Título: Broken memories. Capítulo 2: Leifmotif.

Rating: PG-13.

Pareja: Boone/Shannon.

Resumen: Escuchó unos golpecitos suaves en la puerta, pero no respondió. Sólo podía ser Boone, pues Sabrina le habría anunciado su presencia a gritos mucho tiempo atrás. Así que Shannon giró sobre un costado y se abrazó a la almohada con fuerza mientras los golpes volvían a sonar.

Advertencias: puede contener spoilers.

Disclaimer: ninguno de los personajes de Lost, ni la serie, me pertenecen, lo cual es una pena

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Shannon recuerda el velatorio de su padre y cómo se encerró con llave en su habitación para no tener que soportar ni un solo 'Mi más sentido pésame' más.

Se había cansado de saludar a personas a las que ni siquiera conocía, tener que estrechar sus manos sudorosas o recibir sus besos pegajosos y luego oír lo desoladamente desoladas que estaban, cuando en realidad el señor Rutherford nunca les había importado. Ni mucho ni poco, simplemente no les había importado.

Fue la primera vez en que se dio cuenta de que la falsedad no lleva a ninguna parte.

Se había hartado de tener que reprimir sus lágrimas para que los extraños no la vieran llorar. Ya había tenido suficientes lecciones de la etiqueta requerida para un velatorio para el resto de su vida.

Recuerda que cerró la puerta con todas sus fuerzas y luego se dejó caer sobre la cama, sin importarle que su vestido nuevo estuviera arrugándose. Que tragó saliva y permitió, como quien abre una habitación que hasta entonces había estado sellada, que el dolor la invadiera en progresivas oleadas.

Cada una la golpeaba con más potencia que la anterior. Poco a poco, se fue dando cuenta de lo que significaba que su padre estuviera muerto. Nunca más iba a sentarla sobre sus rodillas para hablarle de su madre, ni iba a asistir a sus espectáculos de ballet para después, frente a todo el mundo, revolverle el pelo y decir en voz demasiado alta para su gusto lo orgulloso que estaba de ella.

Escuchó unos golpecitos suaves en la puerta, pero no respondió. Sólo podía ser Boone, pues Sabrina le habría anunciado su presencia a gritos mucho tiempo atrás. Así que Shannon giró sobre un costado y se abrazó a la almohada con fuerza mientras los golpes volvían a sonar.

- Shannon, ábreme.

- ¡Lárgate¡No quiero verte!

- Shannon, por favor.

- ¡He dicho que no quiero verte! –se sorbió la nariz y lanzó una mirada medio dubitativa hacia la puerta, autoconvenciéndose de que aguantar a Boone era lo último que necesitaba entonces.-

- ¿Shan?

Sin embargo, se levantó y le abrió, porque había detectado en su voz medio ahogada por las paredes algo que no debía estar ahí. Dolor. Pena. Tristeza. Algo que sólo ella tenía derecho a sentir.

- Qué. –no fue una pregunta, y ni siquiera lo invitó a entrar.-

Pero Boone, que siempre había sabido lidiar con las rabietas de su hermanastra, aunque la mitad de las veces no se atreviera a hacerlo, la empujó con lentitud, apartándola del marco, y entró.

- Lo siento, Shan.

Cuando la miró con los ojos anegados de lágrimas, Shannon entendió por qué había captado ese algo, ese dolor, esa pena, esa tristeza, en su voz, y la súbita revelación fue como una bofetada.

Boone lloraba por ella, no por su padre.

- ¿Estás bien?

No respondió. Se dejó estrechar por Boone, sin corresponderle, simplemente siendo un rígido palo de escoba entre sus brazos. Comenzó a temblar mientras él le acariciaba el pelo y la besaba en la frente, y siguió temblando cuando por fin se separaron y él le sirvió una copa.

- Ni siquiera soy mayor de edad. –protestó débilmente desde la cama, pero Boone la ignoró.- Tu madre te matará.

- Un velatorio sin alcohol no es un velatorio.

Shannon ensayó una sonrisa triste mientras tomaba el vaso que le tendía Boone y daba un sorbo, y no dijo nada cuando él se sentó junto a ella, en la cama, y le pasó los brazos alrededor de los hombros.

Por algún motivo que escapaba a su comprensión, había dejado de pensar en su padre, y ahora en su mente sólo había espacio para la constatación del hecho de que no se merecía nada de lo que Boone había hecho por ella durante todos esos años. No se merecía al mismo Boone. Nunca lo había hecho, y nunca lo haría.

Él también lo sabía, siempre lo había sabido.

Y, sin embargo, permanecía a su lado.