DECADENCIA
4. Los amigos del enemigo
"Se recomienda tener mucho cuidado estas noches...han sido reportados varios ataques perpetrados por vándalos. Pero no se trata de delincuentes juveniles, sino de verdaderos criminales. A continuación pasaremos retratos hablados descritos por aquellas víctimas directas o indirectas que han logrado sobrevivir a esta racha de maldad..."
Vernon Dursley estaba a punto de apagar el televisor cuando en la televisión apareció la imagen de su sobrino. Entornó sus pequeños ojos negros y los frotó, pero no había duda. Harry Potter estaba en el noticiero muggle. No podía tratarse de otra persona: era él con el cabello cayéndole en la frente, los lentes redondos y lo inconfundible: la cicatriz en forma de rayo.
-¿Es...es Harry?-preguntó Petunia titubeante antes de que su marido pudiera apagar la tele con su mano porcina.
-No...Debe ser...uno de esos jóvenes delincuentes... ¿por qué estaría el chico en las noticias?
Pero Petunia Dursley no escuchaba, veía atentamente el televisor sin mover un músculo. Cuando al fin acabó el programa se sentó temblando en una silla que le acercó Vernon y se cubrió la cara con las huesudas manos.
-¿Crees que lo hayan visto los vecinos¿Crees que lo hayan reconocido?-susurró la mujer, aterrada.
-Él ya no vive aquí. No hay razón para que nos relacionen con él...no ahora.
Pero muy dentro y de forma muy compleja, tanto que ni siquiera la misma Petunia entendía, nacía en ella algo parecido a la preocupación. ¿En qué se habría visto metido Harry para aparecer en los noticieros de "gente normal"?
Inicia la semana de orientación y charlas de experiencia
Durante esta semana, el Colegio Hogwarts estará recibiendo a ex alumnos que cursan o ya han terminado una carrera profesional. Habrá funcionarios del Ministerio, Gringotts, naturalistas, periodistas de El Profeta e incluso los mismos profesores orientarán a los alumnos de séptimo curso y les hablarán un poco de su trabajo para que les sea más fácil tomar una decisión sobre su futuro.
Mañana a las 8:00 AM, durante el desayuno, serán dados los horarios de diferentes charlas.
Los alumnos de la torre de Gryffindor leían el anuncio que había aparecido en el tablón y comentaban emocionados quiénes serían los posibles ex alumnos que acudirían a hablarles.
-Ojalá Cedric estuviese vivo-comentó Lavender de improviso-, él habría hecho grandes cosas con su vida...
Ron estaba muy interesado en los jugadores de Quidditch que vendrían y Hermione en los funcionarios del Ministerio y profesores. Pero los alumnos estaban más entusiasmados por los aurores.
-¿Creen que vengan Tonks, Ojoloco y Kingsley?-preguntó Hermione.
-Solo si no sucede nada extraño...como otra carta falsa...Ginny¿estás segura de que era Harry a quién viste?-preguntó Ron por centésima vez.
La pelirroja les había narrado casi todo lo sucedido en la expedición. La Orden había rastreado todo Hogsmeade por tres días y no habían hallado ni rastro de Harry. A todos les intrigaba el comportamiento del Harry descrito por Ginny. No querían creer en su relato. Ella, por su parte, no había hablado con nadie de cómo se sentía ni creía que fuera el momento adecuado. No quería causar más tristezas ni tragedia.
A la mañana siguiente, todos los alumnos estaban expectantes por las charlas de orientación. A Ron se le habían bajado todos los ánimos de conocer a los jugadores de Quidditch cuando Hermione comentó que Krum le había escrito para avisarle que había sido elegido para una charla. Cuando los demás le preguntaban al pelirrojo porqué estaba tan desanimado, mentía diciendo que era por Harry. Bueno, tal vez no mentía tanto, por supuesto que extrañaba a su amigo. Se le hacía inverosímil que todas las esperanzas que la misteriosa carta había traído de repente se convirtiesen en dolorosas suposiciones. ¿En verdad Harry era aquel chico déspota del que Ginny habló? Por primera vez en su vida quería que Ginny estuviese mintiendo. Pero la pelirroja lucía tan miserable que era imposible que se tratara de un falso testimonio. Cada vez que se tocaba el tema ella rompía a llorar, siempre parecía ausente y tenía el cuerpo lleno de marcados golpes.
-¡Ron¡Mira! Han llegado los jugadores de Quidditch-anunció Hermione señalando a la puerta.
-Emocionante-dijo el pelirrojo apretando la cuchara con que tomaba el cereal. Vio cómo se paró su amiga y miró de reojo una silueta fornida que se dirigía a la mesa de Gryffindor.
-¿Por qué tan maleducado, Weasley?-preguntó la conocida voz de Oliver Wood-Ya ni saludas.
De repente, a Ron se le borraron los malos pensamientos. Mientras Hermione se entretenía con Krum (el cual, para regocijo de Ron, aún no llegaba), él podría charlar con Oliver. El chico vestía una túnica del Puddlemere United y si no hubiese sido por las espesas cejas que lo distinguían, se le habría tomado por un desconocido. Parecía, si era posible, más alto y fornido de lo que era en sus tiempos de Hogwarts y también más apuesto. Todas las chicas se paraban a verlo y Ron comentó, con un dejo de malicia en la voz, que robaría toda la atención al torpe de Krum. Lavender y Parvati parecían querer asesinar a Hermione y Ginny porque Oliver las saludó con efusividad a ambas; pero el caso era que Lavender siempre parecía querer asesinar a Hermione, así que ésta no se preocupó.
¿Y qué deseabas en realidad?. Esa pregunta rondaba la mente de Draco privándole del sueño. Maldecía el día en que había conocido a ese tal Sorel...y también se sentía mal, aunque no a tal grado de maldecir, por haber tenido contacto con Luna. Ella era algo así como el portal que lo transportaba de nuevo al Mundo Mágico.
-A mi mundo-musitó aceptando por primera vez que se sentía fuera de lugar entre los muggles.
Era cierto que entre los muggles nadie lo odiaba, pero tampoco nadie lo quería. Era ignorado, algo que nunca le había gustado. Casi todo Londres conocía a Draco, el ilusionista...pero el verdadero Draco era un misterio hasta para él mismo. Todos los planes que había hecho para su futuro habían sido echados a la basura...Le parecían muy lejanos aquellos días en que soñaba con servir a Lord Voldemort. Si hubiese imaginado de qué forma lo obligarían a ayudar él...él habría huido.
-Todo lo que se me ocurre siempre: huir-dijo en voz alta mientras cerraba su maleta.
Había decidido volver al Mundo Mágico y unirse a la causa que peleaba contra Voldemort. Él había destruido su vida; él se vengaría destruyendo sus planes. Avisó al director del Teatro que se ausentaría por algunos meses, para descansar de tanto truco.
Esperó a que anocheciera, se plantó en la esquina de una calle solitaria y sacó la varita murmurando [iLumos[/i. Se escuchó un sonido parecido a una explosión y de repente un autobús escarlata y de dos pisos se estacionó frente a él.
-Quiero ir al Caldero Chorreante-indicó.
Subió e intentó dormir. Pero lo atormentaban pensamientos y el vertiginoso viaje que realizaba el autobús noctámbulo. No sabía si estaba mareado a causa de los nervios o por el miedo de entrar a un mundo del que había intentado alejarse.
-¡El Caldero Chorreante!
Bajó a trompicones y entró al destartalado pub. Estaba tal y como lo recordaba. Pagó una habitación y Tom, el desdentado dueño, lo guió hasta ella. Sin siquiera decir "gracias", Draco cerró la puerta de su dormitorio y comenzó a planear su siguiente paso: ir con la Orden y convencerlos de que se ha redimido.
-¿Cómo convencer a otras personas de eso si ni siquiera yo me he convencido?-fue su último pensamiento en voz alta, antes de caer en un agitado sueño.
-¿A qué charlas asistirás?-preguntó Hermione a Ginny.
Ambas estaban libres pues las clases de ese día se habían suspendido. En aquel momento, gnomos y magos de Gringotts –incluido Bill Weasley- estaban dado su charla en el Gran Comedor. Como la carrera de banquero no interesaba ni a Hermione ni a Ginny, aprovechaban el tiempo libre para dar un paseo alrededor de los terrenos de Hogwarts.
