Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Aiolia/Máscara de Muerte.
Capítulo 8. No sabemos nuestros nombres
Aiolia despertó con un compañero de cama. Por un momento se quedó desorientado, no estaba en su cama, pues esta era mucho más pequeña. Un vistazo le bastó para recordar que estaba en el dormitorio del templo de Cáncer. En un lecho tan pequeño ambos se habían juntado como habían podido, ambos estaban tumbados de lado, Máscara le daba la espalda y Aiolia estaba entre la pared y el hermoso cuerpo del otro hombre, pasando un brazo sobre la cintura de este.
Máscara se había quedado dormido casi inmediatamente después del orgasmo, dejando a Aiolia con una súbita comprensión de por qué las mujeres se enfadaban si se quedaba dormido nada más terminar.
Se preguntó si sería mejor esperar a que Máscara despertara y comprobar como reaccionaba. ¿Se burlaría?. ¿Se enfadaría?. Quién sabía lo que ocurriría. Pero estaba a punto de descubrirlo, pues Mascara se removió bajo su brazo. Aiolia cerró los ojos y se fingió dormido.
Máscara se incorporó sobre un codo y miró detrás de él. Aiolia estaba allí, tendido, dormía tranquilamente a su lado. Era una escena extraña. Máscara se sentó recogiendo las rodillas y apoyando los brazos en ellas, dejando que la cálida mano de Aiolia se deslizara hasta la cama desde su cintura. Se miró la mano, no quedaba ni rastro de las heridas que habían surcado su piel. Aiolia las había sanado.
Aiolia. Máscara se frotó la nariz, un gesto que solía tener, uno de sus tics. Había tenido muchas fantasías sexuales con el caballero de Leo, pero sus fantasías no habían tenido parecido alguno con lo ocurrido. En su imaginación solía forzar a Aiolia, humillarle, le violaba contra su voluntad... o bien obligaba a Aiolia a ser violento con él, invirtiendo los papeles, haciendo que el otro perdiera el control y revirtiese a su lado más oscuro, quería hundirle con él.
No había esperado... nunca había esperado que Aiolia pudiese ser... gentil con él. Jamás lo hubiese imaginado. No podía negar el placer, si bien desconcertante. Aiolia había sido tan... amable. Pero no blando, sus manos habían sido firmes, fuertes pero gentiles.
Puedo hacerte sentir vivo...
Y así había sido, el placer había sido poderosamente real, vivo, la cercanía de Aiolia había sido como un bálsamo reparador en más de un sentido. Ahora que lo meditaba, la sensación continuaba... parecía ser más duradera que la que conseguía con peleas y violencia. No era que no hubiera utilizado el sexo otras veces para paliar el dolor, pero no había tenido nada que ver con lo que había tenido con Aiolia.
Era curioso, en realidad tan solo había sido una masturbación. Algo que Máscara nunca había tenido con otra persona, el sexo siempre había sido rápido, rudo, buscaba la satisfacción y terminaba. La relación con Aiolia había sido algo nuevo. Al principio se había... asustado, Máscara se mesó los cabellos y sintió que se ruborizaba levemente de vergüenza, miedo, había sentido miedo. Pero maldita sea, es que nunca había sido así, y no había querido sentir cariño, se había sentido invadido, herido de una manera desconocida.
Frunció el ceño mirando al hombre que compartía su cama. Aiolia. ¿Cómo se había atrevido a hacerle eso?. No... no tenía derecho a... a... Se encogió, sobrecogido por lo que aun sentía. Era agradable, era dulce, era satisfactorio, y era terrorífico.
- ¿Máscara?
Aiolia había espiado a Mascara con los ojos entreabiertos, el caballero de Cáncer se veía incómodo y atribulado.
Al ver que Aiolia estaba despierto, Mascara apretó la mandíbula y cerró su expresión con severidad.
- ¿Qué pretendías?
- ¿Qué?.- Aiolia no esperaba esa pregunta.
- ¿Qué pretendías?.- Repitió Máscara con tensión.- ¿Humillarme?
- ¡No!.- Aiolia se incorporó con alarma.- ¡De ninguna manera!. No tenía esa intención.
- ¿Cuál entonces?.- Máscara seguía desconfiando, pero su ira no era real, no era tan intensa como pretendía.
- Yo... no lo pensé... solo... yo también lo necesitaba.
