Capítulo 24

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Bosque Prohibido

Volando por encima de las copas de los árboles, Harry trató de escuchar ruidos de pelea o divisar destellos de maleficios. Sus manos se aferraban con fuerza alrededor del palo encerado y la sangre le tronaba en los oídos. Estaba asustado. Muy asustado.

Un grito sordo llegó desde un punto a su derecha. Girando la escoba con brusquedad, descendió todo lo rápido que la mínima prudencia le permitía.

La oscuridad casi absoluta dentro del Bosque lo hizo detenerse en lo alto hasta tanto sus ojos se acostumbraron, justo a tiempo para ver volar a un hombre. El sujeto quedó atrapado entre las ramas de una Tentacula venenosa, que lo envolvió y le hincó los dientes, haciéndolo gritar de manera espantosa antes de que perdiera la conciencia.

Aterrizando, Harry se desplazó lo más silenciosamente posible hacia donde se escuchaban golpes. La adrenalina y el miedo lo hacían respirar de manera irregular, pero trató de controlar sus jadeos.

Asomándose por detrás de una pared de arbustos, vio que Evelyn peleaba con tres hombres, mientras dos más se acercaban a ella desde atrás, dispuestos a atacarla por la espalda. En ese instante, un maleficio aturdidor golpeó a la bruja derribándola. Sus adversarios aprovecharon para abalanzarse sobre ella y golpearla.

Harry buscó su varita de manera instintiva, pero se dio cuenta que si lanzaba un maleficio, le daría a Evelyn también. Ciego por una furia que emergió desde lo más profundo de su alma, el muchacho salió de detrás de los arbustos blandiendo la escoba con fuerza y descargó un garrotazo en la cabeza del mortífago que tenía más cerca.

- ¡Malditos! ¡No la toquen! – gritó, enfurecido.

Un mortífago lanzó un maleficio que Harry bloqueo antes de gritar, apuntando su varita:

- ¡Impedimenta!

El mago quedó estático y Harry corrió hacia él. Usando el palo de la escoba, golpeó al hombre con todas sus fuerzas en el pecho y el mentón, derribándolo. Girándose hacia donde Evelyn intentaba defenderse de los golpes, Harry apuntó su varita hacia uno de los magos.

- ¡Expelliarmus! – exclamó.

En el instante en que el mortífago era alcanzado por su hechizo, los otros dos salieron volando por la fuerza con que Evelyn los empujó. El que Harry acababa de atacar cayó contra una roca y su cabeza sonó de manera horrible al rebotar en la piedra, con lo que ya no volvió a levantarse.

- ¡Harry! ¡Sal de aquí! – gritó la bruja, poniéndose de pie con algo de dificultad.

- ¡No! – respondió el chico.

Uno de los mortífagos le lanzó tres maleficios seguidos. Harry pudo bloquearlos pero aún así tuvieron tanta fuerza que lo hicieron caer. Evelyn sacó una estaca de entre su ropa y la lanzó directo al esternón del mortífago, que se desplomó con apenas un quejido ahogado. La bruja se volvió hacia el último de los mortífagos que, levantando su varita, desapareció con un ruido apagado.

Evelyn permaneció un segundo escuchando, mientras Harry se ponía de pie.

- Evelyn, acabo de ver…

Levantando una mano para indicarle que hiciera silencio, la bruja le dio la espalda para mirar con fijeza las sombras del bosque.

- Harry, vete… ahora - ordenó.

Antes de que Harry pudiera decirle lo que había visto en el mapa, una enorme figura emergió de los arbustos y cayó sobre la bruja, derribándola por la fuerza del impacto.

El corazón de Harry se detuvo.

Un hombre lobo.

Enorme.

Tres años atrás Lupin le había parecido grande. Pero éste era gigantesco. Y estaba atacando a Evelyn. Evelyn, quien Draco Malfoy dijo que estaba malherida y acababa de ser pateada salvajemente por tres tipos.

Poniéndose de pie, intentó acercarse para ayudarla. Tenía que hacer algo, lo que fuera. Evelyn tomó una roca y golpeó repetidas veces el rostro del hombre lobo con toda su fuerza. Entonces, usó piernas y brazos para lanzarlo por encima de su cabeza hacia atrás.

- ¡HARRY, CORRE! – gritó, tratando de incorporarse. Pero la pierna derecha le falló y cayó de rodillas.

Harry tomó su escoba y, quebrando el palo, lo aferró con la intención de golpear a la bestia y darle tiempo a Evelyn de ponerse de pie. Pero antes de que diera un solo paso alguien apareció desde las sombras y con una velocidad pasmosa se plantó entre el hombre lobo y la bruja.

No había mucha luz en esa parte del bosque, pero había la suficiente como para que Harry reconociera al sujeto que había peleado con cinco mortífagos en Privet Drive varios meses antes. El que le había dicho que la estupidez no era algo que su madre apreciaría.

El que había tenido a Evelyn prisionera por 22 días antes de que él naciera.

No necesitaba de más luz para reconocer a Angelus.

El hombre lobo le mostró sus dientes al vampiro y Angel le enseñó los suyos. Ambos giraron uno alrededor del otro, gruñéndose mutuamente, mientras Evelyn parecía estar petrificada en el suelo, con sus desorbitados ojos clavados en el vampiro.

Harry se desplazó hacia la bruja, manteniéndose a distancia de los dos seres que no se decidían a atacarse.

