Capítulo 32
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Primer piso
- Sectusempra – exclamó Harry desde el suelo, donde el maleficio que Voldemort acababa de lanzarle lo había enviado.
Un rayo de luz amarilla fue a dar de lleno contra Voldemort, cubriéndolo de cortes sangrantes.
El mago gritó por el dolor. Harry se puso de pie, preparándose para lanzar otro maleficio. Pero entonces, un dementor se lanzó sobre él y, tomándolo del cuello, lo elevó en el aire. Los alaridos dentro de la cabeza del muchacho fueron atronadores y el aire se atoró en sus pulmones.
Harry intentó resistirse y levantar su varita para conjurar su patronus. Sin embargo, la oscuridad comenzó a engullírselo. Una tristeza infinita lo cubrió y la angustia que por lo regular mantenía a raya, explotó dentro de él.
Aferrándose a un último chispazo de lucidez, pensó en Ginny. En sus ojos enormes, su sonrisa brillante, su fortaleza inquebrantable. Su mente voló hacia Mathew y Evelyn. Recordó el celo con que intentaron que ese momento no llegara e imaginó lo que representaría para esa pareja, que había pasado por tantas cosas, perderlo una vez más.
Finalmente, vio a Ron y Hermione. Recordó los momentos de risas, las noches en vela, sus rostros sanos y sus facciones lastimadas. Sus voces, asegurándole que sin importar lo que pasara, estaban juntos. Luchando con él y por él.
Gruesas lágrimas brotaron de sus ojos y bañaron sus mejillas heladas. Porque algo en su interior le decía que debía luchar, pero su voluntad parecía haberlo abandonado.
Entonces, repentinamente, un resplandeciente colacuernos húngaro apareció y voló hasta Harry, haciendo retroceder dementores a su paso. El que sostenía a Harry lo soltó, huyendo, y el chico cayó desde cuatro metros de altura prácticamente desvanecido.
Voldemort, que había logrado revertir el conjuro de Harry y ya no sangraba, apuntó su varita hacia él.
- ¡Carpe Retractum! – exclamó.
Como si un garfio tirara de él, Harry voló hacia el mago antes de tocar el suelo. Cuando se encontraba aún a varios metros, un destello de fuego apareció por una ventana. Fawkes planeó por el pasillo y tomó a Harry por la ropa alejándolo del Innombrable.
Voldemort apuntó al ave con su varita, pero antes de que pudiera decir una palabra, algo lo golpeó con fuerza en el medio de la espalda.
- ¡El Innombrable no dañará a Harry Potter! – exclamó la aguda voz de Dobby.
El mago se giró y observó al pequeño elfo con desdén por un segundo.
- ¡Relaskio! – dijo.
Levantando su mano, Dobby evitó que el maleficio lo golpeara. Aún así, el poder del conjuro fue suficiente como para derribarlo.
Sonriendo, Voldemort apuntó nuevamente su varita hacia el elfo.
- ¡Crucio! – gritó y los gritos de Dobby se unieron a la batahola que cubría el colegio.
Fawkes dejó a Harry junto a una columna, mientras el unicornio se paraba frente a él y el dragón lo envolvía con sus enormes alas. El chico permaneció detrás de los patronus tratando de respirar. La risa escalofriante de Voldemort rebotó en las paredes mientras los quejidos de Dobby se colaban entre las carcajadas.
- Insignificante gusano – dijo el mago, sin liberar al elfo del maleficio.
Los gritos de la pequeña criatura taladraron el alma de Harry. Desprendiéndose del último resquicio de ahogo que le provocaron los dementores, cerró su mano alrededor de una roca y la lanzó con furia contra la espalda de Voldemort.
El mago se dobló hacia atrás cuando el proyectil atinó en la parte baja de la espalda.
- Fawkes, saca a Dobby de aquí – le pidió Harry al fenix, señalando al desvanecido elfo.
El ave voló hacia Dobby y lo sacó por una ventana, mientras los patronus permanecían como una enorme nube, cubriendo a Harry.
Entonces, poniéndose de pie, el muchacho aferró su varita y respiró hondo.
- ¡Hey, Riddle! – gritó.
Voldemort se enderezó y miró a Harry con enfado.
- Mi nombre es Lord Voldemort – dijo con los dientes apretados.
- Voldemort, Riddle… misma mierda con diferente etiqueta – replicó el adolescente con desdén.
Las inexistentes cejas de Tomas Riddle Hijo se elevaron, irónicas.
- ¿Cómo es posible que tan solo unos meses con ese imbécil de Whitherspoon, hayan bastado para que te traspase su insoportable forma de hablar?
El rostro de Harry se tornó sombrío y duro.
- No insultes a mi padre, Riddle. Tú no le llegas ni a la suela de los zapatos.
El mago levantó la barbilla y el dedo índice de su mano izquierda.
