aquí – dijo Ginny, sonriendo con satisfacción.

- Y en cuanto a lo que no quieres ver, lo lamento, viejo. Como diría Mathew, la inteligencia es sexy y mi novia es muy inteligente, asi que será mejor que te resignes – agregó Harry, tan sonriente como Ginny.

- Las palabras sexy y Ginny en una misma frase, es una de esas cosas que tampoco me interesa escuchar – se quejó el pelirrojo.

- Envidioso – le dijo su hermana.

- Exhibicionista – retrucó el muchacho.

- Gallina – replicó Ginny.

- Cállate.

Harry se rió con ganas mientras Ginny entrelazaba sus manos, colocándolas sobre su estómago.

- No importa, puedo vencerlos a ambos sin problemas – declaró Ron antes de ordenarle a su alfil que tomara el caballo del rey del Harry.

La puerta se abrió medio segundo después de que alguien golpeara y Mathew entró en el cuarto.

- Aquí están. Harry, debemos irnos – anunció, mirando el tablero de reojo.

- Pensé que nos quedarímos a cenar – dijo el chico, incorporándose mientras Ginny se apartaba.

- Y lo haremos, pero Evelyn y yo necesitamos hacer una visita y queremos que vengas con nosotros.

- ¿Dónde vamos? – preguntó Harry intrigado mientras se ponía de pie.

- A ver a los Dursley – respondió el mago.

Harry levantó las cejas y Ginny lo miró con interés.

- ¿Puedo ir? Tengo un par de cosas que me gustaría decirle a ese primo tuyo – pidió.

El muchacho levantó un hombro y miró a Mathew, quien negó con la cabeza.

- Lo lamento. Sólo hemos previsto seguridad para nosotros tres y no quiero arriesgarme.

Las facciones de la chica se revistieron de decepción y Mathew rió, abrazándola.

- Si todo sale como yo espero, prometo llevarte hasta la salida del colegio de Dudley para que puedas decirle ese par de cosas.

Ginny sonrió y Harry levantó las cejas.

- ¡Hey, hey, hey! – dijo apartándola de Mathew -. Si alguien va a llevar a Ginny a cantarle verdades a mi primo, ese seré yo.

Mathew levantó las manos.

- Ok, no te sulfures – sonrió y besó a Ginny en la sien antes de murmurarle algo en el oído. Enderezándose, apretó el hombro de Ron en señal de saludo -. Te veré después, Ron.

- Claro.

- Terminaremos la partida cuando regrese, viejo – dijo Harry, buscando su abrigo.

- Disfruta el momento y trae fotos – Ron le sonrió, cruzándose de brazos y respaldándose en los pies de la cama.

- Haré lo posible – volviéndose hacia Ginny, le dio un beso rápido y un abrazo -. Te veré en un rato.

- Diviértete – contestó la chica.

Los pasos de Harry y Mathew se perdieron escaleras abajo, desde donde se escuchaba la voz de Evelyn llamándolos. Ginny se sentó donde Harry estaba un momento antes, abrazándose a la almohada y hundiendo la nariz en ella.

Miró el tablero por un momento y sonrió.

- Caballo 4 a alfil 3 – dijo.

Las piezas se movieron y el caballo se plantó en su cuadro con orgullo.

- Jaque mate – anunció la chica, satisfecha.

Ron estudió azorado el tablero por un segundo, sin entender lo que había sucedido, y entonces miró a su hermana, enojado.

-¡Eso es trampa! ¡Mathew te lo dijo!

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Nº 4 Privet Drive

Mathew tocó el timbre y hundió las manos en los bolsillos de su largo gabán. A su lado, Harry pateó el suelo para combatir el intenso frío y junto a él, Evelyn miró al jardín cubierto por la nieve.

Sus ojos se posaron en el chico que se encontraba entre ella y su esposo. En un gesto automático le arregló el cuello del abrigo, que estaba doblado hacia adentro, para luego revolverle el pelo. Harry la miró con el ceño fruncido.

- ¿Qué haces? – preguntó, sin entender.

- Estás demasiado peinado – respondió Evelyn, volviéndose hacia la puerta mientras Harry hacía un esfuerzo por contener una carcajada.

