Konichi wa!!!! Tenía tiempo que no escribía. Hontoni Gomen ne!!! Espero que eso no les moleste. Pero el punto es que ya volví con muchas ansias de seguir con ustedes. En fin, disfruten, minna san!!!! Y Gracias por los reviews!!!!
Capítulo 7!!!!
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Cuando acabó la hora del almuerzo, Haruhi se sentía bastante llena. No era para extrañarse, si Honey sempai había ordenado cinco pasteles más a parte del de fresas, y le había dado a probar de todos. No había podido decirle que no. Aunque le habría gustado saber porqué Hikaru y Kaoru se habían regresado al aula de clases con unas caras tan enojadas, y con unos pasos tan pesados que pudieron haber roto el piso del pasillo.
- ¡No es nada!-. Le habían dicho a ella con unas "sonrisas despreocupadas".-
Y ahora, era arrastrada por Honey sempai hacia una limosina que los iba a llevar a su casa.
- ¡Ya verás que nos vamos a divertir mucho, Haru chan!-. Le decía a cada minuto.- ¿Ne, Takashi?-.
- Hai.- Respondía Mori.-
- ¿Eh? ¿Mori sempai también va, entonces?-.
- ¡Claro! ¡Él va a ayudarme!-.
Debió habérselo imaginado. Iba a ser escoltada por los dos, ya que, obviamente, Mori sempai no querría dejar solo a su primo. Los tres subieron a la limosina y, entre muchos gritos enérgicos de Honey sempai, arrancaron, dejando atrás el Instituto hasta el día siguiente.
- Haru chan, ¿Qué quieres hacer cuando lleguemos?-.
- ¿Qué quiero hacer?-.
- Hai. Me gustaría que jugáramos todos juntos mientras estás bajo mi cuidado. Hace mucho tiempo que todos en el club han estado de unos humores bastante extraños, ¿no te parece?-.
- La verdad, no lo había notado sino hasta hace muy poco.-
- Es verdad, aún no nos has contado cómo te fue con Kyou chan.-
- Preferiría no hablar de eso ahora. Estoy un poco cansada.-
Ella iba sentada al lado del Haninozuka, mientras que su otro sempai estaba en el asiento frente a ellos. Los miraba a los dos con una diminuta (pero notable, tratándose de él) sonrisa.
- ¿Estás cansada, Haru chan? ¡Sabía que debíamos habernos quedado más tiempo para hacer la digestión! Pero la hora que nos dan para comer no es lo suficientemente larga.-
Una gota de sudor bajó por su nuca. Lo esperaba, viniendo de él.
- A mí, normalmente, me alcanza el tiempo.- Dijo con una sonrisa nerviosa.-
- Hika chan y Kao chan se notaban algo incómodos. ¿Acaso hice algo malo, Haru chan?-. Preguntó con una carita triste.-
- Claro que no, Honey sempai. Tal vez no estaban acostumbrados a comer lo que yo como. Después de todo, me quitaron mi almuerzo y se lo comieron sin mi permiso.-
- Sokka.-
No supo porqué. Pero esa palabra había sonado algo fría, proviniendo de los labios de Honey.
- ¿Sabes, Haru chan? El Host Club te quiere mucho.-
- Ya lo sé. Recientemente, Kyoya sempai se encargó de recordármelo.-
- Me lo imaginé desde el principio. Sabía que todos querrían tomar algo de ventaja por la situación de tu papa san. ¡No es que le deseen mal! Pero era una buena oportunidad para demostrarte el gran cariño que te tenemos todos.-
Desde su asiento, Mori se apoyó de su brazo, y se quedó en una posición pensativa.
- Creo que hasta nosotros queríamos aprovechar de recordártelo. Pero Kyou chan se nos adelantó. ¡No debería ser tan directo!-.
Haruhi se quedó mirando al rubio con detenimiento. Sabía que estaba conteniéndose de decirle algo, y le gustaría saber de qué se trataba.
