Hola por última vez a todo el mundo, aquí Karegome, lista para terminar con lo que empezó. Escribir esta historia me enorgullece porque a mí me ha gustado, y espero que ustedes la hayan disfrutado de igual manera que yo. Espero que, si soy bien acogida por el final, me den su permiso de volver a poner una que otra historia, y les prometo no hacerlas tan largas como testamentos, jejeje. Gracias por todo y que disfruten del último episodio de mi fanfic de Ouran Host Club.

¡Capítulo Final!

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La tarde se les había hecho larga y muy corta a la vez. Cuando Haruhi salía con un atuendo, aparecían miles de flashes de la nada (que luego supo que venían de un grupo contratado por la madre de los gemelos para que la "inmortalizaran en su hermosura", como decía ella) y luego la mandaban directo al vestidor a que se colocara otro de un estilo completamente opuesto al anterior. Le daba la impresión de que los vestidos se iban haciendo cada vez más pesados y con más accesorios complicados. Y aunque ella suplicara clemencia, los gemelos y su madre no le dieron descanso, sin evitar que les causara mucha gracia la cara suplicante de Haruhi. Pero, ciertamente, estaban contentos. En ese momento, Haruhi pudo sentir el calor que normalmente se sentía cuando visitabas un hogar. Cuando su madre les contradecía sus gustos y les "informaba adecuadamente" de los estilos que mejor se ajustaban a la esbelta figura de su amiga, Hikaru y Kaoru no dudaban en hacerle debate con todo su arsenal, y lo hacían de una manera tan contradictoria, que parecía que esas pequeñas discusiones llenaban un espacio vacío que debía ser llenado urgentemente. Haruhi se sentía algo fuera del lugar, pero allí, nadie esperaba que ella comprendiera las razones que tenían para vestirla. Simplemente les hacía felices, y ella estaba complacida también, sin poder evitar que más de una sonrisa se le escapara. Pero, como todo ser humano, tuvo que cansarse.

No pudo más. Se vio obligada a sentarse en un sofá de un tamaño descomunal que podría permitir que se acostaran tres personas de su altura. Observó con admiración y algo de temor, que Hitachiin Yuzuha todavía conservaba la misma energía que al principio, y ni siquiera se había desacomodado ni un cabello, mientras seguía haciendo alarde de cualquier creación suya o mencionaba algunos chistes que hacían que sus hijos se partieran de la risa. Era impresionante que pudiera hacer esas cosas todos los días.

Lo que la costumbre hace de la gente. Pensó Haruhi, rezando para que no la obligaran a ponerse más nada.

Fue como si Dios la hubiese escuchado claramente.

- Mejor dejémoslo hasta aquí por ahora.- Dijo Yuzuha, complacida por el trabajo hecho.- Ya tengo suficientes imágenes. Muchas gracias, Haruhi chan. Espero que podamos repetirlo.- Dijo, sonriendo.-

Una vez es suficiente. Pensó ella.

- ¡Okaa san! ¡Asegúrate de sacarle copia a todas esas fotos!-. Exclamó Hikaru.-

- ¡Esas van para el álbum de los recuerdos importantes!-. Indicó Kaoru.-

Una alarma sonó en el reloj de muñeca del padre de los gemelos. Éste la apagó y luego hizo un gesto hacia su esposa, como recordándole algo.

- ¡Ah, claro! Chicos, tendrán que disculparnos. Mañana hay un desfile importante en Praga y debo tomar el avión dentro de una hora.- Se disculpó Yuzuha.-

- ¿Eh? ¿Debe irse ahora mismo?-. Preguntó una incrédula Haruhi.-

La hermosa mujer rió, como si acabara de escuchar un comentario encantador de una niña pequeña.

- Haruhi chan, es mi trabajo.- Dijo, guiñando un ojo.- Hikaru, Kaoru, volveré pasado mañana, así que no los dejaré demasiado tiempo solos.- Dijo en tono de advertencia.-

- Hai, hai…ya sabemos.- Hikaru hizo un ademán despreocupado con la mano.- Trataremos de no quemar la casa.-

- Que tengas buen viaje, Okaa san.- Le dijo Kaoru con una sonrisa de despedida.-

Yuzuha se abrazó fuertemente a sus dos hijos y luego hizo lo mismo con Haruhi. Se quedó así el tiempo suficiente para espetarle suavemente en el oído.

