6. Reestructuración

-¿Lo convenciste?

Byron iba saliendo de la recámara de Harry cuando a Frida lo interceptó. Ésta sabía que Heathcliff tenía el plan de utilizar a Harry para derrocar a Voldemort, pero ignoraba todo el misterio de los Horcruxes.

-Aún no-respondió Byron, malhumorado- No entiende muy bien cómo pretendemos acabar con él. Se rehúsa a pensar que Voldemort es mortal.

-Y no lo culpo-replicó Frida- Yo no lo sabía hasta hace unos cuantos días...y sigo dudando. Como no me quieres decir nada...sé que tienes un plan bien estructurado; no haces nada sin pensar. Pero si no me quieres decir está bien. Tampoco tendrás mi ayuda.

-¡No te enojes, muñeca!-exclamó Byron, divertido y algo harto- Lo sabrás todo a su debido tiempo.

Todos lo sabrían a su debido tiempo. La suerte estaba echada y solo había dos opciones: que Harry acabara con Voldemort cumpliendo de ese modo la profecía que ensombreció su vida o que Byron fracasara estrepitosamente y todo continuara igual. Si nos ponemos a pensar que Byron rara vez se permite fallar, parece que todos sabemos hacia donde se dirige esta historia. La pregunta en el aire es.¿qué tan buena será la derrota de Voldemort cuando el artífice ideológico de su derrota es quizá más perverso que él?


Nunca supo cuando se dio cuenta que quería a Luna. Draco estuvo evadiendo ese tema durante tanto tiempo que un día sin más ni más, se sorprendió pensando en la rubia. Pero lejos de permitirse una oportunidad con ella, se había resignado a quererla en silencio. Ni siquiera se concedió pensar en un "Tal vez..." él simplemente no le convenía a nadie. Si estaba en la Orden era porque la idea de ser neutral lo asqueaba. En el mundo, tanto mágico como muggle, no hay espacio para las medias tintas.

La Ravenclaw, por su parte, no estaba enterada de la fuerte influencia que ejercía sobre Draco. Para ella era lo más natural del mundo enviarse cartas kilométricas, encontrarse con el muchacho en Hogsmeade algunos fines de semana o recibir regalos sin motivo aparente. Palabras como "cita", "noviazgo" o "amor" no estaban en su vocabulario, repleto de muérdago infestado de nargles, tanabous y bibblers maravillosos.

Draco sabía a que se atenía al querer a Luna. Un rechazo inconsciente y constante. Muy dentro de si, en su subconsciente, se imaginaba que Luna se volvía seria por un minuto o dos y correspondía sus atenciones como él quería; pero de inmediato volvía a la realidad.

A pesar de que envió muchas indirectas a la rubia, éstas se perdieron en el camino. Luna no era una persona normal. No iba a enamorarse y a sufrir por amor como la demás gente. A Malfoy le costó un poco entender esto. Al único que reveló todo eso fue a su amigo Einsenheim, pero tampoco confesándose encontró consuelo. En parte porque Sorel estaba bastante ocupado tratando de averiguar las intenciones que envolvía el misterio que Byron llevaba consigo últimamente. Ya tendría tiempo para ayudar a Draco después... todo el tiempo del mundo.


Voldemort cayó indirectamente gracias a Byron. Éste a su vez logró utilizar a Harry. Cuando supieron de la caída de su Señor, los mortífagos siguieron causando estragos "en memoria" de su Señor. El Mundo Mágico temblaba.

Dentro de las paredes de Hogwarts se asesinaron profesores, alumnos y mortífagos. En el Cuartel de Voldemort se concentraron los principales guerreros: aurores contra mortífagos, los más jóvenes de la Orden y los veteranos, hasta Draco Malfoy, que accidentalmente acabó con Snape gracias a un hechizo desviado.

-Sorel¿conoces a ese rubio que acaba de aniquilar a Severus?-preguntó Frida a Sorel. Ambos estaban refugiados, custodiando el pasillo donde Voldemort y Harry estaban librando la batalla final.

-Es mi amigo Draco-respondió Sorel distraídamente- ¿Por qué me lo preguntas?-preguntó al ver la expresión en el rostro de Sophie.

-Cuida que no lo maten...

-Sophie-comenzó a decir Sorel en modo de advertencia- Él está enamorado de otra persona, no interfieras, por favor.

-¿De quién está enamorado¿De ti?-rió ella- Nadie es más bella que yo.

-A él le interesan otras cosas además de la belleza...

-Si te gusta solo dímelo y lo dejaré en paz.

-No es eso... él quiere a otra chica, es mi amigo y no permitiré que arruines su vida como hiciste con...

-¿Con la tuya¿Sabes a donde estarías ahora si no fuera por mí¡Serías polvo! Tu vida hubiese sido completamente diferente. No me vengas con reproches.

Sorel se quedó en silencio, disminuido ante la penetrante y mortífera mirada de Sophie. Pensó en Draco y en Luna¿caería su amigo bajo los encantos de la vampiresa? Decidió no intervenir en lo absoluto. Únicamente trataría de proteger a Luna, que también era su amiga. Sabía que Sophie hacía todo por alcanzar sus objetivos, destruyendo todos los obstáculos que se interponían en su camino. Esta vez Draco era su objetivo y Luna un obstáculo...

No, él iba a evitar eso. Miró desafiantemente a Frida y se sintió liberado no solo de ella, sino también de Sophie y Helena. Ésta no lo advirtió; estaba demasiado absorta contemplando su nueva presa.


El Mundo Mágico celebró toda una noche cuando se supieron librados de Lord Voldemort. Los mortífagos, por su parte, sabían que su época de destrucción no había acabado. Tenían un nuevo amo al cual obedecer. Un vampiro, inmortal, maldito. De doble personalidad y triple vileza.

Dejaron al Mundo Mágico ser felices poco menos de una semana. Cuando se enteraron de nuevos ataques, destacados por su sadismo y tortura, creyeron que se trataba de Harry poseído, el nuevo Lord.

Pero no era así. Después de la caída de Voldemort, Harry se encontraba semiinconsciente, postrado en una cama, abandonado a los cuidados de Frida. Ésta sugirió matarlo para que no sufriera más, pero Byron tenía otros planes.

Al convencerse de que Byron era el nuevo Señor Oscuro, Sorel decidió desertar de los mortífagos y seguir su "vida" por otra ruta. Heathcliff le daba asco. Hubiese querido irse para siempre del Mundo Mágico para no tener que ver todas las vilezas que se cometerían, que se cometieron, cuando Byron subió al poder.

-Si vienes conmigo inventaré un nuevo Dios y le gritaré mi agradecimiento.

-Cállate, Sorel, no puedo irme-replicó Frida. Einsenheim le había pedido que abandonara a los mortífagos junto con él.

-No quieres irte-replicó él, dolido.