- Evelyn… ¿puedes moverte? – preguntó, tomándola de un brazo. La cazadora, sin embargo, no lo miró. Ni siquiera parecía estar respirando -. Evelyn, por favor – la urgió el muchacho, intentando que se levantara.

Pero la mujer permaneció congelada, perdida en recuerdos que había sacado de su mente pero que no habían desaparecido del todo. Desesperado, Harry trató de pensar.

Vio que en ese momento Angel salvaba de un salto la distancia entre él y el hombre lobo, derribándolo. Enemigos naturales, vampiro y licántropo, lucharon en una sucesión de golpes que Harry no alcanzó a ver.

El hombre lobo clavó sus garras en el costado de Angel y lo arrojó por el aire, obligando a Harry tirar de la bruja hacia atrás cuando el vampiro aterrizó casi a su lado. Evelyn tenía las manos cerradas en puños y temblaba con violencia.

Angel se puso de pie con rapidez y atrapó al hombre lobo, que había saltado encima de él. Cerrando con fuerza sus dedos en las costillas de su atacante, se impulsó elevándose en el aire. El licántropo trató de golpearlo pero Angel lo ensartó en el muñón de una rama rota.

El hombre lobo aulló y se retorció intentando liberarse, mientras Angel aterrizaba junto a los estribos de la rota escoba de Harry. Arrancando uno del armazón, lo lanzó hacia el licántropo y le cortó la cabeza, que rebotó entre la maleza.

Angel se volvió entonces hacia Evelyn. Al ver el arrugado rostro del vampiro, Harry pensó que iba a atacar a la bruja. Aferrando el palo de su escoba, se abalanzó sobre él dispuesto a estacarlo.

Agachándose para esquivar el golpe, Angel tomó a Harry por el cuello para inmovilizarlo. Entonces una mano se cerró en el antebrazo del vampiro, enterrando los dedos en su carne sin piedad.

- ¡Suelta a mi hijo, maldita bestia! – dijo Evelyn con una voz que Harry no reconoció.

El adolescente sintió que el vampiro lo soltaba y una fracción de segundo después, vio que Evelyn lo lanzaba a varios metros de distancia como si fuera un muñeco.

Harry trastabilló por la inercia del movimiento y contempló, asombrado, lo que ocurría ante sus ojos. Ni siquiera notó que Snape y Firenze habían emergido de la foresta y se habían quedado tan estáticos como él.

La bruja había caído sobre el vampiro con una ferocidad inaudita. La velocidad y fuerza de los golpes casi no permitían que Angel se defendiera. Estrellaba los puños en el rostro del vampiro, ciega por el horror de lo que sabía que él le había hecho.

Angel la golpeó con la fuerza suficiente como para enviarla a un par de metros. Sin embargo, apenas tuvo tiempo de ponerse de pie.

- ¡Carpe Retractum! – exclamó Evelyn, atrayéndolo hacia ella de nuevo.

El vampiro atrapó el puño que venía directo a su quijada y lo retorció. Girando a la mujer hasta que la espalda femenina quedó contra su pecho, le pasó un brazo por el cuello.

Quiso decirle que no iba a lastimarla, que no estaba allí para hacerle daño ni a ella ni a Harry. Pero Evelyn movió la cabeza hacia un costado y levantó la pierna, golpeándolo con la punta de acero de su bota en la nariz.

El vampiro la soltó, retrocediendo por el impacto, y Evelyn extendió la mano hacia el palo de escoba que Harry aún tenía entre los dedos.

- ¡Accio! – exclamó.

Tomando la vara dio un paso adelante y barrió los pies de Angel con su pierna. Incorporándose sobre él, giró el largo bastón entre sus manos. Entonces lo enterró justo encima del corazón del vampiro, atravesándolo de lado a lado.

Angel gritó, tomando el palo con ambas manos para tratar de arrancárselo, pero Evelyn lo sostuvo en su lugar apoyándose en él.

Y por primera vez en casi diecisiete años, Angel se encontró mirando directo a los ojos de Evelyn Bright.

Un silencio ominoso se cernió en el claro del bosque. Nadie se movió y todo pareció concentrarse en el vampiro y la cazadora.

Evelyn sintió que toda la furia y la adrenalina, que la habían impulsado un momento antes al ver que Angel tocaba a Harry, comenzaban a ceder paso a los maleficios y golpes recibidos. Soltando la vara, se puso de pie y se apartó del vampiro con algo de torpeza.

La brisa movió las ramas de los árboles sobre ellos y la luna entró a través de las hojas, haciendo brillar el objeto que había caído del bolsillo del pantalón de Angel y yacía junto él. El destello captó la atención de Evelyn que, respirando cada vez con mayor dificultad, miró asombrada el brazalete que creyó perdido para siempre.

- Accio – murmuró y la joya voló hasta sus dedos.

La mano le tembló al contemplar la E y la M entrelazadas, abrazadas por el león y la serpiente. Su brazalete. El símbolo de su matrimonio. El mismo que Mathew le dio como promesa de unión un mes después de conjurar el bargaine. El mismo que Angelus le quitó junto con su bebé, un minuto después de que Harry naciera.

Cerrando la mano en un puño, miró a Angel desde arriba y vio en los ojos del vampiro un pedido mudo. Entonces, su rostro de transformó en la peor máscara de odio y desprecio que Angel había visto.

