DECADENCIA

2. El plan infalible

Harry se enteró por medio de Nick Casi Decapitado que varios fantasmas se habían ido del Castillo. Pero esos no eran los únicos cambios. La mesa de los profesores se hallaba muy diferente: la silla alta al centro se encontraba vacía, Hagrid miraba con nostalgia aquel lugar. Un nuevo profesor, alto, fornido y de cabello muy blanco se retorcía las delgadas manos que parecían garras. Lanzó una mirada de halcón a los estudiantes y Harry creyó ver, por un momento, tornarse amarillas sus pupilas. Hermione y Ron se sentaron al lado de Harry y éste y la muchacha trataron de disimular la pelea que habían tenido horas atrás. Ron no prestaba atención a nada que no fueran los platos vacíos.

-Ese debe ser el nuevo profesor de Defensa-le comentó Ron a Harry y Hermione en voz baja, señalando al hombre de mirada de halcón.

-O el nuevo de Transformaciones-sugirió la chica-¡miren! McGonagall ocupará el puesto de Dumbledore.

-Ya lo sabíamos, Hermione-dijo Harry.

-Sí, pero solo nosotros…hay que esperar la reacción de los demás-dijo la castaña en voz baja.

La profesora pidió silencio, indicó que el Sombrero no cantaría aquel año y se apresuró a pedirle a Slughorn (que había llegado tarde y apenas iba a sentarse) que nombrara a los chicos y les colocara el sombrero para la selección. El profesor de Pociones asintió contento y fue llamando a los chicos de primer año, pero aquello retrasó el banquete pues cada vez que mencionaba a un chico, tardaba de dos a diez minutos preguntándoles sobre su familia o los recuerdos que se le venían a la mente al leer los apellidos. Al finalizar, la profesora McGonagall hizo desaparecer el pergamino con un dejo de impaciencia, pidió silencio y después de aclararse la garganta y dar un profundo suspiro se dirigió a los estudiantes y maestros.

-Como todos saben, el año pasado tuvimos una gran pérdida. El profesor Albus Dumbledore falleció, dejándonos a todos llenos de tristeza y abatimiento. Sin embargo, uno de sus mayores deseos fue que se reabriera el Colegio y todo continuase igual. Sabemos perfectamente que nada volverá a ser lo mismo sin su presencia pero trataremos de cumplir lo que él habría querido. He sido nombrada directora sustituta y espero ejercer el cargo tan bien como lo hacía el profesor Dumbledore; que Hogwarts siga conservando el prestigio y que todos los estudiantes sigan aprendiendo tan bien como hasta ahora- varios alumnos se miraron entre si-, este curso, tendremos el placer de recibir a dos nuevos profesores. El catedrático Edgard Eagle, que me suplantará en Transformaciones.

El individuo con la mirada de halcón se paró un segundo de su asiento y en un abrir y cerrar de ojos se transformó en un grande y elegante halcón. Sobrevoló el Gran Comedor y regresó a su asiento. Algunos aplaudieron, otros se miraron intercambiando sonrisas, los profesores parecían contrariados y apenados.

-¡Qué presumido!-exclamó Ron por lo bajo.

-De acuerdo contigo-comentó Hermione, que sin embargo aplaudía la reciente transformación-, nunca podrá llegar al nivel de la profesora McGonagall.

-¡Hermione!-exclamó Harry incrédulo-, tú¿juzgando a un profesor sin apenas conocerlo?

-¡Oh cállate…!-susurró la chica mientras la profesora volvía a hablar.

-Otro presumido.-comentó Ron cuando la nueva directora anunció que el profesor Slughorn se quedaría dando Pociones.

-El nuevo encargado de impartirles Defensa es el profesor Ernest Eyre-anunció McGonagall.

Un individuo de mediana estatura, cabello oscuro, profundos ojos grises, complexión robusta, piel bronceada y sonrisa nerviosa salió del salón que estaba detrás de la mesa de los profesores y dirigió una fugaz mirada a los estudiantes para después tomar asiento junto a sus colegas. Debía tener más de cuarenta pero menos de sesenta años. Parecía intimidado, y con razón, todos en el Gran Comedor lo miraban fijamente, cómo preguntándose con que tragedia sería despedido ese año.


De repente, en Pequeño Hangleton nadie recordaba a los Riddle. No más historias a su costa, suposiciones o material para espantar a los más pequeños. La mansión y los que la habían habitado había sido borrada de la memoria colectiva. Nadie sospechaba que dentro de ella se maquinaban planes maquiavélicos de masiva destrucción. Obra de Lord Voldemort, por supuesto. Había desmemoriado a todos los habitantes del pueblo para que ninguno de ellos recordase la gran mansión ni los tétricos sucesos que tuvieron lugar en ella. Asimismo, había marcado aquella casa – llamada ahora Cuartel- para que no apareciese nunca en los mapas; y al igual que en los Mundiales de Quidditch, los muggles y magos no autorizados recordaban algún pendiente cuando estaban demasiado cerca de ella. Para ingresar se debía ir disfrazado de mortífago, los cuales habían adoptado el hechizo que les permitía ser como camaleones y convertirse en parte del paisaje.

-¡Seguro el maldito viejo ha advertido a su protegido antes de morir!-exclamó Vodemort, sentado en su silla alta mientras escuchaba el reporte de Snape.

-Quizá, mi Lord, pero yo tengo el pensadero y créame que no dejaré que caiga en manos de Potter…-ronroneó Snape.

-¿Pensadero…?

-Sí, es una vasija donde puede…

-¡Ya sé lo que es un pensadero! No sabía que Dumbledore poseía uno.

-Así es, en él tiene variadas memorias que ayudarían de sobremanera a Potter y nos perjudicarían; teniéndolo en nuestro poder será todo lo contrario.

Voldemort asintió lentamente y ordenó a Snape salir. La gigantesca habitación de Voldemort queda en penumbra, con débiles fuegos de antorchas. El crepitar de la chimenea era ampliado gracias a la falta de muebles: solo una silla alta, donde Voldemort se sentaba a escuchar a sus secuaces y desde donde torturaba a sus prisioneros.

