DECADENCIA
5. Persuasión
Draco y yo seguimos siendo amigos. En las pocas ocasiones en que nos veíamos llorábamos de risa al recordar que éramos enemigos ideológicos: él, fracaso de mortífago que ahora ayudaba a la Orden y yo, intento de vampiro, mortífago espía que no se ayudaba ni a sí mismo.
No sé exactamente cuándo me di cuenta de que Draco estaba un poco enamorado. Tal vez cuando empezó a contarme lo bien que se sentía en la Orden, luchando contra los que hubieran sido sus "colegas"; luego me hablaba de lo hermoso que era el verano, encerrado con tantos locos que no lo rechazaban. Terminaba diciendo que en mí había encontrado amistad pero que debía irme con cuidado o podría ser sustituido por Luna Lovegood. "Tendría miedo si fuera su novia" pensé riéndome, pues por la forma en que hablaba de esa Ravenclaw parecía que no era su amiga, sino su pareja. Además ponía en palabras, que yo pude adivinar estaban impregnadas de dolor, que una persona tan maravillosa como Luna jamás se fijaría en alguien marcado, con un pasado sucio y valores poco desarrollados. Trataba de consolarlo diciendo que no perdiera la fe, que Luna estaba un poquito loca y podía considerarlo una persona atrayente. Era cuando él se contradecía a sí mismo y me escribía reclamándome que "no digas tonterías, a mí ella no me gusta" o "te afectan los mortífagos, yo no estoy enamorado". Pero éramos amigos, yo lo conocía bastante bien y gracias a eso supe cuándo mentía y cuándo no.
La decisión final de Hermione fue dedicarse a la docencia e investigación. Gracias a su inteligencia fue aceptada en algunos cursos de inefables, aunque no planeaba dedicarse a eso exactamente; su interés en esa carrera era puramente práctico. Estaba segura –o más bien quería creer- que esos inefables poseían alguna magia oculta que le permitiría curar a Ron o, en su defecto, acabar con Harry de una forma fácil y rápida.
El verano se le comenzó a ir sin grandes acontecimientos. Terminó sus cursos para ser maestra y un prestigioso colegio accedió dejarle hacer sus prácticas en él, de forma que poco antes de septiembre ya estaba preparándose para entrar a trabajar.
Intentó hablar con Ron pero el muchacho se rehusaba a aceptar sus visitas y también rechazó toda la correspondencia, aunque Hermione sabía que las leía de prisa y luego las devolvía. Estaba segura de que Ron no se estaba alejando de ella por falta de amor, sino por la terquedad que lo caracterizaba, así que dejó de ser tan insistente e intentó concentrarse en su nueva vida. Estaba casi resignada a luchar contra Harry y acabar el periodo oscuro que se estaba dando en aquellos momentos.
Siempre que podía iba al cuartel de la Orden, donde a menudo se encontraba con Draco (que la ignoraba despectivamente, aunque extrañamente se llevaba con Luna), Ginny, los gemelos, Lupin y en ocasiones a Ron, quien la ignoraba olímpicamente. En el cuartel contribuía limpiando, turnándose con los demás, se entrenaba con los miembros de la Orden junto a los más jóvenes o ayudaba a la señora Weasley con el desayuno, almuerzo o cena, dependiendo de a qué hora se encontraba allí.
El fuego de la chimenea ardía alimentado por un sinfín de pergaminos. Todos ellos propuestas de trabajo y becas de estudio que Ron lanzaba al fuego, sintiéndose consumir por aquel mismo fuego. Las únicas cartas que no lanzó al fueron dos: una del Ministerio y otra en la que se le ofrecía ser comentarista de Quidditch.
Después de pensarlo por algún tiempo decidió que no quería estar en el Ministerio pues esos ineptos –con el perdón de su padre- no hacían nada buena por el Mundo de la Magia. Respondió la solicitud de comentarista (sin omitir su condición de paralítico) y dos días después le mandaron su primer cheque, el cual podría cobrar si se presentaba en tres partidos de aquel fin de semana. El transporte estaba pagado, al igual que el hospedaje y alimentos, pues su trabajo no era fijo y debía trasladarse a lugares diferentes.
Se volvió malhumorado, iracundo e inestable. Aun cuando no tenía ningún juego que comentar trataba de estar lo menos posible en su casa y comenzó a ahorrar para comprarse un departamento para vivir solo, aun a sabiendas de lo complicado que sería, no solo por su condición, sino porque él no sabía cocinar ni limpiar una casa. El resultado fue que solo hacía una comida al día, bastante copiosa, eso sí, en restaurantes lujosos cuando acaba a de cobrar o en fondas y pubs de mala muerte cuando se acercaba el fin de quincena. Sin embargo, no todo estaba mal. Se volvió un apasionado de su trabajo y parecía entusiasmarse más que los mismos jugadores. Pronto fue solicitado en innumerables partidos y pudo darse el lujo de rechazar algunos trabajos sin que eso perjudicara su bolsillo. Con eso creció su orgullo y le abrieron un club de fans, donde lo calificaban como "el comentarista más guapo y la voz más sensual del Quidditch", mote que no lo incomodó en absoluto pues eso le conseguía chicas y descubrió muy pronto los placeres de una vida disipada, sin compromisos pero tampoco sin futuro o esperanzas.
