Un capítulo más de una nueva historia,

lean y disfruten.

Saludos cordiales,

Sibilla.

IV

"…Debes hacer las cosas que crees que nunca podrás hacer…"

Las grandes desgracias nunca suelen venir solas, pensó Lilian Evans mientras se bebía la tercera copa de champán en la noche…

Si se hubiese planteado antes de asistir a la gala de inauguración aquella teoría, se habría evitado la seguidilla de pequeños espectáculos de los cuales había sido protagonista. Pero lo cierto era, que por más que tuviera en sus planes temas livianos o sonrisas fáciles para agradar a la gente que la rodeaba, sus pocas habilidades sociales con respecto a ser "una chica liviana", no le ayudaban de mucho.

Si al menos supiese alguna información sobre sitios de moda, estilistas renombrados, modistas consumadas o datos sobre la contingencia del mundo de las brujas chic, su paseo por el mundillo de la farándula, sin duda sería un trabajo de niños. No obstante estaba acá, rodeada de jugadores de quidditch, modelos, artistas, autoridades del deporte, unas cuantas copas pasada, achispada y desesperada por huir de aquel lugar.

Echo un vistazo al reflejo del vistoso espejo en el bar y se aseguró que todo el trabajo de Claire estuviese en orden.

Y lo estaba.

Ella misma no era capaz de reconocer a la antigua Lily Evans. Su metro sesenta y cuatro, actualmente aumentado gracias a caros zapatos de ostentosos "muchos" centímetros, se hallaba cubierto de escasa tela negra, dos pendientes, de los cuales no se atrevía estimar el precio, y un pequeño bolso "objeto de un hechizo" que permitía guardar en el hasta una casa.

Se veía, lujuriosa, pensó, y sonrió ante esta idea, pero era imposible no creer aquello cuando sus labios furiosamente rojos y su cabello suelto a libertad, declaraban en alto parlante que era una "Devoradora de Hombres dispuesta a ser devorada".

No pudo evitar que una risita tonta se escapase de su boca. ¿Una devoradora de hombres virgen? Aquello si que era una idea descabellada.

Centró su atención en la gente que se hallaba repartida en el salón. Posiblemente a esas alturas, y con todo el alcohol gratuito que se había repartido, todos se encontrasen en su misma situación. La conversación había subido de tono, las risas eran más sinceras y las mujeres un poco más descaradas.

Echó un vistazo hacia el grupo más llamativo en el centro del salón y, entre piernas largas, cuerpos musculosos y chicos guapos se encontró con la radiante sonrisa de "Cabeza de Troll". Una curvilínea rubia, desorientada en la conversación que se estaba sosteniendo, se hallaba apegada (muy apegada) a un costado de James Potter.

Cabeza de troll sonreía satisfecho, seguro de su "sex appeal" y de su arrasador atractivo. Ella misma, debía reconocer, se encontraba un poco encaprichada con él. Era guapo hasta quitar el hipo, un espécimen que se vería perfecto en una vitrina de exposición, sin embargo un gilipollas consumado insufrible. Por mucho que su ojos fuesen felices observándolo, su paciencia no lo sería tanto tolerándolo.

- Me puedo sentar…

Una voz ronca y sugerente, con la cual cualquier mujer podría correr peligro, se filtro por sus oídos. Solo le basto darle una mirada y verse frente a frente a un hombre de verdad.

Sirius Black.

- ¿Ves algo en especial?

Aquella pregunta tenía trampa, meditó. Pero su voz se había perdido en el limbo y sus ojos no podían detener su escrutinio descarado.

- No, solo…solo miro. – Esa era una de las respuestas de las cuales se podría decir "Bárbaro, me he declarado"

- ¿Aburrida? – Por primera vez en la noche esbozo una sonrisa verdadera.

- Tremendamente.

- No te culpo.

Con la gracia de un felino cogió la copa que materializó el barman y comenzó a beber de ella sin quitar los la mirada seductora de sus labios.

Un escalofrío de anticipación la recorrió.

Sirius Black, era un conquistador con una reputación para temer, se recordó. Su juego terminaba directamente en una cama, con una mujer enamorada y un corazón destrozado. Rechazar sus citas consistía en el primordial y desarrollado sentido de la supervivencia. Aceptarlas, era considerarse un perfecto kamikaze.

