Notas de la autora: Mil disculpas, no soy una chica puntual, como se habrán dado cuenta. Espero que anden de lo mejor. Bueno, este es un capítulo largo, y muy especial, porque lo mejor de todo no lo escribí yo, sino una de las mejores amigas y personas que se pueden encontrar en el mundo, y a la que quiero mucho y le agradezco de verdad que me haya ayudado con esto. Así que si lo leen y les gusta, dedíquenle un fuerte aplauso a Ju.
MUY IMPORTANTE: Después de subir el siguiente capítulo, la historia cambia de nombre. Ya no se va llamar 'Juguemos Juntos' sino que se va llamar 'Noches Pelirrojas' por varios motivos. Muy importante para los que buscan la historia por el nombre. De todos modos, en el capítulo que viene se los voy a recordar, pero se va llamar NOCHES PELIRROJAS.
zafiropotter: Si hubiera un lugar donde apuntarse para darle un puntapiés a Snape, habría tantos pero tantos miembros que no daría abasto. Que Melinda Evans ayude a Harry con Snape y Voldemort es una gran idea, y voy a tenerla en cuenta. Muchas gracias por leer !!
Juu: En este capítulo, el mérito es tuyo. Porque tenés una vena de escritora, y me das grandes ideas. Te quiero mucho Julia, morochita !
Felipe: Me alegro de que te haya gustado y en especial de que te hayas reído, porque no le viene nada mal un poco de humor al fic. Espero encontrarme con más risas y bueno, algunos enojos de vez en cuando, sí. La frase es una que me dejaste en un review del capítulo siete. Un abrazo !
hermioneyron: ¿Para cuándo historia de tu parte? Me pasó por tu cuenta y no encuentro nada para leer¿hay algún proyecto en mente? Muchas gracias por leer !
xshp: Y bueno¿quién no le tiene bronca a Lavender y a Snape? Son muy pocos, si es que hay alguien, ajajaj. Bueno, muchas gracias !
Gracias a todos por los reviews! Ahora, no más, aquí tienen al capítulo nueve.
Gin
Malfoy.- Murmuró Hermione, casi inaudible, y apretó los puños.
Entonces los cuatro amigos atravesaron el agujero del retrato de la Dama Gorda.
- Ya nos hemos perdido la primera clase después del desayuno.- Dijo Hermione con malhumor.
- Bueno, si nos apuramos llegaremos a la clase de Encantamientos.
- Yo me voy, tengo transformaciones, la profesora MacGonagall me matará si además llegó tarde a su clase.- Terció Ginny, y desapareció rápidamente por el agujero.
- Nosotros deberíamos irnos ya.- repitió Hermione.
- Vamos entonces.- Se resignó Ron.
De modo que los tres amigos caminaron en silencio hacia el aula del profesor Filtwick, estaban demasiado enojados para hablar.
- Llegan tarde muchachos, vamos, con rapidez, ubíquense en sus lugares, por favor…- chilló el profesor. Y una vez que se hubieran sentado prosiguió:- Como ya les habrán dicho incontables veces, este año rendirán los EXTASIS…- pero Harry ya no escuchaba. Algo lo había golpeado suavemente en la cabeza.
Estarás muy contento¿no Potter? Como el héroe que crees que eres has ganado tantos puntos para Gryffindor…
Harry apretó los dientes y les mostró a Ron y Hermione el memorandum que le había enviado Malfoy.
Sí, Malfoy, Harry está muy contento, verte con la nariz rota, atacado por los mocos, y con las marcas de mis manos en la cara no es algo que se ve todos los días¿sabes?
Escribió Hermione.
Te crees muy lista¿verdad Granger? Claro, de otro modo, nunca podrías jugar a tres puntas como lo vienes haciendo…
Ron¿por qué no cierras tu asquerosa bocota, Malfoy?
Draco: Lo había olvidado Weasley, tú creías ser el único amor de Granger…
Hermione: sea quién sea mi único amor, no es de tu incumbencia, Malfoy.
Harry: Sí, deja de meter tus narices si quieres conservarlas intactas.