-Entiéndelo, yo debo estar con los de mi misma especie...los malditos, los malos, los sin escrúpulos, los cínicos...

-Yo nunca te vi de esa manera. Puedes cambiar. Ven conmigo-rogó una vez más.

-Si me amaras como dices tú serías el que cambiaría.

Ante esta afirmación, Einsenheim no pudo decir ni hacer nada más. Frida decía la verdad¿no podía cambiar él? Volverse como Byron, matar despiadadamente, odiar a todos, expandir el dolor... La sola idea le daba asco. "Entonces no quieres tanto a Sophie" escuchó en su mente. "Tal vez sea cierto" admitió casi con dolor "Y todos estos años ella solo ha sido un capricho".

Así que cuando llegó la noche, el noveno día desde la caída de Voldemort, Einsenheim partió del Cuartel sin despedirse de nadie. A lo lejos vio a Frida, riendo con Byron. Entre los malditos. Él no pertenecía a ellos... ¿y a los buenos sí?

Bueno, eso sería algo que averiguaría pronto.


Pronto estuvo claro que la caída de Voldemort no era una alegría completa. Byron era incluso peor que el anterior Señor Tenebroso.

Cuando partí del Cuartel fui al único lugar donde conocía a alguien que me apreciaba: con Draco. Éste había vuelto a su oficio de ilusionista y continuaba viviendo en el teatro. Llegué con mi maleta gigante, donde acumulaba ropa que databa desde el siglo XVIII. Al llegar lo encontré con Luna. Eran las vacaciones de verano y la Ravenclaw acababa de graduarse de Hogwarts.

-¡Einsenheim!-exclamó ella al verme- No te vi en la fiesta de graduación, fue genial porque se juntó con la celebración de la derrota de Voldemort.

-Tuve que hacer otras cosas-respondí tratando de contagiarme de su buen humor.

¿Estaría consciente Luna de que la derrota de Voldemort tan solo constituía una breve época de felicidad que Byron se estaba ocupando en desaparecer?

Llevé aparte a Draco para explicarle mi situación. De inmediato obtuve el permiso de quedarme en su "casa" mientras conseguía trabajo y un lugar para vivir. .

-De todos modos, este lugar es grande; puedes quedarte el tiempo que quieras-me dijo con una sonrisa- En estos difíciles tiempos es bueno tener a alguien con quien hablar-agregó en tono sombrío.

-Tienes a Luna...no me digas que no te hace feliz.

-¡Cállate! Podría oírnos-exclamó aterrado mientras echaba un vistazo a la rubia, quién estaba entretenida hablándole a las flores.

Después de instalarme con Draco, los acompañé a Luna y a él a una reunión con los miembros jóvenes de la Orden. Al principio me sentía un poco nervioso, pues había pertenecido al lado oscuro, pero nadie salvo Draco lo sabía así que traté de tranquilizarme.

En el Cuartel se encontraban Hermione, Ron, Ginny, Neville y otros compañeros que había conocido en Hogwarts. Me sorprendí al enterarme de que Hermione y Ron no estaban juntos, pues siempre había pensado que era cuestión de tiempo para que esos dos fueran novios. Neville parecía haber sido premiado por su amabilidad y paciencia para con Ginny, pues me enteré de que estaban juntos hacía meses.

-¿Se ha sabido algo de Harry?-fue la primera pregunta de Ginny en la reunión.

Eso me demostró que por mucho que estuviese con Neville siempre sería esclava del recuerdo de Harry.


Cuando Einsenheim volvió a ver a Frida fue ocasión de gran tristeza para él. Como no conseguía trabajo, la hacía de ayudante de Draco en los trucos de cada función. Casi hace fallar a su amigo cuando se distrajo al distinguir el impecable rostro de Frida en el primer palco del teatro. "Así que no se ha olvidado de Draco" pensó con una punzada de celos.

Al terminar la función, Sorel bajó del escenario para abordar a Frida antes de que ésta se fuera. Tenía casi un mes de no verla y cuando se encontró frente a ella pensó que le iba a dar un infarto.

-Ya encontraste trabajo-fue el frío saludo que ella le dirigió.

-Sí... ¿qué haces aquí?

-Vine a ver una función, es para lo que normalmente la gente viene al teatro.

-No te hagas la graciosa...viniste a ver a Draco. Te dije que lo olvidaras.

Frida se limitó a mirarme para después salir disparada a buscar a Draco. Éste se hallaba a punto de atravesar la cortina que llevaba a sus aposentos cuando se encontró con la muchacha. A lo lejos los vi presentarse, sonreírse, hablar. Draco parecía estar normal, el único hombre al que había visto mostrar templanza frente a Frida. Justo en ese momento Luna –que siempre asistía a las funciones de Draco- se acercó a mí.

-¿Quién es ella¿Amiga de Draco?-preguntó con su voz soñadora- Nunca me la ha presentado.

-Apenas se están conociendo-respondí sin quitarles los ojos de encima.

Cuando me di cuenta, Luna ya estaba con ellos. Ella sí provocaba un cambio en Draco. Comenzó a sonrojarse, le temblaban las manos, hablaba con balbuceos...para mí era algo típico, pero Sophie captó cada segundo de Draco embelesado con Luna. Casi pude adentrarme en su mente y leer sus intenciones: acabar con Luna.


Byron por fin decidió qué hacer con Harry. Asesinándolo no le hacía nada más que un favor, torturarlo le parecía aburrido...Así que resolvió devolverle la memoria para que se diera cuenta de todo el daño que había hecho.

Gracias a su increíble poder de persuasión y atemorizante personalidad, consiguió la asesoría de unos cuantos magos para que llevaran la operación de devolución de memoria a Harry. Iba a volver a recordar todo, además de los actos vandálicos perpetrados bajo la asesoría de Voldemort y el mismo Byron.

-Potter, levántate.

Harry llevaba más de un mes encerrado sin ver la luz del sol. Añoraba su antigua habitación, aunque igual estaba preso por lo menos tenía un lugar caliente donde dormir, alimento frecuente y podía salir un poco. Su ahora celda era fría, sin ventanas, asfixiante. Ya había adquirido un resfriado y llevaba la misma ropa ensangrentada y sucia desde que había acabado a Voldemort.

-¿Qué quieres?-preguntó Harry cuando Byron se acercó a él- ¿Ya vas a dejarme ir¿Por qué no me dices nada¿Dónde está Frida¡Quiero verla¿Dónde está Sorel?

-Cállate, niño-lo cortó Byron propinándole una patada en el estómago que hizo que se doblara del dolor. - ¡Bebe esto!-le ordenó dándole una copa donde un líquido café y viscoso giraba como en un pensadero. Magia Oscura que los sanadores de San Mungo jamás utilizarían, pues dejaba algunas secuelas y para prepararla se necesitaban sacrificios y rituales que ni el más valiente de los hechiceros se atrevía a mencionar.