- Debes odiar a todos los jugadores de quidditch.

Aquella sonrisa debería de estar prohibida pensó Lily.

- A algunos más que otros – Bromeó.

- ¿Por algunos te refieres a James Potter?

- ¿Cabeza de troll?

Lo dijo y no pudo evitarlo.

La risa de Sirius Black retumbó en el salón, entrando las miradas sobre ellos.

Si no pudiese mirarse al espejo, el solo calor de sus mejillas le diría que estaba completamente ruborizada.

- Supongo que así llamas a James.

- Y de muchas otras más – admitió – Pero esa es la más educada que puedo recordar.

Sirius volvió a reír.

- Debo dar por hecho que lo aprecias.

- No mucho - ¿Qué más se podía decir de un gilipollas arrogante?

- O sea que se pueden llamar…- caviló unos segundos – sutilmente enemigos declarados.

- Algo parecido.

- ¿Cómo sabes que Cabeza de troll esta de acuerdo con esta guerra?

- Lo sé de primera fila…

- ¿Batallas anteriores?

¿Batallas anteriores? Esa si era una buena pregunta. James Potter y ella tenían más que batallas, meditó, duelos a muertes quizás, pero ¿Batallas? No, aquello era demasiado delicado para designar el odio puro y desnudo que se profesaban.

- Potter no esta de acuerdo con lo que hago y yo no estoy de acuerdo con que él respire – contestó – Creo que ha eso se le puede llamar más que…

- Lo entiendo, Cariño.

En el perfecto rostro de Sirius Black, se reflejaba sincero regocijo.

- Pensé que eran amigos.

- Somos más que amigos.

- ¿Novios? – la faceta de reportera salió a flote.

- ¡Por las barbas de Merlín! Tienes una mente siniestra.- Exclamó divertido.

- Mencionaste que lo suyo era más que una amistad.

- ¡Por Dios, no! James es como un hermano para mí.

- No está del todo mal – sugirió.

- No es mi tipo.

- ¿Y tu tipo es…?

Aquella era una pregunta osada, una pregunta que dirigía a las redes de la seducción, a una cama desordenada y a…

Dirigió una sonrisa a su compañero…

Sirius Black miraba sus pechos con descaro.

- ¿Esto es una entrevista para "Corazón de Bruja" o curiosidad personal? – su voz adoptaba el tono de la seducción, se percató Lily.

¿Debía detenerlo?

Recorrió con la vista, por segunda vez en esa noche, a aquel espectacular hombre frente a ella y lo decidió. Hoy jugaría… eso si, jugaría con sus propias reglas, las que incluían: mantenerse fuera del alcance de sus manos, de su boca y… ¡Por Dios que boca! Y…

En el camino pensaría que hacer para mantener su honor en alto.

- Curiosidad, personal – trató de sonar sensual.

- Bueno, pues…- sus ojos, de un gris eléctrico e hipnotizante, se fijaron en los suyos – Amo a las mujeres.

- Eres un chico ambicioso.

- Bastante.

- Entonces si amas a todas las mujeres, no te importaran que tengan unos cuantos años de más, que la gravedad haya hecho sus efectos, unas hermosas arrugas y unos…

- ¡Bien! – exclamó riendo – Lo admito, tengo limites.

- ¿Y cuales son esos límites? – preguntó en pose seductora.

- No te rindes, reportera.

- Trato de ganarme la vida…

- Bueno, pues, me gustan las mujeres como tú.

Ese había sido un buen golpe, pensó, y si ella hubiese sido una verdadera medusa devoradora de hombres a esas alturas se encontrarían en algún rincón oscuro de la fiesta, conociéndose tan íntimamente como permitiese la situación; Pero no lo era. Era, una simple muchacha, llamada Lilian Evans, vestida de seductora, sin ninguna experiencia en las ligas de Sirius Black, jugando un papel que a duras penas podía mantener.

Sirius Black, admiró con gusto el espectáculo, aquella pequeña fiera no era ni de lejos lo que aparentaba, un encantador, pero acusador, sonrojó invadía su rostro de diablesa y su manos se retorcían nerviosas.