Siempre había creído que Honey sempai era el más inocente de todos los Host. Pero, ¿sería posible que él también quisiera decirle algo acerca de su actitud? No tenía humor para otro sermón. Pero, viniendo de un amigo tan bueno como lo era él, ella creía poder aguantar un poco más. Siempre había alguien así en todo grupo, con el que nunca nadie se enoja y al que todos le tienen un cariño y respeto especial. Honey sempai, desde siempre, había sido ese personaje. Y, sin darse cuenta, suavizaba muchas situaciones que hubiesen podido terminar siendo muy desastrosas. Claro, nunca faltaba una pizca necesaria de su transformación radical a un luchador excepcional del Karate y del Judo. Hasta alguien tan puro como él necesitaba tener un momento en que pudiera tener el derecho de ser como quisiera. Tal vez esa era una de las pocas cosas en las que Renge había encajado a la perfección.
- Honey sempai.- Lo llamó.-
- ¿Uhm?-.
- ¿Tú crees que estoy olvidando algo importante?-.
El loli shota la miró con algo de confusión.
- ¿A qué te refieres, Haru chan?-.
- Kyoya sempai me dejó muy en claro que he fallado en algunos aspectos. Y estoy de acuerdo con él (que es lo peor), porque tal vez he descuidado las relaciones que tengo con cada uno de ustedes. Por eso me he sentido algo triste desde ayer. Me he enterado de muchas cosas de una sola vez, y no me he sentido con ánimos de comprobar si son verdades o simples invenciones. Kyoya sempai me demostró, como sólo él sabe hacerlo, porqué soy tan ciega. Y quería saber si tú también querías decirme algo.-
Honey la contempló con unos ojos sorprendidos y bien abiertos. Tal cual como un niño que ve algo nuevo y fascinante.
- Haru chan…-.
Sin embargo, su expresión cambió notablemente. Levantó los puños y sus dedos tronaron, como si estuviera preparándose mentalmente para golpear a alguien. Haruhi se sobresaltó y se pegó contra la puerta de la limosina.
- ¿Acaso Kyou chan te hizo algo mientras estuvo contigo?-. Preguntó Honey, con una sombra intimidante tapándole los ojos.-
- ¿Cómo? ¡Ie! ¡Masaka!-. Dijo ella con rapidez.- ¡No pasó absolutamente nada, Honey sempai! ¡Daijobu!-.
Será mejor no contarle lo que pasó esa noche. Pensó ella.
- ¿Segura? Podemos darle vuelta a la limosina si quieres.- Dijo de modo oscuro.-
Ella no sabía cuán asustada debía de verse su cara en ese momento.
- Mitsukuni.- Lo llamó Mori.- Ella dice que está bien. Deberíamos creerle, podrías quedar como un mal amigo.-
Cambio repentino. Honey lagrimeó y miró a Haruhi con una expresión suplicante.
- ¡Sonna! ¡Haru chan, gomen ne! ¡No era mi intención no escucharte! ¡No te enojes conmigo!-.
Ella suspiró, aliviada. Le lanzó una mirada agradecida a Mori sempai, y éste se la devolvió inmediatamente. Hasta Honey sempai tenía un guardián que actuaba como su conciencia. Siempre escuchaba a Mori sempai sin importar el momento. Y lo más increíble para Haruhi era que él era tan corto de palabras, y daba a entender lo que sentía de una manera tan clara. Aunque, claro está, eran contadas las ocasiones en las que alguien le entendía. Sólo había que escuchar. Escuchar. Escuchar era justamente lo que Haruhi pensaba que debía hacer.
- Descuida, Honey sempai. No estoy enojada contigo. Está bien.-
Le regalaron una sonrisa inmensa y un abrazo cariñoso.
- ¡Yokkata! Haru chan todavía me quiere.-
Al momento, el chofer les informó que habían llegado. Haruhi fue la primera en bajarse, y le faltó poco, esta vez, para caerse para atrás. ¡La mansión era igual de grande que la Kyoya sempai! No era broma cuando decían que solamente los ricos van a Ouran.