Aunque al principio se resistió a beber, Harry tuvo que ceder ante los sádicos métodos de Byron. La poción le quemó la garganta, le escocía tanto que desmayó del dolor. Byron esperó que estuviese completamente inconsciente (para cerciorarse volvió a golpearlo) y encargó a los mortífagos que lo llevasen frente a la puerta del Cuartel de la Orden.

Ahora sólo quedaba ver la reacción de su acción.


-¡Siempre yo, siempre yo!- se quejaba Ginny- Todo porque estoy de vacaciones. Trabajaba menos en Hogwarts.

-Guarda silencio, señorita, y saca la basura; hay mucho que hacer todavía-la reprendió su madre.

A regañadientes, Ginny se echó al hombro la bolsa negra de basura y salió del Cuartel con disimulo, para que los muggles no se sorprendieran de ver salir a una muchacha de la pared. Después de lanzar la bolsa al bote de basura, decidió sentarse un rato en las escaleras del pórtico. "Necesito descansar" dijo mientras ponía la cara entre sus rodillas abrazándolas con sus manos. De repente, sintió como un escalofrío y una presencia. Alzó la vista y junto al bote de basura, tapado por unos papeles, vio "algo" que se movía. Sin embargo, hacía tan sólo unos minutos no lo había visto. Asustada –pues más de una vez se había encontrado con vagabundos en la ciudad de Londres- se levantó del pórtico, dispuesta a volver a la seguridad del cuartel. La figura se levantó aturdida "Un borracho o un drogadicto" pensó con lástima, para después cerrar los ojos y concentrarse pensando en la dirección del Cuartel para poder entrar.

-Ginny...

Esa voz¿esa voz¡Esa voz¡Era Harry! Abrió los ojos, y en efecto, era Harry. Pero no el Harry que había dejado ver hacía casi dos años. Era un Harry en decadencia: la túnica raída, golpeado severamente, el cabello bastante largo y sucio, temblando, balbuceando, fuera de sí...

-Ginny...-repitió el muchacho desplomándose en el suelo.

Aun con el peligro de que fuese una trampa o emboscada, se acercó al chico con el corazón latiéndole frenéticamente. Ella también temblaba, de nervios y emoción. Al aproximarse al moreno se encontró con que éste despedía un olor nauseabundo. Aun así lo abrazó con fuerza, sin importarle nada; ni los muggles que se le quedaban mirando ni la nula respuesta de Harry.

-Dime que volviste, dime que eres tú-murmuró al oído de Harry, esperando una respuesta.

-Volví, pero no sé si soy yo mismo. No recuerdo nada...recuerdo sangre¡te recuerdo a ti!

Ginny derramó lágrimas de felicidad y ayudándolo a levantarse, pasó un brazo de él por sus hombros y llena de ansiedad pensó "Número 12 de Grimmauld Place". Cuando la puerta apareció, ambos entraron.

-Ya íbamos a ir por ti...

Ron se interrumpió a media frase. Parecía tan sorprendido y dispuesto a levantarse de su silla de ruedas cuando vio a Harry, que Ginny creyó que presenciaría un milagro. Hermione llegó a los pocos segundos. Ahogó un grito tapándose la boca con las manos y señaló la puerta de una recámara. Ginny entendió y acostó a Harry en la cama.

-Llamaré a los demás-dijo la ex Gryffindor- Tengan listas sus varitas, por cualquier cosa-añadió con cautela.

-¡¿Qué pretendes introduciéndolo aquí?!-rugió Ron desde la puerta- ¡Puede ser una trampa, estúpida! Pero ahí vas como idiota a rescatarlo¡él mató a la mitad de tu familia¡Él me dejó paralítico!

La pelirroja estaba esperando a que dijese "Él no hizo nada por evitar que Byron te violara", pero pronto recordó que su hermano no sabía. Y aunque lo hubiera sabido, ella no podría replicar nada. Ron tenía razón. Amaba al ser que más la había dañado. Lo amaba y quería que Ron desapareciera para abrazar a Harry y decirle que le perdonaba todo; que ella estaba ahí y sólo eso importaba.


-¿Por qué te llama tanto la atención?-preguntó Byron a Frida. Estaba en la recámara de ella, presenciando cómo se arreglaba- ¡Es la tercera vez en esta semana que vas a ver al idiota de Malfoy!

-¿Celoso, querido Heathcliff?-preguntó ella mordazmente.

-Quizá-respondió él con un bufido- Mas bien le tengo lástima al chico...vas a jugar con él como hiciste con el marica de Sorel.

-No hables así de él...

Aunque Frida siempre lo había negado, sentía algo más que simple cariño por Einsenheim. No lo amaba, era cierto, porque no eran compatibles. Pero ejercía una fuerte atracción sobre ella, lo quería y apreciaba por ser tan leal y fiel. Si Byron no hubiese existido...Sorel aún estaría junto a ella.

-¿Vas a llorar?-preguntó Byron, molesto- Ya veo que estás haciendo pucheros.

-¡LÁRGATE!-le gritó ella levantándose de la silla del tocador y saliendo de la habitación.

-Creí que yo era quién me debía ir-se encogió de brazos Byron cuando la vio salir.

El teatro donde se presentaba Draco era uno de los más elegantes y antiguos de la ciudad. Frida siempre se encontraba en un palco, observando a Draco y sus actos. No era que lo quisiera, pero le gustaba demasiado. Y había tomado como un reto el conquistarlo, pues la había indignado que éste pareciera inmune a su seducción. Para variar, estaba esa distraída e insípida rubia que lo seguía a todos lados. Draco parecía quererla mucho, aunque la chica parecía bastante indiferente a él.

Al terminar la función, Frida descendió del palco y lanzando una seductora mirada a los guardias logró colarse tras bambalinas. Ahí encontró a Draco, sentado en una silla. Parecía agotado y el cabello, húmedo de sudor caía sobre su frente. A Frida le pareció especialmente atractivo. Silenciosamente se acercó a él.

-Sé tu secreto-le dijo la vampiresa.

-¿Qué?-preguntó Draco, sobresaltado.

-Eres un mago-dijo ella- No eres el primero que conozco.

-¡Ah¿Y también te molesta que haya traicionado a la raza mágica convirtiéndome en un bufón de muggles?-replicó malhumorado.

-Más bien creo que eso es fascinante-dijo ella sin inmutarse ante la frialdad del rubio- Me gustaría ser tu amiga.

Draco le dirigió una mirada penetrante con sus ojos grises. ¿Qué tanto interés tenía esa chica con él¿Sería una espía? Era muy guapa, debía reconocerlo...pero no tenía esa chispa e inocencia que tanto le atraía en Luna. Acostumbrado a su época de seductor en Hogwarts (casi la mitad de las Slytherin pasaron por sus brazos), supo en seguida que esa chica lo deseaba. Otrora, la habría llevado a su recámara y disfrutado con ella unas cuentas horas de pecado; pero ya habían pasado esos tiempos. Él sólo quería a Luna. Y por muy estúpido que sonara había jurado fidelidad a una relación inexistente.