- Tenles paciencia.-

Sin darle oportunidad a Haruhi de responderle, ella y su esposo se marcharon, seguidos de un grupo del servicio (que nunca podía faltar), que los escoltaron a la salida y a la limosina que los esperaba. No pasó mucho hasta que se quedaron solos los tres. Haruhi todavía no salía de la impresión.

- ¿Lo hace muy seguido?-. Preguntó.-

- ¿Qué? ¿Abrazarnos?-. Preguntó Hikaru.-

- No, me refiero a los frecuentes viajes. ¿Lo hace siempre?-.

Kaoru se encogió de hombros.

- Gajes del oficio.- Respondió con simplicidad.-

- Ahora, respecto a nuestro trato, haruhi chan…-. Fue diciendo Hikaru, haciéndo énfasis en el apodo cariñoso.-

- Tengo entendido que es cuando sea de noche.- Dijo ella rápidamente.-

- ¿Por qué no miras por la ventana?-. Preguntó Kaoru.-

Haciendo caso a la sugerencia, Haruhi volteó a ver el cielo a través del vidrio impecable y, seguramente, muy caro de la mansión. Una luna llena y hermosa brillaba en todo lo alto. Se había puesto oscuro y ni siquiera se había dado cuenta. Unas pequeñas nubes le dieron un ligero escalofrío.

- Ha oscurecido…-. Dijo lentamente.-

No tuvo tiempo de oponerse cuando Hikaru y Kaoru la llevaron por ambos brazos escaleras arriba.

- ¡Esperen! ¡Cambié de parecer! ¡No es justo que me hagan esto!-. Empezó a forcejear.-

- Lo prometiste, Haruhi. Quedarías como la mala del cuento si no cumples bien tus promesas.- Le espetó Kaoru.-

- Además, no vamos a hacerte nada malo. ¿Por quiénes nos tomas?-.

- ¿En verdad quieres que te responda eso, Hikaru?-. Preguntó ella, arqueando una ceja.-

Su respuesta funcionó como buen contraataque. Hikaru soltó un "auch" mientras se tocaba el pecho, donde estaba su corazón.

- Eso dolió, Haruhi.-

Ella siguió luchando por soltarse, sin ningún resultado. Mientras seguían escaleras arriba, los gemelos tenían unas sonrisas de oreja a oreja. Y cuando finalmente llegaron arriba, entraron a su habitación de enormes proporciones espaciales e hicieron que Haruhi entrara.

- ¿Por qué tengo que compartir cama con ustedes?-. Preguntó ella, dispuesta a debatir.-

- ¿Por qué no? Se lo permitiste a Honey senpai.- Inquirió Hikaru.-

- Es lo justo. Nos sentimos muy mal cuando nos dijiste eso. Nos sentimos reemplazados.-

- ¿Reemplazados de qué? No es algo tan importante.-

Las expresiones de ellos se volvieron un poco más serias.

- Haruhi, es un favor muy especial que te pedimos. Sólo sería por hoy, y no haremos nada malo, ya lo sabes.- Dijo Kaoru, juntando las manos en posición de pedir un favor.-

Le sorprendió mucho que Hikaru pusiera una mirada igual de seria que su hermano.

- Nuestra cama es muy grande, así que no pasa nada. Y tenemos el sueño pesado. Solamente queremos que nos acompañes. A parte, ¿no te sentirías muy sola en uno de nuestros cuartos de huéspedes?-.

Si es que algún día llegase a encontrarlos.

- ¿Por qué les interesa tanto?-.