La vasija de los recuerdos le había dado una brillante idea. Un plan que no podía fallarle; su obra maestra después de los Horcruxes. Sin querer, su rostro quedó desencajado a causa de una maquiavélica sonrisa.


He estado hablándoles de varios personajes y hasta ahora he decidido revelar mi identidad. Me llamo, como tal vez ya averiguaron, Einsenheim Sorel. He vivido y visto mucho, más que cualquier otro hombre, más de hecho que todos los hombres que poblan la tierra.

Mi fecha de nacimiento puede ubicarse en el siglo XVIII, en Francia, hijo de una cortesana casada con un duque. Provengo de la nobleza, así es. Siempre he sido muy curioso y gracias a eso aprendí mucho; pero también he sufrido. A los dieciocho conocí a Sophie: la más bella mujer que he visto en mi larga eternidad. No me pondré a describirla ahora porque me alargaría demasiado, yo tengo tiempo pero ustedes no. Más adelante se las presentaré, no os preocupéis. La he mencionado porque a ella le debo lo que a veces odio y otras amo: mi eternidad. Sophie era una vampiresa. Como todos los hombres, me enamoré perdidamente de ella y estaba dispuesto a hacer lo que fuese para que me amara. Prometió darme un poco de su amor si la dejaba seducirme. Obviamente no lo pensé dos veces, sin percatarme que su concepto de seducción estaba un poco alejado del mío. Tenía escasos dieciocho años y mi mayor ambición era convertirme en trotamundos, al llegar esa aparición mi única meta era la de estar junto a ella, hechizado bajo su influjo.

Recuerdo esa noche: una oscura estancia, su recámara, velas de luz mortecina y ella, hermosa, llamándome junto a ella. Comencé a besarla, recorriendo su cuerpo sin dejar de pensar en la suerte que tenía; la suerte de tener a la mujer más bella del mundo. De repente se invirtieron los papeles, ahora me besaba ella a mí. No opuse resistencia hasta que sentí hincarse sus dientes en la delicada piel de mi cuello. Quise apartarle pero ella estaba aferrada, me estaba debilitando, desangrando. Sentía mi propia sangre sobre el cuerpo, tan caliente como mis miembros al tenerla encima de mí.

-Bebe-me dijo cortándose una vena y poniendo en mi boca la sangre que manaba de ella-, bebe para que vivas junto a mí.

Sin saber bien a bien lo que hacía la obedecí y aquellas gotas de su sangre me supieron a vida. Desmayé y cuando desperté seguía siendo de noche. Ella me advirtió que debíamos huir porque ya no éramos seres humanos normales. No me atreví a contradecirla y sin dejar una sola nota a mis padres la seguí. En el camino la amaba, a pesar que me reveló que ahora estaba condenado. Como ella.


McGonagall dio los avisos de todos los años, pero sin el dejo de humor en ellos. Al finalizar su discurso, Harry notó que muy pocos comían con el apetito y el entusiasmo de años atrás. Él los entendía…Dumbledore era alguien vital para ese Colegio y para sus alumnos, maestros y fantasmas.

Al día siguiente al ver su nuevo horario, Harry se dio cuenta que la primera clase era Defensa. Debido a que Ron tomaría los mismos ÉXTASIS que él, se dirigieron solos a la clase pues no sabían cuales carreras había escogido Hermione. Su sorpresa fue doblemente mayor al ver que la chica se hallaba sentada en una de las bancas de adelante.

-¿Qué ÉXTASIS has tomado?- le preguntó Ron.

-Defensa, Pociones, Encantamientos, Transformaciones, Historia de la Magia, Runas Antiguas, Astronomía, Criaturas Mágicas-respondió ella con voz despreocupada.

-¿Todos?-exclamó Harry-, Hermione¿recuerdas tercer curso¿Te han dado otro giratiempo?

-No son todos-corrigió ella-, no tomé Adivinación-, esque esas son las materias necesarias para…para ser profesora.

-Vaya… ¿lo decidiste anoche o esque apenas nos lo quieres decir?-dijo Ron, enojado, él había expresado su deseo de ser auror desde el verano, igual que Harry.

-Apenas se los digo-respondió.

Ron iba a decir algo pero en ese momento llegó el nuevo profesor, depositó su maletín en el escritorio y se dirigió a los estudiantes.

-Perdonen el retraso-dijo-. Soy un ex auror, retirado por razones personales. Son el primer grupo que tengo a mi cargo, espero cumplir con mi deber de profesor. Doy gracias a Merlín que esta clase consiste en mucha práctica pues nunca fui bueno memorizando- rió y solamente algunos estudiantes compartieron su chiste-, bueno…comencemos. Como introducción¿alguien puede decirme qué son las Artes Oscuras?

Hermione, por supuesto, levantó la mano.

-Una clase de magia que se utiliza incorrectamente, para beneficio propio y detrimento de los demás. También conocidas como magia negra-recitó la muchacha.

La primera semana terminó y todos los estudiantes trataron de relajarse aquel fin de semana. Los nuevos profesores eran muy diferentes entre si.

En Transformaciones las cosas eran muy diferentes. Edgard Eagle era un as de la transformación pero a cada momento parecía ser más animal que mago. Miraba nostálgicamente la ventana, como queriendo escapar de aquella aula. Recitaba sus lecciones y rara vez tenían práctica. Hermione aprovechaba cada momento para demostrar que sabía más que el catedrático, cosa que no inmutaba a éste último, teniendo tal grado de cinismo que a veces dejaba que Hermione diese la clase.

El nuevo profesor de Defensa recordaba un poco a Quirrel ya que era tembloroso y titubeaba al hablar de vampiros, hombres lobo e inferis. Murmuraban que había sufrido un gran trauma en una batalla y que el Ministerio lo había mandado. Todos esperaban que en cualquier momento se destapase y fuese como Umbridge, pero los días pasaron y no pasó de ser un mediocre profesor, que si bien se veía que sabía bastante de Defensa no tenía idea de cómo transmitirlo.