-Funda un club de fans-dijo él con acritud, alejándose de ella. No había querido sonar tan grosero, pero no quería volver a saber nada de tentaciones ni mundanos placeres. Quería paz y tranquilidad sin remordimientos.

Frida, sin embargo, lo tomó bastante personal. Su dignidad le decía que debía alejarse de ese arrogante farsante, pero el orgullo, la maldad y los arraigados sentimientos de venganza la hacían querer herirlo por haberla rechazado en forma tan abrupta. Iba a hacer todo lo posible porque Draco fuera suyo y por hacerlo sufrir. Destruiría lo que él más quería.

Saliendo del teatro, se encontró con Luna en la calle. La rubia pareció no reconocerla cuando Frida se acercó. Siguió a Luna hasta perderse en un pequeño y oscuro callejón y ahí sacó la varita, murmuró Desmaius y al poco tiempo Luna se desplomaba en el suelo.

-¿Quién es ella?-preguntó Byron cuando Frida regresó al Cuartel, con el cuerpo inconsciente de Luna.

-No te metas. Y te prohíbo que la toques-advirtió con los ojos llenos de furia- Con el tiempo te explicaré.

-Tus deseos son órdenes-aceptó Byron. Respetaba a Frida, y le intrigaba qué tramaba.

Cuando estuvo sola en sus aposentos, cogió unas tijeras y cortó un mechón de cabello platino de Luna. Acto seguido abrió un viejo libro de magia.

-Poción multijugos-dijo en voz alta con una media sonrisa-Justo lo que necesito.


Nadie podía creer que Harry hubiese regresado. Habían pasado cerca de dos días desde su regreso y él seguía postrado en la cama, sin apetito ni ganas de hablar. Ginny pasaba horas con él, pero nunca decía nada nuevo. Ron, por su parte, tenía ganas de entrar a matarlo, pero los miembros de la Orden lograban impedírselo a tiempo.

-Él tiene la culpa de que tú y yo no estemos juntos-dijo Ron cierta ocasión en que Hermione fue la que le impidió que entrara a asesinar a Harry.

-No mientas; eso es sólo tu culpa-replicó la castaña mirándolo fijamente.

A la semana, Harry por fin decidió salir de su encerramiento y hablar con los miembros de la Orden. Contó cómo lo habían emboscado en Hogsmeade dos años atrás, la mirada de Voldemort apuntándole con la varita...y después el odio que le habían inculcado hacia su pasado, la conversión a mortífago (todos se aterraron cuando les enseñó la Marca, aunque ésta nunca más volvería a arder), los deseos de venganza, Ginny violada por Byron, el señuelo que fue Frida, la masacre Weasley, el haber dejado paralítico a Ron y finalmente cómo lo habían presionado para acabar con Voldemort.

-Después de eso me tuvieron encerrado por días...sin comida...sufrí demasiado.

-¡No se compara con lo que tú nos hiciste sufrir!-exclamó Ron enfurecido.

-¡Pero no fue intencional! Me lavaron el cerebro, me borraron la memoria, yo...yo entiendo su odio. Hubiese preferido que Byron me asesinara antes que volver con ustedes, a la vida que les destruí...

-Solamente Ginny puede seguir confiando en ti-le interrumpió Ron, cuyo odio se acrecentaba- ¡Mira donde me tienes! Arruinaste mi vida y la de mi familia. Matarte sería un gran favor. Ahora entiendo por qué ese tal Byron decidió regresarte con nosotros; para que te des cuenta de todo lo que hiciste¡pudiste haberte negado! Pero claro¡eres la víctima¡El maldito protagonista¡El imbécil que todo merece simplemente por ser el elegido¡Eres Harry Potter, maldita sea!

-Mañana me iré-dijo Harry abandonando la habitación- No sé adónde...

-Esta casa es tuya, Harry-le recordó Lupin.

-Quédensela...no quiero saber nada del pasado ni de este odioso presente.

-¡Claro, evádete! Se te da bastante bien...

-¡RON, BASTA!-gritó Hermione-¡ÉL DESTRUYÓ TU VIDA, TAL VEZ, PERO NO HAS HECHO NADA POR RECONSTRUIRLA, ASÍ QUE DEJA DE QUEJARTE Y HAZ ALGO!

El silencio reinó. Un silencio tenso que pareció desinflarse a cada segundo. Cada quien volvió a sus actividades habituales. Ron miró fijamente a Hermione, aunque ésta la ignoró olímpicamente. Harry, mientras tanto, volvió a su recámara. Ginny lo siguió.

-Iré contigo adonde sea que vayas-le dijo la pelirroja.

-Ginny, te amo con la misma intensidad que te amé antes de que me borraran la memoria, te seguí amando aunque quisieron que te odiara, te amo aun ahora. Y por eso te alejo de mí...

-Pero...

-¡Ya hemos hablado de esto¿Por qué no haces tu vida?

-Tú eres mi vida. Todo este tiempo fui la única que nunca dejó de creer en ti, te vi mientras te revolcabas con Frida, tuve que sacrificarme volviendo a ver a Byron¡no me digas que haga mi vida después de todo esto! La única forma de alejarte de mí es matándote y luego suicidarme¿eso quieres?

-Quizá solamente muertos debemos estar juntos-masculló él.


-¿Por qué ya no habías venido?-preguntó Draco a Luna-Pasó más de una semana...

-Tuve cosas que hacer-respondió Luna con una sonrisa-¿ya casi empiezas?

-Sí, sólo terminó de pulir la varita-respondió él. Mientras limpiaba su varita, hizo saltar unos destellos que se convirtieron en gigantescos girasoles- Te los regalo-dijo dando algunos a Luna.

-¡Gracias!-respondió ella dándole un abrazo.

-No es nada...-dijo él en silencio, con el rostro de Luna aún cerca de él.

Se besaron como en un sueño.

Neblina en las ventanas de la recámara de Draco, el frío matinal y el sudor devolvieron a Draco a la realidad. Despertó del todo y se tapó la cara con las manos. Era la segunda vez en la semana que soñaba con Luna. Debía buscarla¡hacía más de una semana que no iba a verlo en sus funciones!

-Quizá encontró a alguien o algo más interesante que yo-dijo en voz alta mientras se duchaba- Alguien con quien logra entenderse y parecido a ella.

Pero esa noche, tras su función en el teatro miró desesperanzado al público y una sonrisa iluminó su rostro ¡ahí estaba Luna, en primera fila! Al principio dudó que fuera ella pues vestía "normal": una elegante falda larga y negra y, lo que más le sorprendió, una ajustada blusa blanca. El cabello recogido le daba otro aspecto. ¿Seguro que era ella?