- Siempre hemos dormido solos.- Fue su respuesta.-

Le pusieron las caritas de niños inocentes y tiernos. Haruhi pasó por un lapso mental fugaz en el que recordaba todo lo que había venido aconteciendo hasta ese momento. Una enorme cantidad de eventos se habían presentado, y siempre, cuando creía que las cosas eran como todos los días, se confundía. Y cuando intentaba avanzar, siempre se estrellaba contra la misma pared. Tal y como Kyoya senpai le había dicho, muchos de ellos ya estaban planeando sus vidas, y si mal no recordaba, también le había dicho que algunos de los Host la tenían a ella en sus planes para el futuro. Aunque todavía no estaba lo suficientemente segura para apostar a ninguno, estos dos seguían siendo sus compañeros de clase y sus amigos. Eran un fastidio, pero eran sus amigos. Al igual que el resto. Haruhi sabía, por mucho que no quisiera decirlo en voz alta, que podría meter las manos al fuego por cualquiera de ellos. Tal vez dudaría por un momento con Kyoya, ¿quién no? Pero sabía que igualmente lo haría.

Si las cosas habían empezado a cambiar desde hacía ya mucho, desde que puso un pie en la primera sala de música (y ni siquiera, porque la habían confundido con un chico), entonces eso significaba que ella también acabaría por darse cuenta tarde o temprano. Sinceramente, no comprendía muchas cosas, aún no sabía interpretar los mensajes ocultos en las acciones y palabras de los chicos, y no sabía tampoco interpretar más allá de lo literal, cuando se trataba de los Host. Por eso, si ella iba a terminar cambiando también, si ella iba a madurar, a volverse adulta y a dejar atrás la dulce inocencia, si algún día tal vez lejano, tal vez cercano, llegaba a pasar, entonces quería aprovechar los momentos de ingenuidad que le quedaban. Nunca se sabe cuándo se empieza a perder.

Quería ser inmadura un rato más.

- Está bien. Lo haré.- Dijo por fin.-

Ellos dos, por su parte, se preguntaron si habían escuchado bien. Ambos abrieron desmesuradamente los ojos, como si no pudiesen creerlo.

- ¿Hablas en serio?-. Preguntó Kaoru.-

- ¿No es una broma?-. Siguió Hikaru.-

- No. ¿Para qué les mentiría?-.

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Ahora ya estaba bien entrada la noche. Y Haruhi no sabía todavía si reprocharse por haber aceptado, o seguir el plan original de tomarlo a la ligera. Total, ya no podía volver marcha atrás, pues estaba en el medio de la cama, con Hikaru a su izquierda y Kaoru a su derecha. Los tres, luego de charlar un rato en la oscuridad del cuarto, habían terminado con los ojos cerrados y los cerebros reposando. Se sintió indiscutiblemente natural. Como tres niños. Y era bien sabido que nadie les reprochaba nada a los niños pequeños. Les dejaban afrontar las amistades como quisieran. Tal vez esa sería la última vez que serían capaces de hacer algo parecido.

Sin embargo, Haruhi podía pensar por sí misma como quisiera, y obviamente, los gemelos pensarían de forma distinta. Cierto era que no tenían pensado hacerle nada a Haruhi, lo que querían era estar cerca de ella, abrazarla si era posible, respirar cerca de ella, como no volverían a hacerlo en ningún otro lugar. Pero no podía discutirse el factor de la atracción. En pequeños momentos, alguno de ellos se despertaba ligeramente, no del todo, y miraba fijamente a la muchacha en el medio, como si fuese una diosa dormitando.

Haruhi sintió una corriente de aire cerca de su cuello que la hizo despertar un poco en el letargo de la noche, y se dio cuenta de que era el aliento de Hikaru que chocaba contra ella, pues estaba cercano a su cuerpo. Fue entonces que pudo comprobar que Hikaru la abrazaba, pasando uno de sus brazos alrededor de su cintura, pegándola a él, mientras, del otro lado, era la respiración de Kaoru que le daba directo en la frente, pues él también se había acercado, y mientras dormía, la tomaba de las manos. Cuando intentó zafarse con delicadeza, los dos, en su respectiva posición, manifestaron su desacuerdo con un quejido infantil, y pegándose más a ella como si fuese un peluche.