Extendió la mano una vez más y exclamó:

- ¡Carpe Retractum! – y el palo roto de la escoba de Harry voló hacia ella, que lo cogió en el aire -. Lárgate, Angelus – dijo con desprecio.

El vampiro se puso de pie. Su rostro sangraba, tenía todas las costillas rotas, un hoyo que lo atravesaba y era una suerte que no necesitara de sus riñones para vivir, porque estaban hechos papilla. Miró a Evelyn, que permanecía inmóvil, con su brazalete en una mano y el palo de la escoba en la otra.

-¿No vas a terminar lo que has comenzado?

- ¿Y librarte de tu conciencia? ¿De tus recuerdos? – Evelyn se rió de una manera tan espantosa que Snape se crispó y Harry se estremeció. – Dime algo, Angelus, ¿por qué habría de volverte ceniza? Si lo hago, estaría destruyendo la mejor idea que he tenido. Y yo jamás desbarato mis buenas ideas.

Dando dos pasos se detuvo frente a él. Lo tomó por el cuello de la camisa con la mano en donde tenía apresado el brazalete y lo acercó, hasta que sus rostros estuvieron a milímetros de distancia.

- Quiero que pases los siguientes siglos recordando con lujo de detalles lo que me hiciste, Angelus. Cada uno de los malditos segundos que me tuviste en ese cuarto. Quiero que recuerdes lo que me hiciste y que cuando llegues el último momento, lo recuerdes todo otra vez. Y quiero que te largues de aquí. Esta no es tu guerra y ya no nos eres de utilidad.

Y sin más giró bruscamente sobre sí misma, haciendo que el vampiro describiera un círculo, y lo lanzó hacia la copa de los árboles.

- ¡Relaskio! – exclamó con el brazo extendido.

Un rayo color amarillo emergió de sus dedos y colisionó contra Angel, haciéndolo volar por encima del bosque.

Entonces, como si ese hechizo hubiera consumido la última gota de energía que quedaba en ella, se desplomó en el suelo lleno de hojas secas.

- ¡Evelyn! – exclamó Harry, corriendo hacia la bruja al mismo tiempo que Snape y Firenze. Inclinándose sobre ella, la giró y contempló los cortes, las magulladuras y la sangre. Con manos temblorosas le quitó el pelo del rostro - ¿Evelyn? Por favor… por favor – murmuró.

- Potter, hazte a un lado. Déjame ver – dijo Snape, apartándolo para examinar a Evelyn.

Pero Harry, recordando el papel que ese hombre había tenido en la captura de la bruja cuando estaba embarazada, cerró sus dedos alrededor de la muñeca de Snape con fuerza.

- No toque a mi madre – le ordenó entre dientes.

Firenze miró al chico con azoro. Snape se quedó congelado por un instante, pero se recuperó y pegó un tirón para soltar su mano.

- No seas idiota, Potter – le espetó, mirándolo con enfado -. Debemos llevarla al colegio y tú no tienes la fuerza suficiente para cargarla.

- Pero tengo la inteligencia suficiente como para hacer que levite – replicó el chico, sacando su varita.

Snape le bajó la mano de un golpe.

- ¿No lo ves? La han alcanzado con demasiados hechizos. No puedes conjurar uno más porque no sabes cómo podría afectarla. Deja de ser un inmaduro por un segundo y hazte a un lado – dijo el profesor, inclinándose para levantar a la mujer.

En ese instante escucharon pasos que corrían hacia ellos y ambos se pusieron de pie junto a Firenze, entre Evelyn y quien quiera que estuviera aproximándose. Cuando la sombra de quien se acercaba se hizo visible, Harry y Snape gritaron un hechizo cada uno.

- Impedimenta – dijo Mathew, bloqueando el ataque sin detenerse siquiera -. ¡Soy yo! – exclamó, apareciendo a la vista.

Harry se sintió tan feliz y aliviado de verlo que dejó salir todo el aire que estaba reteniendo en sus pulmones.

- ¡Evelyn! – dijo Mathew en voz baja, hincándose junto a su mujer. – Mierda, Eve. Resiste.

Sin perder más tiempo, la tomó en sus brazos y se puso de pie.

- Mathew, yo la llevaré – se ofreció Firenze, acercándose.

El mago apretó un poco más a la mujer contra su pecho, pero entendió que Firenze llegaría más rápido al colegio. Con cuidado, se la entregó.

- Rápido, Firenze – pidió.

El centauro aferró a la mujer con fuerza entre sus brazos y salió a galope tendido rumbo al colegio.

Mathew entonces se volvió hacia el muchacho y, para sorpresa de Harry, lo estrujo en un abrazo casi asfixiante.

- ¿Estás bien? – preguntó el hombre, separándose para recorrerlo con la vista con rapidez, buscando heridas. - ¿Te alcanzó algún hechizo? ¿Te hirieron?

- Estoy bien – dijo el chico.

Mathew entonces se volvió hacia Snape, que los miraba sin decir nada.

- Snape, hay varios mortífagos por ahí. Encuéntralos y vete con ellos.

- Tal vez yo…

- Tal vez nada – le espetó Mathew con enfado -. Sigue el plan, Snape.

La mandíbula del jefe de la casa Slytherin se tensó con furia, pero tras un segundo asintió y partió hacia bosque a cumplir con su tarea.