El último año de Luna y Ginny pasó rápidamente. La primera estaba decidida a seguir siendo editora del Quisquilloso y para ello pensaba tomar un curso de periodismo muggle y realizar una cantidad infinita de viajes que le permitirían seguir comunicando las increíbles cosas que veían sus ojos. Ginny, por su parte, quiso ser sanadora. Ayudando a su madre a cuidar a los heridos cuando había batallas en la Orden, la Weasley se dio cuenta de que quería ayudar a las personas. Además que en cada herido esperaba encontrar a Harry, redimido y moribundo, dispuesto a ser reanimado con una caricia.
Ginny se dio cuenta pronto de que Draco quería algo más que amistad con Luna, pues siempre sorprendía a la rubia leyendo las cartas que el ex Slytherin le mandaba. Sin embargo, cuando se lo comentó a su amiga ésta hizo un gesto de incredulidad diciéndole que eso no le interesaba en lo absoluto y que Draco no le había hablado abiertamente sobre eso.
-¿Y qué esperabas¿Qué te dijera lo mucho que está enamorado de ti? Entiéndelo, un hombre no hace eso.
-¿Por qué no? Todo sería mucho más fácil, a lo único que se arriesgan es a ser rechazados y eso todavía no es mortal.
-Díselo a Werther...
-¿A quién?-preguntó Luna, confundida.
-Nada, una historia muggle de la que Hermione hablaba a veces...pero no me cambies el tema¿qué le dirías?
-Nada. Nunca sucederá.
-Pero...
-Mira: va a llover, seguro hoy salen de sus guaridas los Irops-exclamó Luna señalando al cielo encapotado.
Ginny se le quedó viendo con una ceja alzada. Decidió dejar el tema por la paz...pero solo por ahora que tenía clase.
Neville Longbottom, gracias a sus habilidades herbolarias, fue admitido de inmediato entre los sanadores destinados a preparar pócimas curativas. Estaba dispuesto a encontrar una contra la locura, en honor a sus padres. Esa perspectiva lo hacía trabajar febrilmente. En su primer mes de trabajo –aun como pasante- descubrió cerca de tres pócimas: para la calvicie, el fortalecimiento de huesos para resistir hechizos y uno para la vista. Sin embargo, cada éxito le parecía un fracaso pues creía hallarse muy lejos de su meta.
En San Mungo lo tacharon de antisocial, huraño, solitario, obsesivo e ingenuo. Los pacientes, sin embargo, lo calificaban de bondadoso, inteligente y una que otra chica le preguntaba si tenía novia, a lo que él daba la respuesta de siempre: el trabajo no me deja. Aunque eso era parcialmente cierto, pues él mismo se llenaba de trabajo y apenas se daba tiempo de respirar. Aun estaba fresco en su mente el recuerdo de Ginny, pero se creía otro de sus muchos pretendientes, y uno más que chocó contra la barrera que la pelirroja imponía a todos los que no se llamaban Harry Potter.
Seguía viviendo con su abuela, aunque ésta cada vez se encontraba más anciana pero menos enojona. A menudo lo felicitaba por los logros y premios que ganaba gracias a sus descubrimientos botánicos y curativos.
-Solo te falta una buena mujer-solía decirle, entonces Neville cambiaba de tema abruptamente.
Comenzó a frecuentar el cuartel de la Orden, viéndolo como un lugar donde se encontraba con ex compañeros del Colegio, con los que a menudo charlaba del ED y fantaseaban con convertirse en la próxima Orden. También se entrenaba y aprendía nuevos hechizos, pero su principal razón para ir a Grimmauld Place tenía el cabello pelirrojo y llevaba por nombre Ginny. Aunque la chica lo trataba solo como a un amigo, él no se rindió y a veces le mandaba señales, mismas que Ginny no captaba o fingía no captar.
Había guerra, sí, pero también había Quidditch. El deporte sobre escobas parecía ser el único que no sufría la guerra. Los equipos seguían librando feroces batallas aéreas; había torneos; había público...un público ansioso de buenas noticias, aunque solo fuera la de que su equipo ganó.
Hermione, de la nada, se había vuelto de pronto aficionada al Quidditch. Curiosamente, asistía a cuanto partido narrara Ron. Al término de éstos, corría hacia donde se encontraba su pelirrojo ex amigo, el que otrora había sido su novio. Pero Ron la eludía, empujaba rápidamente la silla de ruedas alejándose de ella, dejándose acaparar por las chicas locas que lo elogiaban a él tanto como a los jugadores. Pero Hermione sabía que aún la quería, lo supo cierto día de septiembre en que, casualmente, a Ron le tocó narrar un partido donde jugaba ni más ni menos que Viktor Krum, el cual seguía en forma, cazando snitchs y rompiendo corazones de fanáticas.