Era la primera vez que una mujer no intentaba ordenarle el pelo sino todo lo contrario. Y su esfuerzo por no reírse fue aún mayor cuando Petunia Dursley abrió la puerta y su falsa sonrisa de bienvenida se congeló en su rostro al ver quiénes estaban parados en el felpudo de bienvenida.

- Hola, Petunia. Tanto tiempo – la saludó Evelyn.

Tras un par de segundos, Petunia pegó un grito y cerró la puerta con un golpe sonoro.

Harry levantó las cejas, interesado.

- Debe ser la primera vez que tía Petunia recibe a alguien de esta forma - dijo y, abriendo la puerta, entró.

La mujer, que estaba agazapada en la entrada de la cocina, miró a la pareja que entró detras de Harry, quien cerró la puerta una vez que Mathew estuvo dentro. Vernon apareció desde la cocina y los pesados pasos de Dudley se escucharon bajando las escaleras.

- Petunia, ¿qué suced…? – la pregunta de Vernon Dursley quedó inconclusa al ver a los visitantes. - ¿Harry? ¿Qué haces aquí?

- Hola, tío Vernon – saludó Harry, adelantándose.

- Aún no es verano – le espetó el hombre.

- Menos mal o toda esa nieve me habría preocupado – respondió el chico con ironía. Al ver que el rostro del corpulento individuo comenzaba a deformarse, agrego: - Tranquilízate, no he venido a pasar con ustedes la Navidad.

- ¿Entonces? ¿A qué has venido? ¿Y quiénes son ustedes? – preguntó entonces, mirando a los dos desconocidos con el ceño fruncido.

- Tío Vernon, ellos son…

- Mathew Whitherspoon y Evelyn Bright – murmuró Petunia. – Pensé… creí que habían muerto. Lily lloró una tarde entera en la cocina de mi madre por ustedes.

- Estábamos en coma, no muertos – dijo Evelyn.

- ¿Los conoces? – preguntó Vernon a su esposa.

- Es el primo hermano de James y su esposa – aclaró Petunia, recuperándose un poco de la impresión –. Yo… lamento haberles cerrado la puerta. Pensé que eran fantasmas.

- Me imagino – murmuró Mathew, adelantándose y tendiéndole la mano a Vernon -. Mathew Whitherspoon.

El tío Vernon comenzó a sudar, como siempre que se hallaba ante un mago o una bruja, y miró la mano suspendida frente a él como si fuera una tarántula. Tras unos segundos, como Mathew no la apartó, terminó por estrechársela.

- Ella es mi esposa, Evelyn – dijo Mathew y Vernon apretó los dientes mientras estrechaba la mano a la bruja también.

- ¿Así que usted es primo de Potter? Pensé que él no tenía parientes vivos – comentó Vernon.

- Bueno, no estuve exactamente coleando estos últimos años, así que supongo que no he contado como pariente vivo – aclaró Mathew. Ante la mirada de incomprensión del otro hombre, agregó: - Ya sabe… estar en coma…

- ¡Ah, sí! Por supuesto. Entiendo.

Vernon Dursley pensó que aunque fueran magos, al menos venían vestidos como gente normal. Petunia, por otro lado, estaba blanca como el papel. Ella podía recordar perfectamente bien qué tipo de relación unía a esta pareja con su hermana y su cuñado.

Por un largo momento nadie dijo nada, hasta que Dudley terminó de bajar la escalera y extendió su mano.

- Dudley Dursley – se presentó.

- Hola Dudley – lo saludó Evelyn, estrechándole la regordeta mano.

- Dudley – Mahtew imitó a su esposa antes de volverse hacia Vernon y Petunia. - Lamentamos haber venido sin avisar, pero es un poco complicado moverse de manera segura estos días y necesitábamos hablar con ustedes sobre un tema importante – dijo con un tono de voz que hizo que Evelyn recordara a su suegro cuando estaba en un tribunal.

- ¿Qué tema? – quiso saber Vernon, receloso.

- La custodia legal de Harry.

Harry miró al mago, desconcertado. Petunia abrió los ojos con algo de temor mientras Vernon movía los bigotes y se erguía.

- ¡Ah! Bien… excelente. Pasemos entonces a la sala – dijo, trasladando su voluminosa humanidad hacia la habitación contigua y parándose frente a la chimenea para asentar su lugar en esa reunión.