- ¿Tu… padre? Ya veo… entonces, si sabes que él es tu padre, también sabes que tú y yo somos… parientes – agregó, dando un paso adelante.
- Mi madre no tiene una sola gota de tu sucia sangre en ella – replicó el muchacho.
Voldemort rió.
- Pero yo tengo la suya en mis venas – contestó y apuntándolo con su varita, un maleficio se dirigió hacia Harry como una tromba.
El maleficio impactó contra los patronus, que desaparecieron entre chispas de color violeta. Harry apenas tuvo tiempo de colocarse detrás de una columna para protegerse antes de que Voldemort comenzara a lanzarle maleficios con una velocidad pasmosa.
Durante algunos segundos el muchacho escasamente se pudo proteger. Sin embargo, aprovechando un impas, asomó su varita y gritó:
- ¡Depulso!
El maleficio dio de lleno en Voldemort, que quedó momentáneamente atontado. Harry entonces salió de su escondite y comenzó una batalla encarnizada, en donde el adolescente usó todo lo que sabía, mágico o no. Cinco minutos más tarde ambos estaban cubiertos en sudor y tenían varios cortes visibles.
- ¿Qué ocurre, Potter? – preguntó Voldemort, lanzándole a Harry una armadura que lo golpeó en el hombro con fuerza -. ¿Dónde está tu arrogancia?
- Carpe Rectrum – gritó Harry.
El mago desvió el maleficio con un giro de su muñeca y le devolvió otro que voló la columna detrás de la cual el muchacho se escudaba. La columna se tambaleo y se desgranó sobre el adolescente, atrapándolo.
Acercándose con parsimonia, Voldemort sonrió con soberbia. Harry se desembarazó de las rocas que lo cubrían para encontrarse con la varita del mago casi rozándole el rostro.
- ¿No te explicó Evelyn que sólo debías meterte con alguien de tu tamaño? – preguntó el hombre con suavidad.
- No – replicó Harry y a tientas sacó la navaja que tenía escondida en una funda, en su tobillo izquierdo -. Pero me enseñó trucos nuevos – agregó, clavándole la navaja en el muslo.
Voldemort gritó de dolor y Harry trató de ponerse de pie, pero un pedazo de columna había atrapado su pierna derecha, inmovilizándolo.
Enfurecido, el mago se arrancó la hoja del músculo y observó la sangre en el metal por un segundo, antes de alzar sus ojos rojos para clavarlos en el muchacho frente a él.
Levantando su varita, lo apuntó.
- ¡Avada Keda…!
Una explosión hizo desaparecer la pared que Voldemort había levantado, interrumpiéndolo.
El hombre se curvó sobre sí mismo, levantando sus brazos al tiempo que creaba un escudo para protegerse de los escombros que volaron por todos lados. Aún así, la fuerza de la explosión lo empujó hacia atrás, alejándolo del muchacho.
Harry se cubrió la cabeza con los brazos por un instante. Entonces, tosiendo debido al polvo, levantó la vista hacia el lugar donde un momento antes estaba la pared levantada por Voldemort.
Empuñando la brillante hacha de las Cazadoras, Evelyn traspasó el boquete que se había abierto, seguida de Mathew.
Y el alivio que Harry sintió fue tan grande que quiso llorar.
Voldemort se enderezó y miró a la mujer que se encontraba a escasos metros de distancia.
- Evelyn – murmuró.
La bruja no se molestó en responder. Levantando el hacha, una enorme bola de energía emergió de la afilada punta del arma y se dirigió como un torpedo hacia el pecho de Voldemort.
El mago conjuró un escudo justo a tiempo, rebotando el hechizo.
- ¡A mí! – gritó apoyando la varita contra su garganta y su voz resonó en cada rincón de Hogwarts.
Un par de segundos después, un ejército emergió de todos lados. Dementores, banshees y magos se desplegaron alrededor de su líder y atacaron a la pareja de magos.
Entonces, la batalla se volvió encarnizada.
Los cinco hermanos Weasley mayores entraron desde distintos lugares, mientras su padre y un grupo de aurores aparecían por la abertura creada por Evelyn. Ron noqueó a una banshee mientras Hermione derribaba a una bruja con un conjuro que seguramente no era legal.
Ginny trepó por encima de los escombros hasta donde Harry se quitaba piedras de encima.
- Harry – dijo la chica.
- ¡Ayúdame, Ginny! – pidió el muchacho, haciendo fuerza.
La joven apuntó su varita hacia la columna que le aprisionaba la pierna, dispuesta a hacerla levitar para liberarlo. Pero antes de que pudiera decir una palabra, Evelyn apareció junto a ellos.
- Ginny, apártate – ordenó la bruja y con una mano lanzó la columna hacia un costado como si no pesara nada. Inclinándose, tomó a Harry por el hombro y lo levantó de un tirón - ¡Ponte a cubierto! ¡Ahora!
