Konban wa a todo el mundo!!! Sinceramente, creo que les debo una disculpa por haberme ausentado todo este tiempo, normalmente soy más rápida, ¿verdad? Lo que pasa es que estoy en exámenes y bueno, me enfermé hace unos días, me dio fiebre y todo, de hecho, ahora mismo acabo de dar mi vigésimo quinto estornudo en esta última hora. ¿Ven? Estoy tan aburrida que hasta llevo la cuenta. Pero como saqué 20 en física y en biología, me siento de muy buen humor para escribir!!!!! ¡Valió mucho la pena mi esfuerzo que casi me hace desmayarme en el colegio! Jejeje
Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y me fascina que digan sus opiniones y suposiciones, lo hace todo más interesante, ¡créanme! ¡Y enhorabuena! ¡Ya llegamos a los 50 reviews! ¡Arigatou gozaimazu!
Ahora sí, ¡Capítulo 10!
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- ¡Kuso! ¡Kuso! ¡Kuso! ¡Vamos, enciende!¿¡Por qué rayos tiene que pasar esto justamente ahora!?-.
- Hikaru, trata de relajarte un poco, recién acabamos de llegar, deberías tomarte las cosas con calma, ¿no crees?-.
- ¿¡Cómo quieres que me calme, Kaoru!?-. Se volteó de nuevo a la pantalla de su cuarto, mientras apretaba insistentemente un botón del control remoto, pero la imagen seguía negra.- ¡Enciende!-.
Kaoru cesó en su esfuerzo para hablar con su hermano. Hikaru trataba desesperadamente de activar la "cámara de vigilancia justificada" que había en el broche de Haruhi. Pero no lo conseguía. Lo más probable fuera que la chica aún no se lo hubiera puesto, tal vez estaba en alguna mesa o silla, guardado. Suspiró pesadamente. El camino a casa no se le había hecho tan largo desde hacía mucho tiempo. No habían pasado ni dos minutos en la limosina cuando ya estaba con las manos sudadas y temblorosas, mientras veía a Hikaru acabar con cualquier rastro que quedara de sus uñas, al mismo tiempo que se volvía a él a cada rato, preguntándole: "¿Qué hora es, Kaoru?". Realmente, estaba agotado.
Se quitó la chaqueta del instituto y la colgó en el armario, por fin liberado de aquella atadura. Notó que Hikaru ni siquiera se había molestado en guardar la suya. Es más, la había dejado tirada en el suelo, sin molestarse para nada en recogerla, al igual que los zapatos y su mochila. Kaoru no pudo evitar volver a suspirar al ver cómo Hikaru seguía maldiciendo en voz baja, presionando el botón del control como un loco.
- Hikaru, ya te dije que estará bien. ¿Acaso no puedes dejar de hacer drama? Insisto, cada vez te estás pareciendo más a Tono.-
Al decir eso, Kaoru supo que había dado un golpe bajo. Hikaru se detuvo en seco y agachó un poco la cabeza, entre herido y enojado.
- ¿Tú crees?-. Preguntó en voz baja.-
- Un poco.- Le respondió.- Esperemos un poco más. Si quieres descansa, hoy fue bastante agotador el trabajo en el club. Un día de estos, Kyoya senpai nos va a mandar como servicio a domicilio para las clientas.-
Dijo el último comentario para intentar ablandar la situación, pero vio que, aunque Hikaru hiciera un dejo de sonrisa, no fue completamente sincero.
- Yo estaré pendiente en la pantalla por si se activa la señal. Mientras tanto, date una ducha o come algo.-
Ahora era Hikaru el que veía con preocupación a su hermano.
- Kaoru… ¿te estás sintiendo bien?-. Le preguntó.-
Kaoru disimuló la sorpresa.
- ¿Por qué?-.
