Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Aiolia/Máscara de Muerte.
Capítulo 9. Mar adentro.
Cuando finalmente Aiolia terminó de instruir a Ikki del Fenix en las disciplinas que debía practicar para ser caballero de oro, descubrió que su afán por terminar rápidamente había sido en vano, pues Máscara de Muerte había abandonado el Santuario y se encontraba en su Sicilia natal.
¡Maldito fuera!. Aiolia pateó la puerta del templo de Cáncer, estaba realmente enfadado, demonios, tanto prepararse para hablar con Máscara para nada. Tan solo había podido averiguar por Dohku de Libra que Máscara no estaría mas de cinco días fuera, pues su aprendiz permanecía en su lugar de entrenamiento.
Sorprendente. No había tenido idea alguna de que Máscara hubiese tenido jamás un aprendiz a su cargo, un tal Mei, caballero de Berenice. Nunca había oído hablar de ese caballero, pero al parecer este no había salido jamás de su lugar de entrenamiento, ni siquiera para el torneo.
La cuestión era que Aiolia no tenía otra opción que seguir rumiando su descontento. Todavía faltaba un día para el regreso de Máscara, se sentó en la escalinata y masculló una serie de improperios que sin duda le hubieran valido un pescozón de su hermano mayor.
Una sombra apareció ante él, por la silueta no le costó deducir que se trataba de Saga. El caballero de Géminis se aproximó y se quedó de pie, probablemente esperando una invitación de Aiolia a sentarse.
Pues no pensaba dársela, Saga seguía siendo una persona que le producía incomodidad y no poco resquemor. Además, le molestaba aquella aura de perfección que lucía, le parecía tan terriblemente hipócrita, sabía que era injusto, pero la verdad era que últimamente cada vez le importaba menos. Debía ser que Máscara le estaba pegando algo de aquel desapego por la cortesía y la etiqueta.
- ¿Qué pasa, Saga?
- ¿Buscabas a Máscara de Muerte?. No está en...
- Lo sé. Está en Sicilia.
Saga asintió levemente. Le había sorprendido enormemente ver el acercamiento que había intentado Aiolia hacía el hosco italiano. Tenían un pasado plagado de encontronazos. Y mucho más, una rabia entre ellos realmente visceral. Sin embargo ahora parecía que incluso habían llegado a buscarse el uno al otro. Saga no sabía que pensar al respecto, pero su primer instinto era desconfiar, conocía la crueldad de Máscara, no le extrañaría nada que fuese uno de sus juegos sádicos.
- ¿Le buscabas para algo en especial?
- ¿Eres acaso el guardián de Máscara de Muerte?.- Respondió Aiolia, irritado por el afán interrogador de Saga, siempre le hacía sentir como un crío que ha metido la pata.
Saga frunció el ceño, contrariado, Aiolia parecía haber recuperado toda su irritabilidad de sus primeros años como caballero de Leo. Hacía muchos años que no era tan agresivo con los demás caballeros de oro, en general, tras la batalla contra Cronos, siempre había tratado de emular a su sereno hermano Aiolios.
- Me preocupo por él.- Contestó con rigidez.- Y por ti.
- Somos adultos.- Replicó Aiolia, alzando la vista.- No necesitamos que te preocupes tanto, somos caballeros de oro, igual que tú.
El caballero de Géminis no lo veía igual, tanto Máscara como Aiolia eran como niños. Descontrolados, inconscientes, y Saga llevaba demasiados años cuidando de Máscara de Muerte como para verlo de otra manera. Desde luego que tenía que preocuparse, ellos eran incapaces de conducirse como personas civilizadas.
- No me preocuparía si no me dierais motivos. ¿Qué buscas con Máscara de Muerte?
Aiolia sintió su furia crecer dentro de él, hacía unos meses se la hubiera tragado, hubiera pensado "¿qué debe hacer un caballero de oro?. ¿Qué haría mi hermano?.". Pero el no era Aiolos, por fin lo había comprendido. No era su hermano, y eso no era malo, él era Aiolia, era el caballero de Leo. Y no estaba mal ser él mismo por una vez. Tener al menos esta pequeña libertad.
- ¿Acaso te he dado motivos para pensar que vamos a pelear?. Si mal no recuerdo fui yo quien acudió a ti en ayuda de Máscara.
- Lo sé, y felicito tu...
- ¡No necesito que me felicites!.- Aiolia se puso en pie de un salto, ardiendo de rabia.- ¡No lo hice porque fuera lo correcto o lo que tú esperabas, lo hice porque quise!
Saga retrocedió un paso, sorprendido por el estallido de Aiolia.