"Tal parece que la ancha complexión del búlgaro no le impide moverse ágilmente en pos de la snitch"
"La torpeza que Krum exhibe al caminar no asoma ni por error cuando está sobre su escoba"
"A pesar de que el buscador de Bulgaria no se encuentra ya en sus años mozos, sigue siendo un gran jugador de Quidditch"
Comentarios como ésos hicieron que Ron se ganara una buena parte de abucheos y silbidos de muchacha indignadas de que se insultara a su ídolo, o fanáticos que confiaban en el buscador como en el mismo Dios. Hermione reía, no por burla de Viktor, sino porque cada uno de esos envenenados comentarios dejaba traslucir que Ron aún la quería; que aún le dolía lo del baile; que aún consideraba a Viktor su rival.
En realidad Hermione nunca vio a Viktor como un pretendiente. Ella siempre había querido a Ron, aunque lo ocultaba celosamente. Viktor fue más como un amigo comprensivo, silencioso, con nada que decir y mucho que escuchar. Un amigo que la quería más de lo que ella a él. A veces le dolía no poder corresponder a Viktor, que era tan buen, amable y maduro. Sobretodo ahora que Ron se estaba comportando como toda una basura.
-¡Y es que ahora sin Harry y sin él no sé que hacer!-exclamó, confesándose con Krum cuando terminó el partido-He estado ligada a ellos por muchos años, demasiados...Harry siempre fue un caso aparte, era mi amigo y aunque su...su horrible cambio me dolió no me siento tan perdida. Corrección: no me sentía tan perdida...ahora sin Ron siento que no tengo nada por lo cual vivir, por lo cual luchar. Yo lo quiero como amigo y lo quiero como...
-Como nunca me querrás a mí-respondió Viktor, lacónico. Hermione lo miró apenada- No imporrta...yo aún soy tu amigo, Hermione, y si de algo te sirvo aquí estoy.
Sí, Hermione lamentaba no poder corresponderle a Viktor. Él siempre había estado ahí, nunca habían discutido, la escuchaba, la entendía, entonces¿por qué quería a alguien que no hacía nada de eso? A alguien que por el contrario casi la despreciaba... No entendía, pero pronto se dio cuenta de que quería a Ron por la misma razón que a veces lo detestaba: le ponía color a su vida, la apartaba de una monótona rutina, la contradecía y la hacía sentirse humana, imperfecta. Además, el que Ron recapacitara y dejara de un lado su orgullo era una esperanza que mantenía a Hermione alerta; porque la esperanza era lo último que debían perder.
Ella sabía que estaba mal seguir queriendo a Harry. Todos parecían haber olvidado los años compartidos con ese amigo, ese héroe, esa especie de seguro corpóreo; pero ella no podía. No quería imitar a Hermione y omitir el nombre de Harry en cartas y conversaciones, no quería hacer lo mismo que Ron y soltar improperios contra Harry cada vez que alguien lo mencionaba, no quería planear junto a la Orden una emboscada contra él y contra Voldemort. Solo quería que Harry volviera a su lado, ella le perdonaría todo. No era su culpa ser así¡estaba hechizado! Y nadie entendía eso. Todos creían que Harry se había ido al lado oscuro voluntariamente.
Yo cursaba el mismo año con Ginny y Luna, de la segunda ya era algo así como un amigo (lo que provocaba muchísima envidia en Draco), pero con la Weasley era un paño de lágrimas. Al escucharla gimotear y sufrir por Harry me desvivía en ganas de decirle la verdad, de decirle que casi diariamente veía a Harry, que podía ayudarlo a escapar...pero no pude hacerlo. ¿Por qué? Quizá por cobardía, por miedo a adaptarme a algo nuevo. Si yo echaba a perder los planes del Señor Tenebroso, los aurores me tomarían también como prisionero porque fui cómplice en muchos de los horrores que cometían los mortífagos. Si me capturaban y llevaban a Azkaban ni siquiera tenía la esperanza de morir porque soy eterno. Sigo siendo eterno aun hoy, muchos años después de lo que les estoy relatando.
Conté a Frida todos esos pensamientos. Ella fingió ponerse celosa de mi obsesión por Ginny, pero en realidad todo lo que tenía que ver conmigo le causaba hilaridad. A sus ojos nunca dejé de ser el esmirriado adolescente que la adoraba y que ella convirtió por diversión. Lo que más me irritaba era la relación que tenía con Byron. Éste seguía siendo tan despreciable como lo conocí, tal vez más. Hablaba de sus fechorías con desfachatez, sin asomo de vergüenza. Todo eso hubiera estado bien si Frida no lo secundara, si no riera con él, si no le hubiera contado de Ginny...
-Así que también le tienes ganas a la pelirroja¿no?-me dijo cierto día, interceptándome cuando iba de camino a mi cuarto, al que siempre volvía después de estar en Hogwarts.
-¿Quién te dijo eso?