- E- Eso ha sido fascinante – tartamudeo.

- Tu eres fascinante, Lily – se decidió por el ataque.

- ¿Yo? – preguntó asombrada. – Creo que me estoy quedando fuera de juego, Black.

- ¿Fuera de Juego?

- No me viene esto – reconoció – No soy una devora hombres y eso lo que estas buscando.

Sirius sonrió, aquella chiquilla le gustaba.

- Prefiero devorar a ser devorado.

- ¡¿No te agrada ser seducido?! – no pudo ocultar su asombro.

- No, esa parte ya me aburre.

- Pensé que a los hombres como ustedes, lo jugadores de quidditch, les agradaba que las mujeres se les acercasen en ese plan.

- En un principio cuando eres novato – contestó divertido – Pero luego no es tan agradable ser el blanco de caza.

- Entonces ignoras a las mujeres que…

Una gran carcajada interrumpió sus meditaciones.

- Trato, pero no las rechazó.

- ¡Por las barbas de Merlín! Eres un descarado.

Pero la simple verdad, era que estaba aburrido del sexo y las mujeres fáciles, del deseo falso y del amor fingido.

Necesitaba algo verdadero en su vida, alguien que lo desease, que lo quisiese, sin esperar fama, satisfacción o algo a través de él. Sino, que… solo a él.

- ¿Bailarías? - se puso de pie y extendió su mano.

Vio la duda en su rostro.

- Prometo solemnemente que no tratare de seducirte.

- No tengo miedo a que me seduzcas – reconoció.

- ¿No me crees capaz?

Lily sonrió.

- Te creo muy capaz – lo aplacó - puedes conservar tu ego intacto.

- Esa sonrisa es un reto.

- Esa sonrisa es una ofrenda de paz.

- Entonces aceptas bailar.

La cogió de ambas manos y con suave experiencia, la condujo hacia la pista de baile.

…-…

La sonrisa de sátiro indicaba que Sirius Black, el gran bateador de las Urracas, había conseguido algo que el resto de los hombres en la habitación se morían por tener. Aquellas comisuras elevadas con gracia divina revelaban presagios ardientes meditó James.

Se acercó a su amigo, mientras cogía una de las copas de martini que un camarero paseaba de un lugar a otro, y le murmuro cerca al oído.

- ¿Hay algo en esta habitación que es asombroso? o ¿Asombrosa? – no oculto el regocijo que le provocaba burlarse de Paddy.

- Es mucho más que asombrosa – respondió ausente.

Entre todas las chicas que se hallaban reunidas en la barra, James trató de localizar el objetivo de Sirius.

- Vez a aquella chica junto a Christian Broadmoor – indicó.

Y la vio…

Piernas largas, curvilínea, delgada…Su corazón de pronto comenzó a latir más rápido…El conocía ese cabello rojo, esa voz…El la conocía a ella…

Era la "reportera psicópata"

Evans soltó una risita melodiosa que embrujo por completo a Broadmoor y a él mismo que no pudo apartar la mirada de su provocadora sonrisa y de sus ojos…
Se veía hermosa, pensó…No, hermosa era una palabra tímida y corta para describir la sensualidad que irradiaba la reportera. Se veía… ¿Comestible?

Miró a resto de los hombres a su alrededor y estuvo seguro de que todos ellos pensaban lo mismo.

- Se ve guapa – señalo Sirius mientras bebía de su copa de champán. – No dudaría en hacer esa entrevista

- O tal vez le de mucho más que eso –Respondió James sin quitar los ojos de la pequeña arpía pelirroja.

Podía ser odiosa y mal hablada, pero con aquel vestido le prendía hasta la ropa.

- La he invitado a salir – murmuró Sirius.

James se volvió hacia su dirección con evidente expresión de alarma en su rostro.

- Te ha invitado para tener información – le advirtió.

- La idea fue mía, Prongs.

- Eso es lo que quiere que creas.

- ¿Me crees un principiante? – dijo satisfecho. – Se mucho antes que ellas lo que desean.

- Esta es la mentalidad de una psicópata, no la de una mujer normal.

- No, no es una mujer normal, ha rechazado salir conmigo.

