Capítulo Veintitrés

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Aula de Entrenamiento

Harry lanzó el maleficio y, agitado, bajó su varita. Estaba cansado y sabía que si seguía intentando, no lograría nada mejor de lo que había conseguido. De todos modos, estaba seguro de ser capaz de realizar esos conjuros si los necesitaba.

Acercándose a la mesa, llenó un vaso con agua y lo bebió de un trago, antes de desplomarse en una silla y masajear de manera ausente su frente. La cicatriz había comenzado a dolerle levemente hacía un tiempo, razón por la cual las lecciones de Oclumancia que él y sus amigos recibían desde que inició el ciclo lectivo se intensificaron.

Mathew y Evelyn se turnaban en la dolorosa y dura tarea de enseñarle a bloquear su mente ante una invasión no deseada. Había logrado grandes progresos y podía bloquearlos a ambos por períodos de tiempo aceptablemente largos. Lamentablemente, parecía que su mente no lograba relajarse jamás y por las noches todos los malos recuerdos regresaban para atormentarlo en sueños.

El siguiente paso era usar la Oclumancia para vaciar su cabeza y poder descansar, pero hasta tanto no dominara esta habilidad despierto, no podría usarla dormido. Así que las últimas dos semanas, muchas noches se había levantado en silencio y había venido a esa sala a practicar hechizos nuevos. En la mayoría de esas ocasiones Ron ya estaba allí o aparecía más tarde, cuando sus propias pesadillas le hacían imposible seguir en la cama.

La primera noche que esto sucedió comenzaron un listado comparativo de cuál de los dos había tenido el sueño más escabroso. Por una cuestión de sadismo, Ron iba ganando.

Suspirando, se pasó la mano por el rostro. Mathew le había dicho que estar preparado era necesario; pero si llegado el momento uno estaba tan agotado que no podía decir una palabra, entonces toda la preparación había sido inútil.

Harry sabía que si lo encontraba practicando hechizos lo enviaría a descansar sin miramientos. En muchas de las ocasiones en las que él y Ron estaban ahí en medio de la noche, Mathew solía aparecer. Por lo regular les ordenaba volver a la cama, pero en ocasiones simplemente se quedaba y hablaban. De James, de Sirius, de la época en la que Evelyn y él vigilaban los vagabundeos de los merodeadores. De Quidditch, de cuando Arthur y él investigaban los inventos muggles para encontrarles una aplicación práctica en la guerra. De la academia de aurores, de lo que Ron y Harry podían hacer cuando salieran del colegio. Y para bochorno de Harry, una noche en que él estaba solo, incluso le habló de Ginny y de las cosas que no debería olvidar cuando estaba con ella. Menos mal que Mathew se sintió más incómodo aún que él. No quería volver a tener esa conversación jamás.

Esa noche Harry había decidido practicar hechizos nuevos que encontró en la vasta biblioteca del aula de Entrenamientos. Al fin y al cabo, no tenía nada mejor que hacer en ese momento. Ron y Hermione estaban cumpliendo con su ronda de prefectos; Ginny lo había expulsado de su mesa en la biblioteca porque tenía que estudiar para los MDB y afirmó que él la desconcentraba; Mathew se había ido con Dumbledore a buscar uno de los horcruxes y Evelyn tenía una reunión en el cuartel de la Orden.

Llenando el vaso nuevamente, bebió el agua con lentitud al tiempo que pensaba que quizás Ron querría practicar un poco de esgrima con él. Miró el reloj que colgaba de la pared y se dio cuenta que la ronda de prefectos debió terminar veinte minutos antes. Él y Hermione ya deberían haber llegado.

Inclinándose, sacó el mapa de los Merodeadores de su mochila y lo abrió sobre la mesa.

- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas – murmuró, tocando el pergamino con su varita.