Pansy: Vaya, vaya, vaya, sí son el cabeza rajada, la sangre impura y el pobretón.
Ron: Realmente me sorprendes Parkinson¡sabes escribir!
Harry: No sólo eso¡sabe leer!
Draco: Leer, escribir, y muchas otras cosas más que tú no comprenderías Potter.
Ron: Eres peor que Parkinson, no sabes distinguir alguien con cerebro de alguien que sólo usa la cabeza para sostener el pelo, Malfoy.
Pansy: Muy gracioso Weasley, al menos tengo un cabello decente y no zanahoria rallada sobre la cabeza.
Hermione: Sinceramente, Pansy, eres decepcionante.
Pansy: Habló la señorita perfección…
Ernie¿Qué es todo esto?
Draco¿Y a ti quién te llamó?
Ernie: Lo siento Malfoy, cuando un papel me pega en la cabeza, suelo abrirlo y ver lo que dice¿tú no?
Ron: Ríndete Malfoy, somos cuatro contra uno…
Pansy¿Disculpa?
Harry: Tú no cuentas Parkinson.
Hermione: Tu cerebro no alcanza ni para llenar una cucharita de té.
Draco: Y tú cerebro no te cabe en la cabeza Granger, ya veo porqué siempre llevas el cabello tan alterado.
Harry: Yo que tú no me metería con Hermione, sabes perfectamente que es capaz de realizar cualquier maleficio.
Hermione: Gracias, Harry.
Ron: Yo también lo pienso Hermione, igual que todos.
Hermione: Tú también eres un gran mago Harry.
Draco: Piérdete Weasley.
Ernie: El profesor Filtwick está dando los deberes…
Draco¿Y a quién le importa eso?
Hermione: a mí sí, adiós.
Pansy: se fue la sabelotodo.
Ron: mejor te vas tú también, esta es charla de hombres.
Harry: Sí, no queremos aguantar tu llantito cuando la cosa se ponga muy fea.
Pansy Parkinson les sacó la lengua, pero sin embargo comenzó a escribir lo que Filtwick había escrito en el pizarrón por arte de magia.
Ron¿sabes qué Malfoy? Quizá deberías irte tú también, no estoy seguro de que seas un hombre…
Draco¡Así que entre los hermanos Weasley no hay sólo una hermana¿Eh?
Harry: Vamos a tratar de hacerle comprender a tu diminuto cerebro. Vamos, cuenta conmigo, hay UNA hermana, y SEIS hermanos, repite…
Draco: Una hermana que, viniendo al caso, es bastante sexy.
Ron: Te lo advierto, Malfoy, un dedo que le pones encima, una uña…
Draco¡Vaya! Creí que el que debía sobreprotegerla era Potter.
Harry¿Por qué tendría que hacerlo?
Draco: Porque eres tú el que le tiene un ojo encima.
Ron: abandono esta conversación de pervertidos inútiles.
Draco: sólo quedamos nosotros, Potter…
Harry: lo había observado, sí…
Draco¿Vas a contarme lo que fue el beso con la pelirroja?
Harry: Vete a la mierda Malfoy.
Draco: Muy bien, de todos modos, no necesitaba que me lo dijeras, lo sé de sobra.
Harry¿qué quieres decir, Malfoy?
Pero Malfoy ya no respondía, lo miraba con una sonrisa de suficiencia, dándose aires de importancia. Harry decidió no poner en riesgo la vida de Ginny mostrándole a Ron lo que había escrito Malfoy, más tarde se lo mostraría a Hermione. Se apresuró a copiar las instrucciones que había en el pizarrón. ¿Sería cierto eso de que Malfoy y Ginny se habían besado? Seguro que él lo estaba inventando todo, y si no lo hacía, entonces no había sido un beso que Ginny diera voluntariamente: ella odiaba a Malfoy.
Con ese pensamiento se sintió un poco mejor, aunque suponía que debía ser porque no quería que Ginny, ni ninguna persona cercana a él, besara precisamente a Malfoy. En ese instante, sonó la campana del recreo.