Cuando terminó la función, decidió comprobarlo por sí mismo. Ella ya lo estaba esperando cerca del escenario.

-¿Por qué estás vestida así? Creo que te excediste un poco en el atuendo muggle-le dijo él, nervioso.

-¡Ah! Es una vieja ropa de mi madre...quise experimentar. Ya sabes cómo me encanta eso.

-Bueno, tus experimentos con la ropa son una nueva faceta que apenas conozco-se encogió de hombros Draco-, vamos a mi estancia para que me cuentes por qué no habías venido.

Luna, o mejor dicho Frida, sonrió por lo bajo. Sabía que lograr su objetivo de esa manera no significaba un triunfo. Él estaría con Luna, besaría a Luna...no a Frida. Pero era la única forma de desquitarse. Después pensaría qué hacer con Luna. Estaba segura de que tarde o temprano se aburriría de Draco y Luna no le seguiría sirviendo. Sólo la mantendría viva mientras le era necesaria para aprender sobre su forma de vida y seguir preparando la poción multijugos.

-Tuve cosas que hacer con mi revista...

-Ya veo¿cómo va el Quisquilloso?

"¡Qué ridículo nombre!" pensó Frida. Comenzó a inventar cifras, nombres de redactores, divagó por veinte minutos hasta que Draco empezó a decir lo mucho que la echó de menos. Hablaron hasta que oscureció.

-Deberías irte, te acompañaré a casa.

-Perfecto...aunque... ¡hace tanto frío afuera!

-Pensé que te gustaba el frío, Luna.

-Pero eso es demasiado¿me dejarías quedar?

-¡¿Qué?!

-Oh, entiendo si no quieres. Ya me voy, no es necesario que me acompañes a casa.

-No...Es decir...si quieres puedes quedarte. Dormiré en el sofá.

Todo era muy extraño para Draco. En primer lugar, a Luna nunca se le hacía tarde ni pasaba tanto tiempo divagando con él, siempre tenía algo que hacer. Nada le parecía más mágico que caminar bajo el oscuro cielo oscuro y buscar entre la nieve huellas de Ohugs¡y ahora iba a dormir en la misma habitación que él! No es que considerase a Luna puritana, pero jamás había mencionado nada de dormir en casas ajenas. Definitivamente estaba cambiada.

Frida daba vueltas en la cama de Draco, aspirando el olor del chico en las sábanas. Lo quería para ella, seducirlo sería una forma de venganza. Únicamente deseaba estar junto a él como estuvo junto a...junto a Sorel¿por qué volvía él a su mente? Imprudentemente se levantó de la cama y se acercó al sofá donde dormitaba Draco. Por un momento se olvidó que era Luna, la distraída y despistada Luna, y no Sophie, la vampiresa seductora.

-Ven conmigo a la cama-murmuró al oído del rubio.

Éste saltó del sofá y se restregó los ojos para cerciorarse de que no se trataba de un sueño. Ahí estaba Luna frente a él, ofreciéndose a compartir la cama. Pero esa mirada no era la de Luna...los ojos de Luna eran azules e inocentes, no grises y seductores. Tampoco tenía los labios de un rojo tan elevado. Esa no era Luna... pero¿y si algo la había cambiado aquellos días que no la había visto? Tenía la oportunidad ante sus ojos e iba a rechazarla. Cuando se visualizaba como pareja de Luna, se imaginaba algo inocente, tranquilo¡aquello era demasiado precipitado! Quizá Luna, en su afán por probar cosas nuevas, había experimentado con algún estupefaciente o droga extraña que la hacía actuar así...

-No sé qué te pasa hoy. Mejor vete-dijo Draco abruptamente-Te acompañaré a casa...

Frida aceptó esta derrota, pero se dijo que no había perdido la guerra aún. Aceptó que Draco la acompañara "a su casa" y una vez allí registró todos los cajones y armarios de Luna para formar bien su personalidad y forma de actuar.

Necesito que vengas con urgencia, algo pasa con Luna.

Draco.

-Llévasela a Sorel-indicó a su lechuza.

Cuando Einsenheim recibió la misiva varios nombres se le vinieron a la mente: Helena, Sophie, Frida; pero todos significaban lo mismo. En menos de una hora ya se había apersonado en los aposentos de Draco.

-Creo saber qué pasa-dijo como saludo.


-He pensado en lo que dijiste-dijo Ron cuando se encontró solo con Hermione en la cocina. La castaña no le respondió. – Intenté olvidarte de todas las maneras posibles: Quidditch, fiestas, otras mujeres...y no puedo...te quiero y deseo demasiado pero no quiero atarte a mi inutilidad, ya te lo he dicho. No quiero que después de darme felicidad me abandones o te aburras...

-Entonces no lo haces por mí, sino por ti. Típico: todo amor sólo es amor propio-observó ella con acritud.

-Entonces te amo tanto como me amo a mí mismo-dijo él- Podemos intentarlo...si aún quieres...

Hermione dejó de lavar los trastes por unos segundos. ¿Intentarlo? Había esperado que Ron dijese eso hacía tanto tiempo...pero había perdido la esperanza. Fue como cuando deseamos algo intensamente, pero pasa el tiempo y el deseo va perdiendo fuerza. Por mucho que hayamos deseado algo, la realidad nos va poniendo los pies en la tierra; nos aleja de esa lucha. Y muchas veces la realidad vence.

-No sé si aún te quiero-respondió ella con sinceridad.

Lo último que escuchó Hermione fueron las ruedas de la silla de Ron, que se alejaban llevando la presencia del pelirrojo lejos de ella. Luego, las lágrimas se mezclaron con el agua de los trastes sucios y el grifo ahogó muchos sollozos.


A Harry no le interesaba luchar contra Byron. Había derrotado al primero que le había destruido la vida: Voldemort. Byron solamente era un personaje secundario en el drama de su existencia. Él solamente había sido cómplice y le había devuelto la memoria, lo que no lograba entender Harry era si haber vuelto a su verdadera vida fuera algo bueno. ¡Había hecho tanto daño! No podía creer que pudiese albergar tanto odio...era verdad que muchas veces se había sentido utilizado, pero jamás se creyó capaz de vengarse en una forma tan vil.

-Aunque no nos conocemos completamente hasta que nos vemos haciendo algo de lo que no nos creíamos capaces-murmuró.

No sabía cómo continuar con su vida. Se sentía demasiado sucio, impuro, marcado. No solamente seguía conservando su cicatriz, ahora tenía esa horrible marca en el antebrazo izquierdo. Y el olor de la sangre derramada no se iba, los cuerpos inermes lo acosaban en sueños y Ginny lo visitaba en pesadillas seductoras que lo hacían sufrir más que todo. Podría tomar la oferta de la pelirroja y huir juntos a un lugar donde nadie los conociera. Ser felices por primera vez.

