KO NI CHI WA!!!! Minna san!!!! Me reporto! Me reporto! Muchas gracias por todos los reviews y todas las opiniones. Son muy importantes para mí. Ahora, sin más preámbulos, ¡Capítulo 8! ¡Qué logro!
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Haruhi despertó con lentitud esa mañana. Le hacía falta una buena noche se sueño, pues había estado muy cansada. Fue alentador abrir los ojos y encontrarse con el cercano rostro infantil de Honey sempai. En cuanto lo vio, no pudo evitar sonreír. Se le veía tan tierno cuando dormía; incluso tenía la típica faceta de niño con su peluche en un brazo, y con el pulgar entre sus labios. Sus dorados cabellos estaban ligeramente desordenados, y sus ojos cerrados hacían ver su rostro inconciente aún más soñador que de costumbre. La gente podía llegar a verse tan angelical mientras dormía… Haruhi se apoyó de su codo sobre la cama, y con una mano acarició con cariño la cabeza de Honey. Había escuchado que tenía muy mal despertar, así que no estaba de más actuar con prudencia. Al sentir el contacto de su mano, el rubio arrugó ligeramente el ceño, pero luego volvió a aflojarlo por saber de quién se trataba. Abrió un ojo a medias, saliendo de la duda de quién lo despertaba, y luego sonrió.
- Ohayo, Haru chan.- Dijo con suavidad.-
- Ohayo, Honey sempai.- Respondió ella.- Tenemos que prepararnos para ir hoy al Instituto.-
Un suspiro de objeción se escuchó por parte de él.
- Demo…boku wa yada.- Dijo.- No quiero…sigo cansado.-
- Pero, si nos quedamos, todos los demás van a extrañarnos, preguntándose porqué los hemos abandonado.- Dijo ella en tono maternal.-
Inmediatamente, Honey se paró de golpe, con una expresión preocupada.
- ¡Sonna! ¡No quiero que se los demás se preocupen por nosotros! ¡Iré a vestirme, te veré en la salida, Haru chan!-. Dijo, haciendo ademán de que iría corriendo a su habitación.-
Ella rió.
- Hai, de acuerdo.-
Antes de salir, Honey se le quedó mirando por fracción de segundos, y luego se abrazó a ella, pero no de la manera en que lo hacía siempre. Haruhi sintió, extrañamente, que no era un niño el que la abrazaba, sino un hombre. Algo en su interior saltó de sorpresa. Era verdad, ya Honey sempai era casi un hombre. Siempre se le olvidaba que él no era su hermanito menor, que él era el que debería de verla a ella como una niña. El abrazo la tomó desprevenida, y se puso colorada por la cercanía. Fue entonces cuando escuchó que él se acercaba a su oído, y le susurraba como quien le habla al viento, con una extraña dulzura y con un tono que le resultó sorprendentemente varonil.
- Gracias por permitirme acompañarte anoche, Haru chan.-
Y luego, para su asombro, Honey le dio un beso en la mejilla. Fue fugaz, y delicado, como si no quisiera confundirla o lastimarla con un simple contacto entre ambos. Fue, sin duda, muy caballeroso. Haruhi trató de no parecer tan impactada, aunque sabía que era imposible.
Acto seguido, volvió el chiquillo de siempre.
- ¡Matta ne!-. Dijo a modo de despedida, y salió del cuarto, dejándola sola.-
¿Ése ha sido…Honey sempai?
¿Realmente él había sido el que la había estrechado en sus brazos de esa forma hace apenas unos segundos? ¿El inocente loli shota con el que trataba todos los días en el Host club? Se dio cuenta que no lo era. Ése no había sido su sempai.
Ése había sido Haninozuka Mitsukuni.
Se preguntó si algún día se atrevería a llamarlo por su nombre. Sería un cambio muy radical, dado que siempre lo había reconocido por el apodo de Honey. Pero, cuando él ya saliera de Ouran, no estaría segura si seguir así, o empezar a llamarle "Mitsukuni". Después de todo, hasta los más inocentes tienen un lado irreconocible.
Tal vez he exagerado al pensar que Honey sempai era del todo puro.
No estaba segura de que nadie lo fuera, realmente.
Y entonces, se avergonzó. Se avergonzó mucho ahí, sentada en aquella cama, que hasta hace poco había compartido con un chico, con un sempai, con un hombre. Había pasado toda la noche creyendo que había compartido el sueño con un hermanito, o con un hijo, pero qué equivocada estaba.
¡Okaa san! ¡He dormido con un hombre! ¡Y ni siquiera me había dado cuenta!