-Harry como profesor de Defensa, Hermione de Transformaciones, Neville de Herbologia y yo como entrenador de Quidditch-comentaba Ron saliendo de una clase de Transformaciones a finales de septiembre-, ya tenemos asegurado nuestro futuro.

-Creí que tu gran sueño era ser Auror-replicó Harry-, como yo. No me imagines de profesor. Una vez que salga del Colegio no quiero volver más.

Cada mañana, el Profeta era puntualmente entregado a los estudiantes suscritos, incluidos Harry y Hermione. Ambos buscaban con frenesí la noticia o el reporte de alguna batalla, algún indicio de que Voldemort estaba trabajando en ello. Pero nada. Y Harry se desesperaba¡necesitaba salir del Colegio y buscar a los Horcruxes! Cada noche se atormentaba pensando en ello y al otro día no pensaba en otra cosa. Necesitaba a Dumbledore. Le dolía admitirlo pero sin su ayuda todo parecía imposible.


-¿Y no mandará a su queridísimo amigo Severus en esta misión?

Voldemort dirigió una mirada envenenada al que había formulado la pregunta. Su nombre era Byron Heathcliff, uno de los mortífagos recién unidos a la causa. Yo lo conocía de vista y de oídos; nadie ignoraba las fechorías que había cometido a lo largo de su vida. En ese entonces no imaginé que pronto tendría un acercamiento excesivo con ese personaje. Otro de los acercamientos que intento olvidar.

-Severus también tendrá su parte en esta misión. Tengo mis razones y no es algo que te interese-respondió el Señor Tenebroso con acritud.

Para ese entonces yo estaba atado al lado oscuro. Me habían prometido una cura para mi mal si les servía de espía, ya que estaba dentro de Hogwarts. Cierto es que mi colaboración no sirvió de mucho y la dichosa cura jamás me fue otorgada. Lo único que aprecio de haber pertenecido al lado oscuro es la cantidad de anécdotas que acumulé y que ahora cuento a ustedes con toda libertad y en detrimento de nadie. Si esto llega a suceder, créanme que no fue mi intención.

Byron era descarado y el único que se atrevía a replicar al Señor Oscuro, daba la impresión de ser absolutamente necesario pero en realidad no hacía nada. Todo lo que sabía sobre él eran sus miles de viles hazañas. Me hubiese gustado quedarme con esa impresión; no haber comprobado nada. Sin embargo, por más dolorosos que sean los recuerdos relacionados con este personaje me veo en la obligación de contarles, pero eso será más adelante. Conocerán a Byron y no me queda más que decir que pueden dejar de leer en este mismo momento; quizá deseen nunca haberlo conocido.

-Te aprovechas de tus talentos, querido amigo- dijo Voldemort en un susurro, sorprendiendo a todos pues nunca llamaba "amigo" a nadie-, los tienes, claro, los tienes. Y eres necesario para esta misión. Tú y Einsenheim.

Al escuchar mi nombre levanté la mirada extrañado. Byron me miró con desprecio, como si yo fuese una lapa, y luego sonrío.

-Escuchamos…mi lord-dijo sin siquiera mirarme.


Desde que Hermione había planteado la idea de que Dumbledore podía estar vivo, Harry no paraba de hacerse ilusiones. Cada día despertaba de un sueño donde el director volvía y lo ayudaba en su misión. Pasaba todo el día pensando en lo que debería hacer: irse del Colegio, buscar a Voldemort por si mismo; dejar todo atrás para seguir su misión. Pero no podía.

Por si esto fuera poco, la presencia de Ginny lo atormentaba. La voz de la muchacha era inconfundible en la multitud, y los ojos de Harry parecían hechizados para captar su silueta a todas horas y unas irresistibles ganas de hablarle lo carcomían cada vez que recordaba que era imposible. No iba a permitirse hacer más daño, mucho menos a Ginny. Era su tragedia: destruir inconscientemente todo lo que amaba. .

Los días en el Colegio pasaban rápidamente, sin nada digno de mencionar salvo la desesperación que sufrían estudiantes y docentes; todo estaba demasiado tranquilo. Y todos saben que no hay felicidad completa. Con temor a todo lo que podía suceder, pues es mejor enfrentar un problema que esperarlo, llegó el mes de Halloween, el castillo se engalanó con los adornos usuales: calabazas flotantes cuyo interior contenía velas, murciélagos revoloteando por todo el Colegio, exceso de calabaza en los alimentos. Pero Harry no se percataba de nada de esto.

Ron y Hermione intentaban ayudarlo, el primero volcándolo hacia los entrenamientos de Quidditch, la otra dándole libros y horarios que lo prepararan para ser auror. A diario el muchacho trataba de agradecer las atenciones de sus amigos pero era en vano; perdido en su mundo como estaba no se daba cuenta que se alejaba poco a poco de todo y de todos.

Una vez había pedido audiencia con la profesora McGonagall con la única finalidad de ver los cuadros de los directores, entre los cuales se hallaba Dumbledore, sí, pero profundamente dormido y sin ánimos de despertar. La profesora McGonagall le ofreció su ayuda para apoyo moral pero Harry la rechazó; McGonagall era inteligente pero jamás podría igualarse a Dumbledore.

¿Por qué Dumbledore se había ido¿Dónde estaba Snape¿Cómo continuar la misión¿Regresaría Dumbledore para revelarle que se había tratado de un plan secreto con el único fin de derrotar a Voldemort? Preguntas incontestables lo atormentaban casi tanto como aquellos sueños donde él moría y por primera vez se sentía lleno de paz.


-¡Pero si fue él!-exclamó Hermione con la varita en alto y la cara irritada-¡fue este chico quien me metió el pie! Yo no hice nada, profesor.

-Lo siento señorita Granger, he visto claramente que usted intentó hechizar a Einsenheim-replicó el profesor Eagle. – Tendré que suspenderle la orden para Hogsmeade.

