Capítulo 31
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Portones de acceso
En el instante en que los miembros de la Orden del Phoenix aparecieron en el camino que daba a los portones de acceso a Hogwarts, el aire se congeló en sus pulmones.
Decenas de dementores sobrevolaban las torres del colegio, introduciéndose por cuanta ventana encontraban abierta. Más de cien magos se desplegaban a lo largo del parque. Algunos estaban tratando de forzar la puerta de entrada, otros se veían desplazándose hacia la parte trasera desde donde llegaban gritos y explosiones.
Mathew atravesó los portones del colegio corriendo detrás de Evelyn, que ni siquiera se había molestado en sacar su varita, sino que aferraba el hacha que había tomado de Buffy.
En ese momento vieron que las puertas del colegio desaparecían, estallando, y los dementores que esperaban afuera se lanzaron dentro a toda velocidad.
- ¡Expecto Patronum! – gritaron Mathew y Evelyn a la vez.
Un enorme Colacuernos Húngaro emergió de la mano de Mathew al tiempo que un unicornio se formó a partir de la de Evelyn. El dragón batió sus alas rumbo el castillo, con el unicornio cabalgando debajo de él. Los miembros de la Orden corrieron, excepto Fred y George que habían invocado un par de escobas apenas se aparecieron y volaron hacia el colegio.
Scrimgeour se apareció en el camino de entrada, junto con un ejército de magos y brujas dispuestos a defender Hogwarts. El ministro de magia se detuvo por un segundo para ver el panorama y tomó aire.
La batalla que por años pensaron que habían logrado evitar, finalmente había llegado.
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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Hall de entrada
Con un estruendo ensordecedor las puertas estallaron, al igual que las ventanas que las flanqueaban.
Voldemort entró en Hogwarts, tras años de no pisar las baldosas del viejo colegio por su propio pie, y tras rodearse de un escudo protector observó a su alrededor.
Los dementores se desplegaron por todos lados, haciendo colapsar a cuanta persona encontraban a su paso. Con sorna observó la muralla de armaduras que se alzaba delante de él, detrás de los cuales los maestros y varios alumnos se escudaban.
Escuchó los gritos que provenían del primer piso y, cerrando los ojos, se permitió deleitarse con lo que sucedía.
Su serpiente se escurrió entre sus pies y se deslizó velozmente hacia donde Minerva McGonnagall se encontraba. Sin prestar atención a Nagil, sabiendo que éste cumpliría con su misión, Voldemort se concentró en su objetivo.
Harry estaba allí, en algún lugar. Podía sentirlo.
Repentinamente, no sólo pudo percibir a Harry, sino otra presencia que hacía muchos años que dejó de sentir.
Girándose, observó la batalla que se desarrollaba en los jardines del colegio. Allí, a metros de distancia, corriendo hacia él, estaba Evelyn.
En ese instante la bruja se agachó sin detenerse, usó su hombro para apartar un mago y lanzarlo por el aire, antes de seguir su carrera. Un par de metros después blandió el hacha que llevaba en su mano derecha como si no pesara nada y la enterró en el estómago de un hombre lobo, casi partiéndolo en dos. Fue entonces, cuando arrancó el arma del cuerpo del monstruo, que levantó la vista y lo vio. Y por primera vez en casi diecisiete años, los ojos color oro de la Cazadora se clavaron en las rendijas rojizas del mago más temido del mundo mágico.
Evelyn se detuvo en seco. Mathew, que venía unos cuantos pasos por detrás, tuvo que lanzarle un maleficio a una bruja que estaba por atacar a su esposa.
Voldemort torció el rostro en un gesto sardónico y, levantando su varita, apuntó hacia la abertura donde un momento antes estaba la puerta. En menos de tres segundos una pared cerraba el acceso al colegio.
Satisfecho, Voldemort se giró. Extendiendo los brazos hacia los lados, despejó su mente y dejó que la conexión que tenía con Harry se abriera por completo. Permitió que la esencia del adolescente lo llenara, por muy molesto que le resultara. Un segundo después, elevó los ojos hacia el primer piso y sonrió.
- Te tengo – murmuró.
Y dirigiéndose hacia las escaleras, trepó los escalones de a dos con agilidad.
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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Camino de acceso
- ¡NO! – gritó Evelyn, corriendo hacia el colegio a toda velocidad.
Sabía que era tarde y la furia dio paso al terror cuando las facciones horripilantes de Voldemort desaparecieron detrás de la pared de ladrillos que ahora reemplazaba la puerta.