- Pero son demasiados… - la queja de Harry fue cortada en seco cuando se escuchó un grito de dolor de Mathew y Evelyn se giró con brusquedad.
La bruja y los adolescentes junto a ella vieron con espanto cómo cinco maleficios golpeaban a Mathew, haciéndolo girar en el aire como un trombo.
- ¡Mathew! – gritó y corrió hacia donde su marido intentaba en vano incorporarse.
Con una velocidad vertiginosa, blandió su hacha y enterró la punta en un mortífago antes de usarla para casi partir en dos a otro. Derribó de un puñetazo en el rostro a una bruja y pateó con furia la rodilla de un mago, antes de golpearle la cabeza con la parte plana de la hoja del hacha.
Se giró para detener los maleficios que tres mortífagos le estaban lanzando, cuando Voldemort aprovechó el momento. Apuntó su varita hacia la bruja y exclamó:
- ¡Avada Kedavra!
- ¡Evelyn, cuidado! – gritó Harry, asustado.
Evelyn se giró y, tomando a Mathew por la muñeca, levantó el hacha que aún empuñaba. El maleficio estalló contra el arma, golpeando a la bruja de manera indirecta.
Harry la vio caer junto a Mathew, que se había vuelto a desplomar por la fuerza de la explosión. Un odio sin igual lo embargó y, extendiendo su varita hacia Voldemort, gritó algo que ni siquiera registró.
El maleficio voló hacia el mago, colisionando con el que Voldemort le había enviado.
Aprovechando la pausa generada por la magia que electrificaba todo el lugar, Harry corrió hacia una armadura que aún subsistía en pie y apuntó a Mathew y Evelyn con su varita.
- Carpe Rectrum – exclamó.
La pareja se deslizó con violencia por el suelo hasta llegar junto a él. Harry creó un escudo frente a ellos y, consternado, vio que estaban mal heridos. Inclinándose sobre el mago, intentó incorporarlo.
- Levántate – dijo entre jadeos.
Mathew gimió y tomó aire, tratando de enderezarse, pero falló. Harry colocó una mano en el brazo del hombre y tiró con fuerza.
- ¡Papá, levántate! – exclamó angustiado.
Mathew clavó sus ojos algo desenfocados en el chico y, tensando la mandíbula, se irguió. Temblaba visiblemente. Estirando los dedos, sin siquiera mirar, buscó la mano de Evelyn, que yacía boca abajo a su lado. Pero entonces, antes de que la alcanzara, la mujer salió disparada hacia donde Voldemort se encontraba.
- ¡Impedimenta! – exclamó Voldemort antes de que llegara hasta él, inmovilizándola.
- ¡No! – gritó Mathew, viendo que la mano de Voldemort se cerraba alrededor del cuello femenino y la levantaba del suelo.
Con dificultad, el mago se puso de pie y cerró su mano en un puño, mientras Harry apuntaba con su varita hacia Voldemort.
- Adelante, Whitherspoon – lo desafió Voldemort, clavando su varita en las costillas de Evelyn -. Lanza tu mejor maleficio.
Los ojos de Evelyn se abrieron apenas mientras sus pulmones trataban de conseguir el oxígeno que no les estaba llegando.
"Hazlo", le dijo a su esposo.
"No", replicó Mathew.
Desesperado, trató de pensar. De encontrar una solución que no implicara perder a Evelyn en el camino.
- Mathew – susurró Harry, que no sabía qué hacer.
- Atrás, Harry – ordenó el mago.
- ¿Qué ocurre, Whitherspoon? ¿Las emociones al final no resultaron ser tan buenas? – se burló Voldemort, apretando aún más la varita en el costado de la cazadora.
"¡Hazlo!", exclamó Evelyn con lo que pareció un último atisbo de energía.
"¡NO!", contestó el mago y clavó en ella sus ojos verdes. "Vivimos juntos, morimos juntos, ¿recuerdas?", agregó.
Aprovechando que Mahtew tenía sus ojos clavados en los de EVelyn, Voldemort apartó la varita de las costillas de la mujer para dirigirla hacia su esposo.
- ¡Expelliarmus! – exclamó y Mathew voló por el aire hasta colisionar contra la pared casi a la altura del techo, para luego resbalar hasta el suelo.
Como si hubiera estado esperando su momento, Nagini apareció reptando y se enroscó alrededor del mago con fuerza.
Voldemort murmuró algo y una burbuja creció a su alrededor, encerrándolo junto con Harry y los Whitherspoon. Detrás de Voldemort quedaron los mortífagos, mientras que del otro lado se encontraban los Weasley, con Hermione, varios alumnos y aurores. Ron, Hermione y Ginny, junto con los Weasley, intentaron acercarse, pero no pudieron atravesar la mágica barrera.