-Me interesan las de Quidditch y las de San Mungo-respondió Ginny con voz apagada, la que últimamente utilizaba. - ¿Y tú?
-A todas, excepto a las de Quidditch¿te confieso algo? Nunca he montado una escoba por más de una hora. Me aterran.
-¿En serio, Hermione? Me pregunto que haces en Gryffindor, entonces.
-Muy graciosa.
Tras unos instantes de risa, Ginny volvió a sumirse en una profunda tristeza. Dudaba sobre si contarle a Hermione de lo ocurrido. Nunca había sido una chica que trataba confidencias con amigas. Al crecer rodeada de hombres se había hecho fuerte, decidida y autosuficiente. Nunca había guardado secretos, mas bien porque nunca los había tenido. Era auténtica. Pero en esos momentos moría de ganas por poder confiar en alguien. Sin embargo, esa necesidad de cariño y comprensión la aterraba. En segundo curso se había visto metida en líos grandes por querer que alguien la escuchase. No quería cometer el error de confiar de nuevo en alguien equivocado.
Hablar del tema con Luna era impensable. La Ravenclaw le caía bien, pero no precisamente para hablar de un tema tan delicado como lo que había pasado en Hogsmeade. Su última esperanza era Hermione. Decidió contarle porque si no explotaría.
-¿Ahora yo puedo confesarte algo?-preguntó la pelirroja, titubeando. Hermione asintió- Lo que les conté que ocurrió en Hogsmeade no fue precisamente todo lo que pasó. Omití algunos detalles...
-¿Qué tipo de detalles?-inquirió Hermione sorprendida, dejando de caminar de repente sin darse cuenta.
-Olvídalo...no...No puedo hablar de eso...no quiero hablar de eso-musitó Ginny soltándose a llorar.
-¡Ginny, vamos! Tienes que decirlo si es importante para encontrar a Harry-exigió Hermione, casi zarandeando a su amiga.
-¡NO QUIERO HABLAR DE HARRY! NO SE TRATA DE ÉL.
Ante esta reacción, Hermione suavizó sus gestos. Tomó del brazo a Ginny y la obligó a sentarse bajo la sombra de un árbol. La castaña sabía que algo le ocurría a su amiga y estaba resuelta a averiguar de qué se trataba. Tuvo la suficiente paciencia hasta que Ginny dejó de llorar y le contó todo. Y nada de lo que dijo Ginny pasó por la mente de Hermione hasta ese momento.
Unos sorprendentes golpeteos en la puerta alertaron a los miembros de la Orden que se encontraban aquella mañana en Grimmauld Place. Ojoloco dirigió su vista a la puerta para mirar a través de elle. Abrió un poco la boca cuando se encontró con que el hijo de Lucius Malfoy esperaba cruzado de brazos a que le abrieran. Les comentó a los otros.
-¿Estás seguro que es él?-preguntó Lupin, contrariado.
-Pensé que ese chico había muerto...cuando mataron a mi tía-se encogió de hombros Tonks.
-Abrámosle y averigüemos que quiere-sugirió la señora Weasley.
-No sé. ¿Cómo pudo saber la ubicación del Cuartel¿Y si es un espía?
-¡Solo es un muchacho, Moody!-exclamó Tonks, exasperada.
-¡Un muchacho que viene de una familia de magos oscuros!
Todos guardaron silencio hasta que la señora Weasley se encaminó a la puerta, dispuesta a abrirla, Ojoloco le cerró el paso con su bastón y se dirigió él mismo al pórtico. Abrió la puerta, jaló a Draco de una de las solapas de su túnica y lo metió en el cuartel en un abrir y cerrar de ojos. El rubio enrojeció al ver que todos lo miraban fijamente.
-¿Cómo supiste ubicarnos?-preguntó Ojoloco de inmediato, apuntándole con la varita.
-El profesor Snape me dijo...
-¿Y por qué has venido?
-Tengo...noticias de...Potter-balbuceó sin saber bien lo que estaba haciendo.
-¿Cómo saber que dices la verdad?-inquirió Lupin.
-Sé que no confían en mí, por lo sucedido el año pasado con Dumbledore...pero no tengo idea de qué demonios hacer para ganarme su confianza. Escuchen: tengo importante información sobre donde está Potter y el plan del Señor Tenebroso...
-¡¿El plan de Voldemort?!-exclamó Tonks dando un respingo, con el cual derramó su vaso de cerveza de mantequilla.
-Así es-respondió Draco tras tallarse el brazo izquierdo, donde aún conservaba la marca, ésta le había escocido cuando Tonks dijo el nombre de Lord Voldemort. – Y pueden darme veritaserum si no me creen-agregó desafiante.
-Creo que podemos escuchar lo que tiene que decir-volvió a sugerir la Señora Weasley.
Todos, a excepción de Ojoloco que murmuró algo sobre que había dejado todas sus botellitas de veritaserum en casa, accedieron a oír lo que Draco podía decir. Hacía semanas que había pasado lo de Hogsmeade y no habían vuelto a tener noticias salvo algunas notas de periódicos muggles donde aparecían Harry y el Señor Tenebroso como sospechosos de crímenes, pero no habían querido creer aunque la descripción de ese Harry de los periódicos coincidía con la descripción que Ginny había hecho de él. Ahora Draco iba a corroborarles lo que nunca imaginaron: que Harry, otrora héroe, se había convertido en un enemigo más a vencer.
La presencia de Frida-Helena no me molestaba en lo absoluto. Más bien la sentía como una aliada, volvimos a compartir las noches y los días, las misiones tenebrosas y los remordimientos que nos aquejaban. Al preguntarle el porqué de su decisión de colaborar con los mortífagos, me dijo que comenzaba a aburrirse de una vida sin aventuras y que como bruja se sentía en la necesidad de ponerse de un lado.
-He pecado demasiado para estar con los buenos, Sorel, sólo aquí me siento a gusto. Siempre hay alguien a quien asesinar y si con eso cumplo mi trabajo no pude encontrar mejor ocupación. ¿Y tú por qué te uniste? Nunca imaginé que el tímido muchachito se convirtiese en un mortífago.
Me dio vergüenza confesarle que había entrado en busca de la "cura", pero aun así se lo revelé. Tras reírse un buen rato a mi costa dijo que la única cura era el suicido o bien que alguien nos asesinara. Estábamos marcados y nunca volveríamos a ser los de antes. Resta decir que esto me decepcionó profundamente pero al mismo tiempo me quitó un peso de encima, nunca más tendría aquellos dolorosos sueños donde volvía con mi familia y era un muchacho normal, sin pecados ni remordimientos; no más despertares de llanto y rabia.
Apenas tenía Frida una semana de haber llegado cuando le encontré platicando animadamente con Byron. Esto me afectó sobremanera, había escuchado de su última fechoría, con aquella pelirroja llamada Ginny que yo conocía y había llegado a apreciar. Le advertí a Frida sobre aquel monstruo pero de nuevo se limitó a reír y felicitarme por haberlo unido a nuestra fila y condena. Si todo hubiese quedado allí tal vez no me hubiese molestado antes, pero comencé a sospechar que la relación entre Helena y Byron era algo más que retorcida amistad. Más de una vez los vi besarse sin vergüenza y me asqueé cuando Byron me preguntó cierto día si quería unirme a ellos. Sufría muchísimo porque hubiese deseado ser tan cínico como Byron para agradar a Frida, pero no podía, mi condición de vampiro no había acabado con los sentimientos buenos.
Posteriormente me enteré de que los dos habían urdido un plan que agradó mucho al Señor Tenebroso, un plan para asegurar que Potter fuera más fiel al lado tenebroso. Y es que corrían rumores por el cuartel de que a veces era necesario envenenar al muchacho durante un tiempo para que dejase de preguntar cosas o desistiera en su deseo de salir del cuartel.
La confesión de Ginny había sido lo peor que Hermione escuchó. Sin saber a ciencia cierta porqué, comenzó a culpar a Harry. ¿Por qué se había dejado llevar por el lado oscuro¿Por qué no había ayudado a Ginny¿Acaso el Señor Tenebroso había poseído completamente la conexión que ambos compartían?
No tardó en adivinar las intenciones de Voldemort, y cierto es que sus suposiciones se acercaban bastantes al verdadero plan del Lord. No había contado nada a Ron, en parte porque se lo había jurado a Ginny y en parte porque no quería herirlo. Sabía que Ron haría cualquier cosa por su hermana, y que buscaría venganza.
