Capítulo 1 .- ¿Tiempo libre?... ¿Y eso que es?

Vegeta notó con toda claridad el momento en el que la gravedad inusualmente alta que debía haber en el lugar dejaba de ser la que él deseaba.

Frunciendo el ceño dirigió la mirada al panel de control desde donde seleccionaba la gravedad que quería. Desde lejos no vio nada anormal, así que decidió dirigirse hacia allí, sintiendo sus movimientos repentinamente más ágiles y ligeros.

La pantalla digital marcaba los 300 g que había seleccionado al empezar, sin embargo la maquina no funcionaba. Su ceño se frunció todavía más que antes, mientras intentando no perder la calma, la apagaba y volvía a encenderla. Sin embargo no hubo cambios.

Probó unos cuantos botones más con el mismo efecto y, al final, enfurecido por la falta de eficacia de la maquina, crispó los puños y le propinó un golpe que agujereó el panel, provocando un cortocirtuito.

Miró con el ceño fruncido el humo que salía del agujero, mientras a su alrededor las luces parpadeaban y por fin se apagaban.

- Maldita tecnología terrícola atrasada… - masculló.

En la semioscuridad en la que había quedado sumido, divisó una de las toallas que tenia esparcidas por el lugar. La alcanzó para secarse el sudor de la frente y luego, colgándosela del cuello salió de la cámara de gravedad en dirección a la casa.

- ¡Mujer! – gritó entrando por la puerta - ¡Mujer¿Dónde te has metido?

No obtuvo respuesta, y a decir verdad no le sorprendió. Aquella absurda terrícola se había empeñado en que la llamara por su nombre. Un nombre que ni tan siquiera se molestaría en recordar.

Se concentró para detectar su ki, y no tardó en ubicarla.

Bulma estaba en la cocina ojeando una revista mientras comía distraídamente una manzana.

- ¿Es que no me oías? – preguntó Vegeta al tiempo que entraba en la cocina.

- ¿Cómo no voy a oírte si andas por ahí armando más escándalo que un rebaño de mamuts? – contestó la chica tranquilamente, sin ni tan siquiera levantar los ojos de la revista.

- No me gusta que me ignoren.

- Y a mi no me gusta que me llames mujer.

- Lo siento, tienes un nombre tan vulgar que nunca logro recordarlo – contestó el saiyan con malicia.

- Me llamo Bulma! B-U-L-M-A! – con cada letra golpeó la mesa con el puño, para darle más énfasis.

- Lo que he dicho. Un nombre vulgar.

- Y supongo que crees que llamarse Vegeta es mucho mejor… - respondió ella con altivez.

- ¡Es un nombre que solo la realeza puede llevar, entiendes?! Es un honor para mi. Aunque una terrícola como tu jamás podría llegar a comprenderlo…

Ninguno de los dos jamás lo reconocería, pero experimentaban una extraña diversión con esas conversaciones (si es que en verdad podían llegar a llamarse así).

- Bueno¿para que me buscabas?

- La cámara de gravedad ha dejado de funcionar. Tienes que arreglarla inmediatamente – dijo con su acostumbrada falta de educación, a la que, a decir verdad, Bulma ya se estaba acostumbrando.

- ¿Y un "por favor" sería mucho pedir?

El príncipe ni siquiera se molestó en responderle, sino que caminó hacia la nevera para abrirla.

Había aprendido muy deprisa que en aquel sitio era donde almacenaban las cosas para comer. Y normalmente siempre la había encontrado bien provista de todo tipo de variedad. Pero no aquel día, que todo parecía estar en su contra.

- ¿Dónde está la comida?

- Ha desaparecido misteriosamente y sin razón – contestó Bulma, mientras un amago de sonrisa aparecía en su rostro, ante lo obvio de la pregunta de Vegeta.

- ¡Ni se te ocurra burlarte de mi, terrícola! – exclamó el saiyan, al que tan poco le costaba enfurecerse.

- Entonces no hagas preguntas absurdas. – la peliazul se encogió de hombros – No hay comida porque engulles como un hipopótamo.

- ¿Y piensas hacer algo al respecto?

- Iré a comprar si alguien me acompaña. Pero no cargaré yo sola con las dos toneladas de comida que debo traer para su real alteza.

- Avisa a ese insecto que tienes como novio para que te acompañe. Y deprisa, porque tienes que arreglarme la cámara de gravedad.