Yo también. Máscara comprendió. Miró a los ojos a Aiolia, leyéndole. No, no había maldad en Aiolia, eso era lo más refrescante del león, tenía una profunda rabia, tenía una furia potente e inmediata. Pero no malignidad, no era una persona calculadora... eso le correspondía más a él mismo. Pero no era propio de Aiolia, no, no tenía la maldad para ver que el afecto podía ser un arma.
Entonces... Aiolia no había querido herirle. No... también lo había necesitado. Igual que lo había necesitado él.
- Ah.- Máscara se apartó y se sentó al borde de la cama, dando la espalda al otro.
Aiolia esperó que Máscara le hubiera creído. Era la verdad. La maldita verdad. Tenía que creerle, quería que cesara su enfrentamiento, quería que Máscara dejara de herirse de aquella manera, quería que dejaran de herirse mutuamente.
Maldita sea. Cuando lo pensaba, cuando Máscara no conseguía enfurecerle, en realidad sentía un mayor rencor por los demás, por los hipócritas, los falsos, los caballeros que primero le habían apreciado, después le habían despreciado y luego habían vuelto a apreciarle. Mentirosos. Falsos. Todos ocultando sus defectos, mas aún, negándolos.
Con Máscara nunca tenía que ocultarse, nunca tenía que disimular, podía ser él mismo. En realidad cuando estaba con Máscara se sentía... libre.
¿No podían tener esa misma libertad sin recurrir a la rabia?. Podían hacerlo.
- Máscara, créeme, yo no...
- Lo sé, ha estado... bien.
Máscara se levantó y sacó una muda de ropa de debajo de la cama, no se vistió, pero la dejó al pie de la cama. Cuando se volvió a mirar a Aiolia su expresión ya no era furiosa, pero si seria, pensativa. Aiolia se removió incómodo bajo el escrutinio.
- Debería irme.- Musitó Aiolia.
Se puso en pie y se vistió, la situación no era dura o demasiado tensa, pero si ligeramente incómoda. El pantalón estaba manchado y lo miró con vergüenza, cielos, igual que un adolescente. Para su sorpresa Máscara le tendió un pantalón de chándal. Aiolia lo tomó musitando su agradecimiento, unas gracias que iban mas dirigidas al hecho de que Máscara no se hubiera burlado más que al pantalón prestado.
Una vez vestido salió del dormitorio, Máscara no le miraba, seguía pensativo, mirando por el ventanuco. Sería mejor no interferir, aunque realmente se moría por saber en qué diantres estaba pensando.
Salió de las habitaciones interiores en silencio, atravesó la sala de rostros y se encaminó al gran portón.
Donde se vio cogido por la muñeca, echado hacia atrás y capturado por los labios de Máscara. Este le besó intensamente, abrazando su cintura y uniendo sus cuerpos. Cuando dejaron de besarse, Máscara le acarició los cabellos con súbita suavidad.
- Hasta pronto. Ha sido un placer.
Máscara regresó al interior de su templo, desapareciendo en la niebla, dejando a Aiolia boquiabierto en el umbral.
Bueno, era una despedida amable. Al final las cosas habían ido bien.
Los días siguientes pasaron sin incidencias. El Santuario estaba algo ajetreado, pues se estaba llevando a cabo la renovación de las filas de los caballeros, muchos caballeros de plata y de bronce habían caído durante las guerras y sus armaduras habían quedado abandonadas. Debían comenzar otra generación de caballeros, los caballeros de bronce de la generación de Kido comenzarían su educación como caballeros de oro, y se elegirían las nuevas generaciones que ocuparían tanto los puestos de las armaduras de bronce como las de plata.
Él mismo Aiolia había recibido en su templo al futuro caballero de Leo. Ikki, actual caballero del Fenix. El más poderoso de los caballeros de Bronce le caía bien, era un joven muy maduro y voluntarioso. Y había algo en él con lo que se identificaba especialmente, su amargura. Había una dureza brutal en Ikki, usada para cubrir una vida de dolor y desengaño. Un hermano mayor torturado por su brutal entrenamiento, resentido con el mundo entero por no haber hecho nunca nada por él.
Incluso le recordaba levemente al caballero de la cuarta casa cuando usaba aquel sentido del humor tan oscuro. Aiolia se había preguntado en un principio si Ikki, con su oscuro pasado, no hubiera sido también un excelente caballero de Cáncer.