Ahí estaba yo, actuando bajo las órdenes de Lord Voldemort. Me había encomendado evitar que Granger y Weasley –mejor conocidos como los amigos de Potter- acompañaran a Potter en la visita a Hogsmeade de Halloween. Había sido muy fácil: algo de poción adormecedora en su bebida y listo. Hermione había sido la difícil pues nunca se descuidaba. Tuve que dejar atrás la discreción y descaradamente le metí el pie, no sin antes asegurarme que el profesor veía justamente cuando ella se levantaba y me apuntaba con la varita con agresividad. Definitivamente no había tenido un buen día.

-Me las vas a pagar-fue lo único que me dijo tras perderse en la bifurcación de un pasillo que llevaba a su sala común. Fue cierto, cuando nos reencontramos me propinó una sonora bofetada.

Ahora sólo debía asegurarme que Potter iba a Hogsmeade y que estaría en Cabeza de Puerco. Me aseguré de que nadie lo iba a acompañar y concentré toda mi energía en esperar a que Potter saliera de la Sala Común¿y si había decidido no ir ahora que nadie lo iba a acompañar? Me llené de angustia ¡era la primera misión "peligrosa" que me encomendaban en el lado oscuro y no podía, no debía fallar! Cuando me iba a dar una crisis nerviosa la puerta del retrato se abrió y recuperé la compostura. Me acomodé el uniforme e hice como que pasaba por ahí de casualidad.

-¡Harry!-lo llamé mientras salía de su sala común-, mi nombre es Einsenheim Sorel, soy alumno nuevo, de Slytherin. No he hecho muchos amigos y el grupo con el que me junto está castigado. Es la primera vez que voy a Hogsmeade y he notado que tú también vas solo, es decir¿vas a ir?- Harry me dirigió una mirada inquisitiva¿un Slytherin pidiéndole ayuda? Le dirigí mi sonrisa más inocente- Sé que los Gryffindors y los Slytherins no nos llevamos bien pero soy nuevo; no me juzgues por la tradición que no he seguido.

-Claro. Mucho gusto, Einsenheim. Podemos ir juntos si te parece-respondió tras sonreírme sinceramente.

Me sentí un poco mal por el engaño pero a la vez sorprendido por la bondad de la casa; no cabía duda, Potter era todo un Gryffindor.


Sophie me abandonó después de cinco años de estar juntos. Me dolió porque la amaba demasiado pero comprendía que una mujer como ella no podía limitar su amor a un solo hombre. Siendo eterna no podía compartir esa eternidad conmigo. Nos separamos sin mucha ceremonia y me dediqué a cuidar parte del dinero que había guardado para mi vida con Sophie. Me quedaba bastante pues la palabra iseparación/i no cabía en mi vocabulario cuando imaginé la eternidad con Sophie. Así que me vi con el doble de dinero que necesitaba pero no por ello lo despilfarré, al contrario, sabía que la riqueza no era eterna. Aun así seguí recorriendo el orbe, aprendiendo idiomas sin el irritante obstáculo del tiempo.

Estaba algo aburrido después de años de vagar por el mundo. Antes no me había percatado de ello porque cada día con Sophie era una constante aventura. Ahora las tenía que buscar por mí mismo. No tuve que buscar mucho pues los tiempos cambiaron, asustándome un poco, quizá, pero me adapté a ellos, esa fue mi gran aventura. Mi aspecto no había cambiado en lo absoluto, incluso después de siglos. El cabello largo y oscuro no me crece y me he aburrido del corte antiguo y arreglado, un poco en desacorde con esta época. Mis ojos azules han perdido un poco de la luz que me provocaba el gusto de aprender pues después de saber que soy y seré eterno por siempre la necesidad y prisa por aprender han desaparecido. Sin límites la vida es aburrida. Pero pronto me di cuenta que a medida que pasaba el tiempo había más cosas que aprender.

Pedí cupo en un Colegio: Hogwarts. Inventé algunas referencias y fui aceptado de inmediato. Me pusieron un sombrero en la cabeza y me mandaron a Slytherin. Gracias a mi estancia en el Colegio conocí a varias personas: Ginny, Luna, Hermione, Harry… poco después me reencontré con ellas y comprobé que para las personas mortales el tiempo sí cambia.

Sin afán de presunción debo decir que a pesar de no ser un mago me gradué con buenas notas de ese Colegio de Magia. Al solicitar ingreso a él fue por pura obsesión: Sophie había estudiado ahí quinientos años atrás y hablaba maravillas de él. Lo único que no me dijo fue que era de Magia. Quizá mis poderes de vampiros me otorguen cierta magia, el caso es que ingresé en ella y no tuve problemas a pesar de mi nulo conocimiento en lo que a encantamientos se refiere.

Me afilié, asimismo, a una organización cuyos miembros se hacían llamar "Mortífagos". También por mediación de Sophie: ellos tenían la cura, según me dijo, para el mal que aquejaba a los eternos. Cansado de la perspectiva aburrida de vivir por siempre fui en busca de esa cura o sortilegio que me devolviese la inmortalidad. Me dijeron que me otorgarían la famosa cura si los ayudaba en algunas cosas. Y lo hice.


El Ministerio tuvo un sigiloso asalto a mediados de octubre. Una decena de mortífagos había irrumpido en el Departamento de Información Mágica Ciudadana. En ese sector se guardaban los datos concernientes a cada mago, squib y criatura mágica existente.

Sospechosamente nadie se dio cuenta de la irrupción aquella noche, hasta que al otro día encontraron a los guardias tirados en el piso presos de un ataque de i Acariosis /i, una enfermedad mágica que causaba una comezón insoportable en el cuerpo al grado tal que los infectados no podían moverse.

Después que hubieron llevado a los contagiados a San Mungo, registraron todo el Ministerio para ver las consecuencias y conseguir pruebas del asalto. Sólo la encontraron en tres gavetas volcadas y vacías que otrora habían contenido toda la información sobre Harry Potter.

