Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Aiolia/Máscara de Muerte.
Este capítulo tiene YAOI LEMON m/m explicito, ya está avisado
Capítulo 7. El camino del exceso
Aiolia se internó en la niebla del templo de Cancer con paso firme, procurando no prestar atención a los petreos rostros. Recordando su anterior incursión fue directamente a la entrada interna del templo. La puerta estaba abierta, al igual que antes, resultaba curioso que no se molestase en cerrarla. Abrió la puerta y entró con decisión. No iba a ocultarse.
- ¡Te he dicho que te vayas, Saga!
Máscara de Muerte estaba de mal humor. Bueno, eso era normal, aunque no iba a facilitar la situación. Siguiendo la voz irritada del otro hombre, atravesó el salón... si es que así podía llamarse a aquel desorden, y siguió un pasillo hacia la parte mas posterior del templo, siguiendo su intuición del origen del grito hasta habitación cerrada.
Abrió la puerta y entró en un dormitorio, si es que podía llamarse así, solo había una cama contra la pared y una única ventana bañaba la estancia con un aire fantasmagórico. Sobre la cama estaba Máscara de Muerte, tendido, completamente desnudo, le daba la espalda, presentándole su ancha espalda, sus redondeadas nalgas y largas piernas.
Apenas dado dos pasos dentro de la estancia cuando el caballero de Cancer se volvió en la cama con irritación.
- ¡¿Qué tengo que hacer para que...?.- Su grito se disolvió al ver quien era realmente quien había entrado en su templo.
Aiolia se quedó paralizado, se le subieron los colores haciendole sentir que su cara ardía y apartó la mirada inmediatamente, clavándola en una esquina.
- Aiolia.
Máscara parpadeó varias veces, asombrado por la visita, había creido que Saga había vuelto para meterse en su vida y en su lugar se encontraba con el caballero de Leo, allí, de nuevo en su templo.
- Yo... eh... ah...
Aiolia estaba rojo como la grana, Máscara frunció el ceño ante el poco habitual despliegue de duda y vergüenza en el feroz caballero, quien era capaz de gritar y ser grosero incluso con el patriarca si su moral le decía que era lo correcto.
- ¿Qué te pasa?
- Esto... estás... desnudo.-. Musitó con un hilo de voz, aun más ruborizado.
Máscara bufó cierta exasperación.
- Ni que tuviera algo que tú no tuvieses.- El caballero de Cancer le miró de arriba a abajo.- Supongo.
Ante eso Aiolia reaccionó, ofendido.
- ¿Supones?
- Si, tan azorado por mi desnudez.- Se burló Máscara aun irritado.
- ¡Como lo estaría cualquiera!
- Cualquier miedica.- Replicó Máscara.- No veo cual es el problema
- ¡No es lo adecuado!.- Insistió Aiolia, que volvió a apartar la mirada.
Máscara sonrió de forma leve, intentando evitarlo, su mal humor se disipaba ante la inesperada diversión de la que le proveía Aiolia, su faceta vergonzosa resultaba... curiosa y divertida... encantadora.
- Estoy en mi templo, me gusta estar el natural.
Aiolia sacudió la cabeza en infantil negativa.
- ¡Por la diosa, cubrete!
- A la diosa no le importa.- Máscara se encogió de hombros sin hacer el menor esfuerzo por taparse.
- A mi sí.- Replicó el otro, irritado.- Ponte unos pantalones o una toalla, o algo, por favor.
Era encantador. Máscara no pudo ahogar una risilla, era tan divertido irritar a Aiolia, y tan facil. Y se le veía tan magnífico cuando se enfadaba...
- No sabía que fueras tan reprimido.
- ¡No soy reprimido!.- Gruñó el otro.- ¡Soy decente!
- Eres el yerno perfecto, pero lo siento, no tengo hijas que entregarte en santo matrimonio.
¡Era imposible!. Aiolia apretó los puños mirando hacia cualquier parte que no fuera el desnudo caballero de Cancer, quien estaba tendido en la cama de lado, tan tranquilo como la dama del cuadro de la Maja Desnuda¿cómo se le ocurría estar ahi tumabdo sin nada encima? Y con el frio que hacía esa noche. Aiolia había esperado una confrontación, a eso sabía enfrentarse¡pero desde luego no había esperado encontrar a Máscara exhibiendo su escultural apostura de aquella manera!. Porque era escultural, eso no tenía discusión alguna. Con aquellos músculos cincelados en marmol, y esos hombros fuertes...