Hermione tenía pesadillas donde se enfrentaban a Harry y a aquel ser repugnante llamado Calígula que Ginny había descrito. Y tenía miedo. Miedo de saber quién sería el siguiente en sufrir; de cuando Harry apareciese y los atacara; de quedarse cruzada de brazos sin saber a quien expresar sus conjeturas.
El tiempo en Hogwarts estaba acabando, solo les restaba pasar los EXTASIS y saldrían al mundo real. Todo esto llegó a la mente de Hermione como una bomba y decidió que de ahora en adelante dejaría de hacer tantos planes, no sabía lo qué pasaría al día siguiente. Todo lo inimaginable –la maldad de Harry, el fracaso de la Orden, lo sucedido con Ginny- había pasado en muy poco tiempo, sin previo plan... ¿y si mañana le tocaba a ella¿Qué pasaría con sus sueños¿Alguien los cumpliría por ella¿Y Ron?
Ron...a veces le daban ganas de confesarle todo, y otras se convencía de que el pelirrojo solo la consideraba como una amiga muy mandona. Pero si tenían poco tiempo, si era un fracaso en Adivinación y no sabía qué iba a suceder, mas le convenía comenzar a actuar. Desde lo sucedido en la boda de Fleur, cuando se besaron, algo en su interior le dijo que tenía oportunidad...
-¡Hermione! Te estoy hablando¿me corriges el trabajo?-preguntó Ron interrumpiendo los pensamientos de la castaña.
-Ah sí...claro-dijo ella con la voz entrecortada tomando el trabajo de Ron-¿a qué hora es la plática de Wood?
-En dos horas, así que debo apurarme con esto, no me lo perdería por nada.
-Si...si no terminas a tiempo yo puedo ayudarte-musitó Hermione. Ron la miró sorprendido- ¡Pero solo por esta vez!
-¡Te amo Hermione!-exclamó el pelirrojo dándole un abrazo que casi la tiró al suelo.
Se separaron sonrojados, pero aquella fue la señal –tal vez un poco confusa- que dio pie a que Hermione se decidiera a retomar lo interrumpido en la boda de Bill y Fleur.
- Para ser un jugador de Quidditch se necesitan tres cosas: condición, perseverancia y paciencia-platicaba Oliver- Condición para soportar los duros entrenamientos, perseverancia para no rendirse y paciencia para seguir confiando aun si las cosas van mal. Estar en el cielo, montado en una escoba y sentir el viento, lluvia o los rayos del Sol es algo indescriptible. Si eres buscador, atrapar la snitch se convierte en una obsesión; los golpeadores celebran con cada bludger que logran tirar contra el jugador enemigo; los cazadores prueban el triunfo cuando la quaffle pasa por los aros. Y el guardián, es decir, yo, sabe perfectamente lo que se siente al parar la quaffle, dar una pirueta en el aire para cogerla o casi caer la escoba con tal de impedir que el equipo contrario anote.
Todo el auditorio lanzaba miradas llenas de emoción a las palabras de Oliver. Para muchos lo que aquel ex alumno estaba contando definiría el resto de sus vidas. Ron, por su parte, se sentía plenamente identificado con Wood. Al terminar la charla, se acercó para hablar un poco con el muchacho.
-¡Ron¡Hola! Me han dicho que juegas muy bien-comentó Oliver al ver acercarse al pelirrojo- sería genial que no desperdiciaras el gen Weasley para el Quidditch. Todos tus hermanos me han decepcionado, ya que todos eran grandes jugadores¿Ginny también lo es?
-Bastante, aunque es un poco agresiva-contó Ron encogiéndose de hombros.
-¡Ahh¡Eso es bueno! Seguro es una gran golpeadora¿no?
-Seguro...oye, Oliver¿en verdad crees que yo podría desempeñarme en esto del Quidditch?
-Nunca te he visto jugar, pero si vuelvas tan bien como cuentan no tengo duda. Mira, cuando yo comencé en el Quidditch aquí en Hogwarts, me tocó que Charlie fuera mi capitán. Nadie más inspirador que él, aunque ahora recuerdo que a veces se ponía un poco nervioso...todos empezamos en el Colegio. Y algunos logramos llegar más allá-agregó irguiéndose con orgullo- Si decides dedicarte a esto, ten por seguro que te apoyaré. A lo mejor en algunos años me convierto en capitán y te ayudo¿estamos?
-Claro-dijo Ron emocionado- gracias, Oliver.
Antes de salir de la sala de charla, Ron alcanzó a escuchar cuando una chica le preguntó a Oliver sobre su situación amorosa, a lo que él respondió que sí tenía novia pero que no diría quien porque su vida era privada; claro que Ron pensó que lo había dicho porque aquel grupito de fans histéricas se veían dispuestas a eliminar cualquier "intrusa" entre ellas y su ídolo. Cualquier muchacha que Oliver tuviese por novia se encontraba mejor en el anonimato.
Aquella charla había encauzado completamente el futuro de Ron: se dedicaría al Quidditch, sería como Oliver e inspiraría a muchos. Y también, al igual que él, protegería a su novia. Sí, cuando fuera famoso, lo mejor sería que Hermione no sufriera ningún peligro. Se sorprendió de estos pensamientos, pero aquella tarde todo parecía posible.
Durante mi estancia en Hogwarts tuve el placer de conocer a Luna. Y digo placer porque el conocer a alguien tan original se da en contadas ocasiones. No es que me gustase de una forma amorosa, sino que esa niña era demasiado sincera, honesta como nadie que había conocido. Hablaba de todos sin juzgarlos y apenas la tratabas amablemente podías convertirte en su amigo.
Más de un rumor me siguió en el Colegio esos días. Nadie hablaba con Luna Lovegood, pues bien: yo no era nadie. Aunque comenzaron a inventar que teníamos un romance no me alejé como hubiesen hecho muchos, sino que reforcé mi amistad y me di cuenta de que me sentía un poco orgulloso de que creyeran que yo, un tímido y autómata como siempre me había considerado, tuviese por novia a una muchacha tan...tan única. Ella, por su parte, parecía no darse cuenta de lo que decían y si lo hacía disimulaba muy bien. Son incontables esas noches en que sostenía con ella debates sobre criaturas mágicas. Mi tema preferido eran los vampiros; ella creía tantas cosas, y me sorprendió que conociese el ungüento que usamos algunos para resistir la luz del Sol. Pocos conocen de eso y personalmente jamás lo hubiera sabido si no ayudara a los mortífagos.
-Entonces¿crees que todos aquí en el Colegio podemos ser vampiros?
-Por supuesto. No sería tan difícil con ese ungüento hecho a base de sangre de nargle, cuerno de snornack y cabello de gato tomado un anochecer de viernes- Bueno, respecto a la fórmula estaba algo equivocada, pero no quise desmentirla porque me dio la impresión de que terminaría confiándole mi secreto- ¡hasta tú podrías ser un vampiro, Sorel!
-Eso sí es un disparate-respondí rápidamente- ¿seguirías siendo mi amiga?
-Claro, y sabría otra cosa sobre los vampiros.
-¿Qué?
-Que son muy amables-respondió.
En ese momento sonó la campana y corrimos a clase de Historia de la Magia. Bueno, más bien Luna corrió y me jaló porque sus últimas palabras habían penetrado hasta mi corazón inútil. "Soy un cerdo" me dije "Un cerdo que engaña a la única persona que no lo trata como uno".
Desde que "entrevisté" a Draco nos volvimos algo parecido a amigos. Nos escribíamos cada semana y fue así como me enteré de que había entrado en la Orden, por mi parte le revelé que trabajaba para los mortífagos pero que si él no decía nada yo tampoco. De ese modo seguimos siendo amigos pero no hablábamos de la guerra en la que indirectamente nos enfrentábamos. Le conté de Luna, de lo maravillosa que me parecía y lo mal que me sentía al engañarla.
Si sigues mintiendo, el momento de la verdad se cernirá sobre ti en forma cada vez más sombría. Cuando estaba solo en el Colegio Luna fue la única que no me juzgó, y aunque solo la he visto en breves periodos de tiempo estoy seguro de que ella entenderá. Te comprendo porque al igual que yo eres un marginado e inadaptado, lo que eres no es lo que en verdad quisiste sino un producto de alguna situación forzada. Ahora yo te pregunto a ti, Sorel¿qué deseabas en realidad?