Para no provocar una histeria colectiva o falsas especulaciones, el ministro de magia Rufus Scrimgeour, sólo reveló el incidente a los inefables, ordenándoles severa discreción so pena de despido. Así pues, no avisó del incidente a la Orden e intentó olvidarse del asunto. Esto fue un severo error. Tal vez si hubiera dado cuenta de esa sospechosa acción se hubieran evitado muchos males.

-¡¿CÓMO QUE DEJARON QUE POTTER FUESE SOLO A HOGSMEADE, SEÑORITA GRANGER?!-gritaba la profesora McGonagall en medio del pasillo que llevaba al Gran Comedor.

Había encontrado a Hermione en la biblioteca, junto a un Ron adormilado. Al preguntar por Potter y recibir la vaga respuesta "Está en Hogsmeade" no se alteró tanto como cuando la cuestión "¿Con quién?" fue resuelta con un isolo/i.

-Es que me castigaron, profesora-confesó Hermione en voz baja-, y Ron amaneció con un exceso de sueño.

-¿Por qué la castigaron?-preguntó McGonagall incrédula.

-Intenté atacar a un alumno-respondió al castaña-, pero porque él me había metido el pie –añadió rápidamente. – Le dije a Harry que se quedara con nosotros pero insistió en irse, fue de los últimos que se fue.

-Qué raro, señorita Granger¿no se da cuenta que Harry podría aprovecharse de estar solo e ir a buscar a…a Voldemort?

-Lo siento profesora, no se me ocurrió…no creo que suceda¿verdad¡¿Verdad?!

McGonagall se alejó a toda prisa de ahí dejando a Hermione con lágrimas en los ojos, consolada solamente por los ronquidos de Ron a su lado. La Gryffindor buscó a Harry por todo el castillo pero no había mucha gente ya que la mayoría estaba divirtiéndose en Hogsmeade, con sus amigos, evitando que éstos cometieran una tontería. ¿Y si Harry se volvía a hacer el héroe¿Quién moriría esta vez¿Quién estaría lleno de culpabilidad? Ella, seguramente. No quería repetir lo sucedido en quinto curso; no quería que su amigo cayera en otra trampa urdida por Voldemort.

De pronto se tranquilizó. ¡Harry no estaba solo en Hogsmeade! Seguramente estarían Neville, Ginny y Luna; ellos le harían compañía. Pero su tranquilidad no duraría mucho, tras dejar a Ron durmiendo en la sala común bajó a los invernaderos. El corazón le dio un vuelco al divisar una larga cabellera pelirroja y otra rubia, pertenecientes a dos personas absortas en una planta tan extraña que solo una persona podía manejar: Neville.

-¡Hermione¿También vienes a ver mi planta anfibia?-preguntó el chico- Por cierto¡feliz Halloween!

- Esta planta es fantástica, a mi padre le hubiera gustado mucho -dijo Luna sin dejar de mirar una especie de vegetal con un tallo que terminaba en una especie de ventosa, hojas en forma de aletas y extrañas flores que cerraban y abrían cuando Neville les rociaba agua. – Estoy segura de que los muggles sacan esos extraños zapatos que se ponen al nadar de esta planta, le lanzan un iengorgio /i y ¡listo! Alguien del mundo mágico está haciendo el negocio de su vida a costa de los muggles… ¿no crees, Hermione¿Hermione?

-¿Por qué estás tan pálida?-preguntó Ginny provocando que Neville y Luna apartaran su vista de la planta anfibia para fijarla en el compungido rostro de Hermione.


-¿Y de qué escuela vienes?-preguntó Harry.

-Beauxbetons-respondí. Fue el primer Colegio que se me ocurrió.

-¿Por ello el acento francés, no?

-Exacto-confirmé.

-¿Por qué viniste hasta Inglaterra?

-Trasladaron a mi padre a la ciudad de Londres, ya estaba en mi último año allá en Francia. No quería perder el año pero tampoco la oportunidad de conocer otro país. Por ello acompañé a mi padre.

.Ya veo¿y a qué se dedica él?

-Este…tiene un cargo en el Ministerio. No sé bien lo que hace-respondí asustado, se me acababa el repertorio de mentiras.

-Ah, es inefable-dijo Harry. Asentí rápidamente aunque no tenía idea de qué me hablaba.

La plática siguió. Me preguntó que si conocía a Draco Malfoy y al decirle que había escuchado que se había ido del Colegio una sonrisa amarga surcó su rostro. Evité tocar el tema de nuevo al ver que le causaba turbación.

Conocí Las Tres Escobas, Zonko, Honeydukes…pero mi destino era Cabeza de Puerco. Byron estaría esperando allí a cierta hora. Cuando llegó el tiempo acordado le pedí visitar ese pub de mala muerte pues quería conocer todo el pueblo. Se mostró renuente a ir e intentó persuadirme de que no había nada de extraordinario en él. Insistí mucho y acabé hartándolo. Al fin cedió y nos dirigimos al lugar mientras Harry lanzaba suspiros de irritación.

Ese poco tiempo que conviví con él me hizo darme cuenta de que Harry era noble y amable, pero que no era capaz de compartir una amistad pues su mirada estaba siempre perdida, con la mitad del cerebro en otra parte. Comenzó hablándome muy bien y otorgándome su confianza al contarme de sus amigos y aspiraciones, pero llegó un momento en el que frenó y guardó un frío silencio, dando un golpe bajo a mi curiosidad.

Al entrar en Cabeza de Puerco lo encontramos semidesierto. El cantinero se hallaba tras la barra, contando unas monedas. Un hombre encapuchado volvió su mirada hacia la puerta al vernos entrar; era Byron. Asentí levemente y me dirigí con Harry a la barra. En una porción de segundo un rayo azul atravesó el lugar dando de lleno en los viejos vasos. El cantinero murmuró un "¿Qué diablos?" y aprovechando su distracción y la de Harry aturdí al segundo con un iDesmaius/i.

-Es todo tuyo-le dije nervioso a Byron, que apuntaba con la varita al cantinero.