El inocente no era él, sino ella.
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Como era de esperarse, Mori sempai ya estaba ahí esa mañana cuando ella bajó a esperar a Honey. Se lo había imaginado, pero de igual forma, era sorprendente ver que Mori ya estaba ahí a la hora de acompañar a su primo. Cuando la vio entrar a la sala, ya lista y uniformada de manera masculina, le sonrió e indicó un saludo con su mano. Ella le devolvió la sonrisa y el gesto. Era bueno intercambiar miradas con alguien como Mori.
- Ohayo, sempai. Llegas temprano.-
- Sí. Así es siempre.-
Rogó mentalmente porque él no preguntara nada o dijera algún comentario respectivo al día anterior, y como si fuera por obra divina, no lo hizo. Mori simplemente siguió esperando a que llegara el Haninozuka, mientras Haruhi le miraba con insistencia. Daba la impresión de que él era una de las pocas personas a las que las miradas no les importan en lo absoluto. Haruhi sintió un poderoso alivio en su interior. Por eso era bueno estar con Mori sempai. Al contrario de muchas personas, no te preguntaba nada. Si era un caso importante, dejaba que el otro se desahogara hasta el cansancio, y él sólo escuchaba, y luego, si era algo realmente serio, sí daba una que otra opinión. Pero nunca llegaba con las ansias de enterarse lo que había ocurrido mientras no había estado ahí para enterarse. De verdad, hacían falta personas así en el mundo. Haruhi se sentó al lado de él, tranquila y serena.
- Anoche pude cumplir el deseo de Honey sempai.- Dijo.- Ya me siento más tranquila que ayer.-
Sabía que él la escuchaba, porque la miraba a los ojos, y de cuando en cuando hacía algún gesto con la cabeza. Así que se vio libre para continuar.
- Tal vez he dejado pasar muchas cosas importantes, sempai. Me pregunto si son más de las que ya me he enterado. Si me pongo a analizarlo, tú tenías razón. La gente cercana a nosotros puede llegar a ser más desafortunada que nosotros, y eso muchas veces pasa desapercibido. Por ejemplo, Honey sempai. Es admirable, ¿no? Estar siempre tan alegre y tan feliz, con tal sinceridad, cuando al llegar a casa se encuentra con que está solitario. Y por eso, con más ansias aún, anhela el día siguiente para volver a encontrarse con la gente que lo quiere. Me atrevería a decir que lo mismo te pasa a ti, sempai.-
Vio que Mori estaba de acuerdo con ella. Sus ojos se lo decían.
- Y, posiblemente, le pase a todos en el Host club, o en Ouran, o inclusive, a todos en este mundo.- Dijo.- Necesitan de sus compañeros, y de los amigos que ni saben que realmente poseen, para sentirse seguros y queridos, ya que saben que en sus hogares, en sus casas, es una historia totalmente diferente. En el Instituto, te escapas de lo que te aqueja en tu vida familiar. Se te olvida, simplemente, por muchas cosas. Por eso es triste darte cuenta, cuando sonó la campana de salida, que tienes que despedirte de algo maravilloso para regresar, muchas veces, a la negrura. Claro, no a todos les ocurre así, pero tal vez no nos damos cuenta de las ocasiones en que sí pasa.-
Observó por el rabillo del ojo, verificando si Mori se aburría o si seguía pendiente. Pudo comprobar que él le pedía que siguiera.
- Creo que esta experiencia de poder estar en una escuela de ricos, aún siendo yo de una clase media baja, ha sido muy educativa e informativa. Me he dado cuenta de que no todos los ricos son como yo me imaginaba. Y que también, muchos hijos de personas ricas tienen que atenerse a días muy solitarios, si es que quieren seguir siendo ricos. Y los problemas de la gente, aún cuando sean en hogares diferentes y con personas diferentes, son exactamente los mismos. Me he podido dar cuenta de la calidez que hay en las personas de Ouran, porque aunque sean "Ricos bastardos"…- Eso lo dijo algo cohibida.- Todos son humanos al final. Necesitan liberarse de esas cadenas. Inclusocreo que hay gente de la que yo debo aprender en el Host club, pero no a nivel de talentos empresariales o algo así; me refiero como persona.-
Al terminar, volteó a ver a Mori, con ansias de saber qué clase de respuesta le daría. Su alegría fue en incremento cuando se dio cuenta de que él le había sonreído.
- Supongo que tienes razón.- Dijo.-
Era exactamente la respuesta que estaba esperando Haruhi. Fue maravilloso ver que se la habían dado de la manera que ella quería.
- ¡Takashi! ¡Ya llegaste!-.