Por su parte Aiolia se sentía liberado, sí, eso era lo que siempre había querido decir, no directamente a Saga sino a todos, a todos aquellos paternalistas que pensaban que debían felicitarle o alentarle como a un cachorro al que, por haber maltratado injustamente, ahora debían dar galletitas y mimos al mas mínimo asomo de buen comportamiento. ¡No quería su hipócrita actitud, quería que se arrepintieran y le pidieran perdón!. O que al menos dejaran de tratarle de aquella manera.
- Y ahora quiero ver a Máscara, porque ya nos hemos visto antes. Y no vamos a matarnos.- Añadió con exagerada exasperación.
Saga se recuperó de la sorpresa por la actitud de Aiolia y carraspeó para calmar la voz, no quería pelear con Aiolia, no estaba enfadado con él. O al menos no lo había estado cuando le había visto en las escaleras y había decidido hablar con él.
- Ya supongo que no es tu intención pero supongo que no hace falta decirte que Máscara no es... una persona segura.
Aiolia parpadeó varias veces, aturdido, daba la impresión de que Saga le advertía en contra de Máscara. ¿A qué venía aquello?. Saga no podía saber que ellos dos eran... amantes¿no?.
- No sé de que me hablas.
- Si Máscara y tú ya no sois enemigos... y eso es algo que me tranquiliza, debo advertirte que... es muy dado a juegos crueles, incluso cuando parece no ser tu enemigo.
Ahora si le había dejado aturdido, desde luego no había esperado que Saga dijese algo así. ¡Siempre había salido en defensa de Máscara de Muerte, y ahora le advertía en su contra!. Sabía que el consejo no era en balde, Máscara podía ser todo malicia, Aiolia bien lo sabía, pero no espera que Saga actuase en contra del caballero de Cancer.
- De modo que me aconsejas que mantenga una prudente cautela con Máscara.- Necesitaba oírlo confirmado de labios de Saga, por si estaba malinterpretando.
- Te aconsejo que no confíes en él.- Aclaró Saga endureciendo la versión de Aiolia sobre la prudencia.- Deberías procurar mantener la cordialidad, pero no te acerques demasiado, no es seguro, no es un amigo.
Aiolia no daba crédito. ¿Cómo podía Saga decir algo así después de ser tan protector con Máscara?. Era cruel, era despiadado decir algo así de otro caballero de oro, incluso teniendo buenas intenciones. Y esta vez Aiolia no se mordería la lengua.
- ¿Qué clase de amigo eres tú para Máscara?.- Exclamó.- ¡Él está completamente solo, y ahora que ya no somos enemigos tú me dices que me aleje de él!
- Conozco a Máscara.- Replicó Saga con dureza.- Quiero lo mejor para todos, y te advierto por tu bien. Máscara no es...
- ¡Tú no sabes nada de él!
Esto sí acalló definitivamente a Saga, que balbuceó aturdido mirando a Aiolia. El caballero de Leo de cruzó de brazos fulminándole con la mirada, lleno de fiereza y determinación a partes iguales.
- ¿Sabes que creo?. Creo que no conoces a Máscara, creo que fracasaste al acercarte a él y crees que todo el mundo fracasará, "porque si el gran Saga no puede hablar con su protegido¿quién podrá?".
- Aiolia eso no es...
- ¡Si que lo es!. Baja de tu pedestal. Máscara y yo siempre hemos sido parias¡sí, yo también, aunque no os guste recordarlo!. Y nos conocemos mejor de lo que nadie nos conoce, podemos entendernos.
Sentaba bien hablarle así a Saga. Sentaba condenadamente bien ponerlo todo sobre la mesa, dejar las cosas claras. Decir lo que pensaba, lo que sentía, sin sentirse encadenado.
- No lo sabes todo, Aiolia.- Saga apretó los puños, enfurecido por verse reprendido por el otro caballero.- No tienes ni idea de lo que esconde ese templo.
Aiolia no se dejó amedrentar.
- ¿Y tú lo sabes?. Desde niño Máscara te ha rechazado constantemente, y sigue haciéndolo¿cuál es tu problema, Saga?. Actúas como un amante despechado.
Mocoso impertinente. Saga entrecerró los ojos con ferocidad, jamás había tenido esos sentimientos por Máscara, pero la insinuación de Aiolia tenía por objetivo herirle y eso era lo que le irritaba realmente.
- No sabes de lo que hablas, no sabes nada.
- ¿Qué debo saber entonces?. Le proteges pero le mantienes aislado como a un leproso.- Gruñó Aiolia.
Era una buena descripción. Saga sintió un pinchazo de culpabilidad, reconociendo lo cerca que estaba de la verdad aquella acusación. El mismo Máscara le había acusado por ello una vez, hacía muchos años... y también Aiolos lo había hecho... hacía tanto tiempo... Aiolos...
Años atrás...
- Podríamos llevarle con los demás.