En otra situación, no habría podido tolerarlo, pero tenía tanto sueño que volvió a cerrar los ojos, dejando que los gemelos siguieran aferrados a ella. Le alivió de sobremanera que cumplieran su palabra de no intentar nada fuera de lo normal.

Mientras soñaba, se dio cuenta. En su mente, había una persona que también estaba con ella. Y su corazón latía y latía, bombeando más sangre de lo normal, y mandando la mayoría a sus mejillas. Fue cuando supo que durante ese sueño, durante esa noche, esa última noche en la que pudo disfrutar de ser inocente, había crecido y ahora era mujer. Sin saber muy bien porqué, su cuerpo le hacía sentir pudor. Algo extraño que fue creciendo en su interior. Sentía que su pecho había crecido y que ahora podía sentirlo, adornando su cuerpo; sus caderas las sintió más delineadas y curvas y su cara le parecía tan femenina por lo estilizada y dulce, que no podía creer que hasta ese momento había conseguido que todo el Instituto de Ouran creyese la soberana mentira de que Fujioka Haruhi era una persona del sexo masculino. Se preguntó qué tan lejos llegaría aquél secreto, y llegó a la conclusión de que ahora no le importaba. Cuando tuviera que decir la verdad, la diría. No sabía.

Esa noche, soñó con la persona que amaba, la que le hizo crecer. Sabía perfectamente quién era, pero decidió hacerse la tonta por un momento, para poder disfrutar de la duda que siempre asaltaba sus corazones. Estaba tan clara que no podía soportar tener una base tan sólida. Ansiaba poder despertar para verlo, pero tampoco quería encontrarse cara a cara con él, por vergüenza. ¿Por qué había tenido que crear una barrera tan fuerte durante tantos años, si al final la perjudicada iba a ser ella? Ahora le costaba salir de su propio escudo. Se sentía tímida, tonta y fácilmente atacable. Pero en el fondo seguía siendo la misma, no había necesidad de modificar su actitud segura de sí misma porque estaba enamorada. ¿Qué mayor placer que el amor? No era algo que debiera dar vergüenza. Y aún así, había que admitir que si alguien escuchaba que Haruhi estaba enamorada, sería algo para que más de una quijada saliera disparada en caída libre. ¿Por qué tenía que ser tan difícil?

Todo eso pasó en un simple sueño, y no sabía cómo enfrentaría el mundo real.

De repente, sintió un miedo inexplicable. Su cuerpo se paralizó como si le hubieran inyectado un calmante y una droga petrificante al mismo tiempo. Luego supo a qué se debía. Estaba tronando afuera de su mente, en el exterior, en la realidad.

- ¡No!-. Gritó, despertándose.-

Unas lágrimas de impotencia, miedo y rabia le bajaron por el rostro. No supo cuándo había empezado a llover ni mucho menos a tronar, pero ahora ya no había cura para su temor. Empezó a sollozar, y sin darse cuenta, se abrazó a Hikaru, que también despertó de golpe a media noche.

- ¡¿Haruhi?! ¿Estás bien?-. Preguntó.- ¿Qué…?-.

Kaoru se despertó también y, casi por inercia, encendió la luz. Se alarmaron al escuchar a Haruhi llorando. Fue cuando se dieron cuenta de la razón. Kaoru cerró las cortinas de la ventana, pero eso no amortiguaba el ruido que hacía que ella temblara.

- Basta, por favor, basta.- Pedía ella entre lágrimas.- Quiero que se detengan.-

Hikaru, anonadado, atinó por abrazarla también, acariciándole los cabellos mientras intentaba calmarla.

- No estás sola, Haruhi, tranquila.- Dijo, abrazándola con fuerza.-

Eso la tranquilizó medianamente. Todavía había una que otra lágrima. Hikaru usó la sábana de la cama para cubrirle la cabeza, y mientras ella estaba entre sus brazos, colocó ambas manos en sus oídos, queriendo impedir el paso de los truenos a su cabeza.