Ya no estaba en Grimmauld Place. Sacó lo poco que le quedaba en su cámara de Gringotts y pagó un cuarto de hotel por unos días, mientras aclaraba sus ideas. En primera, debía hallar un modo de acabar el Colegio, pues oficialmente no lo había hecho. Después encontrar una carrera. Auror seguía en su cabeza pero¿qué clase de auror era alguien con la Marca Tenebrosa estampada en el brazo, ex mortífago y aliado de Voldemort? No se le ocurría nada más.

-¿No puedes dormir?-le preguntó Ginny. Se había ido a pasar la noche con él.

-No puedo hacer nada-respondió él abrazándola.

"Ojalá el mundo de acabara ahora mismo" pensó a punto de llorar "Aquí, con ella y sin mañana".


-¡¿Por qué no me lo advertiste?!

Draco estaba histérico. Bien, reconozco que a veces me callo ciertas cosas que pueden salvar ciertas situaciones. Me da un poco de vergüenza admitir que lo hago porque siento un secreto y enfermizo placer por ver tragedia. Ustedes continúan escuchándome aun ahora¿por qué¡También les gusta la tragedia! No pueden juzgarme por dejar que las cosas pasen.

Si yo hubiese salvado todas las situaciones esto sería un relato bastante aburrido y lleno de felicidad, es decir, irrealidad. Quizá yo soy el elemento importante para que todo se conecte. Oh, sí, soy yo el que está hablando, Sorel... el tímido Einsenheim. Los siglos me han cambiado, lo que he visto me ha cambiado. Ninguno de los protagonistas del relato en que los conduzco vive ya. Ha pasado demasiado tiempo...

Llegamos al Cuartel Mortífago dispuestos a buscar a Luna. Tenía semanas de no pisarlo y la sola idea de volver a ver a Frida me aceleraba el corazón. Pero al primero que encontremos fue a Byron.

-¡Sorel¡Volviste!-exclamó con fingida alegría. – No sabes cuánto te ha extrañado Frida...no tiene a quien manipular o tenerle lástima. No tiene a quien darle besos de caridad...

De un golpe borré la sonrisa de Byron. Lo hice sin pensar. Él era más fuerte que yo, podía matarme si lo deseaba. Pero yo no podía morir. No tenía nada que perder. Seguimos a los golpes, y entre el alboroto indiqué a Draco donde estaba el cuarto de Frida. Quiso quedarse a ayudarme, pero le grité que mejor buscara a Luna...conocía a Frida y sabía de lo que era capaz.

-¡Dejemos de jugar, imbécil!-exclamó Byron desembarazándose de mí- He descubierto una forma de acabar con los vampiros¡sí! No somos inmortales como dijo Frida; puedo acabarte, Einsenheim. Siempre he pensado que eres un mal elemento...únete a mí o muere...tú decides.


Draco cerraba y abría puertas frenéticamente buscando a Luna. Se encontró cara a cara con mortífagos y cuartos llenos de pociones sospechosas...hasta que llegó a la habitación de Byron. El espejo que tenía éste en su habitación y que reflejaba lo que había en la recámara contigua, permitió a Draco vislumbrar lo que sucedía: Luna, maniatada y amordazada estaba en el piso, con la espalda apoyada en una pared y los ojos cerrados. Enfurecido, Draco lanzó un hechizo contra el espejo y éste se rompió en miles de pedazos dándole entrada a la habitación. Frida pareció sorprendida de verlo durante un segundo, pero luego volvió a pensar fríamente y cogiendo la varita apuntó a Luna.

-Si me atacas ella morirá-sentenció la vampiresa.

-Tranquilízate, por favor-dijo él sin saber qué hacer.

-¿Cómo me descubriste¿Te guió Einsenheim¿Está Sorel aquí¿Y Byron?

-Sí, Sorel me guió, está enfrentándose con Byron.

Lo último que dijo Draco tuvo un extraño efecto en la muchacha "...está enfrentándose con Byron". No estaba enojada con Sorel, sino preocupada. Byron hacía menos de dos días había descubierto cómo acabar con los vampiros, incluso a ella la había amenazado con destruirla si desertaba de sus filas. Sorel corría peligro y a ella le preocupaba.

Miró por última vez a Draco y maduró en ese instante. El rubio representaba todo su pasado de caprichos y placeres instantáneos. Alejarse de él era alejarse de su pasado. Un pasado que nunca la había hecho feliz. Quizá había satisfecho sus necesidades y le había otorgado placeres; pero el placer no era felicidad. Estar con Byron y matar era placentero pero sólo duraba unas cuantas horas, a veces menos...si desde el principio se hubiera aferrado a Einsenheim todo hubiera sido más aburrido, quizá, pero en las noches, después del placer, él se quedaría junto a ella hasta el amanecer.

Sin decir nada más, Frida salió de la habitación en busca de Sorel. El único al que quería y deseaba verdaderamente.


Oficialmente Ginny ya había salido de Hogwarts. Decidió entrar a trabajar en El Profeta. Le ofrecieron una pasantía y un pequeño sueldo, mientras se preparaba profesionalmente. Asimismo, había accedido a escribir en el Quisquilloso, aunque hacía mucho que no veía a Luna...

-Nos alcanza para un pequeño departamento, mientras tú entras al Colegio de Aurores...

-¡¿De qué hablas¿Vas a mantenerme?-bufó Harry- Vamos, tienes diecisiete años. Debes volver con tus padres y buscar a otra persona...alguien que te merezca¿qué pasó con Neville?

La pelirroja agachó la cabeza. Desde que había encontrado a Harry no pensaba más en Neville. Tenía dos días de no ir al Cuartel ni ver a sus padres, seguro ellos pensaban que estaba con Harry –lo que era cierto- y que regresaría en cualquier momento.

-Quiero estar contigo-masculló Ginny. – Pero si deseas que me vaya únicamente debes decirlo.

Harry no dijo nada. Estaba anocheciendo y las horas se le resbalaban mientras miraba por la ventana intentando no pensar en nada. Solamente se le ocurría una cosa...la más radical y triste que podía imaginar. Nada tenía sentido, ni Ginny durmiendo en su misma habitación, ni la esperanza, ni el futuro. No había futuro. Ni pasado. Cuando no queda nada lo mejor es fusionarse con ese vacío y simplemente morir, pensaba. Miró de nuevo la ventana, hacia abajo...estaban en uno de los pisos más altos. El doceavo, quizá. Si saltaba moría, eso era seguro... y si quedaba parapléjico Ginny le aplicaría la eutanasia. Ginny haría cualquier cosa por él.

-Ginny, Ginny, despierta-dijo acercándose a ella y zarandeándola.