Satisfecho por haber conseguido que todos quedaran fuera del enfrentamiento, el demente individuo se volvió hacia el Harry.
- ¿Estás listo para que tus padres mueran por ti una vez más, Potter? – preguntó.
Horrorizado, Harry vio como la mano se cerraba en el cuello de Evelyn y la bruja boqueaba en busca de aire. Naigil se había enroscado alrededor de Mathew y las venas en el cuello del hombre se habían vuelto notorias por la presión.
- Déjalos ir – pidió Harry.
- Harry – jadeó Mathew.
- Es a mí a quien quieres. Déjalos ir y me tendrás – y con un gesto brusco, Harry tiró su varita al suelo.
- ¡Harry, no! – gritó Mathew, tratando de zafarse de la víbora, que lo apretó con más fuerza y comenzó a asfixiarlo.
Voldemort observó al chico que temblaba visiblemente pero se mantenía firme.
- Muy generoso, Harry. Pero verás, no puedo dejarlos ir porque ellos no dejarían de intentar matarme. ¿No es cierto, Evelyn? – preguntó a la bruja, que tan solo podía mover sus ojos.
- Puedes… apostarlo – dijo Mathew antes de apretar los dientes al sentir que la serpiente se cerraba un poco más a su alrededor.
- ¡No! – dijo Harry, dando un paso hacia el mago antes de que un rayo restallara frente a él, deteniéndolo.
Voldemort sonrió de manera espantosa, volviendo a apoyar su varita contra las costillas de Evelyn.
- Por supuesto, matarme no es algo que vayan a lograr – continuó diciendo, como si no hubiera sido interrumpido -. Verás, aún queda una porción de mi alma intacta, a salvo. Encerrada en el último lugar en donde nadie buscará. Custodiada por la única persona que jamás me ha defraudado.
- ¡Maldito seas! Déjalos ir… – dijo el chico, desesperado.
Voldemort sonrió con placer. Inclinándose hacia el oído de Evelyn, susurró:
- Tu hijo se parece a ti. Igual de sacrificado. Igual de estúpido. Igual de predecible. Siempre puedo confiar en que hará lo que debe. Nunca me defrauda.
Los ojos de Evelyn se clavaron en los de su esposo. Un destello de entendimiento brilló en las pupilas verdes de Mathew, que cada vez respiraba con más dificultad.
Voldemort deslizó uno de sus largos dedos por la garganta de la mujer y miró a Mathew con satisfacción.
- En verdad me alegra que los dos estén aquí para verlo morir.
La bruja desvió la mirada hacia Harry y sintió que algo crecía en su interior. Más grande que el poder de la cazadora o la bruja que habitaban en ella. Más fuerte y más poderoso.
"Mathew… el bargaine", dijo Evelyn con desesperación.
El cerebro casi asfixiado del hombre no llegó a captar lo que le decía, por lo que sus desorbitados ojos se fijaron en los de su mujer.
"¿Qué?"
"Maldición… el bargaine… usa mi poder y líbrate de ese bicho".
De repente, el hombre comprendió. Jadeó, buscando aire, y trató de recordar cómo debía hacer algo que jamás hizo. Por cinco segundos se concentró hasta que percibió que algo hormigueaba en su interior. Tomó todo el aire que pudo y exclamó:
- ¡Depulso!
Con un sonido seco, la serpiente pareció partirse por la fuerza con que su cabeza se lanzó hacia atrás. Entonces, la presión que ejercía sobre Mathew disminuyó y el hombre aprovechó para murmurar algo. Un segundo después, la espada de Gryffindor se materializó en su mano.
Blandiéndola, se giró y de un golpe cercenó la cabeza del reptil, que se desplomó.
- ¡No! – exclamó Voldemort.
Harry se agachó para tomar su varita y Voldemort, enfurecido, apuntó la suya hacia él. Como si se tratara de un muñeco roto, Mathew cayó al suelo sobre manos y rodillas. En el mismo momento, con un esfuerzo sobrehumano, Evelyn levantó los brazos.
Sintiendo como si los huesos se le quebraran debido al hechizo que la mantenía casi inmovilizada. Apretando los dientes, cerró las manos como tenazas alrededor de la muñeca del mago. Un segundo después se escuchó un crujido espantoso cuando le trituró los huesos.
Gritando por el dolor, el mago la soltó y la bruja se desplomó como una tabla. Entonces, incorporándose sobre sus rodillas, Mathew lanzó la espada y la hoja atravesó el estómago de Voldemort.
Doblándose en dos, el demente individuo cerró su mano sana en la empuñadura bellamente labrada. Trastabilló hacia atrás, con los ojos clavados en Evelyn que lo miraba desde el suelo.
Con dificultad, Mathew se acercó a su esposa.
- Finitem incantatem – murmuró.