Hogwarts cobró vida en el papel y Harry deslizó la vista por su superficie. Tras un momento, vio que Hermione y Ron estaban en una de las aulas del primer piso y sonrió. Indudablemente, la discusión acerca de cuán útil resultaba aprender métricas de las runas había llegado a su fin.

Un mes atrás, cuando vio a sus mejores amigos entrar en el salón común, luego de que protagonizaran la pelea del siglo en la clase del profesor Flitwick, creyó que las sonrisas bobas y las manos entrelazadas marcaban el comienzo de una nueva era. Una era en donde las peleas por estupideces ya no serían el plato de cada día.

No podría haber estado más equivocado.

Las disputas persistieron con bastante asiduidad. La única diferencia era cómo terminaban. Harry había comenzado a sospechar que discutían para poder reconciliarse luego en las rondas de prefectos.

Dirigió la vista hacia la biblioteca y vio que Ginny aún estaba donde la había dejado una hora antes. Una sonrisa diferente cruzó sus facciones al pensar en su novia.

Ser discretos era algo que no les resultaba sencillo, pero en su opinión lo estaban haciendo bastante bien. Habían desarrollado toda una rutina, establecido horarios para encontrarse y acordado todo tipo de códigos de comunicación que sólo tenían significado para ellos dos. Pocas personas parecían haber notado la sutil diferencia entre cómo eran antes y cómo eran ahora, así que se sentía relativamente tranquilo con respecto al riesgo que la chica corría.

Además, el noviazgo de Ron y Hermione acaparó toda la atención. La gente parecía más interesada en ver si esta fase de su relación iba a ser tan tormentosa como su amistad, que en dilucidar por qué ahora él estaba siempre cerca de Ginny.

Dado que Ron estaba ocupado, siguió observando la vida del colegio. Había mucho movimiento para ser una hora en la que todos deberían estar en sus respectivas casas.

Mathew le había pedido que le mostrara el mapa hacía varios meses, cuando Lupin le dijo que estaba en su poder. Jamás olvidaría el rostro del mago cuando conjuró el hechizo y Hogwarts apareció ante ellos.

"Este mapa fue mi idea", le contó. "Se me ocurrió una noche de verano y se la comenté a James. En pocos meses, él y sus amigos se las arreglaron para conseguir que funcionara y fue una suerte que el bargaine ya se hubiera conjurado. De otro modo, creo que Evelyn me habría cortado la cabeza cuando se enteró", le confió, divertido.

Luego hizo algo que Harry no habría esperado. Sacó su varita y agregó al mapa todos los lugares que no figuraban. "En aquel momento no me pareció buena idea que James descubriera qué era lo que hacía a espaldas de todo el mundo, así que no le dije que faltaban varios sitios", le confesó.

Debido a esto el mapa ahora era mucho más grande. Podía ver absolutamente todo dentro y fuera de esas paredes de piedra. Desplegándolo aún más, se fijó si no había alguien en el parque o las lindes del bosque.

De repente, la sonrisa desapareció de su rostro cuando vio el nombre de Evelyn junto al de Malfoy, cerca del portón de acceso. Frunciendo el ceño, se enderezó en la silla. ¿Qué hacía Evelyn con Malfoy a esa hora, fuera de Hogwarts?

Draco Malfoy había estado actuando sumamente extraño desde hacía bastante tiempo. Había algo en la forma en que solía mirar a Evelyn que Harry no llegaba a comprender y su humor había pasado a ser directamente insoportable.

En ese instante aparecieron más pasos detrás de ellos. No reconoció los nombres pero supo que algo debía estar mal. Sin soltar el mapa salió disparado hacia la puerta, volcando la silla cuando se puso de pie.

Salió al pasillo y corrió hacia las escaleras, con el corazón latiéndole a toda velocidad y la mente funcionándole a toda marcha. Bajó los escalones de a dos y cuando llegó al descanso del tercer piso se topó con Neville, que venía subiendo con un libro bajo el brazo.

