Konichi wa!!!! Aquí Karegome reportándose al terminar sus exámenes!!!! Estoy lo que se llama relajada por fin!!!! Y como mis notas me han dejado complacida, estoy de muy buen humor para proseguir con mi fic. Gracias por la paciencia y por los reviews que me han dejado. Espero que me sigan dejando muchos más!!!
Ahora sí, disfruten!!!
-
Uno debía admitir que, luego de haber tenido que enfrentarse cara a cara con Ootori Kyoya, era maravillosamente confortante el poder estar con alguien tan opuesto como lo es Honey sempai. Al tener ese nombre entre sus manos, Haruhi sintió un inmenso alivio en su interior. Dobló rápidamente el papelito y lo puso en el bolsillo de su chaqueta, quedando así, otro Host fuera de la lista de espera.
Hikaru y Kaoru habían quedado decepcionados. Les habría gustado pasar ese día con ella, en especial después de haber visto semejantes escenas el día anterior. Se preguntaban si Haruhi podría vestirse igual de hermosa para ellos que como lo había hecho con Kyoya sempai. Ansiaban poder estar con ella. Y no solamente les gustaría verla vestida así.
Aunque no quisieran decirlo, la culpa no los dejaba tranquilos por no haber aprovechado la ocasión de ver a su compañera con menos ropa de la habitual.
Se reprocharon mentalmente los pensamientos. Quisieron aligerar el ambiente con un poco de charla.
- ¡No es justo! Yo pensaba que por fin sería nuestro turno, Kaoru.- Dijo Hikaru.-
- Tranquilo, Hikaru. Recuerda, no debemos parecer muy desesperados frente a Haruhi, o creerá que estamos pensando algo indigno.- Acotó Kaoru.-
- La verdad, no me sorprendería que así fuera.- Dijo ella con sencillez.- Ustedes nunca han sido del todo inocentes.-
- ¿En serio, Haruhi chan?-. Preguntó Hikaru, colocándose a pocos metros de su rostro, con una sonrisa sospechosa en la cara.- Si nosotros somos sólo unos pobres niños solitarios.-
- Y lo único que queremos es tener a alguien que rompa esa soledad de dos personas.- Dijo Kaoru, imitando a su hermano.-
Haruhi, a diferencia de otras veces, se afectó un poco. Las palabras de su sempai le llegaron a la memoria, y se avergonzó al tener en frente a Hikaru y Kaoru de esa forma. Sin embargo, aún era demasiado temprano como para exigirle a Haruhi que cambiara. Sin darse cuenta, se le había escapado uno de sus típicos comentarios.
- Creo que están demasiado cerca. Necesito mi espacio.- Dijo inocentemente.-
Los dos rostros frente a ella se quedaron de piedra. No importaba cuanto trataran, las reacciones de la chica siempre eran las mismas. ¡Eso los deprimía! Les habría gustado saber porqué la única chica que había llamados su atención, ¡era también la única que no se volvía loca al verlos actuar así!
Supusieron que era por eso mismo que les había interesado la primera vez.
- Debo ver si puedo decirle a Honey sempai lo del papelito a la hora del almuerzo.- Dijo ella pensativamente, una vez que los gemelos se hubieron sentado correctamente.-
- ¿Eso quiere decir que realmente irás a la cafetería?-. Preguntó Kaoru, ansioso.-
- Hai. Ya les he dicho que sí.- Respondió ella.-
- ¡Yatta!-. Gritó Hikaru con emoción.- Rara vez decides aparecerte por allá.-
- Me imagino que Tamaki sempai se alegrará, tomando en cuenta cómo se puso la última vez que fui a almorzar ahí.-
Ante la sola mención del nombre del King, ambos gemelos fruncieron los ceños ligeramente. Hikaru dio un bufido por lo bajo y Kaoru simplemente se apoyó en su escritorio con una postura indiferente.
