Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Aiolia/Máscara de Muerte.
Capítulo 4. No tengo la culpa de verte caer
- Llegaremos tarde.
El joven Aiolia se peleó un rato más con su túnica antes de conseguir que cayera adecuadamente. Resultaba cómoda una vez puesta, pero ponérsela era un engorro con tanto pliegue y tanta cinta. En la puerta del templo de Leo, Aldebarán daba vueltas con evidente aburrimiento, con nueve años y la perspectiva de una fiesta no tenía demasiada paciencia, cualquier espera parecía eterna y a la vez los días pasaban volando.
Celebraban el solsticio de verano y esa noche los aprendices habían planeado estar despiertos toda la noche y tomar parte en la tradición de las hogueras de San Juan, encendiendo hogueras y festejando, la idea les entusiasmaba. Además estaban casi todos los aprendices, tan solo Shaka y Mü estaban en sus lugares de entrenamiento habitual, de hecho ambos habían conseguido ya sus armaduras de forma asombrosamente prematura. Pero aquellos dos casi nunca estaban en el Santuario de modo que no importaba demasiado.
- ¡Nos perderemos la barbacoa!.- Insistió Aldebarán, el mas alto de los aprendices no podía concebir la idea de perderse esa parte de la fiesta, estaba dando el estirón y comía tan rápido como crecía.
Cansado de verse increpado continuamente, Aiolia instó al otro chico a marcharse sin él mientras continuaba atándose las intrincadas sandalias de tiras.
- Ya te alcanzaré allí.- Prometió.
Un rato después, ya completamente vestido, Aiolia salió del templo de Leo para apresurarse a bajar las escaleras hacia la campa, donde la fiesta acababa de comenzar, con música y bailes.
Pero apenas había empezado a bajar las escaleras cuando una conocida voz le detuvo. No entendía bien lo que decía, pero esa era la voz de su hermano, venía desde la parte trasera del templo de Leo, escaleras arriba. Una sonrisa iluminó su cara, podría ir a la fiesta acompañado de Aiolos. En vez de bajar, subió las escaleras tras atravesar su templo en pos de la voz de su hermano.
Se detuvo al oir otro sonido... un llanto... alguien estaba sollozando y su hermano parecía tratar de consolarlo. Ahora podía oirles levemente, lo suficiente para entender a su hermano.
- Sssh... cálmate, todo irá bien.
Aiolia subió en silencio, curioso. Las voces venían de un recoveco en las escaleras que llevaban al templo de Cancer. Se acercó cuidadosamente, cuidando de no ser detectado ni oido. Se asomó por las rocas y vislumbró a las figuras que estaban ligeramente ocultas allí.
Era efectivamente Aiolos, de pie frente a un muchacho que sollozaba quedamente, este quedaba de espaldas a Aiolia, pero le resultaba conocida aquella figura de músculos ya bien entrenados y de erizado pelo negro... ¡Máscara!
Nunca, jamás había visto llorar a aquel chico. Ahora Máscara tenía casi doce años, era uno de los mayores del Santuario, de hecho pronto conseguiría su armadura de oro y dejaría de ser un aprendiz, pero incluso de niño, nunca le había visto llorar. Quizá un par de involuntarias lágrimas de dolor en un entrenamiento, pero nada que pudiese ser llamado llanto. Máscara de Muerte no lloraba, nunca. O eso había creido Aiolia.
- Lo siento mucho, Máscara, pero sabes bien que no puede ser de otro modo.- Aiolios acariciaba la cabeza de Máscara entre sus manos tratando de consolarle.- Por favor, puedes hacerlo, ya lo has hecho antes...
Máscara musitó algo que Aiolia no pudo oir y se abrazó al pecho de Aiolos con una impetuosidad que parecía fruto de la desesperación, llorando ahogadamente contra la camisa del caballero de Sagitario, que suspiró con tristeza en respuesta.
- Ojala pudiera, pero no hay otra opción. Lo lamento de veras.
Aiolia no podía oir lo que musitaba Máscara, pero debía ser muy triste, porque el rostro de su hermano se llenó de congoja en tanto abrazaba a Máscara contra su pecho. Resultaba un acto tan extraño a ojos de Aiolia, no el cariño de su hermano, que siempre estaba dispuesto a ser un hombro para todos los habitantes del Santuario, sino la repentina cercanía de Máscara, un chico que a todas horas manifestaba sino su desprecio, al menos su frialdad para con Aiolos.