Mathew la seguía de cerca, con el corazón latiéndole tan rápido que lo aturdía. Ese monstruo estaba dentro del colegio e iba por su hijo.
"Tenemos que entrar", dijo su esposa, golpeando por la espalda a una bruja que atacaba a Molly.
El mago miró el pandemónium reinante y sus ojos se clavaron en el enorme reloj que se encontraba en el frente del edificio.
- ¡Accio, escoba! – exclamó.
Diez segundos y un mortífago después, la escoba que él y Harry probaron una noche, varios meses antes, apareció volando. Cuando pasó a su lado, Mathew saltó encima y se dirigió hacia su esposa.
- ¡Eve! – gritó, llamando su atención.
La bruja lanzó un maleficio contra el mortífago que estaba atacándola en ese instante, con lo que el hombre se desplomó al tiempo que ella se giraba. Mathew alargó su mano hacia abajo y ella pegó un salto cuando pasó a su lado. El hombre la tomó por el brazo y la bruja aterrizó a su espalda, sobre la escoba.
Mathew condujo la escoba hacia la esfera de cristal.
- ¡Bombarda! – exclamaron a la vez, haciendo explotar los cristales.
La escoba se introdujo en el colegio, seguida por el patronus de Mathew.
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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Primer piso
A lo largo del pasillo principal una gran cantidad de mortífagos y hombres lobo intercambiaban golpes o maleficios con los alumnos, docentes y elfos que se encontraban allí.
Los retratos mantenían a los alumnos y maestros informados de la ubicación y accionar de los mortífagos, por lo que varios cuadros ya habían sufrido daños. Las estatuas dejaban caer sus manos o elementos de mármol sobre los atacantes, protegidas por un hechizo de permanencia que no evitaba que sufrieran destrozos.
Harry estaba luchando contra dos mortífagos cerca de la puerta del Gran Salón, en donde los gritos y toses indicaron que los elfos habían tenido éxito, a pesar de que las ventanas estallaron. Hasta el momento, el adolescente se las había arreglado para abatir a cuatro mortífagos y ser alcanzado por tan solo un maleficio menor.
Ron había invocado su arco y flechas, con lo que se encargó de abatir hombres lobo a la distancia, pero en ese instante luchaba contra una bruja de cabello verde y ojos desorbitados. A unos metros de él, Hermione se las veía con un chico que tenía el rostro lleno de acné e intentaba, infructuosamente, quebrar las defensas de la chica.
De repente, los dementores llegaron desde abajo y se desplegaron por todos lados, cubriendo a todos con su hielo espantoso. Los alumnos comenzaron a flaquear mientras que los mortífagos, que no se sentían tan afectados, aprovecharon para redoblar el ataque.
Un considerable número de ellos se agrupó y lanzaron maleficios hacia el sitio en donde se encontraba Harry, con varios de sus compañeros.
- ¡Cuidado! – gritó Firenze corriendo para colocarse frente a Harry.
El centauro se atravesó en el camino de los conjuros, transformándose en un escudo en el cual rebotaron varios hechizos. Espantada, Hermione vio al maestro de Adivinación tambalearse por la fuerza del impacto, pero no cayó, sino que retrocedió hacia ellos, protegiéndolos con su tamaño.
Harry intentó conjurar un patronus, pero era tarde. Jadeando, sin poder casi respirar, cayó de rodillas y el mundo comenzó a oscurecerse. Escuchó que Hermione gritaba su nombre y trató de inspirar profundo, pero los gritos de Lily y la demencial carcajada de Bellatrix al asesinar a Sirius invadieron su mente.
Sintió que una mano se cerraba en su brazo y lo arrastraba detrás de una estatua, debajo de una ventana. Una luz brillante destelló cerca suyo y vio que un hurón y un perro saltaban a su alrededor.
Su cabeza pareció aclararse y los gritos se volvieron menos estridentes, pero aún así la cantidad de dementores era demasiado grande como para que los patronus de Ron y Hermione alcanzaran.
- Vamos, viejo. Ponte de pie – lo urgió Ron, tratando de ayudarlo.
Pero en ese momento la risa de Voldemort resonó en los altos techos de la entrada del colegio y los dos muchachos se miraron, asustados. Ron se quedó petrificado, sin atreverse a mirar. Harry por su lado estaba paralizado, con la memoria de la última vez que se encontró frente a frente con Voldemort martillándole el cerebro, mezclándose con las súplicas de Lily.