- Muy bien, muchachos, recuerden terminar el trabajo para la próxima clase, y repasar todo lo que hemos estado recordando de los años anteriores. Buenas tardes.
- Buenas tardes, profesor.- dijeron algunos alumnos, mientras toda la clase se alejaba del aula de encantamientos.
La tarde trascurrió con una rapidez inimaginable, o al menos para Harry, que se encontraba sumamente nervioso, en tan solo un par de horas, estaría en el despacho de la profesora Evans. Hermione no paraba de recordarle el esperado encuentro y Ron no pronunciaba palabra acerca del tema; a cada segundo, Harry, se ponía más nervioso aún. Quería conocer cada minuto de la vida de su madre, quería oír todo sobre ella, pero a la vez… no podía negarlo, la idea lo asustaba… finalmente sabría algo más de Lily, lo único que sabía era que sus ojos eran verdes, su cabello pelirrojo, y que su hermana era Petunia. Nunca había conocido nada más, y por primera vez en su vida tendría la oportunidad de conocer su historia.
A la hora de la cena, Melinda estaba sentada a la mesa de los profesores, y Harry tomó una decisión.
- No puedo ir.- Les dijo a Ron y Hermione.- Es demasiado pronto, necesito más tiempo para pensar y aún no estoy listo. Le enviaré una nota pidiéndole si podemos cambiar la fecha para este sábado o algo así. Me parece que ayer vivimos bastante… y hoy también, necesito tener las cosas más claras antes de hablar con ella.
Hermione resopló en señal de desaprobación, era la fecha que habían acordado y en su opinión Harry debía ir, no había modo de prepararse para aquello.
Ron, en cierto modo prudente, no intervino, ni soltó palabra, al igual que hacía cada vez que se nombraba el tema.
Al terminar la cena, Harry alcanzó a la profesora Evans.
- ¡Harry¿Demasiada ansiedad?
- Eh… profesora, yo quería pedirle si podíamos dejar esto para el sábado, si es que puede, claro… yo…
- Todavía no te sientes preparado.- Dijo ella, y Harry asintió, sintiéndose un poco idiota, pero decidido.- No tengo ningún inconveniente, Harry¿qué dices del sábado antes de la cena?
- Ahí estaré, se lo prometo.
- No tienes nada que prometer, querido.- Le sonrío y se fue. En ese instante, Harry se sintió muchísimo mejor, y los nervios que le hacían doler el estómago se aflojaron un poco.
Nuevamente, la semana pasó mucho más rápido de lo que se hubiese podido suponer. Pero esta vez, aunque no pudiese evadir los nervios, se sentía más seguro. Nada pasó en la semana que mereciese ser mencionado, excepto que Neville batió su propio récord, visitando la enfermería siete veces en tres días, y también que Malfoy había sufrido un considerable golpe en la cabeza cuando por error había entrado en la sala del suelo flotante. El suelo comenzó a elevarse bajo sus pies, haciendo que Malfoy se golpeara la cabeza contra el techo. Afortunadamente, dejó de elevarse después del golpe, desconocían qué hubiese podido pasar si seguía subiendo.
El viernes por la noche Harry se fue a acostar, realmente agotado, tanto que ni siquiera tuvo tiempo de preocuparse, apenas apoyó la cabeza en su mullida almohada se quedó dormido.
Harry caminaba apresuradamente por los pasillos de Hogwarts. Recordaba perfectamente el aspecto del despacho al que en instantes entraría, el despacho del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Cada año era diferente, al igual que cada año era diferente su propietario, cambiaba, no simplemente, sino de manera drástica. Las distintas personalidades de los profesores que habían pasado por ese despacho se reflejaban perfectamente en la habitación.
Llegó frente a la puerta y golpeó. Una voz, que le sonaba curiosamente familiar, pero que no recordaba dónde la había oído antes, le dio permiso para entrar.
No lo hizo inmediatamente, esperó. No sabía muy bien por qué, pero esa voz le recordaba cosas que jamás hubiese creído que había vivido.
Finalmente, se decidió y abrió la puerta.