Mathew tomó a Harry por un hombro y lo obligó a caminar a toda velocidad rumbo a Hogwarts.

- Escucha, Harry. Como dije, hay más mortífagos por aquí así que mantente alerta. Si nos atacan, quiero que corras hacia el colegio mientras yo los distraigo. No te detendrás ni te quedarás, sino que correrás – dijo mirando a Harry de manera penetrante.

- Pero…

- Esto no está abierto a discusión, Harry. Harás lo que te digo, sin peros y sin réplicas, ¿entiendes?

El muchacho contempló la tensión, el miedo y la decisión que brillaban en los ojos de Mathew. Se dio cuenta que no era el padre que lo amaba el que hablaba, sino el mago que había liderado la resistencia contra Voldemort junto a Dumbledore por años.

- Entiendo – respondió.

Mathew asintió y siguió deslizándose por el bosque sin hacer ruido, mientras el muchacho a su lado comenzaba a darse cuenta de por qué razón ese mago era alguien a quien los mortífagos temían.

En la oscuridad del bosque, Angel los vio alejarse. Una vez que desaparecieron de su vista, giró sobre sí mismo y, con lentitud, se alejó.

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Torre Gryffindor

Sala Común

Sentado en la alfombra, con la espalda apoyada en el sofá y las rodillas contra su pecho, Ron contemplaba las llamas de la chimenea en silencio. En la otra punta del sofá, Harry miraba los mismos leños arder, abrazando fuertemente a Ginny, que estaba apretada contra él.

Ninguno de los tres había dicho gran cosa desde que regresaron a la torre Gryffindor, luego de que madame Pomfrey los expulsara sin miramientos de la enfermería, dos horas antes. Ron se había encogido en el lugar en donde estaba en ese momento y Harry ni siquiera se había preocupado por las apariencias cuando Ginny se sentó a su lado, se hizo un ovillo y lo abrazó, escondiendo el rostro en su pecho. Simplemente, la envolvió en sus brazos con fuerza y dejó que el calor de la chica lo calmara.

Hermione dormía cuando se fueron, pero madame Pomfrey dijo que su herida tardaría en sanar porque era profunda y severa. Aparentemente, ningún órgano se había visto comprometido, pero por primera vez Harry deseó poder contar con todos esos aparatos que los muggles utilizaban y que permitían saber con certeza en lugar de suponer.

Evelyn estaba inconsciente. La cantidad y magnitud de los maleficios que había recibido era algo indeterminado. Pero entre lo que Malfoy y Harry le dijeron haber visto, la enfermera del colegio opinaba que la única razón por la que estaba viva, era que se trataba de una Cazadora y no alguien normal.

Malfoy estaba en la enfermería también y, para disgusto de Harry, parecía ser que Evelyn había recibido toda esa paliza para salvarlo de los mortífagos.

Finalmente, Dumbledore estaba tan mal que madame Pomfrey dijo que no estaba segura de que fuera a despertar. El profesor Flitwick había enviado una lechuza solicitándole a la sanadora de la Orden que fuera a Hogwarts para atenderlo.

Ahora eran más de las diez de la noche y el salón común de la casa Gryffindor estaba sumido en un silencio sepulcral. Sólo se escuchaba el aullar del viento afuera y el crepitar del fuego dentro.

No había nadie en las mesas ni en los sillones. Los ocupantes de la torre Gryffindor se encontraban en sus dormitorios. Algunos dormía, la mayoría escuchaba el ruido del viento, muchos hablaban en susurros. Neville, totalmente agotado, se había ido a dormir una hora antes, tan silencioso ante las preguntas de sus compañeros de cuarto como lo estaban Harry, Ron y Ginny. El salón se fue quedando vacío de a poco, hasta que en la penumbra sólo quedaron los dos hermanos Weasley y Harry. Esperando, pensando, demasiado cansados y demasiado preocupados.

Repentinamente, Ron se puso de pie y miró a Harry.

- Necesito tu capa – dijo y sin esperar a que Harry respondiera, corrió escaleras arriba a buscarla.

Cuando regresó, Harry estaba parado junto al portarretrato con Ginny aferrada firmemente a su mano.

- Vamos los tres – le informó al alto pelirrojo.

Ron se encogió de hombros y extendió la capa por encima de sus cabezas.

Recorrieron los pasillos helados y silenciosos todo lo rápido que el tratar de no ser vistos les permitía. Bajaron las escaleras hasta el segundo piso y pasaron aulas vacías sin prestarles atención.

Cuando se acercaron a la oficina de la profesora McGonnagall, la airada voz del Ministro de Magia resonó a través de la puerta entreabierta.

- Basta de tonterías, profesora. Quiero hablar con Whitherspoon y los alumnos que protagonizaron este desastre – ordenó el hombre.

Harry tomó el codo de Ron y lo obligó a detenerse detrás de una columna.

- Aguarda - murmuró, mientras cerraba un brazo en la cintura de Ginny y la apretaba con él.

- Como ya le he explicado más de una vez, señor ministro, el profesor Whitherspoon está ocupándose de proveer a nuestra enfermera de lo que necesita para tratar a los heridos –. La calmada respuesta de su profesora les llegó con claridad -. En cuanto a los alumnos, me temo que sin la autorización de sus padres o tutores, no puedo permitir que se les interrogue.

- ¿Pero puede permitir que se enfrenten en una batalla con mortífagos? – retrucó el hombre con sorna.