- Supongo que crees que vivo para servirte ¿no? – Bulma frunció el ceño al tiempo que se levantaba y se acercaba al saiyan. Empezaba a cansarse de la actitud de su huésped – Pues déjame decirte que estás muy equivocado. Tengo una vida y muchas cosas que hacer – dijo mientras le daba golpecitos en el pecho con el dedo índice.

- No me toques, mujer – respondió Vegeta de malas maneras, apartándose del camino de la chica – ¡Y vete a comprar comida de una maldita vez. Tengo hambre!

- ¡Ya te he dicho que no puedo ir sola! Así que si tanta hambre tienes, tendrás que acompañarme y cargar con las bolsas. – concluyó Bulma cruzándose de brazos.

- ¿Qué te has creído¡No pienso rebajarme de esta manera!

- ¡Bien¡Entonces muérete de hambre! A mi me da igual.

- ¡Maldita mujer! – exclamó Vegeta, cerrando los puños con fuerza y arrugando la frente.

Sin embargo, una de las cosas que había aprendido era que en aquella casa, Bulma siempre se salía con la suya y tenía la última palabra.

- ¿Si te acompaño dejarás de hacer inutilices ahí sentada y arreglarás la cámara de gravedad? – dijo el príncipe saiyan, cruzándose de brazos y con una cara de sufrir dolor de muelas.

Bulma se giró para encararle, al tiempo que esbozaba una sonrisa. Jamás habría pensado que le seria tan sencillo que aquel guerrero terco hiciera lo que ella quería.

- Trato echo

- ¡Yo no hago tratos con terrícolas! Así que ni se te pase por la cabeza tal posibilidad. Solo actúo en beneficio propio, para obtener lo que quiero – fue la respuesta de Vegeta, girando la cabeza hacia un lado con expresión de orgullo.

- Lo que tu digas… - dijo Bulma poniendo los ojos en blanco. Sabía que cuando el saiyan se ponía de ese modo, era imposible razonar con él. – Vamos.

Vegeta siguió a Bulma sin decir ni una palabra. En el garaje escogió uno de los varios coches que había y subió. Sin embargo, Vegeta se quedó de pie, sin estar del todo seguro de que hacer.

- ¿Vas a subir o que? – le apremió la peliazul, palmeando el asiento del copiloto.

El príncipe arrugó la frente, sin embargo subió sin tampoco abrir la boca para nada.

Estuvieron en silencio durante un rato, pero la chica no pudo aguantar así por mucho rato. Aquel hombre le despertaba demasiado la curiosidad.

- Es la primera vez que visitas la ciudad en condiciones ¿no?

- Hmmmpp – fue la única respuesta que obtuvo.

- Bueno… Si sientes curiosidad por alguna cosa, solo tienes que preguntarme.

- Nada de este estúpido planeta puede provocarme el más mínimo interés. Ocúpate de conducir y no molestes.

- ¿No podrías ser un poco más amable? A fin de cuentas deberías estarme agradecido por haberte acogido en mi casa.

- ¡Jamás te lo pedí¡Me acogiste porque te dio la gana, así que no tengo nada que agradecerte! Y ahora cállate y estate por lo que haces, a ver si llegamos al almacén de la comida de una maldita vez.

Bulma había aprendido a no tomarse a mal nada de lo que Vegeta llegaba a decir, por muy desagradable que fuera. Sabía que era así, que tenía más orgullo que sentido común, y aún así le había ofrecido su casa.

Aún así, algo de lo que dijo el saiyan le llamó la atención. ¿Almacén de comida? Sus labios se curvaron en una sonrisa. De verdad Vegeta no tenía ni idea de las cosas y costumbres de una ciudad de la tierra. Eso iba a ser divertido.

- ¿De que te ríes ahora, mujer? – preguntó el príncipe entonces, viendo la misteriosa sonrisa que había aparecido en el rostro de Bulma.

- ¿Qué¿Ahora también te tengo que pedir permiso para sonreír? – respondió ella con sarcasmo.

Eso sólo sirvió para que Vegeta se enfuruñara más, y decidiera no volverle a dirigir la palabra a esa irritante mujer.

No tardaron en llegar al supermercado. Bulma aparcó el coche en el parking que había delante y bajó.

- ¿Qué es este lugar¡Teníamos que ir a comprar comida¿Por qué me has traído aquí¿No estarás intentando hacerme perder el tiempo?