No encontró la persona que esperaba ver. De pie, dándole la espalda, había una mujer de cabello rojo fuerte, era alta y delgada. A Harry le dio un vuelco el corazón al reconocerla.
No era Melinda, su nueva profesora de Defensa, pero sí, era una Evans. Harry, quiso comprobar que su intuición no le había fallado pero no sabía como llamarla. 'Lily' le parecía demasiado formal; ¿mamá?, esa era una palabra que el jamás había usado, y que, aunque doliera, no usaría nunca. Encontró una pregunta que le pareció mucho más adecuada.
- ¿Eres tú?- formuló nervioso.
Pudo notar que sonreía, aunque no la estaba mirando. Harry podía escuchar el latido furioso de su corazón, mientras ella, suavemente, se daba vuelta.
Harry la miró, su sonrisa se le hacía familiar, una sonrisa que no se parecía a la de Lily Evans, sino a la de…
- ¡Ron¡Harry¡Tienen que levantarse ahora!
- ¿Qué hora es Hermione¿Las siete de la mañana?- Dijo con voz ronca Ron.
- ¡Las doce del mediodía!
- ¿Podrían dejar de gritarse por una vez en su vida? - Dijo Harry, y sus amigos se callaron inmediatamente.- A ver, Hermione… ¿por qué demonios nos despertaste?- preguntó Harry, perdiendo la paciencia.
- Bueno… son las doce, me estaba preocupando…
- Hermione, hoy es sábado.
- Lo sé, pero de todos modos…
- No creo poder volver a dormirme…- dijo malhumoradamente Ron.
- Tampoco debes hacerlo.- Le dijo fríamente Hermione.
- Hermione¿nos dejas cambiarnos¿O te preocupa que no nos podamos volver a poner el pijama?- Le dijo Harry, burlándose, estaba muy enojado… y confuso, aquel sueño…
- Muy bien.- Dijo ella, enojada.- Perdónenme por preocuparme por ustedes…
- Te agradecemos que hayas pensado que estábamos muertos por dormir hasta las doce un SÁBADO.- le dijo Ron con ironía.
Hermione no respondió, dio media vuelta, y salió de la habitación dando un portazo.
Era Ginny, pensó Harry mientras se vestía, era ella, estoy seguro… era su sonrisa. ¿Qué significa todo esto¿Por qué estaba Ginny en aquel sueño cuando estoy en vísperas del encuentro con la profesora Evans y cuando el sueño trataba sobre los Evans? O quizá no, quizá sólo era que yo creía que era sobre los Evans… ¿Pero qué hacía Ginny en el despacho de Defensa?
- Harry, no quisiera interrumpirte, pero estás tratando de ponerte la camisa en lugar de los pantalones.- Le dijo Ron, aguantando la risa. Pero Harry no se inmutó, casi ni notó lo que Ron le decía, estaba demasiado metido en sus pensamientos.
- Debo hablar con ella…- murmuró para sí mismo, como proponiéndose que eso era lo que el sueño quería decirle.
- ¿Qué dices¿Con quién tienes que hablar Harry?- Dijo Ron, colorado de tanto aguantar la risa.
- Con nadie.- Terminó de vestirse.- Nos vemos en el almuerzo.
- ¡Ya es la hora del almuerzo, Harry!- le gritó Ron mientras lo veía salir con rapidez del dormitorio.
¿Dónde estaría? Tenía el presentimiento de que tenía que encontrarla y hablar con ella. Estaba muy concentrado, y entonces…
- ¡Cuidado Harry!- Le gritó Ginny Weasley, tomándolo de un brazo y salvándolo de la avalancha de pesados libros que Peeves estaba tirando.
- ¡Mira por dónde vas Potty!- le gritó Peeves, entre carcajadas.
- ¿Estás bien?- le preguntó ella.
- Sí, gracias¿tú? Oye Ginny, estaba buscándote, tengo que hablar contigo.
- ¿Sobre qué?- inquirió ella extrañada.
- Sobre hoy por la tarde.
- Oh¿Evans?
- Evans.
- Mejor vamos al parque, junto al lago¿no te parece? Estaremos mucho más cómodos.- Le dijo pícaramente.