- Ya…perdónanos por no habernos dado cuenta antes.- Susurró.-

- Creo que iré a traerle un poco de agua. Le diré a las criadas.- Dijo Kaoru, saliendo de la cama.- Tú quédate y cuídala, ¿de acuerdo?-.

Hikaru asintió, temiendo que si hablaba muy fuerte, Haruhi lloraría.

Kaoru salió del cuarto, y mientras cerraba la puerta, sentía que el corazón se le encogía sin remedio alguno. Evitó mirar hacia atrás y salió apresuradamente a la cocina.

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- Haruhi, ya está pasando la lluvia, ¿estás bien?-. Preguntó.-

Ella asintió con lentitud.

- Sí. Gracias, Hikaru…-. Respondió ella, con los ojos cerrados, contra el pecho de él.-

Hikaru no quería soltarla. Era la segunda vez que estaba en una situación como esa, en la cita que terminó en una capilla de iglesia. Y ahora, el corazón se le aceleró en cuanto comprendió que estaba junto a la persona que había decidido querer recientemente. Se reprochó por no haberse dado cuenta antes de lo que sentía. Pero cuando lo había aceptado, se había vuelto más claro que el agua. La quería, no quería alejarse de ella, quería que nunca se cansara de estar abrazada a él, como ahora.

Le tomó el rostro con ambas manos y la hizo mirarlo, con los rostros muy cercanos.

- ¿Te sientes mejor?-. Preguntó.-

- Un poco. Te lo agradezco…-. Dijo ella, avergonzada.- Y lo siento. No debí gritar de repente.-

- Tonta. No ha sido culpa tuya.-

Sin saber qué fuerza sobrenatural lo obligó a moverse, se acercó más a su rostro. Desde ahí, los labios de Haruhi parecían dos dulces rosados que ansiaba probar con urgencia, aunque fuera muy tarde para comer golosinas. Una parte de él le decía que no debía, no podía aprovecharse de que ella estuviera indefensa y fácilmente manipulable; pero otra parte, la enamorada y necia le dijo que no tendría una oportunidad así en mucho tiempo.

- Haruhi…sé que no entiendes bien lo que digo ahora, sigues confundida, pero lo voy a decir…te amo.-

Sin esperar a que ella siquiera intentara traducir lo que escuchaba, la besó. Sentía temor al rechazo, como cualquier otro, pero su naturaleza lo hizo besarla con autoridad, haciendo que sus labios transmitieran el mensaje por él, que no deseaba compartirla por nadie más, y que su espera no daba para más.

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-¡¿Cómo es posible que no encuentre a nadie en esta maldita casa?!-.

Kaoru estaba perdido completamente en la oscuridad de la mansión. No encontraba las luces y no podía ponerse a gritar por ayuda como un desquiciado. Ya debía faltar poco para que fuera amaneciendo, por lo que pensó que era mejor regresar, para que así llevasen a Haruhi a la cocina y le dieran algo para que se calmara.

Decidió poner su idea en práctica, y regresó. Le sorprendió encontrar rápidamente su habitación nuevamente, como si sus pies lo hubieran guiado por sí mismos. Pero, al abrir la puerta, se vio incapaz de gesticular ni de nada más.

- Hikaru…-. Fue lo único que alcanzó a decir.-

Su voz no la había escuchado ni él. La garganta no le dio para otra cosa. La estaba besando, ¡Hikaru la estaba besando! Se vio tentado a hacer tantas cosas, cosas que no pudo hacer por su incapacidad de movimiento. Hikaru fue el que se dio cuenta de que estaba allí, parado en el umbral de la puerta, observando con un rostro inexpresivo que, a la vez, decía demasiado.

- Kaoru, ¿cuándo…?-.

Se separó un poco de Haruhi y se avergonzó. Era frente a su hermano que toda la seguridad y necedad se iban por el caño. Estuvo a punto de dar una explicación innecesaria, cuando Kaoru se alejó corriendo.

- ¡Kaoru!-. Gritó.- ¡Espera!-.