- Eres extraño, Aiolia, pero eso me gusta.
A Aiolia se le puso piel de gallina y un estremecimiento agradable le recorrió al oir aquella voz masculina con un deje de ronroneo tan sensual, oh diosa, Máscara era tan variable, un segundo bastaba para hacerle tan... sexual.
Máscara se sonrió con diversión. Era tan facil jugar con el león, los ojos se le habían abierto como platos cuando había entrado en la habitación. Que encanto.
Aiolia sintió de deseos de golpearse la cabeza contra la pared. Imbecil. ¿En qué estaba pensando?. Meditó seriamente en la posibilidad de marcharse de allí. Pero su valor de león, su orgullo no se lo permitía. Se acercó y se puso en pie cerca de la cama, evitando mirar a Máscara, fijando la vista en la ventana y la luna llena que miraba desde ella.
- Podrías comprar una silla.- Comentó Aiolia, deseoso de llenar el silencio con algo medianamente inofensivo.
- ¿Para qué?. Vivo solo.
Logica irrefutable, Aiolia arqueó las cejas, al menos entre los defectos de Máscara no se podía incluir el deseo de bienes materiales, su casa era aun más ascetica que la de Shaka, si bien el caballero de Virgo era muchísimo mas cuidadoso con sus cosas.
- Primero Saga, luego tú... ¿es la noche de las visitas vecinales?.
- No, bueno...- Aiolia se serenó, maldita sea, era el caballero de Leo.- Me preguntaba como estaba tu mano, eso es todo.
Máscara se miró la mano vendada. Aiolia está preocupado por tí. Ciertamente Aiolia se lo había dicho a Saga...
- Tú le dijiste a Saga lo del vaso roto.
- Tenía que hacerlo.
- No tenía importancia¿por qué se lo contaste a Saga?
Tendría que estar enfadado, pero no lo estaba. Máscara descubrió que tan solo sentía curiosidad, hacía unos días sin duda habría atacado a Aiolia por meterse donde no le llamaban, habría sido mucho mas cruel, mas irritable. Pero ultimamente...
Despues de la pelea salvaje, despues del... del abrazo... si, ese abrazo había jugado una baza importante. Ya no se sentía tan furioso con Aiolia, tan enojado, de algún modo, de no tener una explicación mejor, habría jurado que el cosmos de Aiolia, su cercanía, le calmaban de una manera que nunca había imaginado.
El incómodo momento en el bar, cuando había roto el vaso... había sido un reflejo de su incomodidad por la extraña situación, un acceso de ira, uno de sus habituales accesos de ira. Pero ahora no se sentía así, estaba en su cama, calmado, la llegada de Aiolia después del mal sabor de boca que le había dejado Saga era curiosamente bienvenido.
Es el sol. Estaba cerca del sol. Del amanecer que apartaba la oscuridad, que ponía fin a las fatíficas noches en que...
Apartó esos pensamientos de su mente para concentrarse en el presente.
- Me preocupé, pero supuse que no te agradaría que lo hiciera.- Confesó Aiolia.- Creí que sería mejor dejárselo a Saga.
- ¿A Saga?. ¿Por qué?
- Siempre habeis estado cercanos¿no?. Creí que preferirías que fuese él quien...
Máscara gruñó, mas bien Saga siempre había estado a su alrededor y no al reves.
- Bobadas, te prefiero a tí mil veces antes que a Saga.
Aiolia no supo como reaccionar ante eso, confuso y halagado de ser mejor que el caballero de Géminis a ojos del otro hombre. Máscara era mas extraño cuanto más le conocía. Parecía tener mil rostros... o mas bien capas, capas que dejaban entrever de vez en cuando otros aspectos de aquel iracundo y cruel hombre.
Máscara meditó sobre aquella situación, la cercanía de Aiolia, y tras unos instantes, dejandose llevar por un impulso, extendió su mano vendada hacia Aiolia, que se sobresaltó y la miró sin comprender.
- ¿Y bien?. ¿No estabas preocupado por mi mano?. Examinala si quieres.
De algun modo el gesto tenía mas poder de lo que parecía, Aiolia miró la mano que se le ofrecía y el rostro de Máscara, sonreía de medio lado.. Aquello era mucho mas que un simple gesto. Era un desafio.
Le ofrecía su mano.
¿Te atreves a tocarme por tu propia voluntad, Aiolia?. ¿Te atreves a tocar la zarpa de la bestia?. ¿Tienes el valor, gatito?