Harry se mordió el labio y aguardó la contestación, pero la profesora McGonnagall permaneció callada. Un segundo después se escuchó el sonido de dos manos golpeando sobre una superficie. Era obvio que el Ministro debía estar intentando intimidar a la bruja. Para los tres adolescentes también era obvio que no iba a conseguirlo

- Profesora McGonnagall, parece que usted no comprende la situación en la que se encuentra en este momento – la voz de Scrimgeour destilaba impotencia -. Albus Dumbledore está en coma y no me venga con que un experimento de pociones salió mal. No creo que Dumbledore se haya molestado en preparar una poción en años, así que dudo que estuviera haciendo experimentos. Mucho menos si tiene en su colegio a dos expertos en el área como Snape y Whitherspoon.

- Por supuesto, usted tiene derecho a tener su propia opinión sobre el asunto – la respuesta sonó totalmente serena y Ginny sonrió involuntariamente imaginándose el enfado del Ministro.

- Y también tengo derecho a exigir hablar con los involucrados en todo este lío.

- Estoy segura que el profesor Whitherspoon se pondrá en contacto con usted en cuanto le sea posible.

- ¿Y qué hay de los alumnos?

- Si me trae la autorización firmada de sus padres o tutores, con todo gusto le permitiré hablar con ellos.

Durante largos segundos reinó el silencio. Entonces, escucharon los pasos airados del Ministro acercándose a la puerta.

- Regresaré con esas autorizaciones, profesora – afirmó antes de salir.

- Aquí estaré, señor ministro – replicó la mujer.

Los adolescentes vieron alejarse a Scrigmeour, con el pelo aleonado y la mandíbula encajada por el enfado. Tras un momento, madame Pomfrey salió de un aula cercana y entró en la oficina de la profesora McGonnagall, cerrando la puerta.

- Vamos – dijo entonces Ron, empujando levemente a Harry para que se moviera.

En silencio recorrieron el resto del camino, cruzándose únicamente con Peeves, que flotaba con una bolsa de líquido oscuro levitando a su lado. Probablemente, esperando a un incauto a quien lanzársela.

Ginny abrió la puerta de la enfermería con cuidado, espiando para asegurarse que no hubiera alguien allí que fuera a echarlos.

- Despejado – murmuró.

Saliendo de debajo de la capa, entró sin hacer ruido, seguida de Harry y Ron.

Pasaron de largo la cama en donde Malfoy, algo inquieto, dormía bajo los efectos de una poción. Se dirigieron hacia el fondo de la enfermería, donde las dos últimas camas estaban tapadas por un biombo.

Mathew se encontraba sentado entre la cama de su esposa y el biombo. Tenía la frente apoyada en sus manos, que apresaban la mano izquierda de Evelyn.

- ¿Cómo están? – preguntó Harry, sentándose en la silla que se hallaba entre Evelyn y Hermione.

Dejando la capa en el alfeizar de una ventana, Ron ocupó la silla que estaba del otro lado de la cama de Hermione y cogió sus fríos dedos con suavidad. Entre tanto, Ginny se sentó en una de las piernas de Harry. Mathew levantó los ojos y miró a los tres adolescentes, no del todo sorprendido de verlos allí. Respaldándose sin soltar la mano de Evelyn, tomó una profunda bocanada de aire y la dejó salir despacio.

- Hermione duerme con tranquilidad y yo que tú no la despertaba, Ron – le dijo al muchacho. – Cuando despierte le dolerá como el infierno así que es mejor dejarla dormir.

Ron observó el rostro de su novia y, con infinito cuidado, le apartó el cabello de la frente. La bruja se removió apenas, volteando el rostro hacia el chico y murmurando su nombre entre sueños, con lo que él se inclinó y besó sus dedos.

- ¿Y Evelyn? – quiso saber Harry, mientras Ginny le pasaba un brazo por los hombros, con los ojos llenos de preocupación clavados en la bruja.

Mathew suspiró.

- No lo sé – respondió, cansado -. Me duelen demasiados lugares como para poder decirte cuán bien estará… supongo que tendremos que esperar a que despierte.

Se le veía agotado, preocupado y había algo más en sus ojos que Harry no llegaba a descifrar, pero lo inquietaba. Algo desolado cuando miraba a la mujer inconsciente frente a ellos.

Por mucho rato se quedaron en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos, escuchando las ráfagas de viento y los cristales temblar.

De repente, Hermione abrió los ojos con brusquedad, presa de una pesadilla.

- ¡Ron, no! – exclamó e intentó sentarse para, acto seguido, gemir adolorida

Ron la tomó por los hombros, evitando que se incorporara del todo.

- Hermione, tranquila – dijo, haciendo que volviera a acostarse -. Estoy aquí. Todo está bien.

- ¿Y Harry? ¿Dónde está Harry? – Todavía atrapada entre su sueño y la realidad, las manos de Hermione se aferraron al antebrazo de Ron con desesperación.

Ginny se puso de pie y Harry se apresuró a inclinarse hacia su mejor amiga.

- Aquí estoy, Hermione. Estoy bien – dijo con calma.

La chica extendió su mano hacia él y Harry la tomó, sintiendo el apretón compulsivo de los dedos helados alrededor de su dorso lleno de cicatrices.

- Estaba… soñando. Y ustedes estaban allí, entre todos esos mortífagos y yo… no podía hacer nada – susurró la chica, al tiempo que sus ojos se empañaban.