- ¿Quieres dejar de montar el numerito en medio del parking? – le dijo Bulma, algo avergonzada, porque algunas personas se habían quedado detenidas a medio camino entre su coche y el supermercado y miraban a Vegeta con rostros de sorpresa - Aquí se compra la comida, así que cállate y deja de decir idioteces.

- ¿Aquí? – y por primera vez, Bulma oyó algo en la voz de Vegeta que no era desprecio o mal humor. Había sorpresa y quizás algo de curiosidad. Pero en seguida se escondió detrás de su habitual tono despectivo – Las construcciones de los terrícolas no tienen la más mínima lógica.

Y sin más, siguió a la chica hacia la puerta de entrada del supermercado.

Una vez dentro, Vegeta tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no mostrar su sorpresa. Jamás hubiera pensado que pudiera ver tal sistema para la compra de alimentos, y aunque nunca lo admitiría, le parecía bastante ingenioso.

La voz de Bulma lo sacó de sus meditaciones La peliazul le tendía un extraño artilugio con ruedas.

- Toma

- ¿Qué? – preguntó el príncipe, alzando una ceja interrogativamente.

- Es el carro de la compra, para poner toda la comida que nos llevaremos. Tu lo empujas y yo pongo las cosas dentro.

-¿¡Y porque tengo que llevarlo yo¡Eso es denigrante!

- Porque tu no tienes ni idea de lo que hay que poner dentro. – le respondió la chica con toda tranquilidad

Parecía que Vegeta iba a negarse, sin embargo, como algunas veces antes había sucedido, hizo lo que Bulma quería sin rechistar. Eso si, su expresión dejaba ver claramente lo que opinaba de la situación, que le parecía extremadamente desagradable.

Pero el enfado pronto fue olvidado y sustituido por la sorpresa y ¿Por qué no? Por la curiosidad.

La lógica del lugar era muy simple, como todo lo que los terrícolas diseñaban. Aún así le parecía increíble que fuera tan funcional… Y que ellos, los saiyans, no hubieran diseñado algo parecido en vez de aquellos toscos almacenes de comida donde casi debían pegarse para hacerse con algo decente que comer.

Cuando volteó la vista hacia el carro de nuevo, ya estaba medio lleno.

- ¿Qué es todo esto¿Por qué no me preguntas lo que quiero? – preguntó molesto.

- Porque no me importa lo que quieres tu. Yo pago, yo elijo. – respondió Bulma encogiéndose de hombros, como si aquella respuesta fuera la más lógica del mundo.

- ¡No digas sandeces mujer¡Tengo derecho a escoger lo que yo quiero comer¡Soy un príncipe!

- ¿Sabes? Si me dieran un centavo cada vez que alardeas de tu condición de príncipe, seria mucho más millonaria de lo que ya soy. – sonrió Bulma – Pero bueno, si esto tiene que servir para que dejes de quejarte… Anda, pon lo que quieras en el carro.

Vegeta, curvó los labios en una ligerísima sonrisa. Sin embargo, eso en él era como sonreír ampliamente, pues su rostro jamás salía de la seriedad.

Encaró las estanterías de nuevo, enfrentándose al nuevo reto que suponía escoger algo, entre el montón de cosas desconocidas que se disponían en fila delante de sus ojos.

No tenía ni idea de lo que era todo aquello… Era más, ni siquiera sabía que era lo que la mujer le cocinaba a diario… Pero ahora era cuestión de orgullo que escogiera algo.

Tan concentrado estaba paseando su mirada entre la gran variedad de productos que no notó la presencia de aquella incauta chica que se le acercaba con una sonrisa de escaparate y una bandejita con trocitos de chocolate para degustar.

- ¿Qué quieres? – le preguntó bruscamente y con cierta suspicacia, cuando la chica le tocó suavemente en el hombro para llamar su atención

- Sólo quería ofrecerle que probara nuestra nueva marca de chocolate. Es delicioso.

Vegeta miró a la sonriente muchacha levantando una ceja interrogativamente. ¿Le daba comida a cambio de nada?

- Ande, anímese. No se arrepentirá – insistió la muchacha, paseando la bandeja con los chocolates justo por delante de la nariz del saiyan.

Y aquel olor se le hizo tan apetecible que no se lo pensó más. Si le reclamaba dinero, la mujer le pagaría sin problemas.

Cuando se llevó aquella sustancia dura y oscura a la boca, decidió que era un manjar digno de un príncipe.