Aiolos se frotaba el lóbulo de la oreja, como siempre hacía cuando meditaba sobre alguna idea que sospechaba no sería bien recibida. Y tenía razón, Saga suspiró y bajó del borde de la ventana, ya habían tenido discusiones similares respecto al mismo aprendiz de caballero.
- Sabes bien que no es aconsejable, tú mejor que nadie.
Aiolos le miró con una sonrisa dulce, tan habitual en su rostro zarco y gentil, con sus rasgos armoniosos y su armadura alada Aiolos era viva representación de un ángel renacentista.
- Si, creo que has tenido que volver a separarle de mi hermanito. Gracias por estar allí.
- No tiene importancia.- Saga devolvió su atención al exterior, mirando desde la ventada del gran templo el resto del Santuario.
Esperaba que Aiolos se olvidara del tema, pero por supuesto no fue así.
- Seguro que le hará bien relacionarse más con los otros.
Saga no contestó, manifestando su rechazo por la idea con su silencio. Ese era un tema espinoso, mucho, sobre todo desde que el patriarca Shion había dado a Saga responsabilidad directa sobre aquel asunto y la tutela del aprendiz conocido como Máscara de Muerte. Era una tarea dolorosa e ingrata, pero Saga no se quejaba, no hubiera renunciado a ella jamás.
- Si le obligamos a ser sociable podría ver que hay mas cosas. Quizá...
- Ya sabes como es. Solo creará hostilidad y hará enemigos.
- Ya le temen.- Replicó Aiolos.- Podría suavizarse, estar con los otros aprendices le calmará, le dará otras cosas en qué pensar.
Saga se volvió para mirar al otro a los ojos, aquel no era un tema del que hablar a la ligera, Aiolos lo sabía, pero el caballero de Sagitario solía pecar de un exceso de optimismo que Saga consideraba contraproducente.
- Ya conoce demasiada crueldad. No quiero exponerle a recibir más.
- Tonterías, los demás aprendices son buenos chicos, no creo que...
- He ahí el problema, "crees", pues no quiero arriesgarme. Máscara hace enemigos fácilmente, los demás muchachos no serán comprensivos o pacientes con su carácter.
- Podría mejorar.- Insistió Aiolos con esperanza.
- Podría empeorar, hará daño a los demás niños y estos le corresponderán, será un pez que se muerde la cola, no lo consentiré.
- Tu sobreprotección no le ayuda.
Saga sintió una oleada de inesperada rabia que se apresuró a contener, últimamente, sobre todo desde su trifulca con su hermano gemelo Kanon, tenía problemas para mantener la calma, perdía el control con demasiada facilidad.
- No le sobreprotejo, sencillamente me preocupo por su bienestar. Su vida ya es lo suficientemente dura, no le expondré a crueldades innecesarias.
- ¡No puedes tenerle en una burbuja de cristal!.- Exclamó Aiolos.- Ten esperanza, su destino tiene una estrella cruel, pero no todas lo son.
- Pero son propensas a ello.- Insistió Saga, cansado de la ridícula discusión.- Ya detesta a los demás aprendices, no le daré motivos reales para hacerlo. Aun no, dejemos que madure, que se fortalezca antes de...
- Lo único que conseguiremos será que se endurezca.
- ¿Eso es malo?
- Si.- Aiolos meneó la cabeza con desaprobación.- Se endurecerá en crueldad, no tendrá capacidades sociales, las rechazará... no puedes aislarle.
- Debo hacerlo.
- Le tratas como a un enfermo, como si tuviera una enfermedad mortal contagiosa.- Le acusó el caballero de Sagitario.
Saga le encaró con fiereza, no soportaría semejante acusación.
- ¡Le protejo!. ¡Es más de lo que haces tú!
Aiolos guardó silencio.
Nunca más volvieron a hablar sobre ese tema.
El presente...
- Le aíslo... por su propio bien y el de todos.- Saga odió como sonaba aquello a autojustificación.
Porque Aiolos había estado en lo cierto. No solo Máscara se había endurecido, sino que no había podido protegerle de la crueldad del mundo. Nada más conseguir su armadura de oro, a una edad muy temprana además, Máscara había aprovechado su independencia de Saga para esparcir su venenosa personalidad, fermentada durante años. Había llevado su crueldad al exterior y el exterior le había correspondido. Era un caballero temido por unos, despreciado por otros... apreciado por nadie, y con motivo.
- Ya veo lo bien que va.- Replicó Aiolia con sarcasmo.- ¿Qué demonios te da derecho a hacer eso?. ¿Qué es eso que te aterra tanto?.
¿Qué era lo que torturaba incluso a mi hermano al hablar con Máscara?. Eso era algo que Aiolia también quería preguntar pero no osaba hacerlo.