- Fue solo un sueño, Hermione. No hay mortífagos aquí. Estamos a salvo – le aseguró Harry.

- El único peligro que corremos es que madame Pomfrey aparezca y quiera echarnos – murmuró Ron, acariciándole el rostro con suavidad -. Las cosas podrían ponerse desagradable si eso pasa.

- Sin duda – replicó la chica, cerrando los ojos ante una punzada de dolor que la atravesó. Jadeó, tratando de respirar profundo, y varias lágrimas se escurrieron por entre su mejilla y la mano de Ron.

- ¿Qué es? ¿Qué te duele? – preguntó el muchacho.

- Todo. Me… duele todo – gimió la chica.

- Lo sé… no te muevas, ¿sí? Si te mueves, te dolerá aún más – dijo el chico, secándole las lágrimas con los pulgares -. No llores, Hermione.

Mathew tomó una botella que estaba en la mesa de noche, junto a su silla, y se acercó a la chica.

- Bebe esto, Hermione – pidió, llenado una cuchara e inclinándose sobre la cama.

Harry se apartó, soltando a su amiga, mientras Ron la ayudaba a incorporarse para que pudiera beber la poción.

La joven tragó obediente pero arrugó la cara por lo mal que sabía.

- ¿Me quitará el dolor? – preguntó, recostándose nuevamente y volviendo a tomar la mano de Ron con fuerza.

- No del todo, pero lo mitigará – respondió el mago, dejando la botella en la mesa entre ambas camas - ¿Quieres que te dé una poción para dormir sin pesadillas?

- No.

- Te ayudará a descansar – dijo Ron.

- Esas pociones te atontan y te duermes tan profundo que no escuchas nada… No quiero dormir así. No quiero desmayarme en esta cama y quedar indefensa – afirmó la chica.

- No estarás indefensa. Yo estaré aquí hasta que despiertes – le aseguró Ron.

- Madame Pomfrey te echará en cuanto venga y te vea – dijo Hermione.

- Madame Pomfrey puede intentar echarme – aclaró el muchacho -. Hay una diferencia entre intentar y lograr y yo puedo ser muy terco cuando quiero.

- Sí, lo sé – la chica intentó moverse, pero el dolor la detuvo por lo que respiró profundo un par de veces antes de mirar al joven mago a su lado. – Es una de las cosas que más me gustan de ti.

Mathew maldijo para sus adentros la situación. El miedo de Hermione, diferente pero tan grande como el de Ron, que besaba los nudillos de su novia en silencio. Tan grande como el que podía ver en Harry, que contemplaba a sus mejores amigos con impotencia.

El viento aulló con fuerza y los cristales cimbraron.

El rostro de Hermione volvió a contraerse por el dolor pero aún así deslizó los dedos por el rojo cabello de Ron.

- No te preocupes, Ron. Estoy segura de que pasará.

Quitándose los zapatos, Ron se trepó a la cama y se apoyó contra el respaldar. Hermione entonces se movió con cuidado. Volteándose sobre su lado sano, se acomodó contra su novio, apoyando la cabeza en el pecho del chico.

- ¿Mejor así? – preguntó Ron.

- Mucho mejor – respondió ella, respirando profunda y lentamente.

Mathew volvió a su silla y Ginny trajo otra silla que colocó junto a la de Harry.

El mago tomó nuevamente la mano de su esposa, dejando que su mente vagara por lo sucedido esa noche. Miró a Evelyn, cuyas pupilas bailaban detrás de sus párpados cerrados, y se preguntó dónde y cómo habría recuperado el brazalete que ambos creyeron perdido.

La joya estaba en ese momento en la oficina de Flitwick. Mathew le había pedido que lo revisara, temeroso de que tuviera algún maleficio que pudiera dañarlos.

Un quejido ahogado llegó desde la cama donde dormía Draco Malfoy, rompiendo el silencio de la enfermería.

- ¿Por qué Evelyn estaba con Malfoy, Mathew? ¿Qué pasó? – preguntó Harry, cuyo cerebro corría a través de montones de preguntas sin respuesta.

Mathew se respaldó sin soltar los helados dedos de Evelyn y evaluó exactamente qué contarles. Su política era no mentir, pero tampoco estaba seguro de que hiciera falta ahondar en mayores detalles.

- Hubo un ataque a una de las casas de seguridad de la Orden. Un intento de rescate de dos mortífagos que teníamos allí – respondió.

- ¿Qué mortífagos? – quiso saber Ginny, deslizando una mano por el interior del brazos de Harry hasta entrelazar sus dedos.

- Bellatrix Lestrange y Peter Pettigrew.

Harry miró a Mathew con los ojos muy abiertos, mientras Ron y Hermione prestaban atención en silencio desde la otra cama.

- ¿Tenían a Colagusano?

Mathew asintió.

- Arthur y yo lo atrapamos hace un par de meses. Así fue como supimos dónde estaba el primer horcrux que encontramos y que es probable que sean tres. A Lestrange la atrapamos con Evelyn la noche en que conseguimos el anillo de Riddle.

- ¿Por qué no me lo habías dicho? – preguntó el muchacho.

- Porque no era relevante.

- ¿No era relevante que atraparan al tipo que mató a James y Lily? ¿Qué envió a Sirius a prisión y lo hizo pasar por mortífago? – inquirió Ginny, azorada.