- Es una chica inteligente – se burló.

- Claro, decidió que un paseo por un parque y una grata conversación en un café bajo la luz del sol era una opción adecuada para nuestra cita.

James lo fulminó con la mirada.

- ¿Ha aceptado?

- No, fui yo el que acepté sus condiciones.

- ¿Una cita inocente sin sexo de por medio¿Tú, el rey de…?

- Lily es…

- Una Arpía que busca algo.

Quizás sería necesario que tomase cartas serias en el asunto, pensó. La pelirroja se estaba encargando de dejar bajo sus encantos a sus amigos y si no la detenía a la brevedad, tal vez se encargase de embrujar a todo el mundo mágico en su contra.

Miró hacia la dirección y sus miradas se encontraron… Sonrió con malicia y levantó su copa en saludo…

Ella le respondió.

Aquel saludo indicaba que la batalla de esa noche comenzaba.

…-….

Bebió el último sorbo de un vino de gran reserva y depositó la copa, con poca delicadeza, sobre la mesa del bar.

¡¡Crack!!

¡Joder! La maldita copa se había roto. Lo último que le faltaba, pensó para sus adentros, la noche había sido un fraude de comienzo a fin, los malditos deportistas ni siquiera se comportaban a la altura de una gran noticia y la fiesta ya llegaba a su termino, tal vez escribiera acerca del pervertido de Broadmoor y su maldita manía de meter mano en vestido ajeno, recordó divertida.

No, recapacito, escribir acerca de borrachos con "manos muy muy largas" no sería para nada divertido, mucho menos la extraña cita que había acordado con el bombón número uno del Quidditch, Sirius Black ¡El dios griego!

Aunque el acontecimiento perteneciese a algún archivo de la dimensión desconocida, el café y paseo estaban acordados, y ella, Lily Evans, reportera rosa de Corazón de Bruja se vería envuelta en presunto romance con el hombre más sexy que respirase sobre la tierra.

Una decisión peligrosa, meditó, sin embargo un juego divertido mientras no apostase su corazón en algo que jamás tendría futuro, necesitaba experiencia y aquel era un hombre más que adecuado para brindarle aquello que ignoraba.

Sacó su varita, mientras esbozaba una sonrisita estúpida, y se dispuso a reparar el desastre, estaba un poco achispada se percato, pero las el conjuro lo recordaba perfectamente…

- ¡Reparo! – alguien se adelantó. Agradecida se volteó hacia su salvador y se encontró con la imborrable e imperturbable expresión arrogante de James Potter.

- Gracias – dijo seca. Una de las normas en su vida era la educación, se felicitó a si misma.

- De nada - sonrió mientras dirigía una mirada descarda hacia su escote. – Te ves…- mientras su ojos brillaban como los de un sátiro, recorrió su cuerpo desde sus tacos hasta su rostro – Bien, reportera ¿Quién pensaría que detrás de esa pluma escondías algo más?

- ¡Vete al diablo! – se alejó furiosa dispuesta a desaparecer de aquel sitio y alejarse los antes posible de cabeza de troll. Mantener un disputa verbal con James Potter mientras se estaba sobria, era algo peligroso, pero mantenerla achispada al borde una borrachera, era un suicidio.

Con un movimiento distraído, pero lleno de satisfacción, por haber plantado a semejante engreído, se disponía a desaparecer cuando una poderosa mano tomó de su muñeca.

- Vas demasiado a prisa, Evans – dijo James muy cerca de su oído.

- ¿Qué quieres? – le espetó mal humorada.

- Conversar.

- Bien, pues yo no – trato de desasir su muñeca de aquella fuerza que la oprimía.

- Nunca creí lo que decían de las pelirrojas…

- ¡Y un cuerno! Suéltame – gritó.

- No hasta que hablemos, quiero entrevistarte – se apresuró a decir.

- ¿Entrevistarme? – preguntó atónita - ¿Estás loco?

- En lo absoluto – su voz acusaba su secreta satisfacción de perturbarla.

- ¿Qué gano yo al dejarme entrevistar? – sus deslumbrantes ojos verdes retumbaron de inteligencia. - ¿Me darás la entrevista?