- Disculpa si no es tan bonita como la imaginabas, Haru chan.- Le dijo Honey con una sonrisa.-
- No…no hay problema, sempai.-
- ¡Vamos, Takashi! ¡Mostrémosle cuál será su habitación por hoy!-.
- Sí.- Respondió Mori.-
El sólo recorrer el recibidor hizo que Haruhi empezara a notar diferencias de ambiente entre las dos mansiones. La casa de Honey sempai era tan…dulce. Era irónico que siempre se refirieran a él con ese adjetivo. Pero era verdad. El aire de aquella mansión era pacífico y daba la sensación de que acababas de entrar en un paraíso de todos los colores. Honey sempai llegaba y se ponía a saludar a todos los encargados del servicio con alegría. A algunos incluso los abrazaba y les hablaba como si de hermanos se tratara. Haruhi se imaginó que trabajar en la mansión Haninozuka debía ser una experiencia gratificante para cualquier persona a la que le gusta ser tratada con familiaridad.
- ¿Y tu familia, Honey sempai?-. Se le ocurrió preguntar.-
Él se abrazó a su conejito y miró al vacío con una expresión serena.
- En estos momentos no se encuentran. Mis padres están muy ocupados y salen casi siempre. Mi mayor compañía siempre es Takashi y mi usa chan. Ya sabes que Chika chan trata de alejarse lo más posible de mí.- Volteó a mirarla de forma tranquilizadora.- ¡Por eso me alegra tanto que te quedes hoy con nosotros! ¡Así será más divertido!-.
Se arrepintió de haber preguntado algo así. Honey sempai, aunque nunca lo dijera, también tenía aspectos personales de los que no estaba orgulloso. Él también tenía problemas, igual que todo el mundo. Pero él los afrontaba de una manera admirable, y era siendo optimista, siempre feliz con lo que lo rodea. Haruhi sintió que se encogía en sí misma por haber hablado tan rápido.
- Ah, mira, Haru chan. Llegaron tus maletas.- Dijo.-
- ¿Eh?-.
En una esquina, se veía el equipaje de Haruhi, bien acomodado y sin estorbar a nadie. Cuando se acercó para llevarlo a donde su sempai le indicara, alguien se lo impidió y lo sostuvo antes que ella. Al levantar la mirada, se encontró con Mori sempai, que la llevaba su maleta cómodamente en una sola mano.
- Mori sempai, no es necesario que lo lleves tú.-
- Haru chan, no sería caballeroso de nuestra parte que tú misma llevaras el equipaje. ¡A Takashi no le molesta! ¿Ne?-.
- Sí.- Dijo su primo.- No es molestia.-
El alto joven empezó a caminar con la maleta de Haruhi, quien fue tomada de la mano por Honey y ambos lo siguieron. Le daba la impresión de estar en un laberinto en aquella casa. Cada pasillo se conectaba con otro, y cada puerta daba paso a un montón más. Era como si nunca se acabara. Haruhi se imaginó que ellos hacían más ejercicio encontrando su cuarto que en las mismas lecciones de artes marciales que hacían a diario. Pero, aún así, se les veía ya acostumbrados.
- Te he buscado un cuarto cercano al mío. ¡Así podremos estar cercanos, por si necesitas algo!-. Decía Honey con felicidad.-
Y ella le sonreía. Era como tener un hermanito. ¿O sería correcto llamarle hermano mayor? En ese aspecto, sí era muy confuso. Nadie era tan puro como Honey, nadie. Y Haruhi se preguntaba si él se daría cuenta de cómo lo percibían los demás. Él no era tonto, en lo absoluto. Pero sí era imposible saber lo que estaba pensando. Nadie era capaz de entrar en la mente de alguien así, que no estaba pendiente de nada que no fuera lo que le interesaba. Quizá, esa independencia del mundo exterior, en la que nadie puede ser capaz de leerle los pensamientos a Honey, era lo único en lo que se parecía a su primo.