Petunia se ubicó rígida como una tabla en el sillón junto a Vernon, con las manos fuertemente apretadas en su regazo y su equina expresión congelada en el rostro. Mathew se sentó en el sofá, con Evelyn a su izquierda y Harry a la derecha, frente a los Dursley. Tras un momento de duda, Dudley se acomodó en el sillón cerca de la entrada, observando con detenimiento a la bruja.

Nunca en su vida había visto ojos de ese color.

- Ustedes dirán – dijo Vernon, observando a los visitantes con expresión de superioridad.

- Tenemos entendido que el Ministerio ha estado conversando con ustedes acerca de la posibilidad de que le cedan la custodia legal de Harry – comenzó Mathew con voz calma

- ¿El Ministerio iba a adoptarme? – sorprendido, Harry miró a sus tíos con el ceño fruncido –. ¿Iban a darme en adopción a una institución gubernamental?

Vernon tuvo la decencia de ponerse algo incómodo mientras Petunia se concentraba en sus manos.

- Bueno… ese sujeto dijo que el Ministerio iba a hacerse cargo de ti y de tu seguridad – argumentó Vernon -. Creo que ya hicimos más que suficiente… Te criamos, te dimos un hogar, ropa, comida y educación.

- ¿Estás bromeando? ¿Un hogar? Un techo, seguro, pero un hogar… - dijo el chico, sin dar crédito a lo que escuchaba.

- Bien, ¿qué más se suponía que teníamos que hacer? – preguntó el rubicundo individuo con enfado -. Lo único que falta es que ahora me digas que esperas que coloque en mi testamento que te dejo la mitad de mis bienes – hizo una pausa y lo miró con suspicacia -. No será que quieres mi herencia, ¿verdad?

Harry abrió la boca, realmente atónito.

- Si alguna vez me pregunté hasta qué punto llega tu estupidez, acabas de despejar todas mis dudas – afirmó.

- Y las mías también – dijo Mathew, clavando sus ojos helados en el hombre parado frente a la chimenea –. No estaba seguro con qué iba a encontrarme aquí pero ya veo cómo son las cosas.

- No, tú no ves cómo son las cosas – intervino Petunia, destilando tensión por cada poro de sus acartonadas facciones -. Hemos pasados años, AÑOS, lidiando con las rarezas de Harry. Llamadas del colegio diciendo que de repente apareció en el techo, que el pelo de un profesor se volvió azul, con Dudley encerrado en un serpentario… por no mencionar los últimos años, con gente extraña apareciendo por todos lados, lechuzas invadiendo mi jardín, pasteles que vuelan sobre la cabeza de nuestros invitados o esos horribles pelirrojos que le hicieron crecer la lengua a mi hijo hasta que midió más de dos metros.

- ¿Y todo eso ameritaba que le dieras a Harry un armario por cuarto? – preguntó Evelyn, cuyos puños estaban cerrados en su regazo, con los nudillos blancos.

Petunia se acomodó lo mejor que pudo en su sillón y se enfrentó a la helada expresión de Evelyn.

- Si Harry era tan preciado para ti, ¿por qué no te hiciste cargo de él entonces? ¿Dónde estuvieron ustedes todo este tiempo, para que vengan ahora a recriminarme lo que hice o dejé de hacer?

- Estaba en coma, Petunia – replicó la bruja -. De no haber sido por eso, puedes estar segura que Harry no se habría criado con una mujer tan imbécil, que descargó el desprecio y rencor que sentía por su hermana en un niño inocente.

Petunia se puso colorada y respiró con enfado.

- Mi hermana no era más que una idiota, que se creía especial sólo porque estudió en esa escuela y se casó con ese inservible de Potter.

- ¡No los insultes! – exclamó Harry, poniéndose de pie, enfadado.

- Lily nos hacía quedar como locos, hacía que la gente nos mirara como si fuéramos personas que era mejor evitar. Se creía tan especial sólo porque era una bruja… – retrucó Petunia.

- Lily no era especial porque fuera una bruja – la interrumpió Evelyn, mientras Mathew tomaba a Harry por la muñeca para obligarlo a sentarse -. Era especial porque era un ser humano con un gran corazón. Uno tan grande, de hecho, que tomó a nuestro hijo cuando nosotros no pudimos cuidarlo y lo adoptó como propio. Tan propio que murió por él.