- Sal de ahí, Harry – la voz de Voldemort podía escucharse con claridad en el silencio que se había creado -. Muéstrate y muere como un hombre.
Hermione dio un paso adelante y se plantó frente a Voldemort.
- ¡Scrigtapour! – exclamó la chica, apuntándolo con su varita.
Voldemort levantó su varita y sin decir una palabra, conjuró un escudo que devolvió el maleficio contra Hermione. La chica apenas tuvo tiempo de exclamar Protego cuando el hechizo la alcanzó, haciéndola retroceder por la fuerza.
Ron reaccionó y, tomando la lanza de una de las armaduras que se encontraba a su lado, se la lanzó a Voldemort. El mago apenas tuvo tiempo de girarse, con lo que la lanza le rozó el hombro, lastimándolo.
Voldemort se miró la túnica rasgada y la sangre que manaba, y en un ataque de furia apuntó a Ron con su varita.
- ¡Avada Kedavra! – dijo.
La armadura que estaba junto a Ron se colocó delante del muchacho, bloqueando el hechizo. Pero la fuerza del impacto la lanzó hacia atrás, arrastrando a Ron con ella, y ambos volaron por el pasillo hasta estrellarse contra una pared.
Voldemort entonces se volvió hacia Harry, que por más que intentaba no lograba zafarse del ahogo que el par de dementores que se cernían sobre él le provocaban. El mago levantó su varita y Harry se elevó en el aire como un muñeco roto antes de que lo golpeara con fuerza contra una columna.
- ¡Maldito! – La voz de Firenze resonó en las paredes de piedra.
El centauro estaba casi de rodillas debido a la cantidad de maleficios recibidos, pero aún así se las arregló para ponerse de pie y tratar de galopar hacia Voldemort. A una seña del mago, tres dementores se lanzaron sobre el profesor, haciéndolo colapsar.
Ginny y Hermione lanzaron tres hechizos diferentes al mismo tiempo, haciendo que Voldemort dejara caer a Harry para conjurar un escudo.
El chico intentó respirar hondo y despejar su mente de los gritos que resonaban en ella. Podía sentir que la oscuridad lo invadía y luchó encontrar un recuerdo feliz, pero todo era brumoso y oscuro.
Con mucho esfuerzo abrió los ojos y su vista cayó en su novia, que se afanaba en defenderse desde detrás de una armadura. En un instante estaba de pie y al siguiente, un dementor cayó desde arriba y la chica se desplomó. Ron, que había logrado desembarazarse de la armadura, intentó alcanzarla.
Un mortífago que se hallaba cerca de ellos, apuntó al pelirrojo adolescente.
- ¡Relaskio! – gritó y Ron se estrelló contra una columna.
Hermione, al escuchar el sordo sonido de los huesos de Ron contra la piedra, se giró, asustada.
- ¡Ron! – gritó y, volviéndose hacia el mortífago, exclamó: - ¡Depulso!
El maleficio golpeó al mortífago, que cayó al suelo sin emitir sonido alguno.
Una bruja encapuchada aprovechó el momento y, viendo a Ron atontado en el suelo, apuntó su varita hacia el arco que se hallaba sobre él.
- Bombarda – exclamó.
Las piedras del arco se desprendieron y cayeron sobre Ron.
- ¡Protego! – murmuró el muchacho, pero un segundo después estaba cubierto por rocas.
Ginny y Hermione corrieron a tratar de ayudar a Ron. Y en ese instante, mientras las dos chicas intentaban quitar las piedras para sacar a Ron de su sepultura, Harry sintió que la furia era más fuerte que los gritos, el frío y el dolor. Poniéndose de pie, apuntó con su varita hacia Voldemort.
- Depulso – exclamó.
Voldemort cayó hacia atrás al tiempo que dos mortífagos lanzaban maleficios contra Harry, que los bloqueó antes de refugiarse tras una armadura. Aprovechando el momento, Voldemort se irguió y conjuró una pared que separó a Harry de sus amigos.
Harry apoyó una mano en las frías piedras mágicas, asustado.
- ¡Ron, Hermione! – gritó.
La única respuesta que le llegó fue la fría carcajada de Voldemort.
- ¿Qué te parece si dejamos esto entre nosotros dos solamente? – preguntó.
Durante dos latidos de su corazón Harry cerró los ojos, petrificado. Pero entonces sus puños se cerraron y girándose, miró directo a los ojos de serpiente de su enemigo.