- Harry… ¿qué sucede? – preguntó Neville, viendo a su amigo bajar a los saltos.

- Evelyn viene por el camino con Malfoy – respondió Harry sin detenerse.

- ¿Qué? – inquirió el muchacho, sin entender, pero siguiendo a Harry de todos modos.

- Evelyn y Malfoy, fuera del colegio – aclaró Harry mientras levantaba el mapa – Los vi… hay otros detrás de ellos.

Un ruido sordo se escuchó cuando el libro que Neville cargaba se estrelló contra los escalones de mármol. Ambos muchachos descendieron corriendo, con las varitas aferradas y sin decir demasiado.

- Por aquí – dijo Harry, girando bruscamente al llegar al primer piso.

- ¡Ese no es el camino más corto a la puerta principal! – exclamó Neville.

- Ron y Hermione están en este pasillo.

Comprendiendo, Neville lo siguió sin agregar nada, con los labios firmemente apretados y la mente llena de recuerdos de lo sucedido en el Ministerio.

- ¡RON! ¡HERMIONE! – gritó Harry mientras se acercaba al aula en donde vio en el mapa a sus dos amigos.

Dos segundos después una puerta se abrió a cuatro metros de donde ellos se encontraban y Ron apareció, asustado.

- ¡Malfoy está afuera con Evelyn! – fue todo lo que Harry dijo mientras seguía su carrera, ahora seguido por sus dos mejores amigos además de Neville.

- ¿Qué están haciendo? – preguntó Hermione.

- ¿Y cómo voy a saberlo? Sólo los vi en el mapa… y hay gente detrás de ellos.

- ¡Por aquí! – dijo Ron, doblando intempestivamente hacia la izquierda.

En dos zancadas llegó hasta una angosta escalera cuya entrada estaba junto a una armadura. Los pasos resonaron en las paredes de piedra mientras descendían a saltos hasta la planta baja y emergían cerca del hall principal del castillo.

- Tenemos que avisar a los profesores – dijo Hermione.

- ¡No tenemos tiempo! – denegó Harry.

Neville apuntó su varita hacia la escultura que se encontraba en el medio del Hall. Un mago del siglo anterior que sostenía en su mano un globo terraqueo tallado en mármol.

- ¡Oppugno! – exclamó.

La esfera tembló y un segundo después se desprendía con un crujido. Como si se tratara de una bala de cañón, atravesó uno de los grandes vitrales que flanqueaban las puertas, haciendo que las alarmas se dispararan en todo el castillo.

- Ahora están avisados – dijo el muchacho.

Los vidrios no habían llegado a caer del todo cuando Harry ya estaba trepándose a la ventana, seguido de sus tres compañeros. A lo lejos se podían ver los distintivos destellos de maleficios. Había una batalla allí y estaban demasiado lejos.

- ¡Accio, Saeta de Fuego! – exclamó Harry antes de lanzarse a correr hacia el portón de entrada.

- Buena idea. ¡Accio, Barredora! – dijo Ron, sin dejar de correr.

- ¡Yo no tengo escoba! – exclamó Neville, frustrado.

- Yo tampoco – le dijo Hermione.

Los cuatro corrieron a lo largo del camino principal por menos de un minuto, sin más luz que la de la luna llena, antes de que las dos escobas aparecieran.

- Sube, Neville – dijo Harry montándose en su escoba.

Neville obedeció y Hermione se trepó detrás de Ron. Un segundo después las dos escobas se dirigían a toda velocidad hacia el portón de entrada. Harry se elevó por encima de las altas rejas y descendió del otro lado, seguido de Ron, justo en el instante en que Draco aparecía corriendo, con la varita aferrada y el rostro desencajado.

Draco Malfoy jamás pensó que se sentiría aliviado de ver la cara de Harry Potter; y no lo diría en voz alta ni bajo tortura, pero ciertamente lo estaba.