-Frida, pero eso no importa, ella me dijo que no le habías dicho que era un secreto...
Era verdad¡fui tan idiota y confié en ella! No se me ocurrió que Byron además de ser su...su...su amante, era su confidente y que lo apreciaba. Quizá porque ambos tenían una naturaleza fría. Pero Frida no era tan mala. O al menos eso quería pensar.
-Vaya, Sorel, nunca creí que tuviéramos los mismos gustos. Debes envidiarme¿no es así? Después de que yo pude disfrutarla...
-¡Cállate! Yo no soy como tú ni te tengo envidia. Preferiría estar muerto.
Mala elección de palabras. Byron se limitó a reír en forma muy desagradable y entre carcajadas pude escuchar su maligna voz diciendo "No puedes... morir...no puedes...liberarte".
Nadie quería creer que había pasado más de un año desde la desaparición de Harry. Tampoco querían aceptar que él y Voldemort formaban un dúo demasiado poderoso. Mucho menos asimilaban que la Orden no pudiera hacer nada. Y es que si lo que días atrás habían descubierto era cierto...todos estaban perdidos. El misterio de los horcruxes les había sido develado, pero también que solamente Harry podía encontrarlos y destruirlos; pero ahora que estaba desaparecido... ¿cómo acabar con el mal?
En medio del desastre, sin embargo, todavía había sueños. El sueño de Ginny: que Harry volviera a ser como antes, el sueño de la Orden: encontrar otra forma de destruir a Voldemort, el sueño de Hermione: que Ron recapacitara y volviera a aceptarla. Y el sueño de Luna: honrar la memoria de su padre¿y qué mejor manera que reviviendo al Quisquilloso?
No fue difícil convencer a los redactores para que volvieran a apoyar ese proyecto. La mayoría de los que escribían en el Quisquilloso se habían aburrido todos aquellos meses sin decir cosas fantásticas, sin comunicar al mundo lo que veían los ojos de su mente. Los seguidores también estaban impacientes, leer El Profeta era aburrido, cansado y además estaba el hecho de que no había una sección "diferente", una sección dedicada a todos los magos que creían en algo más de lo que veían sus ojos. Por eso cuando El Quisquilloso volvió a aparecer en los puestos, y en las ventanas de los que estaban suscritos vía lechuza, todos saltaron de alegría. Por fin, después de meses de malas noticias había algo bueno. Era Navidad y para Luna y los redactores de la revista ese fue el mejor regalo.
El nuevo Quisquilloso no solamente contaba con artículos que en cualquier otro periódico jamás aparecerían, también se había puesto, si no más serio, más comprometido con la realidad. Se hablaba de Voldemort (aderezado con algunas teorías bastante rocambolescas de que en verdad el Señor Tenebroso no era solo uno, sino un ejército de clones malignos creados por el Ministerio para divertirse), de la desaparición de Harry (¿era él un clon-espía?) y de la incompetencia del Ministerio. Cierto era que seguía habiendo fantasía, pero Luna pensaba que la realidad estaba superando a la ficción. Nadie creía en los nargles; así como tampoco nadie imaginó jamás que Harry se convirtiese en la mejor arma de Voldemort.
El año que terminaba había sido sumamente diferente, ninguno de nuestros personajes se atrevía a hacer conjeturas sobre el que venía, todos sabían que aquello que pensamos es lo que nunca ocurre. Por ejemplo, Draco nunca pensó que desde aquella Navidad se haría lector asiduo del Quisquilloso.
Ron entreabrió los ojos y estiró la mano tentando la sábana. La noche anterior había celebrado que por primera vez los Chuddley Cannons habían pasado a ser finalistas y también fue la primera vez en que había bebido de más. Se sentía muy mal y no recordaba mucho.
-¡Hasta que despiertas!-exclamó una de las fans que lo había acompañado a su departamento la noche pasada. Ron recordaba su nombre, algo con S...pero también recordaba que era hija de muggles y usaba celular, una especie de aparato que reproducía música y una cámara fotográfica que sacaba imágenes que no se movían.
-Me siento fatal-respondió Ron, desistiendo de tratar de recordar el nombre de la muchacha porque cada vez que trataba de pensar algo sentía que su cabeza iba a estallar.
-Es lógico, bebiste demasiado anoche, aunque eso no te impidió hacerlo-musitó la chica sin nombre con una media sonrisa.
-¿Podrías hablar más bajo?-rogó Ron. Los sonidos le llegaban ampliados, como si la muchacha tuviera un altavoz.
-Mejor me voy. Ayer no eras tan molesto.
-No recuerdo nada de lo que pasó ayer.
La chica lo miró indignada y fue hasta que salió de la cama que Ron puso ver que estaba desnuda. Comprendió todo. Imágenes un poco insanas llegaron a su mente causándole más dolor de cabeza. Se quedó estupefacto al entender lo que había pasado y no pudo decir nada más ni preguntarle siquiera el nombre a la muchacha, que después de vestirse apresuradamente salió del departamento dando un fuerte portazo.