Pero el Fénix era profundamente leal, e indiscutiblemente noble, Ikki sería un magnífico caballero de Leo, ya era un caballero poderoso digno de la armadura de oro. Cuando Aiolia renunciara a su manto por la edad o por la muerte incierta, la armadura de Leo no sufriría de soledad.
Resultaba duro ser tan fácilmente reemplazable. Aiolia se sentó en las escaleras de su templo después de despedir a Ikki, quien volvía a la mansión Kido para estar con su hermano, el joven Shun, que al igual que él se preparaba para ser caballero de oro, en su caso el de la casa de Virgo.
Mirando colina abajo, Aiolia se preguntó quien habría sido escogido como futuro caballero de Cáncer, o incluso si había alguno marcado para ello. Aunque en verdad esa la última y menos importante de las preguntas que se hacía al respecto de Máscara de Muerte. No había visto al otro hombre en cuatro días... y parecía que no pasaría ni un día más. Desde allí veía a Máscara de Muerte subiendo las escaleras.
De pronto empezaron a temblarle las manos, le sudaba la nuca y en su estómago parecía sentir un aleteo. Nunca esperó sentirse así por ver llegar al otro caballero, pero por otra parte tampoco había esperado tener un encuentro íntimo con él.
Cuando Mascara llegó hasta el templo de Leo Aiolia ya daba vueltas a mil formas de saludarse. Pero a la hora de la verdad no supo que decir, apenas si logró reconocer la presencia del otro con un cabeceo. Máscara asintió, su gesto era parco, su postura tensa, y por un momento Aiolia pensó que pasaría de largo escaleras arriba. No obstante no fue así, Máscara caminó hacia él y se quedó en pie. Su postura era tensa, parecía enojado.
Permanecieron en silencio largo rato. Ninguno de los dos era muy bueno con la conversación ligera. Además¿qué eran ahora?. ¿Enemigos?. No, no eran enemigos, habían llegado a una especie de comprensión mutua, subconsciente, pero real. No eran enemigos. ¿Eran amigos?. No, al menos no dentro de la definición de amigo que siempre había conocido. Era curioso que ni siquiera pudiese considerarle un amigo cuando ya había tocado su desnudez sexualmente.
- El caballero del Fénix ha estado por aquí.
Máscara rompió el silencio bruscamente, además parecía haber forzado la mandíbula para poder hablar. No había venido para hablar sobre Ikki, a todas luces algo más le había irritado.
- Si... algún día será mi sucesor.
- ¿Marcado por las estrellas o elegido por ti?.
- Marcado por las estrellas.- Confirmó Aiolia, algo incómodo por la realización de que ni siquiera podía elegir a su sucesor.
Realmente eran esclavos sin el menor poder de decisión.
- ¿Vamos a tu dormitorio?.
La pregunta fue tan repentina y fuera de lugar que Aiolia pensó que había oído mal. Después de todo Máscara parecía mas dispuesto a enzarzarse en una pelea a puñetazos que a cualquier relación amorosa.
- Ah... eh... ¿ahora?
- Si¿qué pasa?.- Máscara se cruzó de brazos con impaciencia.- ¿Ahora te arrepientes, niño de mama?
Aiolia gruñó entre dientes y se encaró con Máscara con agresividad.
- Muy bien, vamos a mi territorio.
Ambos entraron en el templo de Leo y Aiolia guió a Máscara hasta las estancias interiores. No le preocupaba el desorden, no tenía comparación con la casa de Cáncer, él tenía muchos más muebles y su templo era sensiblemente más acogedor, más cálido, lleno de recuerdos, regalos, fotos... Pero nada de eso importaba ahora, cuanto más pensaba en lo que quería Máscara y lo que habían compartido más se excitaba.
Antes de llegar al dormitorio ya se había vuelto y besado ansiosamente a Máscara, ambos dedicaron unos minutos a quitarse sus armaduras de oro, pero apenas si miraron donde las dejaban. Consiguió abrir la puerta a duras penas y tendió a Máscara en la mullida cama. El caballero de Cáncer parecía contrariado por la suavidad y empezó a revolverse, si Aiolia no hubiera tenido la experiencia anterior hubiese pensado que Máscara había cambiado de idea. En cambio se tumbó sobre él para establecer su dominio. Era increíblemente excitante, pero no pensaba ser duro. No, ese era el juego de Máscara, no el suyo.
- Vamos.- Máscara se bajó los pantalones a tirones.