- Deberías respetar mi juicio a ese respecto.- Saga recobró su enfado para endurecer toda su postura, adoptando una máscara de pétrea severidad.- Sé que es lo mejor, mantente alejado y todo irá bien, ahora que todo está arreglado es mejor dejar las cosas como están. En calma.
Aiolia se indignó tanto que encendió su cosmos.
- ¡¿Qué todo está arreglado?!. ¡No hay nada arreglado!. ¡Solo está arreglado el exterior mientras por dentro todo se hace pedazos!. ¡No tienes ni idea de lo que pasa en el Santuario!. Conozco a Máscara de Muerte mucho mejor que tú, puedo arreglármelas sin ti y tus "sabios consejos".
Saga no podía soportar más aquellas acusaciones, ni oír en boca de Aiolia un eco feroz y más hiriente y profundo de las críticas de Aiolos. Y sabía que le dolían de aquella manera precisamente por el eco de verdad que había en ellas.
- ¡No sabes nada, caballero de Leo!.
- ¡¿Ah, no¡Creo que sé lo suficiente, deja de ser tan dramático!
- ¡Lo que vive Máscara en su templo no se puede tomar a la ligera!
¿Lo que vive Máscara en su templo?. ¿Qué significaba eso?. Iba a exigir una explicación pero Saga ya había perdido la paciencia, el caballero de Géminis inflamó su cosmos y le traspasó con la mirada, asemejando terriblemente a su lado oscuro, Ares.
- Te advierto, Aiolia, si haces daño a Máscara, y poco me importará que él se lo merezca, te arrancaré el corazón, te lo juro. Tú eliges meterte en la boca del lobo, si te muerde no atrevas a buscar venganza por ello, te mataré si lo haces.
Dando por finalizada la discusión, Saga dio media vuelta y se marchó impetuosamente, rodeado de una imperial furia. Aiolia no dijo palabra, aturdido.
Máscara de Muerte regresaría al día siguiente.
Bajo la luna menguante de Sicilia, Máscara de Muerte miraba con rabia el firmamento. Su joven discípulo, Mei, ya había sido excusado de su entrenamiento, ahora dormía, tranquilo e inocente, ajeno al tormento de su maestro, que apartó su mirada del cielo. El mar iba y venía suavemente en la orilla, el Mediterráneo que le había visto nacer y sangrar. Podía sumergirse en él, nadar mar adentro hasta no poder salir y...
Pronto sería luna nueva, aunque hubiera vivido bajo tierra, sin un cielo sobre su cabeza, lo hubiera sentido en los huesos, un frío mortal que se adueñaba de su interior, clavándose en su alma como las zarpas del mismísimo Hades.
Hubiera deseado pasar mas tiempo lejos de Grecia y el Santuario, pero no quería que Mei pagara por el humor que le poseía cuando se aproximaba la noche negra, no, el muchacho no tenía porque pagar la rabia que iba creciendo en su interior a medida que pasaban los días.
Debía regresar al templo de Cancer para la luna nueva. No había opción. Era el destino. Maldito fuera. Volvió a mirar a la luna, cuyo filo era ahora delgado, su protectora languidecía en el cielo, y con ella su protección.
El caballero de Cancer gritó con rabia, odiando el frío helado que le atenazaba. Miró hacia el mar, en dirección a Grecia. Tenía que volver, allí estaba el templo... y allí estaba su sol.
Aiolia. Máscara cayó en la cuenta y respiró agitadamente, casi lo había olvidado, él aliviaría el frío, recordaba aquel calor... aquel calor solar incluso en la noche más gélida... quizá podría volver a aliviarle.
Aunque solo fuera un instante.
Nota de la autora: FELIZ NAVIDAD! Os deseo a todos una feliz Navidad y próspero año nuevo!. He encontrado un par de huecos aqui y allí para escribir, y por fín subo el capítulo de las Navidades.
Que mal he dejado a Saga... pero no tiene mala intención... Es una visión sobre él, del mismo modo que tenía otra de él en el anterior fanfic, muchas veces pongo a un personaje como "malo" y otras como "bueno" según lo que me convenga, sin que me caigan mal o bien. Como por ejemplo Aiolia, en otros fanfics le he puesto como un personaje secundario negativo, pero ahora que es prota le pongo mas positivo, resaltando sus buenas cualidades, y sobre todo bebiendo mucho del Episodio G.
Muchas gracias por los reviews. :)
PD: Efectivamente he puesto los títulos de los capítulos con canciones de Heroes del Silencio, he tenido una temporada de recuperarles y les escucho mientras escribo, me han inspirado mucho en cada capítulo, me ha encantado hacerlo, pero sin hacer un song fic, eso ya sería demasiado dictarorial.