Harry prácticamente saltó de su escoba y se lanzó sobre Draco, tirándolo al suelo por la fuerza el impacto.

- ¿Dónde está Evelyn? – le preguntó, con la varita en el cuello del muchacho y una rodilla sobre su pecho.

- ¡Harry! ¡Abajo! – gritó Neville.

Una serie de maleficios pasaron por encima de sus cabezas cuando todos se tiraron al suelo.

- Maldición… ¡póngase a cubierto! – dijo Ron, rodando hacia los arbustos del costado derecho del camino seguido de Hermione y Neville.

Harry corrió a ponerse a resguardo del otro lado de la calle, junto con Draco.

- ¿Dónde está Evelyn? ¿Qué le hiciste? – inquirió de nuevo Harry, tomando a Draco por el cuello de su camisa negra.

- ¡No le hice nada, idiota! No sé dónde está – respondió el chico, aferrando la muñeca de Harry con fuerza y haciendo presión para que lo soltara. – Me ordenó que corriera hacia acá y se internó en el bosque.

- ¿Y qué hacías con ella aquí a esta hora?

- Deja de hacer preguntas imbéciles y tracemos un plan. Hay cinco mortífagos intentando atraparme, Bright está herida y varios mortífagos junto con un hombre lobo la estaban persiguiendo.

Asomándose por encima de la roca, Draco respondió a un maleficio que le lanzó un hombre enmascarado con otro que su padre le había enseñado. Un segundo después, el hombre se desplomaba.

- ¿Estás diciéndome que esos mortífagos te persiguen a ti?

- A los dos. A ella principalmente… ¡no lo sé! ¿Podemos tratar de librarnos de esto y luego analizarlo?

Harry pensó a toda velocidad. Una cosa era segura: esos tipos estaban atacando a Malfoy. Por lo que Draco decía, Evelyn se había dirigido hacia el Bosque Prohibido para dividir a sus perseguidores y alejarlos del platinado buscador de Slytherin.

- ¿Cuántos mortífagos fueron detrás de ella? – preguntó entonces.

- No lo sé… cinco, siete… demasiados… ¡Relaskio! – dijo Draco haciendo volar a un mortífago contra un tronco de árbol antes de volver a agacharse. – Escucha, los mortífagos no son el problema, sino el hombre lobo. Bright está herida, ¿entiendes? Recibió un maleficio poderoso y no estaba muy lúcida.

Algo horrible le atenazó las entrañas a Harry ante lo que eso podía significar. Sacando el mapa que había metido en el bolsillo trasero de su pantalón, se escondió tras la piedra que él y Malfoy usaban como parapeto.

- Lumos – murmuró.

- ¿Qué demonios haces, Potter? – preguntó Draco, agachándose para evitar se alcanzado por un maleficio.

Harry no respondió, sino que se limitó a estudiar el mapa por un momento hasta que vio exactamente dónde estaba Evelyn. Al notar la cantidad de nombres que la rodeaban se le helaron las manos. Entonces, vio otro nombre más que se acercaba hasta ella desde el interior del bosque y el corazón dejó de latirle por un segundo completo.

- ¡Accio, Saeta de Fuego! – exclamó y, doblando el mapa con rapidez, saltó sobre su escoba cuando ésta apareció a su lado.

- ¡Ron, Angelus se dirige hacia Evelyn! – le gritó a su amigo, que estaba ocupado bloqueando maleficios.

- ¡Harry, espera! – exclamó Ron, pero el chico desapareció en la floresta en un santiamén.

Ron se escondió con rapidez detrás del tronco del árbol que le servía de escudo cuando un maleficio pasó junto a su cabeza. Murmuró por lo bajo algo que ni Neville ni Hermione escucharon, pero tras algunos segudos, la ballesta que solía utilizar en las prácticas se dirigió a él a toda velocidad.