- Tú estás tan cansado como yo, en lugar de estar pendiente de la pantalla, ¿por qué no hacemos juntos lo que dices? Mira, ya te están saliendo ojeras de lo poco que has dormido últimamente.-
Hikaru se levantó y tocó el rostro de su hermano, como examinándolo, tratando de ver si algo pasaba con él; Kaoru sintió que le estaba taladrando el alma, ¿de cuándo a acá era él el que tenía los problemas? Quiso reír para despreocupar a Hikaru, pero éste lo miró con más seriedad todavía.
- No es nada, solamente que ha habido mucho movimiento en el Instituto en estos últimos días. ¿Acaso crees que tú no tienes ojeras, Hikaru?-. Dijo, tocando el rostro de Hikaru de la misma forma en la que él lo hacía con el suyo.-
- Al menos yo no me despierto a la medianoche quejándome de que tuve una pesadilla.-
- Como si no estuvieras ya despierto cuando yo te aviso de mis malos sueños. ¡Con esa posición tan mala que usas para dormir! No me extraña que ahora te esté afectando.-
- Yo no soy el que se cae de la cama, ¿verdad?-.
- Y yo no soy el que tendrá una deformación en la columna, ¿verdad?-.
Se quedaron unos segundos en silencio. Uno veía al otro, igual que en un espejo. Y, de repente, estallaron en risa. No era de las risas burlonas que siempre usaban, sino que ésa era para sentirse mejor. Ahora tenían un peso menos encima. Era muy bueno tener al otro para desahogarse.
- Sokka, sokka.- Dijo Hikaru, aguantándose el estómago por las risas.- Gomen, ¡pero debes admitir que tus caídas ahora son menos frecuentes!-.
- ¡Eso no lo sabes! ¡La semana pasada me desperté justo a tiempo, en el borde de la cama! ¡Soy yo el que ahora está más pendiente!-. Dijo, en la misma posición que Hikaru.-
- ¡Vamos! ¡No todo es mi culpa! Si no fueras tan estresado no te quejarías tanto en las noches.-
- ¿Qué quieres que haga cuando tengo que responder por nosotros dos, Hikaru?-.
Fue tan a la ligera esa última oración, que Kaoru no percibió el estremecimiento de Hikaru. Inmediatamente, un destello de admiración y cariño apareció en los ojos del gemelo mayor.
Cuando se hubieron calmado, Kaoru sonrió, aliviado. Esas conversaciones siempre aliviaban la situación. Señaló la ropa tirada en el suelo.
- Deberías recoger eso. No creas que porque la pantalla no se ha encendido puedes dejarla ahí.-
- ¡Ahhh! Kaoru, por favor.- Hikaru hizo un puchero de niño malcriado.-
- Yo ya he recogido la mía. Haz lo mismo.- Dijo con una sonrisa.-
Hikaru hizo una nueva mueca y se dedicó a la fastidiosa tarea. Ni se acordaba que no había tenido la delicadeza de poner la chaqueta en su lugar, pero no tenía la culpa. No había parado de pensar en activar la cámara cuando llegara a casa, y ahora se venía a enterar de que Haruhi no la llevaba encima. No hubieron pasado ni diez segundos de haber guardado la ropa en el armario, cuando vio que Kaoru estaba ordenando los libros que se habían salido de su mochila cuando la había dejado caer.
- ¡Kaoru! ¿No me habías dicho que lo hiciera yo?-. Le reprochó.-
- No importa. Es la costumbre, supongo.- Le respondió Kaoru, sonriendo.-
Kaoru siempre lo aguantaba. Y era un verdadero logro, considerando que había sido así desde que habían nacido. Siempre completando lo que él no terminaba, siempre cubriéndole las espaldas por si necesitaba de una ayuda, siempre como su conciencia, rechazando algunas cosas que le gustaban para que él las tuviera, aunque fueran cosas muy diminutas y simples. Toda la vida había sido de esa manera. Y Hikaru se había acostumbrado tanto a que su gemelo le ayudara, que se le olvidaba que, de vez en cuando, Kaoru también necesitaba ayuda. Después de todo, es un ser humano.
