Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Aiolia/Máscara de Muerte.

Capítulo 5. Tu sola presencia me enferma

Aiolia no dijo nada. Máscara se abrazaba a él con fuerza, le aferraba en un abrazo desesperado, con el rostro inclinado y oculto contra la hombrera de la armadura de Leo. Se quedó quieto, paralizado, y poco a poco sus brazos se cerraron alrededor de los hombros de Máscara, apretándole contra él. Aiolia se estremeció, en ese momento odió sus armaduras, odió la de Máscara y la suya propia. Les separaba. Eran una barrera entre ellos, las odiaba, las odiaba profundamente. Les alienaban. Aquellas armaduras que les protegían y les alejaban de los demás.

Reforzó el abrazo, hundió una mano en la espesa cabellera de Máscara y apoyó la barbilla contra su hombrera, intentando superar, reducir, la barrera entre ellos.

¿Era eso lo mas cerca que podían estar entre ellos¿O con cualquier otra persona?. ¿Y tan aislados estaban que incluso una pelea podía transformarse en algo tan simple como contacto físico?. ¿Tan dolorosamente solos estaban?.

Máscara cerraba los ojos con fuerza, temeroso de abrirlos y que se rompiera el momento. Al abrazar a Aiolia había cedido a un impulso desconocido para él, no estaba seguro de que hubiera podido impedirlo, solo sabía que había desesperado por aquella cercanía, cerca de la fuente de luz, del sol, como la polilla que no puede evitar acercarse a la llama. Quizá la pelea había sido un catalizador... maldito fuera, pero la verdad era que cuando peleaba pensaba mejor... o peor según el punto de vista. No se arrepentía.

Se sentía bien así, abrazado. Cuando Aiolia correspondió no pudo sino hundirse más en aquella calided, todo era perfecto, todo, la mano en su cabello, la otra por su espalda se sentía menos por culpa de la armadura... pero su presencia era tranquilizadora. Quería quedarse allí, así, rodeado de sol. Al volver un poco la cabeza notó los cabellos ensortijados de Aiolia contra su nariz, haciendole cosquillas, así de cerca estaban.

Nunca había estado tan cerca de alguien. Y si lo había estado apenas lo recordaba, había sido hacía demasiado tiempo.

Poco a poco el hechizo pareció desvanecerse y el feroz abrazo perdió intensidad para relajarse en un simple contacto. Finalmente Aiolia salió de su ensimismamiento y la tranquilidad cedió paso a la incomodidad, y después a la vergüenza. Se apartó del otro dando unos pasos hacia atras, sin mirarle a la cara siquiera y, si bien sabía de lo infantil de su reacción, echó a correr.

Máscara se quedó anonadado al mirar marchar a Aiolia, que huía como un gamo. Sintió la perdida de la cercanía como una losa antes de poder recuperarse y comprender la extraña situación. ¿Cómo habían acabado así?.


Necio. Idiota. Aiolia pidió otra cerveza. Imbecil. ¿Tan debil se había vuelto?. Se había agarrado de Máscara... ¡de Máscara!... como un cojo a su muleta. Tenía que haberse controlado, tenía que haber... maldito fuera, tenía que haberle roto la mandíbula, no responder al inesperado abrazo.

Y encima había huido... ¡él¡Había huido de Máscara como un crio!. Bobo. Niñato. No pudo por menos que pensar en todas las ocasiones en que el caballero de Cancer le había llamado mocoso. ¡Maldito fuera!.

Lo que había sentido en el abrazo... había sido real. Pero dificil de definir. Máscara de Muerte no era su amigo, no, eso no tenía discusión, pero se habían sentido increiblemente cercanos en su enfrentamiento, y no era la primera vez, solo que ahora... ahora había sido increiblemente real, tanto que habían... se habían abrazado para sentir fisicamente aquella cercanía. Era la única manera de explicarlo.

Y ahora estaba en una de las tabernas del pueblo mas cercano al santuario, vestido como uno de los aldeanos y tratando de alejarse del mundo de los caballeros. Fundiéndose con el resto en el anonimato de una cerveza barata en un bar cualquiera.


Máscara de Muerte sonrió, burlándose del ridículo intento de Aiolia de pasar desapercibido entre los parroquianos de la taberna. Debía aplaudir el intento por elegir un bar tan corriente y a la ver concurrido, pero era inutil, el caballero de oro llamaba la atención por mucho que intentara lo contrario. Era alto y fornido, demasiado bien formado, llamaba la atención pese a la ropa informal que le cubría, y demasiado guapo como para ser ignorado, con esos rasgos bien formados y ojos de un verde intenso la gente no podía evitar fijarse, del mismo modo que se fijarían en un actor de cine.

Y por supuesto su aura, aunque fuera invisible a ojos de hombres corrientes seguía estando ahí, era ese "algo" que hacía que mantuviera las distancias, que percibieran algo diferente, algo que exigía respeto.