Al oír su nombre, Mori se puso de pie, y fue envuelto de inmediato por abrazos de su primo, que daba saltos de felicidad por verlo llegar. Haruhi disfrutó mucho aquella escena.
- Haru chan, ¿lista?-. Le preguntó Honey.-
- Hai.-
Los tres tomaron sus maletines y salieron por las puertas de la mansión Haninozuka, siendo despedidos por todo un cortejo de sirvientes haciendo reverencias para el Obochama y para sus acompañantes.
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El viaje en la limosina fue veloz. Se la pasó, como siempre, contemplando los graciosos comentarios de Honey, y de cómo Mori le respondía. Se le hacía difícil creer que hasta hace unos minutos, ella estaba en una postura reflexiva. A uno se le olvidaban esas cosas cuando estaba entre amigos. En menos de lo que esperaba, llegaron a Ouran.
- Bien, me voy a mi clase ahora.- Dijo cuando hubieron llegado al Instituto.- Arigatou por todo, sempais.-
- ¡No es nada, Haru chan!-. Gritó Honey con una enorme sonrisa y agitando los brazos.- ¡Puedes ir a mi casa cuando quieras! ¿Ne?-.
Ella le sonrió.
- Sólo asegúrate de no buscar muchos juegos por Internet, Honey sempai.-
- ¡De acuerdo, Haru chan! ¡Y tú asegúrate de algún día llamarme Mitsukuni, ¿ne?-.
La frase le sorprendió, pero no pudo hacer menos que volver a reír con él.
- Hai.- Se dirigió a Mori.- Sempai, hontoni arigatou.-
- Sí.- Le respondió él, como de costumbre.-
Haruhi se dirigió a su clase con un paso alegre. Definitivamente, un día en la residencia de Honey hacía maravillas con el alma.
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- Ohayo.- Dijo, entrando al salón 1-A.-
En cuanto le vieron pasar, el aula fue un tumulto de susurros y risitas femeninas, agregando uno que otro suspiro o grito eufórico en voz baja. Como siempre, las mismas reacciones cuando alguien veía pasar a un Host.
Buscó con la mirada a los dos diablillos de la clase. Se dio cuenta de que aún no habían llegado. Aunque no le extrañó, Honey sempai, aún cuando tenía un supuesto mal despertar, se levantaba muy fácilmente en la mañana para el Instituto.
- Etto…Haruhi kun.- La llamó una muchacha del aula.- ¿Hoy me permitirías reservarte para el horario del club?-. Dijo en un tímido intento de sonar ansiosa, y con la cara ardiendo. Haruhi notó que la chica estaba siendo vigilada y apoyada en espíritu por otras más de un enorme grupo, que veían la escena desde una distancia prudente.-
Siempre había creído que era algo extraño que, aún cuando ella era una chica, causara esas reacciones en otras chicas. Era de ese tipo de cosas que una no terminaba por hacer una costumbre.
Aún así, sonrió.
- Desde luego. Me encantaría ser designado por ti. Ayudas mucho al club y a mí con eso.-
Lo siguiente fue que el grupo de chicas empezó a gritar, abrazándose unas a otras, en busca de una calma para los palpitantes corazones descontrolados. La chica frente a Haruhi hizo un millón de reverencias nerviosas y hablaba entre espacios.
- M…mu…muchas gr…acias. ¡Qué lindo eres, Haruhi kun!-. Y regresó con el grupo, corriendo y saltando como una típica colegiala.-
Bueno, no importa mucho, mientras sigan creyendo que soy un chico.
De repente, sintió unas manos sobre sus hombros. Creyó saber de quién era. O mejor dicho, de quiénes eran.
- O – ha – yo Ha – ru- hi -.
Reconoció el tono pesado acompañado de un toque posesivo. Al voltear, se encontró con un muchacho a cada lado, y que cada uno tenía una mano sobre uno de sus hombros. Ambos sonrieron con ansias de travesuras.
- Hoe, Kaoru, creo que nuestro querido compañero se está volviendo un Don Juan. Ojalá no se le ocurra quedarse con todas las clientas.-
- ¿Tú crees, Hikaru? A mí me pareció que Haruhi está madurando para volverse todo un hombre.-
Se notaba que los dos estaban aguantando estallar de la risa. Ella no pudo hacer menos que suspirar con resignación.
- Ohayo, Hikaru. Ohayo, Kaoru.- Dijo.- ¿Podrían evitar esos chistes? Me incomodan.-
- Es que no podemos evitar sentirnos orgullosos de que nuestro Ototo esté creciendo.- Dijo Hikaru, tapándose la boca para no reír.-
- ¿Ototo? (Hermanito)-.