- Kaoru.- Lo llamó.-
- ¿Nani?-.
Hikaru le arrebató los libros recogidos de las manos y volvió a esparcirlos por el suelo, lanzándolos por cada rincón de la inmensa habitación, ante la mirada atónita de Kaoru.
- ¿Qué haces?-.
- Yo me encargo, baka. No tienes que hacerlo por obligación. Son mis cosas, después de todo. Yo debería ocuparme de ellas.-
Kaoru hizo un gesto de resignación, pero a la vez sonrió.
- Ve a darte una ducha, avísame cuando termines, luego voy yo.- Le dijo Hikaru.-
- ¿No quieres ir tú primero?-.
- Déjame terminar primero con esto. Adelántate.-
- No es necesario. Mejor te ayudo aquí y podemos bañarnos juntos.-
- ¿Cómo cuando éramos pequeños, dices?-. Preguntó.- No recuerdo la última vez que lo hicimos.-
- Hace ya mucho tiempo.-
- Daijoubu. La ducha es más cómoda si es para uno solo, cuando termines, voy yo, ¿de acuerdo?-.
- Hai…-.
Ambos se dirigieron una mirada de despreocupación y sonrieron. Kaoru entró en el baño y, al verlo cerrar la puerta, Hikaru suspiró. Observó que había arrojado los libros demasiado lejos.
- Quizá no debía lanzarlos con tanta fuerza…-. Dijo, iniciando la excursión de una docena de encuadernaciones, que de seguro, le darían un poco de trabajo.-
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En cuanto entraron en el departamento, Haruhi pudo aspirar el aroma que desprendía su casa. Se sintió tan bien regresar después de no estar ahí durante unos días. Había algunas capas de polvo en las cosas, pero no le importó en lo absoluto. Le haría feliz volver a sentir la casa habitada.
Tamaki atravesó la puerta, cargando la maleta de ella. Hacía tiempo que no iba a la casa de Haruhi. No tenía muy buenos recuerdos de aquella experiencia; tal vez por la violenta aparición de los poderosos puños de Ranka san.
- ¿La dejo aquí, Haruhi?-.
- Hai. Arigatou, senpai.-
Como la vez anterior, Tamaki se quitó los zapatos para entrar. La casa se sentía mucho más apacible, y le invadió algo de alegría al notar que sólo estarían él y Haruhi. Estuvo a punto de decírselo a ella, pero prefirió preguntar algo que sabía que le importaba más.
- ¿Vas a saludar a tu madre?-. Le preguntó.-
Haruhi, ante la mención de su madre, sonrió.
- Sí. Hace tiempo que no la veo.-
- También me gustaría saludarla.- Dijo él con un tono sensible.-
Ella le invitó a que pasara, y, para su sorpresa, Tamaki no dijo ningún comentario referente a su apartamento ni al espacio. En realidad, sólo sonreía, sin casi decir palabra. Haruhi se preguntó si se estaría sintiendo bien.
Cuando pasaron a la pequeña habitación donde estaba el retrato de Fujioka Kotoko, ambos se arrodillaron e hicieron una breve oración. Ahora Haruhi sí se sentía en casa. Era como si todavía sintiera a sus dos padres con ella.
- Ano… ¿Senpai, quieres algo de té?-. Preguntó cuando hubieron terminado.-
- Me gustaría. Arigatou, Haruhi.-
Ella se levantó rápidamente y fue hacia la cocina. Todas las cosas seguían donde recordaba. Era un verdadero alivio ver que no había cambios. No tardó en preparar el té y en servirlo en dos tasas. Les vendría bien a ambos relajarse. Ella, de verdad, lo necesitaba en ese momento.
Cuando giró la vista hacia su maleta, que estaba cerca de ella, notó que, de uno de los bolsillos, sobresalía un objeto pequeño. Haruhi reconoció de inmediato lo que era.