El muchacho la capturó al vuelo. Dejó el carcaj repleto de flechas en el suelo, contra el tronco del árbol detrás del cual se estaba parapetando y colocó una flecha en la ballesta. Asomándose, observó el panorama. Quedaban cuatro mortífagos en la contienda pero estaba demasiado oscuro.

Dándose cuenta de lo que ocurría, Hermione se incorporó y apuntó su varita hacia arriba.

- ¡Solaris! – exclamó.

Una enorme y brillante bola de luz apareció sobre los mortífagos, iluminándolos. Ron entonces levantó su ballesta una vez más.

- ¡Neville, cúbreme! – le dijo al muchacho. Apuntó sin exponerse demasiado y una flecha voló con precisión para clavarse en el hombro de un mortífago que gritó de dolor.

Neville lanzó un hechizo aturdidor a un mago que se acercó a tratar de ayudar al que había caído, mientras Ron seguía disparando y le atinaba en la pierna a otro mortífago, que salió volando cuando Hermione lo golpeó con el maleficio Expelliarmus y lo estrelló contra un árbol.

En ese instante, el último mortífago que quedaba en pie apuntó hacia el árbol detrás del cual se escondía Hermione.

- ¡Bombarda! – exclamó.

Un rayo de luz emergió de su varita para estrellarse en una enorme rama encima de la chica, que se desplomó sobre ella.

- ¡Hermione! – gritó Ron.

Soltando la ballesta, corrió hacia donde la chica yacía bajo hojas y ramas, pero cayó cuando un maleficio lo golpeó de lleno. Neville trató de acercarse a sus amigos, pero un hechizo colisionó en la roca detrás de la cual se estaba guareciendo. Sin embargo, el mortífago, que en ese instante había salido de su escondrijo para atacar a Neville, no tuvo en cuenta a Draco.

- ¡Sectusempra! – exclamó Malfoy, poniéndose de pie.

Antes de que el maleficio lo tocara, el mortífago desapareció y un extraño silencio se hizo en el camino. Ron logró ponerse de pie y se hincó junto a Hermione, que jadeaba de manera extraña.

- Ron… - murmuró Hermione antes de lanzar una exclamación de dolor.

- ¡Ayúdame, Neville! – pidió Ron, con pánico en la voz.

Neville corrió hacia sus amigos y observó a la chica, sudando por el miedo. Decidiendo que lo más importante era quitarle el peso de la rama de encima, apuntó hacia el grueso tronco con su varita.

- Wingardium Leviosa – dijo, intentando que su voz no temblara.

Sin embargo, el tronco no se había elevado más que unos centímetros cuando Ron lo detuvo.

- ¡Espera! – exclamó.

- ¿Qué? – preguntó Neville.

- Hay una rama clavada en ella – dijo el muchacho, observando horrorizado la sangre en la madera.

- Ron… Me duele – gimió Hermione, tratando de tocar su abdomen, en donde una gruesa rama estaba enterraba.

- Hermione, escúchame – Ron intentó sonar calmado mientras pasaba sus dedos sucios por las mejillas mojadas de la chica –. No podemos sacar la rama porque podrías desangrarte. Aguanta… iremos por ayuda… - levantó los ojos y vio a Malfoy hincado junto a la roca tras la cual se había escondido durante la pelea, respirando con dificultad -. ¡Muévete, Malfoy! ¡Busca a McGonagall, Pomfrey… cualquiera!

Draco, algo shockeado y temblando por la adrenalina y el miedo, reaccionó a la orden sin pensar. Intentó correr, pero el par de maleficios que recibió cuando se aparecieron en el camino con Evelyn comenzaron a hacerse notar, por lo que tuvo que detenerse para respirar. Apretó los labios y siguió avanzando con más lentitud. Entonces, los portones del colegio se abrieron y aparecieron en el camino Snape y Firenze, seguido por madame Hootch, madame Prince y McGonagall. Varios metros más atrás venían algunos alumnos, la profesora Sprout y el profesor Flitwick.