Lo tenía. Se sentó en el borde de la cama, alargó la mano y desató la venda, retirando los vendajes cuidadosa y metodicamente, sin apartar la mirada de aquella mano, era bonita, de dedos largos y fuertes, no era delicada en absoluto, pero tampoco torpe o demasiado tosca. Mientras lo hacía en aquel silencio intimista, repitió la pregunta que había quedado sin respuesta en aquel extraño encuentro en el bar.
- ¿Por qué me abrazaste?.- Susurró.
No tuvo respuesta hasta que dejó la mano herida al descubierto, esta estaba surcada por cortes rojos de feo aspecto pero no tan malo como había esperado. La tocó tentativamente, examinando las heridas, notó lo fria que estaba la piel...
- Porque tenía frio.- Llegó la vaga respuesta.
Aiolia no se sobresaltó, siguió tocando la mano, pasando los dedos cuidadosamente sobre las heridas, no habían sido bien curadas, probablemente tan solo se habían lavado y vendado, pero sanarían. No obstante aun existía riesgo de infección.
- Tenías frio...- Murmuró Aiolia sin dejar de examinar las heridas.
Máscara sintió frio de nuevo, no físico, sino interno. Miró a Aiolia mientras este se esimismaba en su mano. Dejó que Aiolia siguiera distrayendose jugueteando con su mano herida. Le gustaba, tenía manos rudas, callosas como las propias, pero las movía con gentileza. Basta ya de gentileza. Máscara se pasó la lengua por los colmillos. Aiolia era atractivo, hermoso, y olía bien, recordaba su olor de aquel abrazo, era un olor agradable, a Máscara le había recordado un campo de girasoles. Y ahora, tan sereno mirándole la mano, recorriendola con sus dedos...
Le hacía sentir tan vivo... De pronto Máscara sintió aquel frio mas fuerte, llenándole, la luna le miraba desde el cielo, pero ni ella podía ofrecerle consuelo cuando tenía ante él al astro rey, el sol. Tensó los músculos, a diferencia de otras ocasiones no se sintió dominado solo por la ira, solo por la tensión, se sintió lleno de una energía que clamaba ser liberada, era como un muelle demasiado aplastado, necesitaba saltar, tenía que saltar. Descargar como un relámpago contenido demasiado tiempo.
Aiolia sintió la súbita tensión de Máscara en la mano que sostenía, y recordando muy bien anteriores enfrentamientos con Máscara, y el suceso del vaso en el bar, se preparó para el ataque. Máscara retiró la mano con rudeza y Aiolia se dispuso a protegerse.
Pero el ataque no llegó. Un terrible golpe sonó en la habitación y Aiolia descubrió horrorizado que Máscara había estrellado su puño contra la pared, dejando grietas en la piedra y abriendo sus heridas con una expresión de rabia contenida.
Una vez mas, de la calma a la rabia. De las bromas a la furia. Máscara sintió el intenso dolor de su mano como algo que no le agradaba en absoluto pero había necesitado desesperadamente. Una salida. No era la primera vez que se autolesionaba en un ataque de ira imprevisto que no había calculado, pero en general era mas cuidadoso, un simple cabezazo, un manotazo en la cabeza, dolores que resultaban lo suficientemente intensos sin ser graves o dejar marca, nunca, jamás se había hecho sangre, al menos conscientemente.
Saga tenía razón. Estaba mal... estaba peor que de costumbre. Máscara respiró profundamente, Aiolia le había visto¿qué pensaría?. Alzó la vista para mirarle y solo pudo decir una cosa para justificarse.
- Lo necesitaba.
- ¿Lo necesitabas?
- Sentía tanta rabia.- Musitó, casi en trance.- Tanta rabia contenida... necesito soltarla de vez en cuando... eso es todo.
No tenía sentido. Y a la vez sí lo tenía. Aiolia apartó la vista de la mano sangrante para mirar a la cara a Máscara. Se miraron a los ojos, cara a cara. Aiolia comprendió las palabras de Máscara cuando se habían peleado en aquel mismo salón.
Se parecían. En algun momento habían estado en la misma situación. Eran los parias del Santuario, aislados, enfurecidos con el orden de las cosas. Aiolia había sido un marginado, despreciado por su vínculo fraterno con Aiolos, menospreciado y vilipendiado por ser el hermano del traidor. Su caracter brusco, feroz, le había alejado aun más de los demás caballeros¿acaso no tenía derecho a ello?, le habían maltratado, habían dado muerte a su hermano. Incluso ahora, años después, con la inocencia de Aiolos demostrada, Aiolia seguía sintiendo ira. Una ira pura, ardiente en su interior.