Lo había hecho: Draco se había vengado con la misma pregunta que le formulé meses atrás. ¡Deseaba tantas cosas! Confesar todo a Luna, ser sincero con todos, ser yo mismo, dejar de ser vampiro, asesinar a Calígula, unirme a la Orden con Draco, que Sophie me amara... y no podía hacer nada de ello. Tal vez sí sea cierto que el hombre siempre desea lo que no puede tener.
-¡Último día de ÉXTASIS!-exclamó Ron saliendo del aula de Transformaciones.
-Bien por ti, a mí me faltan dos aún-comentó Hermione malhumorada, semienterrada en una pila de libros y pergaminos- Deja de hacer escándalo, por favor, intento concentrarme.
Ron se alejó de Hermione caminando hacia la ventana, contempló el Campo de Quidditch y le vinieron muchos recuerdos: su desastroso primer partido, la victoria obtenida, aquellas veces en que montaba la escoba de Harry y juntos jugaban a estar en una Selección Mundial y trataban de imitar el amago de...ahí se detuvo porque cada vez que pensaba en Viktor se ponía de mal humor. Echó un vistazo a Hermione, dentro de poco dejarían de estudiar juntos y aunque habían prometido unirse a la Orden ese verano sabía que no iba a ser lo mismo.
En ese momento una lechuza marrón se posó en el alféizar de la ventana y estiró la pata para entregar una carta a Ron.
Para Ron y Hermione rezaba la misiva. La campana sonó y la puerta del retrato azotó en forma brusca, señal de que Hermione acababa de salir a presentar el final de sus ÉXTASIS. El pelirrojo resolvió abrir la carta ¡tal vez eran noticias de Harry! Emocionado, pagó a la lechuza y abrió el sobre. Sintió que perdía el aire cuando reconoció la letra de su madre y un recorte de periódico cayó en su regazo. En la carta le revelaban que Draco había aportado importante información y le aconsejaban que se sentara porque lo que iba a leer debía ser tratado con sumo cuidado y podía ocasionarle un shock.
-¡Muy bien!-exclamó el profesor Slughorn- Accio Pergamino.
Hermione se sobresaltó, apenas estaba acabando pulir las notas escritas en los márgenes. "Bueno" pensó "Hice todo lo que pude, espero que la pregunta treinta y siete sobre la poción para desvelados esté bien, no recuerdo si el ingrediente principal era semilla de café negro colombiano o brasileño...". Salió del aula y se encontró con Ron, que la esperaba recargado en la puerta.
-¿Qué pasa? Luces muy pálido-preguntó la castaña. Ron se limitó a desplegar una página de El Profeta donde en primera plana aparecía una foto gigante de Voldemort, Harry y un desconocido. Posteriormente el pelirrojo le entregó la carta que el mismo había leído horas atrás, aquella fatídica carta donde la señora Weasley transmitía la información proporcionada por Draco y que sólo llevaba a una conclusión: ya no eran amigos de Harry, sino amigos del enemigo.
- Es horrible-comentó Ron con la voz entrecortada mientras por las mejillas de Hermione resbalaban gruesas lágrimas. – Acabo de escribir a mamá y me envió otra carta diciendo que la Orden va a tratar de localizar los próximos puntos de ataque de Voldemort y Harry...
-Harry hechizado-corrigió Hermione-¡ese no es el Harry que conocemos!
-...para ver si podemos hacer que vuelva a ser el de antes.
En silencio regresaron a su Sala Común. Todo había dado un vuelco espectacular, aquello en lo que creían se había derrumbado y ahora se veían forzados a pelear no solamente contra un héroe, sino contra su mejor amigo.
-Siento haberte despertado, Asuka-dijo Harry acariciando a la que otrora había sido su Hedwig. – De nuevo esa pesadilla.
Desde que se encontraba en aquel Cuartel Mortífago, Harry tenía recurrentes pesadillas donde hechos crueles de su pasado revivían y lo atormentaban. Anteriormente incluso le gustaba tener aquellos sueños porque lo que vivía en ellos, a pesar que era doloroso y triste, eran cosas de su pasado. Un pasado que seguramente si los sueños no le mentían había sido funesto. Sin embargo, las pesadillas de su pasado se habían esfumado para dar paso a otras: las del presente. Cada noche despertaba sofocado y con un grito porque la imagen de aquella pelirroja mancillada como una paloma lo atormentaba. ¿En realidad ella mereció eso¿En verdad Voldemort intentaba "protegerlo"? era consciente de que todo lo que ideaba Voldemort –ayudado por ese tal Byron- era retorcido y horrible, sobretodo la última venganza ideada, aquella que en pocos días se llevaría a cabo y mancharía de sangre sus manos.
-Estoy harto de esto-masculló- Tal vez sería mejor huir e iniciar otra vida, sin venganzas y en blanco...
Pero no podía huir. Más de una vez había casi suplicado a Voldemort que lo dejase libre, pero éste no le había permitido ni salir a las afueras del cuartel. "Es por tu bien" había dicho el Señor Tenebroso. Pero él no era un ave que se pudiese tener enjaulada, daba vueltas en su habitación sin saber qué hacer. Cuando comentó su aburrimiento y deseos de salir a Byron éste se rió y dijo que pronto le llevaría una diversión, que solo esperara algunos días.
Ya estaba preguntándose cuántos eran "algunos días" cuando Byron tocó a su puerta. Venía acompañado de una bellísima mujer, aunque algo pálida, que dijo llamarse Frida. Byron sonrió con malicia, la empujó al cuarto y dijo que debía irse a buscar su cena. Frida era muy guapa, pero parecía más grande que Harry por mínimo cinco años. Cruzada de piernas se sentó en la cama e hizo lugar a Harry junto a ella. El muchacho estaba confundido, no recordaba haber estado antes con una mujer y la única imagen sexual que tenía en su mente era aquella que soñaba cada noche y lo torturaba: Ginny vilipendiada por el [iasqueroso [/i de Byron. Porque eso era Byron, al parecer de Harry, cierto que él no hizo nada por impedir que dañara a Ginny, pero le repugnó la acción de ese individuo. Miró a Frida y se preguntó si ella y Byron...
-Hay rumores de que ya quieres irte-dijo Frida rompiendo el silencio.
-A veces me aburro...
-Yo también, deberíamos hacer algo juntos.
El moreno asintió mientras la mujer se soltaba el cabello y comenzaba a despojarse de la túnica. Harry, entre nervios y ansiedad la imitó...
Horas después, dormía profundamente y sin pesadillas. Cuando despertó supo que mientras existiesen mujeres como Frida en el pequeño mundo de su celda-habitación, no quería irse a ninguna otra parte...
-¡No! Otra carta-exclamó Ron enfadado cuando la cuarta lechuza de la noche cruzó la ventana de la Sala Común.
Aquel día la Señora Weasley había enviado tres misivas advirtiéndoles que fueran prudentes y no hiciesen tonterías; que la Orden se estaba encargando de todo; que se quedaran en el Colegio y que ya podrían ayudar en el verano. Todas estas cartas eran dirigidas tanto a Ron como a Hermione, pero la cuarta solamente estaba enviada a Hermione. La castaña la abrió nerviosa cuando descubrió la caligrafía de Viktor Krum.
-Viktor vendrá...se ha unido a la Orden hace una semana-murmuró releyendo el pergamino.
-¿Ah si?-preguntó Ron- Quizá no venga...tampoco asistió a la charla de Quidditch.
-Estaba ocupado para eso, pero esto sí es importante-respondió Hermione- Le escribiré para decirle que puede quedarse en casa de mis padres, un día me dijo que la ciudad de Londres le daba miedo para andar solo.
-¡Ni que fuera un bebé!-bufó el pelirrojo. Hermione lo ignoró pero no le habló en el resto del día.
"No puedo dejar que Krum sea más listo que yo" pensaba Ron sentado en las gradas del campo de Quidditch, mientras esperaba que el equipo de Ravenclaw terminase de entrenar. Miró hacia abajo y se encontró con la platinada cabellera de Luna, que animaba al equipo.
-¡Hola, Luna!-saludó.
-Hola, Ronald¿van a entrenar?