Máscara entró en la taberna. Al igual que Aiolia, a el también le resultaba dificil pasar desapercibido, pero de otra manera, él creaba miedo. No necesitaba esforzarse, la gente cambiaba de acera al verle, se encogían y esperaban que no les prestara atención. Incluso de haber tenido ese aura, esa presencia, no habría podido pasar desapercibido con la canosidad y encrespamiento de su cabello y el rojo de sus ojos, no era albino, pero quizá un albino hubiera llamado menos la atención.

Aiolia no se percató de su presencia, siempre había sido facil para Máscara el ocultarse de los demás caballeros, ocultando por completo su cosmos, era una habilidad personal. De todos modos el caballero de Leo debía estar muy ensimismado para no tener siquiera un indicio de su presencia. Avanzó por el bar, levantando algunos murmullos y haciendo que un par se marchara precipitadamente. No le resultó dificil sentarse junto a Aiolia, codo con codo, pues el otro hombre estaba solo en la esquina mas oscura de la barra del bar tomándose una cerveza.

- ¿Ahogando las penas en cerveza?

Aiolia se atragantó, pillado por sorpresa, y tosió cerveza sonoramente, pasó un buen rato hasta que sintió las vias respiratorias libres de líquido y pudo mirar al inesperado compañero de bar con los ojos llorosos por el mal trago.

- ¿Mas... Máscara?. ¿Qué haces aqui?

- Tomar una copa antes de irme a la cama, por supuesto.- Se dirigió al tabernero.- Una de tinto.

- ¡No!.- Aiolia bajó la voz inmediatamente después, percatándose de las miradas de los presentes.- Me refiero a que haces aqui precisamente.

- Ya sé a lo que te referías.- Replicó Máscara.- Creo que es obvio que te he seguido.

Descarado. Aiolia frunció el ceño pero se resisitió a montar una escena en un lugar público.

- ¿Para qué?. ¿Quieres otro abrazo?.- Preguntó irritado pero conteniendo el tono.

- ¿Es una oferta?.

Máscara mantuvo su faz burlona y segura, pero lo cierto era que la mención del abrazo le produjo no poca incomodidad. Había abrazado a Aiolia y se había sentido bien hacerlo, la idea de necesitar a otra persona le irritaba en gran medida pues hacía mucho que había sabido que no podía vivir de otra manera que no fuera solo y tampoco necesitaba lo contrario. Pero al parecer era una gran mentira. Apretó el vaso de vino y apenas pudo contenerse de romperlo entre sus dedos.

Miró de lado al otro hombre, Aiolia miraba la cerveza como si pretendiera fulminarla, y tenía las mejillas arreboladas de ira, o quizá vergüenza por recordar como había correspondido al abrazo. Probablemente un poco de las dos. Él mismo se sentía así, ira hacia si mismo, hacía Aiolia, vergüenza también, sobre todo porque él, él había iniciado aquel abrazo.

Había seguido a Aiolia, pero no desde el Santuario como probablemente pensaba el otro. Había sido casual, él mismo había bajado al pueblo para comprar y alejarse del Santuario, pero apenas había vislumbrado al leoniano entre la gente no había podido evitar seguirle. Y allí estaban. ¿Qué iban a hacer ahora?... ¿Hablar?. Eso era lo que hacía la gente en aquellas situaciones¿no?.

Afrodita tenía razón. Tenía que salir más. No tenía siquiera noción de las mínimas lecciones de sociabilidad. Ahora podrían hablar de... ¿el tiempo?... ¿deporte?...

- ¿Por qué me abrazaste?

Propio de Aiolia, al grano, de cabeza y sin pensar. Eso le gustaba habitualmente, pero no ahora.

- ¿Por qué respondiste?

- Yo he preguntado primero.

Máscara pensó desesperadamente en una respuesta que no fuera la verdad.

- No lo sé.

Bravo. Imbecil. Era un mentiroso pésimo. Se bebió el vaso de vino, por cierto, un vino repugnante, y clavó la vista en las botellas apiladas en el otro lado de la barra, poco dispuesto a mirar a Aiolia, que también hacía esfuerzos por mirar hacia otro lado.

- ¿No lo sabes?

- ¿Acaso sabes tú por qué lo devolviste?

Aiolia no dijo nada, manteniendo la boca cerrada excepto para dar tragos de cerveza. No era exactamente un silencio amable, mas bien incómodo y espeso, pero era mucho mejor que hablar y decir algo innecesario o aun mas incómodo. Aiolia solo habló para pedir otra cerveza.

- Que sean dos.- Intervino Máscara.

Ni se miraron. Ambos cogieron sus respectivos botellines de cerveza fria en cuanto se los sirvieron. Mas para mantenerse ocupados que para calmar la sed. Los parroquianos percibían la tensión y se iban apartando lentamente, algunos incluso se marcharon sintiendo en el aire el espeso silencio de los dos peligrosos extraños.

Finalmente fue Aiolia quien volvió a romper el silencio.

- ¿Cómo aparecen las caras en el templo de Cancer?

Máscara se quedó momentaneamente aturdido, hasta que la pregunta caló en su cerebro. Miró a Aiolia con sorpresa y una media sonrisa asomó a su cara al ver que el otro seguía evitando mirarle, pero parecía expectante.