El broche que me dieron Hikaru y Kaoru. Mejor será que no lo pierda o esos dos me matarán.
Se dirigió hacia la maleta y terminó de sacar el broche del bolsillo. Lo miró por unos instantes. Por suerte, no se había roto ni rayado. Eso la calmó. Lo cierto era que les había prometido a los gemelos llevarlo consigo cuando no vistiera de hombre, pero se le había olvidado el día anterior, con Honey senpai y Mori senpai. Lo observó por un momento. No sabía porqué, pero se le hacía algo sospechoso que los gemelos le regalaran algo así. En casi todas las ocasiones, ellos dos se aseguraban de darle accesorios más notables o vestidos que había diseñado su madre.
¿Por qué me habrán dado algo menos estrambótico esta vez? Así no son ellos.
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Kaoru salió del baño con la toalla aún en la cabeza. Ahora sí estaba mucho más relajado. Se tiró en la cama de golpe.
- ¿Hikaru?-. Lo llamó.- ¡Ya he terminado!-.
Extrañamente, no hubo respuesta. Quiso volver a intentar.
- ¡Hikaru!-. Gritó con más fuerza.-
Nadie contestó de nuevo.
Debe de haber ido por algo de comer. Ya casi es hora de la cena, lo más probable es que tenga hambre. Pensó él.
De repente, su estómago también gruñó. Él también estaba hambriento.
Mejor voy a cerciorarme de que no se coma mi ración también. Pensó, divertido.
Estuvo a punto de levantarse, pero, antes de que pudiera hacer un movimiento, vio que la pantalla del televisor se encendía, captando la señal. El pulso se le aceleró. La imagen se fue haciendo cada vez más clara y pudo observar directamente el rostro de Haruhi. Estaba bastante cercana, y veía fijamente a la cámara, como si de verdad estuviera presente en la habitación, como si de verdad lo estuviera viendo allí, mientras la espiaba. Kaoru sintió algo de nervios.
No es posible que haya descubierto que hay una cámara ahí, ¿verdad? No es posible. Es poco probable que el ojo humano pueda captar algo tan pequeño. ¡No es posible!
Pero ahí siguió el rostro de Haruhi, analizando el broche cada vez más cerca, acercándolo a sus ojos, como queriendo ver más de cerca.
Tal vez debería avisarle a Hikaru…
Pero no se movió ni un milímetro. Sus ojos ya no eran capaces de despegarse de la pantalla.
Hikaru estaba ansioso de que el aparato prendiera…él debería saber…
Pero Kaoru no se movió.
Después de todo, ya no debe tardar mucho en llegar. Pensó, queriendo justificarse.
No sabía si volvería a tener un panorama tan cercano de la cara de Haruhi. Y era muy poco común que fuera para él nada más.
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- ¡Haruhi!-. La llamó Tamaki.- ¿Estás bien? ¿Quieres que te ayude allá?-.
Ella salió de su momentáneo trance, y se colocó el broche rápidamente en el cabello.
- ¡Ie! No pasa nada. Enseguida voy, senpai.-
Tomó la bandeja con las tasas de té y se dispuso a ir a la sala, pero al intentar pasar por el umbral, chocó con Tamaki.
- Haruh…-. Decía él mientras entraba, sin contar con que ella iba en dirección contraria.-
El impacto que se produjo fue tal, que ambos pegaron un grito y se desplomaron al suelo. Las tasas rodaron por el suelo, al igual que su contenido, el cual quedó en gran parte, derramado sobre los cuerpos de ellos.
- Itai…Eso dolió…-. Dijo Haruhi.-
- Gomen ne, Haruhi. No era mi intención. Creí que necesitabas ayuda.-
Fue entonces que se dieron cuenta de que no estaban en la mejor posición recomendable. Les recordó mucho a la última vez que Tamaki había estado de visita; había ocurrido algo parecido. Haruhi percibió el color rojo aparecer en la cara del rubio.