-¡Si Hermione se enterara...!-exclamó. "Si Hermione se enterará¿qué?" pensó con desaliento. Ella ya no debía importarle más, se supone que estaba olvidándola.
A pesar de que no recordaba nada sobre la chica de aquella noche (salvo su cuerpo, que aun le hacía sudar al recordarlo, aunque no tanto como cuando recordaba a Hermione, con todo y uniforme) pronto se dio cuenta de los placeres fáciles de las mujeres del mismo tipo. El placer que le proporcionaban era breve, pero por unos instantes dejaba de pensar a Hermione. Cayó en un círculo vicioso, en donde se prometía que después de acostarse con una muchacha le preguntaría su nombre y trataría de enamorarse, pero ninguna lo satisfacía (al menos no intelectual o sentimentalmente) y en "la siguiente" siempre colocaba la esperanza.
Byron no podía dejar de pensar en Ginny. Era cierto que no era la primera muchacha que deseaba, pero ella en especial se había convertido en una obsesión. Quería volver a verla, intimidarla y poseerla. Y para eso, su mente retorcida ya tenía un fantástico –y macabro- plan. "Ella haría cualquier cosa por ver a Harry", las palabras de Frida retumbaban en la mente de Byron. Iba a probar qué tan loca estaba esa pelirroja.
El día de Halloween, los estudiantes de Hogwarts visitarían Hogsmeade. Byron vio esto como una señal: todo pasaba en Hogsmeade, todos sus deseos se habían satisfecho en ese pueblo que aún no adivinaba la clase de monstruo que los visitaba aquel representativo día.
Como de costumbre, en las casas del pueblo se veían calabazas gigantes cuyo interior tenía una vela, dando la impresión de que estaban vivas y vigilaban a los transeúntes. Las Tres Escobas y demás pubs anunciaban bebidas especiales y pasteles de calabaza, así como diversos descuentos, promociones y juegos. Byron veía todo con una media sonrisa, pensando cínicamente en la felicidad a su alrededor, todos impasibles sin saber lo que traía en mente¡unos niños incluso lo saludaron!
-Ahí está...-musitó cuando vio a un grupo de alegres estudiantes que entraban a las Tres Escobas. El cabello de Ginny era inconfundible, y la acompañaba una Ravenclaw distraída. – Ya veré cómo me deshago de la rubia.
Pero no tuvo que deshacerse de Luna, pues después de beberse unas cervezas de mantequilla, ambas chicas salieron del pub y tomaron caminos diferentes. La rubia se metió a una tienda que, de no haber sido porque la chica entró en ella, Byron jamás se hubiera dado cuenta de su existencia. Ginny se dirigía a una tienda de artículos escolares. Byron se adelantó escabulléndose por un callejón, cuando la chica pasó cerca de él alargó el brazo y la jaló de la túnica.
-¡Tú!-gritó Ginny al reconocerlo.
-Si te callas y me escuchas sabrás de Harry Potter.
- Tampoco puedes quedarte soltera toda la vida.
Hermione odiaba escuchar eso. Todos los fines de semana su madre la molestaba con la misma cantaleta¡apenas tenía diecisiete años! A su parecer, no era tiempo de estar pensando en esa clase de tonterías. Con el Mundo Mágico vuelto un caos, recién entrando a trabajar y...y la obvia razón de que a ella no le interesaba ningún otro chico que no fuera pelirrojo. A veces se preguntaba si encontraría a alguien más. El solo pensarlo le parecía imposible, pero tampoco iba a esperar a Ron para siempre¿o si?
-Ese chico que juega Quidditch, Hector...-secundaba su padre.
-Viktor-corrigió ella.
-¡Ese! No se ve un mal muchacho, sigo pensando que has sido muy grosera con él.
Viktor...no, ya se había convencido de que no lo quería. Sí, se suponía –porque a ella no le parecía- que era guapo. Muy caballeroso, eso sí debía admitirlo, solo una loca como ella no podía hacerle caso. "Pues entonces estoy loca" pensaba con desaliento.
-¿No seguirás obsesionada con ese pelirrojo, verdad?
Y era entonces cuando se sonrojaba y sus padres adivinaban la respuesta. En verdad era una causa perdida. Seguía queriendo a Ron. La mejor señal era de que le dolía todo lo que decían de él: que si andaba con las fans; que todos los días salía una chica nueva de su apartamento; que se la pasaba en fiestas. ¿Por qué lo seguía queriendo, entonces? Tanto que había criticado a Ginny y su horrible obsesión con Harry... ¿se había convertido en una loca que no escuchaba razones?
-Tal vez salga con Viktor este fin de semana-anunció a sus padres.
-Siempre dices eso, es solo para que dejemos de molestarte-replicó su madre.
-No, ahora será en serio. Es más, tal vez hasta lo traiga a la casa; así que, papá, ve aprendiéndote su nombre.
-¿Lo quieres mucho, verdad?-preguntó Byron quitándole a Ginny la venda de los ojos, que le había colocado para que no tuviera conciencia de la ubicación del cuartel mortífago.