- Me lo llevo todo – dijo entonces, señalando el resto del chocolate.

- Eh… ¿Perdón? – preguntó la chica, confusa, borrando la sonrisa por unos instantes.

- ¿Acaso eres sorda? Te digo que lo quiero todo. Lo compro, o como quiera que lo llaméis.

- Es que… Esto no se lo puede llevar…

- ¡Terrícola estúpida! – exclamó enfadado - ¿¡Primero me lo das a probar y luego me privas del privilegio de llevarme cuanto desee¡No sabes con quien estás tratando!

Ese fue el momento en el que, por suerte, Bulma decidió intervenir.

- ¿A que vienen esos gritos?

- ¡Esta estúpida! Me ofrece el manjar y después me lo niega!

- N… No… Es… Es que… Este es solo para degustar… No para… - tartamudeó la muchacha, que había empalidecido ante los gritos del príncipe.

- No te preocupes querida, no le hagas caso. Es peor que un mono sin civilizar – le sonrió amablemente Bulma a la pobre chica, que parecía muy alterada.

- ¿¡Que diablos estás diciendo, mujer!?

- ¡Ya te he dicho que no me llames mujer! Y deja ya de montar el número. Vamos a buscar tu maldito chocolate pero cállate de una vez.

Al final consiguieron hacer la compra sin ningún altercado más. Vegeta, después del desastre del chocolate, dejó que Bulma decidiera que se llevarían, y después de pagar, el saiyan se hizo cargo de todas las bolsas sin ningún tipo de problema.

- Ahora ves a revisar la cámara de gravedad. – le dijo Vegeta apenas llegaron a la Corporación Cápsula de nuevo.

- Que hombre tan pesado… - murmuró la peliazul. Sin embargo no tenía ningunas ganas de discutir, así que fue se dirigió hacia allí sin perder más tiempo, tras tomar la caja de herramientas básicas.

Vegeta la siguió para ver de primera mano lo que hacía para repararlo, y porque en realidad, no tenía nada que hacer.

Ambos entraron en la cámara de gravedad. Bulma tocó el interruptor para encender la luz, y frunció el ceño al ver que no funcionaba.

- La luz no funciona – le explicó el príncipe, que se había apoyado contra la pared de al lado de la puerta, cruzándose de brazos, y adoptando su típica posición de desdén y de completa falta.

- Genial… - masculló Bulma, rebuscando en la caja de herramientas hasta dar con una linterna.

Ayudada por el haz de luz que emitía, se acercó hasta el panel de controles.

- ¿Pero que…? – preguntó quedándose muda por la sorpresa al ver el agujero - ¡VEGETA!

- ¿Qué? – preguntó el príncipe, sin la más mínima emoción.

- ¡Que se supone que has hecho! Has agujereado los controles¿¡En que diablos estabas pensando¡Así es obvio que no funcione!

- Antes de que le hiciera el agujero ya no funcionaba – respondió con toda tranquilidad – Pero no te preocupes, entiendo que sea demasiado para ti y no sepas repararlo.

Vegeta sabia exactamente lo que tenía que decir para obtener de la mujer lo que quería. Y en efecto funcionó.

- Por supuesto que puedo repararlo – anunció Bulma, hinchándose de orgullo. – Pero me llevará unos días…

- ¿¡Días¡No tengo días para perder¿Es que no entiendes¡Van a venir los androides y si no he entrenado lo suficiente van a mandar a volar todo tu patético mundo!

- Si no hubieras agujereado nada, probablemente hubiera sido todo más sencillo. Así que todo es tu culpa… ¡Y deja de gritarme de una vez!

- ¿Y que se supone que debo hacer durante estos días que tu repares mi cámara de gravedad? – preguntó Vegeta, enfuruñado.

- Bienvenido al mundo de la gente con tiempo libre – sonrió Bulma.

Y dicho esto, se giró para irse todavía con la sonrisa en los labios, mientras Vegeta se preguntaba en que momento del día las cosas se le habían empezado a torcer hasta aquellos extremos….

O.o.O.o.O.o.O.o.O

Bueeeeeno… Pues aquí está esto. Es mi primer fic Bulma-Vegeta (pareja interesante donde las haya), así que espero críticas constructivas!! Tengo más fics en otra cuenta, pero esta es para empezar de cero con este proyecto destinado a esta gran pareja xD A ver que sale de todo esto.

Dejad reviews porfis! Me animan a continuar y a escribir más rápido!