-Ajá-respondió él con desanimó. La perspectiva de que Hermione pasara más tiempo con Viktor y menos con él en el verano le bajaba los ánimos.
-¿Pasa algo malo¿Aún no saben nada de Harry?-preguntó la Ravenclaw adoptando un tono realista que contadas veces Ron le había escuchado emplear.
-No...Sí es eso pero más otra cosa...es que no sé que hacer con un asunto.
-Ah, seguro Hermione te puede ayudar, ella es muy lista. Debería estar en Ravenclaw pero supongo que le importa más el valor...
-Es que no puedo hablar con ella de eso.
-Oh¿cosas de chicos?
-Sí, tampoco te interesaría...perdona que te moleste con esto. Normalmente era Harry el que me escuchaba pero...
-Desde los nueve años me crié con mi padre, y entre otras cosas me aportó un... ¿cómo era¡Ah, sí! Entendimiento masculino que pocas tienen-dijo orgullosa- Bueno, eso fue lo que dijo el test de la revista Corazón de Bruja de mi compañera de habitación, Katrin-agregó no muy convencida.
-Entonces tal vez me entiendas-dijo Ron emocionado. Jamás creyó poder hablar con Luna de cosas "normales", por así decirlo.
-Una mente inteligente no se basa únicamente en calificaciones escolares-recitó la rubia por toda respuesta, sonrió al muchacho dándole con esto la señal de que aceptaba escucharlo.
Fue así como Ron se vio confesando a Luna todos los años que había querido a Hermione, su muina con Viktor Krum, la impresión de que Hermione también lo quería y la difícil decisión de decirle o no la verdad. Después de escucharlo atentamente y pensarlo un momento, Luna le dijo: "Eso que me contaste es algo que todos, excepto Hermione y tú, saben". Luego se fue, dejando a Ron un poco contrariado. Pero de repente todo se aclaró en su mente. No iba a permitir que toda su vida estuviese atormentado por el "hubiera". Entrenó duramente y al término de la sesión corrió a la Sala de Gryffindor. Hermione estaba allí, leyendo tranquilamente.
Después de bañarse y quitarse la suciedad adquirida por el entrenamiento, Ron volvió a ver a Hermione en la misma posición: leyendo. Nervioso se sentó junto a ella, le quitó despacio el libro y después de mirarla fijamente a los ojos comenzó a besarla.
-Por fin te decidiste-dijo ella cuando se separaron un poco para tomar aire.
-Alguien me ayudó...
-Son tiempos difíciles para comenzar algo como esto.
-Mejor ahora que nunca¿no crees?
Por toda respuesta Hermione tomó la iniciativa para otro beso.
-¿Seguro que es por aquí?-preguntó Harry mientras Byron se desviaba por una cuneta que llevaba a lo que parecía un páramo.
Se habían aparecido en una carretera desierta para cumplir otra fase de la venganza de Harry. Caminaron un largo trecho y el moreno comenzaba a cansarse. Estaba a punto de anochecer cuando Byron señaló al horizonte. Harry levantó la vista y divisó tres chimeneas en una casa retorcida y miserable que se veía a lo lejos.
-Ahí es donde encontrarás a la familia que quiso protegerte pero que al mismo tiempo te utilizó. Un dato curioso es que de ellos proviene Ginevra...
-¿Ginny¿Ella estará allí?-preguntó Harry tratando de que su voz no sonara afectada.
Como de costumbre, habían tergiversado a Harry los hechos; ahora Voldemort le había ayudado a planear una masacre con la familia Weasley. Podían morir todos, excepto Ron y Ginny; la muerte habría sido una recompensa para la muchacha, (que tanto sufría, según contaba Sorel) mientras que para Ron había otros planes...
-No creo que esté, seguro sigue en el Colegio-respondió Byron mientras se acercaban y cruzaban la cerca del jardín. – Pero ojalá estuviera...-agregó con perversidad.
Harry intentó no rememorar la venganza urdida contra Ginny, pero al asomarse sigilosamente a la ventana pudo ver que ahí estaba. Lucía bastante demacrada, poco que ver con la hermosa muchacha que se le aparecía en sueños. También estaba ese chico alto: Ron. Un tipo que según le habían contad solo fingió ser su amigo, pero que en verdad lo envidiaba. Asimismo, divisó dos señores pelirrojos de edad madura, un tipo algo peludo que se acompañaba de una bellísima rubia platina, otro un poco bonachón, uno más de aspecto arrogante que utilizaba gafas de montura gruesa y dos gemelos que parecían tratar de animar a su hermana pequeña. Una familia feliz...algo que cambiaría en pocos minutos.
Hubo un momento en que Harry titubeó...podía correr aprovechando que ya no estaba en el cuartel, pero la presencia de Byron lo intimidaba y al mismo tiempo le contagiaba la maldad.
- Me alegro muchísimo de que McGonagall haya aceptado dejarlos salir esta noche- escuchó Harry decir a la señora pelirroja.
- Así es, tengo algo[iimpogtante [/i que [ianunciagles [/i, familia Weasley-dijo la muchacha platinada mientras cogía la mano de su peludo acompañante.
-Pues yo me siento algo fuera de lugar-dijo en voz casi inaudible una chica de la que Harry no había notado su presencia.
-¡No digas eso, Hermione!-exclamó el chico arrogante de las gafas de montura gruesa- Siempre has sido como de la familia, igual que Har...-titubeó antes de seguir hablando-, es decir, ahora más que eres novia de mi hermano. Me alegro de que por fin alguien vaya a supervisar a Ron...
-Cállate, Percy-espetó uno de los gemelos- Ella es su novia...
-...no su jefa-secundó el otro.
-Bueno, lo que quería decirles es que...
-¡AHORA, POTTER!
-¡Bombarda!
La puerta trasera de La Madriguera explotó y Byron y Harry entraron como una bala. El primero comenzó lazando un hechizo [isectumsempra[/i al padre, que se quedó muy quieto mientras comenzaba a sangrar copiosamente. La señora Weasley intentó atacar a Byron pero Harry le quitó la varita y la amarró con el hechizo [iincarcero[/i; Ron tomó la mano de Hermione y musitó [iprotego[/i, logrando que fuesen inmunes a los hechizos que su amigo les lanzó en seguida. Ninguno se atrevía a atacar a Harry, en parte porque no querían lastimarlo y en parte porque el individuo desconocido –Byron- lo protegía como un entrenado guardaespaldas. Ginny se lanzó contra Byron dispuesta a dejar a un lado la magia y golpearlo, pero éste la pateó en el estómago lanzándola a la pared. La chica perdió el conocimiento. Charlie y los gemelos trataban de repeler los hechizos de Harry, pero esto era difícil si seguían evitando herirlo. A punto de ser tocado por una maldición, Fred empujó una taza, misma que fue a dar al rostro de Harry causándole un corte. El odio que irradiaron los ojos del muchacho los atemorizó.
-¡Crucio[!-pronunció el ojiverde apuntando al gemelo que lo habita atacado. Fred cayó al suelo preso de un insoportable dolor.
-¡Para, Harry¡Para!-exclamaba George aterrado, casi parecía sentir lo de su gemelo.
-Hagui, pog favog, piensa lo que estás haciendo-rogaba Fleur entre sollozos.
-Fleur, vámonos...no puedes estar aquí, no en tu estado-murmuró Bill tratando de que su esposa se metiera a uno de los cuartos.
-¿A qué estado te refieres?-preguntó Byron.
-Ninguno...váyanse a molestar a otra familia. ¡Ve a destruir otras vidas, Potter!-espetó Bill, nervioso.
-¿Estás embarazada, Fleur?-inquirió Hermione. Todos, excepto Harry que seguía torturando a Fred, voltearon a ver a la rubia, ésta asintió débilmente desde el rellano de la escalera.
-Mucho mejor-murmuró Byron apuntando con su varita a la muchacha.
-¡NO!-gritaron todos al unísono. Bill se puso enfrente de su esposa.
-¡Avada Kedavra!
Un rayo de luz verde cegó a todos en la habitación. Bill se desplomó en el piso, muerto, mientras Fleur caía desmayada a su lado y a continuación comenzaba a rodar por las escaleras. Hermione corrió hacia ellos tras liberar a la señora Weasley. Harry dejó de torturar a Fred y Ron juraría más tarde que vio pena y compasión en sus ojos. Ginny solo despertó para volver a desmayarse al ver a su hermano muerto. Otro rayo de luz verde inundó la estancia y ésta vez fue Charlie quien cayó sin vida a los pies de Percy.