- Sí. Lastimosamente, no fue por él que fuiste la última vez.- Indicó Kaoru.-
- ¿Eh?-. Quiso saber ella.-
- Según yo lo recuerdo, fue porque tú estabas preocupada por nosotros que decidiste ir. ¿Recuerdas? La vez que tuvimos una pelea.- Dijo Hikaru, sonando ofendido.-
- Y, de hecho, fue toda una pelea fingida, ¿verdad?-. Dijo ella, dando justo en el blanco.- Tal vez ni siquiera debí haber ido aquél día para asegurarme de que todo estuviera bien. Ustedes siempre terminan engañándome.-
Esta vez, Kaoru abandonó su porte frío para volverse rápidamente hacia Haruhi, mientras que Hikaru abría desmesuradamente sus ojos.
- ¡Sonna! ¡Haruhi chan! Nosotros nunca te hemos engañado.- Dijeron a toda prisa.-
- ¿En serio? ¿Y qué hay de la vez que se robaron mi lápiz favorito y lo vendieron por Internet?-.
- Bueno, eso fue…-.
- ¿Y qué hay de la vez que fuimos a Karuizawa y me engañaron para que pudiera salir contigo, Hikaru?-.
- Matte!!! Eso fue algo estrictamente necesario.-
- ¿Y qué hay de la vez cuando fueron a mi casa sin mí consentimiento con todo el club para "ver mi estilo de vida"?-.
- ¡Pero sí fue idea de Tono!-.
- ¿Y qué hay de la vez cuando…?-.
- ¡Bien, ya! ¡Basta!-.
- Tal vez sí te juguemos algunas pequeñas e inofensivas bromas.- Dijo Hikaru.-
- Pero sabes que es porque eres nuestro juguete más divertido.- Completó Kaoru.-
- Ya les he dicho que no soy su juguete.-
- ¡Sí lo eres! -.
No había caso en hablar con ellos. Aunque los contradijera siempre, ellos siempre creían tener la razón. Haruhi decidió no intentar más. Ya iba a empezar su clase. Los gemelos la miraban, como esperando que dijera algo más, pero ella los dejó con las ganas de seguir. Sacó su libro correspondiente a la materia y lo abrió en una página de ejercicios para empezar a hacerlos. Mientras ella escribía tranquilamente en su cuaderno, pudo escuchar que ellos se acomodaban en sus asientos, resignados. Pero, quizá, lo que más le sorprendió, fue escucharlos decir…
- Sabes que aunque siempre te molestemos…-. Dijo Kaoru.-
- …eres nuestra mejor amiga, Haruhi.- Terminó Hikaru.-
- Nuestra, solamente.- Culminaron en un susurro apenado, escondiendo sus miradas en sus asientos.-
Haruhi percibió cómo la punta de su lapicero de rompía al hacer contacto con la hoja de papel del cuaderno. Nuevamente, sintió que había cosas de las que no se estaba enterando. ¿Acaso tendría que vivir recordando siempre su última conversación con Kyoya? Sinceramente, no quería. Él había dicho que no solo él tenía sentimientos por ella, o al menos eso era lo que le había entendido, pero, ¿cómo estar segura ahora? Si le habían dicho que su problema era precisamente no entender nunca lo que los demás querían decirle. Ahora no tenía manera de saber lo que nadie quería decir. Afortunadamente, para eso es que sirve la escuela en muchos casos. Para ayudarle a olvidar, aunque fuese por unas cuantas horas, todo aquello que la aquejaba, porque debía estar atenta a lo que dijera su maestro. Tal vez por eso siempre había sido tan buena en el Instituto. Había tantas cosas que no sabía, que las clases se ocupaban de borrarlas fácilmente. Pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, Fujioka Haruhi, no tenía ganas de estudiar.
Cómo le encantaría que su padre saliera pronto del hospital.
-
- Hoe, Kyoya…-. Lo llamó.- ¿Puedo hablar contigo?-.
El muchacho de lentes no le prestó atención. Últimamente, nunca lo hacía. Eso le molestaba.
- Kyoya.- Siguió llamándolo.- De verdad necesito hablar contigo… Kyoya... Kyoya…-.
- No fastidies tanto, Tamaki. Trato de concentrarme, y tu voz en mi oreja no ayuda para nada.- Le dijo su compañero.-
Tamaki estaba prácticamente pegado a Kyoya, con la esperanza de que por fin le devolviera la palabra, pero nada funcionaba. No había podido conciliar la paz desde que su adorada hija se había ido con su mejor amigo. Era cierto que confiaba en Kyoya. Era la madre, debía hacerlo. Pero un padre nunca puede mantener la calma sabiendo absolutamente nada del paradero de su hija por toda una tarde, ¿verdad?