- Senpai, ¿podrías levantarte? Me he lastimado con esa caída.- Dijo ella, luego notó que su ropa se había mojado.- Ese té estaba muy caliente.-
Quiso decir algo para no terminar igual de sonrojada que él, pero se dio cuenta de que el rubio no parecía querer levantarse. De hecho, la miró intensamente y se colocó a pocos metros de su rostro.
- Gomen, Haruhi.- Dijo suavemente.- No quería que te lastimaras. Siempre terminamos con algo parecido a esto, ¿verdad?-.
- Senpai…-.
Había algo en su voz que no le parecía lamentarlo.
- Deberíamos levantarnos.- Dijo ella.-
- Es verdad. Deberíamos.-
Pero, en lugar de eso, acortó un poco más la distancia entre ellos.
- No estaría bien que me aprovechara de este accidente.-
Y siguió acortando.
¡Lo que dice y lo que hace no tienen la más mínima concordancia! Pensó ella, con el corazón agitado.
La cara de Tamaki estaba muy cerca, y Haruhi sabía que no podría salir de esa situación con ninguna clase de comentario. Se le veía demasiado decidido; una de esas miradas que sólo él sabía poner cuando llegaba el momento de hablar en serio.
- Estoy muy preocupado, Haruhi.- Le dijo.-
- ¿Eh?-.
- En estos días, te vi muy alejada de mí. Me entristecí mucho; por eso, estoy muy feliz de poder estar contigo. Otou san está muy feliz.-
- Senpai.-
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Kaoru miraba todo lo que pasaba en aquella casa. No tardó en darse cuenta de que estaban en el apartamento de Haruhi, pero no comprendía porqué. Y, en realidad, no le importaba para nada en ese momento. Estaba a punto de darle un paro cardíaco de lo alterado que estaba. No se había dado cuenta ni de cuando se había levantado de la cama y se había pegado a la pantalla, como si pudiese entrar en ella. Ahora sí, sabía que era necesario llamar a Hikaru. Agarró todo el aire que pudo en sus pulmones, y gritó, como si su vida dependiera de ello.
- ¡HIKARU!-.
A lo lejos, escuchó que un plato o una vajilla se quebraban. Seguramente porque el grito había asustado a todos en la mansión. De hecho, estaba seguro de que en China lo habían escuchado.
Escuchó los pasos veloces por las escaleras, y al instante, entró un Hikaru igual de alterado que él, con la ropa manchada de alguna bebida que, seguramente, había estado consumiendo momentos antes de oír el grito.
- ¡¿Qué está pasando, Kaoru?!-.
No hizo falta ni que Kaoru respondiera. Al cabo de dos segundos, Hikaru también estaba pegado a la pantalla, con las pupilas desorbitadas y la boca bien abierta.
- ¿NANI?-.
- ¡Es lo que quería decirte!¡Quizá sí estabas en lo cierto al preocuparte de Tono!-.
Estuvieron a punto de pensar en repetir el mismo acto que habían usado con Kyoya, pero se dieron cuenta de algo.
- ¡Maldición! ¡Dejé el móvil en el recibidor!-. Gritó Hikaru.-
- Yo también.-
Y ninguno de ellos tenía ganas de ir abajo para buscarlos. Se quedaron inmóviles por un tiempo indefinido, y fue como si la imagen en la pantalla se congelara.
- ¡¿Qué hacemos?!-. Gritó Kaoru.-
- ¡Wakarenai! ¡No lo sé!-.
De repente, hubo movimiento. El King se aproximó más, y estaba a punto de completar con la mínima distancia que faltaba para llegar a los labios de Haruhi.
- ¡No se atrevería! ¡Es demasiado indeciso para lograrlo!-.
- ¡Pero lo está haciendo!-.