Recostó a Haruhi de nuevo en la cama, se había vuelto a quedar dormida, así que mañana no recordaría nada de lo que había pasado. Mientras, Hikaru fue tras su hermano. Por lo que ninguno de los dos pudo escuchar cuando ella articulaba las palabras que la atarían a sí misma a un destino, ninguno la oyó cuando se confesó, estando soñando.

- Senpai…-. Dijo entre sueños.-

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- ¡Kaoru! ¡Espera, por favor, Kaoru! ¡No huyas!-. Gritó mientras lo perseguía escaleras abajo.-

- ¡No me sigas!-. Le respondió.-

Hikaru le rozó el brazo a su gemelo, obligándolo a que se detuviera, ambos se cayeron al piso, lastimándose sus espaldas.

- ¡¿Qué diablos te pasa?! ¡¿Por qué has salido corriendo?!-. Gritó Hikaru.-

Sabía tan bien como Kaoru que esa pregunta estaba sobrando. Sabía porqué había corrido lejos de él, sabía porqué estaba molesto, sabía porqué estaba rabioso por dentro, pero no acababa de culparse porque fuera por su causa.

- Los he visto.- Dijo Kaoru, desde el piso.-

- Sí, la he besado. ¡Tú ya lo sabías! ¡Fuiste el primero en darte cuenta de lo que yo sentía!-.

- ¡¿Y cómo quieres que reaccione?! ¿Habrías preferido que me quedara viendo y que luego pasara a felicitarlos, acaso?-.

- ¡Kaoru!-. Pronunció su nombre para detenerlo.-

Hikaru obligó a Kaoru a quedarse en el suelo, mientras Kaoru hacía lo mismo. Ninguno podía levantarse de sus adoloridas posiciones.

- ¡No es culpa mía!-. Gritó Hikaru.-

- ¡Pero tú también sabes que yo la amo!-.

- Kaoru…-.

- Nunca lo dije, pero sé que tú también lo sabías. Sólo que no querías que yo lo admitiera. Prefieres pensar que eres el único que la quiere. ¡Pero te tengo noticias, Hikaru! ¡A ninguno nos correspondería!-.

Hikaru ocultó la mirada.

- Ya lo sé. El beso se lo he dado yo, ella ni siquiera lo ha de recordar mañana.-

Kaoru derramó una lágrima de rabia.

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Estando sobre la cama, Haruhi fue abriendo los ojos un poco, porque algo la obligaba a hacerlo. Sentía que había algo que tenía que saber. Supo que estaba sola en el cuarto, la tormenta ya había pasado y estaba mejor. Lo que no sabía era porqué se sentía tan cálida, sin frío alguno. Fue entonces cuando lo vio. El televisor del cuarto, con unos cables conectados a él.

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Se habían soltado ya. Y ahora permanecían sentados en el suelo, uno contra la espalda del otro, sin dignarse a mirarse.

- Lo siento.- Dijo Kaoru.- No debo ponerme celoso por lo que tú hagas y yo no me atreva.-

- No quiero pelear contigo, y lo sabes.- Dijo Hikaru en tono golpeado.- ¿Qué podemos hacer, Kaoru? Si ella ni siquiera sabe porqué estamos así. Nos estamos ahogando nosotros mismos en un mar que no existe.-

- La sigo amando.-

- ¿Qué?-.

- No me importa si Haruhi se queda contigo, con Tono, con Kyoya senpai, con quien sea…eso no hará que la ame menos. Hace tiempo que me preparo mentalmente para eso. Pero cuando llega el momento de enfrentarlo, duele más de lo que uno cree.-

- Yo también quiero afrontar las cosas como salgan, pero estoy dispuesto a pelear. Aunque ya no sé contra quién.-

- Menos de uno no es.- Dijo Kaoru.- Tienes unos cuantos contrincantes.-

El ambiente fue calmándose lentamente. Hikaru tomó la mano de Kaoru y la apretó fuertemente, transmitiendo seguridad.

- No me gusta gritarte. No es por nada, pero eres muy cruel, Kaoru. No insultas muy a menudo a las personas, pero cuando quieres herirlas, sabes hacerlo de una manera muy cortante.-

Kaoru rió irónicamente.