Aiolia se desvistió y trató de contemplar a Máscara, pero este prácticamente se abalanzó sobre él. Finalmente se vio obligado a sujetar al otro por los hombros para contenerle y poder besarle, tuvo que luchar para controlar el beso y no permitir que Máscara le consumiera con su ferocidad.
- ¡Ya basta de niñerías!
Máscara alzó las caderas, sus hombrías erectas se rozaron, Aiolia bajó y unió sus cuerpos desnudos, su altura similar les hacía unirse perfectamente, besándose y frotándose a la vez, sus miembros resbalaban el uno contra el otro y la bolsa de los testículos de Aiolia caía sobre la de Máscara. Ambos gruñeron y gimieron al unísono. Máscara agarró las caderas de Aiolia con manos como garras y trató de acelerar el ritmo.
- Mas fuerte...
- No.- Replicó Aiolia, y le molió las caderas con las suyas en tanto le apartaba las manos y las sujetaba contra la cama.
Máscara maldijo y le fulminó con la mirada, pero su resistencia menguó. Aiolia le miró a los ojos con una semisonrisa.
- Te gusta que te sujete.- Susurró, entre la afirmación y la sorpresa.
No hubo comentario en respuesta, ni falta que hacía, Máscara gimió largamente. Aiolia descendió sobre él, con suavidad, con ternura, dedicándose al cuerpo de Máscara y al suyo propio en un vaiven que recordaba a la marea deslizándose sobre la playa... finalmente Máscara dejó de luchar, rindiéndose, incapaz de luchar contra quien no actuaba como un enemigo. Incapaz de seguir exigiendo una violencia entre aquella oleada de besos y caricias.
Media hora después Aiolia oía la ducha en la habitación contigua. Ambos se habían corrido en una intensa sesión cuerpo a cuerpo y Aiolia había ofrecido a Máscara la ducha. También necesitaba retirar de su bajo vientre y pecho los restos de los fluidos de ambos, pero era un buen anfitrión.
Pensó en entrar en la ducha con Máscara, pero no creía que su... bueno, su relación fuera como para tener una intimidad sin sexo... o podrían tenerlo allí mismo. Sus lúbricas cavilaciones dieron a su fin cuando Máscara regresó a la habitación, o al menos cambiaron de escenario, pues Máscara seguía siendo un hombre muy cómodo con su desnudez, se movía completamente desnudo sin el menor problema.
O bien quería torturarle o bien no era consciente de su propio atractivo, se vestía con tranquilidad, sin hacer ningún esfuerzo por cubrirse.
- Ha estado bien.- Comentó Aiolia, haciendo un eco de las mismas palabras de Máscara.
- Si.- Máscara ya no estaba tenso o enfadado, de hecho sonreía, sin crueldad.
- Voy a ducharme.
Cuando Aiolia regresó de darse la ducha caliente descubrió que Máscara de Muerte ya se había marchado. Solo la cama deshecha y el olor a sudor, además del de ambos, probaban que Máscara había estado allí.
Aiolia maldijo y arrojó la toalla sobre la cama. No era eso lo que había pretendido al traer a Máscara a su casa y a su lecho, no había querido hacer de aquello un aqui-te-pillo-aquí-te-mato. ¡Quería hablar con aquel desgraciado!.
Idiota. Tendría que haber controlado su propia lujuria. Pero Máscara había sido tan impetuoso, y el modo en que le había provocado, le había hecho arder la sangre de muchas más maneras que antes... Aiolia bufó y miró la puerta con tanta rabia que no le hubiera sorprendido que la inocente madera entrara en combustión.
Quería hablar con Máscara, no retozar con él, bueno, sí que quería, pero no limitarse a eso. Quería hablar sobre aquella rabia, hablar sobre el pasado, hablar sobre su hermano Aiolos, hablar sobre el presente y lo que veían en los ojos del otro. Y diablos, él siempre conseguía lo que se proponía. Era el León del Santuario, no se rendía facilmente.
Nota de la autora: Ha sido una larga espera, lo sé, pero estuve fuera unos días, y luego se han acumulado todos los trabajos universitarios de antes de Navidad.
Pero por fin actualizo, he encontrado un hueco para escribir y espero que en Navidad encuentre algo más de tiempo para continuar y meterme de lleno con el nudo de la historia.
Muchos saludos, gracias por los reviews, me hacen feliz, sobre todo en fechas Navideñas. Os deseo a todos feliz Navidad, espero subir el proximo capítulo a tiempo de desearos también el año nuevo ; )