Con un gran esfuerzo, ambos se pusieron de pie. Evelyn entonces extendió sus dedos hacia delante y exclamó:
- ¡Accio espada!
La hoja se deslizó limpiamente, cortando la palma de la mano de Voldemort a su paso, y voló hacia ella.
Harry se acercó a la pareja, pero Mathew lo mantuvo detrás de ellos con un brazo, sin apartar los ojos del mago que en ese instante caía de rodillas.
Los mortífagos que se encontraban fuera del escudo contemplaron atónitos lo que sucedía. Del otro lado, junto a la pared a medias derruida, aurores, brujas y magos permanecían expectantes, con las varitas listas. Hermione, que tenía una mano apoyada contra la barrera creada por Voldemort, trastabilló cuando ésta desapareció.
Voldemort apretó su puño sobre su estómago y clavó los ojos en las tres personas que, paradas frente a él, lo observaban. Entonces, sonrió.
- Aún así… no pueden… ganarme – musitó.
Una sonrisa espantosa distendió los labios de Evelyn.
- Sí podemos – afirmó y, levantando su muñeca derecha, se quitó el brazalete donde brillaban labradas su inicial y la de su marido - En el último lugar donde buscaríamos – dijo la bruja.
- Custodiado por la única persona que jamás te defraudó – agregó el mago.
Las facciones de Voldemort se deformaron por el odio.
- ¡Relaskio! – exclamó Mathew, empujando a Harry lejos de ellos.
- ¡No! – exclamó el muchacho antes de caer cerca de donde estaban sus amigos.
Con un movimiento algo torpe, Evelyn lanzó el brazalete hacia el techo, encima de la cabeza de Voldemort. Mathew cerró sus dedos alrededor de los de su esposa y ambos extendieron su mano libre hacia el brazalete.
- ¡BOMBARDA! – gritaron al mismo tiempo.
Y el brazalete estalló.
La fuerza de la explosión, contenida dentro del estrecho pasillo, se multiplicó al no poder extenderse. Las paredes temblaron y los vidrios que quedaban sanos reventaron. Evelyn y Mathew se curvaron uno sobre el otro, agachándose para cubrirse.
Harry se puso de pie y vio horrorizado que el techo comenzaba a desplomarse. Cerca suyo Hermione, Ron y Ginny observaban espantados.
- ¡Ron, Hermione! – gritó Harry, levantando su varita.
En un acto reflejo, sus dos amigos y su novia apuntaron al igual que él sus varitas hacia la pareja que se hallaba a varios metros.
- ¡Defendio! – exclamaron al unísono.
Sus hechizos volaron hacia su destino mientras el techo caía encima de Mathew, Evelyn y Voldemort. Para ese momento, partes de las columnas cercanas a Ron comenzaron a desplomarse.
- ¡Corran! – gritó el chico, empujando a Ginny del otro lado del boquete abierto por Evelyn unos minutos antes.
Hermione trastabilló y cayó al suelo. Sin detenerse a pensarlo, Ron la cubrió con su cuerpo mientras pedazos del cielorraso caían alrededor.
Un espantoso estruendo resonó en todo el colegio, haciéndolo temblar sobre sus ancestrales cimientos y paralizando la batalla.
La Marca Tenebrosa que se encontraba suspendida sobre Hogwarts se desvaneció, mientras que las que todos los mortífagos ostentaban en sus brazos parecieron arder como teas, haciéndolos gritar.
En el hall de entrada la galería superior se rompió, justo sobre la estatua del mago a quien Neville privó de su globo terráqueo poco tiempo antes. Alumnos, profesores, magos, brujas y elfos se apresuraron a apartarse. Scrimgeour, que luchaba junto a McGonnagall en la entrada, tiró de la bruja hacia atrás. Un segundo después la galería se desplomó aplastando la estatua.
Tras un largo momento que pareció eterno, una extraña calma cubierta por una densa nube de polvo se instaló en el colegio.
Ron se incorporó y se apartó de Hermione.
- ¿Hermione? – murmuró, asustado.
La bruja se quejó levemente mientras apoyaba las manos en el suelo. Se sentó con lentitud y Ron le quitó el pelo de la cara llena de polvo, cortes y golpes.
- ¿Estás bien? – preguntó con ansiedad.
Hermione asintió levemente.
- Sí… ¿tú? – la chica recorrió a Ron con los ojos.
El pelirrojo mago tenía la ropa desgarrada, el hombro derecho le sangraba y un horrible corte le surcaba el cuello.
- Estoy bien – dijo el muchacho. Entonces se giró hacia donde Harry había estado parado un momento antes y su corazón se detuvo.
Varias rocas y una viga se apilaban en un desordenado montículo que debía pesar varias toneladas.
- Harry – susurró, asustado, antes de ponerse de pie y acercarse - ¡Harry! – gritó.
- ¡Oh, Dios! – murmuró Hermione, irguiéndose.