La muchacha parpadeó cuando le quitaron la venda. Sabía que se había metido en un problema. Definitivamente Hermione tenía razón: ella actuaba irracionalmente. Es decir¿a quién en su sano juicio se le ocurría seguir a alguien que...que abusó de ella? Se daba asco, le daba asco Byron.
-¿Cómo sé que no me estás mintiendo?-preguntó por fin, cerrando los ojos al hablar para no verlo. No se dio cuenta que Byron había dejado de caminar, chocando con él.
-Al fin sale a relucir tu sentido común. Bueno, bueno, no puedes ser inteligente y bonita... Harry Potter está aquí. Te lo mostraré.
La pelirroja asintió débilmente. Caminaron por pasillos de paredes grises, frías. A veces se escuchaban voces, pero ninguna era la de Harry. Torcieron en una esquina y entraron en un cuarto, Ginny titubeó. Temblaba de pies y cabeza, y casi desmayó cuando Byron la empujó hacia dentro. La habitación estaba en penumbra, apenas alumbrada por unas velas medio consumidas. Un espejo ocupaba toda una pared y en él se reflejaba...
-¡Es Harry¡Es Harry!-gritó la pelirroja mirando hacia atrás instintivamente con la esperanza de encontrarlo, pero Harry no estaba. Entonces¿por qué se reflejaba en el espejo?
-No es un espejo-dijo Byron tranquilamente-, es una ventana. En el cuarto contiguo está Harry...él no sabe que esta ventana existe. Es un hechizo.
-Llévame con él...
-En un momento. Quiero que lo observes...y decidas si quieres verlo.
-¿Qué estás diciendo? Obviamente que...
Pero paró en seco. Harry ya no estaba solo. Una mujer, una hermosísima mujer notó Ginny, se sentó con él en la cama. Comenzaron a desvestirse, Harry estaba radiante de felicidad. Cuando se perdieron entre las sábanas Ginny no pudo seguir observando. Los pensamientos se arremolinaban en su cabeza, en un torbellino. ¿Qué significaba todo eso¿Por qué Harry estaba con esa mujer¿Era una broma, una ilusión¡Sí, era una trampa urdida por ese horrible Byron para atraerla¿Qué pasaría a continuación...?
-No es él, dime que no es él-sollozó. No sentía nada salvo una tristeza desgarradora. No le importaba lo que le fuera a hacer Byron, le daba igual si la mataba. "Por favor" pensaba "Mátame"
-Es él. Tú querías verlo y yo te lo mostré.
Sintió que los fuertes brazos de Byron la rodeaban. No le importaba que fuera a pasar, todo estaba perdido para ella. Byron la hizo salir de la recámara, en forma delicada pero firme. Estuvieron parados junto a la puerta de la habitación contigua. Ginny no se dio cuenta de que sollozaba sobre las solapas de la capa del hombre que tanto le repugnaba. La puerta se abrió. Frida salió pero Ginny no se dio cuenta.
-Entra, comprueba que es él. Solo no le hables porque si lo haces tendré que matarte.
Harry estaba dormido. Ginny se acercó a él con los ojos nublados por las lágrimas. Acarició sus brazos, su frente, volvió a ver la cicatriz. No podía pensar más que en Harry, desnudo, dormido, tan cerca y tan lejos de ella. Byron la vigilaba con su mirada penetrante. Estaba volviéndose loca, lo sabía. De repente pensó que podría quedarse allí para siempre, desapareciendo como Harry lo había hecho. No le importaba someterse a Byron, haría lo que fuera por quedarse eternamente junto a Harry... ¿por qué lo quería tanto¿Por qué no podía olvidarlo?
-¿Te convenciste de que es él?
-Quisiera poder decirte que no-respondió con un suspiro- ¿por qué estás siendo tan amable?-reaccionó de repente-la última vez que te vi...
-No lo recuerdes. Estoy casi seguro de que no disfrutaste tanto como yo.
Quería decirle algo, reclamarle su cinismo, golpearlo. Dentro de ella los sentimientos estaban siendo extremos. Amaba, odiaba, no había intermedio. Amaba a Harry, odiaba a Byron y de repente todo se volteaba: amaba a Byron por haberla conducido a Harry y odiaba a éste por no ser el de antes.
-Me estoy volviendo loca. Pensé que la próxima vez que te vería no lo soportaría; tenía ganas de golpearte hasta que murieras. Lo mismo me pasó con Harry, pensé que...pensé que la próxima vez que lo vería...no sé. Pero nunca me imaginé en esta situación.
Byron seguía en silencio. Ginny miró por última vez a Harry y salió de la habitación.
-No pensarás irte sin pagarme-dijo Byron con una media sonrisa.
-Temía que dijeras eso. Haz lo que quieras, no me importa.
-Entonces no será tan divertido pero no deja de ser excitante.
Volvieron a entrar en la habitación de Byron. Ginny soportó que éste cayera sobre ella, que la poseyera¿poseerla? No, nadie jamás podría hacer eso. Ella siempre pertenecería al chico de la habitación contigua.