-¡Imperio-dijo Byron apuntando a Percy, éste subió como un autómata las escaleras y entró a uno de los cuartos, sin reparar apenas en el cuerpo inmóvil de Bill o de Hermione que intentó interceptarlo en la escalera. Escucharon abrirse una ventana y luego que algo caía con un golpe sordo. George salió al jardín y regresó con el cuerpo inmóvil de Percy entre sus brazos.
-¡Lárguense¡Crucio¡Avada Kedavra !-exclamaba la señora Weasley apuntando entre sollozos a Byron y a Harry, pero de su varita no salían más que débiles rayos que
Byron esquivaba con burla y Harry con confusión. No lo habían atacado hasta ese momento¿por qué?
-No quieres herir al muchacho, por eso no funciona-explicó Byron al ver que la señora Weasley seguía musitando hechizos inservibles- Me pregunto¿quién seguirá ahora¿Tal vez uno de los gemelos¿Qué opinas, Harry¿Harry?
Potter estaba en el rellano de la escalera y entre sus brazos tenía el cuerpo de Fleur. Su largo cabello platino cubría algunos escalones, respiraba entrecortadamente y gemía cada vez que intentaba mover uno de sus brazos, los cuales se encontraban en un ángulo extraño.
-Ella está embarazada, Byron-dijo Harry con una voz que Hermione percibió llena de culpa- Y está muriendo...
-¿Y eso qué tiene?-preguntó Byron con impaciencia.
-¿En verdad merecían esto?-inquirió el muchacho con la voz entrecortada- Mira cuántos cadáveres...no sé si en verdad deseaba esto.
-Eso es, Harry, libérate-interrumpió Ron subiendo la escalera y tendiéndole una mano a su amigo.
"Solo era tu amigo por alcanzar un poco de tu gloria"
"A los catorce años dejó que te enfrentaras solo a un dragón, sin siquiera brindarte una palabra de ayuda".
"Acaba con él"
Frases como esa poblaban la mente de Harry, atormentándolo. Sin embargo, tomó la mano de Ron y después de mirarlo a los ojos lo atrajo hacia a él como si fuese a abrazarlo. Pero cuando Ron extendió los brazos Harry éste lo empujó. El último escalón se llenó de sangre mientras Harry miraba aterrado lo que había hecho.
-¡¿Por qué entraste en mi mente?!-gritó Harry a Byron. - ¡No debías hacerlo, Byron!
-Cállate, imbécil. Hemos terminado aquí.
-No irán a ningún lado-espetó George-Incarcero
Pero fue demasiado tarde, Byron ya había subido la escalera y cogido a Harry de un brazo para posteriormente desaparecer. Volvieron a apersonarse en el cuartel. Harry se soltó del brazo de Byron y corrió furioso a su recámara/celda. Se tumbó en la cama con la mirada de su amigo atormentándolo...no parecía un envidioso ni un desgraciado.
-Mas bien parecía querer ayudarme-murmuró- ¿Estará muerto?
Viktor Krum cayó de hinojos en el jardín de los Weasley. Soltó el traslador (una página de periódico viejo) y se levantó con dificultad. Primero había ido al Cuartel de la Orden, dispuesto a unirse en la doble cruzada: Acabar con Voldemort y encontrar a Harry Potter. En el cuartel le habían dicho que mejor fuese a La Madriguera, pues allí encontraría a Ron y a Hermione, quienes habían salido del Colegio aquella noche a petición de la señora Weasley. A Krum no le interesaba encontrar a Ron, sino a Hermione, pues tenía casi tres años de no verla más que en su imaginación cada vez que recibía una carta de la muchacha.
-Buenas noches-dijo mientras abría la puerta principal.
Lo que vio hizo que retrocediera. El cuerpo del señor Arthur Weasley estaba partido en dos sobre un charco de su propia sangre. Unos metros más allá la pequeña Weasley, Ginny, yacía aparentemente inconsciente. Hermione estaba recostada en el pecho de Ron, sollozando histéricamente mientras que la señora Weasley era consolada por los gemelos. En la escalera, Viktor reconoció la cabellera de Fleur D´Lacour y en el rellano el cuerpo sin vida de Bill Weasley. Tropezó con los cuerpos de Charlie y Percy. Sin saber que hacer, se encaminó hacia Hermione, ésta dio un salto cuando le tocó el hombro.
-¿Qué pasó?-preguntó a la muchacha, que se aferraba al cuerpo de Ronald- ¿Quierres que llame a los sanadorres? Herrmione, responde, porr favorr.
-Sí, Viktor, por favor llama a San Mungo mientras preparamos un té para mamá. Hay que ver si logramos salvar a Ron, Fleur y mi papá-dijo George como despertando de pronto.
Horas después, los cuerpos de Bill, Charlie, Percy y el señor Weasley (quien murió desangrado cuando lo trasladaban al hospital) estaban en la morgue de San Mungo, y al otro día se les daría sepultura. Fleur y Ron se encontraban en la salas ocultas de medicina muggle del sanatorio. La primera se encontraba estable, aunque había abortado al bebé. Ron, por su parte, tenía severas fracturas pero éstas fueron curadas con magia. Mejoró bastante rápido en lo que a conciencia se refiere, pues Hermione no se había apartado del cuarto. La señora Weasley no hablaba sino simplemente lloraba silenciosamente y no quería comer ni dormir. Ginny se había quedado en el Cuartel de la Orden junto con los gemelos. Viktor Krum era el único más o menos tranquilo de entre todos ellos. Lo que Hermione le había contado de la masacre de Harry y el tipo que se hacía llamar Byron era inverosímil. Se le hacía imposible que el Harry vil que le contaban fuera el mismo muchacho nervioso y amable que conoció en el Torneo. También Hermione había cambiado, la notaba más madura y aunque le lastimó escuchar que ahora andaba con Ron, se resignó rápidamente y prometió que su amistad no cambiaría.
Días después del múltiple funeral, Hermione, Ron y Ginny volvieron al Colegio, donde todos los bombardeaban de preguntas sobre la masacre (pues el Profeta se había enterado por fuente del Ministerio, que mandó a hacer una esquela a Arthur Weasley) y sobre si en verdad Harry Potter había hecho eso. Intentaban evadir las preguntas, pero pronto se dieron cuenta de que Ron ya no hablaba tan a menudo de lo mucho que extrañaba a Harry, tampoco Hermione compartía sus demás el deseo de encontrar a su amigo. Solo Ginny parecía seguir sufriendo por él.
-Byron dice que quisiste rendirte-comentó Frida a Harry en tono casual.
-Solo titubeé un poco...él no debió de entrar en mi mente con la maldición Imperius, hizo que tirara a Ron de las escaleras.
-¿Y querías salvarlo¿Lo extrañas?
-No recuerdo nada de él, sólo sé lo que me han contado, pero...me pareció excesiva esta venganza...y repito: no me gustó que Byron entrara en mi mente.
-Estabas vulnerable, recuerda lo que el Señor Tenebroso dice de eso: alguien en tu mente es peor que cien enemigos.
Potter asintió. Pero el concentrarse en cerrar su mente le parecía de suma dificultad. Desde la masacre Weasley se sentía más vulnerable y susceptible. Quería volver a ver a Ron, casi decirle que no era su intención lanzarlo de la escalera...que sí quería liberarse y ver lo que ellos le ofrecían. Darles otra oportunidad de no utilizarlo, pues de todas maneras ahora se sentía usado...como un pretexto para darle víctimas a la máquina de muerte llamada Byron. ¿Pero cómo podía hacerlo? ni siquiera sabía si el pelirrojo estaba vivo.
-¿Crees qué fue casualidad que encontrásemos a todos los Weasley reunidos aquella noche?-inquirió Harry- Es decir, Byron me había dicho que los asesinaríamos por partes...en el Ministerio al padre y al hijo, Percival...que luego viajaríamos en pos del tal Charlie y Bill...y en casa a los gemelos y a la madre. Ron no estaba contemplado para ser herido.
-¿Por qué te sigues preocupando por él? Tal vez era su destino, el de todos, morir esa noche. Y lo merecían si te hicieron todas las cosas que cuenta el Señor Tenebroso.