- Harry, no… – suplicó Ginny, pasando junto él como si fuera a quitar las rocas con sus manos.
Ron detuvo a su hermana tomándola por el hombro, al tiempo que sacaba su varita y apuntaban hacia las rocas junto con Hermione.
- Wingardium leviosa – exclamaron.
Las piedras y la viga se movieron. Ginny, que estaba conteniendo la respiración, escuchó a Harry tosiendo y se libró de la mano de su hermano. La chica pasó primero por el espacio libre de piedras y se encontró con su novio, cubierto de polvo, cortes y sangre, pero vivo.
Con el rostro mojado por lágrimas que dejaban surcos blanquecinos en sus sucias mejillas, Ginny se hincó junto a Harry y lo abrazó.
- ¿Estás bien? – preguntó, aferrándose a él con tanta fuerza que lo hizo gemir por el dolor.
- Sí… - respondió el muchacho con voz estrangulada.
- Ginny, suéltalo. Está lastimado – dijo Ron, tratando de apartar a su alterada hermana menor de su mejor amigo.
La chica asintió, apartándose con rapidez y mirándolo con angustia culpable.
- ¡Pensé que…! Creí… - tan asustada que no podía ni verbalizar lo que había pensado.
Se secó las lágrimas con sus sucias manos, empeorando aún más su aspecto.
- Estoy bien – murmuró Harry, intetando enderezarse.
Pero apenas había logrado hincarse cuando Hermione se arrodilló a su lado y lo abrazó con tanta fuerza como la que había usado Ginny.
- ¡Auch! – se quejó Harry una vez más, arrugando el rostro y sosteniéndose de la pared detrás de él.
- Hermione... ¡Chicas, por favor! – pidió Ron, tomando a su novia por el brazo para apartarla.
- Lo siento… es que… me diste un susto tan grande – se disculpó la chica y junto con Ron, ayudaron a Harry a ponerse de pie.
El muchacho miró hacia el lugar donde Mathew y Evelyn estaban cuando el brazalete estalló. Con espanto, vio que la galería había desaparecido.
- No… no, no, ¡no! – gritó, zafándose de las manos de sus amigos y corriendo hacia el enorme boquete.
Se asomó y vio la pila de rocas que ahora acabarcaba una gran parte del hall central.
- No… por favor, no… - murmuró, aterrado.
- Harry, por aquí – dijo Ron, señalando la delgada porción de piso que quedaba junto a la pared.
Todos se desplazaron apoyadándose contra las frías rocas hasta que alcanzaron las escaleras, que permanecían en pie. Todo lo rápido que pudieron, esquivando escombros y armaduras, bajaron los escalones. Harry delante, sus amigos detrás.
Sin embargo, Arthur fue más rápido y llegó primero, junto con Shacklebot.
Ambos magos apuntaron sus varitas hacia el montón de escombros y las piedras salieron volando hacia un costado. Cuando el polvo se despejó, Mathew y Evelyn aparecieron a la vista. Hechos un ovillo, abrazados e inmóviles.
Harry, que había llegado al pie de la escalera en ese momento, se detuvo. Aterrado ante la sola idea de que estuvieran muertos, no se atrevió a acercarse y permaneció aferrado al brazo de Ron.
Casi con miedo, Arthur se inclinó hacia su primo.
- ¿Matt? – susurró, rozando un hombro de Mathew con los dedos.
Tras lo que pareció una vida, se escuchó un quejido y Mathew, con lentitud y torpeza, se enderezó. Arthur lo ayudó a apartarse y Shacklebot ayudó a Evelyn, que gimió cuando la mano del auror la tomó por el brazo. Ambos parecían totalmente aturdidos, podía verse que estaban severamente lastimados, pero Harry se sintió tan aliviado que casi le fallaron las rodillas.
Estaban vivos.
Un silencio expectante cubrió el lugar. La gente se mantuvo apartada. Algunos observando con miedo, otros gimiendo de dolor mientras apretaban sus antebrazos izquierdos.
Evelyn abrió los ojos y los clavó en la pila de rocas que se hallaba frente a la pared que Voldemort levantó, justo donde solía estar la puerta de entrada. Trató de atisbar algún signo de Voldemort. Alguna señal de que estaba vivo. Intentó abrir ese lazo que había cerrado tantos años atrás, pero no percibió nada.
Desesperada por saber, apartó con brusquedad a Shacklebot y se dirigió hacia los escombros todo lo rápido que pudo.
- ¡Evelyn! – exclamó Arthur, pero la bruja no se detuvo.
Enloquecida ante la idea de que ese hombre que había hecho de su vida un infierno inimaginable, trepó por las piedras con torpeza. Trastabilló cuando una roca suelta se desprendió, pero se sostuvo y siguió adelante. Al llegar casi arriba, comenzó a quitar los escombros con las manos. Los tiraba hacia atrás, desesperada por descubrir si allí abajo estaba Voldemort.