No sabían qué era peor. Si estar ahí, viendo la escena en directo, o no poder intervenir.
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- S…en…pai.-. Tartamudeó ella.-
No creía que él lo hiciera. No creía que él se atreviera a besarla. Jamás había parecido que tuviera intenciones de eso, pero…¡Ahora estaba tan cerca! ¿Qué más podía ser sino un beso?
Inconcientemente, no se movió. Estaba paralizada, y dejó que el chico continuara con el recorrido. Sin saber porqué, el trayecto se le había hecho tan largo…
- Haruhi…-. Pronunció él, ya a punto de rozarla.-
Ella había perdido ya hacía tiempo las palabras.
- ¡GOMEN NE!-.
El grito se escuchó en todo el lugar. De repente, todo se había vuelto demasiado confuso. Haruhi sintió el peso extra retirarse, y ahora era libre de levantarse. Cuando elevó la mirada, se encontró con la sonriente cara de su padre. Los ojos casi se le salieron de sus lugares.
- O…otou…san.- Dijo ella.-
Giró la mirada y observó que Tamaki estaba ahora pegado contra la pared, tal y como lo estaría un mosquito aplastado. El sudor resbaló por la nuca de Haruhi.
- ¡Haruhi! ¡Gomen! ¡Te he dejado sin saber de mí todo este tiempo y sin haberte llamado! ¡Qué mal padre he sido! ¡Gomen!-.
Se vio envuelta en un abrazo asfixiante de su padre. Ella todavía no acababa de ubicarse. ¿Qué había pasado?
- ¿Ranka…san?-. Preguntó Tamaki desde su lugar.-
Ranka ni siquiera se molestó en mirarle. Siguió saludando a Haruhi de manera exhaustiva. La escena estaba muy fuera de lugar. Aún así, Tamaki pudo sentir el odio proveniente del aura de Ranka san. Si lo había, prácticamente, elevado en el aire y estrellado contra la pared.
- ¿Cuándo has vuelto del hospital, Otou san?-. Preguntó Haruhi cuando recuperó la voz.-
- ¡Vengo llegando justamente ahora! ¡Qué alegría encontrarte aquí!-. Chilló Ranka, volviéndola a abrazar.-
Me pregunto…si habrá visto lo que pasó… Se preguntó Haruhi.
- Ah, ¿qué hace él aquí, a propósito?-. Preguntó Ranka con una enorme sonrisa, obviamente ocultando su verdadera opinión.-
Sin embargo, Tamaki sabía que si esa sonrisa "supuestamente normal" le causaba tal pavor, iba a morir a manos de Ranka ese mismo día.
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Ahora, ambos pelirrojos estaban paralizados. Ninguno pestañeaba, era difícil saber si respiraban. Se preguntaron si, realmente, habían sufrido un paro cardíaco, aunque fuera por un segundo. No se movieron. Por unos segundos, parecieron estatuas reales.
Kaoru fue el primero en recuperar el habla, pero para dirigirse a Hikaru, volvió la cabeza como un robot. El cuerpo todavía no le reaccionaba normalmente.
- Hi…Hikaru…-.
- Dime.- Respondió éste, de igual o peor manera que su hermano.-
- Supongo que ya no hará falta preocuparnos hasta mañana, ¿no crees?-.
- Eso creo.-
Apagaron la pantalla. Al cabo de un minuto, se desplomaron en el piso. No sabían si era por lo bizarra de la situación, o por el alivio que les causaba que nada hubiera pasado.
Hikaru se dirigió a Kaoru, aún medio alterado, pero ya más tranquilo.
- ¿Tienes hambre?-.
- No, se me ha quitado por completo. ¿No quieres cambiarte la camisa? Te has manchado.-
- Ah, sí. Estaba tomando leche cuando gritaste.-
- Gomen.-
- No importa.-
Y, esta vez, suspiraron al unísono. Había sido suficiente por un día.
CONTINUARÁ…