- Podría ser – Pero jamás lo haría, solo era un señuelo.

Como los americanos decían de una manera muy pintoresca, lo que estaba haciendo, era una putada.

Soltó la delicada muñeca de "Evans la pelirroja" y esperó que recompusiera su aspecto.

- De acuerdo – asintió - ¿Qué vas a preguntarme Potter?

- Eras buena alumna en Hogwarts – demostrarle que conocía detalles de su vida era una excelente arma para amedrentarla.

- Puede decirse que si – afirmó esquiva - ¿Por qué sabes eso?

Había averiguado todo sobre ella. Conocer a tu enemigo, era una buen consejo, pero llevado a la practica era crucial.

- Más bien fuiste prefecta y premio anual – ignoró su pregunta.

- Eso no es del todo cierto – mintió – Jamás fui ninguna de esas cosas...

- No mientas, Evans - la interrumpió – Tenías un futuro brillante, pero mírate ahora…

Trató de levantar un escudo contra sus ofensas, pero sabía que lo que venía a continuación era tan cierto como doloroso.

- Trabajas en una revista de medio pelo escribiendo chismes y llevando una vida mediocre – su mirada lujuriosa se posó en sus pechos y una sonrisa lobuna se dibujo en su rostro – Y si eso fuera poco te vendes por las mismas mentiras que publicas.

- Eres un desgraciado – le golpeó con su bolso – Un bastardo, un gilipollas – un segundo golpe siguió al primero – Un descerebrado un… ¡Cabeza de Troll! – le gritó con impotencia mientras proseguía con los golpes.

James la cogió de ambos brazos y la empujó con suavidad contra la muralla.

- ¿Estás loca? – le espetó – Quieres llamar la atención de todo el mundo.

- ¡Suéltame!

- No hasta que terminemos de hablar.

- Vete…

- Al diablo, ya lo sé – terminó - ¿Qué quieres con Sirius?

- ¡Por lo pantalones de Merlín! Eres un enfermo.

- ¿Hasta que punto estás dispuesta a llegar por una entrevista Evans?

Apretando los dientes para ocultar su agitación, miró a sus ojos y ese mismo instante decidió en que nadie más, sobre todo personas como él, podrían insultarla nuevamente.

- ¿Te preguntas si tendré sexo con Black para saber algo de ti? – dijo con desprecio.

- Eso es lo que acostumbran hacer ustedes las periodistas.

- Y las modelos con las que sales también, pero ellas no escriben, dudo que sepan como se hace.

- No estamos hablando de mi, Evans – Reforzando su amenaza acortó la distancia entre ambos- ¿Queremos saber si tú, pequeña despiadada, lo haces?

- Si es necesario – lo desafió.

Algo cambió…

El espacio que los separaba se había acortado demasiado para dos personas que se aborrecían. Una de las rodillas de James misteriosamente se había desplazado entre los muslos de Lily y sus pechos sospechosamente sensibilizados se hallaban aplastados contra el suyo.

- No quiero que continuar con esta discusión, Potter – trató de escabullirse.

Le costaba respirar.

¿Era la maldita adrenalina o la excitación, la que la alertaba de que algo iba muy mal?

Luchó por apartarse de él, pero no tuvo éxito. Su cuerpo era una verdadera cárcel y su voz baja revelaba mucho…

- Ya veo…la come hombres está nerviosa – susurró mientras fijaba la vista en la ardorosa boca "rojo furioso" de la reportera.

El resto de tranquilidad que tenía se desvaneció cuando se dio cuenta como la miraba.

- No, no es eso…

- Entonces explícamelo…- El sonrió con la perezosa y torcida sonrisa de un chico experto en seducción, haciendo volar su imaginación hacia una cama, una pared y…

¡Joder, todo esto estaba mal!

- Quizás otro día.

- Tenemos tiempo… – susurró mientras rozaba sus labios contra los de ella.

Lily tragó.

Su cuerpo tambaleante se desplazó hacia adelante y James presionó sus caderas contra las suyas. Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando se percató de que su peor enemigo estaba "notablemente" excitado.

- Estás…

- ¿Alzado¿Caliente¿Cachondo? – se burló – Teniendo en cuenta tu gusto por la buena literatura me he dado el trabajo de suministrarte sinónimos.