- No. Lo relevante era que sabíamos cuántos horcruxes hay y dónde comenzar a buscar. Cómo y dónde obtuvimos esa información era algo circunstancial – replicó el mago.

Harry intentó controlar su enfado ante la diferencia de lo que él consideraba importante saber y lo que el mago frente a él opinaba. Sintió que los dedos de Ginny se cerraban en su mano y la miró por un segundo, antes de regresar su atención a Mathew.

- ¿Los rescataron?

- No – respondió el hombre -. Sospecho que, en realidad, Pettigrew no era alguien a quien iban a rescatar sino más bien a eliminar. En cuanto a Bellatrix, no importa cuál era la idea con ella ya que murió.

- ¿Esa chiflada está muerta? – preguntó Ron.

- Sí.

- ¿Y Neville lo sabe? – quiso saber Harry.

Mathew lo miró por un segundo antes de asentir.

- Se lo dije en cuanto Draco nos lo contó – hizo una pausa, deslizando el pulgar de manera ausente por el dorso de la mano de Evelyn -. Le he enviado una lechuza a la señora Longbottom, pero aún así estoy seguro de que el apoyo de sus amigos es algo que Neville apreciaría.

Harry asintió en silencio mientras procesaba todo lo que iba escuchando.

- Entonces, los Malfoy fueron con mortífagos a rescatar a Pettigrew y Lestrange, pero fallaron – resumió.

- Más o menos, sí – asintió el mago.

- ¿Y qué tiene eso que ver con Evelyn protegiendo a Draco Malfoy?

- Por lo que él dijo, Lestrange le ordenó torturar una cazadora. Él no pudo hacerlo, hubo un enfrentamiento con su tía, Evelyn terminó recibiendo por él un maleficio y luego lo ayudó a escapar – resumió Mathew.

Ron levantó las cejas, Hermione se mordió el labio, Ginny deslizó su mano libre por el antebrazo de Harry de manera ausente y éste frunció el ceño, pensativo.

- ¿Evelyn mató a Bellatrix?

- Draco no nos dijo quién lo hizo. Estaba demasiado alterado y, por lo que parece, recibió varios maleficios, así que Poppy no permitió que lo interrogáramos demasiado – explicó Mathew -. Habrá que esperar a que Evelyn despierte para obtener la otra parte de la historia.

- ¿Cuántos heridos hay de nuestro lado? – quiso saber Ginny -. ¿Mis hermanos y mi padre…?

- Billy y Charlie llegaron al final y Arthur estaba en Grimauld Place, así que ellos están bien. Cayeron varias cazadoras y Tonks resultó severamente lastimada, pero se recuperará – afirmó Mathew.

Ron, que cuando había preguntado por su padre y sus hermanos unas horas antes no le habían dado ninguna seguridad, se relajó. Su hermana apoyó la cabeza en el hombro de Harry, suspirando aliviada.

- ¿Y Dumbledore?– dijo Harry.

- Dumbledore sospechó que destruir el segundo horcrux sería algo tan peligroso como resultó destruir el primero. Así que decidió hacerlo solo y me dejó afuera – respondió Mathew con enfado apenas disimulado.

- ¿Es cierto que está en coma? – quiso saber Ron.

Mathew asintió.

- Sí.

- ¿Despertará? – preguntó Hermione.

- No lo sé – el mago se inclinó hacia delante y, apoyando los codos en las rodillas, levantó la mano de Evelyn y besó los lastimados nudillos.

- Hay demasiadas cosas que no sabemos – dijo Ron.

- Sí, es verdad – contestó Mathew.

Hubo otro silencio largo en la enfermería.

Harry observó al mago que mantenía la vista clavada en Evelyn y recordó lo sucedido en el bosque, antes de que él apareciera.

- ¿Mathew? – dijo el chico un tanto dubitativo

- ¿Sí?

- Antes, en el bosque… Angelus estuvo ahí.

Mathew no se movió de su posición.

- Lo sé.

El muchacho se mordió el labio por un momento, evaluando si debía o no preguntar lo que quería saber. Finalmente, optó por preguntar.

- Él le pidió que lo matara – dijo por lo bajo y esta vez Mathew sí lo miró -. Pero ella le dijo que no lo haría porque él era su mejor idea. Que no destrozaría su mejor idea. Lo molió a golpes y luego lo lanzó a través de los árboles como si fuera basura – Levantó la vista y miró al hombre del otro lado de la cama -. ¿Qué quiso decir con que él es su mejor idea?

El mago respiró hondo y desvió los ojos a su esposa por un segundo antes de regresarlos a su hijo.

- Cuando Evelyn estaba embarazada y había perdido todos sus poderes, habían muchas cosas que representaban una amenaza para ella. Angelus, sin duda, era una de las que estaban en el tope de la lista. El problema era que eliminar un vampiro cualquiera es algo que alguien bien entrenado puede hacer, pero eliminar a los Angelus de este mundo requiere de una cazadora – hizo una pausa y miró a Evelyn de nuevo -. Y la nuestra no podía siquiera abrir una lata de conserva por sí misma.

Se quedó callado durante un par de ráfagas de viento y Malfoy volvió a quejarse en sueños antes de que el mago siguiera hablando.