- Kyoya.- Volvió a llamarlo.-
Kyoya se lamentó por milésima vez en su mente. No podía esperar a que Suo Tamaki se rindiera. No pudo menos que seguir ignorándolo.
- ¡Kyoya!-.
Mala señal, estaba elevando la voz. Hizo como que leía su libro de matemáticas con mucho interés. Tamaki no se rindió.
- ¡HOE, KYOYA! ¡CREO QUE DEBERÍAS IR A UN DOCTOR PARA QUE TE REVISE! ¡CREO QUE NO ESTÁS OYENDO BIEN!-. Le gritó en todo el oído.-
Todos los presentes en el aula se volvieron a verlos. El maestro los vio con una mirada severa. Kyoya creyó haberse quedado sin sentido de la audición. Miró a Tamaki con una expresión asesina.
- Puedo oír perfectamente, Tamaki.- Dijo con los dientes apretados.-
- ¡OH! ¡GRACIAS A DIOS! ¡DE VERDAD ME HABÍA PREOCUPADO MUCHO, KYOYA! ¿¡QUÉ SERÍA DE TI SI TE OCURRIERA UNA TRAGEDIA COMO DEJAR DE OÍR!?-. Se abalanzó sobre su amigo y lo abrazó eufóricamente.-
Sólo a él se le habría ocurrido creer eso.
Las muchachas emitieron gritos de emoción al ver el abrazo, mientras que Kyoya rogaba porque un rayo le partiera la cabeza al rubio idiota que tenía por amigo.
La campana sonó, dando fin a su primera clase, por lo que el profesor no pudo darles una reprimenda. El hombre salió del aula, y los alumnos se pusieron a conversar, mientras esperaban a que llegara el siguiente maestro.
- ¿Ahora sí podemos hablar? No me asustes así. De verdad creí que no podía oírme.- Dijo Tamaki con una sonrisa.- ¿Cómo fueron las cosas con nuestra hija?-.
- ¿Realmente quieres hacer un hábito de eso de "nuestra hija" y la actuación de "marido y mujer"?-. Preguntó, recuperando su audición luego del tremendo grito.-
- ¿A qué te refieres?-. Preguntó el rubio, sin entender.-
Ya me estoy cansando de la gente así. Pensó para sí mismo, Kyoya. No quería dar el mismo sermón dos veces en un día a dos personas distintas.
- Todo fue normal, como debió ser. Haruhi se comportó como siempre. No hubo mayores inconvenientes.- Dijo.-
- Sokka.-
Algo en el tono del rubio no sonó muy convincente. Kyoya se volvió para mirar a Tamaki, por primera vez en ese día, con la intención de tomarlo en serio, y vio unos ojos tristes y poco alentadores. No pudo evitar sorprenderse de verlo así. Tal parecía que Tamaki había sido despojado de la razón que lo mantenía vivo. Miraba a Kyoya como quien mira a un psicólogo.
- Oye, Okaa san… ¿No crees que, a veces los hijos pueden llegar a tener preferencia sobre los padres?-. Preguntó, apoyado sobre el escritorio de Kyoya en posición de descanso.-
Kyoya tardó en responder. Antes de que pudiera hablar, Tamaki continuó.
- Es que siento que he perdido mucho tiempo valioso, y que mis lazos fraternales con nuestra hija han decaído notablemente. Haruhi y yo casi ni hablamos ya. Sólo nos vemos en el club, y es tan…normal. No me gusta que así sean las cosas. Las relaciones de un padre con su hija deben ser más especiales cada día. ¿Será que…Haruhi, nuestra querida hija… te ha elegido como su padre favorito? ¿Será que ya no le importo más como padre?-.
Si fuera capaz de echarse en una esquina a llorar, lo habría hecho. Tamaki siempre había tenido en Kyoya un amigo incondicional, pues era lo que él siempre quería. Kyoya sólo escuchaba. Siempre. Kyoya se molestaba en oír cada detalle de sus problemas, de lo que lo aquejaba, y lo mejor era que no importaba lo estúpida o ilógica que fuera la situación, Kyoya jamás decía nada al respecto. Solamente lo escuchaba. Y eso era lo que más ayudaba a Tamaki. La inexpresiva cara de Kyoya había sido su soporte durante tanto tiempo, que se había vuelto algo necesario.