- ¡Draco! ¿Qué sucedió? – preguntó Snape cuando el chico llegó hasta él.

- Mortífagos… peleamos con ellos y Granger está herida… La profesora Bright está lastimada también, pero se fue al bosque para alejar los mortífagos de mí… y Potter se fue detrás de ella volando – dijo Draco atropelladamente.

Madame Prince y Firenze siguieron de largo, hacia adonde Ron intentaba calmar a Hermione y Neville mantenía el tronco elevado. Lo suficiente como para que no aplastara a la chica, pero sin permitir que flotara muy alto.

- ¿Cuántos mortífagos hay? – preguntó McGonagall llegando junto a Snape y Draco.

- No lo sé… los que peleaban con nosotros están ahí, tirados – el muchacho señaló el camino – y los demás fueron detrás de la profesora Bright.

- ¡Flitwick, Hootch, lleven a todos de regreso al colegio y prepárense! – ordenó la profesora McGonnagall. – Usted también vaya dentro, señor Malfoy… ¡Señorita Weasley! – gritó viendo pasar a Ginny a toda velocidad.

La chica la ignoró y corrió hasta su hermano y su amiga.

- Hermione… - murmuró, arrodillándose junto a Ron y mirando con espanto la rama insertada en el abdomen de Hermione.

- Señor Malfoy, al colegio. Ahora – dijo la profesora McGonnagall antes de unirse a los profesores.

Draco asintió, pero se tambaleó levemente al alejarse. Blaize Zabini se acercó a él y lo tomó por un brazo.

- Vamos, viejo – dijo y lo acompañó sin hacerle preguntas.

La profesora McGonnagall se acercó deprisa hasta el grupo en el linde del bosque. Vio a Hermione en el suelo y apretó los puños con fuerza. Pero decidió dejar que madame Pomfrey se encargara de la chica y tratar de determinar lo que estaba sucediendo.

- ¡Señor Longbottom! ¿Dónde están Potter y la profesora Bright? ¿Qué fue lo que sucedió aquí? – preguntó, parándose junto a Neville.

- Harry fue al bosque a tratar de ayudar a la profesora Bright – respondió Neville.

- ¿Harry se fue solo? ¿Lo dejaron ir solo? – preguntó Ginny, asustada.

- Malfoy dijo que la profesora está lastimada y antes de que nos diéramos cuenta, Harry ya se había ido – se defendió Neville, que aún sostenía el árbol.

Madame Pomfrey, que se encontraba de rodillas junto a Hermione, iluminó la herida de la adolescente con su varita, examinándola con cuidado.

- Querida, voy a cortar la rama para poder llevarte a la enfermería y trabajar allí – dijo mirando a Hermione con seriedad -. Esto va a doler pero intenta aguantar.

Hermione asintió y apretó la mano de Ron con fuerza, cerrando los ojos. Madame Pomfrey conjuró un maleficio con el que cortó la rama, provocando un movimiento que hizo gemir a la joven de forma lastimera.

- Si Evelyn está herida, no podemos perder más tiempo. Debemos tratar de llegar a ella – afirmó Firenze, dirigiéndose a los adultos.

- ¿En qué dirección fue Potter? – preguntó Snape a Neville, que soltó el árbol para que se elevara del todo, ahora que habían cortado la rama.

- Hacia allá – Neville señaló el lugar por donde Harry desapareció pocos minutos antes.

- Firenze, Severus – dijo la profesora McGonnagall, con lo que ambos asintieron ante la silenciosa orden.

Firenze se lanzó a galope tendido hacia la foresta y Snape corrió detrás de él.

Entonces, la jefa de la casa Gryffindor dirigió su atención hacia la chica herida.

- Poppy, ¿qué tan mal está?

- Creo que lo mejor será petrificarla para no lastimarla aún más cuando la traslademos a la enfermería – sugirió Madame Pomfrey.

Hermione asintió y apretó los dedos de Ron.