- ¿Cuantos años has tenido esa curiosidad?

- ¿Siempre respondes a una pregunta con otra?.- Gruñó Aiolia, algo ruborizado.

Máscara soltó una risa divertida, pero no cruel, bueno, era una conversación.

- Es una tradición del templo de Cancer, la armadura está conectada al templo y el templo... – Ahí se detuvo, incómodo y meditó como dar la respuesta.- Baste decir que sencillamente aparecen por efecto del ataque de Hondas del Hades.

- Oh.

- ¿Qué pensabas?.- Preguntó curioso.

- Que... bueno, que las ponías tú mismo.

El otro hombre se echó a reir y Aiolia se ruborizó intensamente, pero no se ofendió, la risa de Máscara era... diferente, no era cruel o burlona, era mas... sincera, grave y profunda, agradable incluso.

- Por favor... – Máscara golpeó la mesa con humor.- ¿Qué imaginabas?. ¿Qué sacaba una sierra y cogía las caras?

- No... bueno... no sé... quizá.

Se sintió tan ridículo que no puso sino reir también.

- Soy cruel, pero no imaginaba que me tenías por Hannibal Lecter.

Aiolia y Máscara empezaron a reir tan fuerte, aun más cuando Máscara se giró muy serio y mirando a Aiolia a los ojos le susurró.

- ¿Aun oyes a los corderos, Clarice?.

Las carcajadas podían oirse desde la calle.

Apenas pudieron dejar de reirse pero cuando lo hicieron el silencio había perdido aquella animosidad para ser incluso agradable.

Aiolia bebió con mas tranquilidad, no era que... no era que perdonara a Máscara, aquello era una tregua. Una tregua por fín. Jamás habían tenido una. Era un momento tan bueno como cualquier otro para enterrar el hacha de guerra, por poco que fuera a durar. Nunca había pensado en Máscara en otra circunstancia que no fuera el siniestro caballero de Cancer pero... ahora veía que después de todo era humano.

Máscara de Muerte terminó su cerveza y se relajó por completo, extrañado de ver que Aiolia hacía lo mismo. Que extraña situación, aun mas extraña que el abrazo en el que no quería pensar. Le sorprendía no estar enfadado, irritado, o con deseos de irritar a Aiolia. Y eso si que era nuevo.

Quizá había descargado ya toda su rabia en sus enfrentamientos... Máscara no sabía explicarlo, no tenía experiencia en nada que se pareciera a la camaradería. Quizá para Aiolia era mas facil, el caballero de Leo tenía amigos como Aldebarán, Shaka y Milo, y el patriarca Dohku también le apreciaba mucho, por no hablar de la adoración que le profesaban aquellos caballeros de bronce, los heroes de Athena. Y desde el nombre de Aiolos estaba limpio todos tenían en gran estima la injusticia cometida contra Aiolia.

Sintió un regusto amargo en la boca y apretó la cerveza con súbita ira. Miró a Aiolia con rabia... sintiendo un repentino regreso del odio hacía la relajada sonrisa que lucía ahora el caballero de Leo.

El sonido de cristales rotos y un lacerante dolor le sacó de su fijación, miró su mano, cortada con los cristales del botellín que acababa de reventar. Aiolia dió un respingo sorprendido.

- ¿Máscara?

El caballero de Cancer le dirigió una mirada cargada de odio, parecía a punto de atacar, incluso exhibía los dientes como una bestia. No obstante Máscara no atacó, se puso en pie y abandonó la taberna a paso ligero, sin molestarse siquiera en atender su mano sangrante.

Aiolia se quedó sentado¿qué diablos había ocurrido?. Máscara actuaba como un loco, cambiando como el viento sin dar indicio alguno de cuando iba a cambiar de actitud. No tenía sentido alguno.

¿Y si se había vuelto definitivamente loco?. Siempre había sido inestable¿y si la muerte había vuelto a Máscara completamente loco?. Nunca había sido un hombre normal, solo la diosa sabía cual era su cuadro psicológico.

Tenía que decirselo a alguien, había que hacer algo. Un segundo reían con unas cervezas y después Máscara se autolesionaba y se marchaba claramente enfurecido con él. No podía ser, y por la diosa... ¡acababa de cortarse la mano y ni se la miraba!. También había parecido disfrutar en la pelea pese a sufrir golpes. Aiolia se horrorizó¿era eso lo que buscaba Máscara?. ¿Herirse a si mismo más que a los demás?. Tenía que detenerle, podía volver a autolesionarse... alguien tenía que hacer algo. Pero Máscara no le escucharía.

Saga era el que mas conocía a Máscara¿no?. Tenía que hablar con él.


Nota de la autora: Este capítulo es mas corto de lo habitual pero realmente ya no tengo mucho tiempo libre y he preferido hacer capítulos mas cortos que alargar demasiado la espera entre capítulo y capítulo.

Poco a poco crece la curiosidad y preocupación de Aiolia, y baja la violencia de Máscara, bueno, eso todavía no... pero poco a poco.

Muchas gracias por los reviews, son maravillosos y me animan mucho, y gracias por ser tan pacientes. : )