- Desde luego. O, en todo caso, serías nuestra Imuto (hermanita)-. Dijo Kaoru.-
- ¡Por lo que ya sabes que nosotros somos "Onii sama"! (hermano mayor)-. Dijeron a la vez.-
- No esperarán que los llame así, ¿verdad?-.
- No si no quieres.- Dijo Kaoru.-
- Porque si no quieres tendrás que seguir siendo nuestro juguete. Ya sabes cómo es la situación.-
Los tres se sentaron en sus asientos.
- ¿Cómo te fue ayer?-. Preguntó Kaoru.- No nos has contado si pasó algo ayer con Honey sempai.-
- Porque no pasó nada, ¿verdad?-. Completó Hikaru.-
- ¿Debería de haber pasado?-.
Ambos casi se cayeron de sus sillas.
- ¡Claro que no!-.
- Fue normal. Honey sempai investigó acerca de unos juegos, y entonces nos pusimos en la habitación a practicarlos.- Dijo ella.- Resultó muy divertido, aunque fue algo incómodo al final. Pero a la hora de dormir se pasó todo.-
- ¿Juegos?-.
- ¿Qué clase de juegos?-.
- ¿Es un interrogatorio?-. Preguntó ella.- Espero que no se estén imaginando cosas.-
- Para nada.- Dijeron, moviendo una mano en el aire, despreocupadamente.-
- Es que ayer nos quedamos un poco… ¿cómo decirlo?...impactados con las formas que Honey sempai consideraba adecuadas para cuidarte.- Dijo Kaoru.-
- Y por eso queríamos saber si había ocurrido algo fuera de los ámbitos normales que usa la gente para cuidar a otras personas.-
- ¡En especial si se trata de mujeres!-.
- Ya basta, ustedes dos.- Pidió ella.- No entiendo porqué se ponen tan paranoicos. ¿Están enojados?-.
- No es eso.- Dijo Hikaru.-
- Sólo preocupados.- Terminó Kaoru.-
- Bueno, Honey sempai y Mori sempai se portaron muy bien conmigo. Tomando en cuenta que cuando me preguntaron a quién quería más fueron lo suficientemente comprensivos para esperar a que yo estuviera lista, así como cuando Mori sempai charló conmigo y me besó en la frente, hasta que dormí esa noche. Honey sempai estaba muy cansado, así que nos quedamos los dos en la cama.- Dijo ella, resumiendo lo que creyó que debía decirles.- Pero no pasó más nada. Así que no comprendo qué les pasa a ustedes.-
Ellos tardaron un poco en reaccionar. Fue como si estuvieran esperando a que sus cerebros captaran las palabras que Haruhi acababa de pronunciar. Al ver sus caras, ella supo que había cometido un error al decirles esas cosas. Hizo la cuenta regresiva, y la bomba explotó.
- ¿¡Qué quieres decir con que durmieron juntos en la misma cama!?-.
- ¿¡Beso en la frente!? ¿¡Mori sempai!?-.
- ¿¡Y QUÉ QUISIERON DECIR CON ESO DE QUE A QUIÉN QUIERES MÁS!? ¿¡A QUÉ SE REFERÍAN!?-.
Ella se tapó los oídos. Sintió las miradas de todos en el salón dirigirse a ellos.
- Por favor, Hikaru, Kaoru, bajen la voz.-
Ambos tenían las caras encendidas, justamente igual que como había sido con aquella chica minutos atrás.
- Se ven alterados. ¿Qué les pasa?-.
La ira se les fue bajando con lentitud, hasta que quedaron temblando a cada lado de Haruhi. Kaoru fue el primero en recuperar el habla normal.
- ¿Podrías repetir eso…de que dormiste en la misma cama que Honey sempai?-.
- Creo que no escuché bien.- Dijo Hikaru.-
- De hecho, sí, oyeron bien. Eso fue lo que pasó.-
Los gemelos se quedaron, literalmente, en blanco. Pero aquella expectación fue reemplazada por un tono de molestia.
- ¡Eh! ¡Haruhi! ¿Y luego te niegas cuando nosotros te pedimos que estés en la misma cama con nosotros?-. Se quejó Hikaru.-
- Disculpa, pero eso parece una notable preferencia.- Dijo Kaoru.-
- La verdad, confío más en Honey sempai que en ustedes cuando se refiere a eso.-
Haruhi notó que los gemelos estaban molestos. Por un lado sabía porqué, pero aún le parecía una exageración de su parte. Como ella había dicho, no había pasado la gran cosa.