- Ve con Harry. Estaré bien – musitó entrecortado.

Ron besó los nudillos de la chica antes de soltarle la mano.

- Petrificus Totallus – dijo la sanadora del colegio, con lo que Hermione se congeló –. Wingardium Leviosa – fue el siguiente conjuro y la chica se elevó en el aire.

- Pomona, ve con Poppy – pidió McGonnagall a la profesora de Botánica.

El redondo rostro de la jefa de la casa Hufflepuff estaba enrojecido, pero la mujer mantuvo los labios firmemente apretados mientras asentía. Ella y madame Pomfrey partieron rumbo al colegio con rapidez, llevándose a Hermione sin decir nada más.

Ron se paró, tomando la ballesta y las flechas que había tirado.

- Iré a buscar a Harry.

- No, señor Weasley. Usted, su hermana y el señor Longbottom volverán al colegio y esperarán allí.

- No dejaré a Harry solo – afirmó Ron, plantándose frente a su profesora -. Dijo que Angelus iba hacia la profesora Brigth.

Minerva McGonagall sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero aún así se enfrentó al muchacho son firmeza.

- Usted no irá a ningún sitio que no sea el colegio ahora mismo. Es una orden, señor Weasley. Si la desobedece, puede considerarse expulsado de Hogwarts.

Los ojos de Ron se clavaron en los de su profesora por un par de segundos antes de que el chico asintiera con decisión.

- Usted haga lo que tenga que hacer, profesora, que yo haré lo mismo.

Ginny, que estaba parada junto a su hermano, asintió al igual que Neville. Sin embargo, antes de que ninguno tuviera tiempo de moverse, un automóvil apareció a toda velocidad en el camino, obligándolos a moverse a un costado cuando frenó casi sobre ellos.

Mathew bajó del vehículo de un salto.

- ¿Qué pasó? – preguntó, acercándose.

- Mathew… Evelyn está en algún lugar del bosque con Potter... Hay mortífagos, un hombre lobo y Angelus – le explicó la profesora McGonnagall. En ese instante se percató de la desvanecida figura de Dumbledore en el asiento trasero del vehículo - ¡Albus!

Con ansiedad se acercó a la parte trasera y abrió la puerta para tratar de ver el estado del director. Mathew le lanzó a Ron las llaves.

- ¡Lleva al profesor adentro! ¡Todos vuelvan al colegio, ahora! – ordenó y corrió hacia el bosque.

- ¡Espera! ¡No sabes adónde están! – exclamó McGonnagall, pero Mathew ya había desaparecido en la floresta a toda velocidad.

Ron se debatió entre lo que su corazón le decía que debía hacer y lo que su cabeza le gritaba que era mejor. Sabía que ahora que Mathew estaba allí, la balanza se inclinaba diferente, pero la lealtad a su mejor amigo le decía que igual debería ir.

- ¡Señor Weasley, despierte! Hay más mortífagos por ahí y el colegio está abierto – ordenó la profesora McGonnagall.

Ron la miró por un segundo y su cabeza ganó la batalla.

- Suban todos – dijo y rodeó el auto hasta la puerta del conductor.

- Pero… - protestó Ginny, mirando hacia al bosque.

- Ginny, entra en el auto ahora mismo.

- ¡No podemos dejar a Harry solo!

- Debo cerrar la entrada… apresúrense – los apremió la profesora McGonnagall dirigiéndose con rapidez hacia los grandes portones.

- Harry no está solo – le aclaró Ron a su hermana. – Nosotros, por otro lado, tenemos a un profesor malherido y estamos al descubierto. Así que sube tu trasero al auto ahora mismo.

- ¡Señor Weasley! – lo amonestó la profesora McGonnagall sin detenerse.

- Lo siento, profesora – murmuró Ron.

Neville casi no tuvo tiempo de cerrar la puerta cuando el auto derrapó en la gravilla rumbo a la escuela.