- Sssssh, sé que es demasiado duro. Pero no hay elección, tienes que hacerlo, es tu deber.
- ¡NO!. ¡No quiero!.- Máscara chilló y se colgó del cuelgo de Aiolos, su voz sonaba quebrada por el llanto e inesperadamente infantil.- ¡Por favor!.¡Por favor!
- Tienes que ser fuerte por el bien de todos.
- ¡Por favor!. ¡Solo esta vez, solo hoy!. ¡Por favor, no quiero!.
Aiolos acarició la nuca y la espalda de Máscara en lentos círculos, manteniendo un ritmo continuo hasta que los sollozos del muchacho se acallaron y se redujeron a un estremecer de hombros.
- Vamos, Máscara, eres un chico muy fuerte. Pronto serás todo un caballero de oro, el patriarca está muy orgulloso de tí.
Seguía sin entender a Máscara, sobre todo ahora que murmuraba contra el cuello de Aiolos. Después, tan brusamente como se había abrazado a él, Máscara se apartó de Aiolos con violencia empujando y volviendo el rostro enrojecido por el llanto.
- ¡TE ODIO¡Y TAMBIÉN ODIO AL PATRIARCA!
- ¡Máscara!.- Aiolos estaba escandalizado.- ¡Compórtaté!. ¡Vas a ser un caballero de oro!
- ¡Me da igual!.- Máscara apretó los puños y bajó la cabeza.
- Eso no es cierto.- Aiolos le puso una mano sobre el hombro y Máscara dió un respingo.- Vamos, te acompañaré.
- Por favor...- La voz de Máscara volvío a perder la violencia para tornarse infantil, lastimosa.
- Eres fuerte. Sé que puedes hacer esto, fuiste elegido por el destino. Puedes hacerlo.
Máscara pareció asentir con la cabeza. Aiolos le sonrió y le pasó un brazo sobre los hombros mientras abandonaban el hueco. Ante eso Aiolia se apresuró a apartarse y buscar su propio cobijo, no quería que descubrieran que había estado espiando. Tras una roca esperó en silencio a que Aiolia y Máscara subieran las escaleras al templo de Cancer. El joven aprendiz tuvo la pasajera y escalofriante impresión de que Máscara caminaba como alguien que se dirige al patíbulo.
El presente...
Aiolia salió del agua de los baños tomando una gran bocanada de aire. Aquel recuerdo siempre estaba en su memoria, había sido algo chocante y perturbador. Jamás se lo había dicho a Aiolia, ni a Máscara. Nunca le había pasado por la cabeza el preguntarle por aquel suceso, ni echarle en cara aquel momento de debilidad.
Quizá era por la participatión de Aiolos en aquella situación, o quizá por no rebelar su espionaje. Había sido un suceso extraño y confuso que nunca había comprendido del todo y había decidido dejarlo así, tal como estaba. Pero quizá era un buen momento para recordarlo con toda claridad.
Salió del agua y se secó con una toalla. Había pasado la mañana en la sauna de la casa de baños, relajándose para calmar la turbulencia de su mente. No lo había conseguido, pero se sentía algo mejor, la relajación múscular era una buena distracción.
Apenas había dado unos pasos cuando, al pasar frente a la puerta abierta de la sauna, vió al hombre que había ocupado sus pensamientos momentos antes.
Máscara estaba sentado en la sauna, con los brazos apoyados hacia atras, una pequeña toalla cubría su cintura y dejaba a la vista el resto del cuerpo, gotas de sudor resbalaban por los marcados músculos, donde se apreciaban restos de morados que casi habían terminado de sanar. El pelo gris claro estaba aplastado, definiendo el craneo y pegado al anguloso rostro, que denotaba un par de zonas levemente azuladas. Aiolia no se percató de que se había quedado parado hasta que Máscara entreabrió los ojos y le miro desde las casi imperceptibles rendijas carmesies.
Incluso desnudo, en postura obviamente relajada, Máscara no parecía indefenso, parecía mas bien un animal salvaje que fingiera estar dormido para saltar sobre la presa que le subestimaba.
- León...- Surgió como un gruñido, o un ronroneo.