- Depravado – trató de espetarle, pero se mantuvo a su merced, la lujuria recorría su propio cuerpo haciéndola sentir débil, lejana y relajada.

- Tal vez… - Dejó caer su cabeza y tomó su boca.

Su beso se hizo salvaje a la vez que implacable, una corriente magnética había unido sus labios y sus cuerpos, algo primitivo se estaba desarrollando entre ellos y ninguno de los dos era capaz de detenerse. Lily se sentía incapaz de separarse de sus brazos…

Sus manos envolvieron su cuello y se apretó contra aquel cuerpo dejándose suspender por el deseo. Él puso sus manos sobre sus caderas, y el alivio de ambos no hizo esperar cuando las levantó para cubrir sus pechos. Con exclamación de triunfo la elevo contra la pared y abrió sus muslos para acomodar sus piernas. Poco dispuesto a dejarla escapar, pero siendo conciente del peligro que significaba ser descubiertos, liberó sus pechos del vestido e inclinó su cabeza hacia uno de ellos.

¡Diablos! Eran dulces, su aroma era divino…

¡Merlín! Tenía que tomarla…

Lily oyó un sonido suave e indescifra­ble y se dio cuenta de que lo producía ella…

¡Merlín debía detenerlo!

Cuando una mano se introdujo por la tela de sus bragas y el placer la golpeó como un mazo, lo supo…
Debía parar.

Esto era por ella, por su reputación, por sus sueños y para demostrarle al maldito gorila que no se encontraba disponible, mucho menos por una entrevista.

- ¡Joder! – juró James cubriéndose la cabeza mientras la ex pelirroja apasionada retomaba la golpiza con aquel bolso pequeño pero fatal - ¿Qué te sucede¡Maldita sea! – esquivó otro golpe más.

- Eres despreciable, un asno – le insultó.

- ¡Estás desquiciada! – le gritó.

- Y tú eres un desgraciado.

- ¿Por qué? – le arrebató el bolso y lo ocultó tras sus espaldas – ¿Por lo que sucedió?

- No me vendo por entrevistas.

- Hace un momento estabas más que dispuesta, y yo más aún en considerarlo. – insistió.

El rostro de Lily empalideció. El resto de dignidad se resquebrajaba lentamente.

El maldito estaba convencido de lo que decía. Antes sus ojos no era más que una prostituta, y peor aún, ella le había permitido confirmar aquella impresión.

¿Me podrías devolver el bolso, por favor? – pidió con voz serena.

No te finjas herida, Evans, conozco muy bien a las de tu tipo- Ardía de lujuria y la maldita lo sabía.- ¿Quieres esa entrevista si o no? – dirigió su mirada lasciva por su rostro nuevamente.

Si – concedió ella.

¿Entonces donde quieres que lo hagamos acá o en un sitio más privado?

En…- debía pensar rápidamente en un lugar - ¿Dónde vives?

Ni lo pienses, no metemos mujerzuelas en nuestra casa.

Aquello era otro puñal más que llegaba a su corazón.

A un lado de los tocadores hay una salita de descanso – dijo con un hilo de voz y James asintió.

Adelántate y espérame ahí – le ordenó – bajo ningún concepto deben vernos juntos.

Todo esto era una basura, meditó, sin embargo aquella maldita reportera se lo merecía, lo merecía y el la deseaba. Por eso no dudo de su decisión mientras se dirigía hacía la bendita habitación.

Si quería una primicia para su revista la tendría.

Pero lo que vio al entrar lo dejó helado.

La pequeña salita rosa estaba vacía.

La pelirroja había huido.

V

"

- ¡Es un…! – Claire miró en busca de señas de su marido en la habitación – Un…un jodido idiota.

- ¿Por qué miras en todas direcciones? – preguntó extrañada.

- Ron dice que las palabrotas perturban la tranquilidad del bebe – dijo mientras se sobaba su voluminoso vientre. - Lo ojos de Lily se elevaron al cielo con resignación, Claire y Ron eran un caso.- Se merece ser castrado.

- Lo haría con gusto, pero prefiero mantenerme lo más alejada posible de James Potter.