- Esa es la rabia reprimida. Tú no tienes ese problema.-

- Ninguno es el indicado para ella, ¿verdad?-.

- Ya lo sé.-

De repente, oyeron una voz que les heló los cuerpos.

- ¿Qué es esto, Hikaru, Kaoru?-. Preguntó Haruhi, con voz neutral.-

Ellos se congelaron al observar cómo Haruhi señalaba el dispositivo de la cámara oculta en su accesorio con forma de mariposa. Los miró seriamente, totalmente recuperada de su miedo.

- ¿Es lo que creo que es?-. Preguntó.-

No supieron responderle.

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Al día siguiente, Haruhi no mencionó nada al respecto, pero actuó muy fría con los gemelos. Les agradeció la estadía y en la mañana se fue a su casa. Los dejó preocupados por lo que podría pasar después.

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Ya en casa, Haruhi se reencontró con su padre, quien la recibió con un ruidoso combo de abrazos impactantes que te rompen los pulmones. Pero estaba tan feliz de verlo que no le importó.

- Haruhi, llegas justo a tiempo. Acaba de llamar Kyoya kun, todavía está al teléfono.- Le dijo su padre.-

- ¿Kyoya senpai?-. Preguntó ella, sorprendida.-

Cogió el auricular y se lo colocó en la oreja.

- ¿Senpai? Qué raro que llamas.- Dijo-.

- Hola, Haruhi. Ranka san me ha contado que las visitas finalizaban hoy.- Dijo él con una voz oculta cuyo mensaje Haruhi no pudo descifrar.-

- Así es.- Respondió ella.-

- ¿Cómo fueron las cosas?-.

- Normal.- Mintió ella.- ¿Llamaste sólo para eso, senpai?-.

Lo escuchó reír ligeramente al otro lado.

- ¿Todavía te sientes nerviosa cuando me hablas porque me confesé hace unos días?-.

- Cuando sepas cómo contrarrestar ese efecto, dímelo.-

- He hablado con Honey senpai y Mori senpai también.-

- ¿Eh? ¿Sobre qué?-.

- Aparentemente, me debes un deseo.-

Ella se mordió el labio inferior, resignada.

- Sí, aparentemente.-

- Se me ocurrió que podía pedírtelo ahora y así me ahorraba las molestias de esperar hasta mañana.-

¿Qué molestias hay en esperar un día? Pensó ella.

- No pienso obligarte a nada, Haruhi. Eres una buena Host Natural y espero que eso continúe, todo lo que pasó esta semana era necesario para todos. Nos ha ayudado mucho, pero nadie quiere que tú salgas traumada por esto. Mi deseo para ti es que te recuperes pronto y que vuelvas a ser la despreocupada plebeya.-

¡Ricos bastardos!

Pero, al escuchar aquello, Haruhi sintió un peso que se le iba de encima. Una inexplicable felicidad la invadió de pies a cabeza, y sonrió, aún sabiendo que su senpai no la vería.

- Muchas gracias, Kyoya senpai.- Dijo.-

- Hoy seguramente tendrás visitas, así que te dejo para que no te demores en abrir.- Dijo él.-

- ¿De qué hablas?-.

En ese momento, sonó el timbre. Kyoya había colgado, así que Haruhi fue a abrir. Su corazón latió, latió, latió como nunca, sólo como en su sueño de anoche.

- Tamaki senpai.- Dijo en un susurro audible.-

Al rubio se le iluminó la cara al verla, y le sonrió sinceramente, con felicidad adornándolo.

- Buenos días, Haruhi.-

Haruhi se impactó cuando no vio ninguna participación de su padre. Para su sorpresa, fue tranquilamente hasta su cuarto. Habría podido jurar que sonreía.

Y, en la calle, notó que una limosina se alejaba. Y supo que no estaba equivocada cuando vio que el pasajero de atrás era nada más y nada menos que Kyoya.

Tamaki no pidió permiso para nada, pero le dio un beso fugaz en la frente, dejándola anonadada.