- Por eso estoy preocupado, Okaa san.- Dijo.- Yo deseo que nuestra hija sea feliz, pero ¿qué debo hacer si ella es feliz sin mí? A mí me encantaría acompañarla en todo momento, estar junto a ella, darle todo lo que tengo, entregarle todo mi ser. Lo haría todo, sólo por ella. No me importaría si fuese al estilo plebeyo. ¡Con gusto dejaría una vida entera de lo que he tenido para volver a nacer junto a ella, siempre! Y preferiría morir mañana, a vivir mil años sin haberla conocido…-. Dijo, agachando la mirada con lentitud.-
Luego, la volvió a elevar, hasta quedar a la altura de Kyoya.
- Demo…Si nuestra hija quiere que yo me haga a un lado, ¡No sé que haré! Aún no sabría cómo reaccionar. Pero lo que sí sé, es que, con tal de que ella sea feliz, ya no me importaría si te eligiera a ti primero Okaa san, ¡Yo siempre la amaré como lo he hecho siempre!-.
Kyoya, como siempre, escuchó. Pero esta vez era diferente. Ya no era uno de esos teatros típicos que hacía el Host principesco para llamar la atención de todos. Tamaki le había hablado de la forma que rara vez adoptaba, esa forma que fue capaz de llegarle al rey demonio de sangre fría la vez que se volvieron amigos. Y eso era importante. De verdad, esta experiencia se estaba volviendo cada vez más importante. Y pensar que se suponía ser solamente algo rutinario.
Kyoya rompió con las expectativas de Tamaki de permanecer en silencio, y habló.
- Haruhi no es nuestra hija. Lo sabes, Tamaki.- Dijo secamente.- Te agradecería que dejaras de usar eso como excusa para estar siempre pensando en ella. No se ve normal, y es patético.-
El rostro de Tamaki se ensombreció al instante, y se posó (esta vez sí) en su esquina.
Kyoya continuó.
- Aún no he terminado.- Dijo. Tamaki volvió el rostro, sorprendido.- No es que pasara nada del otro mundo mientras Haruhi estuvo conmigo. Yo no tuve la culpa de haber salido de primero.-
- ¡Eso ya lo sé! Pero…-.
- Tamaki, ya no toleraré que sigas haciéndote la víctima en toda ocasión. En toda nuestra historia juntos, ¿de verdad crees que voy a seguir con un juego tan infantil?-. Preguntó, optando una actitud seria.- Pero si Haruhi tuviera preferencias, ¿eso de verdad sería un problema? Es de humanos elegir lo que uno prefiere antes que otra cosa. Eso puedes decirlo hasta tú mismo.-
- Kyoya…-.
La voz de Kyoya era severa, pero extrañamente amistosa, con Tamaki.
- Si algo llegara a pasar entre Haruhi y yo, no tendría remordimientos por hacerte algo a ti.- Dijo.- Así mismo, si ella eligiera quedarse contigo, yo no me echaría a morir por algo así. Al fin y al cabo, nosotros no dominamos a Haruhi como quien domina a un títere. Ambos sabemos lo independiente que es.-
- ¡Desde luego! ¡Nuestra hija es…!-.
- ¿Qué acabo de decir respecto a lo de hija?-.
- Pero, Kyoya, siempre hemos sido así.-
- Ya no tengo ganas de seguir haciendo eso, Tamaki. Y sólo te diré esto una vez, si no dejas de lloriquear y actuar como un príncipe malcriado, en tu solitaria esquina, no tendré compasión a la hora que uno de nosotros vaya a quedarse con Haruhi, lo que significa que no me importarás en lo más mínimo.-
Tamaki abrió los ojos como platos, como si le hubieran aplicado una inyección de veneno. ¿Qué estaba pasando con la familia?
Tal vez solamente estaba pasando lo inevitable. Tamaki sabía que estaba siendo apuñalado. Su alma no podía sentirse más desolada. Pero, aunque lo supiera a la perfección, aunque supiera que Kyoya sólo estaba diciendo lo que era normal en él, también sabía que no podía dejar de sentir alegría al estar con Kyoya. No podía evitarlo. Siempre había sido así.