- Tarde o temprano se tendrán que ver las caras.

- El piensa que soy una especie de prostituta que se vende por chismes – se lamentó. – A estas alturas debe de haber informado a cuanto idiota estuviese dispuesto a oírlo.

- Querida dudo que se haya quedado con esa impresión después del plantón que le has dado.

- No lo sé…le conviene creer de mí lo peor.

- ¿Y eso te afecta? – la interrogó con suspicacia.

- En nada, pero aprecio mucho mi reputación Claire y no estoy dispuesta a renunciar ella, ya he perdido bastante.

- ¡Estás cada día más embarazada! – chilló una voz desde la entrada logrando que todas las cabezas en la habitación se volteasen hacia el escándalo – Te ves maravillosa querida - un sonoro beso hizo eco en el restaurante.

- ¡Peregrin, tantos días! – exclamó Claire emocionada.- La pobre de Lily necesita de nuestro apoyo.

- ¡Mon Dieu!- Pip realizo un gesto teatral mientras estrechaba entre sus brazos a una maltrecha Lily – Le romperé el rostro a puñetazos, pequeña.

- Por favor, sangre no…me descompone.

- Te mereces todo un río de sangre, Lils – objetó Peregrin.

- No deseo venganza, solo quiero desaparecer por un tiempo – rogó – Quizás una temporadita, pero mi billetera no me acompaña y la situación se vuelve cada vez peor.

- Tienes que seguir en la revista – le advirtió Claire.

- No se si me atreva…

- Te atreverás, Lils – la animó Peregrin – Escribirás el mayor chisme de James Potter conocido hasta el momento.

- ¡No podría, no tengo el valor…!

- Eso es lo que el espera.

- Pip sabe algo, yo sé algo…

- ¿A qué te refieres Claire¿Qué saben ambos? – les exigió.

- Esto es una bomba, querida – señaló Peregrin en tono confidencial– Bobby me lo ha contado para que exclusivamente tú lo publiques.

- ¿Y de que Demonios se trata?

- James Potter no nada más ni nada menos que el esquivo heredero de Charlus Potter…

- ¡Joder! – exclamó asombrada – Eso quiere decir que es asquerosamente millonario.

- El misterioso heredero de una de las fortunas más cuantiosas del todo el mundo mágico – corroboró Claire – La historia del chico de barrio talentoso no es más que una bazofia, querida, su padre tiene dinero y es por ello que lo han tomado en cuenta.

- Querrá asesinarme…

- Esto es vendetta, Lily se lo merece, necesita que alguien lo haga beber de su propia medicina.

- No, Peregrin, no quiero enseñarle nada, no escribiré más acerca de James Potter.

Claire y Peregrin se dirigieron miradas alarmadas.

El estómago de Lily dio un vuelco.

Díganme que no han hecho eso…

Lo siento querida, hemos enviado el artículo firmado con tu nombre a las oficinas de corazón de bruja – confesó Claire – El número saldrá mañana a primera hora.

Continuará…

Nos vemos en un próximo capítulo, entonces ...

hasta la vista.

Próximos capítulos

¡Que te den! – gritó Lily mientras arrojaba con errónea puntería un adorno de porcelana a la cabeza de James Potter.

No estás ni cerca reportera.

¡Esto es tu fin! Eres un asno miserable.

Y tu una inescrupulosa, serías capaz de venderte por nada…

Ya he rechazado tu oferta – trató de atacar enfocando en su mente algún punto débil al cual lanzarse – No me apetece para nada probar algo tan pequeño.

¿Pequeño?- sonó realmente sorprendido – Cariño, el último adjetivo con el que podrías calificarme es pequeño.

Cariño recuerda que he tanteado tu "pequeña – puntualizo dirigiendo la mirada a su entrepierna – varita"

Eso es una jodida mentira…

Para variar – lo ignoró – Podría publicar algo que pueda corroborar con testimonios ¿Sabes? La gente toma muy en cuenta esas historias.

Te demandaría.

No me has demandado con esta entrevista y menos lo harás…

No lo dudes ni por un minuto, reportera, Jamás se bromea acerca de la varita de un hombre y sus proporciones…