Al salir de ahí, con un profundo sentimiento de culpa, vi que el lugar se llenó con un resplandor verde y en mis oídos resonaba –aunque no alcancé a escucharlo en realidad- el mortal tono del iAvada Kedavra/i.


El plan de Lord Voldemort era considerado una obra maestra, solamente equiparable al uso de los Horcruxes para mantenerse inmortal. Pocos mortífagos sabían en qué consistía exactamente, pero los pocos comunicados coincidían en que era brillante, quizá un poco arriesgado, pero brillante.

Sólo se trataba de tres sencillos pasos: secuestrar a Harry Potter, desmemoriarlo y ponerlo del lado oscuro. Sonaba incluso tonto¿cómo saltar todos los obstáculos? La Orden, la información, los recuerdos del mundo mágico, aquel que no podía olvidar a su héroe. Harry no duraría mucho creyendo el cuento de que pertenecía al lado oscuro. Todos intentarían persuadirlo de la verdad.

Sí, quizá era un plan lleno de dificultades y con pocas probabilidades de resultar exitoso, pero Lord Voldemort lo tenía clavado en su mente y no descansaría hasta ver realizado su cometido. También los Horcruxes parecían difíciles, pero había logrado dominar esa antigua magia maldita y ahora disfrutaba de múltiples vidas, casi se sentía en la inmortalidad. Las ilusiones que sintió la primera vez que mató a alguien para obtener el primer horcruxe le recorrían el cuerpo esta vez. Ese plan debía de lograrse. Con Harry Potter de su lado, Dumbledore muerto y los horcruxes que le quedaban en su poder él sería omnipotente, por fin podría dominar el Mundo Mágico: su objetivo inicial antes de que apareciese Potter. Destruir a Potter había pasado a ser una prioridad, restándole atención de su verdadero objetivo, pero ahora con el plan él podría volver a la esencia de su maldad, el dominio. Sentía que el plan era excelente, que no podía fallar. Parecía extraño que él, quien se consideraba a si mismo como desalmado, sintiera esa esperanza, ese sentimiento tan puro que se manchaba al entrar en el alma del Señor Tenebroso. Esa esperanza de que todo por fin saliera bien para él, en detrimento de infinidad de personas.

Era principios de noviembre, los árboles comenzaban a morir, esperando la blanca mortaja de la nieve, los fríos encrudecían y el temprano ambiente de invierno comenzaba a hacer su aparición, con esa sensación contradictoria de la felicidad navideña y la melancolía mortuoria de la naturaleza.

-En cualquier momento llegará Heathcliff-dijo Voldemort a Colagusano, que echaba más leña al fuego.

-Señor¿y si el plan falla? El tal Sorel no se ve tan eficiente-musitó Colagusano.

-No, no lo parece. Por eso le encomendé esa prueba, debe demostrar el temple de Byron. Por ello el plan no fallará, sucio pesimista, Byron nunca falla en sus misiones y pronto regresará con la presa en las manos y la sed de maldad que lo carcome.

Colagusano no dijo nada más y siguió echando leña a la chimenea mientras Voldemort miraba ansioso a la puerta, esperando la llegada de Byron y un Harry listo para el maléfico plan. Su plan infalible.


Los carruajes provenientes de Hogsmeade pararon junto a la entrada principal del Colegio. Los thestralls resoplaban impacientes por moverse de nuevo, pero no se movieron ni un centímetro hasta que el último estudiante bajo del pescante.

Hermione, apostada en la entrada esperaba ansiosa ver venir a Harry. En su desesperación lo confundió dos veces y abordó casi histérica a Dean, que regresaba con los bolsillos llenos de dulces de Honeydukes.

-No lo vi, Hermione, lo siento-respondió el asustado muchacho.

La Gryffindor volvió a su sala común y subió al dormitorio de los chicos para ver si Harry estaba allí, empero, solamente estaba Ron, sentado en la cama con los ojos muy abiertos y aturdida expresión en el rostro. Hermione se acercó a él y le tocó un hombro, sobresaltándolo.

-¡No hagas eso!-exclamó el pelirrojo-¿qué ha pasado en todo el día? Tengo la sensación de no haber estado aquí…

-Extrañamente pasaste todo el día durmiendo-le respondió ella-¿te desvelaste anoche?

-No…no lo recuerdo. Lo último que viene a mi mente es el desayuno: huevos fritos y jugo de calabaza.

-Como sea, tenemos otros problema-interrumpió la castaña con gravedad-, Harry no volvió de Hogsmeade.

-¿Harry fue a Hogsmeade¿Por qué no lo acompañamos¡Un momento¿Hoy es Halloween? Me perdí el banquete…

-Sí, porque estabas durmiendo y yo castigada (más tarde te cuento), en efecto, es Halloween y te perdiste el banquete. ¡Ahora enfócate! Harry no ha regresado…

-Quizá fue a vagar por ahí con la capa invisible-sugirió Ron- Hace tiempo que anda extraño y parece querer estar lejos de todo…de nosotros-agregó con un dejo de tristeza en la voz.

-¿Lo viste entrar?

-No podría decírtelo, estaba dormido.

Hermione se mordió el labio inferior y junto con Ron salió del dormitorio de los chicos. Se apostaron frente a la chimenea, con la mirada fija ora en el fuego ora en el retrato. Esperando. La castaña se removía siempre nerviosa y envuelta en un sepulcral silencio mientras Ron comenzaba a preocuparse y a imaginar lo peor. Ninguno de los dos tenía sueño, Hermione gracias a su preocupación y Ron por una combinación entre falta de sueño por haber dormido todo el día, los nervios de estar junto a Hermione y el impulso de retomar lo inconcluso en la boda, y el dolor que le causaba el silencio de Harry. la verdad es que para él era un día normal, hacía tiempo que Harry parecía estar siempre ausente, sin contarle nada y dándole la impresión de no tenerle confianza. Si él era su mejor amigo¿por qué Harry se comportaba de esa manera tan hermética con sus sentimientos?