-Ahora no, Harry, estoy cansada...-murmuró ella más dormida que despierta.

-Ginny, salta conmigo.


-Entonces... ¿no han visto a Ginny?

Hermione y Ron no sabían qué decir. La situación era incómoda. En primera porque había tensión entre ellos dos, y en segunda porque decirle a Neville que su novia se había perdido con su amor de toda la vida no eran buenas noticias ni algo que se decía con agrado.

-Tiene días desaparecida, Neville, pero te informaremos en cuanto volvamos a verla-dijo Hermione.

-¡No¿Cómo es que están tan tranquilos? Díganme adonde está.

-No, Neville, en serio no lo sabemos...

-Supe que Harry regresó¿está con él, cierto?

-Serás el primero con quién hablará a su regreso, Neville.

-Pero...

-¡Sí, seguro está con Potter¿Qué quieres que hagamos?-saltó Ron harto.

Neville se encogió de hombros y salió del Cuartel. El pelirrojo se hizo el occiso ante la mirada reprobatoria de Hermione y de repente comenzó a reír, desconcertando a la castaña. Sin saber por qué, ella se unió a la risa de su amigo.

-¿Por qué te ríes?-preguntó ella recuperando un poco la compostura.

-¿Por qué te ríes tú?

-Ron...

-Ya. Es que hace mucho que no me dirigías esa mirada. Me recuerda a cuando éramos estudiantes, yo hacía algo mal y te me quedabas viendo como esperando que arreglara las cosas pero...

-...Siempre las arreglaba yo por ti-terminó ella con un dejo de tristeza en la voz.

-Hermione, han pasado muchas cosas...yo en verdad no quería que esto fuera así. Si ya no sientes nada por mí lo acepto y no volveré a molestarte, pero no me retires la palabra. Perdí a Harry pero no quiero perderte a ti.

La castaña se quedó un rato sin decir nada. En uno de esos silencios necesarios. Extrañaba a Ron, no solamente como novio sino también como amigo. Había construido una barrera para no resultar herida, pero resultó contradictorio. Ahora sufría más. ¿Y si hacía a un lado todo el orgullo, temor y prejuicio y se abandonaba a tratar de ser feliz?

-Verdaderamente, únicamente nos tenemos el uno al otro-suspiró Hermione-Y no sé si eso es triste o alegre pero comprenderlo me hace feliz.

-No entiendo muy bien cuando cambias y por qué lo haces-se sinceró el pelirrojo-Pero justamente es una de las cosas que me atraen de ti. Eres impredecible aunque todos piensen lo contrario.

Lo dicho por Ron indicó a Hermione que estaba haciendo lo correcto. No necesitaba a alguien que se adelantara a sus necesidades y que la tratara con delicadeza; necesitaba a alguien como Ron que la liberara un poco de su estrés y le mostrara que la vida no es un plan que no admite errores.


Draco me contó que después de que Frida salió él se quedó estupefacto sin saber qué hacer. Había imaginado tener que librar una batalla para recuperar a Luna pero todo se tornó demasiado confuso. Volviendo a la realidad y consciente de que no podía perder ni un segundo, fue hacia donde se encontraba Luna y tras desatarla y tratar de animarla la acostó en la cama. Tras unos minutos, y comprobar que respiraba, se asomó al patio del Cuartel, donde Byron y yo librábamos una batalla.

Frida, recargada en una columna suplicaba piedad por mí. En ese momento no comprendía por qué tanto alboroto y misericordia de su parte, únicamente estábamos peleando. Tanto Byron como yo teníamos heridas. Fue hasta que mi contrincante hizo salir una llamarada de su varita cuando comprendí lo que me sucedía.

No sé si Frida me lo transmitió por el pensamiento, si el humo penetró en mi cerebro...el caso es que yo supe que corría peligro si una de esas lenguas de fuego me tocaba. Byron me lo confirmó.

-Entendiste¿verdad, Sorel?-preguntó con una media sonrisa- Frida me lo reveló hace pocos días...fue tonta al decirlo. Ahora la tengo sometida. Hagamos un trato. Sírveme como servías en tiempos de Voldemort. Sé un espía con "los buenos" y no te pasará nada. No sirve que vayas en contra de tu naturaleza. No eres mortal ni mago, Sorel; eres un vampiro y nada cambiará eso. Te sentirás más útil aquí. Velo como un trabajo¡¿qué demonios haces ahora aparte de contar tus penas a un traidor de la sangre como Draco Malfoy?!

-Déjalo ir, Byron, él no es como nosotros-intervino Frida acercándose cada vez más al lugar de batalla.

-Vaya, de nuevo te da lástima el pobrecillo animalito herido¿lo curarás esta noche de la única forma que sabes para luego dejarlo ir y esperar que regrese a ti...?

-No. Esta vez iré con él-sentenció ella.

Tanto Byron como yo quedamos desconcertados. Él pareció contrariado durante un segundo pero poco después recuperó la compostura y su aire burlón. Por mi parte no pude hacer más que mirarla¡había esperado tanto escuchar eso! Y no me importaría esperar un milenio más.

-Einseheim, perdóname, todo este tiempo creí querer algo sin detenerme a pensar en...

-Ya habrá tiempo para eso-la interrumpí bruscamente, aún sorprendido-Tenemos la eternidad-añadí suavizando el tono.

-Eso es lo que tú crees...

-¡CUIDADO, SOREL!

El dolor sigue siendo eterno, pero el suceso apenas duró unos segundos. Lo veo todo en un parpadeo. Draco cruzando el patio, Frida en el piso, Byron apuntando con la varita hacia ella...y yo no me recuerdo. No sé qué hice, dónde estaba, por qué no evité que ella se calcinara. ¡¿Por qué no evité que ella se desvaneciera?!

Mi primer impulso fue correr hacia las llamas para salvarla. Pero el fuego actuó demasiado rápido. Ella sólo era cenizas entre mis dedos, en mi ropa, con el viento como medio de transporte. La aspiré, por muy enfermo que suene, la esparcí en mi cuerpo como en un éxtasis y finalmente guardé un puñado de su presencia. Ella era polvo y yo también.


Harry tenía medio cuerpo fuera de la ventana mientras Ginny intentaba detenerlo. El muchacho movía los brazos y tomaba impulso para saltar, pero se arrepentía al minuto y la abrazaba.

-Salta conmigo, salta conmigo-le rogaba-Aquí no podemos vivir. Aquí no podemos estar juntos.

-Harry, vamos a dormir. Mañana podremos pensar todo con claridad y...

Entonces el moreno empezaba a gritar y la pelirroja no hacía más que callarlo con sus besos y caricias, antes de que él volviera a su puesto de la ventana y amenazara con saltar. Estuvieron así cerca de dos horas.