- Wakata.- Dijo a Kyoya.- Entiendo. Pero eso sí…Kyoya.- Lo llamó, una vez más.-
Kyoya lo miró con interés, pensando que diría alguna estupidez, como siempre.
Tamaki sonrió, como sólo él sabía hacerlo. Abrazó a Kyoya con euforia, pero a la vez con delicadeza, como advirtiendo que al muchacho de lentes podría incomodarle. Lo envolvió en un contacto que cayó como un balde de agua helada al Ootori.
- ¿Qué demonios estás…?-. Empezó.-
- Eso sí, Kyoya, tú nunca dejarás de ser el mejor amigo del mundo.- Dijo, apretándolo en el abrazo.- ¡No importa lo que pase!-.
Kyoya no supo si fue por lo rápida de la acción, o si fue por los inesperados gritos que empezaron a dar las muchachas del aula al verlos, pero no hizo nada para quitarse al rubio de encima. Lo dejaría que hiciera lo que quisiera. ¿Por qué arruinarle la ilusión?
Después de todo, tal y como había predicho, había dicho una estupidez muy verdadera.
-
Al fin había llegado la hora de ir a la cafetería. Las clases los habían dejado agotados, pero a la vez distraídos. Nadie estaba pensando en una cosa a la vez. Y tal vez era por eso el dolor de cabeza, por querer concentrarse en los asuntos personales y los escolares a la vez. La clase de matemática no había tenido nada que ver.
- ¿Qué quieres pedir, Haruhi?-. Preguntó Kaoru, señalándole el menú de la cafetería.-
- ¿Es necesario que pida?-. Preguntó ella.-
- ¡Claro que sí!-. Dijo Hikaru.- Es una ocasión especial, así que puedes pedir lo que quieras.-
- No seas tímida.- Dijo Kaoru.-
- No es por eso. Es que ya yo tengo mi bento, no es necesario pedir más comida.-
- ¡Pero si eso es exactamente lo que queremos que hoy cambie!-. Dijeron a la vez.-
- Haruhi chan, siempre estás almorzando algo hecho por ti, y aunque eso es admirable, ¡Nunca te das un pequeño placer a ti misma!-. Dijo Hikaru, con una actitud de sabio.-
- Es cierto, fíjate. Nosotros, que nunca hemos cocinado en nuestras vidas, siempre comemos de lo mejor, pero tú casi nunca te das esos increíbles gustos.- Dijo Kaoru.-
¡Ricos bastardos!
- No tienen que decirlo de esa forma.- Dijo ella.-
- Así que, adelante Haruhi, pide.- Dijo Kaoru.-
- No, gracias. De verdad no importa.- Dijo, sentándose en una mesa para comer su bento.-
- ¡Haruhi!-. Le dijeron con reproche.-
En cuanto salieron de clases, los gemelos habían ido con Haruhi camino a la cafetería con dos enormes caras de felicidad. La llevaban cada uno de un lado, en parte porque les gustaba, y por otra porque no querían que su juguete intentara escaparse.
- ¿No piensan venir?-. Preguntó ella, empezando a destapar el bento.-
Ellos pidieron sus bandejas con sus platos de siempre, los más deliciosos y exquisitos que podían haber en el menú. Se sentaron a ambos lados de la chica y la miraron con cierto aire de regaño.
- ¿Estás segura que no quieres?-. Preguntó Kaoru.-
- Hai.- Respondió ella con simplicidad.-
Ambos se miraron el uno al otro con expresiones de indignación, luego miraron cómo Haruhi se llevaba un primer bocado a la boca, masticando con lentitud y disfrutando cada pieza. Al volverse a mirar entre ellos, unas muecas malvadas se formaron en sus rostros.
- Bien, Haruhi, creo que no podemos hacer nada para hacerte cambiar de parecer.- Dijo Hikaru, pasando un brazo por el hombro de Haruhi.-
- Es una lástima.- Dijo Kaoru, haciendo lo mismo que Hikaru.-
- ¿Qué hacen ustedes dos?-.