- Tienes que estar muerto, tienes que estarlo – dijo, como si hablara consigo misma, sin ver ni escuchar a nadie.
Harry sintió que algo se estrangulaba en su interior al observar a Evelyn y su desesperación. Trató de tragar, pero tenía un nudo en la garganta que se lo impedía. Y por un momento, no supo qué hacer. Porque algo le decía que fuera allí y la detuviera, pero otra parte de él estaba aterrada ante la posibilidad de que cuando Evelyn terminara de apartar piedras, Voldemort no estuviera allí. Que no estuviera muerto.
Con lentitud, los alumnos, maestros y aquellos que vinieron con Scrimgeour, se fueron acercando con cautela. Con tristeza y aprehensión observaron a la bruja lanzar enormes rocas con la facilidad con que ellos levantaban su copa en la cena. Sin embargo, permanecieron algo alejados, demasiado shockeados por lo que sucedía.
Evelyn no se daba cuenta de cuánto se estaba lastimando las manos, ni de las gruesas lágrimas que corrían por sus mejillas. No oía nada, no veía nada. Y cuantas más piedras quitaba, lo que le escocía la garganta hasta casi ahogarla parecía agrandarse.
Entonces, de repente, apareció.
El rostro deformado por los golpes, los ojos cerrados, una mano horriblemente quebrada cerca de la quijada, como si hubiera intentado protegerse. Durante un segundo la bruja se quedó paralizada, observándolo. Pero retomó su tarea, apartando piedras con desesperación.
Mathew, que se había puesto de pie con la ayuda de Arthur, hizo a un lado el tremendo dolor que le provocaba el respirar y cojeando espantosamente, se acercó a ella.
Podía percibir toda la angustia, el miedo, el dolor y la furia que manaban de su esposa. Y con cada emoción, una imagen diferente apareció en su cabeza. Imágenes de años de batallas, de años de horror. Pesadillas largo tiempo enterradas, recuerdos que desearía que ninguno de los dos tuviera. Tratando de que respirar no le doliera tanto, trepó las rocas con dificultad.
Harry permaneció a un par de pasos de la escalera, apretando compulsivamente la mano de Ginny. Hermione se apoyaba en Ron y observaba junto con sus amigos lo que sucedía.
Mathew esquivó una roca que pasó junto a su cabeza y apoyó una mano en el hombro de Evelyn.
- Debo verlo – dijo la mujer, sin detenerse.
- Eve – murmuró el mago, apretando levemente sus dedos.
- Debo verlo – repitió Evelyn, tomando otra roca.
La bruja lanzó la piedra hacia el costado, dejando la mitad del cuerpo al descubierto.
Tan sobrepasado por las emociones de Evelyn como por la vista del rostro sin vida de su enemigo, Mathew sentía que se ahogaba. Su esposa se inclinó hacia delante y tomó la túnica destrozada. Evelyn tiró para sacar a Voldemort de su improvisada sepultura. Pero sus fuerzas, sin embargo, no eran muchas y el peso que cubría el cuerpo era demasiado.
- ¡Mathew, ayúdame! – pidió con desesperación.
El hombre, sin embargo, no se movió. Por un largo momento se quedó allí parado, tratando de controlar el maremoto que sus emociones y las de Evelyn provocaban en su interior. Finalmente, se mordió el labio inferior con fuerza y se hincó a su lado.
- Eve… déjalo – pidió en voz tan baja que solamente ella lo habría escuchado, de no ser porque el silencio era sepulcral.
- No – dijo la mujer, dando otro jalón infructuoso -. Debo verlo bien… puede estar vivo… puede regresar.
Inclinándose hacia delante, Mathew cerró los dedos alrededor de los ensangrentados nudillos de Evelyn. La mujer vio la mano de su esposo, tan lastimada como la suya, y dejó de jalar, pero mantuvo los ojos fijos el monstruo que signó cada momento de su vida con espanto y dolor.
- Se acabó, Eve – dijo el mago con calma -. Se acabó.
Por varios segundos la Cazadora permaneció estática, temblando, con la vista clavada en las deformadas facciones sin vida de Voldemort.
- Está muerto – murmuró, como si temiera creerlo.
Mathew le abrió los dedos con delicadeza, haciendo que soltara la túnica desgarrada, y los entrelazó luego con los suyos.
- Sí – afirmó.
Evelyn levantó los ojos y miró a Mathew.
- Acabó, Eve – repitió el mago -. Se acabó.
Tras dos parpadeos, como si finalmente fuera real, o como si tal vez lograra comprenderlo, un quejido ahogado emergió de lo profundo de Evelyn. Entonces, quebrándose como una muñeca rota, abrazó a Mathew, escondiendo el rostro en el amplio pecho del mago. Y lloró.