Nadie le había pedido perdón. Nadie había bajado de su pedestal para pedirle perdón por el trato recibido todos aquellos años. Y encima esperaban que fuera tan gentil y amable como lo había sido Aiolos. ¡Pues no lo era!. ¡Era Aiolia, caballero de Leo, y tenía derecho a estar enfadado con ellos, pero ni eso le concedían!. No podía dar rienda suelta a su furia, a su odio, le habían obligado a embotellarla y tragársela porque "no era lo correcto".
No sabía cuales eran las raices del odio y rabia de Máscara, sospechaba que estaban muy unidos a aquel encuentro entre este y Aiolos, que había espiado hacía tantos años. Pero le daba la impresión de que no era muy distinto a su propio dolor.
¿Por eso le atacaba?. ¿Por eso ambos se enfurecían tan rapidamente el uno con el otro?. Se reconocían. Ambos reconocían en el otro aquella horrible frustración que les quemaba por dentro. Eran dos animales salvajes atrapados en un corral, fingiendo ser personas.
Máscara gruñó y se incorporó en la cama, sentándose en el colchón y sosteniéndose la mano con vergüenza.
- Vete... pelea conmigo o vete.
Aiolia sentía ahora su propia ira, era una ira sin objetivo completo, que le había quemado desde hacía años. Pero él no era como Máscara, no iba a dañarse, ni a dañar a otro. Había otras maneras. Tenía toda la decisión del león.
- No.
- ¡SÍ!
Máscara se impulsó para tirarse contra Aiolia pero este le vió venir y le recibió, parandole y volviendo a tirarle en el lecho, tratando de detenerle. Máscara se revolvió como un gato panza arriba, si bien con la torpeza de su mano herida, que no podía mover sin sentir un horrible dolor. Pateó a Aiolia, que gruñó y tuvo que sujetarle los muslos con los suyos para cesar los dolorosos rodillazos, logró sujetar sus manos con gran dificultad dada la brutalidad con la que Máscara se revolvía.
- ¡Basta ya!. ¡Cóntente, Máscara!. ¡No quiero pelear contigo!
- ¡Si que querías!.¡Siempre has querido vengarte de mi, de mi crueldad!. ¡Vamos, sabes que me lo merezco!.
Si, siempre había querido vengarse. Pero ya no. La nueva comprensión que empezaba a tener con Máscara de Muerte había ahogado su odio, su rabia hacia él. Sufrían igual¿por qué Máscara solo veía una salida aumentando ese dolor que compartían?.
- ¡No!.
Máscara se removió, era un lobo enjaulado, desesperado por la obligada inmovilidad. Miró a Aiolia sobre él, con el rostro contraido por el esfuerzo, los rizos rubios enmarcando su cara en un halo dorado. La melena del león. Máscara necesitaba moverse, necesitaba... acercarse a aquel sol que había aparecido en mitad de la noche.
Levantó la cabeza y ,antes de que Aiolia pudiese preguntarse lo que hacía, capturó sus labios con los suyos en un beso feroz.
Aiolia abrió la boca sorprendido y Máscara ahondó el beso, invadiendo con la lengua, recorriendo la húmeda caverna, tomando y exigiendo, parecía sediento de la boca de Aiolia, el beso se intensificó hasta que Aiolia sintió un doloroso mordisco en el labio y apartó la cara sintiendo el sabor de la sangre por la agresión.
- Vamos, hazme sentir vivo.- Gruñó Máscara con una mueca de feroz burla.
Aiolia frunció el ceño pero se controló, no... no era la ira lo que debía guiarle. ¿Hacerle sentir vivo?... Oh diosa...
- Realmente debe dolerte.
Máscara se quedó anonadado, Aiolia le miraba de pronto con tanta... franqueza, a la cara, a los ojos, como nadie osaría hacerlo, y en sus límpidos iris no había el resentimiento habitual, ni el desprecio velado de los demás caballeros, ni la compasión culpable de Saga... jamás le habían mirado así. Temeroso de lo desconocido, Máscara detuvo su revuelta y quedó sobre la cama, laxo, se sentía desarmado. Y no era por estar desnudo.
- Puedo hacerte sentir vivo.
Aiolia se inclinó, todas las dudas desaparecidas. Sería el estres de la pelea, sería el deseo de rebeldía, sería la furia derivada en lujurua, sería la soledad que ansiaba ser aliviada, sería el deseo de probar algo mas completo que aquel maravilloso abrazo, sería la luna de plenilunio bañando con su luz mísitica y primitiva aquel cuarto...