- No pienso ocultarlo más, pero si quieres golpearme o regañarme, estás en todo tu derecho. No dudaré. Te amo, Haruhi.- Dijo, abrazándola.- Si no me correspondes, esperaré a que algún día me permitas tocar tus labios.-

Ella no habló, pero su rostro se fragilizó de tal manera que era una chica, y nadie podía confundirla, a pesar del cabello corto y del cuerpo pequeño, con otra cosa. Era una chica, y jamás se le había hecho tan notorio ni a ella misma.

Le correspondió el abrazo a Tamaki, porque no quiso hablar. Sólo abrazó.

-

En el Instituto, el salón de la clase 1-A estaba silencioso. Tal vez porque los hermanos Hitachiin no habían pronunciado palabra alguna desde que habían llegado, preocupando a todos sus compañeros.

Escucharon los ligeros pasos de ella cuando entró, y fue como si unas antenas por satélite los controlaran. Se pararon y fueron hacia ella, veloces como un rayo.

- ¡Haruhi! ¡Lo sentimos, lo sentimos mucho!-. Gritó Kaoru.-

- ¡No queríamos que te enojaras! ¡Fue culpa nuestra! ¡Perdónanos!-. Gritó Hikaru.-

Siguieron con cosas similares largo rato, pero ella los interrumpió. Sin aviso, les pegó dos potentes golpes a cada uno en la cabeza, haciéndolos quejarse sonoramente.

- Escuchen, ya está. Cualquiera se enojaría si espiaran su intimidad, pero ya se han disculpado bastante. No quiero estar peleada con ustedes, ¿bien?-. Dijo con carácter.-

- Haruhi…-.

- ¿Entonces no te molesta?-.

- Ya no. Porque hoy estoy de mejor humor que ayer.-

Ambos pudieron verlo, y una combinación de tristeza y felicidad les invadió.

Tenía los ojos de una persona enamorada.

Se dirigieron a sus puestos, como todos los días, Hikaru y Kaoru habían pasado mucho tiempo, demasiado, meditando todo lo que había pasado. Estaban enamorados, y no lo ocultaban, pero si no eran el amor de esa persona, aguantarían por verla feliz.

- Y… ¿cómo está Tono?-. Preguntó Hikaru.-

Haruhi se estremeció.

- ¿Nani?-.

- Kyoya senpai nos ha llamado.- Dijo Kaoru.-

¡Debí imaginarlo!

Ambos pasaron un brazo a su alrededor.

- Toda la vida…-. Empezó Hikaru.-

- …vamos a velar por ti.- Terminó Kaoru.-

- Porque te queremos demasiado como para olvidarte así de golpe.- Le dijeron al oído.-

Ella no entendió.

- ¿Eh?-.

- Olvídalo.- Dijo Kaoru.-

- Nos contarás lo que pasó en el club.- Dijo Hikaru.-

¿Debería decirles que ya me han dado un beso real? Pensó ella. Mejo omito eso.

Había pasado un día entero con Tamaki senpai, a quien amaba, y ya no lo ocultaría. Pero mientras fuera miembro del Host club, había que mantener al límite ciertas cosas. Iría a la tercera sala de música con la frente en alto, y allí, dedicaría miles de: Irasshiamasen. Pero muchos de esos irían dedicados no sólo a las clientas, sino a sus amigos del club.

- Hikaru, Kaoru…-. Los llamó.-

- Dinos.- Dijeron ellos.-

- ¿Qué dirían si les digo que estoy enamorada?-. Preguntó.-

Ambos sonrieron con sinceridad, dispuestos a superar más de una decepción. Ella lo valía.

- Depende, si es un buen tipo, ¡te deseamos suerte!, si es una basura, ¡se las verá con nosotros!-.

Y ese día, en la tercera sala de música del Instituto de Ouran, dos personas enamoradas se volvieron a ver. Pero ninguno lo diría, tal vez cuando estuvieran solos, pero nunca en frente de la familia. Preferían esperar a que sonara la campana, anunciándoles que ya eran libres de amar, que ya no había necesidad de mentir.

Fin