En cuestión de dos segundos, uno de los gemelos había tomado rápidamente la cajita donde estaba contenido el almuerzo de Haruhi, ella lo miró con sorpresa y reproche.
- Hikaru, ¿puedes devolverme mi bento?-. Preguntó ella.-
- ¿Cómo sabes que no soy Kaoru?-. Preguntó el aludido con ganas de jugar.-
- No empiecen con eso, ¿si?-.
- Espero que estés segura de que él es Hikaru, porque no te gustaría equivocarte en el juego especial de nosotros, ¿verdad?-.
- Claro que estoy segura.-
- En ese caso…-. Empezó el gemelo con el bento.-
- ¡Juguemos a : "Adivina quién es Hikaru kun"!-. Gritaron enérgicamente.-
- No otra vez.- Dijo ella.-
- Hagamos algo, si ganas, te lo devuelvo, pero si pierdes, tendrás que comerte la mitad de nuestros almuerzos.-
- Me parece justo.- Dijo ella.-
- ¡Ah! Otra cosa, si te comes nuestra comida, tiene que ser que nosotros te la demos en la boca.- Dijo el otro gemelo.-
- ¡Eso ya es exagerar!-.
- ¡Claro que no!-.
- ¿Entonces, Haruhi?-. Preguntó uno.-
- Adivina.-
No hacía ni falta que dijeran eso. Haruhi miró al gemelo con el bento con seriedad.
- Hikaru, dame mi almuerzo.- Dijo, luego se volteó hacia el otro.- No creo que necesite decir que ya sé que tú eres Kaoru, ¿verdad?-.
Ambos sonrieron. Sabían a la perfección que eso iba a pasar, pero les encantaba ver que la situación no cambiaba. Ella los conocía bien.
- Vaya, parece que nos ha derrotado, Kaoru.- Dijo Hikaru.-
- Sí, entonces, tendremos que devolverle su almuerzo, Hikaru.-
- Aunque…esto se ve muy bueno, ¿verdad?-.
Hikaru sacó una bola de arroz del bento y de lo llevó a la boca, dio un gemido de placer y tragó sonoramente.
- ¡Está delicioso! ¿Tú hiciste esto, Haruhi?-.
Ella vio molesta cómo el pelirrojo se había comido la pieza.
- ¡Hikaru! ¡Dame un poco por aquí!-. Pidió Kaoru.-
La caja pasó de Hikaru a Kaoru, quien agarró otra bola de arroz y la masticó, como queriendo aprovechar cada segundo. Abrió los ojos con un brillo de éxtasis y tragó con delicadeza.
- ¡Sugoi! Haruhi chan, ¿no podrías cocinar así para nosotros todos los días?-.
- ¡Kaoru!-. Gritó ella.- ¡Devuelvan eso!-.
No pudo hacer nada. De un momento a otro, ya la caja había quedado vacía.
- Eso estuvo delicioso, Haruhi.- Dijo Hikaru.- De verdad que eres buena cocinera.-
- Nos sentimos afortunados de poder comer de tu comida casera.- Dijo Kaoru.-
- Muy bien por ustedes, pero yo ahora me he quedado sin comer.-
- Eso nunca, Haruhi.- Dijo Kaoru.- Ahora nos toca a nosotros alimentarte, ¿ne?-.
- Hai, Hai.- Dijo Hikaru.- ¡Es nuestro turno!-.
- No, gracias.- Dijo ella.- No quiero.-
- ¡Ah! ¡No seas mala!-.
De repente, otra presencia se percibió cerca de ellos tres. No supieron de qué se trataba cuando, de pronto, Haruhi sintió como era envuelta en un potente y amoroso abrazo por parte de un pequeño niño rubio, que se pegó a ella fuertemente.
- ¡Honey sempai!-. Dijo ella.-
- ¡Ha- ru- chan!-. Dijo él en tono cantado.- ¿Cómo estás?-.
Los gemelos vieron interrumpida la sesión, pero no pudieron enfadarse con el mayor de los Host.
- Ohayo, Honey sempai.- Dijo Kaoru.- ¿Has salido ya de tu clase?-.