Su llanto resonó en el silencioso lugar, mientras Mathew la abrazaba con fuerza, ignorando el dolor de sus costillas o lo incómodo de su posición. Porque no había escuchado llorar a Evelyn de ese modo jamás. Porque él tampoco había sentido semejante maremoto emocional desde que conjuraron el bargaine. Porque casi no se atrevía a creer que todo hubiera acabado, tal y como acababa de afirmar.
Así que escondiendo el rostro en el pelo de Evelyn, lloró contra su cuello. Con ella. Por ella. Por él. Por todo lo que habían pasado. Por todo lo que jamás vivieron. Por lo que ahora podían vivir.
Por un largo rato permanecieron allí, frente a todo el colegio.
Entonces, Harry se separó de Ginny y se acercó a la pareja que aún estaba junto al cadáver de Voldemort.
Observó lo que quedaba de quien se había erigido por sí mismo en un ser casi mítico. No era más que el despojo de un ser que jamás valió más que la ropa que usaba. Que no valía la vida de James y Lily. Y que decididamente no valía las lágrimas de Mathew y Evelyn.
Tomando aire apoyó la mano en el hombro de Mathew y presionó levemente.
- Papá – dijo bajo.
El mago levantó el húmedo rostro y lo miró. Había un mundo de emociones encontradas en sus pupilas verdes, totalmente empañadas. Harry volvió a apretarle el hombro, con lo que Mathew colocó una de sus manos sobre la del muchacho y presionó sus dedos en un gesto de entendimiento.
Entonces, Harry se inclinó un poco.
- Mamá – dijo en voz igualmente baja.
Evelyn, que había dejado de sollozar pero aún mantenía el rostro escondido en el pecho de Mathew, levantó la cabeza y miró a Harry.
- Vámonos, mamá – pidió el chico, extendiendo hacia ella su mano libre.
Como si se encontrara en estado de shock y no coordinara del todo, Evelyn asintió. Escurrió sus dedos temblorosos entre los de Harry y dejó que la ayudara a ponerse de pie. Entonces, lo abrazó con fuerza. Cerrando los ojos, el muchacho apretó las manos en la espalda de la bruja.
Y por primera vez en su vida, Harry comprendió de qué iban los abrazos cuando venían de alguien que no era su novia.
Tomándole el rostro entre las manos, Evelyn besó apretadamente la mejilla del muchacho y lo miró intentando componerse.
- Te amo, Harry – dijo.
El chico no supo qué contestar pero sonrió ampliamente.
Mathew, que se había puesto de pie, tomó a Harry por la nuca y lo estrechó contra él también.
- Está bien, hijo – murmuró contra el oído del chico -. Nosotros sabemos.
Harry se separó del hombre y los miró a ambos, asintiendo.
- ¿Se acabó? – preguntó.
Evelyn miró a Mathew y luego los tres miraron el cuerpo de Voldemort, a medias enterrado bajo las piedras. Como un muñeco roto.
- Sí – respondió la bruja. Se volvió hacia su esposo y una lágrima cayó por su mejilla -. Se acabó.
El mago asintió y pasó un brazo por los hombros de Evelyn.
- Vámonos de aquí – dijo.
Evelyn tomó la mano de Harry y, sin soltarse de Mathew, los tres descendieron de la pila de rocas. A un par de metros, Scrimgeour los observó bajar, expectante. Cuando pasaron a su lado, Mathew apretó el hombro del Ministro.
- Creo que eso que está ahí te corresponde limpiarlo a ti – dijo.
- Gracias – murmuró el mago.
Harry se soltó de la mano de Evelyn y se acercó a Ron y Hermione, que observaban en silencio. Cuando llegó hasta ellos, los abrazó a ambos con fuerza.
- Lo hicimos – murmuró, con el rostro entre el cabello enmarañado de Hermione y el hombro de Ron.
Hermione, que tenía le rostro mojado de lágrimas, se apartó y lo besó en la mejilla.
- Lo hicimos – repitió.
Ron sonrió, con lo que el corte que tenía en la mejilla le dolió como mil demonios. Harry apretó el hombro de su mejor amigo y éste imitó su gesto. Pero ninguno de los dos dijo nada más.
Entonces, Harry se apartó y, tomando la mano de Ginny, siguió a sus padres que se alejaban hacia el interior del colegio.
- ¡Whitherspoon! – exclamó Scrimgeour, que lentamente estaba recobrándose y cayendo en la cuenta de lo sucedido. - Necesitamos hablar.
Pero Mathew hizo un gesto con la mano y las armaduras que aún quedaban en pie bloquearon el paso. Harry, los Weasley y Hermione los siguieron.
- Hablaremos después – respondió el mago.
Colocando una mano en el hombro de Harry, siguió su camino dificultosamente, con su esposa fuertemente abrazada.