Se cernió sobre Máscara y devoró sus labios, recuperando todo el terreno que había conquistado el canceriano, tomando y dando, memorizando cada resquicio, lamiendo los labios, chupándolos hasta que al apartarse notó con satisfacción, y no poca lujuria, que los había dejado rojos y deliciosamente magullados.
Máscara se recuperó de la sorpresa y sonrió con crueldad. Pero la mueca no tenía la fuerza habitual, detras había incertidumbre. Y Aiolia lo sabía.
- ¿Quieres sexo?. Eso también puede arreglarse, vamos.
Volvió a tratar de capturar su labios, pero Aiolia apartó la cara, sabiendo que el beso sería muy parecido al anterior, sino peor, mas cruel, hiriente. Máscara le miró contrariado.
- ¿Qué pasa?. No tenía por uno de los que tiran la piedra y esconden la mano. Ven aquí, gatito.
Aiolia no permitió que Máscara le provocara, esta vez no. No cuando veía que había detras de tanta provocación. Volvió a inclinarse pero evitó los deliciosos labios, desplazándose al torso. Le besó la piel, saboreando el regusto salado, la suavidad incongrujente en un hombre tan brutal. Fue besando, con suavidad, con mimo, reforzó su sujección de los brazos y piernas de Máscara, que se revolvió, incómodo.
- No soy una de esas amazonas con las que retozas.- Gruñó Máscara con rabia.- Dejate de juegos.
Aquella dulzura, aquella delicadeza con él, no podía soportarla. Los besos acariciaban su piel, eran tan suaves, y ya sabía que eran dulces, besaban con especial dedicación las blancas cicatrices que marcaban su cuerpo, y tenía tantas...
- Para.- Musitó entre dientes, probó la presa de Aiolos, pero no había demasiada fuerza en su gesto, en realidad la sujección le daba cierta seguridad ante las caricias.
Aiolia adoró aquel torso musculoso, recorriendo la textura, probando su dureza con los labios y la lengua, llegó a los pequeños y levemente mas oscuros pezones y los besó con dedicación.
- Te mataré.- Juró Máscara.- Juro que te mataré por esto.- Y sin embargo no se resistió más.
Quería moverse, soltarse y atacar, romper aquel hermoso rostro de un puñetazo, desencajarle la recia mandíbula. Se sentía vulnerable y confundido. Sus defensas contra la crueldad eran de acero, no había golpe de Aiolia que pudiera herirle por dentro, no había palabra cruel que hubiera hendido en su alma. Hubiera aguantado si de pronto Aiolia le hubiera dado la vuelta y le hubiese violado como un animal.
Pero aquello... aquel acto de afecto le estaba matando.
Le costaba respirar, no podía... el calor se extendió por las aureolas de sus pezones y un jadeó ahogado escapó de sus labios. Aiolia le soltó las manos, pero Máscara no las movió de ambos lados de su cabeza, dejándo los brazos tendidos.
Con las manos libres, Aiolia se quitó la camisa a tirones y devolvió su atención a Máscara, tendiéndose sobre él, recorriendo con las manos sus costados, besando con mas intensidad la fuerte mandíbula. Máscara gimió, Aiolia era como una estufa, su cuerpo ardía en contacto con el suyo, que había estado helado. Era hierro candente, una hoguera piel contra piel. Máscara movió su mano sana y abrazó desesperadamente a Aiolia, tratando de fundirse con aquella llama, volvía a sentirse como una polilla que revoloteaba desesperada contra el cristal de la bombilla, ansiosa, enloquecida.
Máscara volvió a buscar los labios de Aiolia, y esta vez el caballero de Leo se lo permitió, fundiendo sus labios en un beso húmedo y jugoso. Apenas se separaron para poder respirar y Aiolia besó el poderoso cuello. Sus manos se deslizaron por todo el cuerpo hasta la cadera, explorando.
Aiolia sentía que se consumía, tan poderosa era su llama, se incorporó levemente para poder respirar, pero pese a su intención se quedó sin respiración.
Máscara de Muerte estaba arrebatador, con los labios rojizos entre abiertos, los ojos entornados en una expresión de deseo arrebatado teñido de confusa incertidumbre. Su cuerpo se había perlado de sudor y parecía tan increiblemente vulnerable.