Un silencio azorado se instaló en la sala de los Dursley. Harry se sentó lentamente de nuevo junto a Mathew y los tres esperaron a que alguien dijera algo. Vernon resopló, Petunia boqueó y Dudley abrió los ojos como platos.

Finalmente, Vernon balbuceó:

- Tú eres… ustedes son… Harry es…

- Harry es Harry – señaló Mathew en tono tajante -. Era sólo un bebé cuando llegó a esta casa, un niño. Al margen de dónde viene, cuál es su historia, cómo llegó aquí, es una persona.

- Él no es hijo de Lily – murmuró Petunia.

- Él no es solamente hijo de Lily – corrigió Evelyn, enfrentándose a la mujer sentada del otro lado de la mesa de café con la mirada -. Pero Lily fue su madre, Petunia. Puedes estar segura de eso.

Vernon, que parecía que en cualquier momento iba a estallar, miró a Harry con el rostro enrojecido por el enfado.

- No puedo creer que durante todo este tiempo hayamos estado…

- Harry me salvó hace un año y medio – dijo Dudley de repente, interrumpiendo a su padre y atrayendo la atención de todos hacia él -. Estábamos en el parque y apareció esa cosa. Un… - agitó la mano, como si buscara la palabra en su cerebro y no la encontrara.

- Un dementor – dijo Harry, mirando a su primo con curiosidad, sin entender adónde iba a ir a parar con lo que decía.

- Eso, un dementor. Se me vino encima y recuerdo que lo único que quise fue morir – prosiguió Dudley, mirando a los dos magos sentados en el sofá -. Harry hizo algo… no sé qué fue porque no estaba mirando, pero hizo algo y me salvó – frunció el cejo, como si estuviera pensando, antes de mirar a Harry -. Yo te habría dejado allí. Habría corrido tan rápido como pudiera y te habría dejado.

Harry asintió.

- Lo sé.

- Pero tú te quedaste – señaló el muchacho.

- Sí.

Dudley frunció los labios, pensativo, y luego asintió, respaldándose. Los cuatro adultos y Harry lo miraron por un momento, esperando que agregara algo más. Tras unos segundos fue evidente que había dado por terminada su participación en la charla, por lo que Mathew regresó su atención a la pareja parada frente a ellos. Era hora de exponer los términos que le importaban para poder largarse de esa casa.

- La custodia de Harry regresará a Evelyn y a mí, una vez que solucionemos algunos detalles legales – dijo poniéndose de pie -. Les agradecería que si algún funcionario del Ministerio llega a venir por este tema, lo remitan con nosotros.

Vernon asintió de manera casi automática para, repentinamente, levantar su regordete dedo.

- ¿Y qué hay de mi acuerdo con ellos?

- ¿Qué acuerdo? – preguntó el mago, al tiempo que Evelyn y Harry se ponían de pie.

- Ellos iban a hacerme un reembolso – explicó Vernon.

Evelyn tomó aire y la muñeca de su esposo, todo al mismo tiempo.

- Un reembolso – repitió la bruja.

El gordo sujeto se dirigió hacia un pequeño mueble junto a la chimenea y lo abrió, extrayendo un libro.

- Tengo todo anotado. Cada centavo que hemos gast…

- Te enviaré el dinero, Dursley – lo interrumpió el mago, que tenía la mandíbula encajada de la furia -. Y te sugiero que ni siquiera te atrevas a mostrarme el detalle de lo que tienes anotado ahí o de verdad que vas a lamentar el día que tu camino y el mío se cruzaron.

Vernon Dursely dio un paso atrás de manera instintiva, mientras Petunia se apresuraba a colocarse detrás de él.

- ¿Qué hará? ¿Me lanzará alguno de esos hechizos y me hinchará como un globo? – preguntó Vernon, intentando sonar desafiante pero fracasando estrepitosamente por el temblor de su bigote.

- Estaba pensando en algo más efectivo, como borrar esa empresa tuya del mundo de los negocios – replicó el mago.