- Ya llegamos.- Dijo Mori, abriendo la puerta.-
Era extraño que ellos casi nunca usaran de sus contactos o servicios para nada. Hacían todo por ellos mismos la mayoría de las veces. A excepción de ciertos casos con la policía privada, claro estaba.
Cuando vio el cuarto, no creyó que algún día vería un cuarto más adorable. Las paredes de colores claros y daban la impresión de ser acolchadas. Un montón de muñecos de felpa en forma de animales (especialmente conejitos) y una cama, cuyo colchón se veía suave sin necesidad de tocarlo. Podía abarcar lo mismo que el cuarto en el que había estado en la mansión Ootori, pero el aura era increíblemente distinta.
- ¡Yo mismo la mandé a decorar para ti, Haru chan! Estaba tan emocionado, que como no sabía cuándo sería mi turno, la mandé a decorar ayer mismo, cuando te fuiste con Kyou chan.- Dijo con emoción.- Tomé una buena decisión, ¿verdad, Takashi?-.
- Sí.-
- Sugoi…-. Dijo ella, admirada.- Es bastante impresionante que lo hicieran en un solo día.-
- Ahora… ¡es hora de jugar!-.
- ¿Nani? -.
- Te dije que habría mucha diversión.-
Honey se lanzó sobre la cama y dio unas cuantas vueltas sobre él, riéndose y disfrutando. Invitó a Mori a que se sentara con él y lo mismo hizo con Haruhi.
- ¡Ven, Haru chan! ¡Si estás cansada, un descanso te hará sentir mucho, mucho mejor!-.
- …Ha…hai.-
Se sentó cerca de ellos dos, y casi al instante de haberlo hecho, Honey se acurrucó en su regazo, aún acostado y cerró los ojos con un talante soñador. Haruhi no supo cómo reaccionar, pero no le molestaba. Era tan bello, que nadie podía enojarse con él. Miró por un segundo a Mori, pidiéndole alguna palabra de qué hacer. Y él hizo un pequeño gesto con sus manos, imitando la acción de que acariciaba algo. Ella comprendió al instante, y empezó a jugar con el cabello del chiquillo rubio, que parecía tener tanto cansancio y sueño como ella. Sonrió apenas sintió su mano sobre él y se acurrucó más. Haruhi sintió que esa era la escena más común de una madre con su hijo. Mori sonreía, con expresión paternal.
- Takashi, ¿le decimos cuál es el juego?-. Preguntó desde su cómoda posición, Honey.-
- Buena idea.- Le respondió Mori.-
- ¿De qué juego hablan?-.
- Estuvimos investigando junto con Tama chan acerca de los juegos que los plebeyos acostumbran jugar. ¡Algunos sonaron muy divertidos y quisimos aprenderlos para jugarlos aquí, contigo!-.
Ella se quedó inmóvil durante un segundo. Debió imaginar que Tamaki sempai estaría muy bien informado en ese campo.
- Adivina cuál me gustó.-
- No tengo idea.-
- ¡Creo que se llama: "Verdad o paliza"!-.
Si hubiera estado más sorprendida, Haruhi se habría convertido, literalmente, en piedra.
- ¿No será…"Verdad o penitencia"?-.
- ¿Ah? ¿Era así, Takashi?-.
- Sí. Haruhi tiene razón.-
- ¡Eh! Pero eso cambia todas mis expectativas sobre este juego.-
¿De tantos juegos que existen en este mundo, tenía que gustarle precisamente ése? Pensó.
- Honey sempai… ¿dónde escuchaste de ése juego?-.
- ¡Tama chan buscó por Internet!-. Respondió con una sonrisa.-
Voy a matar a Tamaki sempai.
Honey se separó lentamente del regazo de Haruhi, pero se quedó abrazado a ella, como si quisiera hacerla sentir segura.
- ¿Te gustaría?-.
- Supongo.-
La verdad, no tenía ninguna otra opción.
- De acuerdo. Intentaré adaptarme a lo de que no hay palizas en el juego. ¿Qué es eso de penitencia?-.