- ¿No estás incómodo?-. Preguntó, con un poco más de enfado, Hikaru, que veía cómo el loli shota se acomodaba en las piernas de Haruhi, como si fuese una silla, y la envolvía entre sus brazos junto con su usa chan.-
- ¡No, gracias, Hika chan!-. Respondió Honey.-
- Etto…Honey sempai, quería hablar contigo.- Dijo Haruhi.- Ya ha salido tu nombre.-
- ¿Honto?-. Preguntó con una sonrisa.- ¡Qué bien! ¡Ya es mi turno! ¡Ya es mi turno! ¡Qué felicidad, Haru chan!-. Gritó, abrazándola más.-
Mori apareció junto a ellos al segundo siguiente, siempre velando por su primo.
- ¿Oíste eso, Takashi? ¡Ya ha salido mi nombre! ¡Hoy yo me llevo a Haru chan!-.
- Sí.- Confirmó el alto.-
Haruhi trató de zafarse, pero Honey la tenía bien sujeta.
- ¿Qué pasa, Haru chan?-.
- Es que no puedo respirar muy bien.-
- ¡Oh! ¡Gomen!-. La soltó, pero se quedó sentado sobre sus piernas.- ¿Les pasa algo, Hika chan, Kao chan?-.
Ellos sólo pudieron intentar hacer una sonrisa despreocupada y decirle un "no, nada" forzado a su sempai.
El estómago de Haruhi sonó. Tenía hambre. Y gracias a ciertos compañeros que tenía, se había quedado sin comer.
- ¿Qué fue eso, Haru chan?-.
- Es que no he almorzado.- Respondió ella.-
- ¿¡Cómo es posible eso!?-. Se vuelve hacia Hikaru.- ¿Ya comiste, Hika chan?-.
- ¿Eh?...hai.- Respondió él.-
- ¡Qué bien! Takashi, ¿podrías traerme un pastel de fresas?-.
- Sí.-
- ¡Arigatou!-.
Honey agarró la bandeja que estaba frente a Hikaru y tomó con el tenedor un poco de la comida que estaba servida, la puso frente a Haruhi, quien, confundida, veía al adorable chiquillo sonriéndole cariñosamente, ofreciéndole alimentarla.
- Ahora, di: "Ahhhh"-. Dijo, acercando el tenedor.-
- Honey sempai…no es necesar…-.
Quiso hablar, pero su sempai le había metido el tenedor en la boca con gran velocidad. El sabor llegó de inmediato. Haruhi creyó que su paladar estaba en el cielo. Tragó y, de inmediato, vio otra pieza esperando por ella.
- Como hoy me toca estar contigo, ¡te voy a cuidar muy bien! ¡Y hay un pastel esperando por ti cuando termines con esto, Haru chan!-. Dijo con dulzura.-
- Honey sempai, no hace falta.-
No podía abrir la boca porque el loli shota aprovechaba cada oportunidad. Le metió otro pedazo de comida y ella no pudo hacer menos que masticar. Estaba exquisito.
Los ojos de los gemelos veían la escena con expresión desorbitada, y sus mandíbulas se quedaron bien abajo.
Haruhi vio que Honey le extendía el tenedor para que ella lo sostuviera.
- ¿Eh?-. Preguntó.-
- ¿Podrías alimentarme tú a mí también, Haru chan? ¡Onegai! Yo tampoco he comido.-
- Umh…Hai.- Dijo ella.-
Fue muy rápido, y (al contrario de lo que ella había creído) sencillo. No había ni empezado a darse cuenta, cuando ya estaba compartiendo un montón de bocados con el adorable Honey.
¡Rayos! Pensó Hikaru.
¡Esos son besos indirectos! ¡No es justo! Pensó Kaoru.
- ¡Nos vamos a divertir mucho hoy, Haru chan! ¡Ya verás que voy a cuidarte muy bien! ¡Y Takashi me va ayudar!-.
Desde el fondo, Mori le sonrió, concordando con Honey.
Ella sólo pudo agradecerle la atención que le estaba dando. Por mucho que recordara su conversación con Kyoya sempai, sólo podía hacer lo que se le ocurría.
- Arigatou gozaimazu, Honey sempai.- Dijo, dándole a probar al rubio de otro pedazo de pastel de cerezas, que ya había llegado.-
Simplemente no podía evitarlo, ella era así.
CONTINUARÁ…
¿Les gustó? REVIEWS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