-Ese es el problema: estoy dudando de lo que él y Severus Snape me cuentan.
Frida no supo qué decir. Einsenheim Sorel no le había explicado todo el plan de Lord Voldemort, pero Frida sabía que algo andaba mal. Había escuchado mencionar mucho a Potter, y si bien es cierto que la comunidad mágica lo adoptaba como héroe, no parecía haberlo utilizado tan vilmente como decía Lord Voldemort. Más bien, le parecía que Voldemort era quien utilizaba ahora a Harry.
-¿Conoces Hogsmeade?-preguntó de repente a Frida.
-Sí, es un pueblo habitado solo por magos, queda cerca del Colegio Hogwarts, donde yo asistí. – Harry la miró sorprendido. Le habían contado que él también había ido a ese Colegio.
-¿Y cómo es?
-¿Hogsmeade o Hogwarts?
-Ambos.
-¿Por qué te interesa?- el muchacho se encogió de hombros- Mira, en una semana hay excursión a Hogsmeade. Le pedí a Sorel que me acompañe, puedes ir con nosotros...
-Voldemort no me dejará salir-explicó Harry desanimado.
-Corrección: Lord Voldemort no te deja salir solo. Si Sorel y yo prometemos vigilar que no huyas o que alguien te reconozca seguro que sí te deja ir. Déjame intentarlo.
-¿En verdad lo harías?
-Claro. Me dicen que soy bastante persuasiva-respondió Frida guiñándole un ojo.
-Así es. En una semana hay excursión a Hogsmeade. Será la última del año pues en un mes acaba el curso.
-Y nosotros nos vamos para siempre, Luna-suspiró Hermione.
-¿Para siempre?-preguntó Luna- No sé, estoy segura de que para entrar a Hogwarts hay otros pasadizos secretos. Si nadie puede aparecerse ni desaparecerse¿cómo explicas que Dumbledore siempre volvía tan rápido de sus asuntos?-preguntó Luna con un tono de voz que indicaba que aquel había sido un reportaje estrella en El Quisquilloso. Hermione podía imaginarlo "Pasadizos secretos a Hogwarts en lugares tan inimaginables como un baño muggle". De sólo imaginarlo rió, pero Luna no se percató porque ya había vuelto a su mesa de Ravenclaw.
-¿Por qué tan feliz?-preguntó Ron a su ahora novia.
-Extraño¿verdad? Desde que Harry se fue pocas razones hemos tenido para reír¿has sabido algo de tu madre o los gemelos?
-Fred me ha escrito contando que ya se siente mejor de la maldición de la tortura...
-¿Y tú cómo estás?
- Mi mejor amigo acabó con casi toda mi familia y me lanzó de las escaleras para matarme...estoy de maravilla-respondió con sarcasmo.
-Al final él no quería...titubeó un poco..
-Pero no volvió con nosotros. Remus tuvo razón al reprendernos...
Después de que Ron se recuperó, fue con Hermione al Cuartel de la Orden, en donde explicaron todo a los miembros.
-¿Y voy a creer que siendo ustedes once personas no hayan podido contra dos?-inquirió Lupin en todo severo.
-No queríamos lastimar a Harry-respondió Hermione a punto de llorar- Nos impactó ver que se ponía en nuestra contra.
-Pero por lo menos lo hubiesen capturado-secundó Kingsley malhumorado.
-¡No era tu mejor amigo el que asesinaba a tu familia!-gritó Ron fuera de si- En ese momento no tuve valor para hacerle nada pero ahora...
-Ron¿es verdad qué ahora si atacarías a Harry?-preguntó Hermione dubitativa.
Por toda respuesta el pelirrojo se encogió de hombros y la abrazó, pero Hermione sabía que esa ambigua contestación encerraba algo vil llamado venganza.
-Te pondrás esto, esto y esto-dije a Harry mientras le tendía algunas prendas para acabar con su identidad y poder salir con él a Hogsmeade.
Agradecí muchísimo que Byron no se ofreciera para acompañarnos. De hecho, aquella visita a Hogsmeade iba a ser una cita entre Frida y yo, pero a ella le divertía "proteger" al niño Potter. A mí no me molestaba mucho que fuera, me agradaba y daba lástima a la vez. Byron me había contado con lujo de detalles toda la masacre perpetrada en la casa Weasley. Y me sorprendí al notar dentro de mí una punzada de compasión por Ginny.
-Te ves ridículo, pero al menos ya no tan... Potter-comentó Frida al observar el nuevo aspecto de Harry.
Lucía una túnica celeste, le habíamos quitado las gafas y alargado el cabello de forma que su cicatriz (la cual fue imposible borrar) estuviera oculta. Si lo mirabas de frente y a los ojos reconocías al niño que vivió, pero confiaba en que la exuberante belleza de Frida y mi extrema palidez desviaran las miradas. Hacía un poco de calor, pues estábamos entrando a junio, así que no me sorprendió que Frida llevase un vestido tan corto; ella sí estaba bastante fresca pero yo sentía que algo en mí se ponía a punto de ebullición.
Nos encaminamos el pintoresco pueblecito. Para nuestra desgracia estaba llena de estudiantes de Hogwarts, jóvenes felices que se sentían protegidos en su Colegio, ignorando la maldad que estaba tras los muros. Yo adivinaba lo que la hambrienta mirada de Frida veía en esos muchachitos, así que traté de irnos por senderos apartados alejándola de tentaciones. Harry miraba todo boquiabierto, se mezclaba con los demás muchachos y me divertía que estando con ellos nadie adivinara quién era. Sin embargo, la diversión duraría poco.
Por un sendero poco transitado venía el chico pelirrojo llamado Ron que Byron había descrito, acompañado de otra muchacha. Harry también pareció reconocerlo porque se quedó muy quieto mirándolos. Ellos, sin embargo, pasaron por nuestro lado sin vernos. Luna y Ginny venían unos pasos más atrás y ellas sí me saludaron efusivamente al reconocerme. Frida se presentó con ellas y pareció intimidarlas su presencia. Iba a decir que era mi hermana mayor cuando de la nada comenzó a besarme apasionadamente. La Ravenclaw y la Gryffindor guardaron un silencio incómodo y luego se despidieron tímidamente.
-¡¿Por qué hiciste eso?!-le pregunté a Frida, enfadado.
-¡Ah, vamos! No digas que no querías¿te apené con tus compañeritas? Quizá solo con la pelirroja, no me digas que no te gusta porque vi cómo la mirabas. Pero recuerda algo, Sorel: ella no es eterna y créeme que es unos pocos siglos menor que tú. Así que no seas pedófilo. Aparte, Byron ya la usó.
-A ti también-dije mordazmente, desarmando su colmilluda conversación. -¿Dónde está Potter?
Miramos a todos lados pero el chico había desaparecido cuando nos descuidamos. Al final lo encontramos en un callejón semidesierto. Estaba fingiendo mirar una vitrina que contenía ingredientes de pociones, pero en verdad tenía los ojos clavados en un pelirrojo que abrazaba a una muchacha castaña de cabello alborotado. ¿Qué iba a hacer?
-¡Ron!-exclamó de repente. El aludido alzó la vista y buscó quien lo había llamado. Harry se levantó el flequillo que había improvisado, mostrando su cicatriz.
-Te faltó acabar conmigo¿verdad?-preguntó Ron, desafiante.
-Harry, por favor, ven con nosotros-rogó la muchacha castaña- Queremos ayudarte...
-¡Vete, Hermione! No quiero que te lastiME...Tarantallegra
-¡Espera!-exclamó Harry mientras sus piernas comenzaban a moverse frenéticamente.
-Finite incantatem -dijo la muchacha castaña. El hechizo finalizó mientras Ron dirigía una mirada de furia a su novia.
-¿Qué hiciste¡Él mató a mi familia!
-Quiere hablar con nosotros¿no es así, Harry¿Harry?
Pero Harry parecía sorprendido de la oportunidad que le ofrecían. De repente se arrodilló en el piso y comenzó a agarrarse la cabeza de los lados, como si fuera a caérsele. Frida y yo mirábamos todo en silencio, estupefactos y sin saber qué hacer. De súbito recordé las palabras de Byron "Hemos alterado la mente de Potter, cualquier bondad que pretenda anidar de nuevo en su corazón será reemplazada por un sentimiento de odio y venganza". En un principio había dudado de esas palabras, pero ahora que veía a Harry encaminarse fieramente hacia el pelirrojo quise intervenir. Pero dudé en el último momento...si ellos veían que tenía relación con Harry mi teatro en Hogwarts podía acabar. Entonces¿qué hacer?