-Si dices una palabra, te juro que mataré a Harry-le advirtió Byron cuando la hizo salir del cuartel, siempre con la venda en los ojos.
-Diré que lo vi, mejor mátame aquí mismo.
-¿Y cómo explicarás que no hiciste nada por regresarle al mundo mágico que tanto lo quiere?
-Él parece no querer regresar. Hasta me parece que así está mejor...no le preocupa Voldemort y...No puedo pensar bien, no sé lo que digo. Te odiaba tanto, ahora solo me creas confusión.
-Es un paso...escucha, si quieres volver a verlo, yo veré la forma de comunicarme contigo...solo tienes que pagar el módico precio de...
-No, gracias. Voy a olvidarlo, que la Orden lo siga recordando. Para mí está muerto.
Ginny nunca terminaría de entender lo que había sucedido aquel día. No dijo nada a la Orden, en parte porque no sabía qué decir y en parte por temor a que mataran a Harry. Además, se sentía sucia por no haberse resistido a Byron, no era que él le gustara, pero había decidido no atormentarse por lo inevitable: ni por Byron, ni por Harry, ni por su vida. Dejaría de vivir, limitándose simplemente a existir.
-Me aburro. El Señor Tenebroso ya no ha planeado más venganzas-comentaba Frida-, creo que...que ya no es el de antes.
-¿Qué estás insinuando?-inquirió Byron sorprendido. Nadie más que él se había atrevido a cuestionar al Señor Tenebroso.
-Que tal vez...el mal necesite un nuevo rostro.
Escuchaba detrás de la puerta, como siempre que veía que Byron y Frida se perdían en una habitación. Me torturaba solito, como un vil masoquista. Sin embargo, eso que escuche aquel día me tomó por sorpresa. Siempre pensé que sería Byron, el irrespetuoso Byron, quién pensara en derrocar al Señor Tenebroso y tomar el poder; quizá idealizaba demasiado a Frida para pensar que ella quisiera rebelarse. Siempre la veía muy feliz, cómoda, gozando con matar para alimentarse, divertida ante la maldad, impasible ante la injusticia. Disfrutando su vida eterna como yo jamás podría hacerlo.
Interesado, seguí escuchando.
-¿Y quieres que yo asesine a Voldemort? Sabes de esa loca profecía que dice que solamente el idiota de Potter puede acabar con él.
-Ah, Byron, te haces el idiota conmigo. Todos han utilizado a ese chico, nosotros no seremos la excepción. Piénsalo: tú, el nuevo Señor Tenebroso y yo a tu lado disfrutando de las delicias del poder...
-¿Y Sorel?
Al escuchar la interrupción de Byron el corazón me dio un salto. Seguí escuchando atento pero el silencio pesaba en la habitación. Casi podía ver el rostro de Frida, con una media sonrisa... ¿me quería?
-¿Qué tiene que ver Einsenheim?
Su voz sonaba afectada, y el escucharla decir mi nombre con claridad casi lloré de alegría.
-Sabes de qué hablo. Te gusta burlarte de ese chico pero en verdad sientes algo por él. Me lo dicen tus ojos, tus reacciones. Conmigo te diviertes pero con él sientes.
-¿Y qué¿Estás celoso?
-¡Bah! No seas ridícula, Frida. Yo soy malo e insensible, no tengo una doble cara como tú.
-¿Estás insultándome?
-¡Qué sentida! Me agradas demasiado como para hacer eso...pero ese chico...no sé. Es demasiado bueno para ti.
-¿Y piensas que necesito a alguien como tú?
-Deja de tergiversar lo que digo. Me refiero a que lo estás corrompiendo, y él te ama. Haría cualquier cosa por ti. No es que me preocupe el muchacho, pero en una de esas se arrepiente y echa al caño todo el plan del Señor Tenebroso.
-Sorel no haría eso. Estoy segura. Él es muy bueno para que nosotros podamos entenderlo. Ahora, dejemos este aburrido tema en paz y sigamos con el plan de un nuevo rostro para la causa mortífaga.
Escuché la risa de Byron y la plática que siguió no puedo recordarla. Todo me daba vueltas en la mente. Frida me había defendido. Nunca se lo mencionaría pues sabía que ella era orgullosa y quería aparentar una capa de dureza o algo así. De todos modos, ese día fui feliz pero también empecé a sentir miedo. Byron me consideraba alguien "bueno", alguien que no encajaba en sus planes. Si él pretendía ser el nuevo Voldemort iba a destruirme para que mi "bondad" no afectara sus pretensiones.
-¿Seguro que estás bien?-inquirió Ginny, preocupada.
Se encontraban en el Cuartel de la Orden y acababan de librar una batalla contra los mortífagos en pleno Ministerio de Magia. De más esta decir que éste no hacía gran cosa respecto a la guerra. Parecía que aún no encontraba un héroe que sustituyera a Harry Potter. No se daban cuenta de que la época de héroes había terminado. Terminó desde que Dumbledore cayó de la torre, desde que Harry había desparecido.