- Como un reto.- Respondió Mori.-
Haruhi lo miró con sorpresa.
- ¿Cómo es que sabes tanto de eso, Mori sempai?-.
- Tamaki no es bueno explicando juegos. Lo busqué por mi cuenta.-
Eso había sido muy listo.
- Bien. Yo comienzo. Takashi, ¿verdad o penitencia?-. Preguntó Honey.-
- Penitencia.-
- ¡Te reto a que beses a Haru chan!-.
Estaba, oficialmente, inmóvil. Haruhi sintió algo en su interior. Como una combinación de desesperación y confusión.
- ¿Por qué…ese reto…Honey sempai?-.
- ¡Tama chan dijo que esos son los retos más comunes en los juegos de plebeyos!-. Respondió él con una sonrisa de inocencia.- Y creí que entonces estaría bien para ti.-
¡Voy a matarlo! ¡Tamaki sempai!
Honey se hizo a un lado para darle paso a Mori, quien se acercó de una vez a Haruhi. Ella elevó la mirada para verlo bien. El nerviosismo se apoderó de ella. ¿Cómo explicarle que ese no era el único reto que se podía pedir en el juego?
- ¡Mori sempai! ¡Yamate! ¡No es exactamente como dice Tamaki sempai!-. Puso sus manos delante de ella.-
Pero sus palabras no surtieron el efecto que ella esperaba. De un momento a otro, los labios del Morinozuka se habían posado sobre ella. Aunque, no como ella había esperado. Le había dado un notable, pero delicado beso sobre su frente. Cuando se separó de ella, Haruhi se posó una mano sobre el lugar besado. Y podía apostar a que se había sonrojado.
- ¡Yatta! ¡Lo hiciste, Takashi!-.
- Sí.- Dijo él con simpleza.-
- ¿Lo hizo bien, Haru chan?-.
Ella se había quedado sin habla.
- Watashi…-.
- ¿Te sorprendió mucho? ¡Gomen por haber escogido ese reto!-.
- No es eso, pero…fue raro.- Dijo ella en un susurro.-
Fue como haber recibido un beso fraternal. Haruhi había sentido un cariño muy especial transmitido en ese roce. Nuevamente, Mori sempai había transmitido sin palabras lo que sentía. Fue como ser besada por un hermano. Y se había sentido extrañamente agradable. Haruhi sonrió y, de esa manera, los tranquilizó a ambos.
- No tiene importancia.- Dijo.-
Honey sonrió, pero no de manera infantil, sino como si hubiera pasado exactamente lo que él quería.
- Ahora es tu turno, Haru chan.-
Ella asintió con la cabeza.
- Honey sempai, ¿verdad o penitencia?-.
Se sentía tan extraño que ella pronunciara esas palabras. Aunque ese fuera un juego de plebeyos (según Tamaki), esa era su primera vez jugando algo parecido.
- ¡Penitencia! ¡Como Takashi!-.
- Wakata.-
Se quedó unos momentos escogiendo el reto. No era muy original a la hora de ponérselos a otra persona. Se esforzó por pensar en algo bueno. Cuando creyó que se le había ocurrido algo razonable, miró a Honey.
- Te reto a que no comas dulces por el resto del día.- Dijo ella, riendo.-
No será lo más sensacional, pero es algo que será divertido para ver.
Honey sempai se quedó en blanco. Se le aguaron los ojos y se abrazó a Haruhi con la velocidad de un rayo.
- ¡No! ¡Haru chan! ¡No me hagas esto!-. Gritó, lloriqueando.-
- Los retos son, supuestamente, difíciles para el que los recibe. Ese es el chiste del juego.- Dijo ella, levantando un dedo índice, como si estuviera diciendo algo con gran sabiduría.-
Notó que Mori había reído por lo bajo, casi imperceptiblemente.
- ¡Ahhhh!!!!-. Gritó Honey.- ¡Haru chan!-.