Ninguno de los dos cerró los ojos en toda la noche. Amaneció. El fuego de la chimenea se había reducido a cenizas y débiles brasas. Hermione y Ron se levantaron del piso, decidieron ir a buscar a McGonagall y avisar a la Orden. Ahora sí estaban realmente preocupados.


En la casa de Sirius Black, ahora propiedad de Harry, se armó un verdadero revuelo cuando fueron avisados de la desaparición del muchacho. De inmediato se pusieron alerta y comenzaron a buscar, primero por todo Hogsmeade, Hogwarts y luego por los alrededores de Londres.

En Hogsmeade sólo se enteraron de que Cabeza de Puerco había sido atacado, dejando sólo un muerto: el dueño. Extrañamente no había otros clientes, o al menos eso pensaban todos. La Orden no dejó pasar esto por alto, anotándolo y memorizándolo. Luego se dirigieron a cada una de las tiendas del pueblo, donde les informaron que Harry había entrado en todas ellas, pero que con la multitud de estudiantes no recordaban quien lo acompañaba.

Hogwarts fue rápidamente descartado cuando Ron sacó el Mapa del Merodeador del baúl de su amigo y tras recorrer todo el plano y no ver ninguna motita con la inscripción "Harry Potter", perdieron toda esperanza de encontrarlo en el castillo.

Finalmente, en Londres, la búsqueda seguía desesperadamente, pues no había ninguna pista o rastro que los acercara más a su objetivo. Incluso fueron a registrar la casa de los Dursley, sugerencia de Phineas Nigellus, que recordaba haber visto un día al muchacho dispuesto a huir y olvidarse del mundo mágico. Pero tampoco en Privet Drive hallaron nada. Aun así, encomendaron a la señora Figg alerta permanente.

Dos semanas después de ardua búsqueda, informaron de la desaparición al Ministro de Magia, quien reveló que "días antes" toda la información sobre Harry Potter había sido hurtada. Está de más decir que casi asesinan a Scrimgeour. No lo hicieron porque tenían otras preocupaciones, pero lo que sí hicieron fue obligar al Ministerio a ayudarlos en la búsqueda haciendo uso de la poderosa magia que poseían. Scrimgeour, entre temeroso y apenado obedeció de inmediato.

Y así, con la Orden, todo Hogwarts y el Ministerio buscando a Harry, pasaron cinco semanas sin novedad alguna, ni para bien ni para mal.


El primero de noviembre Harry despertó en el suelo de un pequeño cuarto sin ventanas. Le dolía la cabeza y no encontraba sus lentes por ningún lado. Una borrosa silueta se acercaba a él en la oscuridad, no distinguía su forma en concreto pero los pasos lentos y firmes resonaban en sus oídos. Buscó a tientas su varita pero tampoco pudo hallarla. Trató de incorporarse pero tenía las piernas entumidas. Su espalda pegada en la pared percibía cierta humedad y los dedos se le crispaban de frío.

-¡iLumos/i!-dijo una voz fría. Por fin hubo luz en la estancia, pero Harry deseó que volviera a la oscuridad. Voldemort estaba frente a él, con sus penetrantes ojos rojos fijos en él y sus largos dedos dueños de su varita.

-Qué forma tan cobarde de destruirme-dijo Harry, viendo su fin cerca, sin que se le ocurriera nada más que seguir hablando para ganas tiempo-, al menos desátame y entrégame mi varita para pelear.

-¿Pero quién dijo que iba a matarte, Harry?-preguntó Lord Voldemort-, mi plan es otro. Te lo diría, pero lo olvidarás pronto…

-¿Qué…?

-¡OBLIVIATE!-gritó Voldemort al tiempo que un rayo de luz salía despedido de su varita y le daba a Harry en el pecho.

Apenas tuvo tiempo de cerrar los ojos. El impacto del hechizo lo levantó del suelo y le hizo golpearse la cabeza fuertemente. Tanto que quedó inconsciente.

-¡Colagusano!-gritó Voldemort. En dos segundos el aludido se apersonó junto a su amo. – Llévalo a uno de los cuartos y cuida que no muera…

-Pero señor¿no se resolvería así todo?

-Puede parecer una salida fácil. Matarlo y librarme de él para siempre¿verdad?- Colagusano asintió con énfasis- ¡Pues no lo es! Mi plan es otro y para ello lo necesito vivo.

Tras decir esto, Voldemort salió del pequeño cuarto. Pettigrew levantó al chico con ayuda de su varita y lo llevó hasta uno de los cuartos de la otrora mansión Riddle. A la mañana siguiente, Harry despertó con otro panorama. Desde una cómoda perspectiva sobre la cama con dosel en la que estaba acostado, tomó sus lentes y se dedicó a contemplar la amplia recámara. Una ventana cerrada dejaba ver la lluvia golpetear y el destello de los relámpagos. Una bandeja con comida estaba a su lado en la mesita de noche. Habría tenido hambre si al menos la duda de quién era y dónde estaba no ocupara su mente.


Las reacciones en Hogwarts sobre la desaparición de Harry eran muy diversas. Los profesores no cesaban de acosar a todos con preguntas sobre ese fatídico día de la desaparición. Pero casi nadie recordaba nada. Media docena recordaba haberlo visto y saludado, pero nada más.

Hermione, por su parte, no dejaba de sentirse culpable. Si al menos no hubiera sido tan agresiva ese día…si al menos ese estudiante de Slytherin no se hubiese puesto en su camino…si al menos Harry hubiera querido evadirse ese día.

Ron no estaba mejor. Le daba vueltas ese extraño exceso de sueño, pero no recordaba que nadie lo hubiese hechizado. Además, todo le recordaba a su amigo: el campo de Quidditch, prácticas suspendidas hasta que el equipo eligiese nuevo capitán. Pero ninguno del equipo tenía ganas de jugar, en parte porque extrañaban a su capitán y en parte porque nunca encontrarían un mejor buscador. Las clases no eran lo mismo sin la compañía de Harry, pues Hermione siempre quería estar atenta a la clase, aunque últimamente no tanto. Hermione…su otro gran problema. Ya sabía que ella no era indiferente, entonces¿por qué no se atrevía a declararse de nuevo?