- No hubiese encontrado un lugar mejor.- Le dijo, sonriendo, mucho más tranquilo después de verla y de saber que estaba allí.
Caminaron en silencio hasta el lago, había varios estudiantes por los jardines. Se acercaron a la orilla, Ginny se quitó los zapatos y las medias y remojó sus pies.
- Entonces¿Decías…?
- Sí, bueno, te imaginarás que estoy un poco… bueno…
- ¿nervioso?- Harry se sonrojó y ella soltó una carcajada.- Sí, es lógico.
- Bueno… he tenido un sueño.- se encontró diciendo.
- ¿Un sueño¿Y de qué trataba, Harry?- él le explicó el sueño, mientras ella lo escuchaba atentamente. No sabía por qué se lo contaba, con cualquier otra persona se hubiese sentido estúpido, pero con Ginny no era así, y eso le gustaba.- Así que¿tú creíste que yo era Lily?- preguntó ella asombrada.
- Ajá. Cuando la pelirroja se daba vuelta, yo… bueno, reconocí tu sonrisa- dijo poniéndose colorado de repente-, estoy seguro de que eras tú.
- Tal vez sólo quería recordarte que puedes contar conmigo…- le dijo ella, sonrojándose también.
- Quizás sí…- respondió él pensativo.- Cuando supe que eras tú, me sentí confundido pero a la vez, bueno… relajado, es como si… como si estuvieras para… para tranquilizarme, quiero decir… yo estaba muy nervioso… y entonces te diste vuelta y esos nervios desaparecieron.
- Pero eso sólo era por qué ya no estabas con nadie que fuera a hablarte de tu madre. De cualquier modo, me alegro de que te sientas tranquilo cuando estás conmigo, eso significa que somos… buenos amigos. Siempre estaré ahí, Harry.- le dijo con una simpática sonrisa.
- Siempre me alegraré de que estés allí.- Ginny rió, junto con Harry, pero por dentro pensaba que Harry tenía muy pocas luces.
- Mira Harry, tú siempre has querido saber cosas de Lily, y ahora tienes la oportunidad¿vas a perderla por unos nervios que te retuercen el estómago¡claro que no! El martes has tomado una sabia decisión al faltar porque no creías estar listo, pero ahora has tenido tiempo suficiente para pensarlo, y después de esperar dieciséis años para saber algo de Lily, no creo que debas hacerte esperar más. Hoy no vas a zafarte de ese encuentro, y vas a aprovecharlo al máximo. Vas a ir con expectativas y a salir con la cabeza alta¿estamos de acuerdo?- Harry no respondió en seguida, en realidad, sólo sonrió, pero Ginny lo entendió. De cualquier modo, agregó:
- Estamos de acuerdo, señorita Weasley.- Le dijo con voz firme.
- No tiene idea de cuánto me alegra oír eso, señor Potter.
Se miraron por unos segundos a los ojos, mientras las sonrisas de ambos seguían luciéndose. Entonces Harry no pudo evitarlo y bajó la mirada hasta sus labios, algo que Ginny deseaba hacer. Ella pareció darse cuenta, porque dijo:
- Sabes…- tragó ruidosamente, y mientras le miraba los labios, como hipnotizada, le dijo:- ahora deberías ir y disculparte con Hermione.
- ¿De qué estás hablando?- Dijo él mirándola nuevamente a los ojos.
- Bueno…- contestó ella, apartando la mirada-, no estaba muy contenta después de la visita que hizo a tu dormitorio, y al fin y al cabo, sus intenciones no eran malas.
- ¿Me acompañas al Gran Hall entonces?- dijo tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.
- Sería un placer, señor Potter.- Le dijo ella. Él le ofreció su brazo, y caminaron así, hablando de trivialidades, hasta el Gran Hall. Pero antes de entrar, Harry recordó algo que le daba mucha curiosidad.
- Ginny, Malfoy dice que tú y él se besaron¿es cierto?
- Él lo hizo- dijo ella despreocupadamente-, o al menos lo intentó.- Dijo con una sonrisa enigmática.