Jejejejeje Esperaré un rato más y luego le quitaré el desafío. Sólo esperaré un poco más.
Se sorprendió de sí misma. Estaba divirtiéndose con algo tan sencillo. Le hacía falta reírse un poco. Y la escena resultaba bastante cómica para ella.
- Es tu turno, Mori sempai.- Le dijo a un lagrimoso Honey.-
- Wakata.- Dijo él-. ¿Verdad o penitencia, Haruhi?-.
Era gracioso escuchar esas palabras de él.
- Penitencia.-
Ya sé lo que va a pedirme.
- Retira el reto de Mitsukuni.-
- De acuerdo.-
Honey gritó de alegría y se abrazó a Mori, agradeciéndole con toda su alma.
- Ahora me toca escoger a mí.- Dijo Honey.- ¿Verdad o penitencia, Haru chan?-.
- Verdad.-
Al decir eso, Honey se mostró impresionantemente complacido.
- ¿A cuál de todos los Host quieres más?-. Preguntó, con una risita cómplice.-
Haruhi, una vez más, se quedó congelada ese día. Pero esa pregunta no la podía responder. Simplemente no podía. Sintió de nuevo esas punzadas en su interior que había sentido al hablar con Kyoya sempai. Los rostros de sus dos compañeros frente a ella se volvieron serios (en el caso de Mori, más de lo normal) y la miraron, esperando pacientemente por su respuesta.
- Es importante para nosotros que nos lo digas, Haru chan.- Dijo Honey.- Hace tiempo que todos esperamos para saberlo.-
- Yo…-.
- Dinos, Haru chan.-
- Sí.-
Se levantó de la cama y agachó la mirada.
- Debo ir al baño.-
Honey la miró con decepción.
- Está siguiendo el pasillo, la tercera puerta a la derecha.- Le dijo.-
- Gracias.-
Y salió corriendo del cuarto.
- ¿Habré sido demasiado directo, Takashi?-. Le preguntó a su primo.-
- No. Ella misma ya se lo había preguntado antes.-
- Espero no haberla lastimado. No quiero que se ponga triste.- Dijo él, con unos ojos heridos.-
¡No puede ser! ¡De nuevo esta horrible sensación!
Se lavó la cara más de tres veces, y aún no se iba el sentimiento de impresión. Vio por la ventana del baño hacia fuera. Ya se estaba haciendo de noche, y pronto debería dormir.
La noche siempre me salva.
Estaba avergonzada y confundida. ¿Por qué todas las cosas malas siempre pasaban de una vez? Era algo que ella no podía entender. Era una simple pregunta. No había porqué ponerse así. Pero había algo…había algo dentro de ella que simplemente no la dejaba decir un nombre. Podía decir cualquier nombre, y todas las opciones le harían sentirse culpable con otra persona. ¡No podía! ¡Sencillamente no podía decir si quería más a uno!
(Todos te queremos mucho, Haru chan)
El mismo Honey le había dicho que todos los Host la querían. Pero lo que no le cabía en la cabeza era qué clase de cariño era ese al que se referían ellos.
- No puedo.- Dijo para su reflejo en el espejo del lavabo.-
Cuando salió del baño, se encontró con alguien que la esperaba afuera, apoyado en la pared.
- Mori sempai…-.
- Ya debo irme. Es tarde.- Dijo él.- Y Mitsukuni ya tiene sueño.-
- Sokka.- Dijo ella.-
- No estés triste.- Le dijo él.-
- ¿Eh?-.
- Haruhi.-
- ¿Qué pasa?-.
- ¿No crees que todos en este mundo son unos llorones?-.
La sola pregunta la dejó sin saber qué pensar.
- Me temo que no entiendo, sempai.-
- Siempre andamos preocupándonos por nuestros problemas, sin darnos cuenta de que la persona que tenemos al lado, que siempre muestra una enorme sonrisa, puede tener los mismos problemas que nosotros, o incluso peores. Por eso somos unos llorones. Y eso es un problema. No nos importan los demás. Si tan sólo se pudiera cambiar eso.-
- Sempai…-.