Ginny estaba desesperada. Sentada en un rincón de la habitación, abrazando sus rodillas lloraba quedamente. Ya no tenía fuerzas para detener a Harry y su cabeza era un torbellino. Intentar buscar ayuda pero era en vano porque apenas cogía el teléfono de la habitación, se acercaba a la puerta o hacía ademán de desaparecer, Harry comenzaba a gritar y a retenerla, incluso lastimándola.

-Casi amanece, vamos, saltemos este nuevo día-volvió a rogar él.

-¿Por qué quieres morir, Harry?

-Porque no pertenezco a este mundo. Hice y me han hecho demasiado daño.

-¿Ni siquiera te quedarías por mí?

Silencio. Harry estaba ojeroso, fuera de sí y con lágrimas corriendo por su rostro. Ginny no ofrecía mejor aspecto: los ojos hinchados, el maquillaje corrido y el mentón tembloroso.

-Quiero estar contigo en la eternidad.

Fueron momentos estresantes para Ginny. Harry la tomó de la mano y la acercó a la ventana, sus manos la retenían de los hombros...bastaba un empujón y caía al vacío. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, la pelirroja lo empujó y corrió a encerrarse en el baño. Trancó la puerta y se refugió en un rincón, temblando y rogando por qué alguien del hotel la salvara ahora que Harry tocaba frenéticamente la puerta. Un minuto, cinco, diez, quince...los golpeteos en la puerta pararon. Adivinaba con qué se encontraría al abrir la puerta...o mejor dicho, con quién no se encontraría.

Sigilosamente entreabrió la puerta y asomó al cuarto. No había nadie. Harry había salido del cuarto o... ¡No¡No podía ser cierto! Aterrada y con los ojos anegados en lágrimas se asomó a la ventana. Tras ver a un corro de gente alrededor de "algo", desmayó. Cuando volvió a la realidad estuvo sin hablar durante días.

En verdad nunca volvió a la realidad.


Después de la muerte de Frida estuve casi una semana desconectado del Universo.

-Einseheim, perdóname, todo este tiempo creí querer algo sin detenerme a pensar en...

-Ya habrá tiempo para eso-la interrumpí bruscamente, aún sorprendido-Tenemos la eternidad-añadí suavizando el tono.

-Eso es lo que tú crees...

-¡CUIDADO, SOREL!

Día y noche veía a las llamas consumiéndola (consumiéndome). No era justo ¡teníamos la eternidad! Pero hasta ella, mi madre, mi creadora, mi amante, era mortal. Todos éramos mortales; incluso Byron. Y ese pensamiento me mantenía en vigilia.

Con ayuda de Draco y Luna –a la que no parecía haberle afectado mucho su secuestro- logré recuperar las ganas de vivir, si es que vivo, e intenté adaptarme a mi vida sin Frida. Nunca la extrañé ni deseé tanto. Guardaba sus cenizas en un cofre adornado con joyas preciosas y cada noche le hablaba y prometía venganza.

La furia me guió y todos los principios, valores y buenos sentimientos que tuve fueron reemplazados por la sed de destruir a Byron. Ningún mago podía hacerlo. Casi me alegraba de que fuera así.

Una noche, no recuerdo día exacto, me cubrí con una capa y caminé hasta el Cuartel General Mortífago con el único pensamiento de acabar con Byron Heathcliff. No lo veía desde aquel fatídico día y se había corrido el rumor de que yo me había vuelto a Francia. No tenía miedo de mí¿cómo tener miedo del tímido y sensible Sorel? Lo iba a encontrar sin defensa; lo iba a sorprender...

Casi nadie asistió al entierro de Harry Potter. Hermione y Ron (azuzado por su novia) junto con Lupin, Tonks y un sacerdote eran todo el cortejo fúnebre. Una lápida simple, gris y sin epitafio era el eterno hogar del cuerpo de Potter. Su nombre y fecha de nacimiento serían lo único que leerían las generaciones venideras en el sepulcro de aquel del que tanto escucharan.

Neville hubiese querido asistir, pero se encontraba bastante ocupado en San Mungo, con Ginny. La pelirroja no hablaba desde el día del incidente. La habían encontrado sentada en el alféizar de la ventana, abrazándose las rodillas con la mirada fija en un punto de alfombra del cuarto. No había podido hablar a pesar de que la zarandearon. Resolvieron enviarla a San Mungo y Ginny, totalmente retraída, como una autista, no opuso resistencia. Neville sabía que atenderla sería doloroso porque evocaría la situación de sus padres aunque la locura de la Weasley no estuviese confirmada. Pero no quería que nadie más se hiciera cargo de ella.


Después del secuestro de Luna, Draco comenzó a verla con otra mirada. Ya no sufría porque la rubia no sintiese nada por él. Se conformaba con tenerla de nuevo a su lado, como amigos y compañeros. Quizá con el tiempo...ahora no.

Por fin despejó sus dudas sobre si seguir siendo o no un Ilusionista. Resolvió que sí, al fin y al cabo era lo que lo alimentaba y de nuevo estaba metido en el Mundo Mágico. Un equilibrio entre ese mundo y el muggle era lo único que necesitaba. Y ya lo tenía.

¿Era feliz? No podía responder esa pregunta sinceramente. Lo que sí sabía era que lo que tenía no era aquello con que había fantaseado años atrás, pero eso no significaba que no podía ser feliz con lo que poseía. Ya lo averiguaría con el tiempo.

En esos momentos se sentía feliz, sentado en la banca de un parque cercano a su Teatro, con Luna a su lado, alimentando a las palomas y tratando de diferenciar entre ellas a un Tanabou.

Una vez en el Cuartel, aparecí una antorcha. Me dirigí hasta el cuarto de Byron...seguía siendo el mismo. Una chica dormía a su lado. Medité un momento sobre salvarla o no. Decidí que no había tiempo para eso. Después de encender la antorcha entré de golpe al cuarto. Apenas pudieron incorporarse cuando las llamas lamían su cuerpo. Se desintegraron ante mis ojos rápidamente. Algunos mortífagos fueron a mi encuentro por el alboroto y después de aparecer más antorchas las lancé a ellos. Los pocos que Byron había convertido en vampiros para tener un ejército más poderoso fueron los primeros en morir. Para los otros fue una muerte lenta, dolorosa... el humo comenzaba a ahogarme y las llamas irritaban mi pálida piel; pero quería seguir allí. Erguido como un jefe. Sorel, el vengador.

Tras asegurarme de que no había nadie alrededor recorrí el Cuartel quemando cuartos y mortífagos. El fuego se había convertido en mi amigo. Estuve allí hasta que sólo quedaban cenizas y polvo. Hasta el amanecer. Después comenzó a llover y ese mismo día regresé a Francia.


Sólo queda el epílogo y aclaraciones. Si tienen dudas díganme antes de que esto termine oficialmente.

Gracias a todos por sus reviews, ojalá les haya gustado.