- ¿Quién es el próximo?-. Preguntó Hikaru, cruzado de brazos, y mirando hacia otro lado.-
- ¿Aún no sabes?-. Preguntó Kaoru, con la misma postura.-
- Lo sacaré de una vez.-
Metió la mano en el bolsillo de su maletín donde guardaba los otros nombres. Ya, con las dos experiencias anteriores, supuso que lo único que quedaba debía soportarlo como fuera. No se sorprendió en lo absoluto cuando leyó el nombre, pero sintió una parte de ella que se había conmocionado. Su corazón latió con fuerza, y las manos le temblaron con la pronunciación del nombre tanto en su mente, como de palabra. Esa persona siempre le causaba reacciones así.
- ¿Y bien?-. Preguntaron los gemelos.-
Ella arrugó el papel y lo metió en su bolsillo, con los otros dos. Se tocó el pecho, intentando descifrar porqué le latía el corazón. Tal vez por el nerviosismo de saber con quién se quedaría esta vez.
- Tamaki sempai.- Pronunció con un hilillo de voz.-
Haruhi no se dio cuenta, pero sus compañeros, a cada lado de ella, habían apretado los dientes y los puños. ¿Por qué se sentían así?
- Vaya…Tono…-. Dijo Kaoru.-
Hikaru ni siquiera dijo nada.
- Kaoru, ¿qué hora es?-. Preguntó Haruhi.-
Kaoru consultó en su reloj.
- Aún faltan quince minutos para que empiece la clase, ¿por qué?-.
- Creo que…iré al aula de Tamaki sempai. Quisiera hablar con él para decirle de una vez.- Dijo, poniéndose de pie.-
Ellos la miraron anonadados. Mientras ella se alejaba, se vieron incapaces de levantarse para seguirla. No supieron porqué. En ese momento, Haruhi se veía tan inalcanzable…
- Hikaru… ¿Estás bien?-. Preguntó Kaoru con algo de temor a la respuesta de su hermano.-
- Uhm.-
Hikaru refunfuñó y agachó la cabeza, hasta quedar pegado a su pupitre, queriendo ocultarse del exterior. Kaoru lo miró, preocupado.
- No te sientas mal por eso. Tono no es…algo tan importante como para que te pongas así.- Quiso transmitirle confianza a su hermano, pero sabía que no lo había logrado.-
Hikaru levantó la mirada y vio a Kaoru como si estuviese ciego.
- Kaoru…ella sólo reacciona así cuando se trata de Tono. ¿Por qué me siento tan impotente cuando ella pronuncia su nombre?-.
- Hikaru…-.
No sabía qué decirle para hacerlo sentir mejor.
Ellos dos sabían que Tamaki era la persona que, por primera vez, les había extendido una mano. De no ser por él, tal vez nunca hubieran llegado a conocer a tantos amigos, y aún seguirían encerrados en su mundo. Tal vez, por Tamaki, habían logrado conocer a Haruhi. Lo apreciaban. Le tenían un aprecio y admiración propios de lo que él se merecía. Y podía decirse, dejando a un lado las discusiones infantiles y celosías que se tenían, que eran muy buenos amigos. Desde el Instituto medio, había sido así.
Sin embargo, las cosas ahora eran diferentes. El juego había empezado a cambiar. Y "Tono" era ahora, un rival. Sin comprender muy bien porqué, no soportaban que Haruhi pronunciara el nombre del King, ni que éste la llamara su hija, ni que tuviera fantasías con ella. Nada. No soportaban eso. ¿Por qué tenían que "odiar" a un verdadero compañero y amigo por el hecho de que Haruhi se llevara bien con él? Tal vez porque sabían que no era una simple amistad.
- Sólo tratemos de…parecer normales frente a Haruhi. Se pondrá triste si nos ve así.- Dijo Kaoru.- ¿Sí, Hikaru?-.
De nuevo, él no le respondió.
- Trata de entender, Hikaru.- Pidió su hermano.- Aunque sea por ella, pero trata.-
- No lo sé. Te digo que no lo sé, Kaoru.-
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Mientras tanto, ella abría la puerta de la clase del 2-A, buscando con la mirada a un rubio medio francés, que charlaba animadamente con un no tan animado Kyoya. Haruhi habló, e inmediatamente, sintió esas dos miradas sobre ella.
- Ano… ¿Puedo hablar contigo, Tamaki sempai?-.
Desde su posición, podía sentir sobre ella los brillantes e ilusionados ojos de Tamaki. Nuevamente, el corazón le latió.
CONTINUARÁ…
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