- Me parece perfecto – respondió.
Y levantando su varita, lanzó un maleficio que fue a chocar contra el que Voldemort acababa de conjurar.
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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Segundo piso
Evelyn se aferró a Mathew, que lanzó la escoba rumbo al baño de Myrthle a una velocidad pasmosa, esquivando dementores a su paso.
Ambos hicieron uso de todo el poder del bargaine para bloquear el efecto de los antiguos guardianes de Azkabán y se concentraron en llegar hasta donde suponían debían estar los alumnos.
Cuando doblaron en el pasillo que conducía al baño de chicas, Mathew detuvo la escoba de golpe. Más de una veintena de banshees se arremolinaba a unos cien metros de distancia.
"Mierda", dijo el mago.
La mano de Evelyn se cerró en el antebrazo de su marido.
"Los chicos…"
Como si la hubiera escuchado, Peeves apareció a su lado.
- Los alumnos no están aquí – dijo, flotando alrededor de la pareja de magos.
- ¿Dónde están? – preguntó Mathew.
- En muchos sitios diferentes – fue la escueta y poco precisa respuesta.
- Peeves, déjate de imbecilidades. ¿Dónde están? – preguntó Evelyn con sequedad.
- El que les interesa a ustedes está en el primer piso… con el Innombrable – respondió.
Durante casi un segundo ambos se quedaron congelados. Entonces, Mathew viró la escoba hacia la ventana más cercana mientras Evelyn extendía la mano hacia el vitral delicadamente tallado.
- ¡Bombarda! – exclamó, haciendo estallar los vidrios.
La escoba salió por la abertura y un segundo después, los patronus de ambos aparecieron a su lado.
- Busquen a Harry – ordenó Mathew.
Las dos figuras se adelantaron mientras la pareja de magos apretaban los dientes, tratando de controlar sus miedos. Viendo un boquete en la pared, Mathew se zambulló por él y desembocó cerca de la escalera principal.
Una pared que antes no existía cerraba el pasillo y junto a ella, Hermione y Ginny intentaban defenderse de un grupo de mortífagos. Un par de pasos detrás de las dos chicas, Ron parecía estar atrapado bajo un montón de rocas.
Cuando casi estaban sobre los mortífagos, Mathew y Evelyn saltaron de la escoba, que golpeó a un hombre lobo antes de estrellarse contra una columna.
Mathew golpeó a un mago en los riñones y, levantando la mano, conjuró un escudo donde rebotó un hechizo. Entonces, lanzó a la bruja que acababa de atacarlo un maleficio que la cubrió de una sustancia gelatinosa que se secó casi al instante.
Evelyn blandió su hacha y la enterró en la espalda baja de una bruja antes de usarla para rebotar un maleficio. El rayo de energía naranja terminó impactando en el mortífago que lo había conjurado, que se desplomó inerte.
Mathew se acercó hasta Ron.
- ¡Mathew, ayúdame! – pidió el muchacho, intentado apartar una piedra de su estómago.
El mago se paró a su lado y tras forcejear un segundo, aventó la piedra hacia un lado.
- ¡Protego! – exclamó Hermione, evitando que un maleficio los golpeara.
Evelyn se acercó a las dos chicas y, levantando su hacha, murmuró algo que ninguna de las dos escuchó. Entonces, una extraña luz restalló en el aire y un par de mortífagos volaron hacia atrás. Varios maleficios salieron disparados hacia las adolescentes, pero rebotaron.
- ¿Es un escudo? – preguntó Ginny.
- Sí, no podrán pasar – respondió Evelyn, bajando su hacha para ayudar a Mathew a quitar rocas.
- ¿Dónde está Harry? – preguntó Mathew, cuando Ron quedó libre.
- Del otro lado de esta pared – respondió Hermione, ayudando a su novio a ponerse de pie.
Evelyn apoyó los dedos en la roca y percibió la extraña energía que manaba de las piedras. Inclinándose, tomó el hacha y la tendió hacia donde estaba su esposo.
- Chicos, hacia atrás – ordenó Mathew.
Cojeando levemente, Ron se alejó junto con su hermana y Hermione. Del otro lado de la barrera mágica creada por Evelyn, los mortífagos se reagrupaban.
Mathew entrelazó sus dedos con los de ella su esposa, alrededor del mango del hacha, y apuntaron la poderosa arma de las Cazadoras hacia la pared mágica.
- ¡Everte Statum! – exclamaron ambos a la vez.