- Un día, cuando tenía unos siete meses de embarazo, descubrió en un libro antiguo una referencia a un conjuro que permitía restaurar almas. Y se le ocurrió que esa era la mejor manera de deshacerse de Angelus. Restaurar su alma lo transformaría en alguien cuya conciencia no lo dejaría en paz y volvería su existencia eterna un auténtico infierno.

- Eso es malditamente brillante – dijo Ron.

- Ron, no maldigas – murmuró Hermione, que aunque tenía los ojos cerrados era obvio que no dormía.

Harry y Ginny sonrieron, mientras Mathew se respaldaba en su silla.

- El asunto es que no había registro alguno de cómo llevar a cabo el conjuro. Evelyn invirtió desde ese instante hasta que fue atrapada en descubrir la manera de llevarlo a cabo. Lamentablemente, no lo pudo descifrar a tiempo.

- Pero alguien lo hizo – dijo Ginny sin levantar la cabeza del hombro de Harry -. Digo, él tiene su alma ahora, ¿no?

Mathew asintió.

- Dumbledore dio con un grupo de gitanos que conocían el ritual y Angelus cometió el error de asesinar a una de las chicas favoritas del clan. Entonces Dumbledore les hizo la propuesta y ellos realizaron el conjuro. Y Angelus quedó atrapado bajo su alma.

Harry fue a decir algo cuando Evelyn se movió en la cama y se quejó, apretando los párpados en un gesto de dolor.

Mathew se inclinó hacia delante al mismo tiempo que Harry.

- Hey, extraña – musitó el hombre acariciando la frente de su esposa -. ¿Cómo te sientes?

- Para la mierda, pero viviré – replicó la bruja -. ¿Harry? ¿Cómo está Harry?

- Estoy bien – respondió el chico, tomándole la otra mano y sonriéndole al ver el alivio en las golpeadas facciones de la bruja -. Tremendo susto me diste en ese bosque.

- Lo lamento – murmuró la bruja y regresó su atención a su esposo. - ¿Draco?

- A un par de camas, teniendo pesadillas – replicó Mathew.

- Me imagino.

Evelyn cerró los ojos un segundo, controlando su respiración para mitigar los dolores. Como una ráfaga todo lo sucedido pasó por su mente y la imagen de Angelus la hizo estremecerse de manera casi violenta.

- ¿Eve? – dijo Mathew, con cautela.

- Está bien, Matt… no es nada – murmuró, apretando los dedos de su esposo en un silencioso mensaje de cariño.

Había muchas cosas que quería decirle, pero consideró que podían esperar.

Abrió los ojos de nuevo y miró al chico a su lado. Recién entonces se dio cuenta de que Ginny también estaba ahí. Levantando un poco la cabeza, vio a Ron y Hermione en la cama contigua.

- ¿Qué hacen todos aquí? – preguntó, volviendo a dejar caer la cabeza en la almohada.

- Fiesta de enfermería – dijo Ron -. Las comenzamos el año pasado, cuando Hermione y yo estuvimos internados luego del asunto del Ministerio.

Evelyn sonrió para luego arrugar el rostro cuando los cortes que tenía le dolieron.

- No me digas nada. Las extrañaban tanto que… decidieron meterse en una refriega… sólo para que Poppy les ordenara una noche de observación – dijo la mujer entrecortadamente, ladeando apenas la cabeza para mirar hacia la otra cama.

- ¿Tan obvios hemos sido? – preguntó Ron, acariciando con suavidad la espalda de Hermione, que parecía estar demasiado cansada y cómoda como para participar de la charla -. Viejo, creo que deberemos trabajar en la sutileza de nuestras intenciones.

Harry se respaldó y sonrió a su amigo sin alegría, pero más relajado.

- Yo trabajaría en la conveniencia de no dejarte alcanzar por un maleficio, pero agregaré el tema de la sutileza a mi agenda de entrenamiento.

- Lo que todos ustedes deberían hacer es ir a dormir – acotó Mathew y miró a su esposa –. Y eso te incluye a ti también.

- Si me llevas hasta nuestro cuarto, dormiré encantada – musitó la bruja.

Con mucha lentitud se movió, intentando encontrar una posición donde el cuerpo no le doliera tanto.

- Poppy me mataría si te saco de aquí– replicó su marido.- Además, si te llevo hasta nuestro cuarto no podré vigilar a Hermione y Draco.

- Yo vigilaré a Hermione pero no moveré un dedo por Malfoy – anunció Ron.

- Tú te dormirás junto a Hermione. Eso no es cuidar – murmuró Ginny por lo bajo.

- Sigue siendo más de lo que ninguno de nosotros hará por Malfoy – acotó Harry.

- Exacto – concluyó su mejor amigo con satisfacción.

- Yo no planeaba vigilar a nadie, pero no tengo sueño – agregó Harry.

- Yo tampoco – afirmó Ginny.

- Yo sí, pero no pienso moverme de aquí – declaró Ron.

Hermione besó el hombro del muchacho y lo abrazó con más fuerza.

Mathew le sonrió a su esposa y se encogió de hombros.

- Yo prometí quedarme y avisarle a Poppy si algo pasaba.

- En ese caso, supongo que tendremos fiesta de enfermería – aceptó Evelyn con voz cansada, acomodándose.

- Eso parece – dijo Mathew, relajándose en su silla ahora que Evelyn estaba despierta.

- Pero es de ese biombo hacia acá – aclaró Ron.

- Sí. Es nuestra fiesta. Malfoy no está invitado – agregó Harry.