-¡Expelliarmus!-exclamó Ron al ver que Harry se disponía a atacarlo, pero Potter fue más rápido.
-¡Crucio!-gritó apuntando a Ron, que se desplomó en el suelo. La chica castaña pareció querer ayudarlo pero cayó al piso cuando Harry le lanzó un Petrificus Totalus- ¡Sectumsempra!-añadió apuntando a las piernas de Ron, las cuales comenzaron a sangrar causando un potente dolor en el pelirrojo.
Frida me cogió del hombro y al mirarla divisé algunos estudiantes que se acercaban a nuestra ubicación. Corrí tomando a Harry de la túnica mientras que en la otra mano sostenía la de Frida. Nervioso busqué entre mi ropa el traslador que Lord Voldemort me había dado y segundos después nos habíamos apersonado en el Cuartel. Al llegar, Harry lloraba con histeria.
-¡¿Por qué demonios todos me utilizan?!-gritó enfurecido.
Hermione estaba aterrada, Ron llevaba más de una semana en la enfermería y lo último que había sabido de él era que ninguno de los veintiocho remedios de la señora Pomfrey surtía efecto y que había rumores de trasladarlo a San Mungo.
-¡Usted puede curarlo!-exclamó Hermione cuando la enfermera probó la trigésima poción- Cuando se fracturó las piernas lo curaron en seguida en San Mungo.
-Porque solamente se trataba de huesos rotos a causa de una caída-respondió la señora Pomfrey visiblemente ofendida de que la compararan con los sanadores de San Mungo- Aquí intervino magia, sus piernas están deshechas...es mejor que sea franca, señorita: creo que tampoco en San Mungo podrán hacerlo y el señor Weasley puede terminar...bueno...¿cómo dicen los muggles¡Paralítico, inválido! Eso...
-¡Si usted no puede no significa que sea imposible!-gritó Hermione sin fijarse en lo que decía- ¡¿Por qué no me deja verlo¿Está conciente, no?
Sin esperar respuesta, la Gryffindor entró a la enfermería y se notaba tan decidida que la señora Pomfrey no hizo nada para impedirlo. La camilla de Ron estaba oculta tras unos biombos, los descorrió y de inmediato quiso retroceder. Ron estaba dormido (¿inconsciente, tal vez?) y el bulto que hubiesen hecho sus dos piernas era amorfo, como si en verdad tuviera las piernas deshechas. Hermione reprimió el llanto, pero sacó toda su frustración cuando la señora Weasley se apersonó en el Colegio, aterrada evidentemente ante la perspectiva de perder a otro hijo.
- Señora Weasley¿sabe? Antes me importaba encontrar a Harry y hacerlo volver con nosotros; pero ahora solo quiero encontrarlo, vivo o muerto, y de esa forma evitar que siga destruyendo más vidas¡temo por mi familia!
La señora Weasley solo le dirigió una mirada piadosa. Aún no asimilaba la idea de que Harry, su casi hijo, estuviese haciendo tanto daño. Pero era inútil seguir engañándose, Hermione tenía razón: encontrar a Harry –vivo o muerto, ya no importaba- se había convertido en algo tan pertinente como acabar con Voldemort.
La estrategia de la Orden cambió; ya no intentaban buscar a Harry simplemente para volverlo a poner de su lado, sino más bien como un instrumento para de esa manera hallar a Voldemort. El cariño profesado a Harry solo seguía vigente en el corazón de Ginny y en Remus Lupin, más que nada por el recuerdo de su amigo James. Todos estaban decepcionados y contrariados de tener que pelear ahora con dos enemigos, uno de ellos el héroe en que tanto confiaron...
Faltaba poco menos de una semana para que acabara el curso en Hogwarts. Hermione estaba sumamente triste, sus últimos días los estaba pasando sola pues Ron había sido trasladado a San Mungo –donde tampoco parecían ayudarlo mucho- y ella solo deseaba salir para poder ir a visitarlo.
El fin de semana en que ya todos se hallaban haciendo maletas, ella estaba sentada frente al lago, observando los lánguidos movimientos del Calamar Gigante y deseando que éste extendiera sus tentáculos y la llevara a las profundidades para dejar de pensar en todo lo que estaba mal. Todo lo que había pensado anteriormente sobre cómo sería su último curso estaba errado. Ahora se encontraba allí, sin saber qué hacer ni adónde ir. Sostenía un fajo de folletos sobre diversas carreras y no se decidía: el Ministerio, entrar como profesora, los aurores...Nada le llamaba la atención¡ella quería luchar, no entrenarse! Quería actuar de una vez por todas.
- Después del Colegio, yo me tomaré un año para viajar por todo el mundo y buscar algo que me interese. Dentro del Colegio es difícil decidir porque no sabemos cómo es el exterior; debemos salir para conocer qué hay más allá de esos muros.
La voz soñadora de Luna sacó a Hermione de su ensimismamiento.
- Creo que haré lo mismo que tú...solo quiero encontrar a Harry. ¿Qué vas a hacer en el verano?-preguntó la castaña para cambiar el tema.
- Mi padre se unió a la Orden antes de morir, y yo también quiero ayudar. A pesar que a veces parezca ajena a todo, hay cosas que no se pueden ignorar...por muy lunáticos que estemos.
Ron Weasley salió de San Mungo una semana después de que acabara su último curso en Hogwarts. Fue trasladado en una silla de ruedas muggle a la Madriguera y estaba más deprimido que nunca. Ni siquiera se alegró cuando su madre le comunicó que sus ÉXTASIS habían sido satisfactorios y que le ofrecían muchos puestos de trabajo y estudios superiores.
- Pero no saben que ya no tengo piernas¿o si?-preguntó con acritud. Su madre no volvió a mencionar nada sobre el futuro.
Hermione se apersonó en La Madriguera al día siguiente que se enteró de que Ron estaba allí. Trató de ignorar la silla de ruedas y se acercó a saludarlo con un beso y una sonrisa tan fingida que hacía que le doliera la mandíbula. Ron, por su parte, no pareció alegrarse mucho de verla. Apenas y la miró, diciendo en seguida que se sentía mal y no quería que nadie lo molestara.
-¿Qué pasa¿Qué he hecho?-preguntó Hermione contrariada, a Ginny.
-Desde que se enteró de que bueno...no podía curarse...está siempre de mal humor. Mi madre, los gemelos y yo tratamos de cuidarlo pero se ha vuelto una penitencia¡es tan grosero!
Sin hacer caso de la orden de Ron acerca de que no quería ser molestado por nadie, Hermione entró en su cuarto. Lo encontró acariciando su escoba y mirando por la ventana. La muchacha se sentó en la cama a observarlo.
- Dije que no quería ser molestado-comentó Ron al notar la presencia de su novia. En verdad solo quería su compañía pero no quería imponerle su inútil presencia.
-¿Por qué te portas así? Yo te quiero, Ron, no me trates así.
-Creo que es mejor que terminemos, Hermione... tú mereces algo mejor, alguien con dos piernas que no sea una carga.
-¡No digas eso! Tú no eres una carga...
-Mejor habría sido ser asesinado por Harry...estar muerto como casi toda mi familia.
-Ginny, los gemelos y tú son el único consuelo que le queda a tu madre...y tú eres mi único consuelo, Harry nos dejó; no me dejes tú a mí.
-Llegará un día en que te cansaré. Ni siquiera puedo trabajar en nada.
-Encontraremos la forma¡solo déjame estar contigo, por favor!
-Haz tu vida y déjame en paz. Por favor, Hermione, vete.
-Pero...
-¡VETE!
Ante ese grito, Hermione se levantó de un salto y salió de La Madriguera entre lágrimas. Ron la vio alejarse y desaparecer en el jardín. Dos gruesas lágrimas rodaron por sus pecosas mejillas pero estaba decidido. Él ya estaba atado a esa silla, no la ataría a ella. Mejor que hiciese su vida, la suya había acabado y ahora solo le quedaba esperar tranquilamente la muerte.
Disculpen la masacre de este cap, en serio que era necesario!!
Espero sus reviews
Gracias por leer D