Aiolia frunció el ceño, pero no respondió. Máscara no se movió, semisonriendo, ni siquiera se tensó, seguía relajado, sentado con indolencia.
- Ven aquí, león.- Ronroneó Máscara con malicia.
Apretó los puños, semejante atrevimiento, aquel hombre le enfurecía con apenas dos palabras.
- No voy a acudir a tu capricho, Máscara.
- ¿No?.- El canceriano se inclinó perezosamente.- Que lástima... pero supongo que podríamos hablar mas tarde.
- Yo no lo creo.
- ¿A dónde vas ahora?
- No te importa.- Aiolia se ajustó la toalla y continó la marcha rápidamente, aunque no tanto como para no oir lo que aun decía Máscara.
- Yo estaré en el coliseo, leoncito.
Como si le importara. El leoniano se marchó sin mirar atras.
Pero el atardecer le encontró en el centro del coliseo.
La gran arena circular era un lugar dedicado al entrenamiento de los caballeros de oro en exclusiva, nadie mas podía acceder al coliseo del Santuario. En contadas ocasiones se utilizaba para duelos honorables entre caballeros.
Una vez mas Aiolia se preguntó qué hacía allí, era una estupidez ceder a las provocaciones de Máscara, sobre todo después de la trifulca en el templo de Cancer. Cielos, Saga tendría su cabeza si volvía a tener lugar una pelea como la de hacía seis días. Idiota¿en qué estaba pensando?.
- Sabía que vendrías.
¿Cómo se movía tan silenciosamente?. A primera vista parecía ser mas músculo que destreza. Como parecía ser su costumbre, su enemigo salía de entre las sombras de los vestuarios, portando su armadura de oro, igual que él.
Si se batían a duelo allí sería con sus cosmos. Eso no debía ocurrir.
- ¿Qué quieres, Máscara?
- Ya lo sabes¿por qué sino estas aqui?
- No espero comprenderte, olvídate de mi.
- ¿Por qué has venido?.- Insistió Máscara, acercándose paso a paso.
Aiolia se reprochó su necedad al acudir, estaba jugando al enfermizo juego de Máscara como un necio.
- He venido a decirte que me dejes en paz. Vive tu nueva vida lejos de mi.
- Has venido a pelear.- Replicó el otro.- Vamos, nuestra pelea no ha terminado.
Aiolia mantuvo los brazos bajos a amabos costados, ni siquiera encendió su cosmos en respuesta a la agresiva aura de Máscara.
- ¡Pelea!. ¡Lo deseas tanto como yo!
- ¡No!. Esto es absurdo, somos adultos y no debemos...
- ¡Ja!.- Máscara rió de buena gana.- Deja esos discursitos a Mü o Shaka, no tienes nada que ver con ellos. Tú sabes la verdad.
- ¿La verdad?.- Aiolia estaba confundido, y a la vez temía las palabras de Máscara.
- Por supuesto, tu y y lo sabemos, la hipocresía del Santuario y lo que somos en realidad. Y ahora basta de discursitos.
Máscara se puso en posición de combate, ansioso. Pero Aiolia se contuvo, manteniendose firme en su postura, no debía responder al desafio. No le sorprendió ver al otro caballero gruñir con ira y frustación.
- ¡Preparate, idiota!
- ¡No!. No pelearé contra tí como si fueramos animales.
- No, claro que no.- Máscara rió y le dirigió una mirada calculadora.- Igual que tu hermano, te quedarás quitecito mientras te mata un caballero de oro. Si, quietecito como un cordero en el matadero.
Sabía como pincharle, maldito fuera. Sabía como pincharle. Aiolia gritó e inflamó su cosmos como una hoguera.
Solo una vez se habían enfrentado con sus armaduras puestas, usando el poder de sus constelacione, y había sido un encuentro breve de apenas un solo golpe. En el templo mayor, y ante los demás caballeros, Aiolia había cedido a los insultos del otro y atacado, Máscara había parecido no responder, pero mas tarde el caballero de Leo se había visto debilitado por un ataque tan veloz que ni siquiera él lo había percibido hasta sentir el dolor posterior. Ese combate se había visto interrumpido apenas había empezado.
Este no lo sería.