- ¿Qué le hiciste?- preguntó Harry, y ambos se empezaron a reír a carcajadas.
Al entrar al salón buscaron con la mirada, entre la marea de alumnos, a Ron y Hermione en la mesa de Gryffindor. Los localizaron en seguida, estaban sentados el uno frente al otro, ella con los brazos cruzados y cara ofendida, y él con los dientes bien apretados y la cara colorada. No se miraban, aunque de vez en cuando se lanzaban miradas asesinas. Harry y Ginny se sentaron junto a ellos.
- ¿Dónde estaban?- preguntó Hermione.
- ¿Por qué te fuiste así Harry?- dijo Ron.
- En el lago, charlando un rato.- Contestó a Hermione, Ginny.
- Estaba bastante dormido y tenía que encontrar a Ginny para contarle que… que…
- Para preguntarme si hoy empiezan los espectáculos de nuestros hermanos.- mintió hábilmente ella.
- Ah, no Harry, empiezan el próximo sábado.- respondió Ron, pero Hermione los miraba suspicazmente.
- ¿Qué harán esta tarde?- preguntó Ginny, que notó la mirada de Hermione.
- Terminar los deberes.- contestó Hermione automáticamente.
- ¡Pero si ya los has terminado!
- Yo sí, pero ustedes no.- Les dijo a Harry y Ron. El último soltó un gruñido y, por fortuna, antes de que pudieran discutir aparecieron abundantes cantidades de comida en los platos de oro.
- Aquí te dejo.- Le dijo Ginny, mucho más tarde, cuando lo acompañaba al despacho de la profesora Evans.- Mucha suerte, Harry.- Y le dio un beso en la mejilla.
Harry se quedó pasmado, la mejilla le ardía donde Ginny lo había besado. De pronto, sintió como una repentina valentía lo invadía, y sonrió, sintiéndose mil veces mejor. Pero lamentablemente Ginny no vio aquella hermosa sonrisa, se había dado vuelta, un poco avergonzada, y ya se iba por el corredor, cuando:
- ¡Ginny¡Espera, Ginny!- Ella se giró- Gracias, gracias por todo lo que me has ayudado, Gin.- Le dijo Harry, sonriendo de oreja a oreja. Le devolvió el beso en la mejilla, dio media vuelta y echó a correr por el pasillo, camino al despacho.
Esta vez, la que se quedo petrificada fue Ginny. No sólo le había agradecido, le había dedicado una sonrisa preciosa, y le había dado aquel beso, sino que también la había llamado 'Gin'. ¡Qué dulce sonaba en sus labios!... Esos labios que se moría por probar… soltó un suspiro.
- Gin, Gin, Gin… ¡Gin!- se repitió, en un dulce susurro, una y otra vez, mientras recordaba la simpática sonrisa y las palabras mejor recibidas de su vida.
Mientras tanto, Harry Potter llevaba cinco minutos frente a la puerta del despacho, incapaz de llamar. Recordó las palabras de Ginny y aquella valentía, con la que se sentía capaz de cualquier cosa, volvió a invadirlo. Cerró los ojos, se mordió con fuerza los labios y golpeó la puerta.
- Me alegra que hayas venido, Harry, ven, siéntate¿todo en orden?
- Sí…
- ¿Tomas un té?- le ofreció con tranquilidad.
- Eh… de acuerdo.
- Imagino- continuó ella, que parecía haber perdido de golpe toda su serenidad- que querrás que te hable… que te hable sobre… sobre…
- Sobre Lily.- Dijo Harry con la voz más clara y firme de la que fue capaz.
Melinda tembló, la tetera que estaba en sus manos estuvo a punto de caérsele.
- Muy bien- susurró-, hablaremos sobre Lily.
Notas de la Autora¿Les gustó? Verdaderamente espero que sí, y también que me dejen lindos reviews, y que sean muchos, porque me ponen muuuuuy contenta. Bueno, gracias a todos por todo. Recuerden que aunque tarde en subir, no voy a abandonar la historia mientras haya alguien que quiera leerla, como dice el profesor Dumbledore. Besos !
Male.