El hombre abrió y cerró la boca, sin emitir sonido, mientras Petunia lanzaba un gemido ahogado, aferrándose al brazo de su marido.

- ¿Acaso han venido hoy aquí a amenazarnos? – preguntó, indignada.

- En realidad habíamos venido a decirles que vamos a asegurarnos de que nadie, nunca, les haga daño – dijo Evelyn.

- ¿Y ahora cambiaron de opinión? – inquirió la larguirucha mujer.

- No – respondió la bruja con simpleza - . Cuentan con nuestra palabra de que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para protegerlos. Siempre.

Petunia tragó el nudo que se le había formado en la garganta.

- Gracias – dijo tras un momento.

Evelyn asintió, Mathew no se molestó en mover la cabeza y Harry miró a sus tíos por un segundo.

- Harry, ¿hay algo que necesites llevarte o ya podemos irnos? – preguntó Mathew.

- Aquí no hay nada mío – afirmó el joven mago.

- En ese caso, Dursley, Petunia, Dudley – saludó el hombre y apoyó una mano en la base de la espalda de su esposa para guiarla hacia la puerta.

- Adios, Petunia. Vernon. Dudley – dijo la bruja.

Harry miró a sus tíos un momento.

- Adios, tío Vernon. Tía Petunia…

- Adios Harry – la mujer lo interrumpió, despidiéndose casi sin mirarlo.

El chico hizo un gesto de resignación y caminó detrás de Mathew y Evelyn.

- Adios, Dudley – murmuró al pasar junto al otro chico, que también se había puesto de pie.

Salió al pasillo y se dirigió hacia la puerta, pero la voz de Dudley lo detuvo antes de que Mathew la abriera.

- Harry, ¿quién es Ginny?

Harry se giro y miró a Dudley desconcertado.

- Ginny es mi novia – dijo con el ceño fruncido -. ¿Cómo sabes su nombre?

- Ah, tu novia – respondió Dudley -. Me han llegado unas cartas muy raras. Gritan cuando las abro y las firma alguien que se llama Ginny.

Las cejas de Mathew, Evelyn y Harry se elevaron, y el muchacho miró a su primo, tratando de reprimir una sonrisa.

- ¿Ginny te ha enviado vociferadoras?

- ¿Así se llaman esas cartas? – preguntó Dudley y Harry asintió –. Sí, me ha enviado cuatro. No quise abrir la última y estalló… Linda voz – comentó tras un momento -. Tiene un vocabulario florido.

Harry sonrió, divertido, y metió las manos en los bolsillos de la chaqueta que no se había quitado.

- Sí, es verdad.

Dudley lo saludó levemente con la cabeza.

- Nos vemos, Harry.

Harry asintió a su vez.

- Nos vemos, Dudley.

Mathew tomó el picaporte para abrir la puerta cuando, frunciendo el ceño, giró repentinamente y regresó al salón. Con el rostro encajado se aceró a Vernon y Petunia, que no se habían movido, y le arrebató al hombre el libro que aún sostenía en las manos.

- Cambié de opinión. Me llevo esto –. Levantó el libro y lo sacudió, mostrándoselo. Dio un paso más hasta que quedó a un par de centímetros de Vernon. – Puedes estar seguro de que voy a revisarlo con detalle. Yo que tú comenzaría a preguntarme si lo que voy a encontrar, va a gustarme.

El rostro de Vernon perdió el color. Tal vez era estúpido, pero la inteligencia le alcanzaba para reconocer una amenaza cuando la escuchaba.

Satisfecho ante el temor que vio en los ojos de la pareja, Mathew salió de la sala y se dirigió hacia donde Evelyn y Harry lo esperaban. Los tres magos salieron y respiraron hondo cuando la puerta se cerró tras ellos.

- ¿Listo para irnos a casa? – preguntó Mathew.

Harry paseó la vista por la calle y los jardines, antes de clavar los ojos por un segundo en el número 4 que brillaba en la puerta. Mirando a la pareja junto a él, sonrió.

- Totalmente.

Mathew colocó su mano en la base del cuello del muchacho y los tres se dirigieron a la camioneta aparcada frente a la casa. Cuando se alejaban en el vehículo negro, Harry miró atrás y vio que Petunia estaba parada en una ventana, observándolo partir de su casa para siempre