"Deja de estar pensando en eso" se repetía el pelirrojo "Tu amigo está desaparecido, no sabes si se encuentra vivo o muerto".

Ginny, se encontraba tan alterada como en segundo curso, cuando había sido seducida por Tom Riddle. Si antes pensaba en Harry la mayor parte del tiempo, ahora no salía de su cabeza. Todo lo que habría hecho: dejado a un lado su orgullo y seguirlo, insistir en que están hechos para estar juntos; jurarle comprensión y cariño eterno; prometerle seguirlo hasta el fin del mundo. Pero ahora quien sabe si podría hacerlo. Se había limitado a dejarlo ir, sin preocuparse de nada y carcomiéndose por dentro. He ahí las consecuencias de no arriesgarse a algo tan simple como el rechazo.

Luna no compartía la misma alteración, pues nunca había sido gran amiga de Harry. Un par de veces había hablado con él, quizá un par de cosas tenían en común: la soledad y la predisposición a ella. Un par de personas anormales, en diferentes sentidos, como ellos no podían tener amigos. Nadie más que ellos sufría el dolor con tanta resignación. Lo que en verdad le preocupaba a Luna era la supuesta paz del Mundo Mágico¿dónde estaban los mortífagos¿Dónde estaba Voldemort? No es que quisiera que estallase la guerra, pero esa incertidumbre era peor. Prefería enfrentar los problemas que esperarlos.


Tres semanas después de que se comenzase la búsqueda de Harry por todo el mundo mágico y muggle, los medios de comunicación fueron avisados. Por supuesto que ya había rumores de su desaparición, pero hasta que Rufus Scrimgeour confirmó las especulaciones la noticia se hizo real, tangible.

En el mundo muggle Harry era otro de los muchachos que desaparecían. Se pedía su paradero en los noticieros, dando como seña una cicatriz que le cruzaba la frente. Volantes con su imagen y la dirección a la cual comunicarse en caso de información (Privet Drive, para desgracia de los Dursley, que erróneamente pensaron haberse librado de Harry para siempre), se repartían en vastas cantidades. Asimismo, carteles con el mismo contenido de los volantes invadían las paredes, postes y páginas en los periódicos. De igual modo, en la televisión pasaban anuncios pidiendo información y ofreciendo una cuantiosa recompensa. Pero nada, Harry había sido borrado de la faz de la tierra. O eso parecía.

La verdadera conmoción se encontraba en el Mundo Mágico. Hordas de grupos histéricos, temerosos de que su héroe hubiese pasado a mejor vida, se manifestaban fuera del Ministerio, pidiendo que lo encontrasen. El Profeta no ayudó mucho al publicar un artículo llamado "El niño que desapareció", en primera plana. Era más de lo que los magos podían soportar.

-Primero muere Dumbledore, ahora desaparece Harry; no es buen augurio-comentaba Lavender cierta mañana.

El ánimo del mundo mágico decayó en sobremanera, poniendo toda su confianza en un incompetente Ministerio que lo único que hacía era dar largas y repartir panfletos para defenderse de los dementores. Éstos últimos pululaban por las calles causando estragos. Eran los emisarios de un oscuro periodo destinado a regresar.


-¿No sería mejor que Byron se encargase de esto?-preguntó Snape al señor Tenebroso. Éste último acababa de decirle que se encargaría de lavarle el cerebro a Harry y convencerlo de que pertenecía al lado oscuro.

-Byron es único en tortura y violencia: cosas que no necesitamos en estos momentos-replicó Voldemort-, tú eres un hipócrita, Severus, nadie más que tú sabe fingir con tanta maestría. Tómalo con un cumplido y deja de hacerte el ofendido. Te encargarás de Potter y asunto concluido.

Snape asintió levemente y con los dientes apretados. Acababan de echarle una dura carga sobre la espalda. Convencer a Potter de que su lugar era con los mortífagos no sería tarea fácil. Voldemort podía haberle borrado la memoria pero esos despreciables sentimientos de bondad serían imposibles de extirpar. Potter era todo un Gryffindor, destinado a ser un gran mago. Además estaba el hecho de que todo el mundo mágico lo conocía; ningún lavado de cerebro, por eficiente que fuera, podía resistir mucho bajo la influencia de todos los magos convenciendo de lo contrario al manipulado en cuestión.

"¿Cómo puede parecerle un plan brillante?" se preguntaba Snape mientras recorría las escaleras del cuartel para subir a la habitación de Harry "Es de lo más estúpido y arriesgado".

Al entrar en la habitación, Harry lo miró fijamente. ¿En verdad no recordaría nada? Severus se acercó a la cama donde Harry se hallaba postrado, y titubeante se sentó en el borde. Ninguno de los dos dijo durante un silencio que pareció horas. En ese tiempo, Snape se dedicó a observar la habitación: las cortinas se hallaban corridas y en la mesita de noche junto a la cama se encontraba la varita de Harry, ésa que él había visto agitar tantas veces, en su contra o en su defensa. ¿Cómo evitar que Harry recordase todos esos momentos? Posiblemente había vivido más cosas que todos los mortífagos refugiados en ese cuartel.

-¿Quién es usted?-preguntó el chico de repente.

-Snape. Severus Snape-respondió el aludido escuetamente.

-¿Él volverá?

-¿Quién?

-El de los ojos rojos- Snape entendió que se refería a Voldemort y se encogió de hombros- ¿usted es su amigo o su sirviente?

-Un poco de las dos cosas.

-¿Y yo qué soy?

Snape se quedó callado mientras su cerebro comenzaba a trabajar velozmente para urdir una mentira más. La mejor patraña, aquella imposible de resolver o cambiar. Sí, era un trabajo difícil, pero Voldemort tenía razón: no había nadie mejor que Severus Snape para realizarlo.


Bueno, volví a subir este capítulo con varios cambios, ya que el que había puesto otrora dejaba muchas cosas inconclusas. Espero sus reviews!! Gracias por leer nn