Título: Broken memories. Capítulo 5: A bridge too far.

Rating: PG-13.

Pareja: Boone/Shannon.

Resumen: Recuerda a la perfección todos y cada uno de los sentimientos que lo embargaron cuando por fin abrió los ojos a la realidad y se dio cuenta de que Shannon, su Shan, había volado definitivamente lejos de su alcance.

Advertencias: puede contener spoilers.

Disclaimer: ninguno de los personajes de Lost, ni la serie, me pertenecen, lo cual es una pena.

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Boone recuerda la primera y única boda de Shannon y el hecho de que no lo invitó, hecho que hizo más daño más que todos los desaires con que ella le había obsequiado a lo largo de todos esos años.

Recuerda que tuvo que enterarse, a través de su madre, más de dos meses después. Recuerda también cómo se sintió cuando Sabrina le dijo que la ceremonia había tenido lugar en una de las capillas para bodas rápidas de Las Vegas, sin más asistentes que los novios, el sacerdote y un testigo de alquiler.

Recuerda a la perfección todos y cada uno de los sentimientos que lo embargaron cuando por fin abrió los ojos a la realidad y se dio cuenta de que Shannon, su Shan, había volado definitivamente lejos de su alcance.

Fue una época difícil para Boone. Había soñado despierto durante más de diez años y el choque frontal contra la realidad no resultó agradable. Los que lo conocían declararon que empezó a mostrarse esquivo, a no devolver sus llamadas y a evitar cualquier conversación más allá de las fórmulas de cortesía básica. En la empresa, sus ausencias comenzaron a hacerse cada vez más notorias y ni siquiera su madre, dueña de toda la compañía, pudo evitar que lo echaran. Sólo por un breve período de tiempo, dijeron, para que se recupere un poco. Tómese unas vacaciones, le aconsejaron, vaya a Hawaii, a Bora-Bora o a algún sitio por el estilo, y relájese durante un mes o dos.

Pero Boone no quería tomarse unas vacaciones, irse a Hawaii o a Bora-Bora, y ni mucho menos relajarse. Quería encontrar a Shannon, estuviera donde estuviese, y aclararle de forma definitiva lo que llevaba media existencia intentando ocultarle, ya fuera por pudor, vergüenza o el simple y llano temor al rechazo que todos desarrollamos en algún momento u otro de nuestras vidas.

La buscó sin éxito durante meses. Cada vez que parecía a punto de atraparla la posibilidad se desvanecía en el aire con una nota aguda y vibrante. Era como estar persiguiendo su propia sombra, pensaba a menudo. Preguntó sin éxito a conocidos, amigos comunes, vecinos de la infancia. Viajó a Las Vegas y se recorrió durante días todas y cada una de las capillas para bodas rápidas que aparecían en el listín telefónico, preguntando siempre por el nombre del marido de Shannon Rutherford, casados allí hacía apenas medio año.

Y entonces un día, cuando ya había perdido toda esperanza de encontrarla, ella acudió a él. Seguía siendo su Shan a pesar de la redondez de sus ojos y las bolsas moradas que había bajo ellos, el producto de muchas noches sin dormir. Seguía siendo su Shan a pesar de la maleta que rodaba tras ella, pesada seguramente debido a los recuerdos.

Boone se quedó mirándola durante mucho, muchísimo tiempo, evaluándola, sin permitirle franquear todavía el umbral de la puerta. Cuando llegó al término de su examen, se apartó finalmente del quicio y la dejó pasar como si nada hubiera ocurrido.

Como si el hecho de que el anular de su mano izquierda volviese a estar desierto no significase nada.