Vió su mano, herida, Aiolia sintió un aguijonazo, había olvidado aquella mano, debía haberle dolido todo el rato, allí estaba, laxa, sangrando sobre la cama, no en demasia, pero sin duda debía doler, sobre todo los nudillos. Por fortuna Aiolia era un gran sanador, entrelazó sus dedos con los de la mano herida.
- ¿Aiolia?.- Máscara miró las manos unidas volviendo el rostro a un lado.
El caballero de Leo sonrió ante una repentina idea y deslizó su mano libre por el cuerpo de Máscara hasta el ombligo, y después hasta el ensortijado nido de vello gris oscuro que coronaba el miembro, endurecido y levemente elevado. Sabía lo agradable que era la curación de cosmos.
- Ssssh, relajate.- Susurró.
Comenzó la curación, envolviendo sus manos unidas en un aura de luz dorada. Máscara observó sus manos enlazadas, fundidas por la suave luz, el cosmos de Aiolia transformado en curación, envolviéndolas con suaves destellos, como el reflejo del sol naciente en las aguas de un lago. Era hermoso, hipnótico. Y tan cálido, un calor hormigueante que eliminaba el dolor, recorría su mano y se extendía por su brazo, recorriendole como una marea de agua caliente y masajeante.
Entonces llegó otra sensación no menos agradable. Máscara gimió a viva voz cuando una mano envolvió su hombría. Delicioso.
El falo en su mano engordaba notablemente, Aiolia lo acarició con dedicación, envolviéndolo en su mano y recorriendolo de arriba a abajo a ritmo lento y constante. Los gemidos ahogados eran música para sus oidos, la idea de ser responsable de dejar a Máscara de Muerte en ese estado era el mejor de los afrodisiacos.
Máscara aferró el hombro de Aiolia con la mano libre, estaba sobrepasado, no sabía por donde centrarse, la curación de su mano había dejado de ser algo solo agradable para ser una oleada de calor que le dejaba desarmado ante la masturbación, su piel estaba hipersensible por la curación y las caricias en su virilidad eran demoledoras.
- ¡Aiolia!.- Exclamó.
Aiolia gimió para sus adentros, su propia hombría estaba dolorosamente doblada, palpitando en sus pantalones, Máscara tenía una voz de dormitorio arrasadora, sus gemidos deberían estar censurados. Y el modo en que jadeaba, su expresión...
Máscara no podía más, el cosmos de curación pareció extenderse por todo su cuerpo, su miembro estaba henchido y Aiolia seguía tocándole ritmicamente, sin acelerar, manteniendole, arriba, abajo, arriba... la piel de su glande sin circuncidar deslizándose.
- Aiolia... ah... ah... ¡AIOLIA!
Se derramó gritando el nombre del caballero de Leo, quedando sobre la cama, jadeante y satisfecho, pleno de algo más que el placer sexual. Algo profundo había sido satisfecho, una seguridad tiempo atras olvidada.
Aiolia apoyó ambas manos sobre la cama, sosteniéndose, profundamente ruborizado. Tentativamente, como si quisiera negar lo que ya sabía, se llevó una mano a los pantalones, y notó inmediatamente la humedad que los manchaba.
Se había corrido en los pantalones como un crio inexperto.
Su turbación se esfumó cuando Máscara le acarició la barbilla languidamente, su rostro mostraba una expresión tan serena y satisfecha, era la viva imagen del post-orgasmo. Aiolia se sintió profundamente orgulloso de sí mismo.
- Oh, Aiolia... – Máscara acarició su mejilla.- Que extraños somos.
No necesitaba jurarlo. Aiolia sonrió sinceramente. Eran extraños.
La luz de la luna seguía iluminando el dormitorio. Vigilante. Guardiana de la Casa del Gran Cangrejo, patrona de la armadura de Cancer. Silenciosa testigo de aquella noche. Llena y pletórica, lamentando anticipadamente que empezaba su cuenta atrás hacia el cuarto menguante, y después hacia la luna nueva.
Nota de la autora: Con trabajos de ultima hora y preparaciones navideñas estoy que no paro y no tengo tiempo para nada, pero he logrado terminar este capítulo gracias a las horas de universidad en las que no se nota si escribo fanfics o tomo apuntes ; )
Naturalmente no os confieis, que la escenita de este capítulo no lo arregla todo ni de lejos, aun tengo que ser mas maligna con los pobres caballeros de oro. Jejejeje.
Gracias por los reviews, me hacen feliz y si estoy feliz escribo con mas ilusión. Sois lo mejor de lo mejor.
DaiPraesepe: Ya he visto el link, quedo muy agradecida por el detalle.nn