Estaba asombrada. Ese era, quizá, las palabras más extensas que él le había dedicado.
- Mitsukuni te quiere.-
- Eso creí.-
- Pero tú no sabes cómo te quiere.-
Lo miró, sorprendida.
La luz del pasillo de había vuelto débil. Prácticamente, estaban solos en la oscuridad.
- Mitsukuni se siente solo. Porque, a parte del Host club, no tiene mucha compañía.-
- Pero, te tiene a ti, sempai.-
- Yo no estaré ahí toda la vida. Ni aunque lo intentara. Y créeme que lo he intentado. Y él lo sabe.-
- Pero…Honey sempai no es el único, ¿verdad?-.
- No. Todos en el Host club necesitan a alguien, ¿no crees? Nos necesitamos el uno al otro cuando nos vemos. No hay nadie que se salve de ese asunto.-
- Yo no sé qué decir.-
Mori se acercó a ella, se puso a su altura y le acarició cariñosamente la cabeza.
- ¿Verdad o penitencia, Haruhi?-.
Ella no respondió. Estaba demasiado anonadada como para eso.
- Te reto a que le cumplas un deseo a todos en el Host club.-
- ¿Qué?-.
- Haznos felices a todos, aunque sea solamente por una sola vez. Y, aunque no lo creas, eso será suficiente para nosotros, hasta que tú te decidas.-
- Sempai… ¿tú…qué quieres?-. Preguntó ella.-
Y, de nuevo, él le dio un beso en la frente.
- Ya está.- Le dijo.- Oyasumi nasai.-
Y se marchó.
¿Qué ha sido…eso?
Cuando regresó al cuarto, ya no había ninguna luz. Ya había entrado la noche. Se encontró con que Honey aún no había dejado la habitación. Estaba todavía recostado en la cama. Haruhi se le acercó y le acarició el rostro, como a un niño dormido.
- ¿Qué pasa, Haru chan?-.
- Gomen ne, Honey sempai. Yo…no puedo responder esa pregunta ahora.-
Él la miró tiernamente.
- Entiendo, Haru chan. Perdón por hacerte esa pregunta. Fue malo de mi parte.-
A ella le pareció un buen momento para decirle algo.
- Honey sempai…-.
- ¿Si?-.
- ¿Tienes algún deseo que quisieras pedirme hoy?-.
Él se acurrucó en el colchón y se arropó con la sábana, luego se movió unos centímetros, dándole espacio a ella.
- ¿Podría dormir hoy contigo, Haru chan? Hoy me siento triste.-
Ella le sonrió maternalmente.
- Hai. Sí puedes, sempai.-
- Arigatou.-
Y se recostó con él. Honey se abrazó a ella y cerró sus ojos, quedándose dormido al instante. Haruhi sintió un sentimiento de paz dentro de ella.
No importa qué tantos disfraces nos coloquemos encima, los problemas que llevamos por dentro no dejan de afectarnos una vez nos hemos quedado solos.
Por eso, un poco de compañía nunca era mala.
- Oyasumi nasai, Honey sempai.-
- Oyasumi nasai, Haru chan. Dai suki da yo.-
Ella sonrió nuevamente. Al estar medio dormido, Honey sempai le había dicho exactamente lo que sentía por ella.
Ahora sabía que él la quería. Y ella también lo hacía, pero hasta que estuviera clara, las cosas deberían permanecer como estaban. Ella podía esperar. Y sabía que los otros Host también esperarían por ella.
-
- ¡Maldición! ¡Hoy no se puso el broche, Kaoru!-.
- ¡Ya, Hikaru! Es tarde, durmamos ya.-
- ¡Pero…!-.
- ¡Si no la vemos por un día no pasará nada! ¡Cálmate ya!-.
CONTINUARÁ…
¿Qué tal? Este capítulo me ha gustado mucho. Y espero que a ustedes también.
Como siempre, ¡REVIEWS!!!!!!