Máscara se sentía bullir, por fin volvía a verlo, con los ojos encendidos de rabia, enseñando los dientes como un animal, como la bestia que era el símbolo de su templo, el León de Nemea. Si, era en esos momentos cuando odiaba menos a Aiolia, si, así era como quería verle, no tan erguido y correcto como aquellos años en el Santuario, después de limpiarse el nombre de su hermano. Quería verlo consumido en rabia y odio, quería verlo totalmente desprendido de cualquier parecido con Aiolos.
El rostro de su enemigo volvía a ser una Máscara de locura, Aiolia no podía soportarlo, incluso cuando los golpes alcanzaban al canceriando, sin duda hiriéndole, la sonrisa apenas flaqueba. Máscara parecía consumido por una tempestad salvaje, abandonado, sin control. Nunca le había visto tan... desequilibrado. Le enfurecía, aquel hombre era un monstruo.
De pronto el cosmos de Máscara se acúmulo en su dedo índice.
¡Las Hondas del Hades!. Aiolia sintió un nudo en la garganta. Ni siquiera un titán podía escapar del abismo, aquel ataque desterraba el alma al agujero del infierno, solo la intercesión de una deidad podía liberarla.
Si Máscara realizaba ese ataque... ¡realmente quería matarle!. Era realmente un asesino.
Se lanzó de cabeza, sin pensar, debía pararlo, pararlo como fuera, y lo hizo a tiempo. Máscara expulsó todo el aire de sus pulmones cuando Aiolia le placó por la cintura y le estrelló contra el muro de piedra en una maniobra similar a que le había hecho él mismo en el templo de Cancer.
Pero Aiolia lo hizo con todo el poder de un caballero de oro con su armadura.
- ¡Bastardo asesino!.- Aiolia estaba cegado de ira.
Pero también lo estaba Máscara, el dolor no le detuvo, había perdido la oportunidad de realizar su ataque principal pero no importaba, podía seguir luchando. Aun podía más, aun quería mas. Quería la paz que solo la violencia podía proporcionarle, y quería el alivio de conseguirlo con Aiolia. Con la única persona que veía la verdad, que había visto la verdad del Santuario.
Jamás lo olvidaría, en aquella reunión en el templo mayor del Santuario, en la primera reunión de caballeros de oro a la que Aiolia había acudido. Recordaba la amargura en el caballero de Leo, la indignación, la pasión.
"Los caballeros de oro somos inútiles, aunque somos capaces de matar a otros con extrema facilidad ... no podemos emplear ese mismo poder para protegerles."
Esas habían sido las palabras de Aiolia, el muchacho incluso había tenido el valor, la iniciativa de atacarle, a él, otro caballero de oro, en la reunión. Máscara de Muerte se había encendido de ira, pero también satisfacción.
Nada había vuelto a rozar el placer que le había proporcionado las sinceras reacciones de Aiolia, la rabia desatada, el orgullo del León, sin la máscara con la que siempre trataba de imitar a su noble hermano mayor. Igual que ahora, exactamente igual que ahora. Mas maduro, adulto, con rasgos mas duros, mas fuertes, era aun mejor. Su expresión de odio, el cabello rizado revuelto, una linea de sangre manchando su mejilla desde la linea del pelo...
Era algo hermoso. Y estaba tan vivo. Tan increiblemente vivo. Aiolia era la vida, la fuerza, la pasión, era la vida en estado puro.
Su cosmos era... había tanta luz, tanto calor... era el sol. El amanecer.
El amanecer... cuando terminaba la noche, cuando caía la barrera, cuando se abrían las puertas del templo, cuando el sol anunciaba que había terminado, que había terminado la noche, la oscuridad... Era la luz.
La revelación fue demasiado para él. Se lanzó contra Aiolia.
Aiolia creyó que Máscara le estaba placando de nuevo... hasta que sintió los brazos en torno a él. No le había lanzado apenas mas de un par de pasos hacia atras y ni siquera había lanzado la cabeza, con las peligrosas espinas del casco.
Consternado, el caballero de Leo tardó unos minutos en percatarse de que Máscara de Muerte le estaba abrazando.
Nota de la autora: Muchas gracias por los reviews. Ya empiezan a mandarme trabajos en la universidad asi que el ritmo de actualización empezará a decrecer, intentaré que no sean espacios muy largos¡hasta la próxima!