Neville sangraba copiosamente de la nariz y ni siquiera las gomas de mascar que frenaban hemorragias –cortesía de Fred y George- lograban detener el sangrado. Su túnica estaba empapada y las manos de Ginny también. Neville pensaba que valía la pena morir desangrado con tal de seguir teniendo a la pelirroja a su lado.
-No es nada-dijo Neville con voz entrecortada-Ya se me pasará.
-¡Yo lo veo muy mal!-exclamó Lupin.
-He traído la poción-se adelantó la Señora Weasley. Hizo beber a Neville una infusión grisácea con sabor a jitomate y la hemorragia se detuvo.
-Muchas gracias, señora Weasley-gimió Neville antes de desmayarse.
-Déjenlo descansar. La infusión provoca sueño instantáneo.
Todos salieron de la habitación, todos excepto Ginny. No sabía por qué pero sentía un instinto casi maternal por Neville. Él era tan torpe, tan ingenuo y bondadoso. Sabía que la quería, pero no como un objeto de deseo. No, el modo en que Neville la miraba no poseía lujuria como los ojos de Byron, tampoco tenía rastro de aquella mirada posesiva que a menudo había notado en Harry. Entonces¿cómo la quería Neville? No se sentía lo suficientemente pura como para corresponderlo. Ella solo merecía a alguien como Byron, o alguien difícil como Harry. Neville era demasiado para ella.
Pero Neville también podría ser redención. La luz de esperanza que hacía falta a su vida. Ella podría reivindicarse si se dedicaba simplemente a querer a Neville. Quería dejar de considerarse perversa por no oponer resistencia a Byron; obsesiva por no olvidar a Harry, dejar de sentirse desgraciada e infeliz simplemente por no mirar lo positivo de la vida. Y en ese momento lo único positivo al alcance de sus ojos era Neville.
-Cuando despiertes tenemos que hablar-murmuró tomando la mano de Neville.
Si la escuchó o no, nunca lo supo. Lo que sí sabía era que enredarse con Neville no la reivindicaría. En primera porque aprovecharse de su bondad era algo que solo una persona perversa haría; seguía siendo una obsesiva porque andaría con Neville solamente para olvidar a Harry. Y jamás dejaría de ser desgraciada e infeliz porque cada acto que cometía era guiado por sus impulsos. Pero era muy tarde para dar marcha atrás. Cuando el camino está avanzado es más difícil volver.
No fue difícil para Byron desentrañar el secreto de los Horcruxes. El Señor Tenebroso lo apreciaba a tal grado que Heathcliff podía entrar a diestra y siniestra en los aposentos de Lord Voldemort. Nunca valoró ese privilegio hasta la noche en que a hurtadillas penetró en el armario del oscuro mago y descubrió una enigmática vasija. Hizo un hechizo duplicador para que el Señor Tenebroso no notara la ausencia del Pensadero y se lo llevó a su cuarto, confiando en que Voldemort no volvería hasta el amanecer.
Cerró la puerta de su estancia con llave. No quería que nadie compartiera sus descubrimientos, ni siquiera Frida. Ésta comenzaba a inspirarle desconfianza con esa ridícula obsesión que tenía con el idiota de Sorel.
-Lo que descubra hoy me servirá solo a mí-dijo mientras miraba en el interior de la vasija.
El líquido platinado comenzó a formar remolinos hasta aplacarse y dejar ver una escena. Byron inclinó más la cabeza y una potente fuerza lo llevó al interior del recipiente. Nada nunca lo hubiese preparado para lo que vio esa noche. Descubrir que un mago tan poderoso como Voldemort era [imortal [/i lo dejó paralizado por varios minutos. Tenía en su poder importante información. Cómo hallar los Horcruxes y destruirlos para destituir a Voldemort del trono no era un pensamiento que tuviese cabida en su mente. Lo importante era que había descubierto cómo destruir al mago que tantos temían. Gracias a que aquel pensadero no era otro que el de Dumbledore, hurtado gracias a Snape, también se enteró con más detalle de la profecía.
-Así que por eso tanto interés por el niño llorón-pensó en voz alta- Bueno, la astuta Frida tenía razón: todos han utilizado a Potter; nosotros no seremos la excepción.
Tras entretenerse y recaudar más información consultando al pensadero, Byron lo volvió a poner en su lugar. El Señor Tenebroso no había llegado aún. Nunca volvería a verlo igual: ahora él podría ser el motivo de su destrucción y convertirse en el nuevo Señor Tenebroso. Un mejor Señor Tenebroso sin pizca de piedad. Lo primero que haría sería acabar con Potter, pero claro, después de utilizarlo.
Antes de dormir, buscó libros oscuros que hablaran de los Horcruxes, y siguió investigando. Quería tener todo su plan urdido para simplemente llevarlo a cabo. Destruir vidas, utilizar gente, ganar poder y hacerse temible.
Lo normal en su vida.
Fin del capítulo 6!!
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